CAPÍTULO XXXIII:

PRESENTES Y EMOCIONES

Lin, sentada en un pequeño banco cerca de una vivencia, abrió el paquete entregado por Sesshomaru, ya sabía lo que era, así que lo hizo con tranquilidad, si apuros. Sin embargo, esta vez pareció quedar más complacida que las anteriores veces, a pesar de que la prenda era una de las más sencillas que le había dado en estos últimos años. Pero era razonable, porque algo sencillo era precisamente lo que necesitaba.

– ¡Señor Sesshomaru! ¡Es hermoso! ¡Muchas gracias!

¡Genial! ¡Por fin un kimono que pudiera usar!

Lin tocó y observó la textura y los motivos de la tela con una sonrisa en el semblante, mientras tanto, Sesshomaru, con su atención focalizada en otro punto, en Melisa, la observaba desde aquella distancia de reojo. Ésta se encontraba más allá, arrimada al lado de Ah-Un, discutiendo con Jaken y conversando con el grupo de Inuyasha.

Lin inmersa en su tarea de fisgonear la tela desplegó un poco el kimono, y fue en ese instante que algo resbaló del interior y cayó al suelo. Se inclinó para recoger el pequeño trozo de tela verde.

Sesshomaru reparó en el hecho cuando la voz de Lin expresó melosa:

– ¡Ah…! ¡Pero qué lindo señor Sesshomaru!

¡Rayos! ¡Era la pañoleta! ¡Había olvidado decirle a Rumiko¹ que la envolviera aparte!

Lin pudo notar la leve turbación en el rostro de su señor, una pequeña muestra de desconcierto, aunque muy pequeña, casi invisible. Sin embargo, Sesshomaru no dijo nada.

¡Ya ni modo! Rumiko la había envuelto junto al kimono y Lin había abierto el paquete recibiendo también la pañoleta. Quedó suspenso. No había más que hacer, además ni siquiera había pensado qué hacer con ella, sólo la había comprado por capricho pero no precisamente con la intención de regalársela a la odiosa de Melisa ¡Claro! la había comprado pensando en ella, pero…

Lin no se mantuvo ajena a esa leve variación en su expresión y obviamente se preguntó el motivo, observó la pañoleta, a lo mejor algo pasaba con esta prenda. Y entonces notó que el tono verde de ella en cierta medida no pegaba para nada con el kimono que le había traído ¡Hecho curioso! Los hombres casi siempre son un algo torpes y poco detallistas con este tipo de cosas, sin embargo, este no era el caso de Sesshomaru, ¡es más!, era bastante meticuloso en ese aspecto, y sus gustos y opciones casi siempre eran muy acertados, si hablamos de estilo, elegancia y belleza. Pero entonces la pequeña Lin notó algo más; desde pequeñita había sido muy intuitiva para sus cosas, y eso en cierta medida le permitía darse cuenta de detalles: Sesshomaru, de repente, observaba a Melisa.

Cuando la idea, la impresión llegó a su cabeza, no pudo evitar sentir una curiosa desazón, un extraño peso en el corazón, y un silencioso temor arrimándose en sus entrañas. Su mano apretó el trozo de tela. Luego, de forma disimulada la dejó a un lado en la banca, aparentemente desembocó su atención en el kimono, pero en realidad su interés estaba puesto todo en él.

Sesshomaru estaba callado como siempre, pero pensativo inmerso en su interior ¡Quién sabe qué cosas pasaban por su mente! Sin embargo, sus ojos estaban puestos sobre el trozo de tela verde desplegado sobre la banca, y de repente, en ciertos momentos, su mirada se desviaba hacia el grupo de Inuyasha, hacia Melisa.

¡Para Lin fue demasiado evidente! La pañoleta no era para ella.

Quedó suspensa por un momento, pero luego con decisión guardó el kimono, tomó la prenda y se retiró hacia la vivienda donde residía. Sesshomaru se sentó en la banca que dejó desocupada Lin.

Luego de un momento, vio a la pequeña salir, llevaba un pequeño paquetito en las manos. Marchó hacia el grupo de Inuyasha, se acercó a Melisa y con una sonrisa radiante le dijo:

– ¡Ten!

– ¿Hm? ¿Y qué es esto? – Preguntó la muchacha, a lo que Lin respondió:

– Un regalo. De un admirador secreto – Concluyó con una sonrisa, con un supuesto contento – A Melisa la idea pareció impresionarla y estimularla un poco.

– ¿¡Un regalo!? ¿¡De un admirador!? ¡Vaya! ¿¡De quién!? ¡Quiero saber! – Preguntó con la curiosidad casi matándola, y Lin astuta y traviesa respondió:

– ¡Pues un admirador secreto es precisamente, "secreto"!

Sesshomaru observó la escena a la distancia, vio como Melisa abría el diminuto paquetito y sacaba del interior el trozo de seda, entornó los ojos, extrañado. Lin volvió a dirigirse hacia él, cuando estuvo en frente del inugami este le preguntó:

– ¿Por qué hiciste eso?

– Mm… bueno, aquel presente no era para mí – Respondió sonriendo. Eso le causó más curiosidad ¿Cómo había llegado a esa conclusión? – Si no era para mí, imaginé que podría ser para la señorita Melisa – Respondió sin más explicaciones. Sesshomaru agregó:

– No precisamente – Una pausa. Luego – La compre por capricho.

– Pues qué bueno que llegó a mis manos, de otro modo habría terminado desechada. Quizás la señorita Melisa jamás habría recibido el presente que fue comprado pensando en ella – Sesshomaru no respondió, de cierta forma estaba algo asombrado ¡Vaya percepción la de esta muchachita!

Luego de aquello, Melisa estuvo persiguiendo toda la mañana a Lin para que le contara sobre ese supuesto admirador secreto. A Lin la reacción de Melisa pareció divertirla en gran medida, y se dedicó a hacer "sufrir de curiosidad" a la muchacha.

– ¡Ya no seas mala! ¡Cuéntame! – Insistía, y luego preguntaba - ¿Y cómo es? ¿Es apuesto?

– ¿Hm? Si, si lo es, ¡bastante!

– ¿En serio? ¿Y quién será? – Y miraba hacia todos lados observando a los muchachos de la aldea. Por otro lado, los hombres al sentirse observados por aquellos ojos verdes aprovechaban la instancia para hacerse los lindos y los divertidos. A Lin eso le causó más diversión, y reía por lo bajo, ya que Melisa parecía quedar decepcionaba con cada uno de ellos.

¿Por qué será que los hombres se vuelven más estúpidos cuando se sienten abrazados por la mirada femenina?

– Lastima – Susurró para si en un momento dado. Con una sonrisa miró la pañoleta en su mano. Y entonces dijo – Mi corazón ya está enredado con alguien más – Se llevó el trozo de tela a la nariz aspirando con vehemencia, como queriendo perderse en su aroma – Tiene un aroma bastante particular. Este olor me produce algo de nostalgia ¿Qué será? – Lin observó a la muchacha, la expresión en su rostro.

– ¿"Alguien más"? – Se preguntó.

Algo le decía que Melisa no se refería precisamente a Sesshomaru.

– ¿Y…? ¿No la usarás? – Le preguntó en un momento dado la pequeña.

– ¿Hm?

– Mira te la puedes poner de esta forma – Lin le pidió a la muchacha que se sentara y entonces arregló su cabello, amarró la pañoleta en una cola de caballo.

- ¡Vaya, qué lindo! Muchas gracias.


– Amo bonito ¿Por qué aun estamos aquí? ¿Qué se supone que estamos haciendo en este lugar? – Preguntó Jaken. Sesshomaru descansaba a la sombra de un árbol en el bosque de la aldea.

– Haciendo tiempo – Contestó.

– ¿Tiempo? ¿Y para qué? – Sesshomaru no respondía y el pequeño kappa suspiraba, luego se daba el aliento para preguntar más – Y… ¿Qué le sucedió a su cabello amo Sesshomaru…?

– Nada en especial – Y no decía más. Estas eran algunas de las preguntas que hacía Jaken, y las respuestas que obtenía, así que optó por cerrar la boca y ya no interrogar.

Melisa se internó en el bosque para buscar a Sesshomaru. Se acercó, se agachó, abrazó sus piernas y le preguntó:

– Mm… ¿Sesshomaru? ¿Y qué haremos ahora? – Sesshomaru abrió los ojos, sin duda reparó en el peinado de la muchacha pero no dijo nada en cuanto a esto, luego respondió:

– Iremos a la casa del hierbatero ¿Acaso no es a ese lugar a donde quieres ir? – Melisa sonrió.

– Si

– Bien, pues qué estamos esperando – El inugami se levantó y ella sólo lo observó por un momento, luego de eso se atrevió a preguntar:

– ¿Sesshomaru? ¿Qué le sucedió a tu cabello?

– Nada – Respondió secó.

– Mm… pues "nada" no es lo que veo. El mascazo se nota a la legua – Sesshomaru no respondió – ¿Quieres que te lo arregle? – Melisa, al ver que el inugami no consentía pero tampoco rechazaba, lo agarró de la manga del kimono y le dijo – ¡Ven! Hay una roca por aquí, quiero que te sientes y me esperes, tengo unas tijeras en la mochila – El inugami sólo se dejó dirigir.

¡Y la sección de peluquería comenzó! Melisa peinó y humedeció un poco el cabello del inugami.

– ¡Vaya! Tienes un cabello muy lindo, mejor cuidado que el de cualquier mujer – Ella observó el color plateado y brillante con deleite ¡Realmente su cabello era muy hermoso! Metió los dedos entre las hebras y deslizó la mano – ¡Qué sedoso…! – Pensó para si ella. Luego le dijo – Al parecer el corte no afectará para nada tu apariencia, te dieron el machetazo por debajo del hombro – ¡Vaya! Él había imaginado que había sido más, ya que había sentido el vientecito que produjo el tijeron de Totosai en el cuello – Lo cortaré un poco más para emparejarlo, pero no será mucho, sin embargo ¡No hay duda de que te cortaron una gran cantidad! Antes lo tenías bastante largo.

Sesshomaru se mantuvo tranquilo, sin resistencia, esto lo relajaba un poco. ¡El bosque estaba tan tranquilo! Una brisa fresca corría por alrededor, y, además el hecho de sentir como la muchacha le acicalaba el cabello… ¡Realmente era agradable! Cuando Melisa, de repente, metía sus dedos entre medio y los deslizaba, una especie de cosquilleo se expandía por su cabeza y su columna, y eso lo relajaba aun más, entonces cerraba los ojos y se dejaba llevar por aquella sensación ¡Jamás habría imaginado que algo tan simple como esto lo haría sentir tan bien!

Jaken, por otro lado, dormía la siesta apoyado sobre el vientre de los siameses.

– ¿Y…? ¿Cómo fue que te lo cortaron? ¿Quizás en alguna batalla? – Sesshomaru escuchaba la voz de Melisa cada vez más lejos – ¡Vaya! ¡Realmente mi conversación parece un monólogo! Por lo menos podrías darte el trabajo de decirme algo, aunque sea un sí o un no – Melisa siguió hablado, y al ver que no obtenía respuestas del inugami se puso delante de él – ¿Sesshomaru? - Y se dio cuenta que tenía los ojos cerrados. Se inclinó un poco poniendo su rostro frente a él – ¿Estas durmiendo? – En ese momento Sesshomaru volvió en sí, se reincorporó, abrió los ojos somnolientos y aspiró el aire por la nariz, luego dio un pequeño suspiro. Si, se había quedado traspuesto.

Melisa se enderezó y sonrió.

– ¿Quieres que te corte el flequillo? Me parece que está un poco largo, eso puede dificultar tu visión, para las batalla no creo que sea muy ventajoso – Sesshomaru asentó suavemente con la cabeza. Melisa se acercó un poco más y su rodilla chocó con la de él. Está demás decir que Sesshomaru pues… ¡gozaba de piernas bastante largas!

Melisa se volvió a inclinar para peinar su flequillo, en ese momento el aroma de ella desembocó en él como vahó sutil envolvente. Se le figuró una niebla fragante y deliciosa.

Observó su pecho, al estar inclinada la parte de arriba del vestido dejaba ver el hueco de su seno, y un poco la blonda de la copa de su ropa interior. Observó el pecho, "sus pechos", el cuello, la piel…

… la piel… Y percibió, la nota cálida de su aroma, ese toque minúsculo que comprimía su olor, esa tibieza particular que densificaba con sutileza la frescura de su fragancia ¡Vaya! frescura y calidez ¡Opuestos conciliados! ¡Unidos en ese cuerpo de mujer!

Y las silenciosas ansias lo comenzaron a cercar.

– Su aroma… - Articuló dentro de su cabeza.

Sus manos descansaban encima de sus rodillas, y entonces inconscientemente, agarró con las yemas de sus dedos índice y pulgar, un pedacito minúsculo de los lindes del vestido de Melisa, y lo sostuvo todo ese rato, como si aquello determinara un lazo, una cercanía, una cadena de unión, una posesión, un… "te tengo".

– Su aroma… – Se volvió a repetir para sí. Y observó el trozo de seda verde en su cabello, no había duda, la fragancia de aquella seda combinaba muy bien con su aroma ¡Qué hecho más curioso!

Luego de un momento esta se separó para buscar las tijeras, el vestido resbaló de sus yemas, al igual que su olor. Por ese breve lapso se sintió sobrio, libre del sedante que Melisa con su presencia y cercanía estaba derramando sobre él. Pero esta sobriedad sólo duró unos momentos, la muchacha se volvió acercar a él metiéndose un poco entre sus piernas.

– Otra vez… – Articuló nuevamente dentro de su cabeza. La niebla odorífica lo volvió a ceñir, y esta vez sus dedos no tomaron el vestido, si no que uno de ellos se posó sobre la pierna. Y luego comenzó a acariciar levemente la piel, suave, casi imperceptible, sólo con la yema de un dedo, con una sutil, minúscula suavidad. Melisa, por su parte, concentrada en su tarea ni reparaba en estos pequeños detalles.

Sesshomaru tenía los ojos cerrados. El olor de Melisa lo estaba colmando y comenzó a sentirse cada vez más embriagado, y esta vez, cuatro dedos se posaron ligeramente en la corva de una de sus piernas. Melisa sintió un leve cosquilleo y miró hacia abajo, era la mano de Sesshomaru, sin embargo, lo tomó como caso accidental más que intencional, ella estaba metida entre las piernas del inugami y este descansaba las manos sobre las rodillas, era normal que se produjeran roces. Por lo tanto, no observó el hecho como un acto de impúdica intención.

Pero Melisa reparó en las manos de Sesshomaru, esas manos grandes y fuertes, fibrosa y de dedos largos ¡Qué manos las de ese hombre! bastante masculinas, a pesar de las extrañas garras que le daban un raro aspecto.

Siguió rebajando el flequillo mientras pensaba.


Notas finales:

¹ Rumiko: Olvidé mencionarlo anteriormente. Pero me pareció divertido colocarle a algún personaje de este fic, el nombre de la autora de Inuyasha, sólo para hacer una referencia, una mención. XD

De los comentarios que alcancé a leer en la anterior publicación, recuerdo uno que mencionaba algo sobre la sesión de peluquería XP, que para aquella persona era muy relajante que le acicalaran y peinaran el cabello. Me pareció un comentario curioso. Que de repente, uno se identifique con detalles tan sencillos como este. ^-^