Fue como si su cerebro se hubiese desconectado durante un largo instante. Fue como si hubiese actuado de modo automático.
Fue como estar desconectada, fue como encontrarse en una ensoñación. Pero al mismo tiempo... le pareció algo tan necesario. Ella correspondió el beso. Ella se permitió besar a su gatito travieso.
Chat Noir estaba realmente feliz. Llegó a pensar que en algún momento ella le daría un empujón, que lo golpearía o que lo mandaría a ver las estrellas, al diablo.
¡Nada de eso había sucedido!
Ella correspondió el beso.
Realmente no podía creerlo, estaba feliz, estaba dichoso, se sentía en la luna. ¡Jamás pensó que algo así llegaría a suceder! Todo fue perfecto.
Hasta que se separaron y abrieron sus ojos.
Ella lloraba.
—¡Mi Lady! —Chat Noir la tomó por los hombros, estaba preocupado. No pensó que ella tendría esa extraña reacción —. ¿Qué te sucede? —le preguntó completamente preocupado.
Ella se alejó por un momento.
—Estoy tan confundida... —admitió ella —, sé que tus sentimientos son verdaderos. Pero...
Chat Noir no permitiría que las dudas arruinaran ese momento, todo había sido tan perfecto, no podía terminar mal.
—Ladybug, yo te amo.
Antes de que la chica pudiera escapar, él hizo lo primero que vino a su mente: tomó las manos de la chica. Y antes de que ella pudiera correr... se destransformó justo ahí frente a ella.
Solo que ella volvió a cerrar sus ojos.
—Abre los ojos, Ladybug —pidió con tono tierno, aunque sonaba como una suplica.
—No puedo... no me atrevo.
Él sonrió de modo comprensible.
—Soy yo, soy Chat Noir. Nunca te haría daño —y soltando una de sus manos se permitió acariciar su cabello. Vio como los labios de la chica tiritaban.
Estaba tan cerca de que ella supiera su identidad, de saber qué pensaba de su identidad civil.
—Confía en mí.
—Siempre —respondió ella abriendo sus ojos.
Apenas lo hizo fue el turno de la chica de quedarse en shock.
Jamás llegó a pensar que justamente... ese chico era Chat Noir.
Esto era más de lo que alguna vez pudo imaginar.
Sintió que sus piernas dejarían de responder, que caería al suelo.
—A... Adrien —dijo en estado de shock.
—Soy yo, mi Lady.
