ESTADO: REEDITADO


Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins. Esta historia forma parte del Intercambio "Debajo del árbol" del foro El diente de león. Regalo para Elenear28.


CAPÍTULO 21: RESCATE

POV KATNISS


Despierto cubierta por una fina manta en el sofá de la sala.

-Hola, Katniss. Al fin despertaste. –Escucho una voz familiar cerca de mí y veo a Finnick sentado en el suelo, a un costado del sofá y contra la pared.

-¿Qué pasó?

-Te desmayaste. No has comido en todo el día desde el desayuno. Estás pasando por mucha presión y sufriste un desmayo por estrés postraumático generado… por… ya sabes. –Me dice con voz triste. –Tuve una crisis también, pero, no llegué a desmayarme, aunque lo hubiera deseado luego de ver… eso. Estas fueron las peores horas para mí. Haymitch… él entró pocos minutos después de que te desmayaras. Yo intenté llamarte para hacerte volver, pero nada. Estábamos preocupados. Vino tu madre a vernos, Haymitch le dijo lo que pasó y ella lo entendió al instante. Dijo que te dejáramos descansar y que no hacía falta llevarte al hospital, y también que si yo lograba controlarme no me sedarían nuevamente.

Recuerdo la última imagen que tuve de Peeta, mi miedo y como me desvanecí tras apagar el Holo.

-¿Cuánto tiempo pasó?

-Unas tres horas, o cerca.

Finnick se acerca a mí y tiende su mano que sostiene algo blanco tornasolado y brillante entre sus dedos. Mi perla.

-Se te cayó del bolsillo cuando te desmayaste. –Me explica mientras me la da en la mano.

Yo sonrió, porque en este momento es el único regalo de Peeta al que le doy valor. Porque era para mí, y no para convencerme de dejarlo ir.

-Gracias.

Finnick me sonríe en respuesta. Yo me siento en el sofá y lo observo. Se nota lo mal que ha pasado estas horas.

-Deberías hacer una anillo, una pulsera, un dije o una gargantilla con él. Es muy fácil perderlo.

-Lo sé. –Respondo. –Podría habérselo pedido a Beetee. Pero no me he querido desprender de la perla. Fue el último regalo que me dio mi esposo.

Siento un peso en mi cuello y veo el medallón colgado en mi cuello, debieron colocármelo cuando me desmayé. Finnick me mira, no importa cuántas sonrisas falsas dediquemos a la gente, todos pueden notar lo mal que estamos. Parece que estuviéramos muriendo en vida y consumiendo lentamente desde que nuestras parejas fueron apartadas de nosotros.

-¿Todavía no hay noticias? –Pregunto par cambiar de tema.

Niega con la cabeza.

-Haymitch está allí. Dijo que avisaría cualquier avance que hubiera. Que dadas las circunstancias actuales, es mejor que nos quedemos aquí.

-Me parece bien. No creo tolerar mucho más.

-Entonces busquemos como entretenernos mientras tanto. De todas formas, no quieren que estemos mientras sucede todo.

-¿No podemos ir con Beetee aunque queramos?

-No. Digamos que lo tenemos prohibido ahora mismo.

Yo asiento.

Al pasar los minutos, se siente un ruido y Finnick se sobresalta.

-¿Qué es eso?

Me doy cuenta que el sonido viene detrás de él.

-Haymitch nos dejó un intercomunicador para que podamos irnos enterando de lo que sucede sin que él tenga que venir a vernos.

Finnick toma el aparato rápidamente y contesta.

-Hola, Haymitch.

No escucho que le contesta mi mentor.

-Sí… Katniss volvió en sí… Ella está bien, dentro de lo que se puede. ¿Te paso con ella?... ¿Cómo se pone el altavoz?... Gracias.

Finnick aleja el aparato de su oreja y aprieta un botón de la pantalla táctil.

-¿Me escuchas, Haymitch?

-Sí, chico, te escucho. ¿Ustedes?

Por fin puedo escuchar a mi mentor con su voz fuerte y clara.

-Perfectamente.

-Hola, Preciosa. Finnick me contó que despertaste de tu siesta.

-Sí, él me contó lo que pasó. ¿Tú le avisaste a mi madre?

-Fui a buscarla al hospital, mientras Finnick te cuidaba. En un rato, iré a avisarle que te encuentras bien, para que se tranquilice. Debes comer, Katniss. Y no lo digo yo, lo dice tu madre.

-Me encargaré de que coma, Haymitch.

Fulmino con la mirada a mi amigo y se ríe.

-Vaya que eres terca.

-¿Qué hizo?

-Parece que quiere asesinarme. –Explica.

-No quiero vomitar nuevamente. –Grito furiosa.

¿Es que no se dan cuenta que comer es casi un sinónimo de devolver los alimentos posteriormente? Es lo único que hecho estas semanas. No me apetece pasar las siguientes horas hasta que Peeta regrese vomitando.

-Esas hormonas. ¡Pff! Está bien, Preciosa. Haz lo que quieras. Al fin y al cabo siempre terminas saliéndote con la tuya. –Haymitch suspira. –Hay noticias. Quiero que me escuchen muy bien.

Ambos nos ponemos alerta. Finnick se sienta cerca de mí y deja el intercomunicador entre medio de ambos.

-Beetee y su equipo consiguieron dominar las transmisiones en el Capitolio. La mayor parte de la entrevista del Sinsajo no sobrevivió al corte. Pero se mostró lo suficiente de ti, para seguramente captar la atención de todo Panem. Saben que su Sinsajo sigue vivo y desafiante. Se pudo transmitir algunas cosas importantes que dijiste sobre Peeta y tus palabras finales. Se desató una lucha por ver quien tenía el control, a medida que pasó el tiempo nosotros íbamos venciendo. Las entrevistas mías y de Beetee consiguieron captar más la atención. –Hace una pausa y continúa. –Finnick… tú fuiste la mejor arma. Tu entrevista fue tan reveladora, que no hubo prácticamente ninguna interrupción en comparación con las otras. Creo que nadie en el Capitolio quería perderse tus palabras, tal vez, estaban demasiado distraídos escuchándote como para hacer algo al respecto. Esto ha durado como dos horas, chicos. Fue un éxito. Nuestro equipo en tecnología logró opacar las capacidades de nuestros oponentes y mantener el control durante casi todo el ataque a Snow.

Puedo notar la diferencia entre un casi, y un todo. Y eso me asusta.

-¿Casi?

-Preciosa, no sabemos nada del equipo de rescate, cualquier tipo de comunicación se cortó. Creemos que fue suficiente, que lo que hicimos les dio tiempo para ingresar, llevar a cabo el rescate y escapar. Pero hubo una falla en las comunicaciones y nadie sabe nada.

Siento mi corazón salirse de mi pecho al escuchar esas palabras

¿Y si no salieron? ¿Y si todos murieron?

Las imágenes y los gritos se repiten en mi mente torturándome.

-¿Qué estas queriendo decir? –Grita Finnick con desesperación.

-Que si no han salido de allí con vida, es que todo salió mal y el plan de rescate fracasó. Pero no desesperen, no creemos que ese haya sido el caso. Fue un buen plan. Les dijimos que hay muchos infiltrados en el Capitolio ¿recuerdan? Ellos y el equipo de rescate han ayudado a hacer posible la liberación de todos los vencedores y colaboradores de la prisión subterránea. Liberando gas paralizante por el sistema de ventilación, generando fallas en el suministro eléctrico, detonando bombas en los edificios que rodean la prisión incluso a largas distancias, creando salidas de emergencia y ahora la interrupción de la transmisión televisiva. Beetee me dijo, que si nosotros encontramos difícil hacer todo eso, al Capitolio tampoco le resultará fácil. Esa es una ventaja. No hay mucho más. Pero ahora, estamos más cerca que antes.

O más lejos, pienso.

-Los mantendré informados.

Y rápidamente de algunos minutos de charla, la comunicación se corta.


Las horas pasan lenta y dolorosamente para nosotros dos. Al final, Finnick prácticamente me obliga a comer, y yo acepto con la condición de que él también lo haga. Pero no comemos mucho. No tenemos apetito. Y por mi parte siento asco ante cada mordida que doy y cada vez que el olor llega a mi nariz.

Nos pasamos el resto del tiempo hablando, haciendo nudos, o compartiendo momentos de absoluto silencio. Mi madre viene a vernos y nos hace una revisión rápida para asegurarse que físicamente estemos bien. Nos dice que por lo menos, bebamos agua, al ver los platos casi llenos, por lo poco que probamos.

Ella nos mira con tristeza y compasión, porque por supuesto entiende nuestro estado de ánimo, ella pasó por eso con mi padre.

No sé que es peor, saber que tu pareja murió y que nunca la volverás a ver, o vivir con el miedo constante de perderla y de que esté sufriendo.

-¿Cuándo te diste cuenta que amabas a Annie? –Le pregunto.

-¿Concretamente? –Yo asiento. –Ya te dije que fui muy lento. Lo reconocí dos años antes de empezar una relación con ella. Pero ahí quería protegerla, por eso no se lo dije hasta mucho tiempo después. Pero mi primer beso fue con ella. También mi primera vez. –Dice con una sonrisa. –Faltaba una semana para que empezará a hacer todo lo que Snow quería, yo estaba preocupado y con miedo. Mags me dijo que debía ser fuerte. Me advirtió que lo que vendría no sería fácil, pero debía resistir. No entraré en detalles. –Me advierte. –No me gusta pensar en lo viví desde entonces, a manos de todos ellos. Sólo te diré que no fue agradable, la mayoría de ellos son personas despreciables en todos los sentidos.

Lo entiendo, muchos de ellos debieron abusar de los vencedores sin importar si eran hombre o mujeres, porque para ellos eran sus objetos de fantasía, una mercancía con la que podían jugar. Nunca los vieron cómo personas. Como el viejo Cray, que fue jefe de los Agentes de Paz por muchos años. Pienso que debe ser denigrante que te vean como un objeto, y abusen de su poder y su dinero, para tenerte.

-El día que nos besamos con Annie, estábamos en la playa hablando, jugando y riendo. No sé que nos pasó a los dos, pero acabamos besándonos. No fue planeado, pero fue tierno y especial. En ese momento, no tenía claro lo que sentía, pero me puso feliz que ella fuera la primera en algo. Ella es lo único bueno que tengo en la vida, la única chica a la que he amado, que amo y seguiré amando hasta que muera. Soy feliz a su lado y puedo ser yo mismo cuando estoy con ella. Somos conscientes de cada defecto y virtud que tenemos, pero los aceptamos y los comprendemos, porque nos amamos sin importar nada más. El amor es extraño, a veces no llega de la forma esperada, a veces te sorprende, a veces te das cuenta demasiado tarde, a veces tienes frente a ti al amor de tu vida y no lo ves de ese modo hasta mucho tiempo después. Pero cuando al fin las piezas encajan, te das cuenta que no puedes dejar ir esa oportunidad, porque no te imaginas una vida donde no exista esa persona. Y aunque te lleve la vida, harás hasta lo imposible para que la persona que amas sea feliz. Annie creció dentro de mí de a poco.

Dejo que sus palabras entren en mí, las asimilo y no puedo evitar sonreír.

No hay duda de que Finnick es una gran persona, tampoco de que ama a Annie con toda su alma. Lo veo en su mirada cuando habla de ella, en sus lágrimas en sus ataques cuando le afecta que ella sufra, en esa sonrisa que tiene en su rostro ahora mismo al recordar momentos agradables con ella.

Finnick ya no se debe esconder bajo una máscara, y ahora deja que se vea su verdadera personalidad y forma de ser. Me pone feliz haber conocido esa parte que él mantuvo oculta por mucho tiempo, porque eso me hace apreciarlo más y me ayuda a entender que no debo juzgar a los demás sin conocerlos.

Sus palabras también me hacen pensar en Peeta. Pasamos por algo parecido, pero Finnick tiene años de relación con Annie; mientras que mi historia con Peeta es más complicada y no empezó como debería. Peeta y yo no éramos amigos. Yo me empecé a fijar en él después de una gran pérdida.

Me pregunto que si de haberme acercado a Peeta para agradecerle el gesto del pan, las cosas hubieran sido diferentes. Pienso que seguramente hubieran cambiado muchas cosas. Él también fue creciendo dentro de mí de a poco, y ahora luego de muchos años me doy cuenta de ello. Todo lo que Finnick dice es verdad. Por eso me casé con él, por eso lo besé, hice el amor con él, me sentí morir cuando su corazón se detuvo en ambos juegos y siempre puse su vida por encima de la mía, aún antes de recocer este amor. Cuando lo tenga nuevamente no lo dejaré ir como hice en el bosque, no permitiré que me aparten de él nuevamente. Lucharé por Peeta y junto a él por nuestra felicidad.


*.*.*


Siguen sin haber noticias, Haymitch ha venido a vernos y nos dijo que no se sabe nada nuevo sobre el rescate. Nuestra preocupación va en aumento. Los segundos se hacen eternos.

Tratamos de distraernos para no pensar en ellos. No pensamos en Peeta. No pensamos en Annie. No pensamos en Cinna. No pensamos en Portia. No pensamos en Johanna. No pensamos en Effie.

Trenzamos nuestras cuerdas hasta casi hacer sangrar nuestros dedos. Nos mantenemos en silencio. Por momentos, miramos el reloj digital que hay en una pared, controlando el tiempo que pasa. Otras veces, miramos hacia la puerta esperando ver que alguien entre para darnos buenas noticias.

Finnick se da por vencido y en el amplio sofá asume la posición encorvada que hizo en la arena cuando los charlajos nos atacaron, la misma que asumí yo en el bosque del Trece también.

Perfecciono mi soga miniatura. Hasta que finalmente me rindo y me hago un ovillo en la otra mitad del sofá y comienzo a cantar para ambos. Creo que nos ayudará.

No me atrevo a cantar el Árbol del Ahorcado, porque eso nos afectaría a ambos para mal.

En lo más profundo del prado, allí, bajo el sauce

Hay un lecho de hierba, una almohada verde suave;

Recuéstate en ella, cierra los ojos sin miedo

Y cuando los abras el sol estará en el cielo.

Este sol te protege y te da calor,

Las margaritas te cuidan y te dan amor,

Tus sueños son dulces y se harán realidad,

Y mi amor por ti aquí perdurará.

Miro de reojo a Finnick y veo como su cuerpo se relaja un poco. Pero mantiene sus ojos cerrados, tal vez para perderse de la realidad y concentrarse en la letra de la canción.

Mi padre siempre me la cantaba cuando yo o mi hermana teníamos una pesadilla, y me llenaba de paz. Cuando murió mi padre empecé a repetir esa rutina con Prim. También se la canté a Rue antes de que ella muriera. Y a Peeta algunas veces más. Pero ya no tenía quien me la cantará a mí. Hasta que llegó Peeta y encontró otra manera aún más eficaz de calmar mis miedos durante las noches.

En lo más profundo del prado, bien oculta,

Hay una capa de hojas, un rayo de luna.

Olvida tus penas y calma tu alma,

Pues por la mañana todo estará en calma.

Hago otra pausa y sigo.

Este sol protege y te da calor,

Las margaritas te cuidan y te dan amor.

Tus sueños son dulces y se harán realidad,

Y mi amor por ti aquí perdurará.

-Recuerdo la canción… –Comenta sonriendo después de unos minutos. –Se la cantaste a Peeta y a Rue en tus primeros juegos.

-Sí.

-¿Es la "Canción del Valle" de la que habló Peeta? ¿La canción con la que se enamoró de ti el primer día de clases?

-La misma. Me la enseñó mi padre. Él me la cantaba. Me ayudaba a tranquilizarme incluso en las malas noches. Pero luego de su muerte, únicamente tenía efecto sobre mi hermana. Ahora es Peeta quien me calma.

-Es esperanzadora. En el Cuatro no la conocíamos. Fue un lindo gesto que se la cantarás a Rue ese día. –Reconoce y yo sonrío con cierta nostalgia. Extraño a esa niña. No merecía morir, era tan joven y dulce. –Peeta volverá. –Agrega para animarme.

Creo que se ha quedado dormido, porque no vuelvo a sentirlo moverse nuevamente por un rato. Pero su mano sujeta con fuerza el collar que lleva todo el tiempo encima desde la cosecha del Vasallaje. Un regalo de Annie, con un colgante de oro y una cadena hecha delicadamente con cuerdas finas del color del mar, hecha por ella misma.

Finnick me dijo que ella se lo dio, para que durante su estancia en el Capitolio tuviera un trozo de su distrito con él, y como una forma de tenerla presente a ella. Finnick se ha aferrado a ese collar como si fuera un ancla por años, del mismo modo que yo he aferrado a la perla. Ambos para tener presentes a Peeta y Annie, e imaginar de algún modo siguen con nosotros.

Llevo la perla a mis labios unidos y los acarició con la misma. La superficie se siente fría y suave contra mis labios. Cierro los ojos intentando imaginar cómo será el reencuentro. Ruego que pese a las amenazas de Snow, no esté tan destruido. Me prometo a mí misma, cuidarlo y jamás abandonarlo.