Espero que las personas ocultas que leen se atrevan a dejar un comentario. En tanto, gracias generales por el apoyo y su tiempo.
Muchos abrazos y cariños, ¡A LEER!


XXIX. El beso

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Se quedó quieto como una momia. Me separé unos centímetros de él y me fijé que estaba abriendo los ojos. Oí su respiración acelerada. De pronto sentí una de sus manos en mi cabeza para empujarme hacia él otra vez. Y, esta vez, el beso fue insistente y apasionado, pero no de mi parte. Su lengua se enredó violentamente con la mía y rápidamente me empujó hasta estamparme contra la pared.

Si hay algo que hubiese podido borrar en mi vida, definitivamente, hubiese sido esa noche.

No, no tanto, pero sí parte de ella, al menos. El recuerdo me hace sentir como una perra sin alma.

Mi corazón se aceleró, pero no por la excitación. Mi respiración se agitó, pero porque me estaba faltando el aire. Severus había bajado a mi cuello para besarlo y sus manos se habían posicionado en mi cintura con firmeza.

—No… —Mascullé empujándolo con fuerza —. No —repetí escabulléndome hacia un lado.

Severus frunció el ceño y se puso pálido.

—¿Qué? —Me espetó.

—Lo siento… —Me disculpé sintiéndome como una estúpida: no había sentido nada. Había sido como besar… una pared. O un amigo.

—"¿Lo sientes?" —Susurró entrecerrando los ojos — ¿A qué viniste?

—Vine a… hacer una estupidez —contesté con desgano. Me acerqué a donde estaban mis cosas tiradas y las recogí. Me guardé la varita en el bolsillo. Quería salir de allí lo antes posible.

Severus se interpuso delante de mí despidiendo fuego diabólico por los ojos.

—¿Besarme es una estupidez? —Inquirió ofendido.

—¡No! Sí. ¡No! No de ese modo —lo miré compungida —. Yo sólo quería… ver… Tú ya no sientes nada por mí, ¿cierto? —pregunté, saliéndome por la tangente —. Porque yo no quería hacerte daño, Severus. No sé ni en qué día vivo….

—¿Y?

—¿Y qué?

—¿Comprobaste o encontraste lo que pretendías viniendo aquí?

—Eso creo.

—Pues dímelo.

Se me llenaron los ojos de lágrimas. Miré el suelo acongojada.

—He comprobado que no puedo sentir ni siquiera emoción por hacer algo incorrecto… —Se me deformó la cara al tratar de contener las lágrimas —. Que no puedo sentir nada por culpa de ese imbécil —dije con rabia. Tragué dolorosamente mi saliva y respiré con profundidad —. Tenías razón. Nunca debí haber intentado algo con Remus. Nunca debí… Lo peor es que no puedo deshacerlo… Supongo que tendré que dejar las cosas como están y esperar… esperar a olvidarme….

Avancé hasta la puerta para retirarme, pero el hombre-murciélago me agarró del brazo.

—¿Te va a rendir? —Preguntó con voz temblorosa.

Me giré lentamente.

—No veo otra opción…

Me agarró de los hombros y me zarandeó.

—¡Olvida lo que te dije! ¿Sabes por qué me gustabas? ¡Porque eres perseverante e insistente! Entre otras cosas, probablemente… —hizo una pausa en la que frunció la nariz como si estuviera oliendo mierda — Y ahora… por un poco de sufrimiento, porque te han rechazado un poco… —Se controló y me soltó. Mi expresión indicaba que me estaba haciendo daño, pero era más por la impresión de lo que me estaba diciendo.

—He intentado…

—¡No lo suficiente! Siempre hay esperanza mientras ambas partes estén vivas. Tú puedes hacerlo. Y arrástrate hasta que te salgan ampollas, maldita sea, porque si vas a vivir en estado vegetal por alguien, entonces mejor no vives. Apenas te reconozco. Pareces… un payaso triste.

—Tu abuela será un payaso…

—No estoy bromeando, Nymphadora. Y ni siquiera saltas con "no me llames Nymphadora" —añadió con una voz burlona —. O lo vuelves a intentar o te buscas otra vida o te matas.

—No me quiero suicidar…. —Alegué.

—Claro que no. Por lo mismo. ¿Lo amas?

—Sí.

—Razón suficiente. Ahora, vete de aquí, tengo cosas que hacer.

Vi cómo se sentaba y volvía a revisar trabajos.

—En serio, vete.

—¿Ya no sientes nada por mí? —Pregunté con curiosidad, olvidándome de mi tristeza.

Hizo una mueca a modo de sonrisa.

—No.

—¿Por qué me devolviste el beso?

—Soy un hombre, Tonks… no sé si eso contesta a tu pregunta.

Sé que fue sincero al contestar eso, pero sí comprendí que me encontraba atractiva, algo que me hizo sentir apenas un poco mejor.

—Si hubiese sido la profesora Sprout, ¿le hubieras devuelto el beso?

—No —contestó con brío —. Pero, tal vez, sí a madame Hooch —añadió cuando me di media vuelta.

Y me hizo reír, a pesar de todo. No me sentí mejor, pero, por lo menos, había tomado una decisión. Aunque, tal vez, las cosas dieran un vuelco antes de yo dar un paso.

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"Tonks besó a Savage". Eso eran los que todos decían la segunda semana de enero en el departamento de Aurors, y no era una completa mentira.

Todo comenzó luego de año nuevo, cuando Fudge, —quien aún trabajaba para el Ministerio, por supuesto, haciendo trabajos menores para poder mejorar la calidad del servicio de todos los departamentos— fue con la brillante idea de poner en práctica dos técnicas que utilizaban los muggles para salvarse entre ellos, en caso que lo necesitaran: maniobra de Heimlich y respiración boca a boca con masaje cardíaco.

—Nunca se sabe cuándo puede sernos útiles y… bueno, en el caso que no tengamos la varita al lado para poder ayudar a la persona… —explicó con inseguridad. Todos lo mirábamos como si estuviera contando un chiste. Y es que era un chiste, la "maniobra de Heimlich" no podía ser más estúpida. Dawlish estuvo a punto de quebrarme las costillas cuando practicó conmigo, a Daniels le dejé todos los dedos marcados en el pecho cuando le di el masaje cardíaco, mientras Dawlish le daba respiración boca a boca… Acto que, en cosa de segundos, lo comenzamos a llamar "el beso". Luego de ellos, fue cuando me tocó "besar" a Savage, mientras Coulson le hacía el masaje cardíaco. Kingsley, para variar, se salvó porque estaba cuidando del Primer Ministro muggle.

Así que, le hice respiración boca a boca a Savage. No era nada agradable estarle soplando la boca a otra persona.

De ese modo, decían que Marwick había besado a Dawlish, lo que sonaba más raro aún. Sólo los del departamento de Aurors sabíamos de aquella implementación, pero se filtró la información hacia otros lados. De algún modo, Arthur terminó oyendo que yo había besado a Savage y, tres días, después de todo ello, Shacklebolt me fue a visitar a mi oficina con expresión picarona en el rostro, sonriendo con sus blanquísimos dientes.

—¿Estás saliendo con Savage? —Me preguntó como quien no quiere la cosa.

—No —fruncí el ceño levantando la vista de un libro que tenía que leer. Tremendamente aburrido.

—Ayer fui a cenar donde los Weasley y Arthur comentó que te habías besado con Savage.

—¡Ah! —Dije comprendiendo — Creo que lo entendió mal. Tú te salvaste, desgraciado, pero fue por eso de la respiración boca a boca. ¿No te enteraste?

—Sí, creo que alguien me dijo algo, pero no puse mucha atención. ¿De qué se trata?

—De soplarle la boca a alguien. No es placentero… —Hice una mueca — Y el masaje al corazón es tremendamente incómodo. Los brazos me duelen ahora. Y las costillas las tengo moradas por culpa del bruto de Dawlish, que casi me las dejó hecha astillas. Y creo que mi seno izquierdo está más abajo ahora. No sé qué pretende Fudge, pero si quiere escalar de nuevo, no está haciendo más que hundirse más en la mierda.

No le di más importancia al asunto. No había besado realmente a Savage, así que no tenía nada que defender. Pero tampoco creí que el tema llegara tan lejos.

Esa misma tarde, cuando estaba guardando algunas cosas en mi mochila para marcharme a casa, alguien entró a mi despacho sin tocar la puerta. Me giré de mala gana: no me gustaba que entraran sin permiso y pensé que, tal vez, era alguno de mis compañeros. Pues era Remus. El estómago me dio un vuelco.

—Hola —lo saludé anonadada. Remus podía entrar sin permiso todas las veces que quisiera.

—Hola —respondió con voz ronca. Estaba ataviado con una túnica azul gruesa y parecía incómodo y abatido.

—Pensé que no te volvería a ver —susurré con una pequeña sonrisa. No pude controlar a mi corazón que estaba dando saltitos. Fue como si el cielo se hubiese despejado sobre mi cabeza. O como si hubiese cesado una lluvia de meteoritos de mierda de pájaro —. ¿Cómo estás?

—Bien —respondió con sequedad —. Y tú… veo que estás bien.

—Estoy perfectamente —repliqué con ironía, pero creo que creyó que lo estaba diciendo en serio.

—Así tengo entendido. Yo… —Frunció el ceño un momento y miró hacia la nada. Luego, se acercó a mí y me puso una mano en el hombro de forma solemne —. Te deseo lo mejor.

—¿Te vas a algún lado? ¿De nuevo? —Pregunté extrañada.

—No —frunció los labios unos segundos —. Lo digo por ti, y lo digo de corazón. Tomaste una sabia decisión. No lo conozco, pero espero que sea un buen tipo. Te mereces… lo mejor.

Entrecerré los ojos y ladeé la cabeza, arqueando las cejas en mi punto máximo.

—¿De qué me estás hablando, Remus?

—No es necesario que evites el tema, no temas causarme daño o ahorrarme la vergüenza—dijo con una extraña amabilidad.

Le tomé una mano y lo miré intensamente molesta. Se la apreté con fuerza. Hizo un gesto de dolor pero se aguantó.

—No sé de qué me estás hablando. En serio. Esta vez sí que no tengo idea qué me estás diciendo: ilústrame.

—Savage —contestó zafándose de mi agarre con suavidad —. ¿Es un buen hombre?

—¿Savage? ¿El Auror? ¿Mi compañero? —Luego caí en la cuenta y rodeé los ojos — No besé a Savage, Remus.

Debí haberle dicho que lo había besado, que lo había hecho mío en la oficina y que estaba esperando un hijo de él, planeando el matrimonio, pero no tenía ganas de bromear en esos instantes.

—¿Ah, no? Te besó él a ti —asumió.

—No. ¿Quién te dijo esto?

—Arthur. El otro día fui a cenar con los Weasley y Arthur dijo que lo habías besado…

Reí con fuerza. La situación era de lo más ridícula.

—Remus, Arthur entendió todo mal. No hubo beso —tomé aire —. Mira, te lo trataré de explicar, pero es muy estúpido…

—No tienes que darme explicaciones…

Abrí los ojos de tal manera que se quedó callado.

—Fudge nos enseñó a dar respiración boca a boca y otras estupideces de muggles. Tuve que soplarle la boca a Savage, y todos comenzaron a llamarle "el beso", era una manera más corta de decir "respiración boca a boca", ¿sabes? Pero no he besado a nadie —hice un gesto de asco —. ¿Savage y yo? —luego me quedé pensando —. Aunque no está nada mal… Pero es una idea tremendamente estúpida y…

De pronto, me encontré entre los brazos de Remus, ahogada por su pecho. Era un abrazo, fuerte y cálido, que estuvo a punto de chamuscarme las neuronas. Sentí su cara en mi cabello y su respiración agitada. Antes que se arrepintiera y me soltara coloqué mis manos en su espalda y le acaricié suavemente.

—Pensé… —Masculló con sus labios apegados a mi cabeza, pero no completó la frase.

Suavemente alcé el rostro y lo miré con curiosidad.

—¿Creíste que me había lanzado a los brazos de Savage?

—Ha pasado tanto tiempo, y después de lo que te he hecho…

—¿Creíste que me había olvidado de ti en… dos meses? —Me puse seria —¿Piensas que hacen falta dos meses para "desenamorarme" de ti, Remus?

—Tuve la esperanza que lo hicieras —admitió con culpabilidad —. Pero no hay forma de sacarte de mi cabeza. Y Molly no ha parado de tirarme indirectas desde Navidad… ¿Le dijiste algo?

Y de pronto me acordé de todas las penurias que me había hecho pasar y le di un empujón.

—¿Sabes? Quiero enojarme tanto, porque eres… un cabeza de chorlito —arqueó las cejas —. Quiero gritarte, decirte que me has hecho daño y me dejes en paz, pero no lo hago, ¿por qué? ¡Porque si lo digo, me vas a contestar que "está bien"! Que tengo el derecho a enojarme, que si no quiero volver a verte, respetarás mi decisión, que es mejor que te olvide, que me busque a otro… —me agarré la cabeza —. Haces que me arrastre como una babosa, ¡más me vale que valgas la pena! ¿De qué te ríes?

—La forma en que me haces olvidar todo lo demás, es asombrosa —dio un paso hasta mí —. Pero, creo que estás equivocada.

—¿En qué? —Salté brusca.

—En que no quiero que ahora estés enojada conmigo. Lo merezco, lo sé, pero no quiero. Pensar que estabas con Savage… No quiero que estés con otro… —Le hice el quite cuando trató de tomarme el brazo. Mi boca estaba tan fruncida que comenzaba a picarme —. Es una terrible mala idea… que estemos juntos, pero en ese instante… —Raudamente me tomó ambas manos — Siento tanto alivio, que nada más me importa.

Aproximó su rostro al mío y volteé la cara.

—¿Y qué pasará mañana? ¿Cuando te venga la depresión licantrópica? —Refunfuñé. Estaba enojada, pero mi corazón latía rápidamente por tenerlo a mi lado, tan cerca.

—No lo sé… Pero tendrás el derecho de golpearme si lo deseas —contestó como si eso lo solucionara todo. No pude rebatirle, porque, con insistencia, buscó mis labios.

Fue un beso corto, pero apasionado.

—Remus, te mataré si mañana cambias de opinión —gruñí.

—Lo único que podría hacerme cambiar de opinión, en este instante, sería hacerte daño.

Sonreí con exasperación y le acaricié la mejilla.

—No me vas a herir. No eres violento, Remus. Y no voy a ser tan estúpida para estar contigo transformado… Aunque, me gustaría hacerte compañía.

—¿Te gustaría? ¿No te daría miedo estar con una bestia? —me observó alarmado.

—No si esa bestia eres tú —volví a besarlo —. Por favor no te arrepientas en esto. Por favor intenta… inténtalo —rogué con dientes apretados.

Asintió con ojos brillantes. Sabía que quería hacerlo, pero que tenía miedo. Yo me tenía que encargar que ese miedo desapareciera. A ver si lo conseguía a palos.

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A pesar que el término del día había sido sumamente agradable, tuve muchas pesadillas durante la noche. Estaba aterrada: temía que se arrepintiera y que apareciera al otro día para decirme adiós otra vez. Pero no fue así, aunque tampoco lo pude ver al siguiente día. Tuve que trabajar en terreno y él tuvo que hacer misiones por orden de Dumbledore.

Pero, para mi suerte, Arthur me invitó a cenar para el sábado en la noche. Cuando lo vi, fue como si no me lo hubiera encontrado en días. Le sonreí ampliamente y sentí una profunda alegría al ver que él me devolvía el gesto.

Nos sentamos separados y hablamos como siempre. Creo que los dos queríamos mantener el secreto. Por mi parte, no deseaba recibir felicitaciones de nadie, y menos quería acortar el momento en el que mi madre se enterara.

—Ya es tarde —dije cuando ya eran las once de la noche —. Y prometí ayudarle a hacer aseo a mi madre mañana, así que, gracias por todo, Molly, estaba delicioso. Buenas noches a todos…

—Yo también me voy —añadió Remus colocándose de pie —. Gracias por todo, Molly. Todo estaba exquisito, como siempre. Buenas noches.

Me adelanté, pero pude oír las pisadas de Remus en el césped húmedo, tras de mí. Crucé la valla, pero no me detuve para desaparecer allí, sino que seguí hasta el árbol más cercano para ocultarme tras él.

Las manos de Remus me agarraron de la cintura antes de llegar y me volteó gentilmente para besarme. Odiaba la gentileza. Me colgué de su cuello y procuré besarlo con entusiasmo.

—Quería hacer eso de hace rato —susurré separándome un poco de él —. Necesito verte más —declaré —. No quiero que creas que soy una acechadora psicópata… sólo quiero estar contigo.

—En tres días será luna llena —respondió un tanto deprimido.

—Entonces, ve a verme cuando estés recuperado. A la casa.

—Te enviaré un patronus.

—No —negué, sacando mi varita. Se la coloqué en la frente.

—¿Qué estás haciendo? —Inquirió asustado, pero sin moverse.

Cerré los ojos unos momentos para concentrarme.

—Listo —lo miré nuevamente y guardé mi varita —. Ahora serás libre de entrar a mi casa. Estás libre de restricciones… Así que, espero que me vayas a ver.

Remus me había dado suficientes motivos para pensar en que no iría a visitarme, pero, la manera en que se había despedido de mí aquella noche, me hizo saber que, de momento, estaba decidido a estar conmigo. Lo que no imaginé, fue que iba a aparecer por la puerta principal.

Estaba en mi habitación, recién salida de la ducha y envuelta en una toalla, cuando oí que tocaban la puerta en la sala. De momento no reaccioné, pero, cuando oí "Buenas noches, señora Tonks" con la voz de Remus, me quedé congelada.

—Buenas noches, Remus. ¡Qué sorpresa! ¿Cómo ha podido entrar al perímetro de magia…?

Salí abruptamente de mi habitación con la toalla en la cabeza bamboleando. Me la afirmé.

—¡Hola, Remus! —Saludé eufóricamente, haciendo una teatral aparición en la sala. Mi madre se giró y casi se le salieron los ojos cuando me vio así, en toalla. ¡Como si hubiera estado desnuda!

Lo gracioso fue que Remus puso la misma cara.

—Dora, querida —dijo mi madre con la mandíbula apretada —, ve a vestirte… Remus puede esperar acá…

—Sí, sí… ¡ya vengo!

Me vestí en un minuto. La ropa me quedó húmeda porque ni siquiera me había alcanzado a secar, así que estaba muy incómoda, pero eso era lo de menos.

Mi madre va a sospechar…

—¿Qué hay, Remus? —Saludé con despreocupación, dejando un hilillo de agua en el suelo. El cabello me estaba goteando. Me miró con ojos grandes. Ya se había dado cuenta que la había cagado —. ¿Alguna información de la Orden?

—Dumbledore me envió para… para decirte que el plan de vigilancia de Hogsmeade ha cambiado —miró fugazmente a mi madre que estaba guardando unas copas en el mueble, pero yo sabía que estaba haciendo tiempo para oír lo que estábamos conversando.

—Mamá, Remus no puede hablar ante ti, porque es información clasificada —dije con solemnidad.

—Ah, no hay problema. Iré a la cocina —contestó con voz de "oiré de todos modos". Al fin y al cabo, yo era su hija. Muchas cosas se las había aprendido a ella y esa voz me era conocida.

Me volví hacia mago, quien me miró con ojos desorbitados.

—Despídete y quédate al lado de mi ventana —susurré en voz tan baja, que tuve que modular muy bien para que me entendiera.

Asintió.

—Gracias por venir, Remus —dije en voz normal —. Nos vemos otro día —le estreché la mano amistosamente.

Mi madre asomó su cabeza.

—Buenas noches —se despidió. — Buenas noches, señora Tonks.

Fue una suerte que mi madre no me interrogara nada, así que pude volver rápido a mi habitación.

Hice todos los encantamientos habidos y por haber para que no se oyera nada y mi madre no pudiera entrar.