Restablecer la confianza en mí, dejar la tristeza a un lado y olvidarme de la ira que sentía hacía los dioses y el destino sería muy difícil, pero contaba con el apoyo de mi reina y su pueblo. Comencé a retomar algunas de mis actividades favoritas y a rehacer mi vida poco a poco.
Todas las mañanas, al despuntar el alba Gareth, Gilthas, Silvan, y yo salíamos a cabalgar por el bosque. Había olvidado lo mucho que me gustaba sentir el aire contra mi rostro. Lo reconfortante que era la conjunción de los sonidos que nos rodeaban.
Volví a mi entrenamiento. Gerard era uno de los mejores caballeros de la reina, y estaba siempre dispuesto a batirse a duelo con quien lo retara. Teniéndolo a él no necesitábamos ningún estafermo para practicar. Había perdido un poco de mi habilidad por falta de práctica, pero después de algunas derrotas y muchos cardenales en el cuerpo, logré comenzar a darle batalla y, pasado un tiempo pude vencerlo.
Silvan me enseñó a manejar el arco y las flechas. Era muy complicado, pero también divertido. Él y Gilthas eran los dos guerreros más antiguos de Aldys, aunque no se veían mucho mayores que Sir George.
Gareth y yo construimos varios estafermos para entrenar a los más jóvenes. Al hacerlo recordé las muchas sonrisas que los muñecos de paja de Stear nos robaban y las muchísimas sorpresas que nos llevábamos al probar los inventos de mi joven amigo.
Recordar se volvía cada vez más fácil y menos doloroso. Aún sufría al ver en mi mente la muerte de Anthony, pero ya no me sentía responsable de ella. Cuando pensaba en mi familia, veía a papá enseñándome a cabalgar, sonriendo con orgullo; a mamá bailando conmigo en brazos… feliz; a Rose jugando conmigo en la colina; y a mi sobrino, ahora lo veía con la gran sonrisa que tenía cuando me mostró aquella rosa blanca. Se sentía muy bien verlos así.
El noveno mes del año llegó y con él, el primer aniversario luctuoso de Anthony. Aldys, Tanis y Gareth me ayudaron a preparar una pequeña ceremonia para conmemorar la ocasión. Esperamos la llegada de la noche, y nos dirigimos al río. Sobre un pequeño cuenco de madera dejé una vela junto con algunas rosas que yo mismo había cultivado, la posé en el agua y la dejé partir.
Anthony, hoy hace un año que te uniste al resto de nuestra familia. Por mucho tiempo me culpé por tu partida, y deseé ir con ustedes. Todo fue tan repentino que no pude siquiera despedirme de ti. Ahora es tiempo de dejarte ir. Aún es doloroso, eso no te lo puedo negar, pero no puedo seguir aferrándome a tu recuerdo; tú debes poder estar en paz, con los nuestros y, mientras siga llorando tu muerte, no podrás hacerlo. Te libero ahora, ve con ellos pequeño, se feliz y permanece tranquilo. Aprenderé a vivir sin ustedes y su presencia, pero nunca dejaré de sentirlos y amarlos. Tu espíritu podrá ser libre y yo, volveré a ser quien era antes. Siempre estarán en mi corazón… los amo. Adiós… –respiré profundamente mientras veía mi ofrenda alejarse – Vida, destino, ahora nada nos debemos, ahora estamos en paz. Pueden hacer conmigo lo que quieran.
El tiempo siguió su curso y mi tranquilidad vino con él. Pronto el otoño maduró hasta convertirse en invierno, luego llegó la primavera y ahora ya era verano de nuevo.
Durante este tiempo había aprendido mucho, de la naturaleza, del amor, de la sanación, pero sobre todo de mí. Sabía ahora que podía reponerme de los golpes más crueles y, lo más importante, sabía que mi alma nunca se había perdido y que no necesitaba una razón para vivir, porque la vida en sí, era la mejor razón de todas.
El amor y la paciencia de Aldys me habían ayudado mucho. Creo que nunca podré dejar de agradecerle a los dioses que la hayan puesto en mi camino. Ella me ayudó a reencontrarme y a darme cuenta de que la vida es el regalo más sagrado que nos ha sido dado y que no dura por siempre, así que debemos disfrutarla al máximo.
Ahora que me sentía completo de nuevo, me daba cuenta de que era tiempo de regresar a mi reino. Les había dicho a Sir George y a Lady Elroy que volvería cuando estuviera restablecido, pero no quería dejar el lugar en el que me encontraba. Cada vez que pensaba en partir, recordaba las palabras que Aldys me había dicho cuando llegué a su lado "estás en casa… a salvo", y en verdad, este pueblo se había convertido en mi hogar y nunca me había sentido tan protegido y arraigado a otro lugar… pero comenzaba a extrañar a mi gente. Me sorprendía muchas veces pensando en los muchachos, en mis mentores y también muchas veces mis pensamientos viajaban hasta Candy.
Sabía que era tiempo de emprender el viaje de regreso, pero no quería dejar a mi reina. El amor que sentía por ella era real y gracias a él me mantuve a flote. Candy por mucho tiempo fue mi mayor ilusión, pero Aldys fue la esperanza de mis días de soledad. En verdad no quería dejarla.
¿En qué piensas Amir?
En lo mucho que te amo y en cuan agradecido estoy contigo.
¿Sabes que tus ojos nunca podrán mentirme?
¿A qué te refieres?
A que no me estás diciendo la verdad.
¿Te es tan fácil leer mis expresiones?
Te lo he dicho antes. Tus ojos son gemelos de los míos. Ellos jamás podrán mentirme – suspiré – dime qué pasa.
Creo que es tiempo de regresar a mi reino – sus ojos reflejaron tristeza y… resignación.
Prometiste volver cuando hubieras dejado atrás tu tristeza.
He aceptado mi destino y ya no sufro como antes lo hacía por la vida que me tocó vivir.
¿Pero?
Pero no quiero dejarte…
Debes regresar con los tuyos. Debes retomar tu camino.
Aldys, te amo y no quiero separarme de ti.
El amor no debe interponerse nunca entre un hombre y sus responsabilidades Amir. Yo no podría jamás interrumpir tu camino.
Ven conmigo – lo dije en tono casi suplicante, aun cuando sabía su respuesta.
Sabes bien que no puedo. Mi pueblo me necesita.
Yo te necesito - rogué
Amir…
¡Cásate conmigo! – sonrió.
Una reina está casada con su pueblo, amor mío, no con un hombre – su mirada estaba cargada de tristeza.
Aldys…
Amir no lo hagas más difícil. Sabes que la reina se queda con su gente, pero te llevas a la mujer contigo. Mi cuerpo permanecerá en este lugar siempre, pero contigo se va mi corazón.
Te amo tanto…
Y yo a ti, amor mío. Nunca pensé volver a amar a alguien con la intensidad de ahora. Nunca creí poder amar así.
No sé que habría sido de mí sin ti… – la abrazaba con fuerza, deseando que ese abrazo no terminara nunca.
Habrías logrado brillar como lo haces ahora.
No lo creo.
¿Cuándo partirás? – me dijo con la cabeza sumida en mi pecho.
Después de la próxima luna llena. Quiero agradecer a los dioses por última vez a tu lado.
Te ayudaremos a preparar tu viaje.
Aldys, debo pedirte algo.
Lo que gustes.
Permíteme portar la marca de tus caballeros.
Tú no necesitas portar esa marca. No eres mi caballero… eres mucho más. Eres mi señor – tomé su rostro entre mis manos y besé su frente.
Gilthas en alguna ocasión me dijo "una reina siempre tendrá sus caballeros. Y entre ellos siempre habrá uno que será su amor verdadero"… déjame al menos pensar que ese caballero soy yo.
Amir… – sus ojos estaban anegados en lágrimas que ella se negaba en dejar caer.
Pasamos los últimos días juntos, disfrutando cada momento de nuestra compañía, atesorando cada sonrisa, cada caricia, cada mirada.
La luna llena llegó y esa noche, Tanis grabó en mi pecho la marca de los caballeros de Aldys. Esa noche, mi reina y yo agradecimos a los dioses los favores que nos concedieron y el amor que nos mostraron. Yo agradecí además la nueva oportunidad que me brindaban.
En esa última noche que Aldys y yo compartimos, la noche de nuestra separación, nuestras almas se besaron en una unión superior a la que nuestros cuerpos habían conocido.
El alba llegó y con ella la partida. El ambiente era triste, pero era momento de regresar. Gareth se despidió deseándome la mejor de las vidas y ofreciéndome su eterna amistad y alianza. Gilthas, Silvan y Gerard me indicaron el camino, Tanis me pidió nunca olvidar las enseñanzas y el amor de los dioses.
Es tiempo de dejarte amor mío.
Me harás mucha falta Amir – en ese momento ambos habíamos ya comprendido que había llegado el momento de separarnos.
Siempre te llevaré en mi corazón – tomó mis manos y viéndome a los ojos me dijo:
Donde estés pensaré en ti. Mientras viva, cada día rezaré por ti al amanecer y, te honraré con la mirada puesta en el lucero del amor al anochecer. En mis plegaría rogaré por algún día volver a encontrarte… hasta ese momento viviré siempre por ti – la abracé con fuerza y la besé por última vez.
¿Podré volver a verte?
Para hacerlo sólo debes buscar a nuestras estrellas en el cielo. Siempre que las veas, me verás a mí. Cuando añores mis caricias siente el viento rozar tu rostro yo estaré en él. Escucha el silencio y en su murmullo me oirás decirte lo mucho que te amo. Yo haré lo mismo cuando necesite sentirme cerca de ti.
Nunca te olvidaré.
Ni yo a ti.
Aldys…
Dime amor mío.
Mi nombre… – ella posó sus dedos sobre mis labios impidiéndome decirlo.
No lo digas. Para mí y para este pueblo siempre serás Amir, mi Amir – sonreí.
Sabes Aldys, los dioses, lo sé ahora, son buenos. La máxima prueba de su bondad es la esperanza. Ella es el máximo milagro de la vida. Gracias por enseñarme eso.
Es tiempo de partir Amir, sólo quiero que, si en algún momento vuelves a sentirte triste y perdido, recuerdes que incluso la noche más negra termina dando paso al amanecer y que sin la oscuridad no sabríamos que existen las estrellas.
Adiós reina mía.
Se feliz, mi señor.
Y así, dejé atrás esa maravillosa etapa de mi existencia. Era tiempo de retomar mi vida y era tiempo de hacer algo que venía posponiendo durante mucho tiempo. Ahora regresaría a Lakewood y reclamaría la corona de mi padre. Ahora estaba seguro de que era el momento de llegar a ser más que Sir Albert, era tiempo de ser coronado Rey… el Rey William Albert Andrew.
