Capítulo 29.

Al final, sin embargo, levantó una mano y tocó la mejilla de él.

—Ha sido agradable—musitó ella sonriendo dulcemente.

—¿Agradable?—exclamó él. —Ha sido increíble—suspiró.

La acercó más a él y le acarició la cadera. Aquel ligero movimiento fue lo único que fue capaz de hacer. Tal y como se sentía en ese momento, quizá pasara mucho tiempo antes de que pudiera hacer otra cosa. Al menos, eso fue lo que creyó hasta que ella bajó una mano y le acarició su virilidad, provocando una reacción inmediata.

—Bueno—le preguntó. —¿Cuándo crees que podemos intentarlo despacio?—sonrió la ojijade.

Al parecer, sería mucho antes de lo que él habría creído posible. Sakura yacía contra el brazo de Sasuke, acariciándole el cabello con lentitud. Miró, sin verla, la luz de la luna; estaba concentrada en sus pensamientos.

Si había tenido alguna duda sobre la profundidad de sus sentimientos por Sasuke, ésta había desaparecido ya, abrasada en las horas de intimidad increíble que acababan de compartir.

En las últimas horas había aprendido que lento y rápido son dos conceptos distintos, pero igualmente maravillosos. Había aprendido que el sexo no tiene normas, sino una increíble gama de posibilidades. Y, sobre todo, había aprendido que hacer el amor con alguien a quien se ama es un acto de alegría mayor de lo que hubiera imaginado nunca.

Y sin embargo, no había habido declaraciones de amor, promesas, compromisos ni garantías. Y no importaba. Eso no cambiaba nada. Lo dijera o no en voz alta, le había entregado su corazón a Sasuke y no se lo retiraría nunca.

Pero no quería engañarse. Sabía que no había elegido un camino fácil. Aunque empezaba a creer que Sasuke y sus hijos eran exactamente lo que podía hacer que su vida se sintiera completa, eso no significaba que él sintiera lo mismo. Frunció el ceño al recordar la conversación que mantuvieron en el camino desde la casa, cuando él le contó lo que sintió a la muerte de Hikari.

Cuando lo oyó, no supo qué pensar; pero luego el comportamiento de él empezó a cobrar sentido. Si tanto le había dolido perder a su esposa, ¿no era posible que quisiera mantener a distancia a todo el mundo, incluidos sus hijos, sólo por proteger su corazón de otro dolor similar?

Parecía probable. Y si era así, ¿qué posibilidades tenía ella de que cambiara y apartara las barreras que rodeaban su corazón? Suspiró. Si tuviera un mínimo de sentido común, acabaría con aquella historia antes de que fuera demasiado tarde. Sería lo más seguro y lo más prudente. Y sin embargo, sabía ya que no iba a hacerlo.

¿Cuándo había huido ella de un reto o puesto su seguridad personal por encima de la búsqueda de la verdad? ¿Cómo iba a alejarse antes de estar segura de que no había un futuro entre Sasuke y ella? La respuesta era muy sencilla. No podía. De un modo u otro, seguiría adelante hasta descubrir lo que la esperaba. Sasuke se removió a su lado.

—¿Estás despierta?—susurró, acariciándole un pecho.

La joven se volvió, buscando en su rostro alguna señal que indicara lo que sentía por ella. En la penumbra, la emoción de los ojos de él era difícil de descifrar. Pero aquello no sirvió para disminuir la ola de ternura que la embargó ni su súbita seguridad de que él la necesitaba.

Supo de repente que, fuera cual fuera el riesgo emocional, fuera cual fuera el precio que tenía que pagar por aquella intimidad, valdría la pena. Porque se trataba de Sasuke y ella lo amaba. Una sonrisa iluminó su rostro.

—Si no lo hubiera estado ya, lo estaría ahora—dijo ella con voz ronca.

Se apretó contra él, ofreciéndole los labios. La boca del Uchiha se apoderó de la suya. Por el momento, era lo único que deseaba.