Lo primero que había hecho Sakura en cuanto Reed cortó la llamada, fue teclear el número de su casa, pero nadie le cogió el teléfono. Desesperada, marcó el número de la casa de Tomoyo, pero tampoco respondieron a la llamada. Sakura sentía que la cena estaba a punto de salirle por la boca, por lo que corrió al baño, seguida muy de cerca por Shaoran. El castaño le recogió el pelo justo cuando ella empezaba a devolver todo lo que había comido. Tras unos segundos, Sakura dejó de vomitar. Shaoran tiró de la cadena y limpió la boca de ella con suavidad, con el ceño fruncido y la mirada fija en sus ojos. Un sollozo ahogad inundó el pecho de Sakura y comenzó a sollozar. Por su culpa, su padre, su hermano y su mejor amiga estaban en peligro. Por culpa de haberse enamorado, había puesto un precio a la cabeza de cada una de aquellas personas. Se odiaba por dentro y lo peor era la sensación de angustia que la ahogaba y aprisionaba sus pulmones.

Shaoran no sabía bien qué hacer. No podía llamar a la policía, alertaría a Reed y todo terminaría demasiado rápido. Apretó los puños y dejó que Sakura se apoyase en él y se desahogara. Con una mano, le acarició el hombro derecho, mientras que con la otra jugaba con los dedos de sus manos, tendidas sobre su regazo, lánguidas.

-Shaoran-dijo Sakura con un hilo de voz; el castaño la enderezó y la obligó a mirarle a los ojos-. Tengo que ir, Shaoran.

-¿¡QUÉ!? ¡Ni hablar!

-Tengo que ir-insistió Sakura, agarrando con las pocas fuerzas que le quedaban la camisa del pijama de Shaoran-. Si no lo hago, ellos… Reed ha mentido, Shaoran. Se los ha llevado a todos. Sabe que tardaré en llegar hasta allí.

-¿Y piensas que yendo sin ningún plan de escape todo va a salir bien?-bufó Shaoran, anonadado- Es una soberana gilipollez, Sakura. No pienso dejar que te inmoles.

-A mí no me va a pasar nada-sollozó Sakura-. ¿No lo ves? No puede hacerle daño a aquello que quiere conseguir.

Shaoran la fulminó, con los ojos castaños destellando ira e impotencia. Sakura tenía razón. Si ella iba, Reed soltaría a los rehenes y entonces ya podría encargarse de planear cómo recuperar a Sakura. Sin embargo, la idea de perderla de vista durante un tiempo desconocido le asustaba. Realmente, tenía muchísimo miedo. Si algo le llegaba a pasar a Sakura, su mundo se vendría abajo y todo lo que ella había hecho por él quedaría como un lejano recuerdo. Su Estrella, su Luz, se apagaría. No habría nada que le atase a la vida. No podía perderla, no ahora que había descubierto que era posible ser amado incondicionalmente.

Shaoran alzó ambas manos con un suspiro y recorrió las líneas del rostro de Sakura, que no dejaba de mirarle, suplicante.

-No quiero perderte-confesó Shaoran en voz baja, sintiéndose débil-. No puedo…

Sakura pegó su mejilla izquierda a la mano derecha de Shaoran y esbozó una pequeña sonrisa que no llegó a sus ojos.

-Nunca lo harás. Recuerda: todo irá bien-Shaoran abrió la boca, sorprendido; Sakura aprovechó y le rodeó la mejilla izquierda con su mano-. Todo irá bien, tranquilo. Te lo prometo.

Sakura alzó la mano derecha y cerró todos los dedos sobre la palma excepto el meñique. Shaoran sonrió un poco al recordar ese gesto y entrelazó su dedo pequeño derecho con el de ella. Se miraron durante un instante antes de asentir con la cabeza y ponerse en pie.

Cinco minutos después, Shaoran conducía a toda velocidad por las calles desiertas de Tokio. Sakura no dejaba de rogar por que su familia estuviera a salvo. No entendía por qué Reed había nombrado a su padre. Se suponía que el maestro Fujitaka había desaparecido tras desplomarse la entrada de una nueva tumba y que no habían sido capaces de recuperar su cuerpo. ¿Por qué su jefe había hablado de él como si estuviera en el 'Vogue'? Algo en su interior le decía que había estado ciega por un momento. Esperaba, muy en el fondo, que todos estuvieran bien. Ella podría estar muy asustada, pero también estaba muy enfadada.

Pocos minutos después, Shaoran derrapaba en el asfalto junto a la acera, dejando el coche perfectamente aparcado. Sin ánimos de felicitarle, Sakura salió disparada del vehículo en dirección al local. Shaoran ni se molestó en echar el seguro al coche. Alcanzó a Sakura antes de que ella se internase en el 'Vogue' y la hizo girarse hacia él. Colocó ambas manos sobre sus hombros y fijó su mirada en la de ella.

-Ten cuidado-le pidió-. Estaré aquí fuera, ¿de acuerdo?

Sakura asintió levemente. Shaoran, comprendiendo que aquella era la única despedida que recibiría de ella, se abalanzó sobre su rostro y tomó sus labios con su boca, hambriento de ella. Sakura sacó valor y fuerzas y se retiró unos segundos después de sentir aquel contacto.

-Te amo, Shaoran-musitó, antes de zafarse del fuerte agarre de Shaoran y abrir la puerta del local con determinación.

Medio segundo después, Shaoran dejó de ver la silueta de Sakura. Decidido a desobedecer la petición de Sakura, Shaoran se alejó un poco de la puerta, aunque no la perdía de vista ni por un segundo. Se introdujo en el coche y rebuscó en la guantera. Allí encontró un móvil de repuesto, recomendación de Eriol, cuyo número marcó en cuanto la pantalla del móvil comenzó a brillar.

El local olía a humedad, rancio y alcohol. La sala principal solamente estaba iluminada por las tenues luces sobre la barra. Sakura miró a su alrededor, deteniendo la vista sobre las mesas y sillas, dispuestas tal y como sus compañeras las habían dejado el último día de trabajo. Inspiró con fuerza y avanzó unos cuantos pasos hacia el centro de la estancia. Fue entonces cuando escuchó el sonido de unos pasos a su izquierda. Sakura giró hacia el origen del sonido y agudizó los ojos, esperando. La figura de Reed surgió entre la penumbra, con una gran sonrisa de triunfo pintada en su cara y el paso seguro, digno de alguien que se cree vencedor.

-Bueno, bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí?

Reed salió de la barra y se acercó a Sakura, quien se tensó de inmediato.

-Pero si es mi putita favorita. Bien, bien, bien.

El jefe alzó una mano y la paseó por la mejilla de Sakura, siguiendo por el cuello y, finalmente, por su pecho. Ella se estremeció de asco ante el contacto, pero trató de quedarse quieta, desafiando con la mirada al ser que tenía delante.

-Ya me tienes aquí, Reed-escupió Sakura, mostrando una seguridad que no sentía en absoluto-. Suéltales. Ahora.

-Uhm…-Reed pareció que se lo pensaba- Me parece que no.

Sakura abrió mucho los ojos. Sintió que las piernas le fallaban y que el corazón se le paraba.

-Verás-prosiguió Reed-, me he dado cuenta de que la única forma que tengo para conseguir que hagas lo que yo quiero es mediante el chantaje. ¿Por qué iba a deshacerme de lo único que me garantiza tu obediencia?

Sakura ahogó un sollozo. Shaoran tenía razón. ¿Cómo había podido ser tan tonta?

-Pero tú…-tartamudeó, sintiéndose derrotada- Tú dijiste…

-Yo dije que los liberaría-admitió Reed, paseándose alrededor de ella-, pero solo si venías. Sola. Y tú no has venido sola, ¿verdad, preciosa?

Sakura tragó saliva. ¿Cómo había podido pensar que lograría engañar a Reed?

-Tu amiguito Li te ha traído en su flamante coche-adivinó el jefe, quedándose a espaldas de Sakura.

De repente, él la agarró del pelo con fuerza y tiró de él hacia abajo, de manera que el cuerpo de Sakura se vio impulsado hacia el suelo. La rubia cayó con estruendo. Su cabeza dio en el filo de una de las mesas contiguas y sintió que las rodillas le protestaban por el fuerte golpe contra el suelo. Ahogó un quejido, se le nubló la vista.

-Por supuesto que te ha traído-continuó Reed, chasqueando los dedos-. Debo admitir que es un gran partido. ¡El heredero de una fortuna china, quién lo diría!

-Shaoran es mucho más que eso-trató de defenderle Sakura.

-Conmovedor-dijo Reed con asco.

Pasó junto a Sakura y le profirió una patada en las costillas. Ella se dobló sobre sí misma, dejándose caer por entera en el suelo y haciéndose un ovillo, esperando que así se disipara un poco el dolor. Sakura abrió un poco los ojos y, en medio de la penumbra, pudo ver que cinco figuras entraban en la sala a través de la cabina del DJ. Sakura asoció aquella aparición milagrosa con la puerta escondida en la pared. El grupo se internó más en el lugar y dos de ellos empujaron al resto hacia el suelo. Los tres cayeron frente a Sakura entre las mesas. Los quejidos que dejaron salir le indicaron a la rubia que se trataban de Tomoyo, Touya y… su padre.

-Papá…-sollozó Sakura, girándose cuanto pudo en su dirección- Touya… Tomoyo… Lo siento mucho….

Las tres figuras tenían las manos atadas a la espalda. Sin embargo, solo la cabeza de Tomoyo se mantenía en alto, con la vista al frente, como si aquello no fuera con ella y no estuviera en peligro. Sakura intercambió una profunda mirada con ella y se le rompió el corazón al ver una pequeña sonrisa de ánimo en el rostro de su amiga. ¿Cómo podía sonreír en aquellos instantes? ¿No se daba cuenta de la situación en la que se encontraban? Tomoyo hizo un gesto con la cabeza y Sakura lo siguió. Paseó su mirada sobre su hermano, cabizbajo, hasta llegar a la tercera figura. Su padre, un hombre que antaño fuera alto, con porte y con mucha seguridad en sí mismo. Sakura no reconocía a aquella persona. ¿Dónde estaba su padre? Aquella masa andrajosa de piel, huesos y ropa roída no podía ser su padre. ¿Cuándo había sido la última vez que había comido? ¿O, incluso, que se había pasado agua por la cara?

-Suéltales-rogó Sakura, volviendo su rostro hacia Reed con el alma en pedazos-. Suéltales, por favor. Te prometo que no me opondré a nada que me digas. Pero déjalos ir… Por favor…

-Me temo que no puedo hacer eso, preciosa.

-Ya lo creo que lo hará-una voz irrumpió en medio de la oscuridad, sobresaltando el corazón de Sakura.

Sintiendo que iba a desmayarse por el dolor, Sakura se retorció en el suelo, aullando por las costillas y la cabeza. Buscó con sus ojos vidriosos a la única persona que podría tener aquella voz. Su voz. Sin embargo, él no estaba solo. Eriol Hiiraguizawa también estaba allí y ambos empuñaban un arma entre sus manos, apuntando directamente a Reed. No obstante, Sakura sabía que había otros dos con él. Tenía que hacer algo.

-¡Shaoran!-gritó, captando su atención momentáneamente, aunque sabía que él no había perdido la concentración ni por un solo segundo- ¡Hay dos más!

-Había-repuso Eriol, sacando de un bolsillo un dardo pequeño y de punta fina. Un dardo tranquilizante-. Esto tiene la cantidad suficiente para hacer dormir a un elefante.

-Hijos de puta-maldijo Reed, dando un paso hacia atrás, llevándose por delante la cabeza de Sakura.

Al notar su cuerpo bajo sus pies, Reed la tomó por el brazo y la obligó a ponerse de pie. Con la otra mano, sacó un arma y apuntó con ella a la cabeza de Sakura. La sangre se le heló en las venas a Shaoran. Tomoyo ahogó un grito, mientras que Touya y su padre apenas eran conscientes de lo que ocurría. Eriol esbozó una expresión condescendiente y avanzó un paso.

-Vamos-alzó una mano-, ¿esto es realmente necesario?

-¡Ni un paso más!-amenazó Reed, apuntando a los pies de Eriol y disparando a menos de dos centímetros de ellos.

Eriol paró en seco y asintió. Miró de reojo a Shaoran, que había captado el mensaje. Antes de que Reed fuese capaz de reaccionar, Shaoran apuntó a su pierna, justo en la rodilla y disparó. La bala esquivó el cuerpo de Sakura sin problemas y se introdujo de lleno en el hueso de la rótula de Reed, quien profirió un grito desgarrador de dolor. Sakura cayó al suelo de nuevo, semiinconsciente. Shaoran se apresuró a aprovechar el momento de desconcierto y corrió junto a Sakura. Echó un brazo de ella sobre su cuerpo y la arrastró junto a la barra, ocultándola parcialmente del tiroteo. Dejó la pistola a un lado, sabiendo que su amigo se encargaría perfectamente de los demás, y cogió con ambas manos el rostro de Sakura.

-Sakura-la llamó, pero ella apenas fue capaz de enfocarle; el dolor en su cabeza y en sus costillas era cada vez más pesado-. Mírame, Sakura. Mírame.

-Shaoran…-musitó Sakura sin fuerzas, dejando caer su cabeza sobre su hombro.

-Sakura…

-Estúpido niñato-escupió Reed en el centro de la sala, apoyado sobre una de las mesas mientras la rodilla le sangraba a chorros.

Eriol se había posicionado por delante de los tres rehenes, ya liberados de sus ataduras. Sin embargo, Reed no les prestaba atención a ellos, sino a Shaoran y Sakura, ambos agazapados bajo la entrada y salida de la barra.

-Ella es mía-rugió Reed, alzando de nuevo la pistola y apuntando al corazón de Shaoran.

El castaño se dio cuenta tarde de que estaba desarmado y se maldijo por dentro. Reed sonrió al percatarse de su situación y dobló un poco la cabeza con una expresión propia de un demente: los ojos muy abiertos, inyectados en sangre, y los dientes amarillos dibujando una diabólica mueca en su rostro.

-Adiós.

Todo pareció transcurrir a cámara lenta. Justo cuando la bala salía del arma de Reed, Eriol gritó, conteniendo el impulso de Tomoyo de correr hacia ellos. Shaoran cogió aire, preparado para recibir el impacto. Pero algo se interpuso entre su corazón y la bala y apenas fue consciente de lo que fue cuando cayó con un peso muerto sobre sus rodillas. El siguiente sonido que escuchó, además de un último disparo, fue el de Sakura ahogándose. Shaoran abrió al máximo los ojos y empezó a asimilar lo que había ocurrido. Sakura, en un último arranque de valentía, se había enderezado sobre sí misma, a la espera del disparo. Y justo cuando Reed había apretado el gatillo, ella saltó sobre el cuerpo de Shaoran, dándole la espalda. La bala penetró en el costado sano de Sakura, perforándola.

-Joder, no… ¡SAKURA!-chilló Shaoran, cerniéndose sobre el cuerpo de la rubia, que respiraba a marchas forzadas.