Disclaimer: los Juegos del Hambre no nos pertenecen.

Historia para el foro "El Diente de León" - SYOT Colaborativo.


Capítulo 28: Desesperación


¿Conoces la sensación de no tener ningún lugar a donde ir? ¿De correr buscando un refugio que nunca encontrarás? ¿De intentar escapar de algo que ni siquiera conoces a cabalidad?

Ellos lo hacían.

Porque cuandoFóbetory Morfeo comenzaron su pelea, buscando destruirse el uno al otro y sin pensar siquiera en las consecuencias que ello traería al orden natural de las cosas, algo en el mundo humano cambió.

Algo que niFantaso, ni los Ángeles, ni mucho menosBughuuly las demás criaturas que buscaban sembrar terror hubieran podido predecir, y que ninguno de ellos, fueran cuales fueran sus intenciones, podían detener.

Fue algo lento, doloroso.

Como no iba a serlo ver a la gente alrededor ir cayendo de a poco, en algo que no era ni sueño ni pesadilla, ni alegría ni miedo.

Era algo mucho más irrevocable.

La muerte.

Y nadie, por más que quisiera, parecía poder ser capaz de escapar de ella.


Bounder Leger, 17 años. Distrito 4


Mi grito queda retumbando por unos segundos después de que los guapotes huyan de la casucha. La muy maldita de Cinco me dejó medio enterrada en los escombros de galleta que, para ser "comida", son bastante pesados.

El olor de la sangre que desprende la masa de carne que ahora es mi último aliado me distrae, y por un momento empiezo a sentir nauseas. Las lágrimas me nublan la vista y aprieto los dientes.

"Tú no lloras, sé fuerte, solo es sangre", me digo a mi misma en un intento desesperado de controlarme. Si pienso que no es Kinsey, que no fue mi aliado, tal vez sea más fácil.

Afianzo el agarre de mis manos en torno a mis cuchillos, y las muevo milímetro a milímetro, cortando los pedazos de galleta, tratando de liberarme. El procedimiento es tedioso y cansado. Siento la frente perlada de sudor, y las manos empiezan a sudarme. Cuando por fin tengo más rango de movimiento, saco ambos brazos y empujo con fuerza el trozo de galleta que me aplasta el abdomen, liberarme las piernas es más sencillo.

Inspirar profundo, a treinta centímetros del cuerpo de Kinsey, fue una mala idea, el aroma acre de la sangre hace que me doble a la mitad, temblando. Me sujeto las rodillas y vuelvo a apretar los dientes.

—Maldita sabelotodo, ni crea que el guapote ese le va a salvar el culo frente a mí. Voy a patear su flaco trasero, una y otra vez. Ni siquiera verán de dónde vino el golpe. ¿Escuchaste eso, Kinsey? ¡Voy a vengarte!

Me enderezo, todavía murmurando todo mi repertorio de groserías e insultos. La bonita sabelotodo lo va a pagar caro. Justo cuando doy un paso fuera, un paracaídas baja frente a mí. Su contenido no es más que una simple botella de un líquido púrpura oscuro que se confunde con la noche, y tres barras de proteína. No hay nota ni nada más. La canastita del regalo es tan pequeña en comparación con todas las anteriores que me causa risa. Es un claro signo de que ahora estoy por mi cuenta, sin apoyo de aliados ni nada.

Más allá de dolor o algo similar, el pensamiento despierta en mí una ira casi irracional. El miedo del Banquete haciendo mella de nuevo. Otra vez había quedado inmovilizada, y mi compañero tuvo que enfrentarse solo a Cinco. Inmóvil e inútil. Estoy segura que Sorel debe estarse riendo de mí, la muy perra.

Grito, frustrada por toda la situación.

―Van a morir, desgraciados

Echo a andar, dando pisotones por la grama oscura. Estoy tan ofuscada en mi rabieta, que por un segundo no veo las flores aplastadas frente a mí. Me detengo a observar con cuidado, algo que nunca hago y que quizá sea una actitud aprendida de mis compañeros muertos.

Están relucientes, y hay un sinfín de ellas. Brillan con fuerza, como si tuvieran vida propia, creando un camino de luz a ras del suelo.

Hay claros pisotones en algunas zonas, justo por donde los guapotes hicieron su camino, supongo. Sonrío con satisfacción mal disimulada. Ojalá las cámaras me estén enfocando.

―Hasta al mejor cocinero, se le quema el agua. ―Padre, quién diría que yo estaría usando tus dichos.

Echo a correr, siguiendo el mismo sendero que mi presa ha marcado. Ahora yo soy el depredador, y esos preciosos conejitos, mi comida.

La mochila rebota contra mi espalda, dándome empujoncitos muy leves, que utilizo como motivación para correr más rápido. En mi carrera, colisiono contra un cuerpo pequeño y algo duro:

―¿Qué dem…? ―Trastabillo un poco a causa del impacto, y cuando he recuperado el equilibrio, reconozco a la persona frente a mí―. ¡Bombitas! ―digo con entusiasmo. No debería jugármela con el pirómano psicópata, pero he dejado de pensar. El chico resopla.

―De todos los que quedan en la Arena, tenía que toparme contigo ―dice con amargura y algo de desdén.

―Ah, mira, que el explosivo no quiere jugar conmigo. ―Hago un puchero de tristeza fingida.

―No deberías jugar con cosas peligrosas, pelirroja.

―Veo que a la gente le gusta destacar la hermosura de mi cabello. ―Hago un ligero movimiento de la cabeza para que la coleta alta que llevo, se agite―. Pero tú no estás nada mal, Bombitas, tienes lo tuyo.

―Eso no tiene nada que ver con la conversación que estamos llevando.

―Pues sabrás que a mí me viene importando poco de qué sea la conversación, tengo unas cuentas que ajustar.

―¿Y eso debería importarme?

―Supongo, ya que es tu compañerita de distrito y su novio, quienes se han metido conmigo. ―Una chispa, que no se reconocer, estalla en sus ojos azules.

―E-está viva…

―Más que viva, la muy perra, pero tranquilo, eso cambiará dentro de poco. Ahora, si me permites. ―Hago amago de pasarle por un lado, pero él se interpone de nuevo en mi camino―. Mira guapote, no tengo tiempo, ni interés de luchar contigo, así que apártate.

El chico explosivo vuelve a interponerse en el camino, y yo empiezo a perder la paciencia.

―Hagamos algo ―dice muy serio―, tú y yo tenemos cosas pendientes con Mana, así que, el que salga vivo de aquí, tendrá el placer de rebanarle el cuello.

―¿Tú rebanas cuellos? Pensé que eras más de prender llamas vivas a las personas ―digo burlona.

―Era una forma de hablar, ¿de verdad es cierto que en el Cuatro tienen cerebro de pez?

―Tal vez, pero yo en tu lugar no insultaría a alguien potencialmente peligroso para mi integridad, y que, además, está armado ―digo al momento de que saco del compartimento en mi espalda mis cuchillos.

Para mi sorpresa, el chico desenvaina una espada en la cual no había reparado:

―Tal vez deberías corroborar tu información la próxima vez, si es que tienes oportunidad ―dice y da un salto con la espada en alto.

El baile comienza en un parpadeo, y hace que una pesada corriente eléctrica recorra mi cuerpo entero obligándome a levantar el brazo derecho para evitar el impacto del arma, al tiempo en que blando el izquierdo en un arco para alcanzar el abdomen del chico. Pero este salta sin gracia hacia atrás para evitarlo.

Intento que mis golpes sean lo más certeros y contundentes, entre menos tiempo pierda aquí, mejor para mí.

Mazer se lanza nuevamente al ataque. Parece saber el uso básico de espada, pero no tiene el dominio de un profesional, además, parece enfermo. Enfermo de verdad, ojeroso y con un tono verdoso en la piel. Sujeta el arma con ambas manos.

Así que tomar una posición defensiva será lo mejor. Afianzo con fuerza ambos cuchillos y me dispongo a evadir sus ataques.

Son ligeros y poco contundentes, pero van dirigidos a puntos vitales.

Doy un salto, curvando mi cuerpo para evitar un tajo directo al abdomen, y por reflejo giro y logro asestar una patada a su flanco izquierdo, él pierde el equilibrio y, antes de que lo recupere, lanzo un nuevo ataque, golpeando sus costillas y piernas.

Me concentro en solo golpearlo lo suficiente para que pierda su agarre sobre la espada. Mazer se mueve a un lado y logra darme en el costado con la espada. No corta la piel, pero logra un golpe firme que me hace perder pie un segundo.

Giro nuevamente y dirijo la patada hacia la mano que sostiene el arma. Desarmado, Mazer da tres pasos hacia atrás y yo me abalanzo contra él.

Le doy un golpe certero directo al rostro, y escucho el crack del tabique al romperse. Mazer cae al suelo y yo me siento sobre él, golpeándolo. Él no se queda con las ganas, también me golpea con ímpetu. Ha logrado abrirme el labio inferior de un puñetazo limpio, la mejilla derecha me late ahí donde su otro puño se estrelló.

En el amasijo de golpes he perdido uno de los cuchillos. Mazer logra sacar de debajo de su cuerpo un cuchillo multiusos que clava en mi pierna. Lo saca y lo clava nuevamente y con ahínco en la otra pierna, aúllo de dolor y hago lo mismo con mi cuchillo en sus brazos. Cegada por el dolor, lo clavo al suelo por el hombro, sintiendo como el músculo se desgarra mientras el metal se desliza hasta encontrarse con la tierra.

La sangre no deja de manar por las múltiples heridas de ambos.

Mazer se retuerce de tal forma en que sus piernas salen debajo de mí y aprisionan mi cuello, asfixiándome.

La pérdida de sangre y aire comienza a pasarme factura haciendo que mi cabeza pese.

Tanteo buscando el cuchillo multiusos que Mazer dejó caer y lo entierro con saña en una de sus piernas alrededor de mi cuello, lo saco rápidamente cuando el dolor lo obliga a deshacer el agarre.

Retrocedo a gatas y, cuando estoy lo suficientemente lejos para tomar aire, me tallo el cuello con una mano.

El cuerpo de Mazer llama nuevamente mi atención y observo cómo, con la mano libre, saca un objeto de uno de los bolsillos del pantalón. La lanza y esta se estrella en una roca pequeña que hay unos dos metros detrás de mi.

Observo la trayectoria de la pelota, espera, eso no es una pelota. Es una bomba. Tiene que ser una bomba. Una de esas granadas que usaban en los Días Oscuros. La voz emocionada de Jody hablando del artefacto resuena en mi magullada cabeza.

Estoy jodida.

Con las pocas fuerzas que me quedan, me pongo de pie y corro hacia Mazer de nuevo, salto y, al caer, entierro su propio cuchillo en su garganta o al menos ese era mi objetivo, pero fallo y le doy cerca de la clavícula. La sangre empieza a borbotear inmediatamente.

No me detengo a observar si muere o no.

Pasa en un segundo, la pelota-arma se estrella en la roca y rueda de nuevo en dirección a Mazer, mientras desprende un brillo que crece con rapidez.

Apenas atino a cubrirme el rostro. El calor es terrible, como meterte de cabeza en el interior de un horno. Me lanzo al suelo y me arrastro en un intento de alejarme lo más posible de la ola de calor y destrucción.

La parte posterior de mi cuerpo arde y duele como el infierno, siento como el plástico de la mochila se derrite y se pega a mi cuerpo, junto con mi uniforme. No hay resplandor ya, solo el calor intenso, que permanece.

Me contorsiono para ver qué tanto avancé, y con vergüenza, noto que apenas es un metro de donde estaba. No veo a Mazer por ninguna parte.

El dolor es tan intenso que no puedo moverme más. La sangre continúa brotando de mis heridas y el cuerpo me pesa.

Un cansancio atroz que jamás en mi vida había sentido se apodera de mí. Me dejo caer en la grama, levantando la vista hacia mis manos destrozadas. Parecen iluminarse. La cinta amarilla de Faye, cubierta de mugre y sangre, se convierte en un hilo de luz de sol. Ardiente, pero que no me quema. Ya no queda nada que quemar.

Cierro los ojos ya que parece ser la mejor opción.

¿Así acabará todo? La verdad es que no me interesa, estoy muy cansada.

¿Así se siente morir? No hay respuesta, sin embargo, lo que resuena en la oscuridad es completamente distinto:

«Buenas nochespanquecitos».


Adler Rademacher, 17 años. Distrito 3


El dolor punzante en mi pantorrilla es el único indicador de dónde estoy, de qué estoy haciendo, de cuál es el momento en el que estoy en mi vida.

La oscuridad como boca de lobo no me deja ver a dónde me dirijo, pero sé que correr en esta dirección nos aleja de aquella casa de jengibre.

Siento el corazón latirme contra el pecho, la respiración acelerada, el dolor en mi pierna y la extraña sensación que me recorre. El saber que otro tributo ha muerto, otro inocente de estos Juegos.

Mi único consuelo es que, gracias al veneno de las manzanas, se fue sin dolor. Pero la imagen de su rostro desfigurado y sus ganas de anclarse a la vida quedan grabadas con fuego en mi mente. El tributo del Once va a quedarse ahí, recordándome lo injusta que es la vida y como no pudo sobreponerse al destino. Y sé que nunca se irá, no sólo por el dolor que siento físicamente y que sé son huellas de nuestra lucha, sino porque él era una de esas personas que no merecía estar aquí y merece ser recordado.

Trastabillo en un momento, el dolor en mi pierna se torna más intenso cuando me vuelvo más consciente de lo que está pasando. Consigo no caer, pero sí llamo la atención de Mana que se detiene.

La observo unos segundos antes de negar con la cabeza, sé que en este momento solo nos queda correr y alejarnos de la llama roja que nos espera para hacernos arder.

Volvemos a continuar nuestro trote apresurado, cuando, a la cercanía, logro distinguir un camino amarillo que se asoma frente nosotros.

Baldosas brillantes, que parecen resplandecer en la oscuridad que nos consume. Son una imagen irreal entre todo, pero, ciertamente, en esta Arena todo es irreal.

Nos miramos en silencio y decidimos seguir corriendo, sabiendo que este paisaje puede volverse peligroso como muchos otros o volverse una pista más fácil de seguir para los demás.

Sorteamos y nos cuidamos de no pisar las losas amarillas del suelo, pero mientras lo hacemos, oímos un fuerte cañonazo que nos sobresalta. Dejo de correr, intentando buscar el lugar de donde provino aquel disparo que resonó en el cielo.

Mana se detiene a mi lado y me mira, nos quedamos quietos unos segundos. Quizás buscando respuestas, quizás buscando un lugar seguro donde ir.

Y, cuando levanto mis ojos para mirarla, para decirle que debemos seguir, todo comienza a temblar.

Un fuerte sismo nos tira, el suelo se mueve con tanta fuerza que nos es imposible volver a levantarnos. Y es en ese momento, donde a pesar de la oscuridad, logro ver como el suelo se desmorona, como piezas de un rompecabezas, se despedaza y cae.

Intento levantarme para huir de aquello, logro moverme unos centímetros y la losa donde me encontraba se desprende del resto y comienza a caer. Estiro mis manos, intento aferrarme a la tierra que no se mueve.

No pasan ni tres segundos antes que quede colgando a la nada, solo puedo ver las estrellas sobre mi cabeza y aferrarme con fuerza de la tierra que se desgrana bajos mis dedos. Hago fuerza e intento levantar mi cuerpo, pero es muy poca la superficie de agarre que tengo para poder lograrlo.

Y, antes de darme por vencido, siento como dos manos sujetan las mías con fuerza.

—¡Adler!

Mana me agarra con fuerza, y por un momento puedo volver a respirar.

—¡Voy a intentar subirte!

Sus uñas se clavan con fuerza en la piel de mis manos, aprieto los dientes e intento levantar mi cuerpo.

La oscuridad que nos abraza, el viento que corre, la sensación de que no hay nada debajo de mí. Saber que moriré si este agarre se acaba, saber que podrían ser mis últimos minutos aquí.

Se escucha otro disparo de cañón. Estridente y fuerte, siento temblar el aire que me envuelve, siento como las manos de Mana se aprietan con fuerza sobre mis manos y luego empiezan a aflojar su agarre.

—¿Mana?

Siento como si mi grito se quedara atascado, como si el silencio consumiera todos los ruidos hasta volverlos nada. Abro mi boca, intento gritar otra vez, pero esta vez el agarre desaparece.

—¡Mana!

Le grito, le clamo, le pido. Mis manos se deslizan por la tierra, la gravedad hace lo suyo y siento como la nada se posiciona en mi estómago.

Cierro los ojos con fuerza mientras siento el vértigo de caer y no poder ver. La sensación de cómo me entrego a la oscuridad, del no poder parar y del saber que esta vez nada depende de mí.

De repente la caída se detiene, mi cuerpo se golpea con fuerza contra el suelo. El golpe me quita la respiración unos momentos, abro los ojos ante la sensación y comienzo a toser luego, recuperando todo el aire que no entró en mis pulmones por unos segundos.

Miro a mi alrededor y me maravillo, un aura roja entinta el lugar y vuelve aún más negro el cielo, aquel que tiene estrellas fijadas en su manto, tan lejos e intocable.

Reviso que mis pulmones funcionen bien, y luego de notar cómo mi cuerpo duele por el choque, pero que no tengo nada roto, decido levantarme.

Frente a mí todo sigue igual de oscuro, trozos de las losas que cayeron brillan aquí abajo, pero se conjuntan con el brillo de las flores que adornan el suelo. Todo se vuelve un resplandor amarillo y rojo, un resplandor que no es cálido ni me augura nada bueno.

Observo con cuidado el espacio donde me encuentro, parece un triángulo perdido varios pisos más abajo de donde se encuentra la Arena. El brillo me engatusa unos minutos, no puedo despegar mis ojos del piso que resplandece como si tuviera vida propia. Niego con mi cabeza, no puedo seguir perdiendo segundos de esta forma.

Mana me ha soltado y me ha dejado caer.

Tiene sentido si lo pienso mejor, de alguna u otra manera uno de los dos debía morir. Pero si soy tan sincero como debo, nunca esperé que fuera esta la forma.

Es débil de mi forma pensarlo así, es triste creer que pude llegar a confiar en alguien en este lugar, es difícil darme cuenta que cambié sin siquiera pensarlo.

Confié en ella, aunque no ciegamente, lo hice. La salvé cuando estuvo a punto de morir, nos salvé más de una vez, me dejé salvar por ella.

Pero cuando llegó el momento crucial me dejó caer, sin decir nada, sin mirarme, sin nada. Solo me soltó y me dejó caer, a mi suerte, y quizás pensando lo mismo que yo, que iba a morir en la caída.

¿Hubiera sido más cruel otro tipo de muerte?

¿Pesará en su mente?

Aprieto con fuerza los puños. Tengo suerte de estar vivo en este momento y de poder salvarme.

Me alejo caminando con cuidado del punto donde estoy hasta llegar a una pared, dura y áspera. Paso una de mis manos sobre ella, tocando su material y luego golpeó, pero suena tan sólida como se ve. Intentó moverla, pongo mis manos sobre ella y haciendo uso de todo mi porte y fuerza, la empujo lejos de mí. Pero, no se mueve ni un mísero centímetro y me deja en la misma situación donde me encontraba en un principio.

Perdido.

Miro al cielo buscando alguna forma de poder subir, mi mente se niega a morir en este lugar.

Pero mientras intento buscar aquella forma de salir, me demoro en darme cuenta que la pared que había intentado empujar lejos de mí, se acerca hacia mí. Me quedo observándola unos segundos, mientras mi mente no termina de unir los cables de lo que está por pasar.

Voy a morir si no salgo de aquí.

Me alejó rápidamente hacia la otra dirección, buscando alguna forma de subir por la otra pared, pero me encuentro con la situación de que aquella pared también se encuentra moviéndose en mi dirección.

Es como una caja que va a cerrarse, y yo estoy en medio de ella.

Corro en la otra dirección, intentando encontrar alguna forma de salir por las paredes laterales. Pero, así como temía son lisas y duras, imposibles de moldear, imposibles de alejar.

Las paredes se acercan, y puedo verlas dolorosamente cerca cada segundo que pasa. Niego con la cabeza ante la idea de morir en este lugar y de esta forma.

Entierro mis uñas con fuerza en una de las paredes e intento escalarla, siento como mis manos se deslizan cada vez que lo intento, pero eso no me frena, puedo ver cómo las paredes se acercan y el tiempo se me acaba. Clavo con fuerza una vez más las uñas, preparó mi cuerpo para poder subir y me impulso con toda la fuerza que me permiten mis piernas.

Solo consigo caerme. Siento un dolor agudo en mis manos y noto que me he arrancado tres uñas de la mano izquierda, la carne al rojo vivo y la sangre que se arremolina para intentar salir. Lanzo una maldición con fuerza, y decido volver a intentarlo.

Pasan segundos, quizás minutos. Las frías paredes pueden rozar mi cuerpo si así lo quisiera, intento volver a impulsarme, pero no consigo nada más que dejar una hilera de sangre en la muralla frente a mí.

Las paredes están tan cerca, y el resplandor del piso me ciega. Me aprieto contra la muralla que tiene mi sangre en ella, mi respiración se vuelve totalmente errática y cierro los ojos con fuerza.

Este va a ser mi final.

Voy a morir aquí.

Abro los ojos sobresaltado, llevo mi mano hasta mi pecho y aprieto con fuerza mi traje.

Estoy vivo.

Miro a mi rededor y me encuentro en medio de la oscuridad, en el bosque, una vez más. El dolor de mis manos ha desaparecido y el de mi cuerpo luego de la caída, también. Como si nada hubiera ocurrido.

Me tomo unos segundos antes de poder reaccionar, de poder moverme y levantarme.

Si aquello fue una ilusión hay algo que no ha cambiado, y es que estoy solo. Quizás caí por aquella ladera, y fue la inconsciencia la que me trajo aquellas imágenes, aquel resplandor del suelo que ya no existe, aquellas paredes que se mueven, aquel último respiro que sentí tan real.

Tomo aire varias veces antes de decidir hacer algo, intentando calmar mi cuerpo y poder volver a pensar con claridad.

Es entonces cuando un grito se escucha entre la oscuridad, un sonido desgarrador cargado de miedo y desesperación.

Un grito de una persona que conozco.

Un grito de Mana.

Mi cuerpo automáticamente se tensa para levantarse, pero antes de hacerlo, mi mente recrea las últimas imágenes. El mismo momento donde soltó mis manos y caí al vacío. La desesperación y la resignación que sentí luego de verme sin salida. Y el miedo a la muerte que jamás sentí antes.

Me quedo unos segundos sin poder moverme, sin poder pensar en algo más que la bruma de sensaciones que tenía encima.

Pero estoy vivo, y quizás aquello fue una simple ilusión.

Me termino de levantar, mis piernas tiemblan por el cansancio y el dolor de mi pantorrilla me saluda, como si antes no hubiera estado ahí. Me quedo en suspensión esperando algo, un indicio para saber dónde ir.

Y como si lo hubiera pedido en voz alta, puedo escuchar otro grito, pero mucho más despacio que el anterior, como si quisiera simplemente guiarme.

Comienzo a correr, otra carrera ciega para poder llegar a algún punto el cual desconozco. Mantengo un paso rápido y firme, lo que más me permita el dolor de mi pierna y la oscuridad que me rodea.

Y es cuando voy moviéndome, que veo un resplandor que llama mi atención. Detengo mi andar y a lo lejos puedo ver una silueta.

Me quedo en mi posición y puedo ver cómo, sea quien sea que este ahí, tampoco se mueve. Me quedo unos segundos haciendo un conteo mental de qué tributos quedan vivos mientras acerco mi mano de uno de los Kunais me cuelgan de mi cintura.

Si mi mente no me falla solo quedan Mana, la chica del Cuatro y el compañero de distrito de Mana….

Mazer.

Se mueve y otra vez un resplandor llama mi atención, y esta vez lo reconozco. Son sus anteojos los que brillan bajo la luz de las estrellas, parece estar en la misma posición que yo, intentando reconocer a la persona que tiene de frente.

Aprieto con fuerza el arma con mi mano derecha y me decido a moverme. Lo estuve mirando y con Mana lo hablamos alguna vez, sé que no es un tributo de ataque frontal y que no posee mucha fuerza, pero que desde lejos puede ser muy peligroso con sus artimañas y explosiones.

Contengo aire en mis pulmones y comienzo a moverme a toda velocidad para encontrarlo, él empieza a correr al verme moverme. Y sin darme cuenta, comienzo a perseguirlo por el oscuro bosque, que nos nubla la vista y nos deja a nuestra suerte.

Puedo oír el sonido que hacen sus botas con cada pisada, y haciendo uso de mi tamaño, comienzo a acelerar para poder llegar más rápido hasta él. Voy tan ensimismado en mi carrera que me sobresalto cuando lo veo detenerse y empezar a buscar algo en su mochila.

Antes de que logre hacerlo, acelero y me acerco a toda velocidad a él, cuando estoy cerca logro asestarle un puñetazo con toda mi fuerza en el rostro, da unos pasos hacia atrás y me mira, frunciendo el ceño. Antes de que pueda hacer algo, intento golpearlo otra vez, pero esta vez logra esquivarme y me golpea con una de sus piernas en el estómago.

Jadeo antes de poder recomponerme y volver a atacarlo, me lanzo con fuerza sobre su cuerpo y nos logro tirar a ambos al suelo. Caigo sobre él y haciendo uso de mi Kunai, intento cortarle el rostro, pero él me bloquea usando sus dos brazos y comienza a mover sus piernas a toda velocidad bajo mi cuerpo, intentando desestabilizarme.

En algún momento de desesperación, siento cómo escupe y su saliva llega a mi cara, nublándome la vista y asqueándome. Lo suelto para poder limpiar mis ojos, y en ese momento me empuja con fuerza y me hace caer hacia un lado. Se levanta a toda velocidad, antes de que yo pueda seguirle el paso, y me patea en la espalda justo en el comienzo, haciéndome caer.

Comienza a correr y alejarse de mí, mientras busca algo en su mochila. Me levanto trastabillando y decido ir tras él, no puedo dejar que saque uno de sus productos de su mochila, sé que eso significaría que se volvería mucho más peligroso.

Y de repente lo recuerdo, aún me queda un tubo de explosivo proveniente de ese maletín que nos enviaron Jianna y Lectro.

Agarro mi mochila con rapidez y saco el tubo que se encuentra resguardado en el interior, sé que es peligroso y que no debería tenerlo, así como así, pero luego de que Mana casi muriera, decidimos separar las cosas en cada mochila para evitar perder todo si uno se va.

Agarro con fuerza el tubo y vuelvo a ponerme a la carga, esta vez con el Kunai en la mano derecha y él frasco con el explosivo en la izquierda.

Lo veo alejarse otra vez, comenzar a correr manteniendo una distancia segura conmigo, intentando alejarse lo más pronto de mí. Le miro desde atrás, y haciendo gala de toda la fuerza que tienen mis piernas corro lo más rápido que puedo, sé que si lo alcanzo podría ir mucho más que lejos que él.

Y sé que aquel objeto que tiene entre sus manos, por la manera en que lo aprieta contra sí, puede ser muy peligroso.

En un arranque de adrenalina, acelero el paso y comienzo a acercarme hasta donde se encuentra, se mueve a toda la velocidad que parece permitirle su cuerpo, mientras intenta sacar otro producto desde su mochila.

Destapo el explosivo con cuidado, y cuando siento que puedo alcanzarlo, lanzo parte del contenido lejos de mí y en su dirección.

La reacción es casi instantánea en el momento que el líquido toca el suelo. Una enorme explosión se lleva a cabo y me lanza con fuerza por la misma dirección en la que venía. La potencia de esta me lanza varios metros lejos antes de que mi cuerpo choque contra el suelo.

Ahogo la respiración al sentir el dolor de mi cuerpo y el olor a quemado que proviene de mis ropas, intento abrir mis ojos, todo se ve algo borroso, pero, aun así, puedo distinguir cómo una segunda explosión tiene lugar frente a mí. Mucho más grande, más fuerte, más luminosa y más peligrosa.

No puedo moverme producto del dolor y el golpe recibido, pero a lo lejos, no veo más que lenguas de fuego que abrazan el bosque donde nos encontramos y el humo que se eleva hacia las estrellas que nos miran desde el cielo.

En algún minuto, cierro los ojos y puedo escuchar el sonido de un cañón.

Y en mi mente solo se forma una pregunta.

¿Estaré muerto yo?


Mana Prescott, 17 años. Distrito 5


Mis pies se mueven más por costumbre que por otra cosa, sé que debo seguir avanzando, pero no estoy segura de a dónde me dirijo; ni siquiera sé hace cuánto que camino, pero por el malestar en mis pantorrillas ha de ser bastante, ni en qué momento acabe en el bosque de los árboles muertos.

La noche sigue cerniéndose en la Arena, mas no es la oscuridad lo que me molesta sino el brillo increíblemente intenso de la luna, es tanto que no puedo elevar mi mirada y mantengo la cabeza agachada tratando de enfocar mis ojos en mis pies y no en los miles de amapolas que recubren todo el bosque. Seguramente sería un espectáculo hermoso de apreciar de no ser por el dolor que me genera hacerlo y es que el potente destello carmesí que desprenden las flores llegan a provocarme lágrimas si intento observarlas más de la cuenta.

Las amapolas recubren todo el suelo, es como caminar sobre un gran lago rojo, o eso es lo que mi vista algo nublada aprecia, un río de sangre. He notado que también suben por los troncos secos formando patrones que me gustaría poder apreciar con detenimiento, pero no soy capaz de hacerlo por demasiado tiempo sin sentir el malestar en mis ojos.

Estoy sola y mis pasos son lentos e inestables, tanto que cualquiera que lograra divisarme podría alcanzarme sin dificultad. Puedo sentir cómo el traje empieza a humedecerse producto del sudor que mi cuerpo desprende constantemente, a eso se le suman las náuseas que de a poco van queriendo provocar arcadas en mi garganta.

Esto no es normal, lo sé, tampoco puede ser producto de una infección, los síntomas son demasiado intensos y evolucionan increíblemente rápido. Esto es otra cosa, estoy segura. Intento enfocar mi mente en los sucesos previos, tratando de recordar qué pudo haberme provocado este estado, pero la presión en mi tórax me lo impide. Mis ojos se abren abruptamente y mis manos se ciernen sobre mi estómago en lo que mi cuerpo se dobla y cae de rodillas producto de la fuerza de la arcada, al lado de uno de los tantos troncos, y empiezo a expulsar lo poco que pude haber ingerido desde que ingresé a la Arena.

La sensación es ácida y mi garganta quema. Cuando por fin se acaba respiro con dificultad, una mano sobre la tierra con mis uñas enterrándose en esta y la otra sobre mi abdomen. Mi húmedo cabello, en mechones desiguales y desparejos cae solo por el lado derecho de mi hombro, aunque la mayoría se encuentra pegado a mi rostro debido al sudor. El asqueroso sabor queda pegado en mis papilas y el olor que desprende el charco amarillo frente a mí es tan vehemente que me alejo lo más rápido que puedo intentando contener las nuevas ganas de vomitar.

Recargo mi espalda en un árbol cercano mientras cierro mis parpados tratando de calmar mi respiración desigual. Duele, mi cuerpo, mi cabeza y no va detenerse. Deseo llorar, pero lo último que quiero es que mi padre vea un primer plano de mis lágrimas y dolor así que intento resistir. Muerdo mis mejillas mientras mi mano derecha se dirige con rapidez a mi codo izquierdo, apretando y clavando mis restos de uñas en él, intentado así enfocar mi dolor en un punto más específico y manejable. Entonces, mientras pequeñas gotas de sangre recorren mi antebrazo, lo recuerdo. Justo en ese lugar fue donde "eso" me picó.

No estoy segura de qué era, parecía alguna clase de colibrí, demasiado pequeño, demasiado veloz. Desprendía destellos azules pero sus alas tornasoladas cambiaban de color según el ángulo. Bonito sería la palabra que usaría para describirlo, sin duda, pero esta Arena me ha enseñado ya a no confiar en cosas bonitas y el malestar que recorre mi cuerpo es una clara prueba de ello.

Doblo mis rodillas contra mi estómago y coloco mis codos en ellas para terminar doblando mi espalda y apoyar mi cabeza en mis manos. Mis ojos continúan cerrados mientras masajeo mis sienes con fuerza. Veneno es la palabra que viene inmediatamente a mi cabeza. La pregunta es si será mortal o no, aunque la vulnerabilidad del estado en el que estoy es casi lo mismo a que lo fuera.

Con pereza estiro una de mis piernas y ahí al lado de mi muslo se alza completamente abierta y brillante una amapola a la que no he logrado aplastar con mi cuerpo. La tomo entre mis dedos, curiosa, para terminar cortándola. A medida que la acerco mis ojos empiezan a lagrimear debido al intenso brillo que desprende. O que al menos percibo que desprende, es claro que mis sentidos, aunque atontados se encuentran amplificados. Razón por la cual quiero golpearme cuando recién soy capaz de apreciarlo con claridad, el olor embriagador que desprende esta y todas las amapolas que me rodean y que es el que me ha estado acompañando quién sabe hacen cuánto.

Hago bailar, con pereza, la flor en mi mano. Es completamente igual a la del vagón, a aquella que pasó de ser un pequeño botón a abrirse por completo en cuestión de segundos. Aquella que solo logré apreciar un instante antes de caer dormida. Entonces lo noto, siempre que caí dormida había amapolas presentes. Sin embargo, ahora no estoy dormida, ni siquiera estoy cerca de estarlo. Es más, quisiera poder dormir y mitigar así el malestar que no hace más que crecer en mi cuerpo. ¿Será qué…? Una risa sarcástica brota de mis labios y, si a alguno de los espectadores no le bastó con que seguramente tenga una apariencia de desquiciada, ahora seguro pensarán que lo estoy, pero es que a pesar del dolor mi mente está más clara que nunca, es que la crueldad de la que es capaz este lugar es sorprendente. Buscando reducirnos por todos los medios.

Si es tal como pienso, las amapolas han de desprender alguna especie de espora que induce el sueño, quizás una droga, y que nos provoca miedo por tanto las pesadillas que sufrí en el vagón serían lógicas, una reacción completamente psicológica. En cambio, el brillante bichito es capaz de inocular alguna especie de veneno, que causa el estado en el que me encuentro ahora. Completamente sintomático y palpable, real. No sería tan descabellado pensar entonces que si las amapolas no me han llevado a dormir aún es que lo que sea que inyectó en mí aquella criatura es capaz de neutralizar a las amapolas. Entonces, quizás, el efecto sea el mismo a la inversa. No sé si esto me servirá de algo, lo que sé es que debo seguir avanzando.

Respiro profundamente y con la dificultad que el mareo provoca consigo levantarme y empezar a andar nuevamente. A medida que avanza necesito, a veces, apoyarme en los troncos para no caer producto del mareo y la debilidad de mis músculos. Cuando apenas he avanzado unos cuantos metros lo siento, chasquidos, murmullos sin ninguna dirección especifica. Acelero el paso con dificultad, pero eso no evita que los sienta cada vez más cerca. Volteo mi cabeza hacia todas las direcciones y las veo, apenas siluetas que no consigo distinguir moviéndose entre medio de los árboles del bosque. Miedo, tengo mucho miedo, no quiero que me alcancen así que empiezo, como puedo, a correr.

Puedo sentirlas detrás de mí mientras el sudor que desprende mi cuerpo se incrementa. Con la poca fuerza que soy capaz me impulso en los troncos cercanos acelerando mis pasos. La adrenalina se ha llevado el cansancio, pero no así el mareo por lo que mis pasos siguen siendo irregulares. Algo toma mi tobillo y sin remedio termino tropezando golpeando mi quijada y raspando mis manos y rodillas. Con rapidez me levanto sin dejar de mover mi cabeza queriendo enfocar las difusas siluetas, pero con horror noto que los árboles han empezado a moverse y que aquello que me sujeto fue una de sus ramas. Intento gritar, pero mi garganta no es capaz de emitir sonido alguno.

Corro lo más rápido que puedo, intentado encontrar una salida o lo que sea que me sirva para escapar de este lugar. Siento como las ramas rozan mi cuerpo intentando sujetarme mientras muevo con desenfreno mis brazos, manos y piernas intentando apartándolas. Cada vez respiro con mayor dificultad, mis flancos arden cada vez que doy un paso, las punzadas en las plantas de mis pies solo incrementan, pero no me detengo. Sin embargo, mi esfuerzo es completamente inútil cuando dos gruesas ramas logran rodearme, atrayéndome hacia ellas, pegando mi cuerpo a un tronco y, a pesar de mis intentos de escapar, me levanta completamente del suelo y, aunque gasto la poca energía que me queda en patalear y golpear lo que sea que se encuentre detrás de mí, quedo completamente atrapada contra el árbol.

Puedo sentir cómo la presión que las ramas ejercen en mí es cada vez mayor, poco a poco mis pulmones van siendo privados de oxígeno debido a la presión y mis huesos empiezan a doler. Mis ojos empiezan a cerrarse producto del dolor mientras gritos agónicos se escapan de mi boca, así como finas lágrimas caen por mis mejillas. Poco a poco mi vista se desenfoca y un fuerte chasquido anuncia la completa oscuridad.


Cherise Rainbow, 19 años. Diseñadora de la Arena


Los focos se encienden de golpe. El público para de cuchichear. Arah y yo, desde el palco, tenemos una vista muy buena del escenario. Rowan está sentado en una postura elegante pero relajada, ligeramente inclinado hacia el sillón que Venus acaba de ocupar.

Saco mi tableta, Arah me dedica una mirada de reojo y veo el gesto de aprobación cuando se da cuenta de que, al contrario de lo habitual, no voy a empezar a garabatear algo, sino que estoy revisando que no haya ningún aviso de la Sala de Control.

Le guiño un ojo.

—Está todo en orden.

—Lo sé, lo he comprobado hace un minuto —me responde, riendo un poco.

Su atención no tarda en desviarse hacia Rowan otra vez. La veo suspirar. Abro la boca para preguntar, pero justo una sintonía me interrumpe y comienza la entrevista. Venus, con su soltura habitual, resume los últimos acontecimientos de los Juegos, presenta a Rowan y también nos nombra a Arah y a mí. Cuando las cámaras nos enfocan sonrío y saludo, papá me ha mandado un mensaje hace un rato diciendo que vería la entrevista.

—Bueno, en vez de guardarlo para el final, quiero abrir nuestra charla con una gran exclusiva, ¿qué os parece? —pregunta Venus con picardía, el público parece de acuerdo—. Nuestra presidenta me ha dicho algo muy interesante… Quiere que el equipo de Vigilantes, del cual Rowan está al mando, repita en los Juegos del año que viene.

Se oye una ovación. Yo sonrío, mi cabeza ya está trabajando en nuevos diseños.

—No ha sido una sorpresa, pero desde luego es satisfactorio que nos lo haya pedido. —Arah hace un extraño sonidito quizá de sorpresa, creo que porque Rowan, por una vez, ha hablado en plural.

—¿Haréis cambios en el equipo?

—Ya empezamos a hacer cambios. No nos anclamos a los elegidos inicialmente. Si no ayudan, que no estorben. Yo solo tengo junto a mí a los mejores. —A esto último le acompaña la sonrisa carismática de Rowan.

—Nos conocemos ya, a estas alturas, tanto tú como Panem sabéis que no soy de hacer concesiones, pero he de reconocer algo. —Venus se remoja los labios, después arquea una ceja—. Antes de que los Juegos empezaran le ofrecí a Rowan apostar, porque estaba muy confiado en que le pedirían que continuara como Vigilante Jefe y yo no lo veía nada claro. No me permitió hacer la apuesta.

—Es antideportivo cuando sabes de antemano qué pasará.

—Está claro que has dirigido unos Juegos llenos de sorpresas. Hablaremos de eso en un momento. Pero, primero, cuéntanos un poco lo que hay tras este trabajo que parece tan glamuroso. Estoy segura de que ha habido días en los que ni habéis dormido…

Vuelvo a captar algo en Arah. Intento relacionar su reacción, porque parece preocupada, con lo que se ha hablado, pero no consigo hacer la conexión. No despega los ojos de Rowan.

—¿Estás bien? —pregunto.

—Sí, claro…

—¿Está todo bien entre Row y tú? No le digas que le he llamado así, me estoy esforzando en hacerlo siempre a sus espaldas. —Se ríe un poco y eso me hace sonreír. Le aprieto la mano, para darle confianza.

—No te preocupes, Cherise. Estoy bien. Lo estamos. Creo que a partir de ahora resolveremos los problemas juntos, y es un gran paso.

Lo entiendo del todo ahora, eso que no conseguía interpretar. Está preocupada, pero también feliz.

Sus palabras me recuerdan a las conclusiones a las que he llegado últimamente. El amor no es algo idílico, está lleno de baches. El amor es ser vulnerable, concederle a alguien el poder de hacerte daño, pero que el riesgo merezca la pena.

—Me alegro mucho, de verdad —digo, de corazón—. Creo que estáis predestinados. Como creados el uno para el otro.

Arah niega con la cabeza, volviendo a reírse, pero sé que agradece mis palabras porque me da unas palmaditas en el antebrazo.

Me dedico a juguetear con los adornos que me he puesto en el pelo hoy, unas pequeñas cadenas con perlas. Aún a veces al mirarme al espejo me sorprendo al encontrarme con el nuevo color, pero eso me gusta. Darme sorpresas a mí misma.

—… los Juegos han ido rápido desde el Banquete —comenta Venus.

—Es importante mantener un buen ritmo —dice Rowan—. ¿Qué gracia tendría ver durante días a tributos vagando por ahí? ¿O ver cómo van muriendo de hambre?

—Sí, está claro que ha estado todo plagado de sorpresas, la mayoría a manos vuestras. Habéis jugado en la Arena a vuestro antojo…

—Hay tributos que también han hecho cosas poco habituales. Y en general no me refiero a esto como algo positivo.

—Uy, hay bastantes patrocinadores descontentos, es cierto.

—Tendrán que tener mejor ojo el año que viene. Para sobrevivir más tiempo en mis Juegos… —Arah chasquea la lengua, otra vez ha hablado en singular. Rowan parece, de alguna manera, predecir esa reacción, porque pone ese gesto de cuando está intentando molestarla aposta— no hace falta solo músculo. Hay muchas más cosas.

Estoy muy de acuerdo con él. Nunca se sabe de qué son capaces las personas hasta que no están puestos en extremos, no se puede predecir quién perderá la cabeza o quién sacará coraje de donde no queda.

Eso es lo más impactante de los Juegos. Que esta historia que hemos creado ha avanzado y crecido por sí misma.

Cuando la entrevista termina, Arah y yo esperamos a Rowan antes de volver a la Sala de Control. Él nos saluda levantando las cejas, sé que es una pregunta.

—Me gusta cómo has hablado —digo, mientras empezamos a caminar.

—Parece que tus Juegos han convencido a Venus. —El tono de Arah es más divertido que molesto, pero hay de las dos cosas.

—Espero que hagáis un buen trabajo en mis próximos Juegos, no me gustaría tener que despediros —comenta Rowan, burlón.

—Lo bueno es que eso significa que sí hemos hecho un buen trabajo en estos. Si no ya nos habrías despedido. —Él me da la razón con un gesto—. Por cierto, mi hermano tiene entradas para una obra expresionista de teatro alternativo la semana que viene. ¿Os apetece venir?

—¿Cuántas entradas tiene? —me pregunta Arah—. Podríamos decirles también a BB, Chase… Bueno, a él no lo conoces, pero te caerá bien.

—¡Claro! Lysander me dijo que puede conseguir las entradas que sea, es amigo de la directora.

—Voy a tener que preguntar qué quiere decir obra expresionista alternativa. —Me encojo de hombros en respuesta a Rowan.

—Tendrás que venir para averiguarlo.

Él me mira un momento, antes de asentir con un amago de sonrisa.

No tardamos en ocupar nuestros puestos en la Sala de Control. Blair me guiña un ojo antes de regalarme un precioso plano aéreo de la Arena.

Es impresionante.

Las amapolas han ido conquistando todo, el rojo de sus pétalos salpica todo el suelo, todos los árboles, todas las construcciones e incluso nada en el lago. Junto a ese color tan vivo, hay resplandores tornasolados. Las bandadas de buzzlers van de aquí a allá, volando como si les alegrara ser libres, aunque no lo sean realmente.

Hay algo más que destaca en la Arena. Las luciérnagas que alumbran la muerte.

¿Qué puede ser más bonito que una luz que sustituye una vida?

—Bueno, parece que ya ha llegado el final —comenta Laertes, con cierta nostalgia.

—No todavía —le contradice Blair.

—Aún queda mucho que hacer —digo yo, pulsando algunos comandos y haciendo que los distintos aromas de la Arena atraigan a los buzzlers a donde deben.

En un nuevo plano aéreo, se pueden ver las extrañas sombras que forman las bandadas de buzzlers. Parecen formar la silueta de alguna clase de bestia, acechante, ávida de tragar los colores y la luz.

Las amapolas parecen más rojas aún alrededor del destrozado cadáver de Mazer. Quizá, por la luz que despiden las luciérnagas. O tal vez por toda la sangre ajena que ha sido derramada por sus manos explosivas. Una noche soñé que él hacía estallar el campo de fuerza que rodea la Arena, y algunos de ellos escapaban.

Hubiera sido un interesante giro en la historia.

Emiten una pequeña repetición de los últimos acontecimientos. Vemos a Adler y a Mana separándose, a él cayendo dormido sin previo aviso, a ella con los sentidos alterados por la picadura de los buzzlers pero con la cabeza limpia de pesadillas. Hasta que una real comienza. Los árboles cobran vida, tal vez porque están deseosos de compañía, porque no pueden alcanzarse unos a otros y nunca han sentido la calidez de un abrazo. Crujen, sufriendo, por poder alcanzarla. Y al final uno de ellos lo consiguió.

Entre sus poderosas ramas, Mana no puede hacer nada. Se funde con el árbol. En un abrazo que hace chasquear huesos y corteza.

Los gritos de Mana los escucha Adler. También escucha su silencio cuando el abrazo hace que sufra tanto dolor que pierde el control de su cuerpo, ese al que le queda un hilo de vida todavía, y que el árbol parece querer para él mismo.

Rowan, a mi lado, echa un vistazo a sus constantes vitales.

—Que los árboles vuelvan a dormir —dice, y Arah se encarga de ello.

Este pedazo de noche eterna de los Juegos ha estado plagado de sueños. Diría de pesadillas, pero, tal vez, algunos de poder elegir preferirían que la cosa hubiera terminado de verdad ahí. Solo hay que ver el aspecto de Adler, lo confundido que está, para entenderlo.

Es agotador pelear contra uno mismo, contra nuestra cabeza, y distinguir lo que es real de lo que no, aferrarse a lo terrenal. Lo entiendo perfectamente.

El cuerpo de Bounder yace en una cama roja, de un color que se funde con su pelo y hace que, por un momento, parezca que su cabello es lo que cubre cada rincón de la Arena. La diferencia entre esta escena y la del cadáver de Mazer, es que no hay luciérnagas.

Bounder se sacude en sueños. Las amapolas que hay a su alrededor dejan por fin de soltar su perfume. Apenas consiguió salir de la casa de jengibre antes de caer en su influjo. Me encantaría estar dentro de su cabeza para ver qué cosas es capaz de crear su subconsciente.

La gran final se acerca. Y siento que ninguno de nuestros tres tributos llegará cuerdo.

Si pudieran elegir, ¿preferirían salud mental o física? Siento que, fuera cual fuera la elección, sería la errónea. Tanto Bounder como Adler tienen cuerpo sano, Mana tiene la cabeza limpia. ¿Qué elegiría yo? Es difícil saberlo.

Miro a Rowan y a Arah. Ellos ya me están mirando, satisfechos por cómo nuestra historia se ha desarrollado. Sonrío.

—Es hora del acto final.


Esto ya huele a final. ¿Quién quedará en pie?

Preguntas:

1. POV favorito.

2. ¿Cuáles han sido tus reacciones a lo largo del capítulo?

3. ¿Quién crees que ganará?

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La dinámica de los reviews se mantiene: la idea es dejar comentarios personalizados en forma de feedback para quienes escriben. El respeto y la tolerancia serán más importantes que nunca porque ahora se pone más dura la cosa en cuanto a muertes y ya en cualquier momento puede caer cualquiera.

Manejemos el tema con madurez.

El seguimiento sigue siendo muy importante. Los personajes al día en este momento son: Adler, Bounder y Mana.

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La supervisión y a quiénes les toca capítulo, además de a Arah, se dirán por privado, que sé que hay quienes vienen aquí a spoilearse y no puede ser, ¡leed primero! Y cuando hayáis leído, avisadnos. (Hikari con su campaña de #NoALosSpoilers).

Los parámetros de escritura son de 1500 a 2000 palabras como máximo. Si alguien se pasa de su máximo y su moderadora debe recortar, su tributo será penalizado ya sea con puntos o con heridas adicionales. ¡RESPETEN LOS LÍMITES!

Por favor recuerden ponerse en contacto con moderación para enterarse si les toca narrar en POV y qué debe tratar, de ser posible, hoy mismo. Su máxima fecha de entrega será el día sábado 13 de mayo, de manera que el capítulo nuevo será publicado el sábado 20 de mayo. Les recordamos que ese POV que se entrega ese día ya debe ir con la bendición de su moderadora a cargo, por lo que a más tardar debe entregarse el viernes al correo personal de esta.

Si llegan a entregar el sábado y el POV no ha tenido revisiones previas, se penalizará del mismo modo en que se penaliza a quienes no entregan a tiempo.

Para cualquier duda, o inquietud, recuerden que estamos a su disposición.

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¡Gracias por leer! Saludos E, Cora y Hikari.