Capítulo 29
Maldición, no podía creer lo que estaba viendo, Grimmjow había tenido la maldita razón cuando me dijo que me iba a gustar esta misión. Acababa de descubrir algo por accidente pero que era más grande que todo lo que yo había vivido, Grimmjow iba a pegar el grito en el cielo cuando se enterara. La adrenalina estaba recorriendo por mi sistema, realmente consideraba emocionante el hacer esto, tal vez era mi propia naturaleza surgiendo de mi interior.
Volví a darle un vistazo a la escena, en medio de la habitación se encontraba uno de los dos hombres presente exponiendo su propuesta mientras el otro escuchaba, podía detectar el olor distintivo del hombre que hablaba, era un shifter jaguar. Y por lo que había escuchado, él era el líder de aquella manada, pero lo que realmente me tenía curiosa era el hombre con quien estaba reunido. Por el olor azufre, sabía que el pertenecía a nuestro mundo, él era un demonio y muy antiguo, su rostro me parecía vagamente familiar, pero no lograba asociar la razón.
Había observado lo suficiente, no quería que detectaran mi presencia, así que volví a sumergirme en las sombras y aparecí en la parte baja de ese club. Me senté un momento en la barra y pedí una bebida mientras asimilaba lo que había escuchado. Los jaguares querían tomar el control de los bosques de Karakura para luego hacerse con la ciudad, y no estaban solos. Él estaba solicitándole ayuda aquel misterioso hombre, y por el brillo en sus ojos, su propuesta estaba llamándole la atención.
Observé mí alrededor, estaba en el mundo donde crecí, en la brecha de Soul Society, Dangai, la ciudad de los demonios. El bar donde me encontraba, Hueco Mundo era muy parecido a Las Noches, la gran variedad de seres que frecuentaban el lugar era increíble, lo único diferente es que aquí se buscaban diversiones más oscuras: sexo rudo, violencia, sangre y dolor.
Tomé un largo trago de mi bebida, debía moverme rápido para llegar a Grimmjow, probablemente allá era de día, por lo que tenía que resistir unas horas viva antes de poder ingresar a su mundo. Dejé mi bebida cuando detecté por el rabillo del ojo un movimiento extraño, dos hombres que parecían ser montañas se acercaban en mi dirección, los había visto apostados en la puerta de aquella oficina donde se llevaba a cabo la reunión. Maldición, probablemente notaron mi esencia y me estaban buscando, debía escapar lo mas rápido posible.
Caminé de manera disimulada entre las personas, rozando a cada una de ellas para que mi olor se confundiera, logré llegar más pronto de lo que pensé a la puerta y salí de aquel local. El frio me asaltó, esa era una de las razones por la que detestaba esta ciudad, aquí no había calidez, solo frialdad. Como siempre, la luna iluminaba la ciudad en una perpetua noche, con naturalidad recorrí aquellas calles junto a los habitantes, para un humano sería una ciudad normal pero con seres que no eran tan humanos, podías ver todo tipo de apariencia, algunas daban miedo y otras podían hasta pasar desapercibidos en el mundo humano.
Me dirigí hasta el edificio donde vivía, esperaba que Tsukishima ya hubiera regresado de su turno y estuviera en su departamento, él sabría qué medidas tomar. No logré llegar hasta el sitio cuando sentí un dolor en el costado izquierdo haciéndome caer, llevé mi mano a la zona y al palpar, esta se llenó de sangre. Asustada, busqué con la mirada la causa, a unos metros de mi estaban los dos hombres que pensé había perdido.
Uno de ellos tenía su mano levantada, él era el causante del ataque. ¡Oh Diablos! Estaba jodida, no podía con los dos al mismo tiempo, mi entrenamiento ni siquiera estaba completado. Me incorporé como pude mientras ellos avanzaban hacia mí, el que me había herido volvió a levantar la mano y en ella se formó una especie de bola de energía. Mierda, no sería capaz de soportar otro de esos golpes y todavía no sabía que hacia el segundo.
Calenté lo suficiente mis manos como para formar una bola de fuego y la lacé sin darle tiempo a que me atacaran, la bola golpeó uno de ellos y estalló liberando energía por unos cuantos metros, aproveché la distracción y me escabullí como pude por uno de los callejones. Maldición, no iba a llegar muy lejos con esta herida, estaba dejando un rastro de sangre. De repente sentí un segundo dolor aún más fuerte, esta vez en una de mis piernas, para mi horror al observarla, me encontré con algo que la estaba atravesando, parecía una especie de lanza hecha con material rocoso.
Ese debía ser el poder del segundo, con miedo dirigí mi mirada por encima de mi hombro, no podía moverme con facilidad, aquel hombre se acercaba, en sus manos se estaba formando un segundo proyectil. Volví mi mirada a la sombra en el callejón, pensé en el único lugar que conocía que podía tener sombras de día en el mundo humano y con aquel dolor infernal corrí lo más rápido que pude hacia ella, internándome a la sombra no sin antes sentir otro golpe, esta vez me rozó el brazo.
Caí al suelo con fuerza, la brisa golpeó mi rostro y el olor a bosque se apoderó de mi nariz, no podía ponerme de pie, el dolor era indescriptible, no quería ver que tan graves eran mis heridas. Dirigí mi mirada hacia arriba, las ramas de los árboles eran lo suficiente tupida para que solo unos pocos rayos de sol se adentraran, estaba en lo profundo del bosque de Karakura.
Cerré los ojos aliviada, estuve a punto de ser borrada del mapa, había sido muy tonta al pensar que no se darían cuenta de los minutos que estuve oculta en las sombras en esa oficina, uno de los hombres podía ser un shifter jaguar pero el otro era un demonio, y no cualquiera al parecer. Cuando entré al club, no había pensado que aquellos hombres apostillados en las puertas podían ser más que solo seguridad, eran hombres de él ¿Quién diablos podía ser? ¿Y por qué me parecía tan familiar?
Un ruido hizo que abriera los ojos, logré mover mi cabeza hacia un lado, un lobo me acechaba entre unos árboles unos metros más allá de donde estaba, era grande y de pelaje rojizo, aquel no era un lobo normal, por sus ojos debía ser un shifters. Oh, maldición, solo esperaba que fueran los aliados de Grimmjow porque si había caído en otro lugar, no tenía la fuerza suficiente como para luchar.
El lobo se acercó, yo apreté mis labios con fuerza para poder soportar el dolor mientras intentaba sentarme, mi ropa estaba bañada en sangre, la herida en mi pierna era grotesca y solo me daba nauseas el verla, podía sentir el ardor de mi costado y tenía miedo de palpar la zona, en mi brazo casi a la altura de mi codo tenía casi toda la piel levantada. Diablos, realmente me habían hecho daño.
—¿Quién eres? —La voz masculina me sorprendió, el lobo desapareció dejando a un hombre de grandes músculos, mirada hostil y cabello de un rojo asombroso.
—Solo alguien herido —comenté tratando de sonar natural y tranquila, no quería levantar sus alarmas. El lobo levantó el rostro y pude notar que estaba tratando de olerme sin terminar de acercarse, en otro momento donde no estuviera cansada o herida, hubiera iniciado una pelea solo por aquella acción, pero realmente apenas lograba estar consiente.
—Tú no eres humana —dijo unos segundos después, yo bufé, no iba a pelear pero tampoco podía refrenar mis comentarios mordaces, probablemente aun muriéndome sería incapaz de detenerlos.
—Que delicado, gracias por acotarlo. Tú tampoco lo eres y no lo ando señalando —El pareció ofendido por mis palabras, empezó a merodearme.
—¿Quién eres? ¿Y qué haces en nuestro bosque?
—Oh maldición, no estoy para esto. —bufé, dejándome de nuevo caer en el suelo, no podía seguir sosteniéndome, cada minuto sentía que era una tortura y de verdad sentía que no iba a ser capaz de sostener mis parpados, estaba cansada y muy adolorida—. Si me vas a ayudar bien, sino, sigue corriendo hacia allá, lobo.
—¿Que te ocurrió? —preguntó luego de pasar unos minutos observándome, cerré mis ojos, sabía que él no me haría daño, algo me lo decía, además, si el lobo me hubiera considerado enemigo, ya no estaría respirando.
—Unos malditos demonios trataron de acabar conmigo —respondí con simplicidad, tal vez hablar con él evitaría que la inconciencia me llevara.
—Hablo en serio
—Yo también
—Los demonios no existen —pronunció las palabras con seguridad.
—Se supone que los shifters no existen, ni los vampiros, ni los elf, ni nada sobrenatural, pero aquí estas tú y aquí estoy yo
—¿Qué demonios eres?
—Exactamente eso, un demonio. No estoy para darte clases, ¿vas ayudarme? —inquirí, realmente sentía que en cualquier momento iba a caer en la inconciencia.
—¿Esa es tu forma de pedirme ayuda? —No pude evitar sonreír, algo en la actitud del lobo me gustaba.
—Está bien, sigue tu camino y déjame desangrarme en paz, lobo —dije con intenciones de hacerlo sentir mal, escuché unos cuantos pasos, parecía estar indeciso.
—¡Oh maldición! —bufó y los pasos ahora se acercaban en mi dirección, sentí como me levantaba en brazos y yo por un momento me sentí mareada, había sido algo tosco y rápido, por lo que estar en el aire siendo sostenida solo por él, no me estaba ayudando.
—¡¿Qué haces?!
—Ayudándote o eso creo. Debo primero llevarte a la manada, Byakuya sabrá luego que hacer contigo —empezó a caminar y yo sentí que mi mundo empezó a dar vuelta. Para mi sorpresa, sentí la necesidad de inclinarme contra su pecho y aspirar un poco de su aroma, algo en el tranquilizó mi malestar—. El mundo se volvió loco, primero un elf ahora un demonio —murmuró, ignorando la acción que yo acaba de hacer, lo agradecí, en ese momento no estaba para discutir algo que ni entendía.
—¿Byakuya? ¿El alfa de la manada Oeste? —pregunté, recordando ese nombre.
—Ese mismo
—Maldición, me equivoque de lado —susurré.
—¿A qué te refieres?
—Mejor llévame a la frontera del este —Él se detuvo, confundido por mi pedido.
—¿Conoces a esa manada?
—No, pero Grimmjow si —Él detuvo sus pasos por mis palabras.
—¿Grimmjow?, ¿Eres aliada de él?
—Maldición, deja de preguntar y solo… llévame —volví a cerrar mis ojos, ya no era capaz de sostenerlo. Él pareció notarlo por lo que continuó su andar.
—Estamos más cerca de la manada y tú pareces que pronto vas a desmayarte, no te haremos daño
—No puedo estar segura de eso, yo no te conozco y tú no me conoces
—Pero aun así, dejas que te llevé en brazos —Si pudiera sonreír lo hubiera hecho, pero mi cansancio era más grande.
—¿Tengo… elección?
—No, pero créeme, si te creyera hostil ya estuvieras muerta —Lo sabía, no tenía que decírmelo.
—Que reconfortantes… palabras —susurré antes de que todo se volviera negro y sintiera mi cuerpo caer en un vacío.
*.*.*
Abrí mis ojos aturdida, ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado? Mi respiración se tranquilizó al darme cuenta que estaba en una habitación y mis heridas estaban vendadas, el lobo había cumplido su palabra, no me había hecho daño. Tomé la venda de mi brazo desenrollándola, ya debía haber sanado esa herida, era la menos profunda. Efectivamente, ya solo quedaba una capa rosácea, como si solo hubieran presionado mucho esa zona de mi piel.
Me senté en la cama con algo de esfuerzo, la de mi costado y pierna tardarían un poco más, observé por la ventana, aun había luz del día pero parecía estar atardeciendo, la habitación estaba medio oscura, agradecí ese gesto. La puerta se abrió y por ella entró el pelirrojo que me había ayudando, traía una bandeja con comida y pareció sorprenderse de que estuviera despierta.
—Pensé que dormirías más, tus heridas eran muy graves —comentó dejando la bandeja en la mesa y sentándose en una silla junto a la cama, me sorprendió que él hubiera permanecido en la habitación conmigo, el gesto me hizo sentir una especie de calidez en el pecho.
—Gracias por vendarlas —susurré, señalando mis heridas.
—No lo hice yo —Él se encogió de hombros—. Unohana se encargó de tus heridas, eran realmente delicadas, la de tu pierna fue la peor, le costó detener el sangrado
—¿Estoy en la manada del Oeste?
—Así es, —Se incorporó y dio unos pasos hacia la puerta—, voy a avisarle a Byakuya que despertaste, quería que les respondieras algunas preguntas
—Dile que será en vano, solo llamen a Grimmjow. Él vendrá por mí —dije de forma brusca volviéndome a acostar. Había olvidado por un minuto lo que pasó, necesitaba llegar lo más pronto posible a Grimmjow, pero no me sentía capaz de realizar un viaje por medio de las sombras, no tenía la energía necesaria.
—Está permitiendo que te quedes en su manada, es lo mínimo que podrías hacer por él —Mi comentario pareció haberlo ofendido y molestado, yo solo cerré mis ojos. Él podía agradarme pero yo no podía estar ventilando lo que oí, sin estar seguro de la lealtad de la otra persona.
—Solo llamen a Grimmjow
—Eres muy terca
—Y tú pareces no escuchar
—Maldición, eres imposible —bufó antes de salir de la habitación.
Permanecí unos minutos sola, no pude evitar pensar en ese lobo, algo me gustaba de él, podía verse todo rudo pero no parecía ser salvaje ni cruel, no me abandonó cuando pudo hacerlo. Y a pesar de mi temperamento, estaba dispuesto ayudarme. Descarté el pensamiento, repetí en mi mente la escena que había presenciado en Hueco Mundo, no quería que ningún hilo se me escapara, debía contarle bien lo que vi a Grimmjow.
Maldición, si el plan del cual habían hablado se cumplía, esta iba a ser una de las manadas más afectadas. Aquellos hombres realmente querían ver toda esta zona arder, realmente no entendía esa necesidad de poder, anarquía y violencia. Si, era cierto que yo no era un demonio completo, que era mestiza, y tal vez el tener sangre humana podía originar que fuera más empática con este lugar, pero maldición, Tuskishima era un demonio completo y no andaba destruyendo poblaciones, él solo tomaba la vitalidad de los malditos que merodeaban la tierra, no la de unos humanos ingenuos e inocente, ¿Que diversión había en eso?, este mundo se iría a la mierda si lograban cumplir ese plan
La puerta se volvió a abrir y el lobo volvió a entrar, esta vez acompañado por dos persona más, el primero era un hombre alto de mirada fría y con mucho aire de autoridad, aquel debía ser el alfa. El segundo era solo un poco más bajo que el primero, de cabellos excesivamente claros y ojos de una tonalidad que nunca había visto, parecía un azul claro muy brillante, por la posición en la que estaba debía ser el beta de aquella manda. ¡Qué bien! Ahora tenía a tres lobos peligrosos en la misma habitación.
—Que bien que te estas recuperando con mucha rapidez —comentó el que suponía era el beta.
—Dejémonos de protocolo y estupideces, necesito que llamen a Grimmjow, él vendrá por mí —dije de forma directa.
—Primero debes responder unas preguntar —La voz grave del alfa, me hizo desviar la mirada hacia él.
—Vamos a apresurar esto, soy Tatsuki, aliada de Grimmjow. Él me envió en una misión, por lo que ves, de milagro regresé con vida. Infórmele que estoy aquí, es todo lo que pido
—Muy directa, me agrada —comentó el beta, un gruñido llamó la atención de todos, yo volví a ver al pelirrojo que tenía una mirada letal en el beta, quien alzó las manos como ofrenda de paz—. Está bien, Renji. Solo era un comentario —añadió.
—¿Realmente eres lo que dices ser? —preguntó el alfa, su mirada fija en la mía, él parecía estar evaluándome.
—Si hablas de ser aliada de Grimmjow si, lo soy. Si también te refieres a lo de ser un demonio, la respuesta es la misma. Aunque bueno, con sinceridad, soy mestiza.
—Nunca había visto realmente un demonio, ni siquiera sabía que podían realmente existir, había pensado que eran mitos —dijo el beta demostrando su curiosidad.
—Ahora sé que yo si los había visto —El lobo pelirrojo llamó la atención de todos por ese comentario.
—¿Pensé que no creías que existieran? —inquirí, alzando una ceja.
—No creí que lo hacían hasta que vi lo que te sucede al exponerte al sol —No pude evitar soltar una mueca por sus palabras.
La luz del sol no nos hacía daño como a los vampiros, pero si nos debilitaban, también revelaba nuestra naturaleza, no éramos capaces de mantener un cuerpo corpóreo a la luz del sol, así que parecíamos ser casi traslucidos, casi como si fuéramos una sombra. Debió haberlo sorprendido.
—También creo que ella realmente es aliada de Grimmjow, yo la vi junto con otro demonio ayudar en el rescate que se realizó en Seireitei, ella fue quien voló el edificio, solo que en aquel momento, no sabía lo que eran —comentó.
—¿Por qué diablos no habías dicho eso antes? —preguntó el beta, yo también tenía la misma duda. El pelirrojo solo se encogió de hombros y una sonrisa algo sexy apareció en su rostro.
—Quería saber lo que ella tenía que decir
—Está bien, ella puede permanecer aquí, avísenle a Grimmjow —ordenó el alfa, retirándose de la habitación. Parecía indiferente al mundo.
—¿Siempre es así? —pregunté.
—No has visto nada —suspiró el beta mientras seguía los pasos de su líder. Yo volví mi mirada al pelirrojo, que solo me observaba.
—Entonces, si sabías quien era
—No, no lo sabía. Solo te reconocí
—Yo no recuerdo haberte visto
—Parecías muy concentrada incendiado todo a tu paso —comentó sonriendo, yo correspondí aquella sonrisa.
—Para que negártelo, amo destruir o incendiar cosas, es mi don
Su mirada se mantuvo fija en mi unos minutos, incomodándome, y al mismo tiempo haciéndome sentir de alguna forma ¿Bien?, ¿Cómo diablos era posible eso? El lobo se incorporó y sabía que estaba dispuesto a irse de la habitación.
—Come, iré por Unohana para que te revise —informó dándome la espalda, aquel hombre estaba como quería, solo llevaba unos pantalones algo roídos pero se veía condenadamente sexy. Maldición, yo y mis instintos.
—Hey, ¿Cuál es tu nombre? —pregunté antes de que saliera, él se giró a verme y sonrió. Maldito, sabía lo que provocaba.
—Renji
*.*.*
No iba a negar que tener a esos hombres frente a mí me intimidaban un poco, no solo había venido Grimmjow, junto a él estaba el príncipe, el alfa de la manada de Oeste y Tsukishima. Ver al demonio me alivió, él se acercó a mí y examinó mis heridas, para luego acariciar mi cabello con suavidad, él había sido quien todo este tiempo me había ayudado, cuidó de mi desde que era una niña asustada por ser diferente a los demás niños.
Un carraspeo se escuchó, Renji permanecía apoyado en la pared del fondo de la habitación, parecía querer pasar desapercibido pero su mirada parecía molesta, y el sonido que había salido unos segundos atrás de su garganta lo confirmaba, algo parecía estar molestándole. Byakuya se acercó, tocó su hombro, ambos se vieron y luego el pelirrojo salió de la habitación. Para mi sorpresa, aquello me hizo sentir indefensa, como si lo que me había dado seguridad todo este tiempo había sido su presencia, una extraña sensación se creó en mi pecho, nunca había experimentado algo así.
—¿Que ocurrió, Tatsuki? —La voz de Grimjow hizo que olvidara lo que acaba de experimentar, yo observé a todos en la habitación, especialmente a Byakuya, y luego a él —. Esta bien, puedes hablar, ellos son nuestros aliados también
—La misión que me pediste…
—¿Escuchaste algo? ¿Por eso estas así de herida? —preguntó.
—No lo escuché, lo vi. Estuve visitando algunos clubes del Dangai, sabes que son los mejores lugares para conseguir información. Y en uno de ellos un shifters atrajo mi atención, era un jaguar, iba solo pero por su mirada, no era la primera vez en la brecha, actuaba raro. Fue guiado por los hombres del dueño del club Hueco Mundo hasta un piso superior, ahí lo estaba esperando otro hombre…
—¿Quiénes eran ellos? —Tsukishima también parecía curioso.
—El shifter jaguar, era nada menos que el líder de la manada de jaguares, Kariya. El otro hombre, no lo sé, pero era un demonio, y no uno de bajo rango, Tsukishima —Lo observé con seguridad, él podía saber quién era—, parecía ser de los antiguos.
—¿Estas segura?
—Si…Ellos estaban planificando diversos ataques a las manadas alrededor de Karakura, el jaguar estaba ofreciéndole la ciudad de Karakura a cambio de hombres que lo ayudaran a tomar el control de las manadas a su alrededor.
—¿El aceptó? —preguntó Ulquiorra, su voz me hizo despegar mi mirada de Tsukishima para verlo.
—Sí, pero por la mirada del demonio, él está buscando algo más. Creo que solo le dará lo que quiere a Kariya porque puede ser beneficioso para él, pero algo me hace creer que el que estará detrás de todo sus movimientos será el demonio
—¿Escuchaste su nombre? —preguntó de nuevo Tsukishima.
—No
—Bien, Byakuya, es hora de que convoques a esa tregua de la que me hablaste. Todos debemos estar alerta —dijo Grimmjow, el lobo asintió.
—Ese hombre, ¿cómo era? —La pregunta del príncipe, atrajo la atención de todos.
—Alto, castaño, de apariencia joven pero su mirada es profunda, es algo perturbadora, como si tuviera miles de años de antigüedad. Se refería a el mismo como un ser supremo y el jaguar parecía tenerle mucho respeto—Un brillo distinto apareció en los ojos de Ulquiorra—. ¿Sabes quién es, príncipe?
—Debemos redoblar nuestras fuerzas. Si es quien creo que es, necesitaremos estar más alerta de lo pensado —Su tono neutro solo me hizo sentir tensión, a pesar de no expresar nada en su rostro o voz, sabia por sus palabras que no debía ser nada bueno.
—¿Quien? —preguntó Tsukishima.
—Aizen
—¡¿Aizen?! ¿Ese Aizen? —inquirió Tsukishima sorprendido, los demás no entendíamos muy bien a quien se referían.
—¿Quién es él? —preguntó Grimmjow.
—Hace unos siglos un demonio causó estragos en el mundo humano, destruyó docenas de ciudades a su paso, creó una era oscura para esta región, los demonios bajo su mando crearon caos, desidia, las ciudades que tomaban se convertían en tierras llena de desolación. La anarquía, la muerte y el dolor arroparon a esas ciudades por unas cuantas décadas —contó Tsukishima, sus palabras parecían tener un extraño eco en esa habitación, como si lo que dijera trajera consigo un mal—. Aizen fue puesto en prisión por el líder de los guerreros demonios, los que mantenían segura la brecha entre los humanos y demonios. Ellos lograron vencerlo y con la desaparición de este, su ejército también se desvaneció. Las memorias humanas fueron alteradas, transformando a la plaga de demonios en una enfermedad que había azotado con esas poblaciones.
—¿Cómo es que esta libre? —preguntó Byakuya, yo tenía una vaga idea de cuál sería esa respuesta.
—Quedamos pocos guerreros —dijo Tsukishima—. No tenemos un líder desde hace décadas, la prisión está lejos de la brecha, prácticamente abandonada, aquella tierra se volvió la tierra de nadie, él pudo haber escapado hace mucho y no nos habíamos dado cuenta
—Esto es más grande de lo que parecía —susurré.
—Si Aizen volvió, debo reunir a los guerreros. Debemos empezar a prepararnos —comentó Tsukishima, incorporándose.
—Aun no estamos seguro que sea él —comentó Grimmjow.
—Aizen es un ser peligroso, lo mejor es estar prevenido. Iré a informales al resto de los guerreros
—Tsukishima…—inicié pero él me interrumpió.
—No, tú debes recuperarte. Además, aun estas en entrenamiento
—¡Maldición! —bufé molesta, odiaba que me dejaran atrás.
—Grimmjow, te la encargo —dijo antes de desaparecer en la sombras que había en la habitación.
—Ven, alborotadora. Debemos volver a Karakura —Grimmjow parecía inquieto, y entendía la razón. No conocía a Aizen, pero sabía que si a Tsukishima y al príncipe les parecía peligroso, era porque aquel ser lo era realmente.
—Espero que no estés pensando en llevarme en tu lomo —dije, tratando de aligerar el ambiente, él soltó una carcajada.
—Ese es el plan
—Ni loca, creo tengo la fuerza suficiente para llevarnos a través de la sombras —Él bufó, inconforme con mi idea.
—Odio viajar por ese medio
—Te jodiste, yo estoy herida y no voy a dejar que me lleves mientras corres en tu forma natural —Él susurró algo como "cuando te conviene eres delicada", yo lo ignoré y fijé mi atención en el alfa esta manada que aún se encontraba en la habitación, pensativo probablemente por lo que había escuchado.
—Disculpa, puedes darle las gracias de mi parte al pelirrojo —Su mirada estuvo en mi por unos segundos antes de responder
—No estará feliz —fue una simple frase, pero yo entendí a que se refería.
Yo no llevaba más que unas horas de conocerlo, pero algo me empujaba hacia el pelirrojo, algo me hacía sentir bien estado con él, yo no soy de pensar mucho las cosas. Sabía que pronto volvería a merodear por esta manada por culpa de él, en mi interior sabía que volvería a verlo y tal vez con mucha frecuencia.
—Él sabe dónde estoy, que me busque si quiere quejarse —Él asintió y se retiró de la habitación.
—¿Que fue eso? —preguntó Grimmjow mientras me ayudaba a incorporarme, el dolor en la pierna aún era algo intenso, pero logré ponerme de en pie.
—No lo sé, pero simplemente no digas nada. ¿Viene con nosotros, príncipe? —pregunté a Ulquiorra, pero este simplemente desapareció de la habitación—. Me lo imagine, vamos Grimmjow —dirigí una última mirada a la puerta, antes de internarme con él en las sombras.
¡Gracias por leer!
¿Que tal mi sorpresa? Con esto confirmo la ultima pareja de este fic, no los podía dejar por fuera jajaja. Ya con esta nueva información que consiguió Tatsuki comienza realmente la guerra.
Gracias por sus hermosos reviews *-*, los adoro. Valoro cada unos de ellos, me emocionan e inspiran para seguir con esta historia.
Tengan una linda navidad ¡Hasta la próxima!
P.D: Tengo una lectora fugitiva, Anakapoar ¿Donde estas? Extraño tus comentarios T_T
