Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de MarieCarro, solo nos adjudicamos la traducción.
The Perfect Partner Program
By: MarieCarro
Traducción: Sarai GN
Beta: Melina Aragón
Capítulo 29: Confianza
Por fin abrió los ojos de nuevo, pero un segundo apenas había transcurrido antes de que tuviera mis brazos alrededor de su cuello y estuviera de puntillas para que realmente pudiera besarlo.
Siendo la mujer excesivamente emocional y hormonal que era, no podía ser considerada responsable de mis acciones mientras lo empujaba de regreso al sofá y me sentaba a horcajadas en su regazo.
—Bella, tal vez no deberíamos… —Edward intentó cuando se dio cuenta que de repente tenía a una mujer embarazada, deseosa sexualmente encima de él.
—Sí, creo que deberíamos —insistí y atrapé su rostro entre mis manos antes de presionar mi boca con fuerza contra la de él.
No estaba respondiendo del modo que yo quería que lo hiciera, por lo que comencé a mecer mis caderas con la esperanza de encender ese fuego que sabía tenía en su interior. Él gimió cuando mi centro repetidamente hizo contacto con su entrepierna y claramente pude sentir la agitación en sus pantalones.
Pero todavía actuaba vacilante, por lo que con determinación, desabotoné mi blusa y agarré su mano para colocarla en mi pecho. A pesar de que fui yo quien colocó su mano ahí, sentí corrientes eléctricas que se dispararon a través de mí por el contacto y gemí.
No podía recordar la última vez que tuve sexo y sabía que toda esa reprimida tensión sexual ahora estaba fuera de control.
—Edward, por favor, yo… —No pude terminar porque a pesar de que apenas me había tocado, mi centro ya estaba latiendo casi dolorosamente. Necesitaba que él hiciera algo pero no lo hacía y eso me frustraba mucho más.
—No, Bella, no puedo… No quiero que hagas algo de lo que te arrepentirás —dijo; pero no me empujaba lejos ni quitaba su mano de mi pecho y su erección empujaba contra el botón de sus vaqueros. Su cuerpo claramente decía una cosa mientras su cabeza decía otra.
—¿Por qué me arrepentiría? —jadeé—. Confío en ti. —Era la primera vez que lo decía en voz alta, se había ganado mi confianza de nuevo.
Esa vez se hizo para atrás para poder verme a los ojos.
—¿Lo haces? —preguntó con los ojos muy abiertos.
—Sí, lo hago —respondí con profundo sentimiento detrás de esas palabras—. Desde que volviste, no me has dado ninguna razón para no hacerlo.
—Joder, Bella, no tienes idea de cuánto tiempo he esperado para escucharte decir esas palabras. —Sus ojos se oscurecieron con lujuria cuando sintió que ya no debía contenerse más. En ese momento sabía que tenía mi confianza y no tenía que temer de lamentar algo.
Fue su turno de agarrar mi cara y tirar de mí para poder besarme. Ese beso fue profundo y lleno de pasión, que sólo había compartido con Edward y los dos gemimos ante la sensación.
Nuestros movimientos se hicieron apresurados y temblorosos mientras tratábamos de tocar cada centímetro del otro. Ambos estábamos tan excitados y bastante impacientes mientras nuestros cuerpos reaccionaban a la larga espera.
Su camisa estuvo pronto desabotonada y tracé con mis manos todo su torso, desde su ombligo hasta sus hombros.
Era demasiado. No sabía qué hacer cuando él comenzó a besarme la garganta y luego succionar suavemente la piel donde mi hombro se unía con el cuello. Todo lo que realmente quería era que ambos nos quitáramos la ropa.
Todavía estaba meciendo mis caderas y el movimiento causó que la costura de mis pantalones se presionara contra mi clítoris, ya estaba tan cerca del orgasmo, sobre todo ahora que Edward contribuía empujando sus caderas cuando yo me presionaba contra él.
—¡Joder! ¡Eso se siente tan bien! —exclamé y me agaché para desabrochar sus vaqueros.
Él todavía tenía la restricción de su ropa interior, con la cremallera de sus vaqueros abajo gimió ante la sensación de estar libre.
Estaba a punto de levantarme para que pudiera removerse los pantalones pero Edward de repente se congeló.
—¡Bella, espera! —dijo y ladeó la cabeza hacia la puerta delantera como si estuviese escuchando algo—. Escuché un auto.
Nos sentamos inmóviles durante unos segundos, todavía estaba a horcajadas sobre él y ambos con las camisas desabotonadas y fue cuando escuchamos los inconfundibles pasos de mi padre en el porche, luego su característico toque antes de insertar su llave.
—¡Mierda! —Con toda la gracia que pude reunir, que no fue mucha, casi volé del regazo de Edward y corrí a esconderme detrás de la pared que ocultaba todo de la vista que obtenías cuando estabas en el pasillo.
Con movimientos de pánico, le hice gestos a Edward para que se uniera a mí. Él estaba todavía en el sofá, su camisa y vaqueros desabotonados, afortunadamente, su erección parecía haberse desinflado ligeramente.
Edward estaba tras la pared justo antes que la puerta se abriera y escuchara la voz de papá llamándome.
—¿Bella?
—¡Mierda, mierda, mierda! —murmuré bajo mi aliento mientras trataba de abotonar mi camisa, pero mis manos temblorosas lo hicieron casi imposible—. ¡Um, dame un segundo, papá! —respondí pero mi voz no fue muy firme.
Finalmente logré cerrar el último botón y cuando vi sobre mi hombro, vi que Edward ya casi había abotonado su camisa, así que intercambiamos una mirada antes de dirigirnos por el pasillo.
—¡Hola, papá! ¿Qué pasa? —pregunté; tan pronto como las palabras salieron de mi boca, quise golpearme. Nunca le preguntaba a papá "¿qué pasa?" y ahora él sabía que estaba ocultando algo.
Inmediatamente entrecerró los ojos y escudriñó cada pulgada de mí. Tampoco le gustaba andarse por las ramas.
—¿Qué estás escondiendo, Bells?
Solté una risa muy falsa.
—No estoy escondiendo nada. ¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté en un intento por cambiar de tema.
Me levantó una ceja con escepticismo.
—Soy un detector de mentiras humano y tú no eres muy buena mintiendo, Muñeca. Ahora, ¿hay algo que quieras decirme?
Abrí la boca para negar de nuevo cuando ambos escuchamos algo caer en la sala, lo que nos hizo caminar hasta allí.
Edward de alguna manera había hecho aparecer su portátil en la mesita de café y estaba limpiando el agua que se había derramado del vaso que estaba a la par de él. Todo aparentaba ser muy inocente y fue una buena distracción para papá también.
—Edward —dijo a modo de saludo—. ¿Cómo están las cosas?
—Jefe Swan. —Edward se enderezó y se acercó a papá para darle la mano. Ambos eran todavía muy formales con el otro, nunca dijeron nada al respecto. Era su problema cómo querían actuar entre ellos, mientras fueran civilizados, yo estaba bien con eso—. Estoy bien, gracias.
—Bien, bien. No sabía que todavía estarías aquí. ¿Cómo va la búsqueda de casas? —Quería patear a mi padre por ese comentario. Había confiado en él sobre mis conflictivos sentimientos por tener a Edward viviendo conmigo pero nunca pensé que fuera a lanzar esa observación a la cara de Edward cuando se reunieran de nuevo.
Edward se aclaró la garganta, incómodo y comenzó a frotarse el cuello que se había puesto un poco rojo.
—Um, bien, yo, um, todavía no he encontrado nada.
Papá asintió con una expresión cautelosa todavía en su rostro.
—Ya veo. Bueno, no era mi intención incomodarte. Volveré en otro momento. —Se giró para irse, pero en la puerta, nos miró sobre su hombro—. Y, Edward, te faltó un botón.
Edward inmediatamente bajó la vista a su camisa, efectivamente, un botón en el centro estaba en el agujero equivocado, por lo que toda la camisa parecía torcida. Gemí suavemente y me escondí tras una de mis manos.
—Señor, yo… —Edward comenzó, pero papá ya se había marchado.
Nuestros ojos se encontraron por un segundo y de repente no pude contener más la risa. Le tomó sólo un momento a Edward para unírseme. Era la manera más fácil de manejar la vergüenza absoluta que sentía.
Edward y yo no continuamos nada esa noche. El momento había pasado y los dos nos sentíamos muy avergonzados, habiendo sido sorprendidos por mi padre, como para hacer algo. Edward también me confesó que se habría odiado a sí mismo si nuestra primera vez hubiese sido en el sofá de la sala.
—Quiero adorarte y cuidar de ti. Quiero que sepas cuánto significa para mí que me hayas dado tu confianza. No pienso dejar que pase un sólo momento sin que sepas cómo me siento.
Esa declaración fue suficiente para hacer un nudo en mi interior pero tenía razón. Tampoco quería que nuestra primera vez fuera en el sofá. Quería que fuéramos capaces de tomarnos nuestro tiempo con el otro, que supiéramos que no seríamos interrumpidos accidentalmente por visitas inesperadas.
Tendría que hablar con mi padre sobre eso. Tenía a un hombre en mi vida ahora y un poco de privacidad sería agradable.
—¿Bella? —dijo Edward después de un momento de silencio.
Me di la vuelta y lo miré.
—Sobre lo que tu papá dijo; ¿cómo te sientes conmigo viviendo aquí? Sé que en realidad no hemos hablado de ello.
Dudé. Tenía tanto miedo de hacerle daño si le decía que no quería vivir más con él. Especialmente después de todo lo que había ocurrido entre nosotros.
—No lo sé —empecé con cuidado—. A veces se siente como que vamos demasiado adelante del camino, moviéndonos muy rápido pero otras veces se siente bien. Estoy en conflicto por eso.
Él sonrió y asintió.
—Entiendo —dijo y se levantó. Se inclinó y besó suavemente la parte superior de mi cabeza—. Voy a empezar a buscar casa en la mañana.
Parpadeé y lo miré inquisitivamente.
—¿Qué? —pregunté.
—No te preocupes, Bella. Sé que no quieres hacerme daño pero necesitas tu espacio. Lo entiendo, así que buscaré una casa en la mañana. —Empezó a alejarse, pero no tardé en seguirlo.
—¿Eso entendiste de lo que dije? —pregunté con incredulidad.
Se detuvo y se volvió hacia mí.
—Si en realidad desearas que me quedara aquí, no habrías dudarlo en decírmelo y así es como lo supe, amor. No estoy herido. Quiero que te sientas cómoda conmigo, así que me mudaré.
Me dio otro beso en la frente y desapareció dentro de la habitación de invitados, pero yo estaba congelada en mi lugar, solamente pensando en cómo me había llamado: amor.
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Edward mantuvo su promesa y comenzó a buscar casas al día siguiente, debido a que eso lo mantuvo ocupado y de repente me llegó una nueva carga de trabajo esa semana, no fuimos capaces de explorar más la parte física de nuestra relación.
Yo también estaba creciendo más y mi emoción crecía cada día. Mi fecha probable de parto era el 21 de octubre y estábamos a tres de septiembre faltaban diez días para mi cumpleaños número treinta y tres.
No tenía idea si Edward lo sabía pero sería interesante ver qué sucedería.
Sabía que Becca querría hacer una fiesta para mí aunque no tenía idea de qué clase de fiesta. Por lo general, consistían en todos mis amigos y familia, un montón de deliciosa comida y bebida, juegos y bailes, con el bebé en camino, estaba bastante segura de que lo salvaje sería suprimido del evento.
Esa misma tarde, cuando Edward estaba fuera viendo una casa que había encontrado, alguien tocó a mi puerta. Cuando la abrí, Becca entró como un torbellino, con una carpeta bajo el brazo y un brillo de emoción en la mirada.
—¡Muy bien! ¡Vamos a planificar, nena! Tenemos diez días y mucho que hacer.
Sonreí y sacudí la cabeza antes de cerrar la puerta y seguir a Becca a la sala donde tomó lugar en el sofá. Su carpeta estaba abierta, y estaba escribiendo algo en una pequeña libreta.
Nos sentamos y hablamos de ideas todo el tiempo y luego una reunión que no había planeado ocurrió.
Edward volvió a casa, cuando entró por la puerta delantera Becca levantó la vista y se encontró con sus ojos. Vi endurecerse su expresión y supe que sin importar cuánto le pidiera que lo dejara ir, Becca siempre tendría resentimiento hacia Edward.
—Um, Edward, esta es mi mejor amiga, Rebecca Walters. Becca, Edward Masen —dije con la esperanza de que las presentaciones suavizaran las cosas.
—Oh, sé quién es él —dijo Becca y se levantó del sofá. Ella le tendió la mano para que él se la estrujara—. Es un placer conocerte finalmente —dijo amablemente; él tomó la mano ofrecida en la suya.
Sin embargo, por un segundo, lo vi temblar, Becca lo acercó a ella y le dijo algo al oído.
—¡Becca, basta! —Suspiré. Sabía que ella lo estaba amenazando, ya estaba harta de eso. Prometió ser amable mientras yo no le dijera lo contrario y esto no era ser amable.
—¿Qué? —preguntó con dulzura cuando se apartó Edward tenía los ojos muy abiertos—. Oh, bueno, creo que hemos planeado suficiente por hoy, debería irme. Como dije, fue muy agradable conocerte, Edward.
Tan pronto como la puerta se cerró tras Becca, Edward se relajó.
—Mierda —dijo—. Tu mejor amiga tiene un agarre terriblemente fuerte. —Mantuvo su mano derecha en su izquierda y la masajeó.
La acción me hizo reír, cuando los ojos de Edward regresaron a los míos, me detuve.
—Lo siento —le dije y me levanté—. ¿Quieres que te bese para hacerte sentir mejor?
Finalmente vio humor en eso y sonrió.
—Sí, lo quiero —dijo y levantó la mano lesionada.
Coloqué un suave beso en el dorso de la mano y la sostuve entre las mías.
—¿Mejor? —pregunté.
—Mucho —respondió con una sonrisa.
