N/A: siento haber tardado en actualizar, pero últimamente apenas tengo tiempo, esta semana tengo cinco exámenes y debo estudiar. Y ¡llegamos a los doscientos reviews! Sois geniales, gracias. Vamos con vuestros reviews:
1-KLM-1: exacto, solo un mes, serían unos cuatro caps o así. Me alegra que te guste el Fic. Gracias por dejar el review.
maca: me alegra que te agradase el capítulo. Gracias por tu review.
pablo: amo que os guste tantísimo mi Fic, me motiva a escribir. Gracias por el review.
Usuario865: sí, faltan mucho para el final, este Fic será bastante largo. Gracias por el review.
Tere: no sé seguro que sean cinco, tal vez menos. Gracias por el review.
ICarly no es mío:
Narra Sam
- ¡Vamos, vamos! ¡Levántate!- me decía Carly ansiosa.
- ¿Por qué?- me quejé, mientras me ponía en pie.
- ¡Llegaremos tarde a la cita con la ginecóloga!- respondió ella con obviedad-. Venga, coge el abrigo, ¡nos vamos!
- ¡Pero si aún queda media hora! ¡Nos sobran diez minutos!
Carly me dirigió una mirada asesina.
Gruñí.
- Ok, tú ganas…
De mala gana, me vestí la prenda, mientras la castaña saltaba arriba y abajo, haciendo que me sintiese mareada.
- Carls, para ¡me mareas!- protesté.
Mi amiga suspiró y paró de dar saltos. Freddie entró corriendo en el apartamento, seguido de una enfadada Marissa.
- ¡Fredward Benson! ¡Ven aquí ahora mismo!- exigió la loca enfadada, apuntando a su hijo con un bote.
- ¡No mamá! ¡No dejaré que lo hagas de nuevo! ¡Ya tengo diecinueve años, soy mayor!- se quejó mi pobre novio, molesto.
Su madre le miró tiernamente.
- Pero para mí siempre serás mi pequeño…- dijo ella, con un deje de tristeza en la voz.
Freddie sonrió ligeramente.
- Está bien, mamá, dejaré que me rocíes con el espray anti-pulgas- accedió el castaño.
Su madre sonrió y los dos se abrazaron.
- Ehhh… ¿Qué acaba de pasar aquí?- preguntó mi amiga con confusión.
- ¿Espray anti-pulgas? ¿Puedo rociarte yo?- pregunté, sonriendo pícaramente.
- Claro- respondió mi novio, separándose de su madre.
- ¡Ah, no! ¡Ni hablar! ¡Ni se…!- no oí el final de la frase ya que arrastré a Freddie fuera del apartamento y cerré la puerta con la llave que Carly y Spencer me habían dado.
Me puse de puntillas para quedar a la altura de Freddie.
- No sabes cuantas ganas tenía de hacer eso…- dije, para luego apoderarme de sus labios con un beso apasionado que él me devolvió.
Extrañaba mucho besar a Freddie. La señora Benson y Spencer nos vigilaban continuamente para que no hiciéramos nada inadecuado, y por eso teníamos que buscar ratos a solas.
Continuamos besándonos como si no lo hubiésemos hecho en meses.
Narra Carly
Después de que Sam y Freddie se fueran a hacer Dios sabe que, la señora Benson y yo nos quedamos solas, envueltas en un incómodo silencio.
- ¿Y… cómo va la convivencia con Sam?- le pregunté, tratando de romper el hielo.
- Bien, supongo…
- Ah…
Después de aquello ninguna de las dos mencionó palabra. ¡Mataré a Sam y Freddie por haberme dejado sola!
Los dos enamorados entraron al cabo de cinco minutos.
- Listo, aquí tiene- anunció la rubia, dándole el botecito del espray a la señora Benson, quien se acercó a Freddie y empezó a… ¿Olisquearle?
Unos segundos después, Marissa dejó de oler a su hijo para gritarle a Sam:
- ¡No le has echado el espray!
A continuación, llevó a Freddie a rastras hacia la puerta mientras este protestaba.
Narra Sam
Después de que Marissa y Freddie regresaran, esperamos a Spencer y a Melanie.
A continuación, los cinco bajamos hasta los aparcamientos y nos dirigimos al coche de la señora Benson.
Luego de veinte minutos de trayecto, bajamos del vehículo y entramos en el hospital.
Caminamos por el pasillo hasta coger el ascensor.
Llegamos a la segunda planta y, para nuestra suerte, había varios asientos vacíos.
Carly y Marissa se habían empeñado en ir antes de la hora fijada para llegar muy puntuales, por lo que estuvimos un buen rato esperando.
Mientras Freddie acariciaba mi estómago, Spencer ligaba con una enfermera, Carly se mensajeaba con Gibby, Melanie hablaba por el móvil y Marissa charlaba con una ex compañera del trabajo con la que se había encontrado en la sala de espera.
- Wow, estoy enorme…- murmuré, mirando mi inmenso vientre.
El castaño rió y besó mi estómago, para luego sentarse a mi lado y continuar acariciando mi panza.
- Estás guapa- dijo él, besando mi mejilla.
Rodé los ojos.
- No, estoy gorda y fea- repliqué.
- Claro que no, amor, estás hermosa.
- ¿Lo dices de verdad?- pregunté apenada, mirándole a esos ojos cafés que tanto amaba.
- Por supuesto- afirmó, regalándome una de sus encantadoras sonrisas torcidas.
Sonreí también e incliné mi cabeza para besarle. Él hizo lo mismo y presionó sus labios contra los suyos.
Dejé de escuchar las voces y los sonidos que me rodeaban, lo único que ocupaba mi mente era ese inmenso, loco y desmesurado amor que sentía hacia Freddie.
Millones de sensaciones me invadieron cuando su lengua exploró mi boca, haciéndome gemir de placer. Las hormonas me tenían loca.
Traté de desabotonar su camisa, ignorando totalmente que estábamos en un lugar público, hasta que los gritos de Marissa me hicieron regresar a la realidad:
- ¡Samantha Puckett! ¡¿Qué demonios te crees que estás haciendo?!
- Besando a mi novio, ¿algún problema?- pregunté desafiante.
La cara de Marissa se volvió roja y me miró con rabia. No pudo responderme ya que la doctora Brown me llamó.
Me levanté del asiento con ayuda de Freddie y entramos a la consulta.
- Hola, chicos, ¿qué tal estáis?- preguntó la doctora con su habitual sonrisa.
- Bien.
- Muy bien.
La doctora me miró mientras me daba la bata blanca.
Narra Freddie
Mientras Sam se cambiaba, mi mamá, Spencer, Melanie y Carly empezaron a hablarle a la doctora:
- ¿Y Sam tendrá al bebé antes de tiempo? Es que lo leí en Internet, ya sabe, como es adolescente- cuestionó el castaño.
- No tiene porque, por ahora no hay ningún tipo de complicación- respondió.
- Ah. Eso es bueno, ¿no?
Los cuatro miramos a Spencer extrañado:
- Sí, Spence, eso es bueno…- respondí entre dientes.
- Bien.
Tras dirigirle una última mirada extraña a su hermano, Carly dirigió la vista a la doctora:
- ¿Y cómo sabremos cuando empieza el parto?- preguntó la castaña.
- Pues cuando las contracciones sean cada diez minutos durante dos horas, o cuando rompa aguas- contestó.
Melanie abrió la boca para preguntar, pero fue interrumpida por su hermana, quien regresaba a la habitación vestida con la bata que dejaba al descubierto su enorme vientre de ocho meses. Se tumbó en la camilla; sonreí y me coloqué a su lado.
La doctora extendió el gel transparente por la panza de mi novia. Luego pasó el pequeño aparato alargado, haciendo que en el monitor apareciesen figuras blancas y negras, que luego se transformaron en la silueta de un pequeño bebé.
- Awww, que chiquitín- dijo Carly, sonriendo embobada.
- ¡Es tan lindo!- exclamó Melanie.
Sam sonrió y miró a la pequeña criatura del monitor. Yo también sonreí.
Cada día se hacía más real. Dentro de un mes sería padre. Sam me miró y sonrió. Ojalá Nathan tenga su sonrisa.
Besé su mejilla y susurré un "te amo" en su oído.
- Yo también te amo- murmuró.
-…Y hoy le haremos la analítica del tercer trimestre- Sam se sobresaltó al oír la palabra "analítica" y decidió entrometerse en la conversación:
- ¿Cómo que analítica?- preguntó asustada.
- Que hoy deberás hacerte una analítica- informó mi madre, sonriendo.
- ¿Otra vez empezamos? ¿Por qué tengo que hacerme tantas analíticas? ¡Solo estoy embarazada, no enferma de cáncer!- replicó la rubia molesta.
La ginecóloga rió.
- Por eso debes hacerte analíticas: no solo está en juego tu salud, sino que también la del bebé, y las analíticas nos ayudan a saber si está sano o tiene algún problema- dijo.
- ¡Pero el bebé está bien!- exclamó la rubia, señalando a la pantalla.
- No podemos estar del todo seguros viendo solo la ecografía- replicó la médica.
- Pero si…
Sam fue interrumpida por mi madre, que parecía querer matarla con la mirada:
- Samantha Puckett, deja de comportarte como una niña de dos años y obedece a la doctora, ¿quieres?- le dijo entre dientes.
La ojiazul gruñó.
- ¡Pero es que no me gustan las agujas!
- ¡Que no protestes!
- Te doy cinco dólares a cambio- le dije a mi rubia, enseñándole el billete.
- Me haré la analítica- accedió con seguridad.
Narra Sam
Freddie quiso acompañarme. Me siguió por el pasillo del hospital, hasta que yo me paré en seco.
- ¡No quiero hacerlo!- exclamé, asustada.
- Sam, venga, te di cinco dólares, y es por tu bien- me recordó.
Cogí el billete del bolsillo y se lo di.
- ¿Podemos irnos ya a casa?- le pregunté.
Él suspiró.
- Sam, tienes que hacerlo. No es nada peligroso, no hay razón para tener miedo. Nadie ha muerto por que una analítica.
Un viejo que pasaba por delante de nosotros se quedó parado y nos miró:
- Mi mujer murió hace veinte años a causa de una analítica que se hizo en este hospital; la aguja estaba infectada de ébola y…
Freddie fulminó con la mirada al hombre:
- ¿Podría hacer el favor de callarse?
- Claro…- el viejecito continuó su camino, y, cuando ya estaba lejos gritó:- ¡Pero fue cierto!
Me eché a llorar y el castaño me abrazó.
- Pero, mi amor, ¿Por qué lloras?
- Son las hormonas… Y no quiero hacer la analítica… por favor, no me obligues- miré a Freddie con ojos suplicantes.
- Sam, no te va a hacer daño…
Suspiré.
- Lo sé, pero es que las agujas hacen que me sienta mareada. Las odio…
Freddie besó mi cabeza y cogió mi mano.
- Tranquila, yo estaré contigo.
Narra Freddie
Cuando conseguí convencer a Sam, ambos fuimos a la habitación. Una mujer de rostro amable nos recibió e invitó a la rubia a sentarse en la silla.
La médica cogió unos cuantos botecillos de cristal alargados, junto con una aguja.
Al verla, Sam agarró mi mano y la apretó con fuerza. Genial, por lo menos dos dedos rotos.
No manifesté el dolor que sentía y dejé que ella continuase.
La doctora clavó la aguja en la fina y blanca piel de mi novia. Juro que creí desmayarme de tanto que apretó mi pobre mano. Pero no me quejé.
La doctora extrajo la aguja y colocó una pequeña tira de esparadrapo en la zona, mientras que Sam suspiraba aliviada.
- ¿Ves como no fue para tanto?- dije, mientras salíamos de la consulta.
- No, no lo fue… Gracias por entrar conmigo- Sam mostró una pequeña sonrisa, genuinamente agradecida.
Nos dimos un corto abrazo que fue interrumpido por el mismo señor mayor de antes:
- ¡No debiste hacerte la analítica, jovencita! ¡A saber por donde ha estado esa aguja!
N/A: Siento que el cap fuese tan corto, pero no ando inspirada. Intentaré que el próximo sea más largo. Reviews, por favor, sabéis que amo vuestros reviews.
Próximo capítulo: El regreso de Pam Puckett.
Reviews.
