Lamento mucho la tardanza, este fic está por terminar. Espero se diviertan con este capi. Besos!
ALICE POV
¿Y ahora? Me sentía impotente. Era como si yo estuviera haciendo un complot contra todos mis nuevos amigos y contra mi familia…
Llevarlos directamente a la muerte no era nada bueno, nada.
Me sentía demasiado mal y no quería que Jasper se diera cuenta así que me acerqué a Juanito y comencé con algo que entusiasmaría a todos.
– ¿Qué les parece si elegimos los sobrenombres de súper héroes? – dije fuertemente y todos comenzaron a animarse.
– Jasper, Alice, Rosalie, Edward, Karla y yo ya tenemos unos – dijo Emmett con un tono burlón.
– Por cierto, ¿Dónde están Edward y Karla? – preguntó Jasper.
– Ya los convencí de que tienen que reconciliarse, Karla debía entender que lo de Bella fue todo un complot de ella misma – Todos me miraron confundidos.
– Karla y Edward están juntos – dije y se llegaron a escuchar algunos susurros demasiado bajos.
– Bueno, bueno, bueno… ¡Yo tengo un poder súper especial! ¿Puedo ser el primero en elegir mi sobrenombre? – preguntó Osvaldo. Todos lo miraron intrigados.
– ¿Cuál es tu poder? – preguntó Ivonne.
– Pedir prestados los poderes. ¿Me prestas el tuyo Ivonne? – la aludida negó con la cabeza.
– Bueno, hice lo que pude – Osvaldo rió – ¡Yo quiero ser "Teobaldo"! – gritó.
– ¿Por qué Teobaldo? – preguntó Emmett.
– Oh, así se llamaba uno de Romeo y Julieta –
– ¿Romeo y Julieta? – Rocha pregunto.
– Si. Mi mami me leía Romeo y Julieta. Oh romeo, romeo, ¿Por qué eres romeo? Reniega de tu padre y rechaza tu nombre, mas, si no quieres hacerlo, jura que me amas y ya no seré más una Capuleto – dramatizó Osvaldo y todos comenzamos a reír.
– Está bien Teobaldo. ¿Alguien más quiere decir su sobrenombre? – inquirí.
– Primero les digo los de nosotros – dijo Emmett – Mi Rose es "Vanity girl"; Jasper es "Burbu-jito"; Alice es "Peque Visión"; Edward es "Bombonsote"; Karla es la "Chica climanator" y yo soy "Bellote" – Emmett concluyó con una gran sonrisa y todos nos echamos a reír.
– Bueno, yo quiero ser "Telequifer" – dijo mi querida hija.
– ¡Y yo "Yas"! – agregó Yazz.
– Yo sigo siendo "Sakura" – dijo ella.
– Y yo igual – dijo Ivonne.
– ¿Sakura? – preguntó Emmett.
– No. Digo que quiero llamarme igual: Ivonne –
– ¡Yo si quiero sobrenombre! – Dijo Cary – quiero Ser "electricgirl" –
– Yo "Psicótica" – dijo Claudia.
– Yo "Meika" – dijo Madeleinne.
– ¡Yo "Alitas"! – grito Juanito y todos nos animamos.
– Romelia será "Mazapán" – dije y todos asintieron.
– Yo soy "Zeuz" – dijo Abraham.
– Arturo será "Kuba" – dijo Jasper.
– Andrea será "Andre" – dijo Rocha.
– Y tu "Slash" – dijo Andrea a Rocha.
Eddel nos observaba serio y después dio la vuelta. Todos nos callamos y cuando el silencio reinó el giró en un salto y dijo con una voz muy ronca:
– Yo soy "flash… Camuuuuu flash" – todos reimos.
– Yo "Súper thief" – dijo Humberto por ultimo y seguimos caminando.
EDWARD POV
Después de pocos minutos alcanzamos a los demás, faltaba exactamente un día para el encuentro y estábamos muy lejos. Era fácil seguir corriendo hasta que llegáramos a la frontera, pero ir soportando a aquel grupito de comediantes estresaba demasiado. ¿Y si nos íbamos corriendo, y por alguna extraña razón, la tardanza nos ponía nerviosos y terminábamos bloqueándonos? Eso sería malo, muy malo. Aunque el futuro aún no cambiaba, aunque Alice intentara inútilmente engañarme inventando otra visión, trataríamos de que nuestros cuerpos no terminaran en ese estado… ¿Iríamos realmente a algún lugar? ¿Moriríamos o seríamos como espíritus andantes? Si éramos inmortales, en tal caso ¿Era posible morir?
Caminamos lentamente. Alice, Karla y yo les explicamos que la relajación ayudaría a evitar un bloqueo mental a causa de los nervios. Ellos estaban entusiasmados, querían llegar y "acabar" con aquellas criaturas. ¡Si sabrían que todos terminaríamos como jamás lo pensamos!
Ya entrada la noche, los nervios comenzaban a sentirse. Y aún más puesto que estábamos lejos de la frontera.
– ¡Sería genial que llegara un vehículo para irnos rápido! – gritó Osvaldo. Todos asintieron.
¿Enserio no tendría un poder? ¿Qué sus deseos se hicieran realidad?
En ese momento, un camión hippie estacionó frente a nosotros.
Una chica de cabellos rizados y cortos sonreía desde el asiento conductor.
– ¿Puedo llevarlos a algún lado? Ya es algo… tarde para andar por aquí. ¿No sabían de los pitufos asesinos que rondan aquí cerca? Sin olvidar que Pinky y Cerebro viven en aquel viejo laboratorio – apuntó con su dedo índice un viejo almacén lejano.
Osvaldo tenía una sonrisa que le llegaba hasta los ojos.
– ¡Claro! Yo si voy – dijo el.
Rápidamente todos asintieron, a causa de los nervios. Creían que si llegábamos un minuto antes el mundo explotaría o todos los humanos terminarían siendo robots de aquellas criaturas que con mucha dificultad pudimos describir.
– Soy Gaby… pero pueden decirme: Cebollas, calabaza, calva… ¡Como gusten! –
– ¡Claro Gaby! – dijo Karla sonriéndole y rápidamente le dijo los nombres de todos.
Nos sentamos en uno de los últimos asientos ya que Karla se puso a entrevistar a la chica hippie.
Cuando todos estábamos ya listos, me di cuenta que la puerta aún no se cerraba.
– ¿Y tu? – preguntó Gaby a Rocha que se encontraba de brazos cruzados al pecho justo a unos 5 pasos del camión.
– Yo no me voy en eso… ¡No soy hippie! – dijo molesto; Gaby solo le sonrió amablemente.
– ¡Rocha, no seas estúpido! ¡Súbete ya! – dijo Eddel.
– No. ¡No quiero! – seguía haciendo su puchero.
– Rocha… – comencé a hablar desde el fondo del autobús lo más suavemente posible – ¿Podrías subirte por favor? Tenemos que llegar todos juntos – vi como su rostro se quedaba pensativo.
"Es cierto, tenemos que estar todos juntos…" pensó.
– En ese caso… – todos lo miramos expectantes – ¡Los veo allá! – dijo y se tele transportó.
– ¡Estúpido Rocha! No se cómo fue que se nos olvidó su poder – dijo Eddel.
– ¡Cierto! Creo que un viaje así nos calmaría mucho –
– ¿Y un camión hippie no? – preguntó Gaby.
– ¡También! Esta chiiiiiiiidooo – dijo Osvaldo haciendo gestos.
– Bueno, ¡Vámonos! – dijo la chica calva y comenzó el viaje.
Manejaba muy rápido, mucho. Jamás creí que ese camión hippie aparentemente viejo llegaría a alcanzar esas velocidades.
Justo al amanecer, llegamos a la frontera.
Karla, junto con Angie, Madeleinne y Abraham comenzaron a agitar el clima.
Todas las personas que se encontraban cerca de aquel lugar comenzaron a huir, pensaban que era un tornado que se acercaba.
Cuando todo estuvo libre de humanos, comenzamos a dirigirnos hacia el lugar exacto, donde nos encontraríamos con aquellos seres.
Pocos minutos después… llegamos.
Y allí estábamos, frente a frente. Un ejército de vampiros brillantes y otro de seres verdes y pegajosos, llenos de tentáculos y unos terribles ojos negros, completamente negros.
Karla hizo que las nubes bloquearan el sol, ya que los rayos nos daban directamente de frente, entonces pudimos ver mucho, mucho mejor.
Muchos vampiros y un licántropo: nosotros; contra aquellas miles de pequeñas criaturas asquerosas y entre ellos, Bella, Jacob y… y… ¿Un vampiro?
– ¿Cote? ¿Twilight Fan? – preguntó Alice y la vampiresa que se encontraba entre aquellos extraterrestres maniacos levantó el rostro para vernos más fijamente.
– Creí que… te unirías a nosotros; yo lo… yo lo había visto –agregó mi hermana titubeante
Aquella vampira solo agachó la mirada, avergonzada.
Al parecer necesitaríamos más apoyo. Aperas éramos algunos veinte y ellos… demasiados.
La adrenalina corría por mis venas; mis músculos se contraían una y otra vez; la ponzoña llenaba mi boca, estaba preparado para atacar a aquellos estúpidos seres que intentarían matarnos.
– Emmett, ¿Cuántos somos? ¡Cuéntanos rápido! – dijo Rosalie nerviosa, ya se había dado cuenta de las diferencias numéricas.
– ¡987! – dijo Emmett y todos nos giramos a verlo con el disgusto enmarcado en el rostro.
– ¿Qué? Pidieron rapidez, no precisión… ¡No puedo con todo! – dijo a su defensa.
– 22 – dijo Ivonne.
– Muy pocos en comparación con ellos – agregó Claudia.
Entonces, Karla tuvo una idea. A mi parecer era demasiado… estúpida, muy al estilo Emmett Cullen. Pero ahora no me pondría a discutir, cualquier cosa que pudiera ayudarnos valía la pela ser intentada.
– Yo si creo en las hadas, yo creo en ellas… creo – comenzó a decir y luego, todos ya estaban diciendo eso mismo, todos nuestros acompañantes, nuestros cómplices… incluso yo lo hacía.
El ejército de los asquerosos extraterrestres nos miraba con expresión confundida, Alice no dejaba de mirar a cote, aquella chica a quien llamó "Twilight Fan", acababa de tener una visión pero yo no había puesto mucha atención, así que me la había perdido.
En eso, me giré para ver a esa vampira entre los extraterrestres y era muy notable la tensión en su rostro, parecía estresada. Cerró los ojos con fuerza y apretó la mandíbula, vi como poco a poco sus labios comenzaron a abrirse en un susurro:
– Yo si creo en las hadas, yo creo en ellas… creo –
El extraterrestre más grande, el líder, el que había habitado en la plantita de Emmett se giró y la lanzó con telequinesis hacia nosotros. Cuando ella ya estaba junto a Alice, el extraterrestre intentó hacerlo nuevamente, pero le fue imposible.
– Telequinesis limitada – dijo Madeleinne.
– Solo puede controlar a los de su ejercito – dijo Cote y todos nos giramos hacia ella – Y yo ya no soy parte de el – Alice la miró sonriente.
Comenzamos a escuchar un leve zumbido, no me había percatado de que todos nuestros compañeros seguían susurrando aquellas palabras.
Miles de aleteos suaves se escuchaban a lo lejos.
Karla movió un poco las nubes y entre estas, Campanita venía al mando de un ejército nuevo en esta contienda, un ejército de hadas que se ponía de nuestra parte.
Las hadas iban perfectamente formadas, todas vestían ropas de camuflaje, del tipo que usan los soldados y en sus rostros podía verse dos pequeñas líneas negras horizontales bajo sus ojos. Empezaron a caer en picada ubicándose entre nosotros y llenándonos de un fino polvo dorado.
Campanita se acercó a Sakura e hizo un sonido extraño.
– ¿Fe, confianza y polvo de hadas? – preguntó Sakura y el hada asintió.
– Ya escucharon: Fe y confianza, el polvo de hadas ya lo tenemos.
Estábamos dispuestos a atacar, solo esperábamos cualquier movimiento por aquellos seres para lanzarnos a la lucha, nuestros cuerpos estaban preparados y en posición, entonces Karla interrumpió.
Algunas veces odiaba que ella tuviera esa gran necesidad de conocer el porque de las cosas, de conocer la verdad. Miró a Mazapán y esta asintió en su dirección. ¿Cómo se comunicaron?
– ¿Por qué haces todo esto? ¿Quién eres? ¿De donde vienes? – dijo Karla levantando mucho la voz esperando que aquel extraterrestre de la plantita de Emmett pudiera escucharla, sobre todo: entenderla y que pudiera ser capaz de expresarse y contestar sus dudas. Para mi sorpresa, aquel horrible ser sonrió de una manera malévola.
Era demasiado… extraño. Tenía largos tentáculos por todos lados, un ¿bigote? Si, un pequeño bigotito de un corte muy, muy raro. Su cabeza era casi transparente, era fácil poder ver su cerebro. Y era muy grande, algunos dos metros de alto. ¿Cómo diablos había crecido tanto? La maceta de la plantita no era tan grande… quizá se había expandido.
– ¿Enserio quieres saber todo eso? – preguntó ese ser mirando fijamente a Karla. Ella asintió.
– Y todos nosotros también – agregó Mazapán desde detrás de Rosalie.
– En tal caso… les cuento… –
