Capítulo XXXV

Candy se fue a dormir, pero no había pegado un ojo, ya habían pasado casi tres meses de su embarazo y habían sido los mejores, a excepción de la información de esa tarde, donde había pasado de la risa, a la preocupación y por último a la decepción. Odiaba cuando aquel se portaba así, que la educación que había recibido no fuera tan disipada, no le daba el derecho de responderle, así como sí sólo él tuviera ese derecho.

Al otro día, las náuseas la atacaron y se levantó con velocidad al baño, se sentía tan mal por las mañanas, que solo tuvo ganas de lavarse la boca, se levantó tranquilamente del piso del baño, pasó por la cocina y tomó el desayuno lo más tranquila posible ya que apenas podía pasar los bocados; más tarde, cerca del mediodía, se paseaba por la cabina esperando noticias de la oficina central de AG.

Aquí oficina central AG, Candy ¿estás ahí? Alguien que me responda – habló Albert por el radio.

Papá…soy yo, ¿ha sucedido algo nuevo? – respondió Candy alarmada.

Sí, tenemos la traducción, George y Richard sólo han dormido un par de horas, están mejor y en casa. George te manda saludos – le comentó Albert a Candy.

Gracias, ¿qué dice la carta? – cuestionó Candy ansiosa.

Te la estoy enviando por fax, pero esto que dice me ha dejado intrigado y espero que decidas lo que decidas, sea por el bien de los tres – le recomendó el rubio muy serio.

¿Qué quieres decir? – preguntó la rubia.

Léelo mientras busco algo, hija – sugirió su padre.

Inglaterra 1971

Hace tan sólo ciento quince años que nuestros abogados determinaron el curso de la sociedad Andley-Grandchester, lo cual no será modificado ni hasta nuestros días. En uno de mis viajes más largos, me he enterado de una triste realidad, que podría unir o alejar definitivamente como sociedad y relaciones laborales a los Grandchester de los Andley; hace unos días se me ha informado por una carta del propio Rey George que dejó para el Jefe del Clan cuando cumpliera cincuenta años.

Así que yo, William Andley soy responsable de sacar a relucir una triste verdad: mi hijo William Albert Andley no se desposó con Violet Duff, quién es pariente directa de madre y sobrina en cuarta generación de Richard Grandchester, pero que también es una Andley, por lo que Candice es ahora la heredera de las dos familias. Los Duff han provocado la inestabilidad de la corona durante varios siglos en contra de las preferencias hacia los sobrinos herederos al trono, lo que ha ocasionado que en años posteriores se den malos entendidos en quiénes representan dicha sociedad. Es decir, que puede haber más de un socio perteneciente a una de las dos familias.

Según lo investigado por Hobes, el abogado actual de la familia Andley, cuando nació Violet se le heredó un broche antiquísimo exclusivo de la reina, de esmeraldas y oro; los Duff han podido hacer una copia con la cual han engañado a la corona o eso es lo que ellos creen, el broche es distinto en las espadas del escudo Andley y fue otorgado por Albert cuando le propuso matrimonio a Violet, ahí es que se le añadió el escudo de los Grandchester, el original fue resguardado por la corona y casualmente el barco en el que viajaba cuando fue enviado a América, se hundió en el Atlántico, lo cual fue un verdadero desastre. Por otro lado, quién se lo robó fue nada menos que el hermano de Robert Rupert Clarke, el esposo de Violet. Adolph envió el falso a América junto al cofre, el diario y el cepillo, sin saber que dentro de esos tres objetos la familia Andley acostumbraba a guardar mensajes de importancia.

Sin embargo, lo anterior ha desatado una ola de suposiciones infundadas, Candice no es pariente directa de los Grandchester, así como tampoco lo es Violet, por el contrario, Richard y Violet no son primos. Después de obtener ésta información me quedé sin palabras, es muy conveniente que todos sepan lo que en realidad sucediese si la familia materna de Candy se enterase de que no pertenecen a una familia real, lo cual sucederá dentro del mes siguiente en que ella se despose con un Grandchester o un Andley y no antes con otra persona, para éste ultimo será un año después. Por lo que quiero dejar por entendido que el actual Patriarca de los Andley tiene la responsabilidad de esconder a los descendientes de Candice White Andley Duff o a ella misma, ya que si Adolph o Rupert se llegan a enterar de que los Duff no pertenecen a la familia real, podrían atentar contra la vida de Candice o sus descendientes, debido a que ella es la única que les entorpecería el camino para heredar una multimillonaria suma tanto en propiedades como en divisas inglesas y neozelandesas, producto de la herencia del abuelo de Violet y al mismo tiempo la que pertenece a Albert Andley y Richard Grandchester como sociedad coparticipe de Maritime Andley-Grandchester Enterprises y que por ello los demás no puedan intervenir en ello.

De lo anterior, nadie puede saber si en realidad ella se casará con un Grandchester o una Andley, por lo que ésta decisión será tomada sólo por la interesada.

Me despido de ustedes, Presidente y Patriarca del Clan Andley

William Albert Andley

Papá, es ¿en serio esto? ¡Me estás sugiriendo que lo abandoné! – la rubia levantó la voz.

Sí al menos hasta que lo resolvamos, pero sólo es tu decisión, antes no debes aceptar nada más – sugirió Albert.

Sabes ¿dónde están Rupert y Adolph? – preguntó Candy temiendo la respuesta.

En Escocia, según tengo entendido, ellos siguen residiendo ahí – le informó Albert preocupado por el rumbo que tomaban las cosas.

¿No hay otra forma? – cuestionó Candy.

Sí, pero no creo que quieras optar por ella – refirió Albert sabiendo que ella se negaría.

¿Cuál es la otra? – la rubia se atrevió a preguntar.

La otra es que tu padre adoptivo se entere y te encuentre – soltó Albert sin saber lo que ocurriría.

¡Hay otra! – sugirió Candy.

¿Cuál? – preguntó el rubio extrañado.

Decirle todo a Terry – respondió ella como si nada.

Richard ya lo sabe, está de acuerdo conmigo – refirió Albert ya que tenía que convencerla.

Pero Terry… no quiero dejarlo…- rebatió ante esa idea.

Candy ¿con quién hablas? – le preguntó su esposo cuando estaba pensando en otra posibilidad, interrumpiéndola.

Es…Albert me está diciendo que tu papá ya está mejor – mintió la rubia.

¡Qué bien! ¿Vienes a desayunar? – le cuestionó saliendo por la puerta.

Ya desayuné – respondió ella tratando de que él se fuese de ahí, pero no lo logro, entonces se despidió de su papó y cortó la comunicación.

Candy no podía hacerlo, dejar a Terry por un tiempo indefinido era lo último que se le podía ocurrir, debía haber otra forma.

Terry, hay algo que debo decirte – lo siguió al comedor, tronándose los dedos.

Candy podía manejarlo, debía manejarlo aunque no supiera exactamente cómo debía hacerlo.

¿Qué pasa mi amor? – el castaño se dirigió hacia ella, la tomó de los hombros y levantó la barbilla para que lo mirase.

Te quiero mucho, ¿lo sabias? – Candy intento suprimir las lágrimas.

¡Eh sí! ¿Pasa algo? – Terry quiso saber ya que la veía muy extraña.

¿Confías en mí? – quiso saber la rubia antes de asestarle el golpe de gracia.

Sí Candy, dime si pasa algo – la urgió porque algo le daba mala espina.

Debemos separarnos – soltó Candy esperando la peor reacción de su apuesto esposo.

¿Qué has dicho? – gritó Terry, con el semblante duro, furibundo y la línea que formaba sus labios era indescifrable.

Que quiero separarme de ti, por un tiempo, en lo que pienso… - Candy temió lo peor, por lo que se interrumpió, Terry estaba más que furioso.

No quería dejarlo, pero acaso ¿sería la única oportunidad?

No puedes hacernos esto Candy, fue por lo de ayer – la tomó fuertemente de los brazos, acercando su rostro al de él.

No, sólo quiero tiempo para mí – Candy tenía que convencerlo, debía de hacerlo aunque con ello se le rompiese el corazón.

No te creo, ¡te estas comportando como una niña! ¡Todo por una tontería! – espetó el castaño furibundo, la soltó.

Debo hacerlo – se limitó a responder, sólo pequeñas frases.

O si no ¿qué? ¡Dímelo! – la urgió porque no podía creerlo.

No quiero seguir aquí, no contigo – tenía que oírse lo más creíble posible y con esto observo que el carácter poco domable de su esposo se esfumaba, dejándolo impactado.

Pero Candy… - se quejó Terry.

Me iré en la tarde, espero que lo entiendas – Candy tenía que salir de allí antes de que se arrojase a sus brazos y si lo hacía no podía dejarle jamás.

No, no lo entiendo – gritó él, tomándola del brazo.

Te odio Terry, te odio y no te quiero ver – ahora tenía que gritarle para que no la llevase hasta el con besos, caricias y amor, para que no la convenciese. Terry la había soltado.

Pero Candy, espera – quiso tratar de agarrarla del brazo.

No me toques – le pidió a gritos, soltándose.

Candy – la llamó. Preguntándose al mismo tiempo por qué ella había reaccionado así.

Terry la vio meterse a su camarote, cerrando la puerta la rubia se soltó a llorar, tenía que haber otra manera, debía haber otra manera, tan sólo debía de encontrarla, tenía que encontrarla. Se dispuso a empacar, llamó a su padre por radio y le pidió a Henry que preparara el bote, debía regresar a puerto esa misma tarde. Terry se encerró en otro camarote, oyó que su esposa iba y venía hasta que se quedó dormido. Candy se despidió de Terry desde el quicio de la puerta, tomó su equipaje y después se subió al bote, tomó una brújula y encendió el bote, alejándose lentamente para no volver. Apenas había cubierto la mitad del camino y comenzaba a dolerle el corazón, pero debía seguir, no podía poner en peligro a nadie más que a ella.

La noche cayó pronto, era medianoche y Terry había despertado, se dirigió hacia el camarote de su esposa, la cocina, la cabina, la popa y la proa; no había nada, nada por todos lados, debía saber que ella iba a cumplir su amenaza, se dejó caer, llorando amargamente, cómo se iba a imaginar que la anécdota de que una de sus novias le había enseñado un dialecto podría causar tanto daño. No podía explicárselo.

Candy había llegado hace unas horas al puerto, tenía que avanzar, debía hacerlo. Caminó por todo el embarcadero, colocó su maleta en el portaequipajes que Albert había dejado abierto y observó el horizonte, se encontraba tan oscuro. Albert se hizo a un lado y ella se acomodó abrazándose a su padre.

Todo pasó en un momento…

No puedo papá, no puedo…lo siento – comenzó a alejarse de él, como repudiando su tierno abrazo.

Pero Candy, ¡no puedes viajar de noche! – reclamó su padre, medio entendiéndola.

Lo siento, podré hacerlo, no puedo estar sin él, lo amo mucho para estar lejos de él, no me pidas eso, lo resolveré, lo resolveremos, juntos – Candy suplicó, sabía que debía volver y contárselo a su esposo.

¿Sabes lo que estás haciendo? – cuestionó Albert, preocupado.

Sí, las parejas del diario siempre hacían todo en conjunto, el secreto es el amor que los une. Eso es papá, observa, las cartas dicen sociedad, el secreto de una sociedad entre dos familias diferentes es la confianza y entre una pareja es el amor, es claro, esto debemos resolverlo entre nosotros con la ayuda de ustedes – Candy le explicó a su padre.

Puede ser… - Albert se quedó meditando.

Debo ir con Terry, adiós – Candy se despidió de su padre con un beso en el aire.

Pero Candy… el rubio intentó disuadirla.

No hay ningún pero…adiós – Candy se volvió al bote, aprisa.

Candy desapareció en la oscuridad, durante el viaje de regreso se imaginó todos los escenarios posibles sobre lo que haría su esposo si la descubriese en el bote tan de madrugada. A pocos metros del yate apagó el motor, estaba indecisa, no sabía si estaba haciendo lo correcto, pero ella lo amaba y no podía ocultarle que corría peligro y menos ella. Terry miraba el océano, sólo obscuridad era lo que captaba su mirada, no entendía nada de lo que Candy había pensado para su vida.

Candy se sumergió al mar por la borda del bote y nadó hacia la escalerilla del yate que se encuentra en la popa, sin hacer el menor ruido, subió y espero unos minutos a que el agua escurriera de ella, luego terminó por subir completamente y comenzó a caminar por la cubierta. Descubriendo que su esposo se encontraba en la proa, sentado, mirando en la obscuridad y ¿sollozando? A Candy le dolía en ese momento lo que le estaba haciendo a su esposo y no dejaba de pensar y de sentirse culpable por intentar abandonarlo, se acercó a él.

Candy, perdóname, perdóname por haberte defraudado, pero abandonarme por el pasado, es que acaso ¿has dejado de amarme? – cuestionó Terry abrazado a uno de los postes de la proa.

No… - respondió la rubia conteniendo las lágrimas, era muy doloroso.

¡Candy…! - Terry volteó el rostro y observó la llorosa figura de su esposa.

¡Terry! – exclamó la rubia corriendo y abrazándose al castaño.

Candy, ¿dónde estabas? – la reprendió porque se imaginó a ella navegando en la obscuridad.

Me fui, te abandoné, iba a irme a Europa, pero no pude hacerlo, no podía irme y huir, te amo demasiado como para si quiera intentarlo.

¿Por qué huiste? – cuestionó Terry asombrado de que ella le dijese la verdad.

Nos matarán, bueno me matarán – comenzó a explicar.

¿Qué has dicho? – preguntó Terry contrariado.

Albert me envío ésta carta, en ella dice que los Duff no son familiares tuyos y que cuando mi padre adoptivo se entere de esto, intentará matarme – le respondió Candy hipando.

¿Quién se lo dirá? – le cuestionó preocupado.

No lo sé, puede ser cualquiera, sobre todo cuando se lea el testamento de mi madre – declaró ella sonriéndole.

Necesitamos hablar con Albert – sugirió el castaño.

No, sólo te necesito a ti ahora – urgió la rubia a su preocupado esposo.

Pero Candy esto es prioridad – la retó sonriéndole porque cuando intentó separarla capturó sus labios en un apasionado y ansioso beso.

No me importa, ahora tú eres mi prioridad – resolvió ella, queriendo e incitándolo a que le hiciera el amor.

A Candy no le importó, le hizo el amor a su esposo de una forma irracional y llegando al clímax después de algunas horas, sus cuerpos terminaron entrelazados y sudorosos, cuando se calmaron y comenzaban a dormirse.

Terry, ¿qué vamos hacer? – preguntó Candy cuando emitía un sonoro bostezo.

Segura que tu padre tiene que leer el testamento – cuestionó Terry cavilando la información que su rubia amante y esposa le había dado.

En la carta dice que se leerá el testamento de mi madre cuando me haya casado por lo que se dará a conocer su contenido, pero también aseguran que soy heredera universal y que si muero pasará todo a mi padre – le recordó.

¿Cuándo tenemos que ir a Escocia? – preguntó Terry, quería saber si había suficiente tiempo para preparar otra cosa. Algo se le tenía que ocurrir.

El viernes… - soltó la rubia.

¿Pasado mañana? – cuestionó Terry intentando no enojarse.

Sí, todos iremos. Los Duff, los Grandchester, los Andley, la Reina, los abogados, todos… - refirió la rubia comenzando a dormirse.

¿Todos? – re cuestionó el castaño.

Sí, pero nosotros llegaremos a tu mansión, no a la mía – le avisó.

¿Por qué? – preguntó Terry sin saber a qué se refería Candy.

Porque es muy predecible que los Duff se instalen con Albert – le recordó Candy a Terry.

Cierto, no deben saber ¡quién eres! – musitó irónico.

No, hasta la lectura del testamento – Candy decidió no tomar esa entonación como algo de importancia.

Entonces de cualquier forma tenemos que regresar – aclaro Terry.

Sí, lo siento – se disculpó su esposa con pena.

Pero ¿por qué lo sientes? ¡Ni que lo fueras a saber! – exclamó Terry con burla.

Ya lo sabía, pero sólo que lo había olvidado – soltó Candy sin detenerse a pensar en lo que acababa de confirmarle a Terry.

¡Rayos Candy! ¿Cuándo será el día en que te comunicarás conmigo? Siempre me tengo que enterar al último, pensé que estabas enfadada por lo de…olvídalo – Terry se levantó rápido y comenzó a vestirse, dejándola cubierta apenas por la almohada que hasta hace unos minutos Terry usaba debajo de su cabeza.

Sí lo estaba y también celosa, pero no me acordaba…si quieres no vayas, no es necesaria tu presencia realmente – espetó la rubia enojada.

¿Cómo puedes decir eso? Eres mi esposa Candy o ¿hay algo que todavía no sepa? – le recriminó Terry.

No, tranquilízate sí – le pidió ella.

Debemos dormir – Terry regresó a su lado de la cama que le correspondía, se volteó y cubrió con la sábana, dispuesto a dormir.

Pero Terry… - Candy no podía creerlo.

Quiero dormir Candy, te sugiero que hagas lo mismo… - sugirió Terry.

Perdóname… - Candy le quedaba sólo disculparse.

Te dormirás o me tengo que ir de este camarote – le gritó enérgico.

La que se va soy yo, imbécil. Mañana me iré al aeropuerto temprano, si quieres acompañarme, si no me da exactamente lo mismo – Candy se fue de su lado.

Candy se colocó un albornoz, salió de ese camarote para entrar a otro y se acostó, temblando de impotencia ante la actitud de Terry, no le había ocultado nada, sólo lo había olvidado completamente. A la mañana siguiente, se despertó temprano, se alistó y subió al bote, a los pocos minutos llegó Terry, que no la saludó y se posicionó en la popa para dirigir el motor hacia la dirección que marcaba su brújula, donde seguramente los estaría esperando Albert.

Candy se sintió mal por aquella poco reacia muestra de cariño y continuaron así todo el camino, cuando llegaron al puerto donde los esperaba Albert, se les notaba distantes, Albert les pidió que se subieran, Terry lo siguió colocándose unas gafas y Candy sólo se subió al asiento del copiloto, George se encontraba manejando, le sonrió y subió la ventanilla que dividía los asientos de atrás, de los de ellos. Candy comenzó a llorar, George prefirió no decir nada, sólo le tomó la mano y la miró, acariciándole la palma con sus dedos mientras manejaba. Por otro lado Terry, se quedó viendo hacia algún lado, menos a Albert.

¿Sucedió algo? – quiso saber Albert, ya que era muy extraño el comportamiento de esos dos, sobre todo después de lo de anoche.

No, ¿qué habría de suceder? – respondió Terry hastiado.

Pues depende, Candy está llorando en el puesto de copiloto y tú aquí como si nada, creo que si sucede algo – comentó Albert con cierta acidez.

No debe de importarte, mi esposa sólo está sensible por el embarazo – respondió Terry sin ver realmente a Albert.

Seguro que Candy no te dijo que estaba en el puerto a la medianoche y que regresó a ti porque te ama – susurró Albert como si fuese una confidencia.

¿Qué dices? – preguntó como si no lo supiera.

Candy iba a viajar sin ti ayer por la noche y se arrepintió porque está estúpidamente enamorada, creo que no sabes ni lo que haces – le reclamó el rubio a su "yerno".

¿Cómo has dicho? – cuestionó impresionado de que Albert le estuviese reclamando.

Quiso protegerte, Robert intentará asesinarte y lo que mejor has hecho es enojarte con ella por un simple olvido. Se olvidó de todo esto, sólo por ti, porque eres todo su mundo y así es como se lo agradeces. Vaya esposo con el que tiene que cargar – Albert tenía más información de la que Terry no sabía ni media palabra.

¿Cómo sabes eso? ¿Te lo contó? – cuestionó Terry evidentemente molesto.

No necesito saberlo, recuerdas que la conozco desde hace mucho tiempo y por lo visto, mejor que tú – rectificó su posición en la vida de la rubia.

Eso veo, pero soy su esposo, el padre de su hijo – recalcó esas oraciones para darle celos al rubio, lo cual a éste le hizo mucha gracia.

Y un perfecto imbécil. Primero Anthony y después tú, Dios los hace y ellos se juntan – Albert alzó las manos en son de que ellos eran unos tontos.

¿Qué cosa dices? Repítelo… - lo amenazó.

Cuando lleguemos a Escocia lo sabrás y espero que hagas lo que se espera de ti – Albert le recordó con soberbia.

Dime entonces… - Terry estaba fascinado con esa información.

No te mereces esa información, si eres listo te arrepentirás de lo que le estás haciendo a Candy – le aclaró el rubio mirándolo con indiferencia.

Sabes, estoy harto de que todos guarden secretos – exclamó Terry.

Tú también los tienes y ella no te hizo sentir que no te amaba ¿o sí? – le reclamó con desgano.

No… pero… - intentó dar otro argumento sin lograrlo…exactamente.

Buen chico, pues ahora sufre, que te lo mereces – le recordó.

Albert se colocó los audífonos, no quería hablar más con su "yerno", había visto la mirada de Candy y ésta vez haría reaccionar al esposo de su amada hija. Cuando llegaron al puerto, en lo que George alistaba los papeles para salir de Chicago, Terry observaba como su amada esposa se abrazaba al rubio y lloraba sobre su pecho, notando un abrazo posesivo de parte del rubio y la notoria sonrisa de Albert que pondría celoso a Terry. Después de haberle dado un beso en la frente a Candy, que por la posición, Terry observó que había sido en los labios, lo que le causó indignación y en un arranque de celos se dirigió hacia su esposa para reclamarle.

¿Qué está sucediendo aquí? – reclamó Terry con celos desbordados

¿De qué cosa hablas Terry? – cuestionó Albert al sentir el empujón que el castaño le daba.

¡Hey familia, hola Candy! – saludaron sus primos y novias de aquellos.

Chicos, ¿qué hacen aquí? – preguntó Candy al ser distraída por los constantes abrazos de sus primos.

¿Van a viajar todos juntos? – cuestionó Terry entre sorprendido y hastiado de esas tontas risitas que los inmaduros primos y novias de su esposa le resultaban.

¿En serio? ¡Qué gran sorpresa! ¡Gracias Albert! – Candy abrazó a Albert y le dio un beso en la mejilla.

De nada, mi amor – él le sonrió y también le correspondió el beso y con un abrazo en su cintura, de modo posesivo la cargo. Haciendo que Terry se enojase aún más.

¿Qué te pasa? – al ver ésta acción Terry enfadado empujó a Albert, quedándose Archie, Annie, Stear, Patty y hasta el propio George de una sola pieza.

¡Terry, déjalo en paz! – le gritó Candy a su esposo con notoria defensa de su padre e interponiéndose en ellos.

¡Hola Candy! – los chicos decidieron distraer la acalorada discusión de temperamentos.

Chicos ¿cómo han estado? – preguntó Candy sincera.

¿Cómo te quedó el ojo, imbécil? – se burló Albert cuando pasó detrás de él para saludar a sus sobrinos.

Sin poder controlarse, Terry tomó a Albert de las solapas de su traje y a punto de golpearlo, Candy lo detuvo.

¿Qué significa esto? – cuestionó Candy asombrada por la brutalidad de su marido.

¿Te interesa? – preguntó Terry enfurruñado.

Estúpido, tú que le pegas y yo que me divorcio de ti – respondió Candy furiosa, Albert era su padre y por mucho que le doliese Terry tendría que tolerarlo.

Candy… - la nombró sin poder creer lo que había escuchado, enfrente de aquel odioso rubio y sus primos. Terry se alejó del grupo y aguardó junto a George.

Candy se fue dejándolo sólo y ya no le habló más, cuando llegaron al aeropuerto de Edimburgo, Candy se dirigió al auto que los llevaría a Terry y a ella a la mansión Grandchester, ella se limitó a lo esencial, cuando hubieron llegado a la mansión Grandchester optó por dormir en habitaciones separadas, así que después de cenar se despidió y dejó a Terry en el comedor. Él sumamente molesto se levantó de su asiento y la siguió, lo último que alcanzó a ver es que su esposa se metía al cuarto de baño para tomar un baño de espuma en la tina. Terry se desvistió y cuando Candy estaba por entrar a la tina, su esposo la abrazó por la espalda haciendo que ella se asustara.

Terry, ¿qué haces? – le pidió una explicación cuando lo sintió detrás suyo.

Perdóname mi amor – le suplicó el castaño, besándole el cuello.

¡Déjame bañar! – espetó Candy confundida.

No te suelto hasta que me perdones – recriminó Terry el rechazo de su esposa.

Te amo Terry, pero no me crees que no soy perfecta – repitió ella con desgano.

Necesito un baño relajante al igual que tú y también te amo… princesa – le repitió dejando un par de besos en la columna vertebral y después sobre su hombro.

¿Ahora si me puedo bañar? – Candy lo dejó continuar para después pedirle que la dejase sola.

Por supuesto y necesito hacerte el amor mi vida – Terry quería convencerla de que ya no estuviese disgustada con él.

¿Me deseas? – preguntó Candy entre molesta y amorosa.

Oh sí mi amor, te he deseado desde hoy en la mañana – recalcó lo último.

¡Oh…! – emitió un quejido y dejó que su esposo la volviera para darle un apasionado beso.

En ese momento, todos los enojos y sinsabores del viaje quedaron obnubilados por ambos jóvenes, que se amaron gran parte de la noche hasta quedar extasiados. Terry quería relajar a Candy tanto como fuese posible, sabría que lo de la lectura de otro testamento iba a ser complicado, pero no importaba, ella era lo primordial para él, además esto sería quizás tan angustiante para su esposa, que el que ella estuviese embarazada podría ser peligroso para el bebé.

Continuará…