Hola a todos espero que estén muy bien. Disfruten de un nuevo cap :D

Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins


Capítulo 34: Prometo volver a ti

- Yo no estoy casada – me asombra lo que me dolió decir esa frase y no soné muy convencida. El niega con la cabeza.

- ¿Qué diría Peeta si supiera que lo niegas? – estoy pasmada, nadie sabe de nosotros excepto mi madre, Prim y las chicas y estoy muy lejos de ellas. Podría ser un espía de Snow. El terror nace desde mi nuca y desciende lentamente por mi espalda.

- ¿Quién eres tú y como conoces a Peeta? – me mira con cara de Póker, casi me da risa. Casi.

- ¿no me reconoces preciosa? Soy Finnick Odair – lo miro fijamente y claro, sus ojos verdes contrastan con su piel bronceada, cabello rubio, alto, aunque a mí no me parece especialmente atractivo. Es el vencedor del Distrito 4, el ganador más joven de la historia y el regalón del Capitolio – conozco a Peeta de entre el grupo de vencedores.

Nos quedamos mirando fijamente por un momento, por un lado quisiera hacerle mil preguntas, parece que él sabe mucho de mí. Por otro lado aún podría ser un informante y sé que no puedo confiar completamente en él. Cuando la situación ya se pone tensa el rompe el silencio.

- ¿quieres dar un paseo por la playa Katniss?

- ¿Cómo sabes mi nombre?

- Peeta me ha contado todo sobre ti. Eres su vida – dice con cierta tristeza.

Confiare en él, necesito saber cómo me ha reconocido. Además que en sus ojos veo la misma tristeza que veo en los ojos de Peeta. Veinte metros más adelante termina el puerto, bajamos por una escalera hacia la arena misma. Finnick se saca los zapatos y yo lo imito. El contacto de la arena con mi piel es exquisito, es como si caminara sobre hojas en mi bosque, todo muy blando. Tomo mis zapatos y empezamos a recorrer la infinita orilla. Cuando ya menos gente nos rodea Finnick vuelve a hablar.

- Peeta tenía razón al decir que eras muy guapa, aunque cuando te describió estoy seguro que dijo que tenías el cabello oscuro – no pude evitar reír por su comentario.

- Un pequeño cambio para innovar.

- El escándalo de la foto ya se está enfriando.

- ¿Cómo lo sabes?

- Veo la televisión – me responde bromeando, pero yo he estado encerrada en este tren más de una semana y no tengo idea de lo que pasa en el Capitolio. Lo miro con mala cara – bueno lo que quiero decir que ahora todos hablan de la Gira de la Victoria y solo hablan de los discursos de Peeta y los vestidos que usa Delly.

- ¿no hablan sobre su romance?

- ¡ha verdad! Los trágicos amantes. Se especula si su relación pasa por una crisis por culpa del engaño de Peeta – el terror vuelve a invadirme, si fallan Snow se vengara.

- Delly debe entender la situación, ella debería dar una entrevista, decir que todo está bien y apoyar a Peeta.

- ¿Delly? – pregunta Finnick riendo – ella no tiene idea de nada. Ella de verdad creía que eran una pareja.

- ¡¿Qué?! – me cuesta entender todo lo que Finnick me dice, Peeta jamás me habla de su experiencia en los Juegos y me choca el hecho de que él sepa tanto – Peeta no me habla de los juegos – le reconozco.

- ¿y tú le hablas de La Agencia?

- No.

Finnick deja de caminar y se sienta sobre la arena, lo imito y nos quedamos en silencio mirando al hermoso océano. El sol irradia un rico calor, miro los ojos de Finnick y sigo encontrando la misma tristeza que Peeta. El gira su rostro hacia mí y nuestros labios quedan muy cercas.

- Yo también amo a una chica de La Agencia. Entiendo el dolor que siente Peeta, quizás por eso el me confió su historia - estoy impactada, el Gran Finnick Odair, el Don Juan del Capitolio está enamorado de una pobre chica de La Agencia – quizás la has visto. Se llama Annie Cresta.

- La vi una vez – a mi mente viene la imagen de esa niña hermosa desnudándose para esos hombres. De seguro a Finnick le dolería escuchar eso – se veía muy bien.

- En qué situación la viste.

- Arreglándonos– vuelvo a mentir, pero el suelta una risita.

- Ella es realmente hermosa – dice con orgullo.

- Lo es – le dedico una sonrisa.

- Peeta me conto como te conoció. En su primer día de escuela. Tu cantaste para la clase y el asegura que hasta los pájaros de afuera se callaron para escucharte. Desde ahí él está enamorado de ti.

La historia me deja de una pieza, Peeta jamás me la ha contado. Pero recuerdo ese primer día y como cante la Canción del Valle para todos, porque mi padre me la había enseñado. Si es verdad, Peeta me ha querido desde siempre y eso es mucho más de lo que merezco, la felicidad me embarga, tanto que me pongo a reír. Finnick sonríe, quizás por la cara de boba que debo tener en este momento. Pero después recuerdo lo poco que me merezco ese amor incondicional, que soy una prostituta y que le fallo día tras día sin poder hacer nada al respecto, tengo tan poco que ofrecerle, ya que cualquiera pagando el precio puede obtener lo que quiera de mí. No alcanzo a callar mi conciencia y como siempre me hiere de manera cruel, de la risa rompo al llanto descontrolado, Finnick se preocupa y pasa su brazo por sobre mis hombros en manera de consuelo. Me oculto en su pecho por un rato hasta que vuelvo a controlar mis jadeos.

- Lo siento – logro articular por fin – es solo que no merezco el amor tan lindo que me ofrece Peeta. Soy una simple prostituta ¿sabes con cuántos hombres me he acostado? – Finnick no responde – perdí la cuenta en 50. Peeta prefiere cerrar los ojos y no pensar en La Agencia, pero cuando vea la verdad me despreciara y lo entiendo ¡son más de 50 hombres!

- ¡no digas eso Katniss!

- ¡no soy nada! ¡NADA! – vuelvo a romper en llanto y esta vez Finnick me rodea en sus brazos, me dejo consolar.

- No digas eso Katniss, si Peeta te ama desde hace tanto tiempo – me susurra Finnick en el oído – es porque ama tu esencia y si eres fuerte ni La Agencia ni nadie te hará cambiar.

- Gracias – Finnick limpia mis lágrimas con su pulgar y yo vuelvo a tranquilizar mis sollozos mientras me levanto – debo volver.

- Si – Finnick también se para – Cuídate mucho Katniss.

- Oka – le dedico una gran sonrisa y me doy vuelta para caminar a la estación, Finnick me dice una última cosa.

- ¡Katniss! si vez a Annie dile que siempre será la alegría de mi vida.

Camino sin dejar de pensar en todo lo que dijo Finnick, lo que más me intriga es Delly. Que estuviera convencida de que Peeta y ella si eran pareja ¿aún lo cree? ¿Qué es lo que le cuenta Peeta? Y todo esto explica lo mal que me trato el día de la recepción. Abstraída en mis pensamientos no me di cuenta de lo rápido que llegue a la estación. Todo sigue igual de desierto que cuando me fui. Me voy al vagón comedor a ver la transmisión de la Gira.

Mientras me tomo un chocolate caliente el equipo de grabación empieza a llegar, los Avox diligentemente empiezan a servir la mesa y todos escogen su comida del bufet para después unirse al comedor. Como siempre todos son muy amables conmigo, me comentan como estuvo el día y entre ellos hacen análisis de su trabajo. Al rato después aparece Seneca, pero él no se sirve para cenar.

- Katniss ¿me acompañas? - toda la habitación queda en silencio, sin mirar a nadie me paro y sigo a Seneca. Me doy cuenta que se dirige a la habitación ¿acaso no puede esperar a la noche? Cuando cierra la puerta tras de él vuelve a hablar – hoy el tren no saldrá hasta la madrugada, ya que los vencedores fueron invitados a una fiesta. Así que pensé en invitarte a salir.

- ¿a salir? – no entiendo a qué se refiere exactamente con eso.

- Es una sorpresa – va hacia el closet y empieza a buscar entre su ropa hasta que saca una percha con un vestido blanco vaporoso, el género es tan delgado que debe ser traslucido - ¿te pondrías esto?

- Claro – le sonrió aunque estoy segura que con él será como lo mismo que estar sin él.

- Te paso a buscar en una media hora – y sin más sale de la habitación.

Me ducho preocupada, por una extraña razón dentro del tren me siento segura, estoy rodeada de gente y Peeta también está cerca. Ahora Seneca me saca de este frágil estado de equilibro que hemos logrado, sacándome de mi área de confort. Ya fuera del baño me pruebo el vestido. Es hermoso, pero deja poco a la imaginación. Un escote con tiras y muy ceñido a mi pecho. A través de la gaza se notan un poco mis pezones. Una cinta amarrada bajo mi busto ajusta el vestido para luego simplemente caer largo hasta el piso con un lindo corte imperio. A tras luz se ven mis piernas y mis bragas blancas. Ojala Peeta nunca me vea así.

Seneca vuelve de un rato a buscarme, me mira de cabeza a los pies pero no dice nada, me ofrece su brazo y yo lo cojo, empezamos a caminar hacia el andén. Fuera de la estación nos espera un auto, Seneca muy caballero me habré la puerta para que pueda subir. Da la vuelta rápidamente para subirse a mi lado. El coche parte y toma el camino de la costanera que recorre a lo largo la playa.

Miro a Crane que se ve notoriamente nervioso, gira sus dedos, se toma de las manos y se vuelve a soltar para pasar sus palmas por sus pantalones. Viste completamente de planco, camisa y bermudas. Se ve muy casual incluso hasta más joven. El auto pasa el lugar donde Finnick y yo nos sentamos a conversar y luego de quince minutos de playa el auto se detiene.

Seneca me ofrece su mano para salir del auto, se la acepto, pero no me vuelve a soltar y me guía hacia la playa misma, está completamente vacía, estamos al final de la costa ya que a unos metros empiezan unos roquerios y luego un cerro, cerca del mar está el espectáculo más lindo que he visto en mi vida.

Unas estacas con lámparas de aceite crean un camino hacia un toldo blanco. Telas blancas caen por los costados creando la ilusión de un espacio íntimo. Dentro una alfombra y varios cojines para sentarnos. Mientras nos acercamos veo bandejas llenas de pescados, mariscos, salsas de varios colores y ensaladas. Botellas con un líquido transparente, supongo que es vino blanco. Se ve que es un banquete exquisito.

Seneca me invita a sentarme, veo hacia el horizonte y me doy cuenta que estamos en primera fila para el espectáculo de colores más hermoso que he visto en mi vida: el atardecer en el mar. El sol como un gran orbe naranjo empieza a tocar el borde del horizonte. El mar oscuro es interrumpido por un sendero de luces brillantes que vienen directamente del reflejo del sol. El cielo está pintado desde el violeta hasta el amarillo. Es tan hermoso que quita el aliento. Miro hacia mi lado y veo que Seneca me está mirando. Me gustaría tanto compartir este momento con Peeta.

- ¿te gusta? – me pregunta Seneca expectante y aun nervioso.

- ¡No tengo palabras! – sonríe satisfecho, yo estoy agradecida de que me trajera hasta aquí, aunque son sus intenciones las que me preocupan – Gracias.

- Comamos Katniss. Esta tabla marina se ve exquisita.

Y tenía razón, son manjares para mi paladar, las ostras las comemos con limón y el pescado es acompañado por una rica salsa que creo tiene queso y crema blanca. Todo acompañado por el vino blanco y aunque reconozco que me gustó mucho más que el tinto, procuro no tomar más de unos sorbos. Cuando terminamos ya el sol está terminando de ocultarse y empieza a sentir frio, Seneca prende una pira de madera que esta frente a nosotros y el hermoso fuego me reconforta aunque hace el ambiente aún más mágico. Vuelvo a extrañar a Peeta.

- ¡te ves preciosa hoy Katniss! – Seneca se acerca a mí, quizás quiera tener sexo aquí y eso me pone nerviosa. Podría aparecer alguien.

- Gracia. El vestido es hermoso aunque deja muy poco a la imaginación ¿acaso quieres recordarme lo que soy? – no pude contener mi enojo.

- La verdad… - Seneca toma aire como invocando valor – La verdad es que quiero que te olvides de lo que eres para siempre.

- Eso no se puede ¡Pertenezco a La Agencia!

- ¿Y qué pasaría si te dijera que puedo hacer que me pertenezcas a mí?

- ¡Te pertenezco!

- Por unas semanas – Seneca se pasa la mano por el cabello, se nota que está complicado con que decir – me refiero a que me pertenezcas para siempre. Comprar tu libertad Katniss.

- No me estarías dando libertad, porque pertenecería a ti.

- ¿y que harías si tuvieras tu libertad?

- Me iría a mi hogar. Al Distrito 12 – El suspira pesadamente, mira hacia las llamas que crean una hermosa danza por el viento y sin despegar sus ojos de la fogata responde.

- Lo permitiría. Te daría la libertad para que volvieras con tu familia.

- ¿y porque harías eso? – mi voz suena temblorosa. Quizás por la adrenalina de la oportunidad que se me está presentando.

- Te amo Katniss. Te amo demasiado. Y si tú aceptas mi proposición te prometo hacerte la mujer más feliz del mundo y por fin podrás olvidarte de La Agencia – Seneca se levanta de golpe y empieza a caminar frente a la fogata, esta alterado.

- ¿Qué proposición? – ¡obvio! Nada es gratis en esta vida. El camina hacia mí y pone una rodilla en el suelo, quedamos frente a frente. Saca una cajita de terciopelo negro del bolsillo de su pantalón y la abre para mí. Un anillo de brillantes, creo que son diamantes.

- Katniss Everdeen ¿te casarías conmigo?

¡Oh no! Esto no es real... Si es real.

- ¡NO! – grito desesperada antes de pensar si quiera si es sensato gritarle. Me pongo de pie de un salto, lista para arrancar de esta locura.

- Katniss entiende que es tu única opción.

- ¡no entiende tú! No se puede ¡estás loco!

- ¡quizás sí! Pero estoy dispuesto a hacer todo esto por ti, te quiero solo para mí.

- No puedes.

Hecho a correr por la larga playa, Seneca se toma un par de segundos en incorporarse, lo necesario para que yo pueda perderme en la oscuridad. Escucho que me llama a gritos, pero cada vez se escucha más lejano. Dejo de correr ya que hacerlo en la arena me ha agotado. Sé que la playa me llevara hasta el puerto así que sigo caminando. Un auto recorre lentamente la costanera, es Seneca. Trae las luces altas para iluminar parte de la playa. Corro hacia el límite donde llega el agua y me tiro al suelo rogando que la oscuridad sea suficiente para ocultarme. Luego de un momento donde dos olas me alcanzan el auto pasa de largo.

Peeta. Debo encontrar a Peeta.

Luego de un buen rato caminando veo las luces del puerto. La noche ya callo y el viento hace que me cale del frio. Mi vestido mojado se me pega al cuerpo mostrando mucho más de lo que ya se traslucía. Definitivamente odio el vestido. Cuando subo las escaleras al llegar al muelle, me pongo a correr, no quiero que nadie se detenga a ver como el vestido me deja casi desnuda.

Llego jadiando a la estación y esta extrañamente vacía, ni siquiera un Agente de la Paz. Aprovecho de entrar sin ser vista y me dirijo hacia el vagón de máquinas a esperar a Peeta. Luego de un rato escucho la puerta.

- ¡¿Katniss?! – corro hacia los brazos de Peeta y me hundo en él tratando de buscar mi lugar en el mundo - ¿Qué te paso? ¿porque estas mojada?

- Seneca me pidió matrimonio – me sumerjo más en su pecho, porque no quiero enfrentar su mirada, pero siento como su pecho se contrae al escucharme –me prometió sacarme de La Agencia si me casaba con él.

- ¿Qué te respondiste?

- Salí arrancando.

- Eso es peligroso Katniss– me sujeta de los hombres y me arranca de sus brazos, veo preocupación en los azules de mi marido.

- Me quedare aquí y en el Distrito 3 bajare y me podre librar de La Agencia para siempre.

- ¿y yo? – sé que estoy saltando hacia la nada, pero ya no puedo volver a La Agencia.

- Bájate conmigo en la próxima estación.

- ¡No puedo! Es demasiado peligroso. Si te acompaño nos encontraran rápidamente. Pero si vas sola… – Peeta deja la frase en el aire, siento calor en las mejillas, me toco y están húmedas, él también está llorando. Se lo que me propone, que me pierda del mapa hasta que todo se calme y ahí quizás poder volvernos a ver.

- ¡no pude Peeta, no pude! El me ofreció incluso dejarme volver al 12 si lo aceptaba, pero no pude. Te amo demasiado.

Peeta me besa, me devora los labios con pasión, mi cuerpo tiembla, no sé si es por el frio de mi vestido mojado o por el contacto con él. Lo único que sé es que aquí es donde quiero estar.

- ¡Katniss! – Peeta y yo nos soltamos de golpe pero ya es muy tarde.

Seneca con tres Agentes de la Paz nos han encontrado, el rostro de Seneca muestra un profundo dolor, pero de apoco se va transformando en un odio terrible que lo consume y lo hará explotar. Peeta se gana entre ellos y yo en posición defensiva, pero sé que no hay nada que él pueda hacer.

- Katniss. El castigo por estar con un hombre sin ser comprada es 50 latigazos – lo dice con una voz mortalmente fría – Arréstenla – les ordena a los Agentes.

Peeta se lanza a defenderme, logra derribar a uno con un golpe en la boca del estómago, pero los otros dos se le van encima a la vez.

- ¡NO! – me abalanzo encima para defender a mi marido, pero uno de un manotazo me lanza lejos. Si tuviera un arco y una flecha. Solo una flecha. Pero no los tengo. Llegan refuerzos y Peeta es reducido con bastantes magulladuras.

Ahora dos Agentes de refuerzo se van sobre mí. Rajuño, golpeo y pateo, pero no logro ganarles en fuerza. Me siento igual a la vez que me sacaron de mi casa hace ya tanto tiempo. Me colocan frente a Seneca.

- ¡Señor Crane por favor! Tenga piedad – lloro ignorando todo mi orgullo herido, pero no quiero que me lleven y Peeta quede con el peso de mi castigo. Pero Seneca ni me mira y hace un gesto con la cabeza para que me retiren de ahí.

Ya está, voy a morir. Al igual que Jane no podre soportar el castigo. El terror me quita el aliento y eso me desespera más. Vuelvo a tratar de zafarme, pero ahora no solo recibo resistencia sino que también golpes. Me cubro la cabeza para protegerme de las duras patadas que me da un Agente y detrás escucho los gritos desesperados de Peeta.

- ¡Suéltala la vas a matar! ¡Katniss! – escucho más golpes que ahora caen sobre Peeta.

- ¡NO BASTA! – suelto un grito desgarrador – mi amor todo va a estar bien – Peeta levanta su rostro hinchado, su nariz quebrada derrama sangre profusamente, sus ojos vidriosos me miran directamente – te lo prometo. Todo va a estar bien.

Aunque no estoy segura de poder cumplir esa promesa, quizás no soporte el castigo. No quito mi mirada de sus ojos mientras me arrastran fuera del vagón de máquinas, quizás sea la última vez que nos veamos.

- Va a morir Peeta. No soportara el castigo. Es mejor olvidarla – sentencia Seneca con lastima, lo que dice puede ser verdad, pero aun así me llena de indignación. ¡cómo se atreve a compartir la tristeza de Peeta!

- ¡no le creas Peeta! – me resisto una última vez a los Agentes de la Paz - ¡Prometo volver a ti!

Un golpe perfecto cae en mi oído y me hace perder el equilibrio, justo antes de desplomarme escucho un último grito de Peeta.

- ¡KATNISS! – y todas las luces se apagan.


Uff! Que cap más difícil de escribir, la cosa se pone fea para nuestros trágicos amantes. Y van a castigar a Katniss :C Espero no haber lastimado susceptibilidades.

Déjenme un comentario! Así se sus opiniones sobre el camino que toma la historia. Criticas sugerencia ya saben todo lo dejan ahí.

Saludos y nos vemos la próxima semana.

Arroz

Iris