Camino con paso alegre mientras salgo del baño. El baño de la casa de Kate.
Es una casa muy acogedora y con un estilo que se adaptaba mucho a ella.
No sabía ni como habíamos acabado allí, pero cuando había llegado la hora de irnos porque no había nada más que pudiéramos hacer por el caso, ella me había mirado y me había preguntado si quería que me dejara en casa. Al principio me sorprendí por esa muestra de amabilidad. Es decir, desde lo que había ocurrido en el cumpleaños de Jim, quien por cierto, nos había mirado con un brillo de complicidad toda la noche, ella no estaba tan reticente y tan fría conmigo, al contrario, parecía un poco más relajada e incluso, increíblemente, me sonreía de vez en cuando.
Pero esto seguía siendo nuevo y extraño para mi.
Y cuando su motocicleta comenzó a ir por otro camino, que no es el que normalmente debes tomar para llegar a mi loft, comencé a entenderlo. Y cuando entramos en aquel edificio y su mano cogió la mía lo supe. Supe lo que pasaría y mi corazón y todo mi cuerpo reaccionaron enseguida.
Mi boca besó la suya con fuerza cuando subimos al ascensor y ella gimió sonriendo bajo mis labios. Ninguno de los dos dijo nada. No era necesario. Nos conocíamos bien, sabíamos lo que teníamos que hacer para complacer al otro.
Habíamos entrado luego a su casa y lo habíamos hecho primero en el sofá, aun medio vestidos y luego en su cama, completamente desnudos, sudando jadeantes y riendo de satisfacción.
Sin parar.
Y ahora ella me mira atenta, recostada en la cama, con unas finas sabanas tapando solo la mitad su cuerpo desnudo que está bocabajo, regalándome una visión esplendida de su espalda.
Yo me tropiezo con algo y miro al suelo, notando que son las bragas de Kate.
-¿Desde cuándo usas este tipo de bragas?.-Le digo cogiéndola con una mano. –Son bragas de abuela.
-Quizás soy una abuela.-Me dice aun relajada sobre la almohada.
-No, no lo eres. ¿Desde cuándo usas esto?.
Ella sonríe.
-Desde que no tengo nadie a quien le importe qué tipo de bragas me pongo. Además, son cómodas. ¿Qué más te da?.-Dice divertida incorporándose y recostándose en el respaldo de la cama.
Yo me acerco de nuevo a la cama y me subo recostándome a su lado. Demasiado contento y extasiado de estar allí junto a ella.
-De eso me di cuenta.-Digo mirándola.
-¿De qué son cómodas?.
-No, de lo otro. Cuando estábamos en el baño…en el cumple de Jim, me di cuenta de que estabas…-Miro al frente divertido.-…algo estrecha. –Giro la vista y noto que ella levanta una ceja.-No me malinterpretes, eso me encantó.-Sonrío.-Me volvió loco a decir verdad.-Ella pone los ojos en blanco.-¿Hace cuando que tu no…?.
-¿Y a ti eso que te importa?.
-Es solo una pregunta.-Me encojo de hombros.
-No, no lo es. Quieres saber con cuantos me he acostado en estos años y no te voy a decir nada.-Dice con una mueca divertida.
-Solo quería saber…
-No.-Me dice y yo suspiro.-Solo te diré que a diferencia de ti yo no voy de cama en cama.
Yo rio entre dientes.
-Pues no te veo quejándote de que hoy esté en la tuya, cariño.-La miro y ella me mira con los ojos entrecerrados. Amplío mi sonrisa y le digo: -¿Touché?.
-Jódete.-Me dice y yo vuelvo a reír adorando la visión de Kate desnuda entre las sabanas.
Realmente, luego de lo que había pasado en el cumpleaños de Jim había tenido miedo de que ella se arrepintiera. Ciertamente no estaba seguro de en qué punto estábamos ahora, y siendo sincero, me daba algo de miedo preguntar. Porque estaba seguro de que no me gustaría la respuesta.
-¿Por qué me has traído hasta aquí, Kate?.-Es lo que pregunto sin poderlo evitar.
-Pensé que a estas alturas ya lo sabías.-Me dice adormilada.-Aunque creo que deberías irte.
-¿Perdona?, creo recordar que alguien se ofreció llevarme a mi casa, y sin embargo, aquí estoy.
Mi mano se mete debajo de la sabana y acaricio su cintura.
-Por favor, no me presiones sobre esto.-La escucho decir.-Yo no sé…
Yo acerco mi rostro al suyo.
-Shhh. No voy a presionarte.-Le digo y mis dedos acarician su cabello.-Es solo que he dejado desde el principio, mis sentimientos claros. Sin embargo no sé nada sobre los tuyos.
Esta vez es ella la que acaricia mi ceja derecha mirándome fijamente.
-Yo tampoco lo sé.-Su expresión cambia y veo como se incorpora levantándose de la cama.-De verdad deberías irte, es tarde.
Yo la miro y miles de recuerdos regresan a mi mente trayéndome consigo una inmensa sensación de vacío y nostalgia.
-Kate…-Comienzo a decir mientras ella se coloca las bragas y busca una camiseta.
No me siento molesto. Porque de alguna forma lo veía venir, sin embargo, no puedo evitar sentirme frustrado.
-Luego, ¿sí?.-Me dice sin mirarme.
Yo cojo aire y me levanto de la cama comenzando a vestirme.
-Está bien.-Digo sin más.
-Debes comprender que…
-No, no me tienes que explicar nada.-Digo colocándome la camisa.
-Castle.
Yo la miro.
-Kate, mira…tu ya no eres una niña y yo mucho menos. Creo entender lo que ha pasado aquí y lo que paso en el baño de Jim, en el cuarto de limpieza en la comisaria y en aquel hotel. Así que no tienes nada que explicarme.
-¿Estas molesto por qué crees que te he utilizado?.
-¿Es lo que hiciste?.
Ella abre la boca indignada pero vuelve a cerrarla, como si se hubiese dado cuenta de algo.
-No.-Dice dubitativa.-Quiero decir, esa no fue…
-Lo sé.-Digo yo calmadamente.
-Yo…no puedo…
-¿Dejarte llevar?, Kate, la muerte de Johanna paso hace mucho tiempo. Tienes que dejarlo ir.
Noto como su expresión cambia drásticamente.
-Vete.-Me dice sin más.-Ahora.
-Lo siento, no fue…
-Vete.
-Kate…-Ella me da la espalda y yo suspiro caminando hasta el salón para coger mi abrigo y salir del lugar.
Mis ojos no quieren volver a cerrarse. Estoy segura de que cualquier persona normal no se levanta normalmente a esta hora de la mañana un domingo. Pero yo había estado dándole vueltas a muchas cosa todo ese fin de semana, y todos estos pensamientos que rondan en mi cabeza no me dejan conciliar el sueño en paz.
Siento mi mente, mi corazón y mi alma dividida. La culpabilidad de haberme lanzado en los brazos de Castle me hacen sentirme tonta y estúpida, pero a la vez, el saber que él está molesto conmigo y de no haberle visto desde el viernes que estuvo en mi casa, me hacen extrañarlo.
¿Cómo era posible que ese hombre aun me hiciera sentirme de esta forma?. No podía engañarme a mí ni a nadie más. Le quiero y esa es la única explicación que existe a todo este cumulo de emociones.
"Tienes que dejarlo ir".
La voz de Castle retumba en mi mente. Porque justamente esas mismas palabras las había pronunciado mi terapeuta un montón de veces. Y yo, en el fondo, sabía que tenían razón. Que el culparme durante tanto tiempo no me había conducido a nada más que a convertirme en esta persona que simplemente se auto sabotea para no ser feliz.
Me incorporo y camino hasta la cocina haciéndome un poco de café. No tengo demasiada hambre, pero me sirvo un plato de cereales y lo como sin ganas mientras miro por la ventana.
Tengo esta sensación, esta sensacion de impulsividad que me hace mover los pies incomoda. Suspiro y termino mi café caminando hacia la habitación para cambiarme de ropa.
Me pongo una camiseta ajustada de color morado con el símbolo "Nike" en negro y unos shorts negros. Me calzo mis deportivas y cojo mi ipod colocándome los auriculares.
Me estiro un poco en la acera mientras "Thunderstruck" de AC/DC suena a todo volumen y siento como la energía invade mi cuerpo poco a poco.
Comienzo a correr y de pronto el dolor en mis pulmones y el esfuerzo en mi piernas, me hacen sentir muchísimo mejor.
Cuando regreso a casa me doy cuenta que he estado corriendo durante bastante tiempo. Aún respiro con dificultad y como siempre mi humor matutino ha mejorado indudablemente. Me siento de pronto eufórica y con ganas de muchas cosas.
Y entonces recuerdo aquello que me había dicho Castle una vez:
"Cuando estés cansada de aparentar, búscame".
Lo estaba, estaba cansada, agotada. No quería sentirme culpable, no quería sentirme miserable. Solo quería vivir.
Me muerdo el labio y un pensamiento cruza mi mente.
Me voy directa a la ducha y al salir me visto con ropa cómoda, típica de un domingo. Unos vaqueros, una camisa blanca con un sweeter tejido de color azul y con un estampado en verde y marrón y unas botas negras.
Cojo mi móvil y marco rápidamente los números.
-Hola, cielo.-Me contesta mi padre.
-Hola, papá.
-¿Cómo esta todo?.
-Todo bien.-Digo mordiéndome el labio.-¿Tú?.
-Bien, durmiendo como bebé últimamente.
Yo sonrío a medias.
-Papá, ¿aún eres amigo de ese promotor de los partidos de los Yankees?.
Toco la puerta con nerviosismo, y me siento como aquella noche en la que vine a cuidar a Alexis y luego todo había comenzado entre Castle y yo con ese primer beso.
Justamente es él quien abre la puerta, vestido también de manera muy informal y con el cabello algo despeinado. Me mira primero con asombro y luego con curiosidad.
-Hola.-Soy yo la que rompo el hielo.
-Hola.-Me dice él serio, pero luego noto que sus ojos brillan.
-¿Puedo pasar?.-Él me repasa con la mirada unos segundos y luego se hace un lado para que entre.
El lugar está tal y como lo recordaba. Con las cosas exactamente en su lugar, como si el tiempo no hubiese pasado y este fuera uno de esos días en los que yo venía a verlos y él me recibía entre besos.
Me giro y le veo mirándome aun con curiosidad.
-¿Quieres algo de tomar?.-Me dice formalmente.
Yo niego con la cabeza.
-Solo quería hablar contigo.
-Bueno, debo decir que esto sí es una sorpresa.-Me dice irónico.-¿Tu queriendo hablar?.
-Castle, no hagas que me arrepienta de esto.-Él levanta las manos sonriendo.
-Vale, lo siento. Venga, pasa.-Me dice señalándome el camino que yo se me casi de memoria.-Estaba leyendo el periódico.-Me dice y veo un ipad sobre el mesón de la cocina, el cual me trae muchísimos recuerdos.
-¿Algo interesante?.
-No realmente.
Nos quedamos en silencio y yo miro nerviosamente mis pies.
Cuando levanto la vista él me mira fijamente y yo solo puedo pensar en besarle mientras la adrenalina corre por mi cuerpo.
-Quería pedirte disculpas.-Digo a borbotones, nerviosamente, mirándome de nuevo los zapatos.-Lo que pasó en mi casa…no debí…-Frunzo el ceño y levanto la vista.-Quizás me sobrepasé un poco.
Él me mira sonriendo a medias, probablemente demasiado divertido con mi sufrimiento para pedir disculpas.
Se acerca en un par de zancadas y coloca una mano en mi cintura acercándome a su cuerpo que está duro y caliente como siempre.
Sus labios me roban un beso inesperadamente y yo cierro los ojos relajándome debajo de sus labios que saben a café. Su mano se aferra a mi mejilla y yo dejo que él haga y deshaga con sus labios, suspirando cuando se separa de mi.
-Disculpa aceptada.-Me susurra mirándome con adoración y yo siento que mis piernas fallan.
-Necesito tiempo…-Mi mano acaricia su mejilla y yo lo miro directo a los ojos.
Eso era todo lo que necesitaba, tiempo para aclararme y para que la culpabilidad que me atacaba después de estar con él desapareciera.
-Claro. Lo tendrás. Quizás yo no debí presionarte…
Yo coloco mis dedos en sus labios para que deje de hablar.
-Vine a invitarte al partido de los Yankees.
-¿Una cita?.-Sus labios rozan los míos fugazmente.
-No, definitivamente no es una cita.
Él ríe.
-En ese caso no me lo perdería.
Yo sonrío ampliamente y vuelvo a besarlo.
No puedo evitar reír a carcajadas viendo a Kate gritar y vociferar durante el partido. Era un partido muy importante que jugaban los Yankees con los Medias Rojas de Boston. Y al ser domingo por la tarde el estadio estaba completamente lleno y rebosante de gente, comiendo y gritando para apoyar a su equipo o para gritarle improperios al Ampáyer o a los jugadores del equipo rival.
En ese momento uno de los jugadores de los Yankees, cuyo nombre no me sé, por supuesto, saca la bola del estadio y Kate salta de su silla gritando con las manos en el aire.
Yo la miro divertido y ella me toma del brazo para que también me ponga de pie. Yo lo hago a regañadientes y río viéndola tan feliz.
Por primera vez, desde que nos reencontramos, veo a la Kate de antes, la que reía con facilidad, la de los ojos brillantes y la que, a pesar de todo, se divertía.
-¿Qué?.-Me pregunta ella al darse cuenta de que la miro fijamente.
-Nada.-Digo y le sonrío.
Kate mira de reojo hasta la pantalla que está al fondo del estadio y se sorprende. Cuando miro, me doy cuenta de que ambos estamos en la "Kiss Cam", yo la miro y noto que se ha sonrojado.
Sonreímos y nos besamos fugazmente escuchando como el estadio aplaude.
Ella aprieta los labios aun sonrojada, y una vez que la cámara ha ido con otra pareja, yo coloco mi dedo debajo de su barbilla y la vuelvo a besar, esta vez con ganas. Justo cuando mi lengua empieza a hacer estragos en su boca, ella me detiene mirando alrededor, un par de curiosos nos observan y yo no puedo evitar sonreír.
Me sonríe con los ojos y su atención regresa al partido. Yo sin embargo, no puedo mirar otra cosa que no sea a Kate. Ambos pedimos un par de hot dogs y justo al final de la octava entrada, Kate se levanta para gritar algo que me hace reír y sin querer, se sienta en mis piernas en lugar de en su asiento.
Mira hacia atrás sorprendida y yo la tomo de la cintura cuando noto que está a punto de levantarse.
-No.-Digo cogiéndola con fuerza para que se quede en mis piernas.-Está bien, quédate.
Ella me mira dubitativa pero no ofrece mucha más resistencia. Simplemente vuelve su atención al partido mientras yo me deleito con su olor y con la sensación de su cuerpo sobre al mío.
Mi cerebro ignora los gritos, la gente y el sol.
Absolutamente todo pasa a un segundo plano.
Solo la cercanía de Kate y su olor a cerezas importan.
Ella se mueve para celebrar otra carrera y su trasero roza peligrosamente mi entrepierna.
Eso es más de lo que puedo soportar. Respiro hondo e intento mirar el partido para que la inminente erección que estoy a punto de sufrir no ocurra, pero aunque para algunos ver hombres bateando una pelota y corriendo puede ser entretenido, para mi nada es más entretenido que hacerle el amor a la mujer que siempre ha sido mi debilidad.
Y esa es Kate.
Ella vuelve a moverse y se da cuenta de lo que está pasando. Su espalda se queda rígida y gira la cabeza mirándome cuando siente mi erección a través de los pantalones.
Yo acerco mí boca a su odio pare susurrarle:
-Es tu culpa.
Veo que intenta no sonreír y se pone de pie regresando a su asiento. Dejándome completamente expuesto.
Yo la miro con los ojos entrecerrados.
-Kate…
-El partido aún no acaba, Castle.
Yo miro a mi alrededor, todo el mundo está pendiente del partido, que está empatado en la última entrada.
-Sé que es importante para ti, pero a mí no me puede importar menos.-Acerco de nuevo mi boca a su oído.-Quiero hacerte el amor ahora. Quiero besarte, quiero tocarte, quiero follarte hasta que me grites que pare porque no puedes soportar tanto placer.-Noto que su respiración se ha acelerado y sonrío.-Tienes dos minutos para empezar a caminar hacia la salida.
-¿Y si no lo hago qué?.
-Te lo haré en cualquier lugar de este estadio.
Ella me mira y se da cuenta de que hablo enserio. Sonríe y se muerde el labio, mirando el partido otra vez.
-No, no lo harás.-Dice sin más.-Además, fuiste tú quien quiso que me sentara en tu regazo.
-Tú sabías lo que pasaría.
-¿Me estás diciendo que no podemos ver un partido en paz sin que pienses en…?.
-¿En hacerte el amor?, Kate, no puedo mirarte sin pensarlo. Y se que a ti te pasa lo mismo conmigo. Siempre ha sido así.
-No soy tu muñeca hinchable, Castle.
-No, eres la mujer que vuelve loco. La única.-Mis dedos acarician los suyos.
-Pues la mujer que te vuelve loco quiere mirar el partido.
-Kate, no me hagas esto.
Ella ríe entre dientes.
-Te lo hiciste tu solo, ahora te aguantas.
Yo suspiro frustrado hundiéndome en el asiento y ella me mira de reojo.
-Vas a tener que hacerlo mejor que eso.
-Kate, estoy a punto de cogerte en brazos y sacarte de aquí, no me tientes.
Ella sonríe y me besa en la mejilla como una diablilla.
-¿Estás enfadado?.
-No, estoy excitado.
-Solo queda la última entrada.
Yo vuelvo a suspirar y ella me sonríe.
Yo le acaricio el rostro y miro el partido.
-Vale.
Luego de que por fin acabara el partido y los Yankees ganasen con una carrera de último momento, debo confesar que había sido bastante emocionante. Sobre todo cuando Kate me había abrazado para celebrar y nuestras bocas se unieron una vez más.
Ahora caminamos por las calles mientras ella se come un helado de pistacho y yo un algodón de azúcar. Kate había insistido en comprarme una gorra de los Yankees porque según ella "terminaría siendo fan".
Estira la mano y acomoda la gorra diciendo que luce bien en mí y luego haciendo algún comentario acerca de lo grande que es mi cabeza.
Yo le robo un beso de vez en cuando, pensando en cómo esto parece una cita con todas las letras aunque Kate insista en que no lo es.
Ella me cuenta a cuenta gotas un poco de lo que ha sido su vida y yo tengo la tentación de preguntarle sobre el caso de su madre, pero decido mejor no sacar ese tema para no arruinar lo poco que queda de la tarde.
Nos acercamos al Joyce Kilmer Park y caminamos allí un rato, simplemente charlando y riendo divertidos. De vez en cuando noto que Kate vuelve a ponerse esa mascara de impenetrabilidad que me hace querer abrazarla y decirle que puede confiar en mí, pero pronto vuelve a sonreírme.
-Había extrañado eso.-Le digo yo comiendo lo poco que queda de mi algodón de azúcar.
-¿Cómo?.
-Tu sonrisa.-Digo mirándola.-Es la primera vez que te veo…relajada.
-Es la primera vez en mucho tiempo que me siento así.-Frunce el ceño.-En realidad, si soy sincera, yo también lo había extrañado.
-¿Mi sonrisa?.-Ella sonríe.
-La mía.
Yo vuelvo a robarle otro beso y nos miramos sonrientes.
-¿Quieres ir a cenar fuera o prefieres que te cocine algo en casa?.
-¿Y Alexis y tu madre?.
-Alexis está en una excursión del cole, no llega hasta mañana. Y mi madre está convenientemente fuera de la ciudad.
-En ese caso…- Comienza a decir con una mirada felina acercando su cuerpo al mío.-Eso de hacerme el amor hasta que grite que pares, ¿aún está en pie?.-Me susurra mordiéndose el labio.
-Oh sí.
