Dos búhos enfermos de amor


Narrador Bokuto

Hay momentos en la vida donde el tiempo transcurre sin que te des cuenta, como si estuvieras en una burbuja que te impidiera pensar en otra cosa que no fuera lo que tuvieras al frente tuyo.

Tenía la sensación de que el mundo se había detenido solo con el objetivo de que pudiera encontrarlo o tal vez fue así desde el momento en que cerró los ojos para no abrirlos hasta el día de hoy.

El primer lugar al que llegue fue a nuestro estimado Fukurodani que emanaba esa aura nostálgica que te apretaba el pecho al traer de vuelta tantos hermosos e incontables recuerdos, los que se acentuaban con la elegante nieve caer con suavidad sobre el suelo.

-¡Bokuto!- Volteé la cabeza ante quien me llamaba, encontrándome con los antiguos miembros del equipo de volleyball que trataban de recuperar el aliento al llegar hasta mí corriendo.

-Chicos ¿por qué...?- Pude articular con confusión de verlos en la academia.

-Recibimos un mensaje de Kuroo- Dijo Konoha mostrándome la pantalla de su celular mientras sostenía a su pequeño hijo con la otra mano.

Para: Fukurodani team, Karasuno team, Nekoma team

De: Gato roñoso

Akaashi despertó pero se fue del hospital. Puede estar en cualquier lugar de la ciudad, así que cuento con su ayuda para reunir a este par de búhos idiotas de nuevo.

Me quedé mirando el mensaje unos momentos, sintiendo cómo los oxidados engranajes del tiempo empezaban a intentar avanzar lentamente otra vez.

-Supongo que tuvimos la misma idea sobre la academia- Dijo Komi con una media sonrisa.

-Nosotros nos encargamos de vigilar si llega hasta aquí- Agregó Sarukui levantando el pulgar.

-Cuenta con nosotros, Bokuto- Me dijo Yukie con entusiasmo y tomando a su hijo de vuelta de brazos de Konoha.

-Lo encontrará, Bokuto siempre ha tenido un perturbador radar de Akaashis- Añadió Konoha con una risa que quedó apagada por el codazo que le dio mi antigua manager y que fue seguida por una pequeña risa del bebé.

Yo me quede observándolos unos momentos, pensando en cómo habían cambiado físicamente pero en el fondo seguían siendo los mismos de siempre.

-¡Hey, hey, hey! ¡Definitivamente lo encontraré!- Les dije riendo mientras corría hacía mi nuevo destino.

Recorrí los lugares por los que pasamos en nuestra cita junto a todos los sitios que podrían tener algo que ver con búhos, volleyball y comida incluyendo uno que otro traspié debido a la nieve.

-Dudo mucho que alguien que acaba de salir del hospital se vaya a buscar algo para comer- Escuché la voz de Tsukishima que me miraba con los ojos entrecerrados mientras yo estaba pegado en el ventanal de uno de los tantos locales que vendían la comida favorita de Akaashi.

-¿Tsukki? ¿En qué momento llegué a Miyagi?- Me pregunté con un rostro sorprendido a lo que el rubio solo rodó los ojos.

-¡Bokuto-san!- Llegó corriendo Hinata que, a pesar de los años, no había logrado aumentar mucho en estatura- Kenma nos contó lo que había pasado, así que decidimos ayudar aprovechando que acabábamos de llegar a Tokio por la celebración de Kuroo-san mañana.

-¡Idiota! ¡No te vayas corriendo de repente!- Llegó Kageyama dándole un pequeño golpe en la cabeza al pelirrojo que hizo que el gorro que traía puesto le tapara parte de la cara.

-¡Ay! ¡Es tú culpa por quedarte distraído!- Le recriminó el otro pero no demostrando verdadero enojo.

Miré a los alrededores y también estaban los otros miembros que antes estaban en el Karasuno junto a algunos del Nekoma, todos con prendas de invierno y demostrando que estuvieron largo rato bajo la nieve probablemente buscando también.

-Realmente ¿dónde se habrá metido?- Dijo Kuroo restregándose el cabello tratando de que se le ocurriera otra opción uniéndose a los demás que tenían el mismo rostro de duda- ¿Había algún lugar en particular que le gustara? No sé, dónde se hayan dado un revolcón o al-¡ay! Kenma solo era una broma.

-¡Eso es!- Dije juntando mis manos dándome cuenta de un detalle que había pasado completamente por alto.

-¡Ja! Sabía que no estaba tan equivocado- Agregó mi bro con una sonrisa ladina dirigiéndose a su novio quién solo rodó los ojos- Así que, Boku-¡Hey, Bokuto!

-¡Tengo una idea de dónde está!- Dije ya recorriendo un buen trecho y despidiéndome rápidamente de mis amigos que se quedaron viéndome confundidos.

A medida que corría fui sacando de mi bolsillo la carta que no había separado de mí desde que sucedió el accidente mientras me reprendía mentalmente de no haberme dado cuenta antes siendo algo tan obvio.

"Espérame esta noche en el parque que nos separó, toma mi mano y, esta vez, huyamos juntos..."

Claro, después de todo para Akaashi fue como si estos cinco años nunca hubieran pasado, como si el tiempo se hubiera detenido en el día en que quedamos de reunirnos en el parque.

Años en blanco...

Fui deteniendo mis pasos de a poco hasta frenar por completo en el jardín de la que fue la casa de Akaashi y en la que tantas veces nos despedimos tras los entrenamientos.

Lucía vieja y las tantas plantas que se habían empezado a acumular daban a entender la ausencia de vida dentro de ella.

Era ilógico empezar a acobardarme ahora después de tanto tiempo esperando por verlo pero eso no podía hacérselo entender a mi cuerpo que temblaba y empezaba a dudar de si tendría el valor necesario para mirarlo a los ojos y decirle todo lo sucedido en el lapso en que estuvo dormido.

Un leve maullido me sacó de mi ensimismamiento siendo guiado a la esquina donde un viejo gato que conocía muy bien me miraba fijamente.

-Veo que los años te afectaron a ti también- Dije con una media sonrisa al reconocer a Yakiniku que ya llevaba el pelaje en su mayoría blanco y se movía mucho más lento que antes- Tú igual crees que debería ir con él ¿verdad?

Reí para mí al darme cuenta de lo ridícula que debe verse la situación en términos de que estaba solo en la calle hablando con un gato. Él solo hizo otro maullido en respuesta y se acercó con lentitud hasta mi pierna, cuando pensé que tras tantos años me dejaría acariciarlo, éste levantó su pata y me rasguñó como en los viejos tiempos.

-¡Ah! ¡Maldito gato pandillero!- Dije mientras lo perseguía por inercia.

Podían haberle caído los años encima pero el muy astuto seguía corriendo como siempre, llegando al punto en que lo perdí de vista por completo.

-¿Bo-Bokuto-san?

Sentí mi nuca erizarse al escuchar la calidez de su voz y tragué pesado antes de levantar poco a poco mi cabeza hasta posarlos en él. Me miraba con esos ojos que no podía sacar de mi mente no importaba lo que intentara y que tenían un aire sorprendido mientras permanecía sentado en una de las bancas del parque con la ropa del hospital aún puesta y soltando halos de su boca a cada respiro que daba.

-De verdad estás aquí...- Susurré a palabras entrecortadas, sin poder controlar las lágrimas que amenazaban con escapar de mis ojos- Keiji.


Narrador Akaashi

Sentía mi mente bloqueada por una espesa neblina que evitaba que pudiera asimilar todo lo que me rodeaba desde que desperté en aquella extraña habitación de blancas paredes y con una cantidad considerable de artefactos conectados a mí.

La neblina empezaba a disiparse cada vez que recordaba fragmentos de conversaciones y la voz de Bokuto-san susurrando mi nombre en sueños, llevando a mi memoria a avanzar hasta el punto en que había ido a hablar con mi padre y todo se había complicado de repente.

Mi mente se distrajo en el momento en que escuché algunas cosas caer, encontrándome con los ojos ambarinos de la Sra Bokuto que me miraba con lágrimas en los ojos y con las manos cubriendo su boca en un signo de sorpresa. Llevaba el cabello más corto que la última vez que la vi y emanaba una extraña aura melancólica que no supe interpretar.

Me abrazó con gran efusividad mientras articulaba palabras que en la confusión de mi mente no logré comprender y luego salió de la habitación con una sonrisa nerviosa diciéndome algo de que llamaría a Kotarou y que ya vería lo felices que estarían todos.

Escuchar su nombre de nuevo en la soledad de la habitación hizo traer a mi mente los fragmentos de la carta que le había dejado, motivándome a hacer el esfuerzo de levantarme de la cama, quitando los sueros y parte de las vendas que me impedían moverme. No alcancé a sentir por completo el frío suelo cuando me di cuenta que mis piernas ya no me respondían como antes, podía andar pero con gran dificultad y vislumbrando múltiples cicatrices que no recordaba haber tenido antes.

Antes de salir, vi por el rabillo del ojo una pantalla que brillaba en la silla que estaba junto a la cama y donde estaba un celular que sonaba con el nombre "Mamá" puesto en la pantalla. Reconocí el teléfono de Bokuto-san por sus stickers de búho pegados a él aunque lucía con más grietas en la pantalla que la última vez que lo vi.

Lo dejé sujeto entre mis manos y fui a paso tortuoso hasta el parque en el que prometimos encontrarnos, no dejándome detener por la curiosa nieve que había caído sobre la ciudad o mi cuerpo que de vez en cuando no respondía como deseaba.

Un extraño sentimiento de soledad nació cuando llegué hasta el parque encontrándolo vacío, aún así, me senté en una de las bancas levantando la mirada hacía el cielo siendo espectador de la caída de los pequeños copos de nieve que al caer en mi piel me daban una sensación de vitalidad que me agradaba sentir.

Mis pensamientos quedaron cortados cuando el teléfono empezó a vibrar mostrando múltiples llamadas y mensajes. Cuando ya se volvieron demasiados, opté por apagar el celular, sin embargo, me frené al ver un detalle en el que no había caído antes y que hizo que por unos instantes ni siquiera sintiera mi corazón latir en mi pecho.

La fecha...

Imposible.

No, no, no...

Mis manos comenzaron a temblar y mi ritmo cardíaco comenzó a aumentar sin poder controlarlo. Con temor abrí la carpeta de imágenes del celular encontrándome con mis amigos completamente distintos, algunos con el cabello más largo y otros lo contrario, en graduaciones, matrimonios, incluso algunos con hijos.

Antes de que me diera cuenta sentí como unos pasos se acercaban con rapidez hasta el parque, topándome con un viejo gato que se quedó unos instantes observándome para luego esconderse tras unos arbustos.

-¿Yakiniku?- Susurré para mí y luego volteando la vista hasta quien parecía haber corrido una maratón para llegar hasta donde estaba.

Sentí mi corazón apretarse al reconocerlo aún con el cabello bajo y las facciones de su rostro que emanaban un aire de madurez que jamás pensé que alguna vez se relacionaría con él.

-¿Bo-Bokuto-san?- Salió por inercia de mis labios que se deleitaron en la pronunciación de cada una de las letras que hace tanto no tocaban.

Él se sobresaltó y tardó unos segundos en levantar su cabeza hasta mí, encontrándome con los ojos ámbar que tanto había añorado en mis sueños y que ahora me miraban ahogados en lágrimas que no paraban de correr por sus mejillas.

Sentí sus piernas acercarse a mí, sin embargo, los temores que ya no podía reprimir empezaron a surgir tomando el control de mis acciones.

-¡No te acerques!- Prácticamente grité, lo que hizo que Bokuto-san se detuviera sobresaltado en su posición- L-lo siento pero, por favor, no te acerques a mí.

Era inútil, por más que intentara controlar toda la información que había llegado hasta mi mente no podía pensar con claridad al imaginarme todo el sufrimiento que le provoqué a la persona que amo durante tantos años.

El de ojos ambarinos solo se quedó quieto unos momentos y luego volvió a avanzar hacía mí a pasos lentos.

-Detente, por favor- Susurré sin poder controlar las lágrimas que se escapaban de mis ojos tratando de ser borradas por mis brazos que evitaban que volviera a levantar la mirada hasta sus ojos.

Sentí una chaqueta ser colocada sobre mis hombros junto a la cálida sensación de ser estrechado con fuerza entre sus brazos.

-No me pidas que me aleje cuando ya pasé suficiente tiempo lejos de ti- Dijo apoyando su cabeza entre mi cuello y mi hombro, sintiendo el temblor de sus manos al tocarme.

-Lo siento, Bokuto-san, lo siento tanto- Le dije devolviéndole el abrazo con timidez- Fueron cinco años...yo no sé qué hacer...perdí contra el tiempo y me lo quitó todo.

Él me sujetó con mayor fuerza entre sus brazos y luego los soltó un poco para dejar su rostro frente a mí.

-Eso no es cierto, el tiempo nos quita cosas pero hay otras que nunca cambiarán- Dijo con una media sonrisa y un aire de melancolía- El peinado de Kuroo sigue igual, Hinata aún no supera el 1.65, Yukie sigue golpeando a Konoha aunque estén casados, Tsukishima aún tiene el rostro de que odia a todo el mundo...

Yo no pude evitar soltar una pequeña risa al escuchar todo eso e imaginármelos cuando aún íbamos en la preparatoria.

-Y también, que yo te sigo amando igual que la primera vez o incluso más- Agregó mirándome a los ojos mientras me sujetaba con ternura por las mejillas.

-¿A-aún cuando ni siquiera terminé la preparatoria?- Dije con una media sonrisa y devolviéndole la mirada.

-¡Ja! ¡Ahora tu todopoderoso novio tendrá el poder de enseñarte matemáticas!

-¿Aún cuando tal vez no pueda volver a jugar volleyball?- Dije apretando los labios y asumiendo que la condición de mi cuerpo no estaba así solamente porque acababa de despertar.

-Siempre serás el mejor pretty setter de toda la historia del Fukurodani, además de que el doctor me dijo que no podíamos descartar los tratamientos de rehabilitación- Dijo con una sonrisa.

-¿Aún cuando me haya convertido en una molestia para ti?- Dije finalmente, cerrando los ojos con temor a su respuesta.

Sentí sus labios posarse con suavidad sobre los míos mientras volvía a abrir mis ojos lentamente.

-Jamás lo fuiste y jamás lo serás- Dijo con determinación en sus sinceros ojos y luego iluminándolos con la hermosa sonrisa de la que me enamoré- Se podría decir que fuiste tú el que tuvo que lidiar con este búho enfermo de amor por tanto tiempo.

Sus palabras hicieron que toda la ansiedad que me estaba carcomiendo segundos antes desapareciera hasta convertirse únicamente en el deseo de quedarme a su lado todo el tiempo que la vida e incluso la muerte me permitieran. Al final supongo que el "por siempre" depende de las personas a las que involucre y siendo dos búhos enfermos de amor eso supera incluso las barreras de distancia, los problemas con la familia e incluso el imperturbable paso del tiempo.

Mientras me llevaba cargado en su espalda de vuelta al hospital contándome el cómo había mejorado su relación con mi padre llegando a tener competencias de volleyball cada vez que volvía de su viaje, en cómo todo el equipo de Fukurodani había ayudado a Konoha cuando casi le da un ataque al enterarse de que iba a ser padre, el cómo Kuroo de una manera que no incluía el tráfico de animales lo había ayudado a conseguir miles de búhos para nuestra futura boda, yo desvié mi vista hacía un pequeño resplandor que nacía desde uno de los bolsillos de su pantalón, distinguiendo un ya oxidado llavero que seguía brillando igual que siempre con la figura de dos búhos completamente distintos pero felizmente abrazados.

Disimulé una sonrisa en tanto me afirmaba con mayor fuerza de sus hombros y dejaba que me llevara hacía el futuro que se había transformado en presente donde me esperaba una curiosa boda en un parque con muchos búhos volando, una familia donde tal vez podamos adoptar niños y verlos crecer en la alegría de la vida, donde pueda darle todos los días un beso de buenos días y buenas noches, donde podamos envejecer juntos tomados de la mano...

Uno donde esté siempre al lado de Bokuto Kotarou.

~Fin~


¡Último cap! Espero les haya gustado ❤️ Es triste tener que despedirme tanto de esta historia como de ustedes T-T les agradezco todo el apoyo y cariño que le han dado a esta historia, ya sea desde el principio o por ir leyéndola a medida que actualizaba ❤️

Los quiero demasiado y mil gracias por leer ❤️

P.D: probablemente haga un extra del final más adelante:D