Hermione se sentía aterrada al observar que Damon se desvanecía poco a poco en el piso, se llevaba una mano a la boca abriendo los ojos enormemente para ahogar un grito desesperado. El pelinegro yacía en el piso sumamente débil y derrotado debido a las estacas que atravesaron la mayor parte de su cuerpo; las piernas, el abdomen, los brazos y una que parecía haber perforado el corazón.
Se hincó para revisarlo con detenimiento para después sacar su varita y amenazar al atacante; notaba que una sombra se acercaba lentamente con un arma que parecía ser una ballesta, pues a pesar de la oscuridad la silueta de esa misma se recalcaba mas y mas al reflejarse con la poca luz que emitía el bosque prohibido.
Observó que un hombre caminaba hacia a ellos paso a paso haciendo crujir las hojas y ramas que se encontraban esparcidas en el suelo. Su estatura era enorme; al menos mucho más grande que una persona común y corriente, su cabellera era esponjada y larga, la barba cubría la mayor parte de su rostro escondiendo sus ojos mientras que sus manos aún sostenían el artefacto con el que le había disparado al vampiro.
-Ha… Hagrid?- La castaña mencionaba dubitativa y entre tanto el hombre se detenía en seco para observar al pelinegro que se encontraba debilitado.
-No te mordió Hermione?, por cierto, Hola- Decía de manera simple y contundente el semi gigante que seguía contemplando al chupasangre que había derribado.
-No me estaba mordiendo… solo estábamos hablando- La chica trato ocultar el hecho de que entre ellos había una tensión emocional bastante fuerte, solo seguía arrodillada quitando estaca por estaca haciendo que el pelinegro soltara gritos desgarradores, pues la madera los debilitaba sobremanera. El guardabosques arqueaba una ceja al observar aquella escena.
-Lo estas salvando?, Es un depredador Hermione, por culpa de estas criaturas ahora los del ministerio están dando cacería a los quirópteros, y ellos solo beben sangre de ratas gigantes.- Indicaba Hagrid algo fastidiado.
-Hay… ratas … gigantes también?... que sigue… mariposas enormes venenosas?- Damon aun se quejaba mientras que la castaña sonreía, pues ese madero que había atravesado su pecho no acertó en dirección al corazón.
-Estas bien Damon?- Ella acariciaba su mejilla teniendo el rostro pálido, se había asustado demasiado al pensar que su cuerpo se secaría completamente. El pelinegro sostuvo su mano entrelazando sus dedos sonriendo con dificultad.
-Eres amiga de este vampiro?- Preguntaba el hombre semigigante
-Si, es … mi amigo- Ella le ayudaba a incorporarse y en ese instante Salvatore observaba al enorme tipo que se encontraba frente a él retrocediendo un poco.
-Se te olvido mencionar… humanos enormes, ¡En que lugar estoy!, en ¿Nunca jamás?, solo falta que Garfio salga por ahí persiguiendo al cabrón de Peter Pan- Rodaba los ojos observando con detenimiento y cierto recelo al individuo que podría pasar como un leñador mounstroso o incluso el mismísimo pie grande.
-Hagrid, no debes estar disparando asi como así, pregunta primero y dispara después- La castaña dejaba al vampiro recargado en uno de los árboles mientras que se dirigía frente al semi gigante para sonreírle. –No has cambiado- Le daba un abrazo caluroso y entre tanto el vampiro la observaba ceñudo; parecía que aquel hombre sostenía a una muñeca de porcelana con el temor de romperla.
-Que haces con él?- Hagrid le preguntaba a la chica.
-Viene a descubrir algo relacionado con su madre, ella fue bruja y estudió en esta escuela alrededor de 1830 aproximadamente, ¿Tu sabes si podemos consultar todavía los anuarios en la biblioteca?- El hombre solo se llevaba una mano al mentón pues no sabía si se conservarían registros tan antiguos de estudiantes.
-No lo sé Hermione, pero podrías consultar con la directora McGonagall, creo que para esos años el profesor Dippet estaba en el cargo, pero cuéntame ¿Cómo te va en el ministerio?.
-Bien Hagrid, ahorita estamos en misión, ¿Has escuchado sobre las desapariciones de Celtas en el mundo muggle?, pues es obra de un par de inmortales y un vampiro original-
-Vampiros originales?, pensé que eran solo mitos, Rufus Scrimgeur jamás menciono nada parecido-
-Pues creeme gigante verde, son mas reales que tu ahora en este bosque tan loco- El vampiro pelinegro se acercaba a ellos aun cojeando por las heridas de la ballesta.
-En serio no quieres que lo mate?
-No Hagrid, no quiero que lo mates- Decía la chica conteniendo la risa mientras que Damon solo arqueaba una ceja.
-Te parece gracioso que "Fii faiii fouuu" me aplaste como a una habichuela?
-Su nombre es Hagrid y es mi amigo desde que tenia once, asi que no empieces con tus comentarios digamos… fuera de lugar- la castaña seguía dando el paso hacia el colegio mientras que los otros dos se miraban; el semi gigante alzaba los hombros y el pelinegro negaba lentamente con la cabeza. Pensó que Hermione era su mejor guía de turistas en ese mundo demasiado extraño y que de no ser por ella estuviese totalmente muerto.
El gran castillo de Hogwarts seguía tan intacto como siempre, pues a pesar de ser la sede de la segunda batalla contra Voldemort y sus mortífagos se había restaurado como si nada le hubiese ocurrido; incluso el gran puente de piedra por donde alguna vez pasaron las estatuas protectoras no tenía ni un rasguño. Las cúpulas seguían intactas y los ventanales que daban a los dormitorios de los chicos estaban como siempre algo empañadas y polvosas, aunque lo más impresionante era el buen funcionamiento exacto del gran reloj que seguía repicando cada hora de manera estruendosa envolviendo todos los terrenos aledaños.
La castaña sintió nostalgia al regresar a su máxima casa de estudios recordando sus andanzas con sus amigos y sus aventuras de cada año, y que a decir verdad jamás disfrutaron como chicos normales. En cambio el vampiro pelinegro abría considerablemente sus ojos aguamarina apreciando el panorama que se le presentaba aún creyendo que se encontraba en el tan afamado país de "nunca jamás". Observaba los adoquines gruesos, el olor a tierra mojada que despedían cada uno de los bloques que constituían esa fortaleza impenetrable y los arcos perfectamente estructurados. Lo que llamaba su atención eran los puentes de madera oscura que conectaban los módulos que estaban asentados en enormes riscos divididos por esas barrancas profundas de las cuales no se les conocía un fin.
Mientras caminaban el vampiro americano podía observar a varios chicos dando enormes zancadas para dirigirse a otro sitio con unas túnicas largas y bufandas rayadas de diferente color. Se daba cuenta que varios grupos de alumnos tenían insignias diferentes pues a pesar de no ver los escudos bordados en las prendas los podía distinguir por el accesorio que llevaban en el cuello.
-Ellos estudian aquí?- Preguntaba Damon algo absorto
-Claro, son los alumnos del colegio, los que ves ahí- Le señalaba con la mirada- Son de la casa de Ravenclaw, su escudo es un águila y su color es el azul, los que miras de aquel lado son Hufflepuff quienes portan el amarillo con negro, esos otros son de Slytherin, su insignia es la serpiente y su color característico es el verde y plateado- Le señalaba otros apuntándole con el dedo. –Ellos pertenecen a Gryffindor.
-Tu casa verdad?, lo mencionaste en Mystic Falls.
-Exacto- Suspiraba la chica- Nuestro emblema es el león y nuestros colores son rojo y dorado.
-Pero que diferencia hay entre unos y otros, bueno, todos hacen hocus pocus con la varita no es así?- El preguntaba al momento de cruzar el puente principal para dirigirse al patio del reloj y acudir con la directora McGonagall.
-Te explicaré- Ella hacía una pausa- Hubo en el pasado cuatro fundadores, quienes aperturaron la escuela para poder enseñar a todos quienes la poseían no solo a utilizarla, sino también a controlarla; ellos son Rowena Ravenclaw, Helga Hufflepuff, Salazar Slyhterin y Godric Gryffindor-
-Es por eso que llevan los nombres de los fundadores, pero ¿Por qué separarlos?, no se supone que si eres un… mago o lo que sea eres igual que todos?- Puntualizaba Damon al instante en el que doblaban la esquina del patio principal.
Mientras tanto aún estaba sorprendido de ver a algunos muchachos agitar sus varitas transformando trozos de papel en animales o insectos, pues escuchaba esos conjuros raros que no se aprendería ni con lecciones intensivas, por otro lado había un grupo de alumnas de sexto curso quienes al ver al tan atractivo y exótico hombre de cabello negro soltaban algunas risitas comentando seguramente que había llegado a solicitar una vacante de profesor; por ende, todas ellas estarían puntuales en sus clases de darse la oportunidad. El vampiro solo les alzaba las cejas en señal de saludo ya que no dejaba la galantería en todo momento, la castaña solo negaba lentamente con la cabeza al darse cuenta de esa acción.
-Rowena Ravenclaw deseaba enseñar a los alumnos que tuvieran la capacidad, la inteligencia y la cultura necesaria, Helga Hufflepuff no tenía favoritismo con nadie y deseaba enseñar a todos por igual siempre que mostraran pureza de corazón y ganas de ayudar a los demás, Godric Gryffindor indicaba que los valientes y decididos serían sus predilectos, mientras que Salazar Slytherin era selectivo con las personas que para él merecían tener magia, es decir… los sangre puras y de rancio abolengo-La chica hacía una pausa mientras que el comenzaba a recordar un dato sobre su progenitora.
-Mi madre pertenecía a Ravenclaw, lo leí en su diario- Damon declaraba mientras que la castaña le sonreía con ternura.
En ese momento un grupo de chicos de ultimo grado reconocían a la chica que había visitado la escuela, todos comenzaron a alborotarse para dirigirse en grupo a su encuentro y verla más de cerca. Damon observaba que todos ellos se ruborizaban al caminar a su dirección sintiéndose un poco amenazado.
-Hermione Granger verdad?- Decia un chico alto de ojos claros y cabello rizado que por su complexión debía ser uno de los nuevos golpeadores de Gryffindor, entre tanto los demás se mostraban nerviosos sacando un pergamino y una pluma para seguramente solicitarle un autógrafo
-Si asi es, Hermione Jean Granger- Ella extendía la mano pero en ese momento el jovencito la tomaba besando el dorso con delicadeza.
-Es un placer conocer por fin a tan gran heroína, y sabes, creo que las fotografías de los periódicos no te hacen justicia, luces hermosa, con todo respeto- Indicaba el chico arrancando de la castaña una sonrisa, esa acción hizo que Damon perdiera definitivamente la paciencia.
-Si si si, ya ya ya, es Hermione y yo soy su novio niño, asi que por el momento no habrá firmas de autógrafos, no es Britney Spears-
-Quien es Britney Spears?- Uno de los chicos preguntaba dudoso mientras que la castaña soltaba una risotada, pues obviamente pensaba que ese jovencito no tenía contacto en lo más mínimo con el mundo muggle.
-Ese es el punto muchachito, asi que ve a jugar con tu varita a otro lado.
-Damon!- Recriminaba ella algo graciosa.
-Bueno Hermione, espero que nos visites mas seguido, sería un honor asistir a una de tus conferencias, eso en caso de que planees organizar una por supuesto, yo puedo asistirte- Respondía el joven.
-Vamonos amor mio nos espera la directora recuerdas?, luego les das gusto a tus admiradores- El vampiro pelinegro hacía un esfuerzo grandioso para no cometer un genocidio en plena escuela tan solo mostrando una leve sonrisa. La castaña deseaba reír aún mas por lo que estaba observando, no había visto a un Damon Salvatore tan celoso como el de ese día.
Ella se despidió amablemente de ellos notando que Hagrid les llevaba por mucho la delantera, pues el semi gigante pecaba de distraído en toda ocasión. Se encaminaron hacia a la oficina que no había cambiado en absoluto, pues el águila de piedra todavía se encontraba en su mismo lugar esperando la contraseña correcta para permitirles la entrada.
Al momento de subir Hagrid les indicaba que seguirían solos, pues tendría todavía que hacer muchas cosas durante el dia y deseaba desocuparse a tiempo. La castaña le agradeció las atenciones mientras que Damon solo inclinaba su cabeza un poco para despedirse; asi que cuando realizaron tal acción se dispusieron a entrevistarse con Minerva McGonagall quien seguramente esperaría ansiosa a una de sus alumnas predilectas.
La dirección como siempre estaba repleta de artilugios mágicos raros que desde el profesor Dumbledore habían existido; los cuadros de todos y cada uno de los directores del colegio estaban debidamente colocados en su sitio con cada una de las personalidades en estado de letargo, todos dormían una siesta incluyendo el que conoció la castaña. El pensadero estaba encerrado en un armario de caoba plegable y el lugar que le pertenecía a Fawques ahora estaba ocupado por otra ave Fenix de color amarillento. La profesora tenía como siempre el mismo sombrero cónico y vestimenta llamativa como solía usar en sus tiempos de maestra de transformaciones, los recibía con las manos entrelazadas y su porte aguileño tan particular caminando de un lado a otro de su oficina.
-Hermione Granger que sorpresa que estes aquí, y este joven es quien creo que es?- La directora le mencionaba sorprendida pues le ponía especial atención al chico que había llegado junto a la castaña.
-Que tal profesora McGonagall, y si, lo se, es un vampiro pero le aseguro que tengo el control de la situación ya que está de nuestra parte- La ojimiel observaba que la longeva docente se acercaba al chico con fascinación mientras que éste se sentía un tanto intimidado por su presencia, pues se notaba tan superior, tan gallarda y tan poderosa que sería una tontería mostrar su bestialidad para protegerse, solo se quedó silencio arqueando un poco la ceja.
-Damon… Salvatore, es un placer madame- El comentaba lo más educado posible dejando los comentarios sarcásticos referidos a la magia, tan solo sentía la presencia de aquella bruja de antaño examinándolo de pies a cabeza como si se tratara de un espécimen raro.
-Se lo que es Hermione, puedo detectar la presencia vampírica a varios kilómetros a la redonda, es por eso que envié a Hagrid a investigar, pues ahora con los sucesos que estamos presentando tengo que tener el colegio resguardado- Ella mencionaba con toda naturalidad dejando callada a la castaña quien todavía miraba expectante la reacción que la profesora tenía con Damon.
-Pero jamás pensé que tu, precisamente tú llegaras aquí- Mencionaba todavía Mcgonagall.
-Yo?
-Si, tu eres el hijo de una de las mejores brujas de mi generación, una excelente amiga mia.
-Usted conoció a mi madre?- El vampiro pelinegro la miraba por primera vez esperanzado.
-Si, la conocí, la gran Madelaine Fabianna Morelli, perteneciente a la casa de Ravenclaw y erudita en transformaciones, una materia que yo impartí con mucho orgullo… oh… que recuerdos- La bruja daba una palmada seguramente haciendo memoria de sus épocas juveniles.
-Profesora McGonagall, ¿Usted fue amiga cercana de la madre de Damon?- Preguntaba la castaña.
-Por supuesto querida, una anciana como yo también tuvo juventud y amistades… aunque por que no decirlo, galanes también, aunque ella era mas popular que yo con los caballeros- Ella alzaba las cejas achicando sus ojos con algo de frivolidad y picardia; la castaña no daba crédito a lo que sus ojos miraban, asi que en ese momento el vampiro pelinegro sonreía como loco.
-Eso es increíble, pero, si usted estuvo en la misma clase que mi madre, ¿No me diga que también usted es vampiro?.
-Damon!, ¡ten mas respeto!- Replicaba la castaña mientras que la profesora reía un poco.
-No te preocupes querida Hermione, pero pasen- Ella los invitaba al escritorio para platicar mas tranquilamente. –Tengo 195 años de edad pero yo era un año mas chica, si puedo presumir claro- La profesora alzaba los hombros pero la castaña hacía un esfuerzo grandioso para no reír, pues jamás habia visto a tan respetable profesora comportarse de esa manera tan jovial.
-No soy vampiro, ni tu madre lo era tampoco, nuestra calidad de brujas nos permite una vida mas larga que la de los muggles, pero eso no quiere decir que somos inmortales, todo tiene un ciclo natural que debe terminar- Ella explicaba a la perfección y a la vez sacaba de uno de sus baúles una caja de color azul cerrada perfectamente haciéndola levitar hasta el escritorio colocándolo encima.
-Que es esto.
-Damon, tu madre sabia que este dia llegaría aunque no tan tarde por supuesto- Hacía una pausa para abrirla con un conjuro mostrando todo tipo de cosas mágicas.
Se encontraba una túnica de casmir negra debidamente bordada con el emblema general de Hogwarts, asi como también un caldero del numero dos, los libros de primer curso de magia reglamentaria y lo que mas sorprendía a todos, una varita que se encontraba encartuchada lista para abrirse. Hermione reconoció los objetos, pues fueron similares a los que ella utilizó en su primer curso en el colegio, mientras que el vampiro pelinegro estaba obsorto de aquel descubrimiento.
-Esto le pertenecía a mi madre?.
-No Damon- La profesora hacía una pausa. –Te pertenecen a ti.
En ese instante la castaña miraba al chico con suma sorpresa abriendo la boca lo suficiente para ahogar un grito, entre tanto la profesora solo volteaba adecuadamente las cosas para que las admiraran y el vampiro pelinegro tan solo abría sus ojos aguamarina más de lo normal. Pues estaba conciente de que su madre perteneció a ese mundo.
-Quiere decir que…
-Si Damon Salvatore, tu… eres un mago- El vampiro se levantaba de ese lugar pues era una noticia que le cayó de sorpresa, se retiraba lo suficiente para poder acercarse a la ventana y tratar de discernir punto por punto lo que estaba ocurriendo, pues todos esos sucesos estaban complicados. Entre tanto la castaña deseaba ir con el para calmarlo, pero sabía que tendría que buscar explicaciones por el y las pediría inmediatamente a la dierctora.
-Profesora discúlpeme pero Damon no puede ser un mago, ahora es un vampiro, fue convertido en 1864 y tengo entendido que los de esa especie no pueden portar una varita, su madre como usted lo mencionó era humana como yo.- La chica castaña colocaba sus brazos en la cubierta del escritorio mientras que la profesora respiraba un poco para darle la respuesta.
-Hermione, recuerda que un mago legitimo no puede mezclar su naturaleza, eso sucede con los Celtas pero con nosotros eso no pasa; te explicaré- Respiraba otro poco. –Se les hizo creer a los magos que perderían sus poderes al convertirse en otro sobrenatural, pero cómo te explicas que el profesor Lupin podía realizar magia?, o que Hagrid pueda realizar encantamientos menores- Ella se levantaba para mirar que el pelinegro todavía miraba a todos lados aun dubitativo.
-Damon… se que es duro para ti enterarte de esta manera, pero es verdad.- El hombre solo se volteó caminando lentamente hacia a ella y cruzarse de brazos.
-Haber. ¿Quiere decir que soy un brujo o uno de los padrinos mágicos?, ¿Por qué entonces mi madre no me envió a este colegio a controlar la magia?, incluso los padres de Hermione no siendo nada de esto enviaron a su hija a que aprendiera- La profesora solo escuchaba para después respirar y colocarse frente a el para darle la respuesta.
-Tu madre deseaba con todo su corazón enviarte a Hogwarts, incluso yo misma te compré esa túnica, esos útiles y recuerdo que ella viajó de nuevo hasta a Londres para que pudieras empuñar tu primera varita- Suspiraba.- Tienes sus mismos ojos, su mismo cabello y de pequeño solías sonreir de la misma manera Damon, y cuando tenías solo un año de edad colocamos cada varita en tu mano, era tan pequeña que solo la arrojabas, incluso cuando estornudabas podrías crear un incendio si tenías una- La profesora sonreía con dulzura, pues ese hombre, era hijo de su mejor amiga.
-Entonces si yo soy un… mago, ¿Por qué no puedo crear magia?- El preguntaba dudoso todavía. – Y la pregunta mas importante, ¿Mi hermano Stefan también es como yo?.- La longeva directora volvía a caminar de un lado a otro para poder responder ese par de interrogantes.
-La puedes crear, pero de pequeño te suministramos hierba de letargo, tu madre no podía arriesgarse a que en ese entonces te capturaran creyéndote una "reencarnación del demonio", recuerda que eran épocas bastante tiranas y religiosas, aunque… - Suspiraba. –Tienes cualidades de animago, tu madre las poseía, ya que se transformaba en cuervo, yo lo hago en gato.
-Eso… eso si lo puedo hacer.
-Hacer que?, transformarte en… oh por dios, oh por dios, tu eres…- Indicaba la castaña con suma sorpresa.
-Si Hermione, yo fui el cuervo que te visitó en el apartamento- La castaña iba a espetar algo pero la profesora se lo impedía ya que era más importante aclararle esas dudas.
-Damon, quiero que comprendas que tu madre te amo como nunca, y deseaba enviarte a este lugar pero tu padre, Giussepe Salvatore era un dogmático, arraigado a las costumbres antiguas, de mentalidad cerrada y facista que no permitió que Madelaine ejerciera la brujería como profesión, y cuando supo que tu serías un hechicero simplemente le exigió que buscara la manera de erradicar tus poderes considerándolos paganos, ¿Comprendes ahora?- Indicaba la profesora contundentemente.
-Respecto a tu hermano, Stefan, a quien conozco por las cartas que nos enviábamos ella y yo simplemente no tiene los poderes, por que su línea mágica terminó al morir, asi que él no es un hechicero.- Damon escuchaba cada una de las palabras de la directora mirando a Hermione quien dejaba del lado el hecho de descubrir la identidad del cuervo para brindarle una sonrisa calida, bien sabía que al descubrir la verdad podría ocasionar un conflicto de intereses en ese chico.
-Gracias profesora McGonagall, ahora.. si no es ningun inconveniente, podría visitar el castillo para ver de que me… perdi todos estos años?- El vampiro tenia sus ojos acuosos, deseaba llorar, necesitaba desahogar toda esa impotencia contra su padre, anhelaba descubrir quien era, asi que la profesora solo le acariciaba la mejilla con ternura sonriéndole.
-Esta es tu casa Damon, puedes caminar por esta escuela como si fuera la tuya.- Hacía una pausa breve. –Tu madre solo hizo lo que en sus manos estaba, espero que tengas eso en cuenta.
En ese instante el vampiro se dirigía a la salida mientras que la castaña no sabía si era buena idea acompañarlo, tal vez necesitaba tiempo a solas, pues era incomodo el descubrimiento y sobre todo no encontrar las palabras adecuadas para consolarla, pero el solo sonreía mirándola.
-Hermione, podrías mostrarme el castillo?, tu eras la mejor estudiante aquí asi que creo que me perderé como en un laberinto de Scooby Doo y misterio a la orden- Rodaba sus ojos todavía con sonrisa mientras que la profesora animaba a la chica.
-Claro Damon, te acompaño- Ella comentaba con dulzura dirigiéndose a el para después sentir su mano entrelazándose con la suya. La castaña sintió que no era buena idea separarse con todo eso que había escuchado, asi que se dirigieron a la salida para después bajar por las escaleras de caracol y conocer el lugar.
-Damon… te juro que yo misma había sacado mis conclusiones pero quería que te enteraras por ti solo, además no estaba segura si…
-Hermione… no le digas a Stefan lo que se habló aquí, el no debe saber que soy … un mago- Caminaron un poco y afortunadamente notaron que los alumnos o al menos la gran mayoría se encontraban en clase, por lo que el patio estaba vacío en su totalidad.
El vampiro se recargaba en uno de los pilares mirando al techo derramando un par de lagrimas, pues se daba cuenta de que su vida pudo haber sido diferente y no tener que tomar el camino del vampirismo. La castaña solo se acercaba un poco para abrazarlo con fuerza, sintió la necesidad de hacerlo para brindarle apoyo, consuelo, alguien con quien podía contar.
-Si deseas desahogarte hazlo- En ese momento el vampiro tomaba el mentón de la chica dándole un beso apasionado en los labios, pues deseaba tener a la chica más que nunca, jactarse con esos labios hasta cansarse, hasta que no le quedaran mas para continuar. Ella al principio deseaba quitarse, pero no pudo evitar sentir su aroma de nuevo, su cuerpo, sus manos, su piel.
-Lo estoy haciendo, asi que continúa, ahora… también soy un mago, soy como tu… -El sonreía como un niño pequeño, pues ese descubrimiento le provocaba sentimientos encontrados, pero se sentía feliz al sentirse igual que la chica que amaba. – Aunque de no ser vampiro… jamás te hubiese conocido.- Ella sonreía un poco dándole una caricia.
-Tu casa hubiera sido Slytherin sin duda…
Ambos se volvieron a tomar de la mano para recorrer el castillo y poder mostrarle todas las maravillas del mismo, pues la chica se propuso enseñarle sobre la magia, ser su maestra, su mentora e instruirlo sobre ese mundo que se le había negado por negligencia y miedo de Giussepe Salvatore su padre. Ahora ambos se sentían en la misma sintonía.
