CAPÍTULO 28: ...y tú estabas allí
"You were there
Countless visions they haunt me in my sleep
You were there
Though forgotten all promises we keep"
"..tú estabas allí
incontables visiones me acechan en mi sueño
tú estabas allí
a través de todas las promesas olvidadas que mantenemos"
- You were there, tema principal de "Ico".
Nieve. Flotaba en el aire. Caía como una extraña bendición. Tifa alargó la mano hacia los copos. Sangre. En su mano. ¿Qué había pasado?. sí, ya lo recordaba. El intento de liberar a lo último que le quedaba en esta vida, para asímismo "liberarse" a sí misma. Recordaba el fragor de la batalla. Recordaba haber huído de allí, arrastrándose sobre sus entrañas. Recordaba el dolor. De cómo se había sentido tras las palabras de Cloud. De cómo habái recibido el balazo en el estómago. Temblaba incontrolablemente. Frío. NO había supuesto que ya sería invierno en Nibelheim. No había supuesto que saldría viva. Poco a poco, fué recuperando la memoria. Cloud. ¿Realmente había aprecido? ¿Se lo había imaginado? ¿Era su deseo? ¿O la realidad?. Tosió. Sus finos labios se vieron empapados en sangre. Rojo sobre blanco. Vida sobre nada. Su cuerpo sobre la nieve. El dolor se hizo más agudo. El dolor del cuerpo, el dolor del alma. Quería acabar con el dolor. Quería acabar con el sufrimiento. ¿Por qué tenía que pagar con un precio tan horrible el no haber abierto su corazón antes? ¿por qué algunos tenía nue sufrir del miedo de ser rechazados y otros no? ¿Por qué cada copo de nieve no era igual que el resto? ¿Por qué nunca valía nada de lo que hiciera por los demás? ¿Por qué cada dolor era distinto del resto, al igual que los copos de nieve? ¿Por qué qué al final no había nada por lo que mereciera la pena luchar? Cerró sus ojos de rubí. Esperó que fuera para siempre. Su sangre avanzaba lenta pero inexorable por la fría alfombra blanca.
Aeris miraba el océano infinito desde lo que en su momento fuera una habitación del hotel del terror. Antes era exótico. Ahora sólo destartalado. A ella no le había sorprendido la huída hacia delante de Tifa. Ella también se sentía así. Cloud... había dicho cosas tan terribles. No, había dicho cosas tan duras. Tan duramente acertadas que le recordaban en cierto modo a esa chica del otro lado, Erika. ¿Cómo iba a saber si ella había querido a Cloud si para ella el amor había sido desde el principio una especie de potrillo desbocado y caprichoso que iba allá donde quería y nunca se podía entender? Pues tenía que hacerlo. Aún que costara. Aún que doliera. Aquello ya no era una especie de hobby. Aquello de pronto había pasado a ser serio. Cid había hechado pestes por todo lo que ocurría. No culpaba a nadie, pero maldecía que personas tan capaces como Cloud y Tifa desaparecieran en medio de un momento tan delicado. Dentro de muy poco, se iniciaría una guerra, ye esta sería en su mundo. Barret le respondió con un "ella nos ha salvado el culo varias veces... es bueno que salvemos nosotros el de ella de vez en cuando". Aeris suspiró. Lo pensó de nuevo ¿le gustaba Cloud? Era tan guapo, tan ingenioso, tan valiente, tan... parecido a Zack. Claro que le quería. Pero eso era así porque se asemejaba a su hombre perfecto. A Zack. Aeris tembló mientras el viento soplaba trémulamente entre los resquicios de la ventana gris.Lloró. Por todo. Por su ceguera. Por su inmadurez. Por ella y por todos de los de su alrdedor. Supo que hacer. Parecía tener la virtud de saber tomar la decisión correcta en la situación más decisiva. Lo había hecho cuando en la corriente vital, había rezado por el planeta. Lo haría ahora. Tomaría la decisión correcta. Se alejó de la habitación. Cinco minutos después, seguí llorando inconteniblemente. Pero ahroa, lo hacía en brazos de Zack. No en soledad.
Amanecía de nuevo en Kalm. La ciudad se alzaba, gloriosa, para celebrar un evento. La boda de su guía escarlata. "La mujer más inteligente de la historia" según su propaganda oficial. Hoy todo era engalanamiento y sacar pecho. Hoy todo era victoria y decisión. Amanecía de nuevo en Baikonur. La ciudad se alzaba, estoica, para celebrar un evento. El asalto al otro mundo. "La batalla más grande de la historia" según la prensa. Hoy todo eran plegarias y aferrarse a las armaduras del coraje y el honor. Hoy todo era la no derrota y la decisión.
Iban a hacer un asalto al otro lado, por primera vez en toda la guerra. Todos juntos. ¿Vencerían?. No podían saberlo, pero todo el mundo hablaba de la gran batalla. Golpear directamente el corazón del imperio. A través de los titánicos portales, basados en la sabiduría anciana y revividos con la tecnología moderna, los ejércitos de la Tierra lanzarán un asalto frontal. Se esperaban muchas bajas. No demasiadas, peus aquello era en el fondo una maniobra distractiva. PEro sí, morirán. Miles. Sus cadáveres distraerán al enemigo. Todo siempre tan sencillo.
En las enormes masas de soldados y máquinas se oían cientos de lenguas, y se rezaban a cientos de deidades distintas. Los musulmanes rezaban con fervor. Los americanos revisaban una y otra vez su equipo con metodicidad. Los Chinos escuhaban arengas inflamadas que les instabana "acabar con el demonio nazi por la gloria de China y la supervivencia del mundo". Los europeos hacían gala de todo su humor negro ante la misión que se les presentaba. Y así todos. Aquello era todo o nada. TOdos o nadie. De pronto, se oyó una órden. La misma que hacía tiempo se usó para el inicio de otra batalla decisiva. "Tora, tora, tora". Las ingentes masas se pusieron en marcha. Y locos, locos de furia, de dolor, de tensión, locos se alzaron cien gritos de guerra.
"¡Señora, rápido! ¡Nos atacan, el otro lado, ha empezado a..." la estática interrumpió la frenética llamada.
Cientos de cazas surcaban los aires. Divisiones de tanques avanzaban inexorables hacia la capital. Paracaidistas llovían tras las líneas enemigas. Cientos, miles de misiles surcaban el aire como saetas blancas. El contraataque de la Tierra había comenzado. Las artillerías mako situadas en los puntos altos de Kalm, concentraron su energía y se dispusieron a castigar las líneas enemigas antes de que estuyvieran a tiro de los blindados. El aire se llenó de zumbidos. "¿Qué demo...?" Los tanques de lass fuerzas combinadas de la tierra centellearon. Los soldados escarlatianos apenas tuvieron unos segundos para asimilar lo que sucedía. Espejo. La primera línea de combate de esos botarates de la Tiera, que ni si quiera sabían usar el mako, estaba toda ella bajo el efecto de la materia espejo. Las artillerías reventaron, presas de su propio poder. Sefirot Omega apretó los dientes. Habían aprendido rápido, pero pronto verían que él también. Dejó que se acercaran más. Cuando las tuvo a tiro, provocó explosiones en la angosta carretera. Un buen número de tanques enemigos habían quedado aislados, justo a punto para arremeterles con las brigadas escorpiones. Esto se vió respondido por una salva de misiles que arrasó la mayor parte de los sistemas de comunicaciones escarlatianos y varias divisones de infantería, mientras en el aire los cazas de ambos mundos pugnaban por la supremacía, con clara ventaja para los reactores de los EEUU, mucho más veloces que los cazas a mako diésel. Sin embargo, en la tierra las cosas no estaban tan claras. A las muy bien construídas trincheras había que sumar el fanatismo de las fuerzas escarlatianas. Este era ciego, y muchos de sus soldados se inmolaban con materias de fuego o con granadas antes de caer. Duro hueso de roer incluso para las disciplinadas tropas rusas. Sin embargo el descalabro llegó cuando cargaron las divisones chocobo montaña abajo. Sólo un rápido movimiento de blindados alemanes salvaron a esas tropas, envolviéndolas tal y como estaba planeado, y reduciedno a los chocobos a montoncitos de humenate carne picada. A medida que proseguía la batalla, esta era cada vez más dantesca. Los cadáveres se amononaban, y a la confusión habitual había que sumar la actuación de la materia, liberando fuego, gravedad o lo que hiciera falta a diestro y siniestro. Sefirot Alfa vió su oportunidad, y justo cuando las fuerzas de la tierra emepzaban a avanzar en trile cuña hacia los búnqueres, sus robots colossus cargaron por los fancos, al amparo de las montañas. Truenos devastadores surgieron de sus miles de cañones, que calcinaron a un cuarto de los blindados terrestres. Eso sí que no se lo esperaban. Tuvieron que replegarse casi de inmediato, llegando hasta el punto de retirarse completamente y regresar por la brecha dimensional. Todos empezaron a dar vítores ya gritar "Hail escarlata!", pero Sefirot Alfa se quedó pensativo al ver lo organizado de la retirada.
"¡A todas las divisiones, zafarrancho de combate! ¡Esos malditos terrestres quieren tomar nuestra sacrosanta capital! ¡QUe se replieguen nuestras divisiones de Sur América y Pacífico. Necesitamos toda nuestra potencia de fuego, y la necesitamos aquí y ahora!" chilló Escarlata.
Y fué justo después de eso cuando sin tanto clamor, los ejércitos de la Tierra se apresuraban, discreta pero efectivamente, a ganar terreno.
Rude estaba malhumorado. Tenía frío. Y estaba aburrrido. Escarlata le había mandado en un vuelo urgente a lo que antes era Nuevo Nibelheim para que investigara los rumores sobre la aparición de miembros de avalancha en el asalto al campo de refugiados. Él, uno de los mayores generales del ejército de Escarlata, estaba perdiendo el tiempo en semejante chorrada mientras las fuerzas terrestres lanzaban un ataque frontal a Kalm (que todavía no habían logrado conquistar) y avanzaban terreno en el otro lado. Tsk. Y encima cuando llegó, la búsqueda estaba siendo mal efectuada. Había quien aseguraba haber identificado a Tifa y Cloud, y eso había casuado un gran revuelo. Helicópteros, batidas con perros, todo un despliegue absurdo de medios para capturar a dos personas que podían ser (o no) ellos. Él había parado eso. Si era quienes eran, serían astutos y sabrían esconderese. Les tendrían que pillar por sorpresa, desprevenidos. Ahora todo era sigilo. Pequeños grupos de hombres rastreaban los bosques, palmo a palmo. Según algunos informes,uno de ellos ahabía sido alcanzado por un tiro y que salió corriendo después de eso. "Sí que hay que tener fortaleza para hacer algo así y llegar tan lejeos como para que no lo encontremos en 24 horas" se dijo Rude. Pero si era alguna de esas dos personas las que estaba buscando, no se extrañaba de que pudieran hacer algo así. Envuelto en un abrigo de pieles, Rude cofgió sus prismáticos y oteó el horizonte, en la dirección en la que los perros habían apuntado. "Brrrr, qué rasca que hace. Nuevo Nibelheim en invierno es frío como la muerte" pensó. Entonces divisó algo. Los perros se pusieron a ladrar. Rude mandó al soldado que le acompañaba que los hiciera callar. El recluta se arrodilló y acarició a los dobermans mientras les dijo una seca orden. Los perros, disciplinados, callaron al instante. Rude miró de nuevo en la dirección. Algo. Una mancha roja. Amplificó el aumento de los prismáticos. "Mmmmm...." se acercó un poco más, furtivamente. Sabía como moverse sin hacer sonido alguno, sus años de entrenamiento en los turcos no eran en balde. "señor... ¿ha visto algo?" le susurró el soldado. Rude no responió, sólo le indicó que callara. Se había acercado unos cuantos metros más. Cogió de nuevo sus prismáticos. Allí estaba ella. Tendida en la nieve, en medio de un charco rojo. La recordó. Y era curioso, porque ella era una enemiga de Escarlata, pero no sintió regocijo alguno. Recordó los tiempos cuando ellos se enfrentaban a Cloud y los demás. Al principio era un encargo rebelde, al final casi era como un deporte, un juego del gato y el ratón en el que acabaron por respetar a sus competidores y desarrollar incluyso cierto afecto por ellos, como Tseng y Aeris. Recordaba que, en el fondo, no eran mala gente. Sólo estaban en el bando equivocado. Rude recordó la manía obsesiva de Escarlata. Recordó la muerte de ELena. Si daba la voz de alarma, habría una muerte más. Bajó los prismáticos. "¿Lo ha encontrado?" preguntó el ansioso soldado. Rude bajó los prismático y negó con la cabeza. "No hay nadie aquí, me he confundido. No era más que un ratón".
Algo. Algo la llamaba. Desde el frío. Desde la penumbra. Una voz. ¿Era familiar?. No podría decirlo. Ahora no. Estaba a punto, a punto de sumergirse. En la corriente. Sería reconfortantemente frío. Pero aquello que le llamaba, fuera quien fuese, era dolorósamente cálido. Y finalmente ascendió. Fué abriendo poco a poco los ojos. Alguien le miraba de frente. No sabía quien era. A su alrededor, luz. ¿Amanecía?. No, sencillamente la tormenta había terminado. "Espera... tengo que hacerlo una vez más ¿valé? Pero tranquila... no te procupes" dijo la voz. Unas palabras. como una plegaria. Un destello verde sobre ella. La energía la inundó de nuevo. Sintió como los tejidos volvían a regenerarse, sus vasos a cerrarse, sus órganos a encontrar la posición perdida. Pero esa no fué la sensación más agradable. Alguien le cogía la mano, manchándose con su sangre. Tifa pugnó por enfocar la vista y alargó su otra mano hacia el rostro. Era él. Y ni si quiera tenía que formular el nombre para saber qué era lo que significaba. Balbuceó unas palabras que se perdieron en la brisa. "No hables... estás herida..." la voz sonaba tremendamente cansada, como si hubiera realizado un gran esfuerzo. Y es que aplicar tantas veces la materia de cura podía acabar por llevar al coma al usuario. "C... CLoud..." balbuceó Tifa alargando su mano hacia su rostro. No le veía. Pero sabía que era él. Le acarició sus facciones. Dios mío, deseaba haberlo hecho hacía ya tanto tiempo, mucho antes de que sucediera todo. "Shhhh, no hables, conserva tus fuerzas. Ella esbozó una sonrisa. "Tú... eres mi fuerza" dijo ella. Cloud cerró los ojos. "Tifa... por qué... ¿por qué no me lo habías dicho antes? ¿Porqueé tuvo que suceder todo...?" preguntó CLoud. Una mano sostenía la de Tifa. la otra acariciaba su frondosísimo cabello. Ella notó como la vida regresaba a su cuerpo, poco a poco. "Porque... porque las palabras no son lo único que dicen lo que sientes... porque yo te..." se le atragantó la palabra "te quiero con mis actos, con mi corazón. Porque tengo miedo, miedo de lo que sienta, de mostrarme débil, de ser rechazada, de hacerte daño a tí o a Aeris." dijo ella. "Tifa..." "...no quería estropear lo que había entre Aeris y tú, no quería ponerme en medio..." "pero aún así me ayudaste a buscarla..." "...porque sobre todo, antes que tu amor yo quiero tu felicidad..." dijo ella con lágrimas en los ojos debido a todo tipo de dolor. Cloud tembló. "Es la cosa más preciosa que jamás me hayan dicho" dijo este. Tifa ya podía ver completamente su rostro, amable y enternecido, así como el sol que salía en el horizonte, iluminándoles con rayos dorados. "Te quiero" dijo él. Ella lloraba, pero en silencio. "No digas eso. No quiero que me ames porque sientes lástima de mi, o porque inspiro tu instinto protector" dijo ella. Cloud negó con la cabeza. "Porque hace ya mucho tiempo, te prometí que si alguna vez estabas en un apuro, atravesando tu noche más fría, yo vendría a ayudarte. Porque por primera vez alguien me aceptó, tal y como era. porque por primera vez alguien amó a Cloud. Porque me ayudaste a encontrarme a mí mismo. Y porque después de todo este camino, después de que tú me hayas buscado y luego no me hayas encontrado, después de eso decidiste seguir luchando, por mí, por todos, y decidiste anteponer la felicidad de todos a la tuya. Es por eso, y no por un rescate de princesa por lo que te quiero. ¿Te basta o sigo?" Tifa se abrazó a él mientras dos lagrimones surcaban sus mejillas. Cloud sostuvo su rostro entre sus manos y posó un suave beso en sus labios. Ella le respondió una y otra vez, hasta que sus lágrimas se introdujeron en su boca. Y juntos, muy quietos, se abrazaron mientras contemplaban como amanecía.
Cid miraba a Vientofuerte. Ya estaba completamente reparada. El veterano piloto estaba sentado en una mesa improvisada tomando a sorbos un vaso de ginebra. Por compañía sólo estaba una robusta radio y Diego. La radio informaba con voz crepitante y estática, los últimos sucesos. Un ataque sorpresa a Kalm, justo cuando se pensaba realizar una ofensiva para tomar Europa. Y por lo que se ve, era una ofensiva en toda regla, un "asalto a la desesperada", pero era tal el empuje que se vieron obligados a trasladar divisiones de otras partes de su mundo y del otro lado. Algunos generales se habían opuesto, pero después del encendido discurso de Escarlata de defender el corazón del imperio hasta la última gota de sangre, nadie se atrevió a cuestionar lo idóneo de la decisión. Justo como estaba planeado. Y sin embargo, a pesar de uqe Escarlata había picado el anzuelo después de mucho, mucho tiempo, ninguno de los presentes estaba especialmente entusiasmado. Tifa había decidido acabar con todo. Era increíble, y justo loque Diego y el difunto Alex habían tratado de evitar. Otros pensaban acompañarle, pero al final Cloud fué sólo, por petición expresa. Cid estuvo de acuerdo. No podían prescindir de nadie en esos momentos, ni si quiera para ir a buscarla. Le dolió que así fuera. Ella les había salvado varias veces. Lo menos que podían hacer por ella era devolverla el favor. Pero no podía ser. No podía ser ni aquí, ni ahora.
Una canción empezó a sonar en la radio. Antiguo jazz. Una voz femenina, melancólica y profunda surcaba las ondas como un barco de papel a la deriva en un charco. "Supongo chico, que el final se acerca" dijo Cid. "Sí." Respondió este sin ningún tapujo. Y era precisamente eso por lo que tanto Diego como Erika caían tan bien al viejo piloto. Este se llevó otro vaso de ginebra a los labios. No estaba borracho, pero tenía los ojos un poco enrojecidos. "Sí. SUpongo que se aproxima. El fin de la guerra. Con su conclusión, sea cual sea" habló Diego. "No, no es sólo eso. Es el fin de todo. No me refiero al fin del mundo ni nada parecido, el mundo seguiría existiendo aún que todos y cada uno de los humanos hayan muerto. Me refiero al fin del grupo. Al fin de nuestra aventura. Porque ten claro esto chico: no todos vamos a salir vivos del último enfrentamiento. Así de claro lo pienso y así de claro te lo digo. Y de los que sobrevivmanos, dudo mucho que nos volvamos a hablar. Porque eso nos recordará todo lo que pasamos, sí, con cosas buenas, pero muchas más malas. Es por eso por lo que estoy intentando disfrutar al máximo estos últimos momentos, esta calma antes de la tempestad. Discuto con Nanaki sobre la vida. Admiro la valentía de Erika, y el temple de Vicent. Es curioso. Esos dos se parecen mucho en el fondo. Juego a que tengo el corazón tan inocente como el de Yuffie. Paladeo el romance entre Zack y Aeris. Lucho con Barret, pues así es como habla. Converso contigo porque tienes una de las conversaciones más interesantes que he visto. Y disfurto de todos esos momentos..." se fué a llenar su vaso de nuevo, pero vió que sólo quedaba una última gota en la botella "...porque sé que nunca volverán" completó. Diego asintió. "Yo creo sin embargo que volverán. Creo que saldremos de esta. Porque los seres humanos siempre salen de todas" respondió Diego. Cid sonrió. "Hm. Estás hecho un pequeño pipiolo. Tienes el corazón con pocas cicatrices, al igual que Yuffie. Mira lo que te digo, no confíes en tu buena suerte. Prepárate para lo peor. Para así recibir siempre más de lo esperado. Disfruta de cada día, porque puede ser el último, no porque vaya a serlo. Y ve a besar a Yuffie j@#|r, que no te importe qué piensen los demás o si te da verguenza. Haz caso de los consejos, de un piloto que ya no volverá a besar a nadie" dijo Cid. Diego se levantó lentamente, emocionado. Cid, con los ojos cerrados extendió su mano. Y Diego se la estrecho, recia, fuertemente.
Sefirot Alfa miraba complacido como se desarrollaban los acontecimientos. Sí, al final la boda se había tenido que posponer, y la ofensiva se recrudecía, y semanas después de esta, ya habían perdido mucho terreno en el frente del otro lado (si bien la prensa no decía ni palabra). Pero no importaba en absoluto. El ejército de Sefirots estaba en marcha. Los antiguos miembros que derrotaron al Sefirot original, desaparecidos y dividos. Él ya estaba a punto. Muy, muy pronto, él y madre lograrían su objetivo. Muy, muy pronto.
El crepúsculo estaba llegando. ¿Dónde estaban exactamente? Aquel lugar les recordaba a la catarata donde se escondía el santuario de Lucrecia. Estaban a medio camino entre nuevo Nibelheim y Corel, bordeando la costa del mar de Gold Saucer, avanzaban sin prisa ni sin pausa, montados en Miura, el chocobo de Cloud y observando el atardecer en el nuevo mar.
Al final Tifa habia podido ponerse en pie. Ella misma se aplicó las últimas materia de cura para cerrar por completo sus heridas. Aún así estaba débil, había perdido mucha sangre y las entrañas le dolían a horrores. Pero eso no importaba. Ya no. Miró a Cloud. Este le devolvió la mirada con una sonrisa. Habían estado todo el camino de vuelta cogidos del amno, casi sin decirse nada. Pues todo estaba dicho y hecho. "Cloud... no me siento con fuerzas como para volver a verles" dijo Tifa. "Después de todo lo que hemos pasado juntos, de pronto los abandono y me lanzo al vacío..." dijo ella apenada y avergonzada. "Ir a ayudar a quienes quieres no es un acto egoísta" dijo Cloud. "Pero es desesperado. " dijo ella. Cloud guardó silencio. Sólo se oía las pisadas de Miura sobre el arenoso terreno. "Sabes Tifa... llegué apensar que nadie me amaba ni me había amado nunca. Que en el fondo yo estaba a parte de toda la humanidad, que nadie podía querer a semejante bicho raro. "Una marioneta", ¿recuerdas?" dijo Cloud. Ella asintió con la cabeza y se abrazó a él. "Pero... debía haberme dado cuenta. Fijarme más en los actos y menos en las palabras. Desde el principio estuviste allí. Y yo no pude verte. Hasta que casi fué demasiado tarde, no pude. Me cegaba mi inexperiencia, mi culpabilidad, mi sed de venganza, mi perpetuo sentimiento de inferioridad. Pero ya no. Nunca más" ddijo Cloud. Tifa sonrió y lo estrechó entre sus brazos. El chocobo se detuvo momentáneamente, preguntándose a qué venía eso y si le darían de comer pronto. Cloud besó a Tifa de nuevo. Era curioso, pero hasta ahora no se había percatado de que nunca había llegado a besar a nadie. Era una sensación extraña. "Pero seguro que acabaré por acostumbrando" pensó Cloud.
Después de varias horas de viaje en el cual no se sabe si a la fortuna o a la planificación de su ruta no encontraron apenas fuerzas Escarlatianas, acabaron por llegar a Corel. No les costó mucho ponerse en contacto con la resistencia. Nadie de allí renía gran aprecio por quienes habían reducido su ciudad a cenizas. Pronto consiguieron una discreta lancha que les llevase hasta Gold Saucer. Fué curiosos seguir con la vistala silueta del teleférico sumergido mientras navegaban hacia allí. Todos les recibieron con los brazo abiertos cuando llegaron. Hubo risas, abrazos y apretones de manos. Cloud vió como Aeris enrojecía un poco. Vió como miraba a Zack y comprendió. Se fijó en zack. Sí, ahora era Zack. Se saludaron asintiendo con la cabeza, mudamente. Estrechó la mano del severo Vicent, Nanaki dijo que "gracias a Gaia que estáis bien", y por lo bajo dedicó una broma a Cloud sobre el padrinazgo de una boda. Barret les dió un abrazo de oso que casi les dejó sin aliento, mientras que Marlene hacía lo propio con las piernas de cada uno. Diego y Erika estaban demasiado emocionados dever a sus dos amigo que apenas hubo palabras, incluso a Erika se le escapó una lagrimilla. Yuffie rió al verles de pura felicidad. Cid brindó en su honor. Y todo estaba como tenía que estar. La pregunta era si seguiría estándolo después de la guerra.
Había pasado tiempo desde el atque a Kalm. Y ya era demasiado tarde para rectificar. Habían gastado inútilmente sus preciados recursos. Habían decidido que una ciudad era más importante que los vastos y ricos territorios de la Tierra. Gracias a ellos las fuerzas del otro lado se nutrían y engordaban cada día. Todos los países actuaban al unísono (o casi). La flota aérea de los EEUU, la infantería china, los blindados de Alemania y Rusia, todos contra ellos. Y ellos contra todos. La ventaja de la energía mako ya no era tan evidente. Habían aprendido a combatir la magia con más magia o a simplemente anularla con "campos disruptores", una tecnología experimental. Y a pesar del gran número inicial de bajas producidas en el asalto de Kalm , el ejérctio Escarlatiano había observado como los ejérctios que mandaban a la misión suicida cada vez estaban más mecanizados. Misiles guados, computadoras controlando aviones sin tripulación... poco a poco la sangre sólo manaba de un bando. Pero por supuesto, ese bando no iba a recnocerlo. Como los antiguos señores españole que pasaban hambre pero que vestían de manera ostentosa y lucían mondadientes para ocultar su miseria.
Era el momento justo para pasar a la segunda parte del plan. No más asaltos ridículos. El siguiente paso, ahora que sólo quedaban fuerzas residuales escarlatianas en la Tierra era proceder a asaltar y conquistar el otro lado, mientras que los grupos de resistencia crearían caos y división en el imperio. Y en otro lado, en un lugar oscuro de la historia, Aeris, Barret, Cid, Cloud, Diego, Erika, Nanaki y Tifa se preparaban para liberar al mundo de una de las mentes más corruptas que hayan existido.
"You were there
Countless visions they haunt me in my sleep
You were there
Though forgotten all promises we keep"
"..tú estabas allí
incontables visiones me acechan en mi sueño
tú estabas allí
a través de todas las promesas olvidadas que mantenemos"
- You were there, tema principal de "Ico".
Nieve. Flotaba en el aire. Caía como una extraña bendición. Tifa alargó la mano hacia los copos. Sangre. En su mano. ¿Qué había pasado?. sí, ya lo recordaba. El intento de liberar a lo último que le quedaba en esta vida, para asímismo "liberarse" a sí misma. Recordaba el fragor de la batalla. Recordaba haber huído de allí, arrastrándose sobre sus entrañas. Recordaba el dolor. De cómo se había sentido tras las palabras de Cloud. De cómo habái recibido el balazo en el estómago. Temblaba incontrolablemente. Frío. NO había supuesto que ya sería invierno en Nibelheim. No había supuesto que saldría viva. Poco a poco, fué recuperando la memoria. Cloud. ¿Realmente había aprecido? ¿Se lo había imaginado? ¿Era su deseo? ¿O la realidad?. Tosió. Sus finos labios se vieron empapados en sangre. Rojo sobre blanco. Vida sobre nada. Su cuerpo sobre la nieve. El dolor se hizo más agudo. El dolor del cuerpo, el dolor del alma. Quería acabar con el dolor. Quería acabar con el sufrimiento. ¿Por qué tenía que pagar con un precio tan horrible el no haber abierto su corazón antes? ¿por qué algunos tenía nue sufrir del miedo de ser rechazados y otros no? ¿Por qué cada copo de nieve no era igual que el resto? ¿Por qué nunca valía nada de lo que hiciera por los demás? ¿Por qué cada dolor era distinto del resto, al igual que los copos de nieve? ¿Por qué qué al final no había nada por lo que mereciera la pena luchar? Cerró sus ojos de rubí. Esperó que fuera para siempre. Su sangre avanzaba lenta pero inexorable por la fría alfombra blanca.
Aeris miraba el océano infinito desde lo que en su momento fuera una habitación del hotel del terror. Antes era exótico. Ahora sólo destartalado. A ella no le había sorprendido la huída hacia delante de Tifa. Ella también se sentía así. Cloud... había dicho cosas tan terribles. No, había dicho cosas tan duras. Tan duramente acertadas que le recordaban en cierto modo a esa chica del otro lado, Erika. ¿Cómo iba a saber si ella había querido a Cloud si para ella el amor había sido desde el principio una especie de potrillo desbocado y caprichoso que iba allá donde quería y nunca se podía entender? Pues tenía que hacerlo. Aún que costara. Aún que doliera. Aquello ya no era una especie de hobby. Aquello de pronto había pasado a ser serio. Cid había hechado pestes por todo lo que ocurría. No culpaba a nadie, pero maldecía que personas tan capaces como Cloud y Tifa desaparecieran en medio de un momento tan delicado. Dentro de muy poco, se iniciaría una guerra, ye esta sería en su mundo. Barret le respondió con un "ella nos ha salvado el culo varias veces... es bueno que salvemos nosotros el de ella de vez en cuando". Aeris suspiró. Lo pensó de nuevo ¿le gustaba Cloud? Era tan guapo, tan ingenioso, tan valiente, tan... parecido a Zack. Claro que le quería. Pero eso era así porque se asemejaba a su hombre perfecto. A Zack. Aeris tembló mientras el viento soplaba trémulamente entre los resquicios de la ventana gris.Lloró. Por todo. Por su ceguera. Por su inmadurez. Por ella y por todos de los de su alrdedor. Supo que hacer. Parecía tener la virtud de saber tomar la decisión correcta en la situación más decisiva. Lo había hecho cuando en la corriente vital, había rezado por el planeta. Lo haría ahora. Tomaría la decisión correcta. Se alejó de la habitación. Cinco minutos después, seguí llorando inconteniblemente. Pero ahroa, lo hacía en brazos de Zack. No en soledad.
Amanecía de nuevo en Kalm. La ciudad se alzaba, gloriosa, para celebrar un evento. La boda de su guía escarlata. "La mujer más inteligente de la historia" según su propaganda oficial. Hoy todo era engalanamiento y sacar pecho. Hoy todo era victoria y decisión. Amanecía de nuevo en Baikonur. La ciudad se alzaba, estoica, para celebrar un evento. El asalto al otro mundo. "La batalla más grande de la historia" según la prensa. Hoy todo eran plegarias y aferrarse a las armaduras del coraje y el honor. Hoy todo era la no derrota y la decisión.
Iban a hacer un asalto al otro lado, por primera vez en toda la guerra. Todos juntos. ¿Vencerían?. No podían saberlo, pero todo el mundo hablaba de la gran batalla. Golpear directamente el corazón del imperio. A través de los titánicos portales, basados en la sabiduría anciana y revividos con la tecnología moderna, los ejércitos de la Tierra lanzarán un asalto frontal. Se esperaban muchas bajas. No demasiadas, peus aquello era en el fondo una maniobra distractiva. PEro sí, morirán. Miles. Sus cadáveres distraerán al enemigo. Todo siempre tan sencillo.
En las enormes masas de soldados y máquinas se oían cientos de lenguas, y se rezaban a cientos de deidades distintas. Los musulmanes rezaban con fervor. Los americanos revisaban una y otra vez su equipo con metodicidad. Los Chinos escuhaban arengas inflamadas que les instabana "acabar con el demonio nazi por la gloria de China y la supervivencia del mundo". Los europeos hacían gala de todo su humor negro ante la misión que se les presentaba. Y así todos. Aquello era todo o nada. TOdos o nadie. De pronto, se oyó una órden. La misma que hacía tiempo se usó para el inicio de otra batalla decisiva. "Tora, tora, tora". Las ingentes masas se pusieron en marcha. Y locos, locos de furia, de dolor, de tensión, locos se alzaron cien gritos de guerra.
"¡Señora, rápido! ¡Nos atacan, el otro lado, ha empezado a..." la estática interrumpió la frenética llamada.
Cientos de cazas surcaban los aires. Divisiones de tanques avanzaban inexorables hacia la capital. Paracaidistas llovían tras las líneas enemigas. Cientos, miles de misiles surcaban el aire como saetas blancas. El contraataque de la Tierra había comenzado. Las artillerías mako situadas en los puntos altos de Kalm, concentraron su energía y se dispusieron a castigar las líneas enemigas antes de que estuyvieran a tiro de los blindados. El aire se llenó de zumbidos. "¿Qué demo...?" Los tanques de lass fuerzas combinadas de la tierra centellearon. Los soldados escarlatianos apenas tuvieron unos segundos para asimilar lo que sucedía. Espejo. La primera línea de combate de esos botarates de la Tiera, que ni si quiera sabían usar el mako, estaba toda ella bajo el efecto de la materia espejo. Las artillerías reventaron, presas de su propio poder. Sefirot Omega apretó los dientes. Habían aprendido rápido, pero pronto verían que él también. Dejó que se acercaran más. Cuando las tuvo a tiro, provocó explosiones en la angosta carretera. Un buen número de tanques enemigos habían quedado aislados, justo a punto para arremeterles con las brigadas escorpiones. Esto se vió respondido por una salva de misiles que arrasó la mayor parte de los sistemas de comunicaciones escarlatianos y varias divisones de infantería, mientras en el aire los cazas de ambos mundos pugnaban por la supremacía, con clara ventaja para los reactores de los EEUU, mucho más veloces que los cazas a mako diésel. Sin embargo, en la tierra las cosas no estaban tan claras. A las muy bien construídas trincheras había que sumar el fanatismo de las fuerzas escarlatianas. Este era ciego, y muchos de sus soldados se inmolaban con materias de fuego o con granadas antes de caer. Duro hueso de roer incluso para las disciplinadas tropas rusas. Sin embargo el descalabro llegó cuando cargaron las divisones chocobo montaña abajo. Sólo un rápido movimiento de blindados alemanes salvaron a esas tropas, envolviéndolas tal y como estaba planeado, y reduciedno a los chocobos a montoncitos de humenate carne picada. A medida que proseguía la batalla, esta era cada vez más dantesca. Los cadáveres se amononaban, y a la confusión habitual había que sumar la actuación de la materia, liberando fuego, gravedad o lo que hiciera falta a diestro y siniestro. Sefirot Alfa vió su oportunidad, y justo cuando las fuerzas de la tierra emepzaban a avanzar en trile cuña hacia los búnqueres, sus robots colossus cargaron por los fancos, al amparo de las montañas. Truenos devastadores surgieron de sus miles de cañones, que calcinaron a un cuarto de los blindados terrestres. Eso sí que no se lo esperaban. Tuvieron que replegarse casi de inmediato, llegando hasta el punto de retirarse completamente y regresar por la brecha dimensional. Todos empezaron a dar vítores ya gritar "Hail escarlata!", pero Sefirot Alfa se quedó pensativo al ver lo organizado de la retirada.
"¡A todas las divisiones, zafarrancho de combate! ¡Esos malditos terrestres quieren tomar nuestra sacrosanta capital! ¡QUe se replieguen nuestras divisiones de Sur América y Pacífico. Necesitamos toda nuestra potencia de fuego, y la necesitamos aquí y ahora!" chilló Escarlata.
Y fué justo después de eso cuando sin tanto clamor, los ejércitos de la Tierra se apresuraban, discreta pero efectivamente, a ganar terreno.
Rude estaba malhumorado. Tenía frío. Y estaba aburrrido. Escarlata le había mandado en un vuelo urgente a lo que antes era Nuevo Nibelheim para que investigara los rumores sobre la aparición de miembros de avalancha en el asalto al campo de refugiados. Él, uno de los mayores generales del ejército de Escarlata, estaba perdiendo el tiempo en semejante chorrada mientras las fuerzas terrestres lanzaban un ataque frontal a Kalm (que todavía no habían logrado conquistar) y avanzaban terreno en el otro lado. Tsk. Y encima cuando llegó, la búsqueda estaba siendo mal efectuada. Había quien aseguraba haber identificado a Tifa y Cloud, y eso había casuado un gran revuelo. Helicópteros, batidas con perros, todo un despliegue absurdo de medios para capturar a dos personas que podían ser (o no) ellos. Él había parado eso. Si era quienes eran, serían astutos y sabrían esconderese. Les tendrían que pillar por sorpresa, desprevenidos. Ahora todo era sigilo. Pequeños grupos de hombres rastreaban los bosques, palmo a palmo. Según algunos informes,uno de ellos ahabía sido alcanzado por un tiro y que salió corriendo después de eso. "Sí que hay que tener fortaleza para hacer algo así y llegar tan lejeos como para que no lo encontremos en 24 horas" se dijo Rude. Pero si era alguna de esas dos personas las que estaba buscando, no se extrañaba de que pudieran hacer algo así. Envuelto en un abrigo de pieles, Rude cofgió sus prismáticos y oteó el horizonte, en la dirección en la que los perros habían apuntado. "Brrrr, qué rasca que hace. Nuevo Nibelheim en invierno es frío como la muerte" pensó. Entonces divisó algo. Los perros se pusieron a ladrar. Rude mandó al soldado que le acompañaba que los hiciera callar. El recluta se arrodilló y acarició a los dobermans mientras les dijo una seca orden. Los perros, disciplinados, callaron al instante. Rude miró de nuevo en la dirección. Algo. Una mancha roja. Amplificó el aumento de los prismáticos. "Mmmmm...." se acercó un poco más, furtivamente. Sabía como moverse sin hacer sonido alguno, sus años de entrenamiento en los turcos no eran en balde. "señor... ¿ha visto algo?" le susurró el soldado. Rude no responió, sólo le indicó que callara. Se había acercado unos cuantos metros más. Cogió de nuevo sus prismáticos. Allí estaba ella. Tendida en la nieve, en medio de un charco rojo. La recordó. Y era curioso, porque ella era una enemiga de Escarlata, pero no sintió regocijo alguno. Recordó los tiempos cuando ellos se enfrentaban a Cloud y los demás. Al principio era un encargo rebelde, al final casi era como un deporte, un juego del gato y el ratón en el que acabaron por respetar a sus competidores y desarrollar incluyso cierto afecto por ellos, como Tseng y Aeris. Recordaba que, en el fondo, no eran mala gente. Sólo estaban en el bando equivocado. Rude recordó la manía obsesiva de Escarlata. Recordó la muerte de ELena. Si daba la voz de alarma, habría una muerte más. Bajó los prismáticos. "¿Lo ha encontrado?" preguntó el ansioso soldado. Rude bajó los prismático y negó con la cabeza. "No hay nadie aquí, me he confundido. No era más que un ratón".
Algo. Algo la llamaba. Desde el frío. Desde la penumbra. Una voz. ¿Era familiar?. No podría decirlo. Ahora no. Estaba a punto, a punto de sumergirse. En la corriente. Sería reconfortantemente frío. Pero aquello que le llamaba, fuera quien fuese, era dolorósamente cálido. Y finalmente ascendió. Fué abriendo poco a poco los ojos. Alguien le miraba de frente. No sabía quien era. A su alrededor, luz. ¿Amanecía?. No, sencillamente la tormenta había terminado. "Espera... tengo que hacerlo una vez más ¿valé? Pero tranquila... no te procupes" dijo la voz. Unas palabras. como una plegaria. Un destello verde sobre ella. La energía la inundó de nuevo. Sintió como los tejidos volvían a regenerarse, sus vasos a cerrarse, sus órganos a encontrar la posición perdida. Pero esa no fué la sensación más agradable. Alguien le cogía la mano, manchándose con su sangre. Tifa pugnó por enfocar la vista y alargó su otra mano hacia el rostro. Era él. Y ni si quiera tenía que formular el nombre para saber qué era lo que significaba. Balbuceó unas palabras que se perdieron en la brisa. "No hables... estás herida..." la voz sonaba tremendamente cansada, como si hubiera realizado un gran esfuerzo. Y es que aplicar tantas veces la materia de cura podía acabar por llevar al coma al usuario. "C... CLoud..." balbuceó Tifa alargando su mano hacia su rostro. No le veía. Pero sabía que era él. Le acarició sus facciones. Dios mío, deseaba haberlo hecho hacía ya tanto tiempo, mucho antes de que sucediera todo. "Shhhh, no hables, conserva tus fuerzas. Ella esbozó una sonrisa. "Tú... eres mi fuerza" dijo ella. Cloud cerró los ojos. "Tifa... por qué... ¿por qué no me lo habías dicho antes? ¿Porqueé tuvo que suceder todo...?" preguntó CLoud. Una mano sostenía la de Tifa. la otra acariciaba su frondosísimo cabello. Ella notó como la vida regresaba a su cuerpo, poco a poco. "Porque... porque las palabras no son lo único que dicen lo que sientes... porque yo te..." se le atragantó la palabra "te quiero con mis actos, con mi corazón. Porque tengo miedo, miedo de lo que sienta, de mostrarme débil, de ser rechazada, de hacerte daño a tí o a Aeris." dijo ella. "Tifa..." "...no quería estropear lo que había entre Aeris y tú, no quería ponerme en medio..." "pero aún así me ayudaste a buscarla..." "...porque sobre todo, antes que tu amor yo quiero tu felicidad..." dijo ella con lágrimas en los ojos debido a todo tipo de dolor. Cloud tembló. "Es la cosa más preciosa que jamás me hayan dicho" dijo este. Tifa ya podía ver completamente su rostro, amable y enternecido, así como el sol que salía en el horizonte, iluminándoles con rayos dorados. "Te quiero" dijo él. Ella lloraba, pero en silencio. "No digas eso. No quiero que me ames porque sientes lástima de mi, o porque inspiro tu instinto protector" dijo ella. Cloud negó con la cabeza. "Porque hace ya mucho tiempo, te prometí que si alguna vez estabas en un apuro, atravesando tu noche más fría, yo vendría a ayudarte. Porque por primera vez alguien me aceptó, tal y como era. porque por primera vez alguien amó a Cloud. Porque me ayudaste a encontrarme a mí mismo. Y porque después de todo este camino, después de que tú me hayas buscado y luego no me hayas encontrado, después de eso decidiste seguir luchando, por mí, por todos, y decidiste anteponer la felicidad de todos a la tuya. Es por eso, y no por un rescate de princesa por lo que te quiero. ¿Te basta o sigo?" Tifa se abrazó a él mientras dos lagrimones surcaban sus mejillas. Cloud sostuvo su rostro entre sus manos y posó un suave beso en sus labios. Ella le respondió una y otra vez, hasta que sus lágrimas se introdujeron en su boca. Y juntos, muy quietos, se abrazaron mientras contemplaban como amanecía.
Cid miraba a Vientofuerte. Ya estaba completamente reparada. El veterano piloto estaba sentado en una mesa improvisada tomando a sorbos un vaso de ginebra. Por compañía sólo estaba una robusta radio y Diego. La radio informaba con voz crepitante y estática, los últimos sucesos. Un ataque sorpresa a Kalm, justo cuando se pensaba realizar una ofensiva para tomar Europa. Y por lo que se ve, era una ofensiva en toda regla, un "asalto a la desesperada", pero era tal el empuje que se vieron obligados a trasladar divisiones de otras partes de su mundo y del otro lado. Algunos generales se habían opuesto, pero después del encendido discurso de Escarlata de defender el corazón del imperio hasta la última gota de sangre, nadie se atrevió a cuestionar lo idóneo de la decisión. Justo como estaba planeado. Y sin embargo, a pesar de uqe Escarlata había picado el anzuelo después de mucho, mucho tiempo, ninguno de los presentes estaba especialmente entusiasmado. Tifa había decidido acabar con todo. Era increíble, y justo loque Diego y el difunto Alex habían tratado de evitar. Otros pensaban acompañarle, pero al final Cloud fué sólo, por petición expresa. Cid estuvo de acuerdo. No podían prescindir de nadie en esos momentos, ni si quiera para ir a buscarla. Le dolió que así fuera. Ella les había salvado varias veces. Lo menos que podían hacer por ella era devolverla el favor. Pero no podía ser. No podía ser ni aquí, ni ahora.
Una canción empezó a sonar en la radio. Antiguo jazz. Una voz femenina, melancólica y profunda surcaba las ondas como un barco de papel a la deriva en un charco. "Supongo chico, que el final se acerca" dijo Cid. "Sí." Respondió este sin ningún tapujo. Y era precisamente eso por lo que tanto Diego como Erika caían tan bien al viejo piloto. Este se llevó otro vaso de ginebra a los labios. No estaba borracho, pero tenía los ojos un poco enrojecidos. "Sí. SUpongo que se aproxima. El fin de la guerra. Con su conclusión, sea cual sea" habló Diego. "No, no es sólo eso. Es el fin de todo. No me refiero al fin del mundo ni nada parecido, el mundo seguiría existiendo aún que todos y cada uno de los humanos hayan muerto. Me refiero al fin del grupo. Al fin de nuestra aventura. Porque ten claro esto chico: no todos vamos a salir vivos del último enfrentamiento. Así de claro lo pienso y así de claro te lo digo. Y de los que sobrevivmanos, dudo mucho que nos volvamos a hablar. Porque eso nos recordará todo lo que pasamos, sí, con cosas buenas, pero muchas más malas. Es por eso por lo que estoy intentando disfrutar al máximo estos últimos momentos, esta calma antes de la tempestad. Discuto con Nanaki sobre la vida. Admiro la valentía de Erika, y el temple de Vicent. Es curioso. Esos dos se parecen mucho en el fondo. Juego a que tengo el corazón tan inocente como el de Yuffie. Paladeo el romance entre Zack y Aeris. Lucho con Barret, pues así es como habla. Converso contigo porque tienes una de las conversaciones más interesantes que he visto. Y disfurto de todos esos momentos..." se fué a llenar su vaso de nuevo, pero vió que sólo quedaba una última gota en la botella "...porque sé que nunca volverán" completó. Diego asintió. "Yo creo sin embargo que volverán. Creo que saldremos de esta. Porque los seres humanos siempre salen de todas" respondió Diego. Cid sonrió. "Hm. Estás hecho un pequeño pipiolo. Tienes el corazón con pocas cicatrices, al igual que Yuffie. Mira lo que te digo, no confíes en tu buena suerte. Prepárate para lo peor. Para así recibir siempre más de lo esperado. Disfruta de cada día, porque puede ser el último, no porque vaya a serlo. Y ve a besar a Yuffie j@#|r, que no te importe qué piensen los demás o si te da verguenza. Haz caso de los consejos, de un piloto que ya no volverá a besar a nadie" dijo Cid. Diego se levantó lentamente, emocionado. Cid, con los ojos cerrados extendió su mano. Y Diego se la estrecho, recia, fuertemente.
Sefirot Alfa miraba complacido como se desarrollaban los acontecimientos. Sí, al final la boda se había tenido que posponer, y la ofensiva se recrudecía, y semanas después de esta, ya habían perdido mucho terreno en el frente del otro lado (si bien la prensa no decía ni palabra). Pero no importaba en absoluto. El ejército de Sefirots estaba en marcha. Los antiguos miembros que derrotaron al Sefirot original, desaparecidos y dividos. Él ya estaba a punto. Muy, muy pronto, él y madre lograrían su objetivo. Muy, muy pronto.
El crepúsculo estaba llegando. ¿Dónde estaban exactamente? Aquel lugar les recordaba a la catarata donde se escondía el santuario de Lucrecia. Estaban a medio camino entre nuevo Nibelheim y Corel, bordeando la costa del mar de Gold Saucer, avanzaban sin prisa ni sin pausa, montados en Miura, el chocobo de Cloud y observando el atardecer en el nuevo mar.
Al final Tifa habia podido ponerse en pie. Ella misma se aplicó las últimas materia de cura para cerrar por completo sus heridas. Aún así estaba débil, había perdido mucha sangre y las entrañas le dolían a horrores. Pero eso no importaba. Ya no. Miró a Cloud. Este le devolvió la mirada con una sonrisa. Habían estado todo el camino de vuelta cogidos del amno, casi sin decirse nada. Pues todo estaba dicho y hecho. "Cloud... no me siento con fuerzas como para volver a verles" dijo Tifa. "Después de todo lo que hemos pasado juntos, de pronto los abandono y me lanzo al vacío..." dijo ella apenada y avergonzada. "Ir a ayudar a quienes quieres no es un acto egoísta" dijo Cloud. "Pero es desesperado. " dijo ella. Cloud guardó silencio. Sólo se oía las pisadas de Miura sobre el arenoso terreno. "Sabes Tifa... llegué apensar que nadie me amaba ni me había amado nunca. Que en el fondo yo estaba a parte de toda la humanidad, que nadie podía querer a semejante bicho raro. "Una marioneta", ¿recuerdas?" dijo Cloud. Ella asintió con la cabeza y se abrazó a él. "Pero... debía haberme dado cuenta. Fijarme más en los actos y menos en las palabras. Desde el principio estuviste allí. Y yo no pude verte. Hasta que casi fué demasiado tarde, no pude. Me cegaba mi inexperiencia, mi culpabilidad, mi sed de venganza, mi perpetuo sentimiento de inferioridad. Pero ya no. Nunca más" ddijo Cloud. Tifa sonrió y lo estrechó entre sus brazos. El chocobo se detuvo momentáneamente, preguntándose a qué venía eso y si le darían de comer pronto. Cloud besó a Tifa de nuevo. Era curioso, pero hasta ahora no se había percatado de que nunca había llegado a besar a nadie. Era una sensación extraña. "Pero seguro que acabaré por acostumbrando" pensó Cloud.
Después de varias horas de viaje en el cual no se sabe si a la fortuna o a la planificación de su ruta no encontraron apenas fuerzas Escarlatianas, acabaron por llegar a Corel. No les costó mucho ponerse en contacto con la resistencia. Nadie de allí renía gran aprecio por quienes habían reducido su ciudad a cenizas. Pronto consiguieron una discreta lancha que les llevase hasta Gold Saucer. Fué curiosos seguir con la vistala silueta del teleférico sumergido mientras navegaban hacia allí. Todos les recibieron con los brazo abiertos cuando llegaron. Hubo risas, abrazos y apretones de manos. Cloud vió como Aeris enrojecía un poco. Vió como miraba a Zack y comprendió. Se fijó en zack. Sí, ahora era Zack. Se saludaron asintiendo con la cabeza, mudamente. Estrechó la mano del severo Vicent, Nanaki dijo que "gracias a Gaia que estáis bien", y por lo bajo dedicó una broma a Cloud sobre el padrinazgo de una boda. Barret les dió un abrazo de oso que casi les dejó sin aliento, mientras que Marlene hacía lo propio con las piernas de cada uno. Diego y Erika estaban demasiado emocionados dever a sus dos amigo que apenas hubo palabras, incluso a Erika se le escapó una lagrimilla. Yuffie rió al verles de pura felicidad. Cid brindó en su honor. Y todo estaba como tenía que estar. La pregunta era si seguiría estándolo después de la guerra.
Había pasado tiempo desde el atque a Kalm. Y ya era demasiado tarde para rectificar. Habían gastado inútilmente sus preciados recursos. Habían decidido que una ciudad era más importante que los vastos y ricos territorios de la Tierra. Gracias a ellos las fuerzas del otro lado se nutrían y engordaban cada día. Todos los países actuaban al unísono (o casi). La flota aérea de los EEUU, la infantería china, los blindados de Alemania y Rusia, todos contra ellos. Y ellos contra todos. La ventaja de la energía mako ya no era tan evidente. Habían aprendido a combatir la magia con más magia o a simplemente anularla con "campos disruptores", una tecnología experimental. Y a pesar del gran número inicial de bajas producidas en el asalto de Kalm , el ejérctio Escarlatiano había observado como los ejérctios que mandaban a la misión suicida cada vez estaban más mecanizados. Misiles guados, computadoras controlando aviones sin tripulación... poco a poco la sangre sólo manaba de un bando. Pero por supuesto, ese bando no iba a recnocerlo. Como los antiguos señores españole que pasaban hambre pero que vestían de manera ostentosa y lucían mondadientes para ocultar su miseria.
Era el momento justo para pasar a la segunda parte del plan. No más asaltos ridículos. El siguiente paso, ahora que sólo quedaban fuerzas residuales escarlatianas en la Tierra era proceder a asaltar y conquistar el otro lado, mientras que los grupos de resistencia crearían caos y división en el imperio. Y en otro lado, en un lugar oscuro de la historia, Aeris, Barret, Cid, Cloud, Diego, Erika, Nanaki y Tifa se preparaban para liberar al mundo de una de las mentes más corruptas que hayan existido.
