Capítulo 29
Tanto los soldados como los ladrones se abalanzaron uno contra el otro, Bakura lanzó el gancho, deseando en su interior que la soga estuviera perfectamente atada, y subió seguido de Atem que sostenía a Mana entre sus brazos. El rostro de Seto se contorsionó al ver la escena.
-¡Se están escapando! ¡Disparen a ellos!
Varios soldados alistaron sus arcos apuntándolos al techo, pero los ladrones les tiraron polvo, tierra y cualquier cosa que tuvieran entre sus ropas. Atem miró abajo.
-¿Creen que se encuentren bien?
-Faraón, apresurémonos.
Apresuraron el paso por las vigas del techo ante la mirada enfurecida del sacerdote.
-No les permitiré llegar.
Seto giró en dirección a la puerta cuando una piedra golpeó su cabeza, al mirar atrás buscando al culpable descubrió a Sera con una resortera.
-¡Tú! ¡Maldita niña!
-Atrévete a lastimarme, cobarde.
Seto no resistió más y se fue contra la niña, lleno de deseos de acabar con ella.
Mientras, en la sala real, el sacerdote matrimonial continuaba con el discurso.
-Usted, joven Faraón Atem ¿acepta a esta bella mujer como su legitima esposa para amarla y cuidar hasta que la muerte los separe?
Un nudo en la garganta se formó en el pequeño Yugi. Su corazón gritaba sí pero su mente sabía que no debía responder eso o condenaría a su hermano y amigos.
La gente se impacientó al ver que no había respuesta del soberano, Tea lo observó con pasmo y con consternación al tiempo que esperaba con ansias el "Sí" de su, ahora amado, prometido.
-Pues…
Yugi volteó hacia Aknadin que lo miraba fríamente, encolerizado e impaciente. Le mostró la muñeca que representaba a Mana y el hizo señas de cortar la cabeza.
El tricolor reflejó desesperación y miedo, bajó la cabeza con desgane, cerró los ojos y tuvo que tragar saliva para comenzar a hablar.
-Yo…el faraón Atem…-Aknadin sonrió maliciosamente-yo…ace…
-¡DETENGANSE!
El grito sonó fuertemente en toda la estancia por el eco, la gente mirada de un lado a otro buscando de donde venía esa voz hasta que reconocieron parado en una de las vigas del techo a un hombre vestido como mendigo seguido de dos personas de tez morena.
La cara de Aknadin se distorsionó, Tea no cabía del asombro, Yugi sonrió aliviado. Bakura lanzó nuevamente el gancho a un candelabro colgante enorme, Atem se agarró de la cuerda y se balanceó hasta llegar frente al tabernáculo.
-¡Atem!-exclamó Yugi lleno de alegría.
-¿Atem?-cuestionó Teana confundida mirando a ambos chicos tricolores.
-¿Su Alteza?-dijo Aknadin fingiendo asombro.
-Aknadin ¿cómo te has atrevido a hacerle daño a mis amigos y a mi pueblo?
-Alteza ¿cómo puede decir eso? Soy su fiel servidor desde que usted estaba en el vientre de su madre.-dijo Aknadin actuando como alguien herido.
-Ya sé toda la verdad. Tú y tu hijo Seto son los que han mantenido al pueblo en total hambruna.
Los presentes exclamaron con sorpresa ante la declaración del rey, Tea abrió los ojos como platos.
-Alteza, no sé quién le lavó el cerebro pero le puedo asegurar que eso no es verdad.
Aknadin retrocedió con las manos en la espalda al tiempo que un soldado se acercó y le entregó una espada. Yugi fue el único que desde su lugar vio el suceso.
-¡Cuidado! ¡Tiene un arma!
Aknadin levantó su espada y se abalanzó contra el rey que esquivó el golpe. El sacerdote siguió atacando mientras Atem evadía cada ataque.
-¡Atem!-gritó Teana preocupada.
Desde la viga del techo, en la parte por donde habían entrado, Bakura y Mana saltaron de la misma forma que lo había hecho el soberano egipcio y llegaron junto al sagrario.
-¡Mana!-gritó Yugi regocijado.
Tea no comprendía qué pasaba y mirada a cada uno de los chicos que aparecieron ante ella.
-¡Oye! Deja a Atem en paz.-dijo Bakura en tono defensivo.
Jaló la cuerda con la que bajaron, quitó el gancho y la lanzó contra Aknadin inmovilizando su brazo.
-¿Qué es lo que están haciendo?-reaccionó Aknadin con su rostro contraído por la furia.
-Impidiendo que sigas destruyendo más vidas.-respondió Bakura sosteniendo la cuerda.
-¿Crees que me detendrás con esto?
Aknadin levantó la espada para cortar la cuerda pero un golpe en su mano hizo que soltara el artefacto y sintiera dolor. Atem lo había golpeado con su puño aprovechando la distracción del tipo.
El chirrido de la puerta se oyó y vieron como Sera y los demás entraban en la gran sala, los soldados fueron derrotados. Aknadin supo que estaba rodeado por los ladrones. Los demás sacerdotes se acercaron.
-¿Qué está sucediendo?-preguntó Mahad.
-Mahad, tienes que detener a estos hombres que fingen estar del lado del faraón.-dijo Aknadin suplicante.
-Mahad, yo soy el faraón-dijo Atem.
-No entiendo nada. ¿Quién es este joven?-señaló a Yugi.
-Lo siento, pero yo no soy el faraón.
Hubo un disturbio ante esas palabras.
-¿Qué?-habló Mahad.
-No es posible.-dijo Teana incrédula.
-Perdóname, Tea.-dijo Yugi mirando con profunda tristeza a la chica-Yo no soy el faraón.
Tea se llevó la mano a la boca.
"Entonces al que besé fue a…"
-Este sacerdote merece ir a la cárcel.-dijo Atem.
-¡Ustedes son unos ineptos!-gritó Aknadin.
Hizo un esfuerzo por detener a Atem pero su brazo libre fue también paralizado por una cuerda lanzada por Sera.
-Si te metes con nosotros lo pagas muy caro.
No vieron que Seto estaba detrás del altar escudriñándose hasta llegar cerca de la princesa.
-¿En serio es usted el faraón?-preguntó Mahad.
-Así es.-dijo Atem y mostró el anillo en su mano que sólo se le daba a la familia real.
Los sacerdotes se sorprendieron pero no les dio tiempo de hacer una reverencia porque oyeron un grito femenino. Al girar todos se asustaron con lo que vieron.
Continuara...
Cote Dark Dangerous Love: Me halaga que provoque emociones. Mejoraré en las escenas de acción. Hace casi un año que comenzó esta historia. ¡Cuántos recuerdos! Gracias por todo el apoyo recibido.
Sheblunar: El beso interrumpido es clásico, lo tenía que poner, jajajaja. Ya era hora de que confesaran, jajajaja. Falta poco para averiguarlo.
