Pureza
Jareth recargaba su cabeza en el cristal de la ventana del pequeño Williams, mirando hacia la solitaria calle cubierta en lluvia. Toby y Hoggle observaban con cierta preocupación; ninguno de los dos quería hablar ya que sentían que serían callados por la magia del rey, pero Jareth despegó la frente del cristal y posó sus ojos en ellos con aire furioso. Ambos se asustaron.
— ¿Majestad, pasa algo? —cuestionó Hoggle con voz temblorosa.
Él no respondió. Se dio la media vuelta para recargarse en la pared, dejando caer sus brazos y suspiró con terrible amargura.
— No funcionó tu plan —respondió. Hoggle comenzó a temblar.
— No se enoje con él —defendió Toby—, su plan era bueno, es solo que la mamá de Sarah lo arruinó.
Jareth volvió a suspirar.
— Mire el lado bueno majestad, estamos avanzando.
— ¡Exacto! —Exclamó el niño—, un avance muy grande. Tal vez cuando vuelvan a la ciudad las cosas se den mejor.
— Tal vez...
— Si, es lo más probable. Cuando estén allá puede volver a insistir en que Sarah confiese su amor y llevarla al laberinto.
— Es verdad pero tendré que esperar un tiempo para volver a insistir... ese es el verdadero problema, tiempo. Y ya no hay tiempo.
Hoggle y Toby desanimados seguían mirándole.
— Bueno majestad —dijo Toby mientras se alzaba de la cama—, para quitarle ese trago amargo, ¿por qué no me deja ayudarle con unos pequeños tips para que pueda "reconquistar" a mi hermana?
Tanto Jareth como Hoggle posaron sus miradas en el niño.
— ¿En serio joven Williams? —cuestionaron ambos.
El niño se encogió de hombros.
— Si, es en serio. Saben que quiero ayudar, así que espero y esto pueda servir.
Sarah estaba en la sala de estar, caminando de un lado a otro mientras se mordía las uñas con una terrible ansia. En veces se detenía y miraba al teléfono pero luego retornaba su caminar por todo el lugar hasta que comenzó a sentirse algo mareada y agotada. Se detuvo frente a la mesita donde el teléfono estaba, lo tomó y realizó una llamada. Escuchó el primer timbre, luego el segundo, un tercero y aumentó la ansiedad de Sarah.
— ¡Contesta maldita sea! —exclamó en voz baja.
— Residencia King-Howard-Williams, ¿con quién quiere hablar?
— Déjate de estupideces Iris —mencionó Sarah amargamente.
— ¡Vaya —exclamó la pelirroja— tranquila fiera!
— Lo siento Iris...
— ¿Qué sucede Sarah? —Preguntó preocupada—. Sé que no te gusta ir con tus padres pero, ese tono tuyo no es bueno.
— Lo sé Iris, lo sé... es que necesito decirte algo.
— ¿Qué pasa? —cuestionó seriamente. Ella se mantuvo en silencio—. Sarah, por Dios, dime que pasó.
— Iris... —habló con voz entre cortada— Jareth...
— ¿Qué pasa con Jareth…? ¡¿No me digas que tu papá le hizo algo?!
— No...
— ¿Entonces? ¡Dime, no me dejes con el ansia en la boca!
— Jareth... él... se me declaró —un silencio se forjó al otro lado de la línea preocupando a Sarah—. ¿Iris?
— ¡Ah! —gritó emocionada la pelirroja.
Ante esa chillante respuesta, Sarah del susto soltó el teléfono casi logrando que este se estrellara en el suelo.
— ¡Iris! —exclamó en voz baja. La chica no paraba de gritar—. ¡Iris, ya cállate!
— ¡Dios mío! —Continuó—, ¡por todos los dioses ¿es verdad lo que me dices?!
— Si...
— ¿Cómo, cuándo, dónde, ya son novios? ¡No omitas ningún detalle!
— Iris... —mencionó seriamente— En serio, cálmate, por favor.
— Sarah —se detuvo la pelirroja en seco ante el tono de su amiga. Ella suspiró—. Dime, por lo que más quieras, que no lo rechazaste—. Otro silencio incomodo se formó. Iris terminó de deducir—. Ay Sarah... ¡¿Por qué, por qué lo rechazaste?!
— Iris, yo...
— ¡Sarah en serio que eres una tonta!
— ¡Iris —gritó a voz baja— déjame hablar! —La pelirroja no realizó sonido alguno y Sarah tomó una gran bocanada de aire—. Iris —prosiguió— lo rechacé porque, no estoy segura.
— ¿Cómo qué no estás segura? —cuestionó curiosa y molesta a la vez.
La azabache apretó el auricular con increíble fuerza. Ella estaba asustada, desesperada, muy en el fondo reconocía sentir algo por Jareth pero, había un algo, una parte en ella que le decía no en aceptar tales palabras de amor.
— Solo… no lo estoy —mencionó con un pesado suspiro.
Iris acompañó la amargura y pena de aquel suspiro.
— ¡Ay Sarah…! ¿Qué te puedo decir?
— Sigue insultándome… creo que funciona
Ambas se rieron con incomodidad.
— Cuando regresen aquí pueden hablar tranquilamente, sin la presión de estar con tus padres.
— Eso si.
— Bueno de momento mi Sarah, evita a Jareth todo lo que puedas, ¿sí?
— Iris, voy a regresar con él en un camino de dos horas.
— ¡Si, ya lo sé! Solo trata de no tomar ese tema, actúa como siempre has actuado con él. Seria y enojona. Ya cuando lleguen aquí, y te sientas segura contigo misma, hablen de ello.
— Lo dices como si fuera la cosa más sencilla del mundo.
— Sé que es complicado, pero créeme es lo mejor que se puede hacer, de momento. Necesito que te pongas a pensar y definas tus sentimientos por él.
— No creo poder.
— Si lo harás, solo piensa con el corazón.
Al escuchar esas palabras de su amiga, Sarah sintió que la presión que ejercía sobre el auricular disminuía. Era verdad lo que su amiga le decía.
— Gracias Iris —respondió después de unos minutos en silencio—. Te veo pronto.
— No agradezcas Sarah. Solo haz lo que te digo.
La llamada terminó y Sarah se dispuso a obedecer las palabras de su amiga. De momento evitaría a Jareth a toda costa y trataría de aclarar su mente.
El resto de la estadía en casa de los Williams fue tormentoso para ambos. Los dos se evitaban; Jareth se pasó toda la tarde con Toby, justificando el hecho que el pequeñín se había encariñado con él, y Sarah estuvo ayudando en los quehaceres del hogar pero sin poder evitar las insinuaciones de su madre con respecto a Jareth.
— Hija, ¿por qué no estás con Jareth?
— Mamá… no empieces —respondió furiosa.
— Jovencita, no me hables así —Sarah le observó seriamente—. Sabes que como madre, te quiero ayudar a que tengas un buen hombre a tu lado.
Sarah resopló.
— No tienes por qué restregármelo a la cara cada rato.
— Cariño, Jareth se ve un buen hombre y…
— ¡Mamá —exclamó— basta, por favor! Si de verdad me quieres ayudar, ya no insistas, en nada, por favor.
Linda observó sorprendida a su hija quien se veía estresada, alterada y desesperada. Por esos momentos, en los que contempló a su hija, Linda se sintió realmente preocupada por ella; hacía años que no sentía esa preocupación tan grande en su pecho. Su instinto de madre le decía con gran fuerza que debía ayudar a su hija, verla feliz, y ese tal Jareth era quien volvería a poner una sonrisa en el rostro de su hija. Pero bien ella le acababa de decir, que ya no ayudara que ya había hecho suficiente, y era verdad. Su gran ayuda comenzó con llevarla con un psiquiatra.
— Perdóname hija —gimió.
Sarah, aun limpiando, pudo escuchar aquel leve gimoteó de su madre, y curiosa le observó. Ella y Linda con una simple mirada se dijeron muchas cosas, en las cuales un perdón no se mostraba, y ambas decidieron alejarse, como siempre lo habían hecho.
El día de partida llegó, Sarah se despidió de su familia de la manera que siempre lo hacía, a excepción de su madre quien cuando salió a despedirla la única manera fue con un simple apretón de manos. Jareth agradeció, con un humor envidiable, por la estadía en el hogar Williams pero, antes de que ambos se retiraran, apareció el pequeño Toby.
— ¿Saben?, no me gustaría que se fueran.
Jareth y Sarah sonrieron pero ambos no se atrevían a mirarse.
— Pronto regresaré Toby —mencionó Sarah mientras se agachaba para mirarle mejor.
— ¿Y qué hay de ti, Jareth? —preguntó al momento que volteaba a verle. Sarah suspiró amargamente.
— Yo… también pronto regresaré, ¡claro!, si tus papás y tu hermana quieren.
Toby volteó a mirar a sus padres y con una enorme sonrisa infantil preguntó si Jareth era bienvenido en casa. Irene sin molestia alguna dijo que Jareth era un invitado especial y que podía venir las veces que quisiera, en cambio Robert resopló molesto. Con una enorme sonrisa en su rostro el pequeñín posó la vista en su hermana mayor, y sin pensarlo, realizó la pregunta:
— ¿Traerás a Jareth de nuevo, Sarah?
La azabache, imitando fielmente a su padre, resopló en busca de una respuesta que no hiriera los sentimientos de su hermano menor.
— Esperemos y pronto se dé la oportunidad Toby —contestó con una sonrisa fingida.
El pequeño disminuyó su sonrisa, entendiendo la inconformidad en la respuesta de su hermana. Ambos dieron un último adiós y se dirigieron al coche, en ello Toby recordó algo importante.
— ¡Sarah espera! —exclamó. Ella, al momento de abrir la puerta, se detuvo. Jareth también observó confuso. Toby se acercó veloz a su hermana y metió su mano a uno de los bolsos de su pantalón.
— ¿Qué pasa?
— ¡Ten! —Gorjeó, en ello saco una carta—. Para Lily —Sarah parpadeó un tanto perpleja y tomó el papel—. Por favor, dáselo.
— Claro Toby. Mañana la veré y le daré tu carta.
El niño sonrió y abrazó fuertemente a su hermana y ella correspondió el abrazo de la misma manera. Al separarse posó la mirada en Jareth, se acercó a él y le pidió que se agachara para poder decirle algo al oído:
— Gracias por cumplir mi deseo —susurró y le abrazó.
Él respondió al abrazo y suspiró con cierta tristeza.
— Aun no lo cumplo, pequeño Jareth.
Durante el camino Jareth y Sarah no mencionaron palabra alguna. En veces Jareth quería despegar sus labios y decir cualquier cosa, ya fuera una estupidez, no necesariamente sus sentimientos pero, con el humor y la tensión que Sarah se cargaba, era capaz de desviar el auto de la carretera a los bosques. Siempre resultaba que el camino de regreso era más corto que el de venida, Jareth se sorprendió en ver la jungla de asfalto y dejar de lado los enormes bosques que cubrían la carretera. El silencio y la inconformidad jugaron un buen papel en burlar al tiempo y cuando menos se lo imaginaron, llegaron al apartamento. Sarah estacionó el coche, ambos sacaron sus maletas y se fueron rumbo al elevador para llegar a su piso. Al poner la llave en la cerradura y girar la perilla, Iris estaba sentada en el sofá mirando el televisor pero no despistó la mirada al ver llegar a sus compañeros de habitación.
— ¡¿Hey, qué tal el viaje?! —cuestionó con fingida alegría. Jareth supo que Iris ya sabía lo que había pasado, y eso era una ventaja para él.
— Bien Iris —respondió Sarah secamente—, te mandan saludos.
— ¡Qué lindos son en tu casa Sarah, yo también los quiero! —ambos se adentraron al apartamento y Jareth cerraba la puerta.
— Ya sabes, eres parte de la familia. Ahora, si me disculpas iré a mi habitación.
— Sí, claro…
Sarah desapareció en el pasillo e Iris no dudó en mirar a Jareth.
— Ya lo sabes —afirmó—. Ayúdame.
La pelirroja quedó sorprendida.
— Jareth… yo…
— Cabeza roja —continuó seriamente—. Pensé que hacía lo correcto pero, aunque me duela reconocerlo, me equivoqué y no sé en qué.
— Pues… a mi criterio, en nada es solo que… —interrumpió mientras se mordía el labio inferior— es solo que hablamos de Sarah.
— Sarah no es ningún problema.
— ¡Ay Jareth! —exclamó—. La verdad, no sé cómo ayudar, te juro que traté de hacer lo posible pero, Sarah no se deja. Sarah no acepta que tú estás enamorado de ella, y debes de ser muy paciente.
— Ya lo noté.
— Supongo que te sientes molesto pero, Jareth entiende. Sarah en su vida había pasado por esto y, ahora que le llegó la oportunidad, esta entre la espada y la pared.
— Esta insegura —murmuró.
Iris no entendió lo que Jareth pronunció y le miró confusa.
— Jareth, solo dale tiempo y verás que…
— No puedo darle más tiempo —mencionó serenamente e Iris se sorprendió—. Ya no puedo.
Iris observó el rostro de Jareth siendo cubierto por la desesperación y la tristeza.
— Jareth… —dijo sorprendida— Créeme que pienso como ayudarte.
La joven pelirroja se descerebraba por una buena idea. Ya había gastado todas sus cartas y Jareth lo sabía, ella había sido mucha ayuda pero alcanzó su límite y Jareth supo que estaba solo. El rubio posó una mano en el hombro de la cabeza roja y una suave sonrisa surgió.
— Gracias, cabeza roja —se sinceró.
Ella sorprendida miró como Jareth se dirigía hacía su habitación. Ninguno de los dos se presentó para cenar. Iris estuvo sola en la mesa, suspirando cada minuto en como su tarea como cupido había fracasado.
A la mañana siguiente Sarah madrugó para retomar su trabajo en el hospital, pero para su desgracia, Jareth estaba en el comedor desayunando un café y un cigarro. Él volteó y miró a su cosita; ambos se miraron por unos segundos hasta que Sarah se adentró en la cocina. Era obvio que ninguno de los dos hablaría, así que, el momento transcurrió con normalidad pero con ese aire incomodo rodeándoles. La joven azabache terminó su desayuno, lo preparó para llevar, y se alistó para dejar el apartamento. Jareth, en todo ese momento, no había dejado de mirar a Sarah en su rutina hasta que desapareció de la puerta principal. Se mantuvo sentado y pensando hasta que, a su brillante mente, se iluminó con una maravillosa idea. Jareth se alzó de la silla, tomó su abrigo y salió del apartamento para ver a su cosita aun esperando el elevador.
— ¡Sarah! —clamó. Ella volteó a verle y rodó sus ojos.
— ¿Qué? —preguntó a mala gana.
— Voy contigo —respondió con una gran sonrisa.
— ¿Perdón?
— Voy a ir contigo al hospital.
— ¡¿Cómo por qué o qué?! —demandó aterrada.
— ¿Recuerdas que me habías dicho que había voluntariado para el área infantil?
La joven parpadeó veloz a la vez que trataba de razonar lo que acababa de oír.
— Si… si, lo recuerdo.
— Bueno, pues hoy me enlistaré. Quiero hacer felices a los niños.
Sarah siguió parpadeando.
— Como quieras…
La puerta del elevador se abrió y, con su caballerosidad, Jareth dejo que Sarah entrara primero.
El resto del camino fue molesto para Sarah ya que Jareth había insistido en tomar un taxi. Ni loco viajaría en el tumulto del transporte público. El tráfico matutino había sido soportable y, al llegar al enorme hospital, Sarah le dio indicaciones a Jareth para poder apuntarse al voluntariado. Llegó a la recepción del hospital y vio a una joven de cabello ondulado y castaño, moviéndose como loca por todo el enorme lugar.
— Hola, buen día. ¿Eres Kathy?
La chica alzó la cabeza; llevaba en su boca un pedazo de pan y en sus manos un montón de archivos. La chica quedó sorprendida al ver al hombre, elegante, de buen ver y una carisma flotaba a su alrededor. Ella dejo los archivos sobre la mesa y removió el pedazo de pan de su boca.
— Si yo soy Kathy, ¿en qué puedo ayudarte?
— Vengo de parte de Sarah Williams…
— ¿Ajá?
— Y me dijo que aquí era para el voluntariado en el área infantil.
— Si —dijo sorprendida—, si, aquí es para eso pero… ¿vienes con Sarah?
— Si —respondió extrañado—. ¿Por qué?
— Por nada… nada. Bueno, solo dame unos momentos y te daré la hoja de inscripción… ¡ah!, necesito una identificación para evaluar tu información y demás.
— Por supuesto, rizos —dijo con una enorme sonrisa.
Kathy le miró extrañada.
— No tardo.
Y se retiró por el formulario.
Jareth espero con envidiable paciencia a que la joven rizos le atendiera debidamente. Kathy tardó una media hora pero llegó con la papelería y todo lo necesario para tomar los datos. Mientras Jareth llenaba el papeleo, Kathy no despistaba la vista y pudo notar la caligrafía de él. Era cursiva y pulcra.
— Disculpa —interrumpió Jareth. Kathy se estremeció—. Necesito preguntarte algo.
— ¿Dime?
— ¿Conoces a una pequeñita que se llame Lily?
— ¿Lily? —Se preguntó curiosa— ¿Lilian Holder? —cuestionó.
— La misma.
— ¡Oh si, la conozco! Es amiga de Sarah.
— Lo sé…
— Ella está en cuidados intensivos, la pobrecita tiene una enfermedad incurable.
— También lo sé —dijo seriamente.
— Es probable que la visites, en cuanto empieces el voluntariado.
Jareth sonrió y terminó de llenar los formularios. Una vez completado el proceso, espero de Sarah para que lo llevara al área infantil.
Ambos, en completo silencio, caminaban por los pasillos del hospital. Qué lugar tan deprimente era este sitio, Jareth no percibía ninguna pizca de júbilo.
— ¿Kathy te dijo lo que tenías que hacer?
— Así es —respondió con una de sus mejores sonrisas.
— De acuerdo.
Llegaron al lugar. Había ciertas enfermeras jugando y cuidando de los pequeñitos, Jareth sintió como algo dentro de su corazón le estrujaba. A pesar de ver a esos pequeñines felices, él sabía que, muy dentro de ellos, no era así. Sarah tocó a la puerta y dos enfermeras voltearon.
— Hola Williams —saludó una.
— Buen día enfermera Lake —dijo cortés—. Mire, hoy le traje un voluntario para el área —mencionó mientras apuntaba a Jareth. Él sonrió.
— Buen día.
— Bienvenido, ¿señor…?
— Jareth, Jareth King.
— Bienvenido señor King.
— Por favor llámeme Jareth —mencionó mientras estrechaban las manos.
— De acuerdo, Jareth. ¿Ya le contaron lo que tiene que hacer?
— Así es, y estaré encantado de alegrar el día a los pequeños.
— Bien —interrumpió Sarah—, más tarde vendré a verte. Diviértete.
— Igualmente.
Sarah, sintiéndose curiosa, se retiró. Jareth fue bien recibido por las enfermeras del lugar y le presentaron a los niños y niñas. Todos los menores miraban sorprendidos a Jareth, y este había notado la actitud en ellos. Las enfermeras se retiraron por un momento para disfrutar del almuerzo, una vez explicándole más a detalle a Jareth, y él se quedó con el grupo de niños. Todos los pequeños y pequeñas estaban sorprendidos como maravillado ante su presencia, Jareth presentía que ellos, eran los únicos en ver más allá de su disfraz humano.
— Hola —saludó con una gran sonrisa. Los niños seguían mirándole—, me llamó Jareth.
— ¡Hola Jareth! —exclamaron al unísono. Él sonrió.
— ¿De dónde eres? —preguntó de repente un pequeño.
— ¿De dónde soy? —cuestionó divertidamente.
— Si —continuó una niña—, no te ves que seas de por aquí.
— Bueno, yo vengo de un lugar muy lejano…
— ¿Qué tan lejano?
— Demasiado.
— ¿Te hemos visto antes?
— Puede ser.
— ¿En dónde?
Jareth se quedó pensando unos momentos.
— Si alguno de ustedes —habló— tiene hermanos mayores, y ellos han deseado que los goblins se los llevara, probablemente nos vimos en el castillo del rey goblin.
— ¿El reino de los goblins es real? —cuestionó sorprendido un niño.
— Por supuesto. El reino y el laberinto son reales.
— ¡No puedo creerlo, Lily tenía razón!
Todos los niños comenzaron a chillar de la emoción.
— ¿Lily? —cuestionó Jareth con falsa curiosidad.
— ¡Ah sí, es que ella no está aquí! Lily es una compañera de nosotros y siempre nos cuenta historias de un laberinto, del reino de los goblins y su rey.
— ¡Si, sobre todo del rey!
— Vaya —dijo sin ocultar una sonrisa algo petulante—, honor que Lily me hace.
Una gran risa inundó la sala y todos los niños miraron maravillados a Jareth.
— ¿Usted es…?
— Así es pequeñines. Me presentó ante usted, soy el Rey Jareth, gobernante del Laberinto y líder de los goblins.
Los niños y niñas formaron una O en sus bocas, algunos se miraban sin creer lo que el hombre les decía.
— ¿En serio es él?
— ¡Por supuesto! ¿Por qué lo dudan?
— Pues, bueno, algunas enfermeras nos dicen que los cuentos y fantasías no son reales.
— ¿Y por qué les dicen eso?
— No lo sabemos —dijo una niña mientras varios se encogían de hombros.
— Algunas enfermeras son malas, otra muy buenas, como Sarah.
— ¡Si, Sarah es una mujer muy linda! Ella nos deja soñar.
Jareth sonrió.
— Sarah es una, si no la única, mujer más hermosa y dulce que conozco —mencionó con gran sinceridad.
Algunas niñas dejaron escapar un "aww" y los niños no comprendían bien lo que es el amor.
— ¿Y por qué no te casas con Sarah? —preguntó una pequeñita con enormes anteojos.
— Quiero hacerlo —respondió con su sonrisa—. Pero hay cosas que aún no funcionan.
— ¿Por qué?
— Son cosas de adultos difíciles de explicar. Incluso yo aún no los entiendo.
— Pues yo espero que pase. Tú y Sarah harían una linda pareja —mencionó dejando escapar una risita.
— Gracias, preciosa.
— ¡Ya basta de amor! —Exclamó un niño—. Si de verdad eres el rey de los goblins, ¿qué puedes hacer para nosotros?
— ¡Oh pequeñito! No es bueno retar al rey, ¿sabes?
— Queremos ver tu magia.
— ¡Si! ¿Se podrá?
Jareth miró pensativo a todos lo ansioso pequeñitos. No estaba en condiciones de usar gran cantidades de magia pero, alegrarle el día a esos seres lo haría la persona más feliz de la tierra y su reino.
La pequeña Lily se encontraba coloreando un libro infantil cuando, un enorme escandalo la hizo extrañarse. Lily dejó de lado sus colores y libro, salió de la cama y, suavemente, abrió la puerta. El sonido, de lo que parecía una alegre música, se oía al final del pasillo. Y como la curiosa que era, comenzó a caminar hacía la sala principal.
"Dance Magic Dance" escuchaba mientras se acercaba "Dance magic, dance, put that baby's spell on me"
Entre más pasos daba la niña, más comprendía la letra y, casi, saboreaba la alegría en la música. Aceleró su paso y, al llegar a la sala principal, pudo ver maravillaba la magia que había alrededor de sus compañeros. Algunos niños y niñas flotaban en el aire, otros reían y bailaban con sus juguetes y peluches que había cobrado vida, algunos más acompañaban al hombre en su alegre canción: "What kind of magic spell to use. Slime and snails or puppy dogs tails. Thunder or lightning. Then baby said"
El hombre volteó, junto a sus acompañantes cantantes, y apuntó a Lily. La niña estaba aterrada como asombrada, quien le apuntaba era nada más y anda menos que el Rey de los Goblins. Él, con su alborotada cabellera, su extravagante maquillaje y sus pantalones ajustados, estaba en medio de la sala, cantando y alegrando el día. Se detuvo de cantar pero la música y los niños siguieron. Jareth, con paso curioso, se acercó a Lily quien no había parpadeado en ningún momento.
— ¿Y tú eres la famosa Lily? —cuestionó mientras ponía una mano bajo su barbilla. Ella no respondió—. ¿Te comió la lengua el gato?
— ¡N-no! —exclamó sin creerlo—. Sí, sí, soy Lily. ¡Vaya, eres…! ¡Eres!
— Correcto pequeña. Es un placer conocerte —saludó mientras hacia una reverencia.
— ¡No puedo creerlo! —chilló mientras corría abrazarlo. A Jareth le tomó por sorpresa tal acción pero dejo que la niña se balanceara en su cuello—. ¡Eres real!
— Demasiado —respondió mientras ella se quitaba.
— ¿Qué hace aquí?
— Alguien especial me trajo a verlos.
— ¿Especial? —Cuestionó pero luego recordó—: ¡Sarah!
— Así es.
— ¡De verdad! ¡No puedo creerlo, ¿Sarah regresó al laberinto?!
Jareth posó una sonrisa triste en su rostro y Lily lo notó.
— Oh…
— Me temo que si…
— ¿Qué ha pasado?
— Una larga historia pequeña Liliy. Pero eso no importa, ven a jugar con los demás niños —dijo mientras tomaba su mano.
Lily dispuesta a unirse a la magia se detuvo y miró, casi, aterrada a Jareth.
— No puedo.
— ¿Por qué?
— Mi enfermedad no me deja…
Jareth quedó sorprendido.
— ¿Qué te parece si hablamos un momento?
— Si, vayamos a mi habitación.
Lily comenzó a caminar y condujo a Jareth hacía su recamara. Al entrar la niña regresó a su recamara y el rey observó, con gran tristeza, las cuatro paredes.
— De momento, rey, esta es mi casa.
— Es bonito.
— Realmente no pero… Algo es algo.
— Pequeña Lily —continuó mientras se sentaba aun lado de ella—. ¿Qué es lo que te sucede?
Ella suspiró tristemente.
— Leucemia —Jareth sintió su sangre helar—. ¡Oh pero estaré bien! —exclamó con una enorme sonrisa.
— Admiró tu valentía pequeña.
— Hay que ser positivo. Bueno eso dice mi mamá.
— Y ella tiene toda la razón.
— Si… ¿Puedo preguntarle, por que vino aquí?
— Quería visitar a los pequeños que se encuentran enfermos para alegrarles el día.
— Que bien, porque lo ha logrado. Apuesto que cuando Sarah los vea a todos felices, sonreirá como nunca.
— Me encantaría ver una sonrisa en el rostro de mi cosita.
— ¿Aun ama a Sarah?
— Siempre la he amado, ¿por qué esa pregunta?
— Porque… ¿por qué no la busco antes?
— Bueno Lily, hay cosas de adultos que se involucran y pues… no siempre tienen solución.
— ¡Pues deben de haberlas! —Dijo mientras rodaba los ojos—. ¡Porque sería maravilloso si usted y Sarah se casan y gobiernan el laberinto! —exclamó—. ¡Oh el laberinto! Siempre he querido ir a ir.
— ¿De verdad?
— Si. Sarah y Toby me han contado tanto de él que, quiero verlo.
— Me encantaría poder cumplir tu deseo pero…
— ¿Tengo que pedir que los goblins me lleven? —preguntó curiosa.
— Sí y no.
— ¿Ah?
— De momento, el laberinto tiene un problema muy grande y no he podido solucionarlo.
— ¿Y qué necesita para solucionarlo?
— A Sarah.
— ¡Oh ya veo! ¿Quiere que pida que se la lleven los goblins?
Jareth sonrió con ternura.
— Sería asombroso pero, necesito que ella lo pida.
— ¡Ay!
— Así es. Si ella lo pide, podre solucionar todo los conflictos en el laberinto y podré llevarte para que lo conozcas.
— ¿Deberás?
— ¡Pues vamos a decirle a Sarah que lo diga! No creo que se interponga.
— Me temo que, de momento, es algo complicado.
— ¡¿Por qué?! ¿Por qué todo es complicado?
— Se necesita tiempo.
— ¡Yo no tengo tiempo! —exclamó tristemente. Jareth suspiró—. Lo siento… es solo que…
— Entiendo mi niña. Pero mira, haré algo especial para ti.
— ¿Qué es?
Jareth alzó sus manos y, con su gran magia, un cristal apareció en él.
— Este cristal, será tu viaje al laberinto. No importa el tiempo y lo que vaya a pasar. Cuando este cristal estalle, tú iras al laberinto, siempre y cuando ya no tenga problemas.
— ¿No importará nada? —Cuestionó curiosa— ¿Aunque sea malo?
— Lo prometo. Sea lo que pasé, tú irás al laberinto. Ahora, tómalo.
Lily, con un brillo enorme en sus ojos, extendió su mano para tomar el cristal pero en ello se detuvo.
— Rey —llamó curiosa—, si llegó al laberinto... ¿Seguiré enferma?
— No —respondió con una leve sonrisa—. Cuando vayas ahí, serás una niña fuerte y saludable.
— ¿Y podré ver a Sarah y Toby?
— Siempre que tú quieras.
Lily sonrió y tomó el cristal. Varias burbujas aparecieron por la habitación y vio como Jareth había retomado el aspecto de un humano. Ella le sonrió con gran pureza. Sarah entró a la habitación y vio a ambos sonriendo.
— ¡Lily! —exclamó Sarah.
— ¡Sarah, me alegra que llegaras! Jareth me contó una historia maravillosa. ¿Quieres oírla?
Sarah posó la vista en Jareth, su rostro se veía la alegría pero en sus ojos una enorme tristeza le cubría. Una tristeza por Lily.
N/A:
Muchas Gracias por leer, y se agradecerán sus comentarios, criticas -constructivas- , opiniones y/o sugerencias :3
¡Lamento mucho la tardanza! Muchas gracias a las personas que siguen por aquí y que me han comentado. Por ustedes es que he vuelto :) Mis actualizaciones irán lentas, la verdad he tenido mucho bloqueo con la historia pero, no la dejare morir. ¡Gracias por su apoyo, lo aprecio de corazón! Felices fiestas y feliz 2019. Nos leemos en los próximos capítulos.
