Actualizando: Domingo 09 de Septiembre

La historia es mía, no la copies.


Capítulo 28 – "El desperfecto."

Unas horas antes de que Sasuke fuera a casa de la Hyuuga, Naruto había tomado medidas drásticas, no era común no saber nada del Uchiha durante más de medio día, tenía la costumbre de visitar la tienda de libros y compararlos, para luego comprar uno; también acostumbraba ir al entrenar al bosque… y por alguna razón, el que el muchacho no siguiera su habitual rutina le había preocupado.

Irrumpió en la casa del Uchiha, como el buen ninja que era y después de estar ahí dentro, se dio cuenta que el azabache no estaba desaparecido, podía sentirlo en alguna parte de la casa, seguramente su habitación. Pero aun así, no bajo la guardia y caminó en completo silencio, escondiendo su presencia por completo. Y al llegar a la habitación del muchacho se quedó perplejo… por la manera en que lucía la habitación y el azabache, podía deducir que él había estado encerrado en la habitación todo ese tiempo, tenía el cabello despeinado y unas marcadas ojeras debajo de los ojos.

Abrió la puerta con cuidado, sabía que Sasuke ya estaba al tanto de la intrusión, pero aún así, se dedicó a seguir leyendo uno de los tantos pergaminos que había en su habitación, que estaba hecha un desastre. Había varios trozos de papel, pergaminos y libretas en las que había anotaciones de todo tipo, esparcidas por toda la habitación. El rubio no podía creer lo que veía, la última vez que había visto a Sasuke tan concentrado, había sido en una misión que tuvieron a finales de la guerra, en la que tuvieron que estudiar la geografía y la historia de una de las pequeñas aldeas a las que fueron a trabajar.

– ¿Qué es todo esto?

Sasuke no levantó la mirada para ver al rubio, ni siquiera le dedicó uno de sus típicos gestos de fastidio o algún movimiento del cuerpo; siguió leyendo el pergamino que tenía sobre sus piernas, el cual llevaba leyendo más de seis horas. Estiró la mano y tomó la libreta más próxima y leyó las diferentes anotaciones que había ahí… no había pasado nada por alto y aun así seguía sin encontrar algo que le sirviera. Arrojó la libreta y se llevó las manos al rostro.

– Una investigación.

– ¿Qué?

Respiró profundo y volteó a ver a Naruto por unos segundos antes de tomar el otro pergamino y empezar a leer, debía encontrar algo… ese reglamento no podía ser perfecto, comúnmente las reglas dejan espacios en blanco, debía haber un espacio en blanco, por más pequeño que fuera.

– Ya dije.

Leyó el pergamino en silencio durante unos minutos y escuchó a Naruto pasearse por la habitación, levantaba algunas de las cosas en las que había hecho anotaciones y después las volvía a dejar en el suelo. Cerró los ojos, sintiendo que el dolor que sentía en la cabeza se hacía un poco más insistente y gruñó; solo había dormido cuatro horas en los últimos dos días. Volteó a ver al rubio por unos momentos y enarcó una ceja al ver que Naruto estaba observando un pedazo de pergamino con las cejas juntas.

– ¿Qué demonios?

Asintió un poco y tomó el pergamino entre sus manos. – Pensé lo mismo.

A decir verdad, todo era demasiado confuso, muy detallado y bien desarrollado, pero había algo de todo aquello que no terminaba de cuadrar, era como si las reglas se hubieran creado para confundirte e impedir que encontraras alguna pequeña salida y de ser así, los Hyuuga eran unos genios.

Sasuke se llevó una mano a la frente y suspiró, si seguía así terminaría sin cabello, necesitaba encontrar algo que le diera esperanza a Hinata, algo que la ayudara a poder salir de ahí sin tener miedo y sin tener que llevar en su nuca aquel sello que Neji llevaba en la frente. Cerró los ojos unos momentos y negó, no podía darse por vencido, no ahora que sabía que Hinata sentía lo mismo por el y que la muchacha estaba dispuesta a darlo todo con tal de estar juntos. Volteó a ver a Naruto, al escuchar que se movían los papeles sobre el suelo, y se sorprendió un poco al ver que empezaba a comparar las notas.

Sonrió de medio lado y se acercó a donde estaba él, para poder leer lo que estaba en los pergaminos que Hanabi le había entregado y en todas las anotaciones que el había hecho. Agradecía que el rubio fuera tan buen amigo y agradecía que se hubiera esforzado por mantener esa amistad, cuando él había intentado deshacerse del rubio costara lo que costara. Comenzaba a sentirse como un malagradecido.

– Deberías darte un baño… eso despeja la mente.

– No tengo tiempo.

Volteó a ver al rubio, al sentir que el le dedicaba una rápida mirada y luego volteó a ver las anotaciones que tomaba entre sus manos, para luego recorrer el reglamento con ellas, hasta detenerse en el lugar que seguramente iban. Leyó con cuidado.

"El matrimonio deberá efectuarse con los miembros del clan Hyuuga, dándose preferencia entre los miembros del Soke para elegir a su pareja entre las dos ramas,…"

Suspiró y tomó el pergamino que seguía, lo colocó con cuidado y observó los ojos de Naruto analizar el rollo antes de empezar a leer, también se había detenido a reparar en el número que estaba escrito en él. Lo extendieron con cuidado y comenzaron a leer.

"si la persona que el patriarca o matriarca eligiere, no cubriera con lo establecido, se le consideraría un desconocido hacia la familia, perdiendo así su lugar en la casa y el apellido, y se sellarían sus habilidades por completo, impidiendo así que el Byakugan salga de los límites sanguíneos establecidos.

También, cabe destacar, que esta persona deberá servir a los miembros del bunke, en caso de que el encargado de dicha rama, así lo decidiera, y tendrá la obligación de proteger al clan en caso de que algún ataque se presentara."

Observó al rubio tomar las notas y chasqueó la lengua, el tampoco había encontrado una pequeña abertura en eso que acababan de leer, era definitivo, si Hinata se casaba con él tendría que llevar ese maldito sello en la nuca y sus hijos cargarían con la misma maldición en caso de que llegaran a desarrollar el Byakugan. Suspiró y continuó con su lectura, las siguientes reglas eran establecidas hacia los hijos y las había leído tantas veces, que aseguraba poder recitarlas sin saltarse una sola coma o un punto.

Estuvieron en silencio alrededor de dos horas, viendo todas las anotaciones y leyendo todos los pergaminos, comentando y creando lluvias de ideas que el rubio anotaba rápidamente en una libreta que había tomado del suelo. Había puesto todo lo que les había llegado a la mente y así como les había llegado, fueron tachándolo poco a poco al leer las reglas detenidamente. No había manera de que pudiera proteger a Hinata de ese horrible sello y esa idea comenzaba a revolverle el estómago.

Sintió una ligera palmada en la espalda y levantó la mirada rápidamente, para encontrarse con los ojos determinados del rubio y con una sonrisa que le daba cierta esperanza; podía confiar en él… si trabajaban juntos podrían encontrar algo que ayudara a la muchacha, después de todo Naruto no era el idiota que todos pensaban, cuando la situación lo requería el demostraba ser más inteligente que la mayoría. Le sonrió un poco, antes de dejar salir un suspiro y tomar la libreta de las manos del rubio.

– En dos días, no vas a encontrar algo, en un reglamento que se ha forjado con los años. No te desesperes, encontraremos algo.

Sasuke se sorprendió al escuchar el tono de voz tan serio y formal del rubio, no podía creer que la gente aún dudara de su capacidad para gobernar esa aldea, sin duda sería uno de los mejores Hokages en la historia de la hoja. Asintió y comenzó a leer el pergamino que Naruto no estaba analizando, lo movió de un lado a otro, buscando algo que estuviera escondido en algún tipo de clave… pero sus esperanzas se desvanecieron al recordar que era una copia.

– Hay algo que no cuadra.

Volteó a ver al rubio y asintió. – También lo sientes.

El rubio torció un poco los labios y tomó todos los pergaminos, los extendió todos frente a él y comenzó a observarlos. Sasuke rodó la mirada al ver que el rubio empezaba a acomodarlos con cuidado, dejándolos bien alineados, odiaba que tuviera sus ataques compulsivos en momentos tan críticos. Pero entonces se dio cuenta de algo que el no había notado, porque no había intentado acomodar los pergaminos uno a lado del otro y con cuidado.

– ¿Se supone que todos deben ser del mismo tamaño?

Naruto volteó a ver a Sasuke y se encogió de hombros. – No lo se… la mayoría lo son.

Los observó, cinco de los siete pergaminos tenían la misma cantidad de renglones, pero el quinto y el séptimo tenían menos escrito en ellos. El séptimo, obviamente era más corto ya que era el último y no siempre se tiene el material suficiente para abarcar todo un rollo de pergamino, pero no entendía porque el quinto se encontraba más corto, si todos los demás parecían llevar la misma cantidad de renglones.

Juntó las cejas y lo tomó con cuidado, ¿acaso le faltaba parte del reglamento? De ser así, ¿Hanabi lo había hecho a propósito? ¿Por qué lo había hecho? Y lo más importante, ¿qué reglas o aclaraciones estaban escritos en ese espacio que faltaba? Bajó el rollo y volteó a ver a Naruto en completo silencio, el rubio parecía no haber captado lo que él había querido demostrar al resaltar la ausencia de texto en el final del quinto pergamino. Bajó la mirada y respiró profundo, comenzaba a sentir un poco de esperanza, al fin encontraba algo que no cuadraba y eso podría englobar algo que ayudara a la muchacha.

– Falta texto, Naruto.

El rubio desenfocó la mirada unos momentos y luego una enorme sonrisa adornó su rostro, asintió emocionado y tomó el pergamino entre sus manos, para observar lo que no había visto antes que Sasuke.

– El problema ahora, es encontrar eso que falta… ¿crees que Hanabi pueda ayudarte?

Se encogió de hombros y empezó a recoger todas las anotaciones que había regadas en la habitación, no necesitaba todo eso, tenía esperanza de que aquello que podía ayudarlo, es encontrara en el texto perdido del pergamino. Acomodó todo sobre una de las mesitas de noche y se llevó ambas manos a la cabeza, por fin podía respirar, aunque ahora esa sensación de ahogo que llevaba agobiándolo dos días, era una de duda.

– ¿Qué harás, Sasuke?

– Hablar con Hinata.

Naruto juntó las cejas y se llevó ambas manos a la nuca. – ¿Estás seguro que es buena idea? ¿Y si se molesta por las copias?

Sonrió de medio lado, le gustaría conocer a Hinata estando molesta. – Querías que luchara por ella, no empieces de llorica

– ¡Teme!

~oOo~

No podía olvidar lo que Hanabi había dicho, apenas y Sasuke se fue de su habitación, se aseguró que el área estuviera libre y corrió hacia la biblioteca, necesitaba asegurarse que Hanabi no hubiera dejado huellas de su pequeño crimen. Bajó por las escaleras, lo más rápido que pudo y se detuvo al ver la estancia subterránea, no podía creer que era la primera vez que entraba en mucho tiempo; no había cambiado nada, no parecía que el tiempo hubiese transcurrido ahí dentro.

Suspiró un poco y fue hacia donde estaba el reglamento, esperó a que la pared se deslizara, hasta mostrar la gaveta en la que se guardaban los pergaminos y la abrió en cuanto las manos dejaron de temblarle. Se sentó en el suelo, frente a la gaveta y los estuvo observando durante unos minutos, hasta asegurarse que estuvieran completamente normales; los guardó con cuidado en la gaveta y observó como la pared se deslizaba lentamente, hasta quedar unida y no dejar rastro de algún compartimiento. Se levantó con cuidado del suelo y dejó salir un ligero grito al sentir que tropezaba, estiró la mano y se detuvo de una de las antorchas que mantenían el lugar alumbrado y sintió que el corazón dejaba de latirle al escuchar un sonido seco.

– ¿Quién es?

Pero no recibió respuesta. Un ligero escalofrío le recorrió el cuerpo, al recordar que esta había sido la manera en que había comenzado todo el día en que la encontraron. ¿Sería posible que sus padres en Londres hubieran encontrado una manera de recuperarla? Cerró los ojos y negó, eso no podía ser posible o quería que lo fuera. Respiró profundo, se giró y al abrir los ojos se topó con algo que no esperaba.

Había un segundo escondite y al parecer, esa antorcha era la que accionaba el pequeño compartimiento. Sacudió las manos, sintiendo que le sudaban por los nervios y caminó hacia el pequeño recuadro que había en la pared que estaba frente a ella. Se acuclilló y observó lo que había dentro, eran más pergaminos. Tomó un de los pergaminos y juntó las cejas al ver que hablaban de su abuelo, era una clase de reporte sobre la persona, estaba la fecha de nacimiento y la de muerte, los hijos que tenía, especificaban si tenía hermanos o no, la manera en que había terminado en el puesto… lo que había hecho durante su patriarcado.

Tomó otro y en ese encontró a una mujer y sus ojos crecieron un poco al ver que era nada más y nada menos que la tan mencionada Hitomi-sama, fundadora del clan Hyuuga y la única matriarca que murió estando en el puesto. Cerró el pergamino y tomó todos los que estaban ahí, tal vez podría encontrar algo interesante en ellos… algo que le ayudara a salir de todo ese embrollo.

– ¿Hinata-sama?

Los pergaminos cayeron de sus manos y las piernas se le hicieron de gelatina, se giró lo más rápido que pudo y sintió que el alma le volvía al cuerpo al ver que se trataba de Neji.

– ¡M-Madre de dios! ¡M-Me haz d-dado un buen susto!

Neji se quedó en silencio y luego notó el pequeño compartimiento en la pared. Juntó las cejas y volteó a ver a Hinata, estaba seguro que ella un no tenía conocimiento alguno de la existencia del compartimiento y también estaba seguro de que Hanabi los ignoraba por igual. ¿Qué demonios hacía robándose los pergaminos?

– La historia del clan.

Se encogió de hombros y se acuclilló para tomar los pergaminos. – S-Solo quiero… leerlos…

El castaño asintió y estiró un brazo para detener a Hinata, que en cuanto terminó de recoger los pergaminos accionó la antorcha y se dispuso a salir de la estancia, con la intención de alejarse de él para poder temblar de nervios a gusto.

– No debería.

Hinata clavó la mirada al frente y respiró profundo, la manera en que Neji se estaba comportando era inusual; pareciera que trataba de impedir que ella leyera lo que contenían los pergaminos, pero no entendía de que manera podía afectarle, si después de todo se trataba de la historia de todos los que habían estado a la cabeza del clan. Algo le estaba ocultando ¿Cómo haría para poder saber que era? Juntó un poco las cejas y volteó a ver al castaño.

– Permíteme.

– No debería tomarlos.

– Pero lo haré. – Contestó tan rápido como pudo, para no tartamudear. – S-Si le dice a alguien…

Neji enarcó ambas cejas, incrédulo. – ¿Me está amenazando?

Hinata apretó los labios y juntó un poco más las cejas, no había llegado tan lejos para echarse hacia atrás. Encaró a Neji, con todas las agallas que tenía e intentó dejarle claro que no le haría retroceder, que ella no saldría de ahí con las manos vacías, pero Neji también se encargó de dejarle claro que no debía estar ahí y menos con los pergaminos en sus manos.

– Devuélvalos.

– ¿Me acusarás? – Preguntó un poco fastidiada. – Sabes, que mi padre te regañará por igual, n-no deberías estar aquí.

Neji enarcó una ceja y luego negó. – No importa, devuélvalos.

– ¡No!

Empujó con fuerza el brazo del castaño y subió corriendo la escalera de espiral, pero la voz del muchacho la hizo detenerse y sin poder evitarlo volteó hacia abajo, para verlo a los ojos y descubrir que el gesto agresivo de momentos antes había desaparecido y que el rostro volvía a ser tan impasible como lo era siempre.

– Hanabi-sama me pidió que le entrenara, empezamos esta noche.

Asintió y continuó con su carrera, antes de salir se aseguró que no estuviera alguien en los alrededores y subió al techo de la casa, prefería entrar por la ventana de su habitación, como su fuera una ladrona a que alguien más le encontrara en los pasillos e intentara obligarla a regresar los pergaminos o a entregarlos.

En cuanto estuvo en su habitación, giró el pestillo de la puerta, aseguró las ventanas y corrió las cortinas, no dejaría que alguien viera lo que tenía en sus manos en esos momentos. Duró horas encerrada, absorta en una extensa lectura que con cada minuto que pasaba se iba haciendo más y más pequeña. Había leído sobre todos los que habían estado como cabecillas y estaba sorprendida por todo lo que algunos habían podido lograr; entre todos ellos, destacaban Hikaru y Hana, hermanos, Hikaru había logrado ser patriarca y había comenzado a desarrollar una de las técnicas del puño suave, pero al morir demasiado pronto, Hana tomó su lugar y se encargó de completar la técnica.

Estaba a punto de pasar al siguiente pergamino, pero unos golpes a la puerta la obligaron a guardar todo dentro de una caja y arrojarla en el closet, lo más escondida que se podía. Corrió a la puerta y se frotó el rostro antes de abrir y fingir un rostro de tranquilidad y aburrimiento; le sonrió a la mujer de cabello negro que había ido a avisarle que Hanabi la estaba esperando y la siguió hasta el comedor en completo silencio. No podía creer que ya hubiera pasado tanto tiempo.

– La cena se servirá en media hora.

Comentó la mujer, antes de correr la puerta y dejar a Hinata en el comedor, donde la esperaban Hanabi y Neji. Tragó saliva con dificultad, ambos estaban tan serios que no tenía idea de que era el tema que querían tratar… aunque sentía que seguramente Neji le había comentado a la castaña sobre el encuentro que habían tenido unos momentos antes en el subterráneo. Suspiró y caminó a su lugar, sin cena sería difícil entretenerse mientras ellos hacían preguntas incómodas.

– Hinata, regresando tendremos el combate y no se si habrá tiempo de hablar después. – Dijo la muchacha en tono triste. – Así que… hay algunas cosas que quiero aclararte.

Asintió, sintiendo que el corazón volvía a latirle, Neji no le había delatado. Volteó a ver al castaño y le sonrió un poco, agradecida por su silencio, y observó con un poco de gracia la manera en que el intentaba desentenderse de lo que ella acababa de hacer. Sintió que todo ese miedo se reemplazaba por alivio, pero casi de inmediato, se convirtió en preocupación al ver el rostro que tenía Hanabi.

– ¿Q-Qué?

La muchacha sonrió y se frotó un brazo. – Si yo gano, deberás irte y yo pasaré a ser matriarca.

Asintió, era de esperarse que estuvieran preocupados, después de todo ella no les había hablado de nada, pero para ser sincera, sabía de algunos departamentos en renta y con suerte podría conseguir misiones pronto, así tendría más posibilidades de adquirir una casa o pagar la renta durante algún tiempo. Les sonrió, cálidamente y sintiendo un poco de vergüenza.

– Ya lo se… estoy buscando donde vivir… he ahorrado y-y…

Se quedó en silencio al ver que la muchacha sonreía un poco y luego negaba lentamente, ese no era el tema que quería discutir. Carraspeó un poco, sintiéndose incómoda entre tanto silencio y siendo el punto en el que dos miradas estaban descansando en esos momentos.

– Confiamos en ti. – Comentó Neji en voz baja. – Aun así, estamos dispuestos a ayudarle en lo que se ofrezca.

– Pero eso no es de lo que quiero hablar. – Dijo Hanabi en un suspiro.

Los observó sin entender, ¿para que le habían llamado entonces?, ¿qué eran esas cosas que la castaña quería aclarar? Se acomodó mejor en la silla y pensó durante unos momentos, en lo que podía pasar si Hanabi ganaba. Lo más probable sería que la muchacha tendría que prepararse para ser la siguiente matriarca, pero estaba segura que la muchacha podría serlo en cuanto terminara el combate. Observó la manera en que Hanabi jugaba con su cabello y la veía de vez en cuando, como si no pudiera mantenerle la mirada. Era extraño que se comportara así.

– En algún momento tendré que casarme, Hinata.

Mierda. No había pensado en eso, ¿cómo se le había escapado algo tan importante? Cubrió la mitad de su rostro con la palma de su mano y observó a la muchacha; había estado tan concentrada en la respuesta que le daría a Hayato que se había olvidado por completo de pensar más a fondo en la situación de la castaña. Tenía ganas de arrancarse el cabello.

– ¡Hanabi, l-lo siento tanto!

La muchacha dejó salir una pequeña carcajada y negó ligeramente, haciendo que las palabras de Hinata se atascaran en su garganta, ¿cómo le hacía para estar tan tranquila? Se sentía la peor de las hermanas mayores.

Hanabi la observó con la sonrisa en el rostro y luego se encogió de hombros, esa conversación era inevitable y ya tenía varios días queriendo hablar sobre eso, pero nunca encontraba la manera de poder platicar con la muchacha y por como las cosas estaban, se veía obligada a hablarlas, aunque no se sintiera lista aún.

– Esto ya… estaba planeado, no surgió por el combate. – Se sinceró, mientras adquiría un tono rosado en sus mejillas. – Mi matrimonio está arreglado, solo sería como una pantalla.

No entendía nada de lo que la castaña quería decirle, no sabía si era por no haber pensado en ello antes o por la manera tan tranquila en que Hanabi estaba manejando aquella conversación. Separó un poco los labios, intentando que las palabras llegaran a ellos, pero nada, ni siquiera un sonido, tan solo aire; los cerró rápidamente y se rascó un poco la cabeza, sintiendo que esa acción le daba un poco más de confort dentro de todo ese embrollo. Volteó a vera Hanabi y volvió a separar los labios, pero como momentos antes, nada salía de ellos. Notó la manera en que Hanabi sonreía y cerró los labios.

– Mi prometido está enamorado de alguien más, al igual que yo y creemos que va a funcionar… lo de fingir un matrimonio y continuar nuestras vidas por separado…

Asintió y se cruzó de brazos, por más que la muchacha intentara calmarla, ahora solo podía pensar en que terminaría casada con un hombre al que, claramente, no quería y todo porque ella no quería aceptar lo que por nacimiento le correspondía. Se sentía una muy mala hermana mayor, no estaba haciendo algo por cuidar de Hanabi, al contrario, Hanabi era quien cuidaba de ella.

– ¿Estás segura de esto?

La muchacha asintió y dejó salir un suspiro. – Solo quería que supieras que no seré infeliz en mi matrimonio y que todo estará bien. Es una buena estrategia, por donde la veas. – Suspiró y sonrió lo mejor que podía. – Quiero que seas feliz y que estés tranquila… el va a cuidarme.

No podría hacerla cambiar de parecer; la observó a los ojos unos momentos y vio que había seguridad en ellos… por alguna razón eso la calmó un poco, pero aun así no podía dejar de sentir que le había fallado a su hermana menor. Se cubrió el rostro con las manos y recordó la manera en que Sasuke sonreía, como se sentía cada que el le abrazaba y la manera en que su corazón latía siempre que le veía o que le sentía cerca; eso era lo mismo que Hanabi sentía por otra persona, pero que no podría expresar de la manera en que Sasuke y ella lo harían si todo salía bien.

Por primera vez escuchó la voz de Neji, pidiéndole que se calmara y que dijera lo que estaba pensado, pero no podía hablar, tenía la boca tan seca que temía que sus labios se hubieran pegado y no pudiera abrirlos. Respiró profundo y pasó la lengua sobre sus labios, sintiendo como la poca saliva que le quedaba ayudaba a que sus labios se despegaran. ¿Quién? Eso era lo único en lo que podía pensar, ¿quién era ese hombre que se casaría con su hermana?

– Hanabi… ¿q-quién?

– Yo.

Sin poder evitarlo, descubrió su rostro y volteó a ver a la muchacha, confundida; desvió la mirada hacia Neji y sintió que el estómago se le revolvía un poco al ver que el asentía y le mostraba la sortija de compromiso que estaba guardada en una pequeña caja negra aterciopelada. Se cubrió la mitad del rostro con las manos y sin despegar la mirada de la sortija negó un poco.

– ¿Qué?

Hanabi rió un poco y negó, pero Neji fue quien habló. – Es lo mejor, así podremos limar asperezas con el Bunke.

– Además, – continuó Hanabi, – Tenten y Kiba están de acuerdo.

Si Tenten y Kiba, estaban de acuerdo, no le parecía tan mala idea, aunque no le parecía una manera ortodoxa de tener una vida amorosa, pero al parecer ellos estaban cómodos de esa manera. Todo eso era demasiado confuso, no entendía como alguien podría estar de acuerdo con aquello. Suspiró un poco y de pronto sintió como si algo le golpeara en la boca del estómago, ¿había escuchado bien? ¿Hanabi había mencionado, realmente, a su mejor amigo y compañero de equipo?

– ¿¡Y K-Kiba!? – Preguntó, con la voz claramente alterada.

El rostro de Hanabi se tiñó de un fuerte color carmín y su mirada cayó rápidamente hacia algún punto entre la mesa y su regazo. Se encogió de hombros, sintiéndose un poco avergonzada, hacia mes y medio que ella y el Inuzuka se veían, pero nadie sabía sobre su relación y era la primera vez que admitía, siquiera, que sentía algo por el muchacho.

– ¡N-No eres la única que tiene secretos! – Contestó la muchacha en un tono de voz agudo poco común en ella.

~oOo~

El interrogatorio de Suigetsu había avanzado gracias al mechón de cabello que Naruto le había entregado, ahora solo faltaba que Tsunade dictara la sentencia para el albino y Shikamaru podría irse a casa a descansar. Bostezó y recargó la cabeza sobre sus manos, usándolas como almohada, en ese hábito que tanto detestaba su madre. Cerró los ojos y escuchó que alguien se sentaba a lado de él, pero no había necesidad de abrir los ojos, conocía demasiado bien a la persona que estaba acompañándolo en esos momentos.

– ¿Cansado?

Asintió.

– Yo igual.

Comentó Ino, en un tono de voz cansado. Se frotó un brazo y clavó la mirada en sus manos. Llevaba dos horas ahí, esperando a que saliera Shizune a decirles que podían pasar, para que Tsunade-sama les dijera que era lo que se haría con el albino. Suspiró un poco y recargó los codos sobre sus rodillas y la cabeza en sus manos; era difícil estar a lado de Shikamaru, cuando el se empeñaba tanto en mantenerla alejada de él.

Lo observó por el rabillo del ojo y se arrepintió de haberle dicho a Chouji que ella estaría bien, ahora podía darse cuenta de que no estaba bien, se sentía sola a lado del hombre al que más quería en la vida, después de su adorado padre, claro. Suspiró un poco y volteó la cabeza en dirección contraria al Nara, los pasillos estaban desiertos, no había un solo ninja buscando a la rubia o esperando que pudieran atenderlos… solo eran ellos dos.

Sakura podría estar con ella en esos momentos, pero no, la muchacha estaba ahora con Sai, de seguro, comiendo un poco y pasándola de lo lindo; cerró los ojos y apretó los puños, deseando poder encontrar a alguien con quien estar, para poder sacarse a Shikamaru de la cabeza… pero al parecer todas las personas estaban enamoradas de alguien o andaban de pareja. Bendita la hora en que decidió dejar a Chouji irse de ahí; ahogó un suspiro y cerró los ojos, daba lo mismo tenerlos abiertos que cerrados, de todos modos no vería a nadie.

Y así pasaron los minutos, ambos muchachos tenían los ojos cerrados y estaban absortos en sus pensamientos, que estaban lejos de ahí, en sus respectivas casas, Ino solo quería ir a su habitación y hacer cualquier cosa, Shikamaru deseaba recostarse en su cama y dormir. No voltearon a verse y no se dirigieron la palabra en ningún momento, lo cual era extraño para los ojos de todas las personas que podrían llegar a verlos, después de todo sus padres eran mejores amigos, ellos eran mejores amigos y además estaban en el mismo equipo.

Ino comenzaba a molestarse, no podía creer que Shikamaru fuera tan inmaduro, como para dejarle de hablar, solo porque ella estaba enamorada de él. Negó un poco y le rogó a dios, porque alguien llegara y platicara con ella aunque fuera media hora, solo para no sentirse tan sola y rechazada. Se frotó el rostro con ambas manos y observó a Shikamaru durante unos minutos, el muchacho se había quedado dormido desde hacía unos minutos; rodó la mirada y sintió que las lágrimas empezaban a formarse en sus ojos, los cerró con fuerza, para evitar que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas.

– ¿Qué hacen aquí?

Ino abrió los ojos de golpe y su pechó dejó de sentirse tan apretado, tan grande como podía, agradecida por que dios hubiera escuchado sus plegarias y hubiera mandado a alguien a su rescate; ahí, frente a ellos estaba parado Naruto, tenía un vaso de ramen instantáneo en una mano y los palillos en la otra. Los veía un poco confundido, pero con una sonrisa en el rostro que contagió un poco a Ino, que se encogió de hombros y se movió un poco para que el rubio pudiera sentarse en la banca.

– Esperamos a Tsunade-sama.

El rubio volteó a ver a la puerta y asintió. – Por lo de Suigetsu… No debe tardar, Rin me dijo que la abuela quería hablar conmigo.

Ino se llevó las manos a la cara y dejó salir un suspiro de alivio. – ¡Gracias a dios!

Naruto se rio un poco al ver la manera en que la rubia agradecía y se sentó entre la rubia y el Nara, que no se había despertado con todo el alboroto que se había armado entre ellos. Platicaron alrededor de veinte minutos, en los que Ino estuvo molestando al rubio, moviéndole los palillos cada que estaba a punto de llevarse un bocado a la boca o haciendo sonidos cada que el masticaba.

Estaban riendo, lo más bajito que podían para no molestar al Nara, que empezaba a dejar salir ligeros ronquidos, que los hacían reír un poco más. Naruto comenzó a molestar al muchacho metiéndole una servilleta en la nariz o en los oídos para hacerle cosquillas, Ino no podía dejar de ahogar las risitas que le causaban los gestos que hacía el castaño.

– ¿Le pintamos la cara? – Dijo Naruto de pronto.

Ino se quedó en silencio, viendo el rostro serio de Shikamaru, que no despertaba por más travesuras que Naruto hiciera; observó el rostro de Naruto que parecía estar muriendo por hacerle más travesuras al Nara. Torció los labios y luego asintió, dejó salir una pequeña risita y tomó el marcador que Naruto había sacado de su bolsillo y con mano temblorosa dibujó una línea entre las cejas de Shikamaru. Se rieron en silencio durante unos minutos y tardaron un poco más en poder hacerle más cosas en la cara, pero esta vez fue Naruto quien las hizo, ya que Ino no podía parar de reír.

– ¿Qué más? – Preguntó el rubio, ya que Ino era la que decidía que dibujarle al muchacho. – ¿Qué crees que falta?

Ino observó el rostro del Nara y dejó salir una carcajada al ver el bigote, la barba, la ceja y las pecas. Volteó a ver a Naruto y luego al castaño de nuevo, se cubrió la mitad del rostro y le señaló uno de los ojos, sin poder parar de reír. Naruto la observó sin entender y volteó a ver a Shikamaru, no tenía idea de que quería Ino, así que solo atinó a dibujar dos círculos y unirlos con líneas, asemejando unos anteojos.

Apenas había terminado de dibujar en el rostro del Nara, un fuerte crujido hizo que los dos rubios saltaran hacia atrás y buscaran la fuente del sonido; Shizune estaba parada frente a la puerta y les estaba recibiendo con una pequeña sonrisa cansada. Respiraron profundo y se encargaron de despertar al Nara en cuanto la castaña regresó al interior del despacho de la rubia; pusieron el mejor rostro serio que podían manejar e intentaron deshacerse de la imagen que tenían del rostro de Shikamaru.

Entraron a la oficina en completo silencio y Naruto tuvo que poner sus mayores esfuerzos en controlar las carcajadas que quisieron escapar de sus labios al ver la manera en que Shizune y Tsunade observaban al Nara, ambas parecían estar a punto de reír o de preguntar que era lo que pasaba. Ino observó al rubio por el rabillo del ojo y regresó la mirada al frente al escuchar que Tsunade removía unos cuantos papeles sobre su escritorio; observó a las mujeres en completo silencio y apretó los labios para que una pequeña sonrisa no escapara.

Tsunade los observó durante unos momentos y luego negó, era increíble la manera en que esos podían comportarse algunas veces, no parecían ser el futuro hokage y una de las mejores doctoras del hospital de la villa, parecían pequeños niños de academia. Observó a Shikamaru durante unos segundos y sonrió de medio lado, el Nara no parecía tener idea de lo que habían hecho aquellos con su rostro; carraspeó un poco y volteó a ver a Shizune, le pidió que entregara unos oficios a los tres jóvenes y luego se cruzó de brazos.

– Deben preguntarse que acaban de entregarles.

Dijo la rubia, completamente seria a los tres muchachos que tenían una ligera idea de lo que debía contener esa hoja de papel que les habían entregado momentos antes. La mujer se recargó en el escritorio y sonrió de medio lado, había sido una tarde muy ajetreada, pero al fin había podido terminar con aquello.

– Una de ellas, es una orden para dar de alta a Suigetsu el día de mañana. – Dijo mientras observaba a Ino. – Queremos que esto se lleve a cabo en secreto, así que la hora en que deberá abandonar el hospital será a las cuatro de la mañana.

– ¿¡Qué!?

Preguntaron los tres muchachos, alargando el sonido de la "e" la hora no les había agradado del todo, habían pensado en dormir como la gente decente ese día. Tsunade negó de nuevo y rio divertida por la manera en que ellos parecían estar a punto de desfallecer a causa del horario.

– Hemos decidido, que el exilio es la mejor opción y el lugar que acordamos es la antigua aldea del remolino. – Volteó a ver a lo muchachos y luego clavó la mirada en el rubio. – Tu serás el encargado de escoltarlo, así que junta a cuatro ninjas que puedan acompañarte… esto es altamente secreto, Naruto, nadie puede enterarse de esto.

Los tres asintieron, pero la mirada que la rubia les dedicó, hizo que se sintieran incómodos, en especial Naruto e Ino, que no pudieron evitar desviar la mirada. La mujer enarcó una ceja y reparó en la rubia, que se empeñaba en mantener la mirada clavada en la ventana, en las lejanías.

– Bien, Shikamaru, a ti te entregamos el expediente de Suigetsu y del interrogatorio, ya sabes que hacer con él.

Se quedaron en silencio durante unos minutos, incómodos por la manera en que la rubia volteaba a verlos, aunque Ino y Naruto estaban así porque no sabían cuanto tiempo podrían reprimir las carcajadas, y Shikamaru estaba así, porque no entendía la manera en que Shizune y Tsunade volteaban a verlo, pareciera que era la primera vez que le veían en años. Tsunade ocultó una pequeña sonrisa, comenzaba a parecerle gracioso lo que habían hecho con el rostro del Nara, pero aún así, tendría que reprimirlos.

– Por último, están en horas de trabajo. – Naruto e Ino tragaron saliva con dificultad. – Así que ustedes dos, se van a llevar una semana de castigo en la academia, por comportarse como niños.

– ¡Pero!

Comenzaron a decir los rubios, pero la mujer los calló con un movimiento de la mano. Ambos se voltearon a ver en silencio y luego le dedicaron un rápido vistazo a Shikamaru… si había valido la pena.

– En cuanto a ti. – Dijo dirigiéndose a Shikamaru. – Tendrás que cubrir un turno nocturno en la entrada norte de la aldea por una semana. Empiezan la semana que viene.

Los muchachos salieron de la oficina en completo silencio y hasta que la puerta se cerró y ellos estuvieron alejados de ahí, los rubios estallaron en carcajadas; pintarle el rostro a Shikamaru, había sido una de las cosas más gracias que habían hecho ese día, pero que Tsunade lo reprimiera e incluso le castigara por ello había sido mejor de lo que habían planeado.

– Shikamaru, tienes algo en la cara. – Dijo Naruto, causando que Ino soltara la carcajada.

– Inmaduros.

Ino se quedó seria al ver la manera en que el Nara la miraba y bajó la mirada; Naruto apretó los puños. Volteó a ver a Shikamaru y se despidió de el con un gesto de la mano. Tomó a Ino por el brazo y la giró, en dirección contraria a la que se había dirigido el Nara. Nunca le había gustado que las muchachas se sintieran tristes por culpa de un hombre.

– Escuché que en la tienda de helado tienen una promoción. – Dijo, sin voltear a ver a la muchacha. – Compras una cubeta de helado y tienes media hora para comerla… también puedes hacer competencias, el ganador se lleva un cupón de descuentos por un mes. Siempre he querido hacer eso pero Sasuke odia los dulces y Sakura siempre está a dieta…

Ino agachó un poco la mirada y apretó los labios, el helado no le vendría mal en esos momentos.

– ¡Ok, pero tu pagas!

Suspiró y se llevó una mano a la nuca. – Está bien, de todos modos vas a perder.

– Claro, Uzumaki…

Caminaron en dirección a la heladería, mientras volvían a estallar en carcajadas por el rostro del Nara. Aquello parecía ser el comienzo de una agradable amistad.


¿Me merezco reviews?

Se que los amantes del NejiTen querrán matarme por lo que acabo de hacer, pero es una de mis pequeñas saliditas con solución, ya lo aclaré, no será un NejiHana, no me gusta! Jajajaja, además me parece adorable la pareja que forman Hanabi y Kiba, son tan tiernos :D Pues acabo de llegar del trabajo, acá en mi país son las cuatro de la tarde, de cinco a seis doy asesoría las siete entro a la escuela DX Dios mio, ni tiempo de morir tengo Q_Q Bueno, los amo mucho sabían? No los conozco pero los quiero muchísimo y una de las cosas que más me duele de que acabe la historia es que pues será como un adiosito :c Pero bueeeeeeno ya encontraré una historia y volveremos a vernos :D además tengo pensado dedicarme a leer por un tiempo, en lo que aprendo a administrar mis escasos quince minutos libres.

MUCHAS GRACIAS A TODOS!

Contestación a Review sin cuenta:

Magic Ann Love: Oh, Dios mío, hice que te desveleras D: Ofrezco una enorme disculpa! ¡Karin y Suigetsu me inspiran tanto! Que me parece irreal que aun no soy capaz de escribirles una historia ): Y descuida, ya estoy trabajando en ese reencuentro, yo también lo estoy esperando :D jajajajaja! Dos semanas, como dijiste :) Yo tampoco creo poder durar más tiempo sin actualizar, la verdad es que no quiero perder ese hilo que tomé ahora con este capítulo, que espero te guste :D MUCHAS GRACIAS POR TU COMENTARIO! Te mando un abrazote desde México :D

Magiu: No eres la única que hizo ese comentario sobre las reglas u.u, pero te prometo que ya no habrá más dramas... solo uno o tal vez dos, uno de ellos será por parte de Hiashi, pero vaaaamos, que ese ese elemental, no puede haber historia sin que le de el soponcio a ese señor! Jajajaja, muchas gracias por tu comentario, espero poder leerte pronto y que te haya gustado este capítulo! :D Un beso!

HinatacrisQ: Ya está el capítulo :D Espero que te haya gustado! Muchas gracias por tu comentario, me alegra que mi historia siga gustandote y espero poder leerte pronto! Un besooo! Hasta luego!