Saludos desde Ecuador para mis lectores:
Llegó el fin de semana y aquí me tienen para compartir un capítulo más de esta historia. A poco tiempo del Día Final comparto una entrega más de la Saga Cataclismo de Saint Seiya!
Gracias infinitas a las personas que leen este fic y también a quienes me animan cada semana con sus comentarios. Agradezco especialmente a Hikaru Kino88, Pegasasu no Saya y Blue Forever por sus reviews ^^
[Saint Seiya/ Los Caballeros del Zodiaco] – Saga: CATACLISMO 2012
Escrito en Ecuador por Kazeshini
CAPÍTULO 35: ¡LAS MEMORIAS DE EVAN! LA MANIPULACIÓN DEL PASADO
==Estados Unidos==
Con terrible vehemencia, Anubis se empeñó en la tarea de pisotear a su rival en todos los sentidos. El sonido estridente de sus risas se entremezclaba con el de los golpes que propinaba con su pie en la cabeza del desvanecido Santo.
—¡Es tan divertido aplastar a los humanos como si de insectos se tratase! —exclamó el chacal, absorto en su emoción—. ¡Vamos, Evan! ¡Ahora dame el placer de escucharte gritar y suplicar por tu miserable vida!
Apenas en ese momento notó con decepción que su víctima había perdido completamente la consciencia.
Como si de un muñeco de trapo se tratase, tomó al joven de la cabeza y lo levantó agarrándolo desde el amasijo de sangre y desordenados cabellos en los que se había convertido su antes lacia melena platinada.
—Vaya… creo que esta vez sí me excedí… —añadió sarcástico para sí mismo, inspeccionando exhaustivamente el cuerpo casi inerte que sostenía—. Parece dormir como un tierno bebé, pero en este estado no sirve para mis propósitos. Aprovecharé para entrometerme un poco en sus memorias y ver qué puedo usar a mi favor…
==Hace siete años. Santuario de Atenea==
Maleta en mano, un alegre niño cruzó por primera vez los umbrales de aquel lugar que tanto ansiaba conocer desde que tuvo uso de razón. Su emoción era indescriptible, ya que estaba dando el primer paso para hacer realidad su más anhelado sueño.
Contemplando maravillado el escenario del majestuoso recinto de la diosa griega de la sabiduría, sus ávidos ojos escarlata se encendieron brillosos.
No pudo contener su regocijo, así que se soltó su equipaje y la protectora mano de quien lo había traído al Santuario y echó a correr por el lugar.
A pesar de estar utilizando un atuendo visiblemente ostentoso, al pequeño no le importó empolvar sus costosos zapatos ni ensuciar su cara ropa. De todos modos sabía que cualquier cosa material no importaría a partir de ese momento.
—¡Espera, Evan! —intentó atajarlo el hombre encapuchado, corriendo tras él—. ¡Te perderás si continúas solo!
—¡No me perderé, porque me siento como en casa! ¡Así que apresúrese, señor Richter! —apremió el aludido a su interlocutor, aún trotando cual potrillo juguetón—. ¡Estoy impaciente por empezar con mi entrenamiento para convertirme en un Santo de Atenea!
Cuando arribó por primera vez al Santuario, Evan tenía una actitud completamente diferente a la que forjó tras los años de entrenamiento. Habría sido difícil imaginar que aquel radiante y retozón niño trigueño de lisos cabellos de plata, se convertiría en el futuro en un joven con una personalidad completamente diferente…
Lo único que cruzaba en ese momento por la mente del pequeño de tan solo nueve años, eran los cientos de leyendas que en cada oportunidad le había relatado su padre: Un famoso y mundialmente reconocido arqueólogo estadounidense, el cual se especializaba en la ancestral cultura griega.
A lo largo de sus años de laborioso estudio, el padre de Evan no solo logró establecer una cuantiosa fortuna, sino que también recopiló valiosa información sobre Atenea y sus Caballeros. Conocer todo sobre aquellos guerreros legendarios que eran capaces de partir la tierra con sus patadas y desgarrar el aire con sus golpes; se convirtió en su gran pasión.
Pasión que transmitiría con ahínco a su primer y único hijo, a quien inculcó con entusiasmo los mismos valores de sus héroes y modelos de vida.
Es así como Evan creció admirando a los nobles Santos que luchaban para proteger la paz en el mundo. Estaba empeñado en ver realizados los sueños de su padre a través de sí mismo. Quería demostrarle a su progenitor que podía ser digno de portar una cloth y de paso ganarse su respeto y admiración.
Y allí estaba, en uno de los recintos de la Grecia ancestral, dando piruetas mientras exploraba con infantil alegría aquel complejo adornado de monumentales templos, enormes columnas que parecían perderse en el azul del cielo, sendos coliseos como mudos testigos de victorias y derrotas, y demás fascinantes estructuras de diseño arquitectónico clásico de la cultura helénica.
Al fin Richter logró alcanzar al pilluelo y calmar sus ímpetus agarrándolo de la mano.
—Evan por favor… A mi edad ya no estoy para estos trajines —se quejó el sacerdote de Atenea, arrastrando con dificultad el pesado maletín que había dejado atrás el niño para emprender carrera—. Además, recuerda que nos encontramos en un lugar consagrado a la diosa protectora de la Tierra, por lo tanto debes actuar con respeto en todo momento.
—Lo siento, señor. ¡Es solo que me urge conocer a quien me enseñará a luchar como todo un guerrero! —respondió Evan, haciendo cómicos ademanes de golpes y patadas.
—Y lo conocerás, pequeño. Las estrellas ya han dictado que tu destino será aspirar a vestir una de las ochenta y ocho armaduras, pero para ello necesitarás a una persona con experiencia que te guíe para que poseas el temple y la sabiduría necesarios para ser digno de servir a Atenea: ¡Un Santo te entrenará!
Una enorme sonrisa se dibujó en el niño aspirante a Caballero. Su radiante rostro desbordó emoción al saber que uno de sus héroes lo tendría bajo su tutela.
—¡Dígame quien es, por favor! ¡Quiero conocer a mi maestro y aprender todo de él!
De manera impaciente inspeccionó su entorno con la mirada, ávido por encontrar a su futuro instructor. Apenas en ese momento notó entusiasmado que no muy lejos de él, un hombre en armadura entrenaba a una pequeña enmascarada.
—«¡Es él! ¡Encontré al Santo que me enseñará todo sobre el cosmos y la justicia!» —meditó, al tiempo que corría hacia la escena.
Fue sobrecogedor para Evan ver por primera vez a un guerrero vistiendo una armadura de metal blanco. La imponente figura del entonces Caballero de Bronce de Cisne impactó de un solo vistazo al jovencito, quien a pesar de conocer en teoría a los Santos por todo lo que le había contado su padre; se quedó boquiabierto al estar por primera vez ante la presencia del legendario Hyôga.
En silencio, el sorprendido pequeño observó como el hombre rubio se protegía de los encarnizados golpes que le lanzaba una niña enmascarada de rizada cabellera celeste, quien a pesar de tener una apariencia delicada, propinaba potentes y estridentes puñetazos. La violencia con la que arremetía la jovencita era tan intensa, que por un momento Evan se convenció de que estaban combatiendo en serio.
—¡Esos dos se van a matar, señor Richter! ¡Deberíamos detenerlos!
—Te equivocas Evan, lo que estás viendo es un entrenamiento rutinario de un Santo y una aspirante a una cloth —le informó pausadamente el sacerdote al muchacho—. Él es Hyôga, Santo de Bronce de Cisne y ella es Natassia, su alumna. Solo procura no acercarte mucho a…
Una vez más el ímpetu infantil del futuro Fénix le hizo desobedecer a su acompañante. Estaba tan fascinado con la escena, que casi por inercia se aproximó hacia ella más de lo debido. Su nula experiencia en batalla no le permitió notar que el frágil cuerpo de Natassia había sido impulsado por el cosmos de su maestro, así que no pudo evitar la trayectoria de la joven que chocó fuertemente contra él.
Aquel golpe casual logró aturdir completamente al niño de caballera platinada, quien a duras penas se reincorporó con la ayuda del mismo Santo de Cisne, quien alarmado se había acercado al lugar de la colisión.
—¿Estás bien, pequeño? —le preguntó preocupado Hyôga, viendo al niño desorientado—. Discúlpanos, por favor. No fue nuestra intención lastimarte. A veces no nos medimos con los entrenamientos.
—Estoy bien, señor Santo —aseguró el aludido sacudiendo la cabeza para regresar en sí—, pero me preocupa la chica que impactó contra mí…
Con asombro vio que su desasosiego era infundado. Natassia se había levantado hace un buen rato y despreocupadamente sacudía el polvo de sus ropas de entrenamiento mientras observaba al maltrecho muchacho.
—Perdón por el golpe… —fueron las únicas palabras que le dijo tímidamente la aspirante a Cisne, sintiéndose culpable al ver la sorprendida mirada carmesí de Evan escrutándola.
—Descuida, fue mi culpa por acercarme demasiado —manifestó sonriente el niño—. Mi nombre es Evan, por cierto. Y será todo un honor poder luchar al lado de ambos, señor Hyôga y señorita Natassia.
—Es un aspirante a Santo muy amable y entusiasta el que has traído contigo en esta ocasión, Richter —lo elogió el Cisne, también reaccionado con una sonrisa—. ¡Seguramente se convertirá en uno de los guerreros más fuertes del Santuario!
Las palabras del Caballero lograron animar más al niño, quien por un momento se dejó llevar por sus impulsos.
—Señor Hyôga, por favor déjeme probar mi fuerza antes de empezar a entrenar. ¡Quiero demostrarle que puedo ser un buen Santo de Atenea como usted!
—Espera un momento, Evan —intervino nervioso el sacerdote encapuchado—. No creo que sea buena idea empezar a luchar sin que antes…
—No te preocupes, Richter —lo interrumpió el rubio, observando condescendiente al niño—. Como recompensa al espíritu de este jovencito, permitiré que tenga su primera sesión de guía con nosotros. Natassia, por favor entrena con Evan, pero no vayas a ser muy dura con él.
La chica enmascarada de celestes cabellos enseguida acogió la petición de su maestro y en silencio alzó la guardia frente a su futuro oponente, quien con una ligera mirada de decepción observó nuevamente al guerrero de bronce.
—Pero… señor Caballero, yo deseaba pelear contra usted…
Todos los presentes quedaron impactados ante las palabras del niño. Habían pasado pocos minutos desde que arribó al Santuario y ya ansiaba enfrentarse contra uno de los protectores de Atenea.
—Evan… antes de desafiar a un Santo en una batalla real, primero debes aprender a conocer tus propias limitaciones y ser consciente de tu realidad —le aconsejó Hyôga en tono compresivo—. Te exhorto a que entrenes primero con mi alumna Natassia. Tú mismo fuiste testigo de su fuerza, así que te aseguro que no te decepcionará.
La amabilidad con la que el Cisne pronunció sus palabras, logró convencer al impulsivo infante, quien en silencio asintió e imitó la pose de combate de la niña, también alzando ambos puños.
Hyôga cruzó los brazos deseoso por ver las habilidades del aspirante recién llegado, por su parte, el sacerdote Richter observó con preocupación como la muchacha corría hacia su inexperto rival, echando el puño derecho detrás del cuerpo con el objetivo de ganar más impulso con el mismo.
Natassia lanzó un fuerte puñetazo contra Evan, quien tuvo la suficiente capacidad de reacción como para contenerlo con ambas manos. Por desgracia, la fuerza del golpe era tanta, que enseguida mermó la resistencia del niño y rompió su defensa.
Viendo que su oponente tenía la guardia abierta, la chica aprovechó el momento al utilizar su brazo libre para propinarle un poderoso gancho en el rostro, cuya potencia fue tan abrumadora, que logró clavar al muchacho de bruces en tierra.
Era la primera vez en toda su vida que sentía un dolor tan intenso… Al ser parte de un distinguido linaje de arqueólogos, Evan no conoció jamás el sufrimiento al ser rodeado de atenciones y lujos desde su nacimiento. Pero su vida cambiaría a partir del momento en el cual mordería el polvo por primera vez.
Aquel fortísimo golpe de Natassia le ayudó a entender lo que Hyôga intentaba aconsejarle, ya que justo en ese instante, Evan fue consciente de su propia realidad: Él simplemente no había nacido para luchar…
Viendo a su oponente arrastrándose en un intento por levantarse de ese árido y volátil terreno que le dificultaba la visión y la respiración; la aspirante a Santo Femenino vio como mejor opción aprovechar el momento para preparar la técnica que apenas estaba aprendiendo… Con delicados y calculados movimientos, la niña se puso en la tarea de ejecutar la clásica danza que traza las estrellas de la constelación del Cisne. El 'Polvo de Diamante' le serviría para acabar con esa batalla de una buena vez.
—Es suficiente, Natassia —la detuvo su maestro con un semblante de seriedad—. No debes ser tan severa con Evan. Él es nuevo en el Santuario y no queremos recibir mal a los aspirantes a Santos.
La muchacha enseguida cesó su intento de agresión y en un gesto de compañerismo, extendió su mano para ayudar a Evan a reincorporarse.
—No entiendo qué hace en el Santuario alguien como tú, pequeño —intervino la persona que había estado observando todo desde la distancia—. No solo la ropa de 'niño bonito' que traes delata tu debilidad, también pecaste de soberbia al hablar de más y decir que querías enfrentarte a un Santo del nivel de Hyôga, fracasando miserablemente contra su alumna. Uno solo debe decir ese tipo de cosas cuando puede respaldar sus palabras con la propia fuerza…
Ikki llegó al lugar del encuentro y con frialdad vio al niño que acababa de ser derrotado, el cual ni siquiera pudo reincorporarse por el impacto de ver por primera vez al legendario Fénix, quien vestía orgulloso su armadura de bronce.
—Por favor, no trate mal al pequeño Evan, señor Ikki —le pidió casi rogándole el sacerdote Richter—. Su futuro alumno no merece que se refiera a él con palabras tan duras.
—¿Mi futuro alumno, dices? —inquirió a la vez el hombre de cabellera azulada, cerrando los ojos con arrogancia—. Me niego a entrenar a un aspirante tan débil.
Todos se quedaron en silencio tras escuchar la forma rotunda en la que el Caballero de Bronce dio su negativa.
—Conozco a las personas —añadió Ikki, observando al intimidado pequeño con la misma mala actitud—, y te puedo asegurar que no tienes lo necesario para vestir la armadura que tanto me costó obtener en el pasado y que ahora me obligarán a abandonar.
—Escúchame, Ikki —intentó persuadirlo el Cisne—. No tienes por qué ser tan severo con…
—¡No! ¡Escúchame tú, Hyôga! ¡Será mejor que embarques a ese niño en el primer buque que zarpe en la mañana, porque nadie en este Santuario querrá entrenarlo! Para él lo mejor será olvidarse de la absurda idea de convertirse en Santo y regresar a su casa para que lo sigan consintiendo con lujos y demás…
Tras estas frías y contundentes declaraciones, el portador del Fénix simplemente les dio a todos las espaldas y se marchó indiferente del lugar.
Los presentes se quedaron en silencio tras la partida de Ikki, indignados por su actitud.
Al ver a Evan tan afectado por lo dicho por quien sería su maestro, Hyôga se compadeció de él e intentó tranquilizarlo, sin embargo, tras meditar bien la situación, vio como mejor opción no intervenir en los asuntos de su compañero de bronce.
—Ricther, Natassia, será mejor que nos retiremos a las barracas —les instó un tanto inseguro el Cisne—. El entrenamiento terminó por el día de hoy.
En medio de su confusión y de tantos sentimientos negativos que había empezado a descubrir; aquel niño que lucía elegantes ropas arruinadas por el maltrato y la mugre, observó alejarse a las tres personas que habían sido buenas con él. En particular llamó su atención el hecho de que Hyôga caminaba en actitud protectora junto a Natassia.
—«Entonces así es un maestro cariñoso que no se aleja alumno… —reflexionó Evan casi llorando—. Se ve al señor Hyôga tan pendiente por el bienestar y el progreso de la señorita Natassia, que no puedo evitar sentir envidia por la relación que tienen ambos… Me habría gustado tener un vínculo así con el señor Ikki, pero al final… estoy aquí, solo… arrastrándome junto con mis sueños…»
==Época Actual. Estados Unidos==
—Interesante… entonces así nacieron las primeras semillas de resentimiento en este humano —se dijo burlón a sí mismo el dios de cánido rostro—. Fue bastante conmovedor conocer el origen de su aversión hacia Ikki y sus demás compañeros de entrenamiento…
Soltando con desprecio al moribundo Fénix, una idea vino a la maquiavélica mente de Anubis.
—Ahora me divertiré manipulando sus recuerdos para que su resentimiento se convierta en un naciente odio definitivo e irreversible…
La sonora risa de la deidad-chacal invadió la vacuidad de la plaza.
—¡Es el pasado de las personas el que forja su presente y su futuro! ¡Así que deberías alegrarte, Evan, porque gracias a los falsos recuerdos y sentimientos negativos que plantaré en tu mente, renacerás como un nuevo y poderoso ser dominado por el odio!
==Hace siete años. Santuario de Atenea==
La noche cayó en el recinto de la diosa griega y a pesar del intenso frío, el pequeño Evan no se movió ni un centímetro del lugar de su primera derrota.
—«No sé qué haré a partir de este momento —reflexionó taciturno el niño de cabellos de plata, jugueteando por inercia con la arena del terreno— Mi padre me había dicho que todos los Santos de Atenea eran personas bondadosas, pero veo que no es así…»
—Me extraña ver todavía en el Santuario a un mocoso débil como tú —le imprecó en tono hiriente Ikki, quien casualmente pasaba por allí.
El aludido evitó verlo, así que con una mezcla de ira y tristeza, le retiró la mirada para que no lo observe mientras enjugaba sus lágrimas.
—Yo no soy un mocoso… ¡Mi nombre es Evan!
—No me interesa conocer el nombre de los mocosos que creen que pueden ser Santos solo por sus caprichos de niños ricos…
La furia del niño lo obligó a voltearse con el fin de responder altanero a tales aseveraciones, pero su ira cambió a un silente miedo cuando sintió que una poderosa mano lo tomó de sus ropas y lo levantó violentamente.
Sin darle tiempo a replicar, Ikki lo había alzado hasta tenerlo cara a cara.
El terror era evidente en el infante al estar tan cerca de quien se había negado a entrenarlo, y más al sentir la ira que parecía emanar aquel hombre malo.
—¡Mírame directamente a los ojos, Evan! ¡Dime lo que ves!
La mirada del Fénix, acentuada por su entrecejo fruncido, parecía fulgir en iracundos destellos, los cuales consiguieron intimidar aun más al niño que ansiaba ser Caballero, quien a final de cuentas no atinó a responder.
—¡Yo te diré lo que ves! ¡Estos son los ojos de alguien que obtuvo un gran poder gracias al sufrimiento y el sacrificio! ¡Estos son los ojos del hombre que vio morir a tantas personas frente a él! ¡Estos son los ojos de quien sintió el más profundo odio y maldijo su destino de portar la armadura de Fénix que ves cubriendo mi cuerpo! ¡Ser un Santo no es un juego de niños!
Ikki pareció desahogarse de frustraciones pasadas mientras regañaba al joven aspirante a su cloth. Tras gritarle estas palabras, lo soltó con desprecio para dejarlo caer pesadamente sobre la árida superficie.
—¿En verdad quieres convertirte en alguien como yo, Evan? —le cuestionó, vocalizando sus palabras con un todo un poco más irónico.
El inocente pequeño respiraba agitado, contemplando aterrado desde el piso la intimidante figura del Santo de Fénix, quien ante sus asustados ojos infantiles, lucía no como un humano, sino como un terrible demonio, manifestado en la forma de una sombra negra de brillantes ojos rojos iluminados cual trémulos faros, siendo escoltada por la tenue luz de la luna llena.
Pero su miedo no duraría mucho, porque en poco descubriría que aquella furiosa mirada clavada sobre su ser, más que terror, le inspiraba uno de los sentimientos más fuertes que existen: el odio…
—Sí… —respondió secamente al fin el niño, con un semblante completamente diferente—. Quiero ser como Ikki de Fénix y ver desde arriba con la misma superioridad y desprecio a quienes son más débiles que yo, regocijándome mientras se arrastran a mis pies…
La casi fantasmal figura negra del desalmado Ikki pareció esbozar una macabra sonrisa al escuchar esas palabras.
—¡Excelente! Siendo así, te daré los mismos consejos que me dio mi maestro hace años: Cultiva ese odio que ha nacido en tu corazón. Siente el más hondo resentimiento, primero por quien se negó a entrenarte y después por todos los que habitan en este Santuario, porque nadie se compadecerá de ti y te dejarán completamente solo, tal como hicieron Hyôga, el sacerdote y la mocosa que te golpeó.
Lo que el malvado Anubis era capaz de decir utilizando la figura de Ikki, representaba la crueldad más extrema. Se estaba aprovechando de la época más inocente y susceptible de la vida de su rival de bronce, para manipular a su antojo sus recuerdos…
—¡Odia, Evan! ¡Porque si no eres capaz de despreciar todo lo que existe en este mundo, jamás podrás desplegar las alas del Fénix! ¡Odia a todo rival que te enfrente hasta que tengas unos ojos como los míos! ¡Odia a la misma Atenea por atreverse a…!
Poco a poco las memorias del joven se fueron difuminando, siendo consumido su protagonista por los más abominables sentimientos.
==Época Actual. Estados Unidos==
Evan abrió los ojos rojos casi desorbitándolos de sus cuencas. Su demente mirada carmesí se clavó por inercia en el egipcio que le había causado tanto dolor. En su mente solo estaba presente la idea de asesinarlo de la manera más terrible posible…
Continuará…
Por último solo espero terminar el dibujo que tengo planeado como sorpresa especial para el día viernes, que por cierto es el Día Final xD. En realidad creí que para estas fechas ya tendría completamente terminada la historia xD pero qué se le va a hacer xD
Gracias por acompañarme una semana más en una entrega del fic. No saben cuánto disfruto escribiendo y dibujando para ustedes.
Un abrazo desde Ecuador!
