Disclaimer: Quinn & Rachel no son de mi propiedad.


Perder y llorar

La conversación con Quinn se reproducía en su cabeza una y otra vez, la incredulidad de la rubia, el dolor en sus ojos… y aun así no podía dar marcha atrás. Había tomado aquel taxi y rompió a llorar en su interior, sin importarle si el taxista la miraba a través del retrovisor o no. No tenía ni idea de que iba a hacer ahora, se había acostumbrado a tener a la rubia en su vida, ¡no!, le gustaba tenerla en ella y sabía que nada volvería a ser igual. Miró el asiento ¨casi¨ vacío a su lado, casi porque no había podido evitar recoger las flores que Quinn había dejado y eran para ella. Sonrió con tristeza. Eran sus favoritas.

Quinn aun estaba en shock ¿de verdad se había ido? Rachel la había dejado como si nada, como si no le importara lo que había pasado entre ellas. Era incapaz de reaccionar. Sentía rabia, dolor, miedo y unas incontrolables ganas de llorar. Se sentía traicionada de nuevo. Confiaba en Rachel, había empezado a abrirse con ella, pequeñas cosas, sin muchos detalles pero eran cosas de su vida, y algunas de esas cosas no se las contaba a todo el mundo, sin embargo a ella si. Luchó con fuerza contra el impulso de llorar desconsoladamente, acurrucarse en un rincón y dejar pasar el tiempo. Luchó pero no pudo contra ello. Se dejó caer lentamente al suelo, apoyando su espalda en uno de los blancos sofás que lo invadían y abrazó con rabia sus rodillas, permitiendo salir todo su dolor.

Un par de golpes no fueron suficientes para que le abrieran la puerta, a lo mejor debería haber llamado antes. Lo volvió a intentar y una voz adormilada le indicó que esperara, además de maldecir un poco. Se miró por ultima vez en el pequeño espejo que siempre llevaba en su bolso, había borrado todo rastro de lagrimas lo mejor que había podido, no quería dar explicaciones, aunque eso iba a ser inevitable, lo supo en cuanto la puerta se abrió y su amiga le dio esa mirada tan característica en ella de ¨ has llorado. Lo sé ¨. Pasaron diez minutos, o tal vez alguno más, sin decir absolutamente nada. Sentadas en el viejo sofá de la chica, con las maletas en el recibidor y muchas preguntas sin resolver.

¿Puedo quedarme unos días? – pidió Rachel sin mirarla

¿Qué ha pasado?

Se acabó – fue directa. Notó como las lagrimas acudían de nuevo a sus ojos y los cerró con fuerza para evitar que salieran

¿De que estas hablando?

Se lo dije, Kensi. Le dije que estoy enamorada de ella

Eso esta bien ¿no? – la chica cada vez entendía menos, hasta donde ella sabia Quinn la correspondía. ¿Qué había salido mal?

No, no está bien. No esta bien que yo se lo diga y ella me haga sentir que estamos en el mismo punto, para esta mañana levantarme y encontrar un sobre con dinero en la mesilla ¡No está bien! ¡Joder! – exclamó con rabia repasando todos los acontecimientos - ¿Tienes idea de como me he sentido? Como una p…

Rachel, cálmate… No sé que esta pasando pero todo tiene que tener una explicación ¿vale? – Kensi trató de tranquilizarla. Sabía que la mezcla de rabia y dolor que estaba sintiendo iba a acabar en un mar de lagrimas de un momento a otro - ¿Dónde esta Quinn?

En el hotel… supongo – dijo encogiéndose de hombros y sorbiendo por la nariz ruidosamente

¿No la has visto antes de salir corriendo?

Si, lo justo para decirle que me iba

¿A que hora ha sido eso?

Hace veinte o treinta minutos, no sé – dijo confundida

¡Oh, mierda! Tengo que llamarla – pensó en voz alta buscando su teléfono, cuando lo encontró marcó el número de la rubia sin mucha suerte. Su llamada fue directa al buzón de voz

Kensi ¿se puede saber que esta pasando?

Pasa que las dos sois idiotas, eso pasa – sentención intentándolo de nuevo - ¡Mierda! ¡¿Por qué no contestas?! – gritó dejando el teléfono a un lado

¿Me vas a decir que esta pasando? Parece que es a ti a quien acaban de dejar tirada

Te dije que no le hicieras daño Rachel ¡te lo dije!

¿Daño? Soy yo la que esta aquí llorando como una idiota porque me he enamorado de alguien a quien ni siquiera le importo – le recordó dolida por la actitud de su amiga

Y es ella, la que probablemente este llorando porque ha perdido a la chica y su sueño

¿De que hablas?

A primera hora tenia una reunión con el señor Anderson, iban a firmar los papeles por la compra-venta del estudio, pero Quinn quería contarle todo lo vuestro antes de hacerlo

¿Todo?

Todo. Quería hacer las cosas bien, y según ella firmar sin que Anderson supiera la verdad, era empezar con una mentira y no quería mentiras contigo

No

Si, se supone que te lo iba a decir… ella también es idiota – concluyó sentándose al lado de la diva – Siento lo de antes, sé que no quieres hacerle daño… ¿sabes que te quiero, no? – la morena no dijo nada – ¿Rachel?... ¡eh!

¿Qué he hecho? – preguntó con la voz ahogada – Kensi

Todo va a estar bien, solo tenéis que hablar – intentó consolarla

No… si hubieras visto como me ha mirado cuando le he dicho que me iba

Le había hecho daño, no tenía ninguna duda y ahora entendía la mirada de la rubia, acaba de dejar todo por ella, no todo pero si por lo que había estado peleando los últimos meses, por lo que las dos habían estado peleando. Juntas. Miró a Kensi a su lado, con la misma mirada de miedo que también había visto en Quinn no hacia mucho, y de pronto, la mirada de la rubia mientras le hacia el amor la noche anterior fue todo lo que pudo recordar. Las lágrimas inundaron sus ojos y resbalaron por sus mejillas tan rápido como su amiga la envolvió en un abrazo consolador.

En algún momento de la mañana, Quinn se trasladó a su habitación, la misma en que hacia horas, no muchas, había dejado a Rachel durmiendo. La cama aun olía a su perfume y su ropa esta tirada por el suelo, por lo visto había tenido tanta prisa por salir de allí que olvidó recoger su ropa. Había recogido la camiseta de la morena y la tenia fuertemente apretada contra su pecho, algunos dirían que eso era una forma de torturarse, para ella era la única forma de sentir cerca a la diva, sabiendo que ya no estaba. No entendía nada. Se suponía que todo iba a ir bien, ella había confesado la verdad para empezar de nuevo y al final nada era como ella pensaba.

Era la tercera llamada en la ultima hora, la decima desde que había llegado al apartamento de Kensi, y Quinn no había contestado ninguna de ellas, podía entender que no lo hiciera con las que provenían desde su teléfono, pero lo había intentado con el teléfono de su amiga y tampoco contestaba. Seguía sin entender lo del dinero y muchas otras cosas, pero si Quinn había sido capaz de poner en riesgo la compra del estudio, ella no iba a darse por vencida, tarde o temprano la rubia tendría que responder. Su plan B era ir directamente al hotel e intentar hablar con ella pero estaba convencida de que la rubia no la recibiría.

Sin darse cuenta, había perdido la mañana entera metida en la cama, no quería levantarse, no podía pero necesitaba beber algo. Se hizo con un par de botellines de agua y volvió a su encierro voluntario. Así no era como se supone que debía estar pasando su mañana, había hecho una reserva en uno de los restaurantes favoritos de la morena, tenia entradas para el ultimo espectáculo estrenado en Broadway, al que Rachel se moría por ir, y pensaba volver a su habitación y pasar la noche entera haciendo el amor con ella. ¿Qué había salido mal?

Estaba perdiendo la poca paciencia que tenia y sopesando los pros y contras de ir al hotel, con algo de suerte podría subir a la suite sin que nadie se lo impidiese, sino tendría que hacer guardia en la puerta hasta verla o que la seguridad del hotel llamara a la policía. Kensi le había prometido llamarla si conseguía hablar con Quinn, pero la morena no tenia muchas esperanzas, aunque agradecía la buena intención de su amiga. Un rayo de esperanza se apodero de ella al escuchar la voz de la rubia en su decimoprimer intento, solo hasta que se dio cuenta que solo era el buzón de voz. Maldijo, con rabia, en voz baja. Las posibilidades de hablar ahora con Quinn eran menores, su teléfono estaba apagado.

Agradeció profundamente que la melodía dejara de sonar, no sabia quien era y tampoco le importaba, no se había molestado en sacar su móvil del interior de su bolso, no quería hablar con nadie, seguramente se había quedado sin batería. Recordó que tenia que haberlo puesto a cargar la noche anterior pero después de la confesión de Rachel… ¿Por qué tuvo que decirle que estaba enamorada de ella? ¿Por qué si pensaba marcharse la mañana siguiente? No tenía ningún sentido y todo seria mucho más fácil sino lo hubiera dicho. Quería llamarla, gritarle, preguntarle ¿por qué? Pero la idea de que simplemente le hubiera mentido, la asustaba más que cualquier otra cosa. No había sido capaz de corresponder con palabras a la confesión de Rachel, por eso había tratado que lo entendiera con sus besos, sus caricias…

Como un acosador, así se sentía en aquel instante, vestida con una sudadera con capucha y gafas de sol extra grandes, no quería darle la oportunidad a Quinn de verla desde lejos y salir huyendo. Una sensación de angustia se apodero de ella nada mas atravesar la entrada al hotel, miro a un lado y otro, y ni rastro de la rubia en el lobby. Suspiró aliviada, primer paso completado. Lo siguiente era llegar hasta el ascensor y de ahí a la suite, con algo de suerte Quinn estaría ahí, sino esperaría.

Le dolía la cabeza, no tenia claro si por haber cedido a sus deseos de llorar, por no haber comido en todo el día o por cualquier otro motivo que escapaba a sus conocimientos pero era insoportable. Trago con dificultad la pastilla y se tiro en el sofá, no podía seguir en aquella cama, respirando el perfume de la morena aun impregnado en las sabanas. Hizo zapping en la tele durante algunos minutos, trato de leer y nada conseguía alejar la imagen de la morena justo antes de salir esa mañana de allí. Un par de lágrimas se deslizaron por su mejilla y Quinn las atajó con rapidez y furia, no quería llorar, y menos llorar por alguien que se había ido sin importarle nada.

Maldijo una vez más en aquel horrible día, su clave para subir a la suite no funciona, lo había intentado tres veces antes de darse por vencida. Buscó a Andrew en la recepción y sonrió, seguro que el hombre la ayudaba. Se quitó las gafas y la capucha, y se acercó a él.

Hola – le saludó con una pequeña sonrisa

Señorita Berry – el hombre parecía sorprendido de verla allí y Rachel se extraño

Si, hola – repitió – veras, estoy intentando subir a la suite pero el código no funciona, me preguntaba si… - Rachel detuvo sus palabras al sentir la incomodidad del hombre - ¿Ocurre algo?

Eh…

¿Le ha pasado algo a Quinn? – peguntó asustada

No, bueno no sé… la señorita Fabray le a retirado su autorización para acceder a la suite – explicó el hombre con apuro

Estaba en shock. Nunca en su vida le habían disparada pero debía sentirse algo como lo que ella estaba sintiendo, dolor, miedo, angustia, como si algo la estuviera desgarrando por dentro lentamente... Quinn no quería verla, aquella orden lo dejaba más que claro. Huyó del hotel sin despedirse, con lágrimas en los ojos y un inmenso dolor.


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