Para los que se pregunten por qué Lily sale con su hijo, en éste fic, es porque James tiene un rol más importante y como él y Severus se odian, necesitaba emplearlo.


La tensión se podía cortar con un cuchillo, pero estaba dispuesto a no desperdiciar la oportunidad. A pocos días de la fiesta de fin de año, aún tenía mucho que hacer.

- ¿Y cómo está Lily? - preguntó mientras ordenaba una taza de café. No podía negar que el tópico, le causaba incomodidad. Eran buenos amigos, pero aún así le traía incómodos recuerdos que trataba de dejar en el pasado. - últimamente no me he tomado el debido tiempo para escribirle, pero es diciembre y dudo mucho que las cartas lleguen. Aunque puede desearle un feliz año nuevo de mi parte, si no es mucha molestia. Y extienda los saludos para usted también.

- Se encuentra muy bien, gracias por preguntar. - Respondió Harry, terminándose su café. - recién está de vacaciones de su trabajo como enfermera en el segundo hospital de Londres. Una licencia por maternidad, sus pacientes la adoran. Especialmente los niños.

Dejó de escuchar al darse cuenta de que los labios de Harry Potter habían dicho "maternidad" y un pesado silencio impregnó el ambiente. Por un momento pensó en todo aquello que alguna vez pudo tener y no tuvo tiempo, por enfrascarse en su carrera.

- ¿Lily espera un hijo? - preguntó, sorprendido. Potter no tardó en asentir con una sonrisa. - pues... felicidades entonces.

- Se lo agradezco. Es una niña y esperamos que nazca los primeros días de enero, si dios quiere. - está realmente feliz, aunque es un terrible dolor de cabeza a veces. Todos esos antojos, ¡a veces tengo que salir hasta dos o tres veces! Y ahora tiene un tema con animales, ha pasado viendo un par de cachorros junto al apartamento y ahora quiere comprarse uno.

Se preguntó por qué Lily no le había mencionado que estaba embarazada y se imaginó que trataba de evitar temas incómodos para ambos. Siempre había sido una hermosa mujer, aún desde joven, así que seguramente se veía aún mejor. Pero ahora y al menos, también tenía un amor con el que podía compartir. No estaba solo. Se terminó su taza de café y decidió ordenar algo más sustancioso.

- Seguramente que es muy difícil, pero estará en buenas manos. Nymphadora es pediatra y ambas son buenas amigas todavía, su bebé nacerá con una de las mejores profesionales que conozco.

- Dígame doctor Snape, por qué su futura esposa tiene una hacienda. Quiero decir, no es que vaya a juzgar sus gustos pero... ¿no está un poco alejado de su especialidad? ¿Acaso ella tiene la experiencia necesaria para lidiar con ésta industria tan competitiva? Hay hombres prepotentes que lo harán todo por acabarla. ¿Vale la pena entonces, sacrificar su dinero y su tiempo?

- Mi futura esposa aún es joven y he tenido ese temor también, pero ella está empecinada con el asunto y me temo que no he podido sacarle el tema de la cabeza. Creo que sus intenciones son buenas y confío en que pronto lo conseguirá. Y si no tiene el temple para soportarlo, entonces dedicaré todo mi tiempo para ayudarle con la difícil tarea.

- Lo admiro, en verdad que sí. Debe amarla mucho, como para asumir éste gran riesgo. Asumo que la hacienda tiene toda la infraestructura adecuada, como para competir con grandes transnacionales.

- Se lo podría decir si usted pudiera ayudarme y agilizar los trámites, el papeleo. Su madre figura como la dueña, ¿tomaría mucho tiempo, el cambiar eso?

- Si se pone al corriente con los pagos, le escribiré un nuevo poder de inmediato. Aunque necesitará la autorización de su madre. Investigaré con el ministerio de tierras, la situación actual de la hacienda. A lo sumo podrá tomarme unos cinco días hábiles.

Severus asintió mientras se terminaba una copa de brandy y Harry pedía la cuenta. Luego de la pequeña y amistosa discusión sobre quién pagaba todos los gastos, Severus terminó vencedor debido a que había sido él, quien había solicitado sus servicios en primer lugar. Al salir de la cafetería y restaurante, se sintió realmente convencido de que las cosas comenzarían a mejorar muy pronto. Aunque primero tuviera que convencer a Minerva, de traspasarle la hacienda a su hija.

Y no era el único en pensarlo de esa manera, mientras Hermione se mordía el labio ante la idea que acababa de cruzar su cabeza, durante el mediodía. Su madre era una mujer ya de edad, lo que menos quería era perderla.

- Se lo diré en la fiesta, le diré que debe traspasar la hacienda a mi nombre. Ya estoy en edad de cuidarla por mi propia cuenta.

- Tu madre morirá cuando se lo digas en la fiesta. - dijo Ginny mientras mantenía las manos separadas y Hermione amarraba el hilo verde esmeralda, para tejerle una bufanda a su novio. Un término por demás interesante.

- Calla, no digas eso ni en broma y más bien no te olvides de indicar... cuando comienzan las franjas plateadas.

- Estoy hablando en serio. Una vez que tomes el control, toda la deuda y sus acreedores, caerán sobre ti y no sé si sea un peso que puedas resistir.

Hermione suspiró sin saber qué decir, en cuanto a que Severus, en cambio, parecía saber la respuesta con exactitud. En verdad detestaba al hombre que tenía en frente, pero realmente necesitaba de sus servicios. Al menos, el hospital, era un lugar muy neutral para encontrarse.

- Éste día sin duda tenía que llegar. Ese donde necesitaras de mi ayuda y tuviésemos que volver a vernos las caras.

- Todavía no cantes victoria ni celebres, que sólo he venido por asesoría legal y prometo pagarte cada centavo que cueste tu valioso tiempo.

El hombre frente al doctor, parpadeó realmente sorprendido y para luego pasarse una mano por su enmarañado cabello que le hacía lucir como un ex convicto. Para tratarse de un abogado, tenía muy mala pinta. Sirius Black se acomodó en la silla, frente al escritorio del doctor Snape, sonriendo como si frente a él se encontrara un enorme tesoro. Negó con la cabeza e introdujo una de sus manos, en su chaqueta de cuero marrón desgastado y sustrajo un trozo de papel.

- Estos son mis honorarios y cobro siempre lo mismo, sin importar que seas tú a quien deba asesorar.

- Me sorprende tú honestidad y tus buenos valores, Black. Pero descuida que no será trabajo forzado ni muy complicado, asumo.

- Déjame a mí, juzgar eso. ¿Qué es lo que necesitas de mí... exactamente?

Al terminar de explicarle el asunto con la hacienda en bancarrota, Sirius compuso esa expresión que le preocupaba tener que enfrentar. La verdad de no poder salvar esa propiedad y tener que lidiar luego, con la tristeza de la mujer que tanto amaba. Sirius Black se cruzó de brazos y estudió la situación, desde todos los ángulos posibles.

- Ella debe estar loca. El estado y los compradores, tienen los mejores bufetes del país. Cómo les ganaré una demanda si se les ocurre irse en contra de ella, sembrar un falso positivo. Yo soy sólo uno, contra toda una legión armada. Es más sensato si vas a la notaría pública y colocas esa hacienda a tú nombre. Sería un verdadero crimen, dejarla correr con esa pesada labor por sí sola. No dudo de la fortaleza de su madre, no. - dijo, mientras negaba con la cabeza. - los terrenos ya han de estar muy devaluados.

- Creo que tú podrás defendernos muy bien, de eso estoy seguro. Y si necesitamos un bufete completo, pues algo se nos ocurrirá sobre la marcha. El actual novio de Lily, prometió llevar los libros contables y ayudarnos en todo lo posible.

- ¿No es extraño que el actual novio de tú ex novia, quiera ayudar? Principalmente conozco a su padre, he ido de pesca con él y Remus un par de veces pero...

- Supongo que Lily le convenció de ayudarme. A éstas alturas ya debería saber que tengo sentimientos encontrados por otra persona y que mi presencia no debería suponer ningún riesgo.

- Puede ser, pero qué crees que piense tu actual novia, al respecto...

No contestó, pero tampoco pensó que estuviera haciendo alguna cosa mal. Simplemente deseaba hacer realidad su sueño y si debía llegar hasta el límite, allí llegaría. Así tuviera que comprometer más de lo que quisiera arriesgar. Realmente estaba enamorado y sentía que incluso lo que hacía, resultaba poco. Le regalaría la luna y las estrellas de poder hacerlo. Sirius asintió finalmente y su sonrisa le dijo que le encantaban los retos y esa era la principal razón por la que se lo había pedido. Y también puesto que no conocía a otro abogado que pudiera contarle lo justo y necesario, por un trabajo dedicado y bien hecho.

- ¿Tenemos un trato? - preguntó Snape mientras se ponía en pie y estiraba su mano frente al escritorio.

- Tenemos un trato, siempre y cuando me mantengas alejado de mi odiosa prima. - dijo el hombre mientras tomaba su mano para estrecharla. - aunque creo que estás loco y ciego de amor y que eso te traerá problemas a la larga.

Sonrió con cierto sarcasmo y decidió ignorar lo último. Y se lo decía un rompe corazones profesional.