Disclaimer: Los personajes pertenecen a J.K. Rowling.

N/A: Muchas gracias por los comentarios, no olviden que este fic no lo escribí sola. Lo digo nuevamente porque a veces pareciera que me tiran flores a mí solamente, como mencioné al principio de la historia, fue un fic grupal. Gracias!


29

Una ley: todos juntos.

No habían pasado muchas horas desde que habían vuelto al cuartel después de una noche llena de acción y adrenalina. Los zaparrastrosos habían quedado agotados y poco a poco fueron cayendo rendidos en el primer lugar que encontraban a su paso. Cuando pocos quedaban despiertos, llegó Neville con una sonrisa de oreja a oreja que, como todos, estaba feliz con los resultados obtenidos en el robo. Les comunicó a los presentes que había dejado la Van en unos de los garajes que Sirius tenía a unos kilómetros de la ciudad. Luego se dirigió a uno de los cuartos para dormir.

Pansy abrió los ojos de repente al escuchar unas fuertes carcajadas, seguidas de aplausos y vítores. Tenía el sueño liviano, por lo que hasta el televisor que se encontraba en la cocina a un volumen considerablemente alto, la había despertado. Miró el rostro de quien dormía a su lado, Draco roncaba casi imperceptiblemente, boca abajo. Se giró y tapó más su torso desnudo mientras esbozaba una pequeña sonrisa en sueños. La morena, le dio un suave beso en la mejilla y se dirigió al baño para asearse.

Ya completamente despierta, bajó con el ceño fruncido, para reprender a quién fuera que estuviese en la cocina mirando televisión. Al entrar se encontró con Viktor, que se veía agotado. Pansy con los brazos en jarra y evidente molestia lo miraba, pero él aún no había percibido su presencia y seguía mirando el aparato, con cierto aburrimiento.

—Viktor… ¿Te molestaría poner el volumen en un nivel razonable?

—¡Oh! Lo siento, espero no haberte despertado…No me había dado cuenta —respondió luego de haber dado un respingo al ver a Pansy en la puerta. Hizo lo que ésta le pidió y cambió el canal una y otra vez.

Ella se sirvió un vaso de agua y luego se sentó a su lado. Le preguntó si se encontraba bien, y recibió un "sí, no dormí bien, es todo" por respuesta únicamente. Cuando iba a continuar indagando, él la interrumpió.

—Sí, estoy seguro. ¿Eso me ibas a preguntar? Sólo que el sofá no es muy cómodo y me levanté luego de un par de horas.

—¿Por qué no subes a alguno de los cuartos…?

—No, ya no tengo sueño. —Sus tripas sonaron.

—¿Qué te parece si hago unas pastas caseras? —propuso la morena luego de que el estómago de Viktor suplicara por alimento.

—Sería perfecto. Puedo ayudarte a preparar la salsa, si quieres.

Viktor no terminó de hablar, porque Pansy le había arrojado un delantal luego de ponerse el suyo. Él también se lo colocó y se dispuso a cortar unas cebollas que la morena le había acercado. Mientras tanto ella se llenaba de harina, como era costumbre, al preparar la masa.

Casi había pasado una hora, desde que habían comenzado con aquella tarea. La cocina olía a salsa, el agua estaba a punto para echar la pasta, y Viktor, ponía la mesa. Sería mejor despertar al resto y así, en pocos minutos, disfrutar del almuerzo todos juntos.

—¿Dónde está Gon? —preguntó Fleur, luego de ayudar a Pansy a servir el almuerzo a los hombres, que parecían famélicos de hambre.

—No volvió anoche —comentó George.

—Estaba envuelto en una persecución cuando yo me comuniqué con él por última vez.

—Tal vez esté con Hermione —acotó Cormac mientras codeaba con picardía a George que estaba sentado a su lado.

Viktor tomó su móvil y llamó al pelirrojo. Éste atendió después del intento número tres de Viktor.

¿Qué sucede? —preguntó adormilado.

—¡Oye! ¿Dónde estás? Estamos todos en el cuartel comiendo unas pastas deliciosas. ¡Faltas tú, es la ley!

¿Comiendo? ¿Pastas? Bien, estaremos allí en unos momentos —ambos cortaron.

Unos veinte minutos después, Ron ingresaba al cuartel general, acompañado de su castaña esposa. Bajaron a la cocina y se encontraron a todos muy animados, comiendo.

Ron los saludo a todos en general y antes de sentarse junto al abuelo, tiró sobre la mesa un ejemplar del periódico de ese día. Varias manos lucharon por agarrarlo, pero George salió victorioso y empezó a ojearlo con rapidez.

—¡Una página completa! —gritó de repente— "Gran robo en el Banco Central" —citó el título—. Esto va a ponerse bueno…

Durante la siguiente media hora, estuvieron leyendo la noticia del periódico, citando algunas partes, y recordando otras. Como era de esperarse, quienes habían efectuado el robo, habían escapado y no habían podido ser identificados, la suma de dinero que habían sacado era enorme, y la policía, tenía planes de comenzar con un operativo exhaustivo que daría con los infractores, según ellos.

—"El conductor, de una gran destreza, pudo escapar casi sin dificultades…" —leía en voz alta George—. Mira Nev, serás uno de los conductores delictivos más famoso del mundo. Bueno, de seguro todos somos famosos en estos momentos. Los periódicos y noticieros del mundo deben estar hablando de esto.

Entre tanto alboroto, no se habían dado cuenta que la hora pasaba y rápido, cuando vieron el cielo y miraron sus relojes no podían creer que ya fueran las cuatro de la tarde. Luego de haber terminado de comer habían decidido sentarse en el salón, para estar más cómodos.

Pansy fue a preparar café y Hermione se ofreció a ayudarla, caminó a la cocina, la morena no pudo dejar de reparar en la sonrisa que adornaba el rostro de la castaña, desde que habían llegado junto a Ron, y no había desaparecido en toda la tarde. Hermione se sintió observada, miró a Pansy y sonrió más, si eso era aún posible. Evitó hacer algún comentario sobre eso, y la morena decidió sacar conversación por otro lado.

—Sinceramente me parece raro que estés aquí… No lo tomes a mal, por favor. Sólo que creía que eras más… no encuentro las palabras justas…

—¿Seria? ¿Recta? ¿Amante de la ley? —preguntó la castaña aún sonriente.

—Algo así.

—Creo que, cuando realmente amas algo o a alguien, no hay forma de que renuncies a ello, aunque no sea lo correcto. Sé que la idea de no obedecer las normas no me gusta demasiado, pero a veces hay que arriesgarse. Créeme que a veces tiene sus frutos, y vale la pena —Recordó la noche que había pasado… Y todo por quebrantar la ley ayudando a un ladrón.

Hermione sirvió el líquido en las tazas, mientras Pansy las iba llevando en tandas. En el salón el resto recordaban momentos de la noche anterior. Parecía que las estaban viviendo en ese mismo instante. Hermione se sentó sobre el regazo de Ron, mientras él la abrazaba por la cintura y ambos escuchaban atentamente a Fleur.

—Estábamos guagdando la plata en los bolsos con Gon, cuando ese agente de segugidad nos tomó pog sogpgesa, tomó a Gon, y yo no sabía que haceg, si huig con el dinego o ayudaglo, y Lav me dejó sogda con un gito que se debe habeg escuchado en todo Londges y algrededoges. En ese momento llegó Kgum, y dejó al guagdia inconsciente en un abrig y cegag de ojos.

—Qué bien se sintió cuando subimos a la Van —comentó Lavender—. Y encima, nos habíamos hecho con el dinero…

—Igual admitamos que un poco nos desesperó el hecho de que no vinieran con ustedes Ron y Viktor.

—Es verdad, Nev —Esta vez quien tomó la palabra fue George—. Tenían a toda la policía tras ustedes, pero aun así se las ingeniaron para salir.

—El abuelo tuvo mucho que ver con el éxito de este robo —convino Ron.

—Fue mérito de todos, Ronald —dijo el aludido con su inseparable compañera, la pipa, en su mano—. Fue un gran trabajo de equipo.

—Y ¿dónde te habías metido tú, Ron? —quiso saber Cormac. Ron y Hermione se miraron un instante.

—¿Yo? En medio de una persecución, ¿en dónde más sino?

Todos rieron, Ron y Hermione tomaron sus abrigos y se despidieron del resto. Salieron a la calle, en donde el cielo ya estaba oscuro y cientos de puntos blancos brillaban en él. El ladrón abrazó a la policía y juntos caminaron un par de cuadras hasta que Ron la besó sin apuro, la miró a los ojos, le acomodó un mechón de pelo rebelde detrás de la oreja y se despidió de ella. Dobló en la esquina y se perdió en la oscuridad de una calle poco iluminada. Hermione caminó unos metros y se subió a su coche patrulla. Revisó su móvil que había quedado en el auto y vio que tenía nueve llamadas perdidas de su jefe. Apagó el móvil. Debería dar muchas explicaciones, pero no tenía ganas de pensar en ello en ese momento. Puso en marcha el auto, encendió las luces y manejó hasta su casa.

Con certeza, cuando a la mañana siguiente pusiera un solo pie en su despacho, una lluvia de preguntas la atosigarían. Ya se las ingeniaría para poder explicar su día entero de ausencia. Sabía que a veces romper las reglas traía sus recompensas, y no era la única que las obtendría. Tenía en claro que amaba a un ladrón, que al mejor estilo Robin Hood, infringía la ley por una verdadera y noble razón. Y sin duda, ese era un hecho que le hacía amarlo un poco más.