Buenas tardes de día festivo!

Vengo con otro capi de esta historia... algo que todas estábais esperando. Espero que os guste por lo menos tanto como a mi me gustó escribirlo ^_^

Muchas gracias a todos por leer y añadir a favoritos.

Y mil gracias más por sus reviews a DraBSwan, anouscha, Anaidam, Gatita Swan, Nurymisu, Cristal 82, Suiza19, anamart05, katyms13 y BronceCeniza16649. No sabéis la ilusión q me hace :_)

Los personajes pertenecen a la señora SM, la ida de olla es sólo mía...

Capítulo 29:

La luz entraba por la ventana iluminando la estancia. Un rayo de sol le daba de lleno en el rostro. Quiso abrir los ojos, pero los párpados le pesaban demasiado, le dolían tanto...

Se removió un poco al sentir sus músculos entumecidos. Pero no pudo variar mucho su posición; notaba un peso en su cintura… de hecho notaba uno de sus pechos aprisionado. Movió su mano hacia la zona y palpó lo que parecía ¿pelo? ¿Carne?

Abrió los ojos de golpe por la impresión y se quiso dar la vuelta para cerciorarse de que lo que estaba pensando era real. Miró el rostro del ser más perfecto que había sobre la faz de la tierra; tenía los ojos cerrados, la boca semi abierta, el flequillo desordenado caía sobre su frente. Su expresión era tranquila.

La emoción que sentía en ese momento la desbordó de nuevo humedeciendo sus ojos; imágenes confusas asaltaban su mente sin piedad. Frunció un poco el ceño al recordar lo que había pasado hacía apenas unas horas "vaya cogorza monumental… me duele todo el cuerpo" "¿Le he violado?" En una imagen bailaba con Thomas de una manera bastante provocativa; en otra imagen Edward la sacaba del garito… ella desnuda cabalgaba sobre él… Un pequeño pinchazo en el bajo vientre la hizo recordar lo que sintió; ahogó un gemido tapándose la boca con ambas manos. No le quitaba el ojo de encima. Se marchaba de casa de Alice; se tumbada en el suelo. Lloraba, lloraba… y entonces aparecía él.

Se había quedado; era la muestra de que no había sido un sueño. Con mano temblorosa quiso apartarle uno de los mechones de pelo de la frente.

Lo sintió; notó cómo alguien tocaba su frente. Al abrir los ojos vio cómo Bella le observaba con fascinación. El sol se reflejaba en su cabello otorgando unos reflejos color caoba; con esa luz parecía un ángel. Ninguno podía hablar; tampoco hacía falta. Estaban allí. Juntos. Después de la mierda de noche que habían pasado, permanecían juntos. Abrazados. Mirándose con mil preguntas para hacerse pero queriendo alargar este momento hasta el infinito.

Edward cogió su mano y besó sus dedos. Al sentirle no pudo hacer otra cosa que sonreír; sentía como miles de mariposas revoloteaban en su estómago, en su pecho. Estaba avergonzada; sus mejillas enrojecieron por momentos al notar las manos de ese dios por su cuerpo.

Cerró los ojos fuertemente y cogió todo el aire que entraba en sus pulmones.

— No me prives de tus ojos Bella – susurró el chico mientras acariciaba su sedoso cabello.

— No quiero abrirlos y ver que todo ha sido un sueño – contestó muy bajito.

— Pero si no los abres no podrás comprobar que soy real – sonrió.

— Tienes razón – reía al abrir los ojos — ¿No te has arrepentido todavía?

— ¿De qué me iba a arrepentir?

— De estar a mi lado – bajó la mirada.

— De lo único que me arrepiento es de haberme comportado como un animal del paleolítico superior – apretó la mandíbula.

— No te entiendo…

— Pues que me aproveché de tu estado para cumplir mis deseos – cerró ahora los ojos tragando en seco.

— ¡Eh! – Levantó la cabeza apoyándola sobre su mano – No me prives de tus ojos. Edward… lamento decir que no recuerdo mucho de lo que pasó anoche; de lo que sí estoy segura es que en ningún momento me forzaste a nada ¿o me equivoco? – puso una mueca.

— No, pero tampoco te frene – se puso en la misma postura que ella.

— Yo tampoco quise que frenaras – sonrió – de eso sí me acuerdo.

— Bella… necesito preguntarte algo. Pero por favor… no lo tomes del lado que no es – observó cómo se ponía seria de repente y fruncía el ceño. Asintió. – Verás… ¿por qué te has comportado así? Bueno, más bien… ¿por qué te has mantenido… distante conmigo? A ver, no es que me hiera mi orgullo de macho ni nada de eso. Pero ¿por qué no tuviste ningún problema con otros chicos y a mí me evitabas?

El silencio se apoderó de la habitación. No sabía como responder a sus preguntas de una forma convincente. La verdad es que ni ella podía justificar su comportamiento.

Su expresión se tornó triste y sin quererlo sus ojos se llenaron de lágrimas.

— Ey, ey… no llores Bella; por favor – se apresuró a secar sus lágrimas con los dedos – soy un alcornoque. Perdóname… sólo a mí se me ocurre preguntarte en un momento como este. – Se reprochó.

— No, no… Edward. – Trató de recomponerse – Está bien. – Cogió aire y lo soltó – La verdad es que ni yo misma sé contestar a esa pregunta; supongo que… ¿enloquecí? – paró unos segundos, tratando de ordenar sus ideas. — No sirvo para buscar excusas Edward. Siempre he sido muy impulsiva – le miró fijamente – y tú lo sabes – sonrió al recordarse seis años atrás. – No puedo justificar algo que no tiene justificación. Supongo que estaba harta… y me dejé llevar.

— No quiero que te justifiques Bella, ni te pido explicaciones ni nada de eso. Sólo me ha entrado curiosidad o… ¿envidia? – añadió esto último en un susurro mientras agachaba la cabeza "soy un bocazas".

— Desde que era pequeña he pensado que si los demás me veían mal, sufrirían. – Se incorporó apoyando la espalda en el cabecero y se tapó con la colcha. – Cuando murió mi madre yo apenas tenía 3 años; no me acuerdo de ella… pero lo que sí recuerdo son las noches en vela de mi padre, de su dolor en el rostro cada vez que me miraba, cómo se preocupaba porque no me faltara nada, porque no notara la ausencia de una madre. Durante los primeros años, mis abuelos le ayudaron. Mi abuela Mary le enseñó a peinarme, a vestirme… recuerdo las gracias que soltaba cuando no atinaba a abrocharme los botones tan pequeñitos. Recuerdo que le decía que tenía los dedos como morcillas. – Una sonrisa triste la adornó el rostro; notó como Edward sonreía también. – Cuando tenía 10 años mis abuelos murieron; un camión se les echó encima mientras conducían por una de las carreteras secundarias de Forks. Llovía. Había poca visibilidad. Supongo que el destino decidió que ya no podían seguir cuidándonos. – Otra vez las lágrimas quisieron hacer acto de presencia… como si fuera una forma de purificarse. Volvió a llenar de aire los pulmones y prosiguió su relato – Nunca me quejé de nada, nunca protesté. Nunca le pedí a mi padre permiso para salir por ahí hasta las tantas; o para comprarme ropa súper cara. A los quince años tuve mi primer trabajo de verano cuidando niños. Iba colocando máscaras… como capas de cebolla; si estaba mal, si tenía algún problema sin solución, lo arrinconaba. Pasaba página. Siempre he procurado sacar yo sola las castañas del fuego; ni tuve una mala nota en el colegio, ni el instituto. Ni siquiera he tenido novio… a parte de ti y de… – acarició la cara de Edward que la observaba sin atreverse a articular palabra. – Apareciste de la nada en el aparcamiento de la facultad; como si fueras en ángel. Me descolocaste por completo… cuando pasé la peor época de mi vida, cuando dispararon a mi padre, estuviste ahí. Fuiste tan necesario Edward… tanto… eras como una corriente de aire fresco; me mirabas a los ojos… como si me quisieras leer el alma. Y yo me dejaba hacer. Jamás he sentido por nadie lo que he sentido por ti. Supongo que no me tomé demasiado bien verte con aquella chica. – Puso una mueca graciosa entre las lágrimas. – Después de esa escena en la cafetería me puse otra máscara; encontré a Jacob y pensé que él sería mi tabla salvavidas. Ahora que tomo consciencia… puedo ser objetiva para decirlo. Era lo único que me mantenía viva. Me distancié de todos y me aferré con uñas y dientes a este nuevo sentimiento: cariño, amistad… Cuando pasó aquello… me sentía una idiota Edward. Pensé que todo el mundo se había reído de mí. – Empezó a respirar con dificultad debido a la emoción del momento. – Me coloqué otra máscara más… dispuesta a volver a empezar. Dispuesta a comerme el mundo. A ser otra, más fuerte… no quería que la gente me viera como antes. Eso me hacía vulnerable – sintió las manos de Edward en sus mejillas; intentaba secarlas mientras hacía que le mirara a los ojos. – Y entonces apareciste tú. Otra vez. – un gemido abandonó su garganta. – Quería ser otra, pero contigo cerca… me volvía vulnerable. Y no quería sufrir de nuevo – se calló. No podía más. Los sollozos se habían adueñado de la habitación.

El nudo que tenía en la garganta le impedía articular palabra. Había permanecido en silencio, dejándola hablar… dejándola desahogarse. Observaba como acababa de estallar en llanto y no sabía como consolarla. Lentamente rodeó con sus brazos su cuerpo tembloroso; la dejó en su regazo y la acunó. Bella se hizo un ovillo mientras él acariciaba sus cabellos de forma pausada; lo intercambiaba con dulces besos en la coronilla, en la sien. Esperaba a que se tranquilizara mientras pensaba algo decente que decirle.

— Bells… al final todo ha resultado un poco precipitado. Se supone que estás pasando un bache emocional, que estás sufriendo una transición y vengo yo a desestabilizarte más todavía. – hablaba muy bajito. — ¿Mi excusa? Me obsesioné contigo Bella – observó como la chica le miraba fijamente – Desde que te dejé en tu casa de Forks no ha habido día que no me arrepintiera de haberte dejado allí. – ahora le tocaba a él abrir su corazón. – entendía demasiado tarde el daño que te había hecho y eso me mataba. Desde que me miraste aquél día en el aparcamiento tu cara… tu sonrisa… no se me ha quitado de la maldita cabeza. Pero te engañé Bella. Por un lado sabía que eras alguien muy especial para mí y por otro… — Bella le puso la mano en la boca, para que no siguiera hablando – no Bella, necesito contártelo. Necesito sincerarme contigo. He sido un cabrón… hice más estupideces de las que hayas podido hacer tú… no lo dudes. Pero al pensar en ti… algo se colocó en mi cabeza; algo me dijo que eras tú la chica con la quería pasar mis días. Deseaba estar contigo, necesitaba tenerte. Me hacías falta. Y te dejé ir, por comportarme como un verdadero gilipollas… La cagué – acariciaba su cara, su pelo. – llevo soñando hacerte el amor desde hace seis años Bella… y la he vuelto a cagar ahora.

— No digas eso Edward… aquí la única que ha metido la pata hasta el fondo he sido yo… tú te has portado como un caballero – se acercó.

— Un caballero te habría dejado descansar, esperar a que se te pasara el pedo y haber hablado contigo las cosas de una manera seria… pero estando cerca de ti… pierdo el control – chupó sus labios. – no puedo evitar querer tocarte Bella… simplemente no puedo. Te deseo, te necesito. Me duele no tenerte a mi lado.

Durante un minuto entero estuvieron mirándose a los ojos, reconociéndose, retrocediendo en el tiempo. Ese minuto entero fue necesario para que ambos casi al mismo tiempo se dieran cuenta que estaban solos, en la cama, con la ropa del día anterior a medio quitar. Habían abierto su alma en canal, se habían confesado. Ambos estaban sobrios y despiertos… ¿A qué coño estaban esperando?

— Bella ¿te puedo hacer una pregunta antes de abalanzarme sobre ti? – cargó su mirada de deseo.

— Ahá… — se había perdido hace rato en sus ojos, en su boca.

— Quizá sea un poco precipitado… pero quiero hacer las cosas bien – cogió su mano – Bella ¿quieres salir conmigo?

— … — casi se le desencajó la mandíbula por la sorpresa — ¿salir? — "ay dios" — ¿Cómo novios? – "ay dios" — ¿con citas y eso? – "dios dios dios"

— Si tú quieres claro – "No aprendo… no aprendo ¡soy un impaciente de pelotas!" – ¿Qué me dices? – dudó.

— Pues que sí… — susurró muerta de la vergüenza.

— No te he oído – forzó la situación acercándose un poco más a ella.

— Que sí – se abalanzó sobre él estampándose contra su boca – sí… — otro beso – sí…

Edward abrió la boca para atrapar sus labios a modo de juego. "Me he muerto y estoy en el cielo" pensaba una Bella que empezaba a renacer de nuevo; sin capas, sin barreras, sin máscaras. El corazón latía a mil por hora; abrió la boca ella también y dejó que sus lenguas volvieran a encontrarse. Sus labios se movían con insistencia; se apretaban, querían más el uno del otro.

Notaban como si ese beso estuviera marcando un antes y un después en sus vidas. Una vocecita interior en la cabecita de Bella decía que quizá se lo tendrían que tomar con calma. Pero hablaba muy bajito y ella no la estaba prestando atención; curiosamente la misma vocecita rondaba por la cabeza de Edward, pero tampoco es que estuviera muy fino de oído.

Ambos se incorporaron un poco en la cama; se miraban mientras se desnudaban… despacio. Sin prisas. No sabían qué hora era… tampoco les importaba en exceso en ese momento. Analizaban cada movimiento, cada gesto del otro.

Bella quería hacer el amor con Edward por primera vez. Y quería que fuera perfecto. Mágico. Sin nada que entorpeciera ese momento. No pudo evitar humedecerse cuando vio a su dios terrenal desnudo; se mordió el labio inferior deseando que su miembro la partiera en dos.

Era perfecta. Sus largas piernas, su vientre plano, sus pechos del tamaño exacto. Lo justo para que no desentonara en ese cuerpo menudo. Su pelo caía suelto formando graciosos rizos por debajo de la clavícula. Un rubor en las mejillas y los ojos brillantes de excitación ponían el colofón a su diosa.

Se acercaron sin apenas darse cuenta, de una manera inconsciente, como si fueran dos imanes que se atraen sin remedio. Ambos sobre la cama, de rodillas pero erguidos, avanzaban hasta juntar sus cuerpos. Él pasó la mano por su cintura atrayéndola aún más mientras con la otra la retiraba el pelo cogiéndola de la nuca.

Tenerla así hizo que la contención se fuera al traste; insistió en sus labios mientras sus manos recorrían cada centímetro de su piel. Necesitaba tocarla, necesitaba grabarla a fuego en su memoria. Cada caricia que ella sentía intentaba copiarla para que él también la sintiera.

Edward anclaba las manos en su trasero, haciendo que se apretara contra él. Bella no se quedaba atrás; quería que la atravesase que se metiera debajo de ella. Acariciaron sus espaldas; acariciaron sus muslos. Él fue el primero que rompió el beso buscando nuevos destinos. Pasaba la lengua por su mentón mientras sus manos avariciosas buscaban sus tetas. Ella se arqueaba facilitando sus movimientos.

— Ed… — ahogó un gemido – dios santo Ed… — no pudo decir más al notar como sus dedos investigaban en su interior.

— Nena… estás chorreando – enloqueció en ese momento recostándola en la cama y colocándose sobre ella.

— No juegues conmigo – le faltaba el aire.

— Oh… claro que sí voy a jugar – sonrió ladino mientras la besaba el cuello, el nacimiento de sus pechos, sus pezones, su estómago, y su monte de Venus. Se agarró a las caderas y se sumergió en sus labios inferiores.

— Aaaaah…. – acababa de explotar al notar su cálida lengua jugar con su clítoris. – Aaaaah… — sentía como dos de los dedos de Edward se introducían en su centro. – Edward por favor… — Levantó la cabeza para ver lo que estaba haciendo, pero casi fue peor. Cogió su pelo, y tiró de él para que se pusiera a su altura. – Te quiero dentro ya Cullen. Y se abalanzó de nuevo contra su boca. Notaba el sabor de su propia excitación mezclada con su saliva… le daba igual.

— Espera, espera… necesito un preservativo – dijo Edward de repente. — ¡mierda! Ayer no utilizamos protección – se golpeó mentalmente.

— No, no lo necesitas; llevo años cuidándome. – Cogió su polla y la colocó en su entrada.

Su glande pedía atención a gritos. Quiso ser cuidadoso, dando el significado que realmente tenía este momento, asegurándose de que sintiese el nivel de entrega en este acto. Fue lento pero duro; hasta el fondo. Ambos aguantaron la respiración al sentirse unidos de nuevo por fin. Salió casi del todo y volvió a introducirse. Hasta el fondo. Fuera; lento; dentro; duro. El vaivén de sus cuerpos, en perfecta sincronía, parecía simular una danza; un baile lleno de sentimiento. El baile más antiguo del mundo.

Por más que quisieran alargar el momento eran conscientes de que no podrían aguantar mucho más. Ella se agarraba a sus hombros; él procuraba que ella no tuviera que soportar su peso. Sus piernas abrazaban su cintura y al estar un poco elevada propiciaba que la penetración fuera más profunda. Se sentía demasiado bien; se sentía jodidamente bien.

— Ed… — levantó la cabeza para llegar hasta él. Quería besarle, quería sentirle más cerca.

— Bells… — susurró en su boca – Be… no puedo más…

— Sigue Ed… sigue – seguía sus embestidas notando como poco a poco se formaba un nudo en su bajo vientre.

El movimiento de Edward se volvió frenético. La necesitaba; necesitaba sentirla así. Siendo ella; totalmente entregada por él. Siendo su novia. "Mi novia".

Un grito de placer rompió el silencio de la habitación; los espasmos de Bella marcaban el apogeo de su orgasmo. El movimiento lento de Edward marcaba el final de este primer encuentro real. La miró con devoción, intentando no salir de una forma demasiado brusca. Haciéndose notar. Mientras ella intentaba acompasar la respiración; jamás, ni siquiera con Jake, había sentido esto. No sabía si estribaba en el nivel de entrega, en los años que habían dejado pasar o en que era su media mitad. De lo que sí estaba segura era de que necesitaba sentirlo otra vez, y otra, y otra… le había sabido a poco.

No pudo evitar sonreír de medio lado en una actitud claramente triunfadora al ver cómo le estaba mirando su chica. Acariciaba su pelo; besaba su frente, su sien, su mejilla, su nariz.

— Guau… — dejó escapar Bella por fin.

— Guau – imitó Edward entre risas mientras se colocaba a su lado.

— Me siento rara – se sonrojó de nuevo.

— Pues yo me siento que te cagas – añadió el chico mientras acariciaba sus labios con su dedo índice.

— ¡Yo también! – Rió ahora ella – pero es una situación rara.

Ambos se acurrucaron en la cama y se quedaron uno frente al otro para verse mejor completamente desnudos. Seguían con la respiración agitada y una sonrisa de felicidad adornaba ambos rostros. Ya podía estallar fuera la tercera guerra mundial, a ellos les daría igual. Acortaron distancias de nuevo, se abrazaron, se besaron. Necesitaban más el uno del otro; Bella estaba otra vez preparada y se lo hizo notar. Pasó una pierna por encima suyo quedando sexo con sexo.

— Bells….

— mmm

— estás muy caliente…

— aha…

— Estás empapada de nuevo…

— Eso parece… pero Ed…

— ¿si?

— Tú vuelves a estar tan duro.

Entre risas se abalanzaron de nuevo el uno contra el otro. Esta vez fue ella la que quiso llevar la voz cantante haciendo que él apoyara su espalda en el colchón.

"Weeee are the champions my frieeends" ambos levantaron la cabeza "And we'll keep on fighting till the end"

— Mierda – se incorporó Edward mirando el identificador de llamada.

"Weeee are the champion, Weeee are the champions"

— Joder, joder, joder… es Alice – dijo con cara de circunstancias.

— Ups…

— No recogí nada de su casa Bella… — puso cara de horror.

— Cógelo, cógelo, o se enfadará aún más – contestó ansiosa la chica mientras se tapaba con la sábana.

— Diga…

— EDWARD CULLEN… ¿SE PUEDE SABER QUÉ NARICES HICISTEIS AYER POR LA NOCHE EN MI CASA?


Bueno... pues he aquí la reconciliación... wiiii. Ya están juntos :) pero todavía no acaba esta historia eh?... quedan unos cuantos capis todavía... Y aunque no pondré adelanto lo que si os digo es que no se ha acabado el drama.

Un besazo para todas!