Ventiocho
Epílogo:
"Finn Hudson".
Cinco años después…
—Hola ¿Cómo estás hoy? Espero que bien o me sentiré mal y no creo que quieras romper tu promesa—se hincó y acarició con su mano la pared con la insignia de alguien importante mientras con la otra sostenía una rosa blanca— Ya sé que piensas que soy una dramática, no necesitas recordármelo constantemente, pero es inevitable, es mi esencia ya deberías de estar acostumbrado. Pero en fin, no he venido a hablar de mí, como es mi costumbre por todas las veces en las que hemos dialogado, más bien, vengo a quejarme de mis hijas que son unos pequeños demonios. Y en especial, el conejito ¿Sabes cómo se le ocurrió despertarnos hoy? Se despertó a las 9 de la mañana sólo para tocar la batería ¡Sí lo escuchaste bien! ¡La batería! Sin duda alguna lleva el estilo Hudson entre sus venas.
Sonrió ampliamente limpiando entre todas las lápidas el espacio destinado para el Quarterback.Estaba en la pared. Colocó la quinta rosa que llevaba a lo largo de los cinco años que habían pasado después de recuperar por completo su memoria.
— Y no es tan distinto con el lobito, que es una fiel copia exacta mía, somos como un espejo, aunque sin la horrible nariz y ojos chocolates—sonrió embobada— ¡Quinn quiere que la meta a clases de baile de Hip—Hop! Sabes lo traumático que es que mis hijas sólo quieran seguir los pasatiempos de los demás y los míos no. Se los perdono sólo porque yo no las llevé por más de ocho meses ¡Eso es injusto Finn! Ninguna quiere saber nada de Broadway, pero lo cierto es que no puedo hacer nada, si me ven con esos hermosos ojitos avellana pidiendo sus exigencias. Ni siquiera puedo hacerlas entrar en razón, y eso que yo soy la mamá exigente y tengo esa vena que sientes que explotará en cualquier momento—se recargó en la pared y se sentó en el suelo para estar más cómoda.
— Oye amigo, sé que siempre que vengo te cuento la historia de cómo la creidita actriz y yo nos casamos porque te da gracia, pero esta vez quisiera omitirla— una ráfaga fuerte de viento se interpuso entre sus palabras—. Está bien, te la contaré por tercera vez, pero no se lo digas a Quinn porque se pone nostálgica y cuando comienza a llorar, no hay nadie que la detenga—se rió recordando el gran día— Todo comienza cuando no encontraba mis zapatillas…
2 años atrás...
10 de Abril del 2030, 17:38 pm. Hotel Four Seasons Resort. Hualalai, Hawaii.
— ¡Joder en dónde están mis putas zapatillas!—gritó desesperada mientras buscaba debajo de la cama— ¡SANTANA LÓPEZ VEN EN ESTE MISMO INSTANTE!
Una latina asustada entró a la habitación por los gritos de la morena. Y no se sabía quién de las dos estaba más nerviosa, una porque era la novia y otra porque su mejor amiga se iba a casar por segunda vez.
— ¿Qué pasa enana? —la vio salir de entre la cama— ¡Rachel te vas a ensuciar el vestido! Deja de ser tan intensa.Te quedan sólo 10 minutos para llegar a la ceremonia y no te has puesto las zapatillas. Quinn ha de estar que se la lleva el demonio.
—Lo sé—resopló— ¡PIENSAS QUE NO ME HE DADO CUENTA QUE FALTAN 10 MINUTOS Y A MÍ ME FALTAN LOS PUTOS ZAPATOS! Piensas que no sé que estamos a kilómetros de distancia de Quinn. Mi dama de honor vaya que es inteligente—se sentó en la cama y se cubrió el rostro con sus manos.
—Cálmate Berry, ya verás que ahorita aparecen solos.
— ¿De qué están hablando? —Beth entró por la puerta— Escuché gritos y me he asustado.
—Pues que Rachel no encuentra las zapatillas—respondió Santana mientras Rachel se escondía entre los brazos de su amiga lloriqueando.
— ¡Pero qué demonios! Mi madre se pondrá histérica si no llegan pronto. Creerá que Rachel ya no querrá casarse con ella.
— ¡Guarda silencio rubia! —La regañó Santana y la pobre morena lloraba a grito abierto— Berry recuerda en dónde las dejaste.
—Las dejé sobre la cama y desaparecieron solas—señaló la posición donde las había colocado escasos cinco minutos atrás.
— ¿Por qué gritan? —Ahora era la Frida que entraba furiosa a la habitación— Podrían callarse de una vez, no me dejan ver mi programa de estrellas. Ni siquiera saben que es la única vez que saldrá.
—Por última vez, ¡Porque el hobbit perdió sus zapatillas!—ya estaba fastidiada Santana. Rachel la tenía anclada a ella como si su vida dependiera de ello.
— ¿Y por eso lloran? —Refunfuñó la rubia menor— Las zapatillas las tiene Alex.
— ¡¿QUÉ!? —gritaron todas al mismo tiempo poniéndose de pie y corriendo hacia donde creyeron que la pequeña se podría hallar.
Frida tenía razón, en la sala estaban las pequeñas Fabray-Berry de 4 años de edad. Alex intentando caminar con las altas zapatillas y Charlie animándola desde el suelo. Muy contentas de sus logros, ya que ambas tenían esa conexión que sólo las gemelas podrían tener. Y adivinen qué, eran una fiel copia de su madre como ya lo había dicho Rachel. La misma sensualidad y la misma gracia para moverse. Todas quedaron embelesadas observando a Alex sin querer interrumpirla, hasta que la pequeña volteó a verlas a todas y se dirigió hacia su madre que tenía la cara de una boba total.
—Mami, mira, ya soy grande y puedo caminar como una niña grande—sonrió mostrando sus dientes, que a causa de una caída, le faltaba uno— ¿Estás orgullosa de mí? Porque Charlie sí lo está ¿Verdad hermana? —revoleó sus largas pestañas con centellantes ojos avellana.
—¡Sí! Alex está enseñándome a caminar como las modelos y actrices que salen en la televisión.
—Awww—chillaron todas emocionadas.
— ¡Claro que sí mi vida! Pero mami las necesita ahora para poder ir con tu mami Quinn ¿No quieren que vayamos a la fiesta? —se hincó a la altura de ambas mientras la pequeña Alex asentía conforme y se quitaba las ansiadas zapatillas.
—Pero si las enanas son unas copias exactas de su madre. Aunque la rubia las hubiese llevado en su vientre, son unas dramáticas por todos los poros de su cuerpo—dijo Santana orgullosa de sus sobrinas— Pues después de tanto drama. Apúrate enana, si no quieres que la rubia culona enloquezca o se arrepienta de lanzar su vida al drenaje.
Playa Manini' Owali, Kalaoa, Hawaii. 17: 54 p.m
Cómo describir el lugar, fácil, cómo Rachel lo había soñado y había ansiado desde pequeña. Con enormes palapas blancas de donde caían con delicadeza miles de Gardenias, aunque eso no era lo más importante, sino el increíble olor que desprendían. Las sillas estaban acomodadas entre el pasillo, que al igual que lo demás, era inmaculado por los pétalos sobre la arena, que eran acompañados por altos candelabros con velas encendidas, que guiarían a la morena hasta su ansiosa esposa. En el fondo, la rubia estaba parada sobre una tarima de madera enfrente de un arco dorado, en donde estaría el encargado de unirlas, no otro más que Burt Hummel, quien a un lado de Carole Hudson, les daban su bendición a amabas chicas.
Y el horizonte no podía quedarse atrás, ya que la magnífica estampa de las olas del mar y la puesta de sol, hacía maravillas a la vista de los invitados, quienes ya estaban sentados en sus asientos, mientras Blaine a un lado de altar, era el comisionado de tocar las más deliciosas melodías con su piano de cola. Tina, Brittany, Mercedes, Kitty, Sugar, Único y Marley eran las damas de honor luciendo un veraniego vestido azul cielo. Y los chicos, fascinaban con su traje blanco un poco arriba de las pantorrillas y una divertida tiebow del mismo tono que el de las chicas.
Quinn Fabray resplandecía por su elegante y soberbio vestido color perla que se adosaba perfectamente a su figura y dejaba libre sus hombros. Con su cabello suelto y alborotado dándole ese toque salvaje y rebelde, que acompañaba a su personalidad.
Todo era tan perfecto, como en los cuentos de princesas y como en esa historia que cualquier chica espera vivir y recordar que sería la unión con su amor verdadero. Pero no para la rubia, que no estaba tan tranquila ni mucho menos feliz como cualquier novia debería de estarlo durante su boda, de hecho, estaba enloquecida. Ya habían pasado 25 largos minutos y de Rachel ni sus luces. Por un momento pensó, que la chica había salido corriendo como esa vez que lo había hecho Emma Pilsbury con Will Shuster. Estaba tan ansiosa que no dejaba de golpear una y otra vez las pobres maderas y refunfuñar palabras de enojo, hasta que Alex Stone, quien era su madrina, se desesperó y la arrastró del brazo detrás del altar.
—Joder Fabray, deja de estar de paranoica, si no ha llegado Rachel es porque algo se debió de interponer en su camino. Nos estás transmitiendo la ansiedad a todos.
— ¡Claro! Como no eres tú la que se va a casar. Como esa enana del demonio no es la que lleva esperando 26 largos minutos—se cruzó de brazos y frunció su ceño.
—Y si fuese así, no estaría como tú—la tomó por los hombros— Vamos Quinn… Inhala y exhala…. Debes de relajarte.
—Eso es una estupidez—se negó a seguir sus instrucciones— Nada podrá distraerme de que Rachel me está dejando plantada.
—Tú lo quisiste así—resopló cansada y la tomó del cuello llevándola hasta sus labios, dejándola con los ojos abiertos y completamente confundida. No pudo reaccionar los escasos segundos que duró el beso. Haciendo que se le olvidara por un rato su molestia.
—Dios…Pero qué demonios…—vio los par de ojos azules que la contemplaban con incertidumbre.
—Te lo advertí, tú me obligaste a esto—se excusó encogiéndose de hombros.
—Pero… pero… —balbuceó.
—Blablabla… Deja de parecer retrasada y mueve tu culo que la canción que llevas esperando ya comenzó—se giró con una sonrisa en sus labios y se encaminó dejando aun con el autismo a la rubia— Joder Quinn, ahora no te enamores de mí que lo podrías pasar muy mal. Y mucho menos se lo confieses a Rachel.
Dijo burlona y negó divertida con la cabeza. La ojiazul había besado a ambas chicas. En diferentes momentos de la historia, pero lo había hecho. Ahora sería la chica más envidiada de todas en el mundo. Además de tener su Stonchel ahora tendría su Quinstone.
—Enserio, enserio esa maldita rata traicionera acaba de besarme. Donde se entere Rachel, me mata, mejor dicho nos mata y nos lanza al mar—susurró para ella misma tocándose los labios.
—Sí Fabray, sí te besé. Puedo oírte. Ahora ve a hacer lo que debes—la jaló enérgicamente hasta posicionarla en la mejor vista que Quinn podría tener.
Ver a lo lejos a su amor, a su hilo rojo, a su alma gemela, a la que jamás se imaginó se pudiera ver más perfecta ante sus ojos. Y fue peor al ver a sus pequeñas siendo las encargadas de cargar la larga cola del vestido de su madre. Rachel no hipnotizaba por su corto vestido que dejaba ver sus trabajadas y bronceadas piernas, mucho menos por su melena californiana que caía delicadamente hasta su espalda, lo era por la enorme y brillante sonrisa que ocupaba gran parte de su rostro y ese par de orbes chocolates que brillaban por la emoción. Fue entonces que Blaine y Marley comenzaron a vocalizar la canción que perfectamente podría describir su bella historia de amor.
El día en que nos conocimos
Congelada, contuve el aliento
Desde el principio supe que había encontrado un refugio
Para que mi corazón se acelerara
Colores y promesas
¿Cómo ser valiente? ¿Cómo amar?
Cuando tengo miedo de caer
Pero viéndote ahí sola
Todas mis dudas desaparecen."
Quinn vio a su chica caminar como si flotara sobre la arena, como si de una diosa griega se tratase, y fuese Zeus quien la dejara unos segundos unirse a los mortales.
Mordiéndose nerviosa sus labios, Rachel dirigió su vista a su amor, quien no podría evitar que pequeñas lágrimas comenzaran a correr por sus mejillas y se cubríera su boca por la impresión de admirarla. Por esos escasos segundos, creyó que podría dominar al mundo entero al sentirse la chica más especial de entre todas las demás. La rubia se veía realmente hermosa con esa misma gran sonrisa que tan parecida tenía en su propio rostro. Jamás se cansaría de verla y enamorarla todas las mañanas, siendo su insignia personal. Esa sonrisa que nadie más en el mundo poseía más que su Lucy Quinn Fabray.
Un paso más cerca
He muerto todos los días esperando por ti
Cariño no tengas miedo
Yo te he amado durante mil años
Te amaré por mil años más."
Entre más se acercaba a ella, Rachel sentía que el tiempo se detenía y no existía nadie más que la rubia. Todas las personas habían desaparecido, todos los sonidos dejaron de escucharse dando paso al latido de su corazón, que parecía querer salirse de su pecho por la velocidad en que bombeaba la sangre por su cuerpo.
Esos pequeños detalles que los demás dicen que se deben de sentir cuando se está realmente enamorada, cuando sabes que esa persona que tienes enfrente de ti es la indicada y que aunque existan muchas más, no tienes ojos y oídos más que para ella. Porque tú tienes un lado del imán, que inevitablemente, te atrae a tu polo opuesto. Porque tú tienes ese otro lado del hilo rojo que aunque trates de alejarte o romperlo, jamás lo lograrás, porque es tu destino. Ese destino del que aunque huyas de él, es difícil que no suceda. Quinn Fabray era su imán, su delirio, su locura, su demencia, sus pensamientos enteros.
"Cada respiración, cada hora, he esperado para llegar a esto
Un paso más cerca…
He muerto todos los días esperando por ti
Cariño no tengas miedo
Yo te he amado durante años
Y te amaré por mil años más
Y todo el tiempo creí que te encontraría
El tiempo me ha traído hasta tu corazón."
—Por fin, pensé que no vendrías —le tomó sus manos entre las suyas— Ha válido la pena todos los años que esperé por ti.
—Ahora estoy junto a ti para nunca más irme de tu lado.
—Bien después de los inconvenientes y que esta rubia estuviera a punto de enloquecer. Creo que podemos empezar—interrumpió gracioso Burt poniéndose enfrente de ambas chicas mientras todos los presentes reían— Hoy nos encontramos aquí para unir por segunda vez a estas chicas que han luchado y pasado por tanto para llegar hasta aquí. Muchas dificultades que estuvieron a punto de hacerlas flaquear, pero no se dieron por vencidas, sino más bien hicieron que su amor fuese más fuerte. Dejándonos como ejemplo el verdadero amor. Ese amor del que todos esperamos vivir en nuestras vidas—les acarició la espalda delicadamente a ambas chicas, quienes no habían dejado de verse a los ojos en ningún momento— Podría decir más y más pero creo que ellas deben de dejarnos en claro el porqué estamos aquí—le dio la palabra a Rachel.
—Quinn, soy una chica que siempre vivió en la oscuridad, en el miedo y en la soledad. La soledad que creí que era lo normal, que era lo que la vida me tenía destinado—se mordió nerviosa el labio— A lo largo de esta vida me han juzgado, me han rechazado o simplemente ignorado—la rubia unió sus frentes—Creí que nunca encontraría de nuevo a ese alguien que me demostrara día a día que soy alguien importante o que me dijera lo mucho que me amaba, y entonces tú entraste a mi vida, con tus sonrisas, con tus miradas o tan sólo con tu presencia y me hiciste creer que hay alguien por quien luchar, y aunque te he dicho que yo te amo más y que te cuidaría y protegería, no soy la indicada para recibir tal reconocimiento. Ese es tuyo Quinn, tú eres mi ángel, tú me has salvado y regresado a la luz—sonrió con las primeras lágrimas en sus ojos— Y sabes, si me hubieran propuesto cambiar algo de mi vida, hubiera dicho que no, no si tú no estabas en mi camino, y hubiera luchado una y otra vez contra todos mis infiernos y lo sufriría todo sólo por la oportunidad de estar aquí parada junto a ti y observar lo hermosa que te ves con esa pancita que tiene a otra de las más importantes personitas de mi vida—le acarició delicadamente el vientre de 6 meses. Era la tercera hija que Quinn le daría.— Tú no me pides que cambie, tú me amas tal como soy, tal como nací, con mi horrible personalidad, con todas mis luces y con todo lo que soy—le limpió la pequeña lágrima que corría por su mejilla con el dedo pulgar— Y ahora, sólo quiero vivir a tu lado hasta que ese alguien que está arriba, me lo permita, y amor, quisiera que el tiempo se paralizara pero pasa rápido y no puedo hacerlo, así es que me conformo con esto que he vivido contigo y con lo que la vida nos tiene destinado ¿Crees que quieras hacer eso? ¿Vivir estos pocos o quizás años a mi lado? —colocó la alianza en su dedo anular.
—Eso quiero Rachel, eso quiero—se lanzó sobre ella abrazándola fuertemente y comenzar a sollozar en su cuello— Es lo que más quiero, Rach. Es por lo que hemos estado luchando todos estos años. Darte todo el amor que se me permita mientras pueda. Luchar en contra de los demás, en contra de todos lo que dijeron que lo mejor era alejarnos. De todos aquellos que no creyeron en nosotras, y estuvieron dispuestos a separarnos. Ya no más tristeza, ya no más desesperanza, ya no más lágrimas. Todo eso lo cambio por sonrisas, miles de sonrisas a un lado de todas las personas que amamos—observó a sus tres hijas y a sus mejores amigos— Y en especial, a un lado de ti. Mi primer y verdadero amor—concluyó limpiándose las lágrimas y se aproximó a besar a su esposa.
Todos sonrieron, en especial esa ojiazul que se había proclamado su ángel guardián en la tierra y haría lo que fuera para que Rachel fuese feliz de nuevo a petición de un gran amigo. Alex Stone había conocido a Finn Hudson en una de las tantas fiestas de hermandades de la universidad mientras ella era estudiante de medicina y él estudiante para su futuro como docente del McKinley. Finn le había contado el gran amor que había vivido al lado de la morena, y una noche antes de su muerte, le pidió que le entregara la última carta donde le dejaba claro las razones para hacer lo que haría. Alex no había sido lo suficiente fuerte para dársela cara a cara, por eso la había dejado debajo de la puerta de su apartamento en el Bronx.
Y luego de asistir al funeral y ver la gran pena que invadía a la morena, sin que ella lo supiera, la había inspirado a estudiar psiquiatría y ayudar a todas las personas que pasaran por los mismos problemas que su amigo y Rachel. Alex había estado ayudando y estudiando el caso de Rachel Berry desde Broadway, desde que se había convertido en la peor diva, siguiéndola a todos lados a lo lejos, como si fuese su fan número uno. Por eso es que la morena la había comparado en su vida paralela como si fuera Finn. Finn era su ángel guardián en el cielo, y ella, su guía a la felicidad.
— ¿Qué se siente por fin cumplir con lo que se te encargó y haber ayudado a Rachel? —Robert la abrazó por la espalda.
—Paz, pura y verdadera paz…—resopló viendo a las dos chicas que eran felicitadas con sus seres queridos— Ahora sí podemos irnos. Ahora sí puedo aceptar esa plaza como directora del Royal Bromptom Hospital. Ya cumplí con la última voluntad del Quarterback. De mi amigo e inspiración—acarició el tatuaje con el número 5 de su dedo meñique.
13 de Junio del 2013
Hola Rachel, quizá cuando leas esta carta ya no esté físicamente, pero me tendrás dentro de tu corazón que es lo más importante. ¿Sabes? Hace un par de años atrás pensé que las cosas buenas no les pasaban a las personas como yo, que los sueños más imposibles no se pueden cumplir, pero me enseñaste a que si se lucha día con día, lo puedes conseguir. Y hoy en día sigo preguntándome, porque siendo tú tan especial, me elegiste a mí, un simple chico sin futuro ni brillo, que no era lo suficiente especial para ti. Aun recuerdo el día en que me dijiste esa frase que creí estúpida en su momento, ser parte de algo especial te hace especial, y que tan equivocado estaba en no creerlo. Hoy, lo entiendo, tú me hiciste especial compartiendo este tiempo a tu lado. Cumpliste tu palabra, lograste que mi mayor sueño se cumpliera: amarte, encontrar a mi alma gemela y hacerme sentir especial. No importa el tiempo que duró, para mí fue eterno y más si estuve a tu lado para poder compartirlo.
Ahora, quizá me odies por esta decisión que tomé, pero tenía el derecho a lo siguiente, derecho a irme porque te prometo que luché hasta el final pero no pude alejar mis miedos y luchar por un futuro, y no quería irme viendo tu cara de sufrimiento o enojo, quería irme como esta última vez que te vi, en la no boda del señor Shuster. Esta noche no pude dormir por verte descasar, por verte sonreír entre mis brazos y darme cuenta que nada es eterno en esta vida, que estabas a punto de irte de entre mis manos, y odie con todo mi corazón a cualquier cosa celestial por quitarme la fuerza de estar a tu lado. Por mucho tiempo, odié el tener la necesidad de querer irme, odie a todo mundo y me odié a mí mismo por no poder ser más fuerte y quedarme por más tiempo. Pero algo cambió hoy, me di cuenta que eras más fuerte y cumplirías todos tus sueños, porque ya cumplí con mi estadía en esta vida, tú apenas inician a vivir, amor. Y hoy, mientras corría para llegar a tu estreno y me sonreíste, te vi más hermosa que nunca, con esa enorme y maravillosa sonrisa a pesar de saber que no estábamos juntos. El enterarme que habías conseguido el papel de Funny Girl, me mató de felicidad y no hubo cosa que me hiciera sentir más feliz, bueno, con excepción el día en que te vi entrando a nuestra boda. Ese día sin duda, está en el top número uno de los mejores. Y así, hay miles de momentos que se pueden considerar los mejores en mi existencia. Como por ejemplo, el día en que te vi libre, siendo tu misma arriba de un escenario, viendo tu alma de chica provinciana cumpliendo su mayor sueño, ganar las nacionales y la cruel Tibbeudex admirara tu enorme talento. Si tuviera el hechizo para que ese día vieras a través de mis ojos, te demostraría lo tanto que te amé y me emocioné al verte cantar.
Rach, tú me hiciste mejor persona, me hiciste creer en mí y en lo que puedo llegar a dar. Antes de irme, te aseguro que me fui siendo la persona más tranquila en el mundo entero, por eso te pido, más bien te suplico, que no te dejes vencer, que llores unos días o quizá un mes ¿Me prometes que lo harás? Porque sé que si te pidiera que no lo hicieras, te obligaría a no ser tú misma, ya sabes, el gen dramático que corre por tus venas, pero después te levantes y sigas, te lo pido no por mí sino por ti. Vive, vive y aférrate a la vida lo mejor que puedas. Y demuéstrame que eres la mejor de todas, la más brillante estrella.
Me iré para siempre, pero te prometo que sea donde me vaya te cuidaré, y siéntete orgullosa, serás una de las únicas chicas con un ángel en el cielo que te protegerán día a día. ¿Recuerdas la Navidad cuando te dije que cuando vieras nuestra estrella, estaría cuidándote y vigilándote? Pues todas las noches me verás allí a tu lado. En un concurso de Rock tocando mi batería para los mejores músicos que han existido a lo largo del tiempo, pues ahora, llegaré yo para hacerles competencia, y prometo que ganaré, ya sabes, soy el mejor. Está bien, me uniré a su banda y la llamaremos Los más guapos y maravillosos ángeles de Rachel Berry. ¿Espero que te guste el nombre? Porque a mí me encanta.
Por último, ya dejé estipulado todo y me gustaría que por primera vez en tu vida, sigas mis peticiones. Por favor Rach, sé que es difícil para ti porque cuando te aferras a algo no hay manera que te hagan cambiar de parecer. Por eso hazlo por mí como mi último deseo. Sé que podrás hacerlo.
Sin más que decir, porque ya ni siquiera puedo escribir por todas las lágrimas que entorpecen mi visión, solo me queda decirte GRACIAS Rachel Berry por estar en mi vida y en mi corazón. Y como dijiste en nuestra última llamada cuando me pediste un consejo para tu audición, IF YOU SAY SO.
Siempre tuyo, Finn Allan Hudson.
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Resopló al recordar hermosos momentos. Esos que ya nunca más olvidaría.
—Y sí me preguntas si sigo igual de extremista con eso de la limpieza ¡Sí, aún sigo siendo igual de intensa! Tienes que verme corriendo detrás de los tres hijos que aún nos quedan en la casa para atraparlos y meterlos a bañar. Para Quinn es muy divertido verme toda mojada después de la sesión de baño y hasta ha creado una canción al respecto para burlarse más de mí y hacerme enojar, la cantaría en este momento pero me da mucha vergüenza y conociéndote sé que estarás riéndote sea donde te encuentres—no pudo continuar porque un leve viento removió su larga melena chocolate— De acuerdo, de acuerdo, ya entendí ¡La cantaré! ¿Cómo iba?—pasó saliva tratando de armonizar y salieran las palabras delicadamente no como las de la rubia que parecían de guerra— ¡Sí, hacer la danza del baño! ¡HUHAHA! ¡HUHAHA! ¿Estamos listas? ¿Dónde está el jabón? ¡Allí están los Dioses de la suciedad! ¡Allí están! ¡Allí están! ¡No podemos dejarlos ganar! ¡Hay que atacar! ¡Hay que atacar! ¡Por las piernas vamos a empezar! ¡Por la panza vamos a seguir! ¡Y en los brazos vamos a terminar! ¡Se están yendo! ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¡ENJUAGAR! ¡ENJUAGAR! ¡HUHAHA!
— ¿Rach? ¿Cielo? —Preguntó una voz aproximándose hasta ella e interrumpiendo su himno en contra de las bacterias— ¿Acaso escuché la danza del baño? Dime por favor que no se están burlando de mí ¡Oh por Dios! Finn me molesta aun desde el cielo, debería de ponerme celosa de él—se quejó una rubia poniéndose de rodillas enfrente de su esposa— Rachel, ya es hora o se nos hará tarde—susurró acariciando su mejilla.
—Lo sé, solo déjame despedirme—Quinn asintió y dejó una flor en el mismo lugar que la morena—Te prometo que no me tardaré y le pediré al Quarterback que dejé de molestarte.
—Está bien, te estaremos esperando en la limusina—besó su frente y regresó por el mismo camino por el que había llegado.
—Bien Finn, creo que ya es hora. Me tengo que ir pero tenemos otra cita para el 13 de Julio del próximo año. Prometo traerte la rosa número seis—se puso de pie y se acomodó el vestido para la importante gala que se le tenía destinado— Aun tengo que regañarte porque últimamente me has estado molestando con tus armoniosos sonidos de batería, no sé si estás en duelo de quién es el mejor con las baquetas pero tanta competencia me estás poniendo los pelos de punta—hizo referencia a los constantes truenos que estaban cayendo sobre la ciudad— ¿Podrías hacerme el favor de dejar que pueda dormir por una noche? Sino llevarás en la conciencia que Allan no se desarrolle correctamente—terminó acariciando por última vez la insignia con su nombre para dirigirse donde estaban su esposa e hijos, pero antes recordó algo que no podía dejar pasar ni de decir por ninguna circunstancia— Mi número 5 ¿Te he dicho hoy que te quiero?
— ¿Todo bien, amor? —preguntó Quinn acariciando delicadamente su mano mientras la morena se sentaba a su lado.
—Sí, sólo que es cada vez es más fácil despedirme de él porque sé que está feliz sea donde se encuentre el cielo de los cantantes con las sonrisas más hermosas del mundo—dejó un delicado beso en sus labios— ¿Crees que lleguemos a tiempo?
—Si en este momento nos dirigimos directamente para allá, sin duda alguna—se asomó por la pequeña ventanilla que se dirigía para el chofer— Adrew podría ser que nos apuremos o jamás llegaremos.
— ¡Claro señora Fabray Berry! —respondió arrancando el lujoso coche.
— Quinn.
— ¿Sí Rach?
— ¿Sí sabes que te amamos, verdad?
—Lo sé amor, lo sé ¿Por qué la pregunta? —la acercó hasta sus brazos.
—Solo quería que lo supieras porque hoy yo no te lo había dicho. Sólo tus otros cuatro amores.
Quinn sonrió por las palabras improvisadas que constantemente Rachel solía sacar a relucir. Rachel no quería que pasaran más años sin poder decírselo. Ya habían tenido que soportar esos dos años sin poder decirle todos los días que la amaba. Esos dos años que estuvieron separadas por una realidad paralela.
"La ganadora absoluta del premio es… Rachel Berry por su papel de Eliza Schuyler en Hamilton. Felicidades a la diva de Broadway que pasa a recibir por quinta vez el Tony como mejor Actriz Principal en un musical. El pueblo de Lima, Ohio debe de estar orgulloso de su brillante estrella que supo sobreponerse como una ave Fenix y subir al Olimpo."
— ¡Muchas gracias a todos! Hoy hace más de 27 años que vivo esperando este momento y sigo sintiendo los mismos nervios que en ese entonces cuando veía los premios desde mi casa acompañada de mis padres. El poder estar aquí arriba cumpliendo mis sueños. Y aunque sea la quinta vez que lo hago, me siento muy feliz y emocionada— se escucharon aplausos de fondo—Pero hoy es diferente y especial, hoy no estoy aquí arriba solo recibiendo el premio para la mejor actriz dramática, hoy no—comenzaron a correr lágrimas de sus ojos— Hoy estoy aquí para compartir con ustedes un nuevo sueño cumplido junto con mi hermosa y maravillosa familia ¡Estoy embarazada!
Ahora sí sin poder detener que las lágrimas corrieran por sus mejillas, que no eran de tristeza, sino más bien eran de felicidad. De felicidad por ver a la familia que había formado junto a la mujer que amaba, junto a SU QUINN que estaba en una de las butacas de pie aplaudiendo como las demás personas que se encontraban en el Radio City Music Hall, y aún más especial, junto a sus tres hijos que también estaban emocionados a lado de una adulta Beth que aplaudía como la foca, que en aquel entonces en su historia, se burló de su madre.
— ¿Sí intuyes que es de mala educación no esperar a la representante de tu esposa? O ¿Mínimo hacer que su patético chofer pase a recogerla?—le susurró Santana a la rubia colocándose a su lado.
— ¿Sabes que es de mala educación no saludar, llegar tarde y decir cosas sin sentido? —Respondió dándole un golpe en el brazo— La verdad es que al final sigues siendo la misma Santana López con ese ego sobreaumentado. Si eres igual que Rachel, ambas un par de divas creídas y engreídas.
—Lo sé rubia, lo sé. La diferencia es que yo tengo más estilo al vestir El estilo mafioso del Padrino, y Berry, pues ella es Berry—ambas sonrieron divertidas.
—Y ¿Sabes qué más? —insistió con una gran sonrisa en su rostro.
— ¿Qué maravillosa y exitosa pianista quejumbrosa y come pitufos? —respondió irónica.
—Yo me quedé con la chica más talentosa del universo entero. En eso si no puedes ganarle al Hobbit—vio cómo su esposa recibía el premio.
—No puedes ser más maldita Fabray—respondió indignada— Yo también soy talentosa, igual o más que Berry. ¿Ella acaso puede llegar a esas notas de Amy Winehouse? ¡Claro que no!
—Sí claro. Cuando tengas cinco Tony's en tu vitrina, hablamos.
—Dime que estás bromeando—observó el perfil de la rubia que ahora regañaba a Lía, a su pequeña hija de 6 años de edad, y le pedía una vez más que se tranquilizara— ¡Dime enserio que estás bromeando! Yo le hice ganar esos jodidos premios. Pero claro, eso nadie lo ve. La representante es la reina sin corona. Yo que me cansé recorriendo y promocionándola en cada una de las obras que salían y ella sólo me dedicó seis palabras cuando recibió el primero. Son un verdadero fraude ambas.
— Eso es lo que tú dices, pero yo no recuerdo que ella te nombrara—Santana tenía el rostro rojo por la furia.
— ¡Eres una perra Fabray! Una verdadera perra por restregarme lo egoísta y malagradecida que es esa enana. Que no recuerdes que dijo al final: "A la mejor amiga y representante" no es mi culpa—hizo un puchero con sus labios y se sentó cruzada de brazos.
— Ya no llores, prometo que por una sola ocasión y obviamente la que yo elija, le diré que te mencione antes de mí. Bueno, después de Charlie, de Alex, de Lía, de Allan y hasta de Beth—sonrió por la cara de incredulidad que le dirigía su amiga ya resignada— Ahora cállate que viene mi mención.
—Creo que ya me tomé demasiado tiempo, pero también quiero agradecer a la increíble mujer que ha estado a mi lado todas las mañanas por hace más de 19 años, a mi maravillosa esposa Quinn Fabray—la señaló mientras la rubia le regalaba un giño agradecida—Que me ayudó a salir de las cenizas cuando tenía el corazón roto en mil pedazos y creí que la vida no tenía sentido. Cuando nadie más creyó en mí y ella fue la única que tuvo esperanzas. Mi alma gemela de esta vida y todas las demás. Enserio Quinn, estoy tan agradecida porque estuviste a mi lado cuando más te necesité y por darme una simple razón para creer en el amor.
Si hace 19 años le hubieran contado a Rachel Berry que estaría allí de pie acariciando su vientre con el pequeño nuevo integrante que se unía a la ya de por si grande familia y no sintiéndose nerviosa porque sería su regreso a los escenarios o porque se caería a la mitad del escenario como Miss USA, diría que todos estaban locos sin duda alguna. Se repetiría una y otra vez que todos están completamente locos, por supuesto, ella era la única cuerda de la historia.
FIN
