Holis! Disculpen! Disculpen! Disculpen! Eso de estar de baja me está volviendo loca ¬¬ de repente digo: somos sábado! y fue con aaaaaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrgggggggggghhhhhhhh! Incluso lo tenía todo preparado ya, que solo tenía que publicar TT:TT como compensación publicaré un par de más :)
Yourdeathangel91: me alegro entonces :) jajaja Asami ya está enamorada de Mamo xD ganó Mamo (?) y por cierto cuando dijiste lo de los coraconcitos en los ojos ne hiciste recordar al anime del grupo de música j-pop akb48: AKB0048. En lugar de un brillo de ojos blanco tienen corazoncitos en los ojos xD
Angel-LauraR: jajaja yo mientras escribía lo de la estatua, me preguntaba si Kaito los habría ayudado xD pensava que Kaito estaría pensando que Shin lo mataría xD pero luego volvía a pensar en lo divertido que lo pasaría él ayudándolos. Total que jamás me decidí por una respuesta xD nunca son suficientes veces jejeje
Lady-kudo: maravillado jajaja dioses, no sé si alegrarme por lo de la adrenalina xD a ver si te provoco un ataque cardíaco o algo xD te descontaste? XD Tetsuya es muy inteligente en realidad, pero no por ser hijo adoptado de Shiho xD sino por sus verdaderos padres xDDD mientras leía tu review estaba tentada en dar spoil xD respecto al amor de Te-chan... porque aunque esté enamorado de otra chica, siente que Asami es alguien mucho más que una amiga y por eso lo hace ;) esa chica aparecerá a los capítulos 40 y algo y si sabe que Asami es de Mamo xD porque Yoh hace trampas y el otro se deja ganar (?) no sé xD ni idea a que saben las nubes xD me hiciste reír un buen rato xD yo también deseo que sean algodón de azucsr :3 rico rico xD juntitos? Solo? XD jajajaja lo del punto débil es para Mamo eh? Y bueno, de lo de su relación... aquí! XD Shinichi de seguro las dos xD pero Ran no le dejaría xD vermouth y drake aparecerán, pero en la siguiente temporada xD disfrutalos! :3
22 de Julio
Por los años: la herencia Black
Capítulo 36: Vuelta al instituto.
— Asami, ¿estás segura de no querer quedarte? —preguntó por enésima vez su padre.
Asami soltó la tostada al plato. Estaban intentando arruinarle el desayuno, ¿o es que realmente se habían propuesto no dejarla olvidar los días malos? Miró a su padre con muy mala cara. El hombre se apartó de la mesa como si su hija pudiera travesarla y saltarle al cuello en unos segundos. Ran se echó a reír.
— Papá —sonrió la niña ya cansada de que quisiera hacerle quedarse en casa el último día antes de las vacaciones de verano—. He llegado unos meses tarde al colegio, no tengo muchos amigos y no sé si podré ponerme al día entre trabajos y exámenes. Por favor, intento ser una buena niña, pero no me dejas.
Ran rió con más fuerza, mientras Shinichi fulminaba con la mirada a su esposa.
— Sabes el porqué lo digo —respondió Shinichi mirando de nuevo preocupado a su hija.
— Papá, si me quedo sola otro día, me voy a volver loca —se quejó Asami en un suspiro.
— Déjala ir —sonrió Ran—. Si se encuentra mal, Mamoru-kun y los demás estarán con ella. Pero si nos necesitas, por favor llámanos, ¿vale?
Asami afirmó con la cabeza mientras su madre se levantaba. La besó en la frente y luego besó a Yoh.
— Que os vaya bien el día —sonrió la mujer yéndose.
— No hagáis tonterías —añadió Shinichi levantándose y siguiéndola.
— ¡Eh! La vaji… —Asami se quedó mirando la mesa llena de platos sucios, mientras escuchaba la puerta cerrarse. Miró a su hermano que la sonreía—. No vas a ayudarme, ¿verdad? —preguntó Asami.
— No —respondió él riendo.
Asami dio el último mordisco de la tostada y se levantó recogiendo la mesa. El niño se levantó y se fue a su habitación a buscar su maletín. La chica escuchó el niño bajando.
— Espérame Yoh —susurró finalmente ella.
— Date prisa —respondió el niño.
Asami se apresuró a subir a su habitación. Recogió su maletín y volvió a bajar. Yoh se estaba poniendo los zapatos sentado al suelo. Ella se puso los zapatos de pie en poco tiempo y cogió las llaves que había en un plato azul, encima del mueble de la entradilla y salió aguantando la puerta para que saliera su hermano. El niño agarró el último llavero del plato y la siguió. Asami cerró la puerta con llave y siguió a su hermano dirección al colegio. Estuvieron andando en silencio uno al lado del otro, hasta llegar al colegio de Yoh. Allí ya les esperaban Mamoru, Akira, Chieko, Momo, Sora y Ayako. Los hermanos mayores se despidieron de los pequeños que se quedaron en el colegio diciéndoles adiós con la mano. Asami sonrió al ver que Yoh se ponía las manos a los bolsillos en seguida intentando disimular que le hacía vergüenza despedirse así de su hermana. En cuanto hubieron girado la esquina, Mamoru se acercó a Asami lentamente y sonrió hacia ella.
— Todo está bien —susurró ella.
— ¿Seguro? —preguntó él viendo como Akira y Chieko se alejaban dirección al instituto.
Ella sonrió.
— Te he echado de menos toda la noche —susurró con una voz casi inaudible.
— Vaya, luego me dices a mi pervertido —sonrió él con el mismo tono de voz y empezando a andar siguiendo a los hermanos.
— Quiero besarte —susurraron los dos después de un largo suspiro.
Se miraron riendo, haciendo que Chieko y Akira se pararan a mirarlos. Finalmente, Mamoru la rodeó con una mano en la cintura y la besó fugazmente a los labios.
— Venga ya —se quejó Akira—. No hagáis eso delante nuestro, nos dais envidia.
— Búscate a otra —le respondió Mamoru rodeando a Asami por la espalda haciendo que ella sonriera tontamente.
— Claro que voy a hacerlo, pero… —se miró a su hermana—. La única que queda es ella —señaló a la chica a modo de desprecio—, y no creo que sea… —Akira terminó al suelo. Mamoru y Asami miraron con miedo a Chieko quien le había dado una patada de lleno a la espalda haciendo caer torpemente a su hermano a media conversación—. ¡¿Se puede saber qué te ocurre a ti?! —gritó el hermano Kyogoku levantándose de golpe—. ¡¿Quieres pelea?!
Asami y Mamoru se pusieron rápidamente en medio de los dos hermanos, espalda con espalda, para intentar tranquilizarlos.
— ¡Estropeaste el buen momento! —se quejó la chica.
— ¿Disculpa? —preguntaron todos a la vez mirando a la chica de reojo, mientras los ojos de la chica brillaban por querer empezar a llorar.
— Estabais tan bonitos —susurró ella sonriendo tristemente.
— Seguimos vivos Chii-chan —se quejó Asami zarandeando la mano delante de ella para que dejara de decir tonterías.
— Estás en ese día difícil del mes, ¿verdad? —preguntó Akira arqueando una ceja.
No le dio tiempo a cruzar los brazos que volvía a estar al suelo. Mamoru se apartó. Le había ido bien justo, por recibir la patada de Asami.
— ¡Eres un insensible! —gritó la chica Kudo levantando el puño hacia él.
— ¡¿Pero qué energías lleváis vosotras por la mañana?! —se quejó Akira desde el suelo mientras Irie llegaba detrás de ellos.
— ¿Qué estáis haciendo? —preguntó Renzo.
— No me ha quedado bien claro si hay un complot para machacar a Kyogoku o simplemente hoy se han puesto de acuerdo para matarlo —informó Mamoru.
Irie le miró extrañado, mientas Asami y Chieko pasaban por el lado de Akira claramente enfadadas.
— Esperadnos —se quejaron Renzo y Mamoru dejando a Akira al suelo.
Estuvieron andando en silencio. Akira les seguía alejado, no quería recibir más por parte de ellas dos. No tenía un día hábil y no había podido esquivarlas.
— Por cierto Asami —sonrió Mamoru mientras giraban por otra esquina ya viendo la puerta del instituto—. ¿Después de clases tienes algo por hacer? —ella negó con la cabeza—. Genial, ¿entonces vendrás conmigo y con Ayako?
Asami lo miró extrañada.
— ¿A qué? —preguntó ella viendo la cara de ilusión que llevaba su novio.
— Tengo una entrevista de una revista —se quejó chasqueando la lengua—. Y no sé porqué quieren que también vaya Ayako. Pero no estoy muy convencido de poderla dejar sin vigilancia en medio de cámaras, cables y luces —se rió.
— Sí, ¿por qué no? —respondió ella encogiéndose de hombros—. Será entretenido.
— Gracias —respondió él con una sonrisa.
Se quedaron quietos, porque no podían avanzar hasta el patio del instituto. Habían sido rodeados por cámaras de televisión, micrófonos y grabadoras.
— ¿Alguien por aquí es famoso? —preguntó en un susurro Renzo haciendo que Asami y Mamoru sonrieran.
De repente, todos los micrófonos estaban enfocados hacia Asami mientras cámaras de fotos y de vídeo la enfocaban con enormes flashes. Su mano se agarró a Mamoru con rapidez.
— ¿Tu eres la que salió por televisión hace dos días verdad? —preguntó una mujer rubia con gafas gruesas.
— ¿Televisión? —preguntó Asami apartándose un poco ya que estaban a punto de ponerle un micrófono dentro de la boca, mientras apretaba con fuerza la mano de Mamoru.
De alguna manera había entendido a lo que se referían.
— ¿No es a ti a quién enterraron? —preguntó un cámara apartando su ojo del objeto, mientras todos los periodistas empezaban a hacer preguntas al respecto.
Acto seguido Mamoru, Chieko, Akira y Renzo empujaron a Asami hacia dentro del recinto escolar. No podían entrar a dentro, así que no podrían hacerles preguntas. Abriendo paso con lentitud y sin mediar palabra fueron entrando al recinto, mientras Asami empezaba a ahogarse de nuevo. En cuanto salieron de alrededor de toda esa gente siguieron empujándola hasta llevarla lo suficientemente lejos como para que ninguno de esos pudieran escucharlos.
— ¿Estás bien? — preguntó Mamoru girándose hacia ella, empezaba a notar que su mano no tenía circulación.
Ella afirmó con la cabeza lentamente. Chieko rodeó con un brazo a la chica por la espalda para llevarla a dentro. Ella soltó a Mamoru pidiéndole perdón y dejó que la chica Kyogoku la llevara a dentro del edificio. Mamoru suspiró.
— No vale la pena —respondió Akira leyendo claramente la mente al hijo Hattori—. Ese es su trabajo. No sacarás nada bueno de una pelea con ellos.
— ¿Cómo pueden ser tan insensibles? —preguntó Mamoru mirando cómo les seguían filmando con cámaras y fotografiando.
— Repito, ese es su trabajo —añadió Akira poniendo una mano al hombro del chico—. Vamos, Asami nos necesita —Hattori afirmó con la cabeza y entró siguiendo a Akira. En cuanto llegaron al piso, Asami y Chieko eran rodeadas por un montón de alumnos que parecían tener el mismo corazón que los de fuera. Mamoru y Akira se cruzaron de brazos acercándose, mientras Chieko les pedía que dejaran de hacer preguntas tan malas. Al ver la mala cara que llevaban Kyogoku y Hattori todos se apartaron—. ¿Podéis dejarla en paz por favor? —dijo mostrando su puño.
— Vaya, Sam, me alegro de verte por aquí —dijo Odagiri-sensei—. Venía corriendo para saber lo que ocurría pero ya no me extraña que sea por ti —sonrió.
Asami bajó la mirada mientras Akira, Chieko y Mamoru lo fulminaban con la mirada.
— Disculpa. Ha sido una broma de mal gusto —susurró el profesor con miedo a que los tres amigos se echaran a su cuello—. Venía a darte esto —añadió buscando en sus bolsillos—. Mi hermana lo recuperó y me lo trajo a la vuelta.
Asami paró la mano para que el hombre le dejara el pequeño objeto en ella. Había un llavero con un dragón azul de plástico, con la cola un poco socarrada. Asami lo miró arqueando una ceja.
— ¿Lo ha recuperado o lo ha robado? —preguntó mirando al hombre.
— Da igual, ¿no crees? —sonrió Odagiri yéndose.
Asami sonrió guardándose el objeto al bolsillo. Parecía que el día iba a mejorar. Fueron pasando las horas sin más incidencias, aunque Chieko y Asami no le hablaban a Akira y eso dejaba a Mamoru al medio de una pelea que no sabía cómo había llegado ahí. Al salir, Asami se fue al patio, a esperar a que salieran los demás. Aiko y Renzo se quedaron con ella, apoyados en la pared para esperar. Comentaban lo que parecía había sido el mejor día del año en el instituto, según los dos compañeros que habían estado el resto del año. Hasta que se acercaron tres chicas a ellos. Una llevaba el pelo negro y medio rizado, con los ojos oscuros y llevaba en su mano el teléfono móvil del que colgaba una pequeña cuerda con una foto de Mamoru. Asami arqueó una ceja al verlas. Las tres iban con el celular decorado con una foto de Mamoru.
— ¿En qué otro lio me he metido esta vez? —preguntó en un susurro mirando a Renzo.
— Chicas, no creo que sea buena idea que sigáis por ahí —susurró Aiko poniéndose delante.
— No venimos contigo, Asahara. Venimos a hablar con Kudo en privado —sonrió la que parecía ser la líder, con el pelo largo y liso, de color castaño oscuro y ojos marrón—. Si no os importa, por supuesto —añadió viendo la mala cara que llevaba Aiko.
Renzo se rió.
— Esto será divertido de ver —respondió en cuanto las demás le miraron—. Una asesina junto a tres colegialas de instituto.
— Oh, no me llames así. Solo he matado a 3 personas —sonrió Asami siguiéndole el juego.
— No tiene la más mínima gracia —se quejó Aiko mientras los otros dos se reían.
— Por favor, ¿podemos hablar en privado? —pidió de nuevo la líder del grupo.
Asami se encogió de hombros y las siguió mientras Aiko se iba a dentro del edificio de nuevo. Irie se quedó observando a distancia, asegurándose de poder escucharlas bien.
— ¿Y bien? —preguntó Asami poniendo mala cara al descubrir que los medios de comunicación seguían esperándola en la puerta.
— A ver, ¿cómo decir esto de una manera suave? —preguntó la del pelo liso—. ¿Queríamos pedirte si podrías dejar de ir con Mamoru-sama?
Asami abrió los ojos como platos. Se esperaba de todo de unas fanáticas del detective, pero no eso.
— Es que solo le traes dolores de cabeza —añadió otra chica que tenía el pelo atado en una pequeña coleta al lado.
— Sabemos que eres nueva en esto —continuó la líder como excusándose—. Y aunque seas su fan, debes entender que nosotras estábamos antes.
Asami había dejado de escuchar. La habían llamado fan de Hattori... ¡de Hattori! Estas no sabían nada de ella y ya le decían cosas extrañas.
— Me llamo Kudo Asami por cierto —sonrió esperando que ellas se presentaran también—. Y… a ver… ¿cómo os digo esto para que no suene mal? Que os quede claro que no soy fan de Mamoru. Así que no importa en absoluto esta especie de cola virtual que os habéis inventado para llegar hasta él —Asami observó cómo se iban poniendo nerviosas conforme ella hablaba—. Pero no creo que Mamoru esté de acuerdo con lo que acabáis de decirme —sonrió tranquilamente mientras veía de reojo como Irie aplaudía en silencio hacia ellas.
— ¡No tienes ningún derecho a llamarlo por su nombre! —gritó la chica del pelo rizado, que parecía ser la más tranquila—. Si no eres su fan, Mamoru-sama no tiene la obligación ni el deber de aguantarte.
Asami arqueó una ceja y se cruzó de brazos.
— No pienso alejarme de un amigo porque sus fans me ordenen que lo haga —se quejó finalmente.
Se giró dispuesta a irse, pero la chica del pelo liso la cogió del cuello del uniforme, dispuesta a buscar pelea. Asami aguantó la mirada fulminante que la mujer le hacía con los brazos cruzados.
— No te creas tan buena —se quejó la chica—. Soy la capitana de karate del instituto Teitan y puedo ganarte con un dedo si hace falta.
Asami arqueó una ceja de nuevo. Esta chica representaba una de las sucesoras de su madre como capitana de karate y le amenazaba... con un dedo. Sonrió.
— Un segundo, esta no es la cara que debería de poner —suspiró descruzando los brazos y cogiéndole las manos con suavidad, su cara cambió a miedo—. Por favor —pidió con voz temblorosa—, perdonadme la vida. No volveré a hacerlo.
La risa de Irie se hizo oír por el lugar mientras Asami ponía los ojos llorosos. Al fin y al cabo el teatro era uno de sus pasatiempos preferidos. El tono más o menos irónico que había puesto estaba haciendo temblar a la chica que le agarraba. Había notado que se burlaba de ella. Miró a su lado. Mamoru les estaba mirando preocupado de que la chica Kudo estuviera tan loca como aparentaba. Akira y Chieko les miraban con el ceño fruncido. Aiko estaba detrás, les había ido a buscar.
— ¿Qué haces? —preguntó Mamoru mirando solo a Asami.
— Nada —respondió ella sonriendo—. Pasar el tiempo —cada vez notaba más el enfado de la chica que la agarraba—. Esta pobre capitana de karate me ha pedido un favor y estoy intentando cumplirlo.
— Vámonos ya, que tenemos que ir a buscar a Ayako —se quejó él viendo hacia la entrada—. Y vamos a tener que salir con prisas o por otro lado.
— Ah, sí cierto, la entrevista —sonrió Asami.
— Date prisa —se quejó Mamoru empezando a irse.
— Si ella me deja —añadió finalmente la chica Kudo intentando que le soltara la ropa.
— Como si fuera rival para ti —se quejó Akira acordándose de los golpes recibidos en la mañana.
— Pobre chica no merece mi fuerza, no ha hecho nada malo —sonrió Asami ampliamente.
Mamoru se giró y la miró.
— ¿No merece tu fuerza? —preguntó acercándose.
— Me ha dicho que puede ganarme con un dedo —suspiró Asami.
— No es rival para ti —dijeron a la vez Chieko, Akira y Mamoru—. Podrías pararle ese dedo con otro dedo —añadió el hijo de Heiji en un suspiro.
— Cierto, pero… es que tengo que pedirles permiso para venir contigo —susurró la chica.
— ¿De qué hablas? —preguntó Mamoru arqueando una ceja y cruzándose de brazos.
— Parece ser que tienen que dar permiso a la gente que se acerca a ti, por lo visto —respondió Asami señalando a las tres chicas—. No sabía que tuvieras guardaespaldas.
— La verdad es que yo tampoco —sonrió Mamoru alargando la mano hacia Asami—. Vámonos, anda.
Asami le cogió la mano al chico y sonrió hacia la capitana de karate, que la soltó. Asami y Mamoru se soltaron y empezaron a irse al lado de Akira y Chieko. Pero cuando habían llegado a la mitad del patio, la capitana la atacó. Asami se apartó con agilidad y sonrió viéndola. La chica estaba muy enojada. La karateka fue dando golpes al aire mientras la chica Kudo se apartaba a cada uno de ellos, sin dejar de sonreír. Parecía que sabía que la otra chica perdería el control de sus golpes a medida que más sonreía. En cuanto llegó a un árbol del patio se apartó al momento en que la karateka golpeaba. Asami arqueó una ceja y la miró se había hecho daño a sí misma.
— Definitivamente eres la sucesora de mi madre —sonrió Asami viendo como la chica aguantaba el dolor por orgullo aunque sus ojos empezaran a soltar lágrimas.
— ¿Tu madre? —preguntó ella con los dientes fuertemente cerrados
— Capitana de karate del instituto Teitan —informó Asami—. Mouri Ran.
La chica de pelo liso se quedó parada sin murmurar palabra. Asami sonrió preparada para irse, pero la chica la agarró con firmeza y la empujó hacia el árbol. Asami se quedó quieta. El brazo de la karateka le apretaba con fuerza al árbol. Tenía que reconocerlo, esa chica tenía fuerza.
— ¿Ahora ya no sonríes? —preguntó sonriendo ella en un susurro.
Asami suspiró. Se dejó caer al suelo de rodillas haciendo perder el equilibrio a la chica. Se levantó de nuevo agarrando el brazo que seguía encima de su pecho y se lo puso detrás de la espalda, empujándola hacia el árbol. Tiró del brazo de la chica hacia arriba para evitar que pudiera deshacerse de su agarre y suspiró de nuevo.
— No tengo nada en tu contra, así que por favor déjalo —susurró al oído de la chica—. O terminarás haciéndote daño.
Soltó a la chica que se giró dispuesta a atacarla de nuevo. Asami la esquivó. En ese momento ya eran observadas por todo el instituto que estaban sorprendidos de la agilidad de Asami. La chica terminó al suelo tropezándose con sus propios pies. Estaba cansada así que se quedó al suelo. Asami se apoyó a la pared y se cruzó de brazos.
— ¿Qué ocurre contigo? —preguntó Asami—. ¿De verdad crees que dejaré de ir con alguien solo porque la capitana del equipo de karate me lo pida? ¿Eres aún una niña?
— Sabes artes marciales y eres buena —sonrió la karateka mientras Mamoru se acercaba a ellas—. ¿De dónde has salido? ¿Quién eres realmente?
— Ya te lo he dicho —sonrió con amabilidad la hija de Shinichi y Ran—. Me llamo Kudo Asami y soy agente… —se calló unos segundos y luego rectificó—. Algo así como ayudante del FBI de Estados Uni…
Mamoru la cortó dándole un beso en la boca.
— Y también mi novia —informó Hattori cogiendo a la chica de la mano—. Y ahora si nos disculpas tenemos que irnos. Esos periodistas ya nos atrasaran suficiente como para quedarnos a escuchar tus tonterías —Asami suspiró y miró a su alrededor, esperando ver las cámaras, pero solo vio alumnos que les rodeaban y de repente se echaron a aplaudir—. Creo que voy a arrepentirme de lo que acabo de hacer, ¿verdad? —suspiró Mamoru al ver que los aplausos se convertían en silbidos y gritos de enhorabuena.
— Yo no —respondió Asami sonriendo a su lado—. Mientras no se entere mi padre estarás a salvo —terminó riéndose.
— No le digas y no se enterará —respondió él mientras Asami tiraba de él para irse.
— Yo no lo haré —se quejó ella.
— Yo sí —respondió Akira detrás de ellos.
— Vas a perder al único amigo que te sigue dirigiendo la palabra —susurró Mamoru fulminándolo con la mirada.
— Pero habrá valido la pena —respondió el hijo Kyogoku mientras esquivaban un montón de estudiantes que seguían aplaudiendo.
Asami se soltó de Mamoru y siguieron el camino hacia la salida. Los periodistas seguían allí y estaban impacientes de escuchar algunas palabras de la chica. Ella bajó la cabeza, sacó su gorra del bolsillo de su maletín y se lo puso a la cabeza. No tenía ganas de enfrentarse a esa gente, pero si no lo hacía la seguirían a donde fuera así que se paró delante de uno de los micrófonos.
— ¿Qué ocurrió? —preguntó la periodista en un susurro acercando más el micrófono.
— Me secuestraron —respondió ella en un tono bajo mientras un montón de micrófonos se ponían debajo de su boca.
— ¿Quién? —preguntó la mujer.
— Alguien que ya ha sido detenido —respondió Asami con miedo a que se le cortara la voz.
— Dinos al menos su nombre —susurró la periodista.
— Nadie sabe su verdadero nombre —respondió la joven agarrándose la gorra—. Ese ha sido siempre el problema de nuestra familia —puso su mejor sonrisa e intentó salir de la multitud.
Los demás la siguieron intentando apartar de los periodistas, cuanto más lejos mejor.
— ¡Asami-chan! —gritó alguien acercándose.
Chieko se puso al medio dispuesta a golpear si hacía falta y la chica se paró al medio asustada por la cara de ella.
— Chii-chan —susurró Asami sorprendida—. Tranquila —se rió—. Es una de mis fans. ¿Qué ocurre?
— ¿Va todo bien? —preguntó la chica abrazándose a ella.
Asami sonrió. La chica no era precisamente de estilo japonés. La recordaba del aeropuerto cuando había llegado al lugar, y hablaba perfectamente el japonés, pero no era tampoco alguien que retuviera sus emociones.
— Todo bien —respondió Asami separándose.
— Todos están muy asustados —susurró la chica.
— No hay por qué —respondió Asami poniendo una mano encima de su cabeza, como si de una niña pequeña se tratara—. Está bien, en cuanto llegue a casa intentaré ponerme en contacto con todos, ¿vale? —la chica afirmó sonriendo mientras Asami se giraba a ver a los periodistas—. Si queréis saber más tendréis que acceder a la página de mis fans —sonrió finalmente mientras se despedía de ellos con la mano.
Algunos alumnos se habían subido al muro del instituto para seguir lo que ocurría con los periodistas. Entendiendo entonces el porqué les interesaba tanto saber de lo ocurrido. Asami no era conocida por el instituto y eso ella lo agradecía, pero no tardarían mucho en enterarse. Sonrió una última vez hacia la chica que se había preocupado por ella y empezó a irse hacia el colegio de Yoh. Todos se habían quedado quietos, incluso Mamoru, Akira y Chieko se quedaron atrás.
— ¿Está…?
— Sí —interrumpieron Chieko y Mamoru a Akira—. ¡Espera Asa-chan! —gritó Chieko siguiéndola—. ¡No vayas tan rápido! Hasta luego… —sonrió al pasar por el lado de la fan de Asami.
— Nos vemos —dijo Akira siguiendo a su hermana—. Kudo, ¿qué prisa tienes ahora?
— Adiós —añadió Mamoru también al pasar por el lado de la fan—. Asami, espera.
Chieko con paso rápido alcanzó a la chica.
— ¿Estás bien? —susurró.
Asami tan solo afirmó con la cabeza. Akira la cogió desde detrás por los hombros y la empujó hasta girar la esquina y asegurarse de que no les veían.
— ¿Estás loca? —preguntó.
— Quizás —respondió ella aún sonriendo.
— Deja de hacer esa sonrisa, no es la tuya —se quejó Mamoru fastidiado.
Asami suspiró.
— Voy a tener que ser fuerte de algún modo, Mamoru —susurró empezando a andar con lentitud—. No quiero que además de hacerme eso, ese tipo pueda reírse de mi miedo y mi tristeza. Me niego a eso.
Los demás la siguieron en silencio.
— Aún así… —susurró Akira—. Si no quieres hacerlo no lo hagas. No es tu obligación contar nada a nadie, menos cuando es doloroso.
— Son mis fans, Kyogoku —susurró Asami, en esas ocasiones Akira era el más responsable de todos—. Tengo que hacerlo. Aunque me cueste.
— ¿Quieres que esté contigo? —preguntó Hattori sin mirarla.
Ella se giró a verlo. Mamoru se había avergonzado por primera vez en el día. Se mordió el labio inferior intentando evitar reírse, pero terminó riendo. El hijo de Heiji y Kazuha la miró.
— Disculpa. Es que eres un amor cuando te pones así —sonrió la chica Kudo—. Gracias —añadió afirmando con la cabeza.
— Ah, por cierto… —se acordó Chieko—. Nuestros abuelos nos han invitado a ir el verano a su casa de veraneo. ¿Queréis venir con Yoh y Ayako? Será divertido.
— Lo siento, yo no puedo… —respondió Asami en seguida.
— Aburrida —soltó Akira fulminándola.
— ¿Por qué no? Yoh se lo va a pasar bien también en la playa privada —susurró Chieko.
Asami la miró. La conocía bien. Asami siempre pensaba en hacer felices a los demás y le daba igual la suya en ese sentido.
— Si queréis lleváoslo —respondió ella—. De verdad no puedo… lo siento.
Asami siguió su camino. Akira y Chieko se quedaron en ese lugar, ellos tenían que ir por otro camino. Mamoru sonrió y les guiñó un ojo mientras levantaba la mano a modo de despido. Siguieron en silencio hacia el colegio. Ayako les esperaba apoyada al muro del edificio con cara aburrida. En cuanto los vio corrió a abrazarlos a ambos.
— Mamoru-oniichan —sonrió—. Hoy he aprendido mucho.
La niña empezó a hablar sin descanso mientras iniciaban su camino hacia el lugar, con un trayecto que a ambos se les hizo corto. La niña les agarró a ambos de la mano. Mamoru suspiró y se soltó de su hermana para abrirles la puerta. Las dos chicas entraron con los ojos bien abiertos. Mientras observaban ese sitio enorme y muy limpio, Asami se quitó la gorra de la cabeza y la guardó de nuevo en el maletín. En cuanto entraron una señora se acercó a ellos para pedirles lo que querían.
— Soy Hattori Mamoru —susurró el chico—. Me citaron para una entrevista.
— Ah sí, lo estábamos esperando —dijo la anciana de pelo rubio rizado y ojos verdes—. Me llamo Takamina Aya y voy a ser su guía por el lugar.
— Gracias —sonrió él.
Los tres le siguieron, mientras la mujer les hablaba de donde estaba cada cosa y para que servía todo aquello, hasta llegar al final del pasillo a la única puerta de color amarillo. Ella sonrió y golpeó la puerta con los nudillos.
— Aquí está quién debería de entrevistarte —informó la mujer.
Una mujer de pelo largo y liso, con cara de dormida les abrió la puerta de golpe.
— ¿Qué quieres ahora? —preguntó ella viendo a la anciana.
— Llegó —respondió ella girándose para irse—. No la fastidies es tu última oportunidad.
— No me lo recuerdes —se quejó ella de malas maneras—. ¿Tú debes de ser Hattori Mamoru? —sonrió con otro tono viendo al chico—. Y ellas…
— Ah, es mi hermana pequeña, Ayako y una amiga —respondió Mamoru.
— Y una amiga… —repitió la mujer mirando a Asami con cara extraña. A Kudo le daba la sensación que esa mujer la miraba como si intentara descubrir algo de ella. No le gustaba esa mirada y sin darse cuenta apretó la mano de Ayako—. No importa —sonrió al ver que no obtenía nada más que una amiga—. Pasad —se apartó para que entraran mientras Ayako tiraba de la chaqueta del uniforme de Asami.
La chica Kudo la miró mientras Mamoru entraba. Ayako señaló su mano.
— Ah, perdona Ayako-chan —murmuró la chica soltándola.
La niña negó con la cabeza y entró. Asami la siguió hacia la sala oscura y cuando estuvo a dentro se apartó al ver la cara de la mujer que la tenía a escasos centímetros.
— ¿Te hemos entrevistado antes? —preguntó ella—. Tu cara y tu voz me recuerdan a alguien que no consigo reconstruir.
¿Reconstruir? Ahora la estaban tratando de un puzle o un edificio mal dañado. Asami arqueó una ceja.
— No que yo recuerde —respondió Asami—, y le aseguro que tengo memoria para esas cosas —sonrió—. Pocas veces me han entrevistado.
— ¿Eres famosa igual que Mamoru-oniichan? —preguntó hábilmente Ayako con un tono de voz inocente.
Asami se rió. Dejando con esa pequeña incógnita a la mujer.
— Bueno, empecemos ya —sonrió un hombre que había adentro y que asustó a Mamoru apareciendo de entre la oscuridad.
— Nos presentamos —añadió la mujer—. Él es el entrevistador, Sakuraba Mikan y yo soy la fotógrafa Jun Kanata.
— ¿Jun? —preguntó en un susurro la chica Kudo—. Solo faltaba esto. Ya te las arreglarás tú solo, Hattori.
— No seas así —se quejó él—, por favor —añadió juntando las manos a modo de suplica.
— Jun, se llama Jun —se quejó Asami—. ¿No crees que ya hemos tenido suficiente?
— Bah, eso es un detalle sin importancia —sonrió Mamoru guiñándole un ojo—. Bueno, empecemos —sonrió girándose hacia la fotógrafa que estaba fulminando con la mirada a Asami.
El hombre señaló hacia dos sofás al centro de la sala, rodeados de focos que la fotógrafa encendió en ese momento y con una pequeña mesa en el medio de los asientos. Mamoru siguió al entrevistador que le señaló que se sentara en uno de los sillones. Él se sentó cómodamente, cruzando las piernas y apoyándose al respaldo. El sillón era muy cómodo y Mamoru creyó que podría estar todo el día sentado en ese lugar. Aunque los focos daban un poco de calor, eso sí. Sakuraba se sentó al otro sillón, cruzó sus piernas y se apoyó a un lado del sillón. De encima de la mesa cogió una carpeta con folios y se lo puso encima de las rodillas.
— Usted dirá —dijo Mamoru fijándose en que los focos no le dejaban ver muy bien a Asami y a Ayako.
La fotógrafa se acercó a ellos e hizo un par de fotos.
— Bueno, tú has resuelto unos 100 casos, ¿verdad?
— ¿Solo 100? —preguntó Asami en un susurro a Ayako.
El lugar estaba tan silencioso que sus comentarios fueron igualmente altos. Mamoru arqueó una ceja y observó la silueta de las chicas.
— Yo creo que eran 200 y pico —respondió Ayako sin molestarse en bajar la voz.
— Ya me extrañaba —dijo Asami agarrando la mano de la hermana.
La fotógrafa tosió mirándolas de reojo. Asami puso cara traviesa y en cuanto la mujer dejó de mirarla le sacó la lengua. Ayako se rió intentando hacer una voz muy baja.
— Entonces, ¿cuántos casos son? —preguntó el hombre mirando a Mamoru que ya estaba pensando que no saldría nada bueno de esa entrevista.
— 362 solo en el instituto —respondió el hijo Hattori después de un pequeño suspiro.
Después de hacer un par de fotos más, la fotógrafa miró hacia Asami estaba enseñando cosas a la hermana de Mamoru. Arqueó una ceja. ¿A qué habían venido ese par?
— ¿362 casos? —preguntó Sakuraba haciendo que Kanata volviera la vista de nuevo a ellos dos—. Eso es increíble para un chico de tu edad. ¿Qué es lo que se siente ser un detective adolescente?
Mamoru se rió. Asami notó algo de nerviosismo a su voz. Le miró acercándose un poco más a los focos. Ahora él podía verla. Ayako se puso a su lado sonriéndole.
— Supongo que nada del otro mundo —respondió Mamoru sonriendo—. Aparte de ser famoso —añadió viendo a Asami—, y tampoco es tan increíble. Mi padre a mi edad había resuelto unos 1000 y pico de casos. Yo solo llego a los 899 en total.
Asami sonrió levantando el dedo gordo hacia él. Lo estaba haciendo bien. Sakuraba no se dio cuenta, pero Kanata les veía claramente. ¿Cómo podía una chica de instituto como ella tomarse tantas familiaridades con él? Hattori Mamoru nunca había seguido el juego a nadie y menos a una joven de instituto.
— ¿Y qué es lo que opina tu padre acerca de qué seas un detective como él? ¿Fue por petición suya que te convertiste en detective? —interrumpió de nuevo los pensamientos de la fotógrafa el hombre.
La mujer tomó un par de fotos más. Estaba enfadándose viendo a la hermana y a esa chica tan cerca de ellos.
— Mi padre no opina nada acerca de ser detective. Si le parece mal entonces le parece mal su trabajo, no puede opinar al respecto —sonrió cómplice hacia las chicas—. Mi madre, en cambio, cree que no debería de meterme en eso. Siempre puede conllevar peligro. Y por supuesto que no, no fue petición de mi padre, yo nací así —terminó riendo esta vez ya parecía más cómodo.
— Lo llevas en la sangre entonces —comentó Mikan riendo—. Dime, ¿cómo influye el ser famoso en tu vida cotidiana?
— A mi no me ha influenciado mucho, la verdad —respondió hábilmente Hattori—. Sigo siendo el mismo que cuando era pequeño, aunque con un poco más de cordura —Asami y Sakuraba sonrieron—. A mis amigos no les importa eso y nunca me han demostrado lo contrario.
— Ser detective es una profesión peligrosa —Mamoru arqueó una ceja, ¿había llegado a esa conclusión él solo? Eso sería impresionante. Miró a Asami que tenía su misma cara y sonrió—. ¿Alguna vez has estado en una situación que ponga en peligro tu vida o la de tus amigos?
— Bueno, que me haya puesto mucho en peligro no —respondió pensando Hattori—. Pero mis amigos eso de ponerse en peligro no les gusta y siempre exageran las cosas —añadió riendo—. Aunque, hace un pocos días puedo decir que si estuve en peligro, un loco me disparó.
— Wow —se sorprendió el hombre—. ¿Era la primera vez que recibiste un disparo?
Mamoru lo miró de reojo. Tanto él como sus fans sabían la respuesta.
— No, no era la primera vez que me disparaban —respondió. Todo fuera por tener nuevas fans, sonrió ante la idea—. Lo hicieron otra vez en un supermercado y otra cuando tenía 6 años, un secuestrador que nos secuestro a mí, junto a mis tres amigos.
— Se podría decir que tus amigos llevan una vida interesante estando a tu lado —Mamoru abrió los ojos desmesuradamente, él no definiría como interesante el hecho de que les dispararan, miró a Asami de nuevo ella estaba tan sorprendida como él—. ¿Cómo te tratan?
La fotógrafa tomó un par de fotos más viendo las caras que llevaban esos dos. Parecían dos almas gemelas. Suspiró claramente enojada ante esa idea y su compañero lo notó. Sakuraba tosió un poco, para llamar su atención, antes de que Mamoru respondiera.
— Como cualquier otro amigo, supongo —Mamoru se encogió de hombros—. Me tratan igual a como yo los trato a ellos —añadió más seguro de eso—. No puedo quejarme, aunque no fuera por mí por quien nos metíamos en problemas —se rió imaginando la cara de Asami, que ni intentó ver.
Asami arqueó una ceja. ¿Había sido un intento de indirecta, claramente directa hacia ella? Claro que tenía mala suerte con los casos, pero eso lo llevaba en la sangre, no podía evitarlo. Esta vez quién miró hacia Asami fue el entrevistador.
— Habría que ver si tus amigos concuerdan contigo —sonrió amablemente hacia la chica, ella le devolvió la sonrisa haciendo que Mamoru arqueara una ceja, ¿qué eran esas confianzas?—. Y dime Hattori-kun —el hombre miró de nuevo hacia Mamoru mientras la mujer tomaba un par de fotos más, esta vez poniéndose delante de Asami y Ayako—. ¿Quién es tu mayor héroe o modelo a seguir en la vida?
— Bueno siempre me ha gustado creerme héroe —se rió Mamoru.
— Es un héroe —susurraron Ayako y Asami a la vez, haciendo que Kanata las fulminara con la mirada.
— ¿Estamos hablando de adulto o de niño? —preguntó Mamoru sonriendo complacido, él también las había oído.
— De adulto —respondió sorprendido por la pregunta el hombre—. Nos encantaría saber quién es esa persona que inspira al famoso detective juvenil.
— Bueno, seguro que muchos creerán mi padre o alguno de esos que se convirtió en historia hace tiempo, como Shinichi-ojichan, pero... —Mamoru sonrió y fijó su vista al hombre—. Creo que ahora voy a decir una chica detective juvenil como yo —sabía que Asami estaría prestando la máxima atención y no quería mirarla para no reír—. Es amable con todos, muy inteligente y aunque tenga problemas siempre termina saliendo adelante con una sonrisa.
— ¿Una detective juvenil? Eso es interesante. ¿Y no la ves como una rival para ti?
Mamoru se rió y terminó mirando a Asami.
— Siempre hemos sido buenos amigos, no la he considerado nunca una rival —añadió sonriendo tiernamente.
— ¿Es tu novia? —preguntó el hombre después de verle la cara.
— ¿Qué? —preguntó Mamoru con un tono de voz un poco más elevado de lo normal dando a entender que se había puesto nervioso y mirando a Sakuraba.
— ¿Tienes novia? —preguntó el hombre mientras Asami se retiraba con lentitud fuera de los focos—. Me han dicho que últimamente vas con una chica nueva. Tus fans quieren saber si es tu novia.
— ¿Se refieren a Asami? —preguntó Mamoru después de reír un rato.
Ni se había dado cuenta de que sus fans, alias los compañeros en el instituto, informaran a la prensa de eso.
— ¡Oh ya recuerdo…! —interrumpió Kanata al pequeño 'Sí' de Mikan—. ¡Eres Kudo Asa…! —se giró y la chica había desaparecido. Kanata miró a Ayako que estaba sola y se encogió de hombros con una sonrisa—. Se me ha escapado —se quejó la mujer—. En seguida vuelvo.
— ¡¿A dónde vas?! —preguntó el hombre—. Esa es nuestra…
— ¡Esa es Kudo Asami! ¡¿No te suena de nada su nombre?! —preguntó a gritos la mujer corriendo con la cámara hacia fuera.
— ¿Kudo Asami…? —el hombre pensó unos momentos—. ¡¿Te refieres a la detective y actriz hija de Kudo Shinichi?! —preguntó él al aire. La mujer ya se había ido y no obtuvo respuesta más que una risa de Mamoru—. ¿Era ella? —preguntó él mirando al detective.
— ¿Lo era? —preguntó el hijo Hattori levantándose con una sonrisa.
— Oh, qué oportunidad hemos dejado pasar —se quejó Sakuraba—. Ni siquiera mi hijo me había dicho que había vuelto.
— Porque su hijo hace tiempo que no sabe de mi, hasta el día en que me sacó de allí junto a su grupo y a Mamoru —interrumpió Asami de entre la oscuridad—. Sakuraba Mikan, sabía que me sonaba de algo.
— ¿Cómo has? —preguntó el hombre.
— Soy detective no idiota —se rió Asami.
— Bueno, vámonos Ayako —sonrió Mamoru cogiéndola de la mano—. Buen trabajo.
— Si nos disculpa —sonrió Asami haciendo una pequeña reverencia.
El hombre suspiró después de que los tres salieran de la sala. Habían perdido su última oportunidad, pero no la iba a desperdiciar del todo. Sonrió.
.
— ¿Entonces conoces a su hijo? —preguntó Mamoru.
— Sí fue uno de los estudiantes de Estados Unidos que llegó debido a la misma situación que yo —susurró ella—. Ellos también eran perseguidos por Gin. Era uno de los que estaban con Odami cuando me sacaste de ahí. Y sus dos hermanos están en el grupo de los Bullet Junior.
— Mikan-san, ni siquiera se debe de haber enterado que murió Gin —susurró Mamoru.
— Seguramente no —respondió Asami—. Ahora que lo pienso, me extrañaba que su hijo me hiciera preguntas al respecto si él sabía tanto como yo.
— ¿Sigues sin saber nada de eso? —preguntó Mamoru—. Entonces estás igual que yo...
— No, Jun me contó la mayoría de eso —respondió Asami—. Ahora tendré que contar lo que se a mis fans.
— Cierto —Mamoru miró el reloj mientras Asami empujaba la puerta para salir de allí—. Mis padres aún no habrán llegado a casa. ¿Vamos a casa de Yoh, Ayako? —preguntó mirando a la niña. Ella afirmó con la cabeza. Asami sonrió.
— Solucionado —se rió Mamoru mientras hacían camino hacia la casa de la chica.
A medio camino, Asami recibió un mensaje al teléfono de Shinichi.
— Mi padre acaba de enterarse de que estamos saliendo juntos —se rió la chica—. 'No vuelvas a ir con Mamoru-kun' —leyó.
— Oh, qué bien —sonrió el nombrado—. Han tardado una hora casi en comunicarlo Chieko y Akira. Porque no se han librado del instituto antes…
— La radio familiar es la que mejor funciona —se rió Asami.
— Radio familiar, ¿eh? —preguntó Mamoru suspirando.
La verdad parecían los informativos de la radio ese par. Y de seguro a Sonoko-obacchan le faltó tiempo para hablar con sus madres. El camino a Mamoru empezó a hacérsele largo. En cuanto llegaron se quedó el último para entrar.
— Ya volví —sonrió Asami dejando entrar a Ayako primero. Por el comedor sacaron la cabeza Ran sonriendo y Shinichi con cara de fastidio. Yoh salió de la cocina corriendo.
— Asami-oneechan, papá se enojó contigo —se chivó el niño.
— Vale —sonrió ella dejando que Ayako entrara y encogiéndose de hombros—. Que haga lo que quiera yo también lo haré.
— ¿Te estás burlando de la autoridad? —preguntó Shinichi saliendo del todo del comedor.
— Cállate —respondió Ran pegándolo suavemente al hombro—. Bienvenida Ayako-chan, ¿quieres tomar algo? —preguntó viendo entrar a la pequeña riendo.
La hija de los Hattori afirmó con la cabeza y Ran le pidió que fuera con Yoh a la cocina para coger lo que quería.
— Burlándome de la autoridad, esa es nueva —se rió Asami entrando mientras Mamoru cerraba la puerta después de entrar—. Nos vamos arriba, tengo cosas que hacer.
Cogió de la mano a Mamoru y tiró de él hacia las escaleras.
— Ah no, él no sube contigo —se quejó Shinichi recibiendo esta vez un codazo de parte de su esposa.
Asami apresuró el camino hacia arriba de las escaleras.
— Tranquilo papá, solo voy a desnudarme delante de él —sonrió la chica.
Mamoru la soltó abriendo los ojos como platos.
— ¡Asami no hagas esas bromas a tu padre! —se quejó Ran—. ¡Ya tiene suficiente con Yui y Shouta!
Asami sacó la cabeza por la escalera viendo a su madre que se había puesto justo debajo con los brazos cruzados y le sacó la lengua.
— ¿Qué haces? —se quejó Mamoru rojo como un tomate en un tono de voz muy bajo haciendo que solo le escuchara ella.
— No te preocupes —se rió ella entrando a su habitación.
— ¿Que no me…? —preguntó Mamoru arqueando una ceja—. ¿Tu quieres que tu padre me mate?
— No lo hará o sufrirá las consecuencias —sonrió ella guiñándole un ojo mientras mantenía aguantada la puerta para que el chico pasara—. Vamos —añadió tirando del brazo del chico.
Él se dejó llevar y Asami cerró la puerta. Mamoru se sentó en la cama de la chica, mientras ella se sentaba en la silla que había en su escritorio y conectaba su portátil. Se giró para verlo. De nuevo estaba observando todos los detalles de su habitación lo hacía cada vez que entraba en ella. En cierto modo le parecía raro, era como si buscara imperfecciones que nunca supiera encontrar. Sus ojos se cruzaron. Mamoru se levantó y la abrazó. Pocas veces al día podía hacerlo, así que aprovechaba cuanto podía. Ella le correspondió el abrazo.
— Entonces, ¿por qué no puedes ir a la playa? —preguntó él en un susurro cuando se separaron. Asami suspiró y se levantó dirigiéndose a su armario. Cogió un vestido y unos pantalones y con un 'vuelvo en seguida' salió del lugar. Mamoru se cruzó de brazos y se dejó caer en la silla que ella había dejado vacía. Se giró para apoyarse en la mesa, cuando vio el fondo de pantalla de su ordenador. Había una foto con muchos niños algunos con la cara borrosa. Debajo del todo pudo reconocer a Yoh, con 6 años, Asami, Hiro y Takeshi con 12, Tetsuya con 13 y Sara abrazada a Miyano y Asami de 11. Al lado de todos esos niños una mujer rubia, de pelo corto y con gafas. Se giró en cuanto Asami volvió a abrir la puerta. La chica se había puesto los pantalones y un vestido de tirantes dejando ver debajo de él el vendaje. Él se levantó para acercarse—. ¿Por esto? —preguntó.
— Quemaduras de tercer grado —susurró ella después de cerrar la puerta—, del incendio de antes de que volviera.
— Pero…
— Sí, te dijeron que solo fue inhalación de humo —susurró ella sonriendo—. No quería que nadie me pidiera que les mostrase esto, y el otro día cuando te mostré, te dije que no era nada grave pero… —Mamoru la abrazó. De repente se había convertido en alguien desconocido para él. Empezaba a asustarle todo lo que la chica aún tenía por decir—. No pasa nada… —susurró ella intentando que se apartara—. Mamoru, no pasa nada, estoy bien.
Él se apartó y la cogió del cuello para que le viera y no intentara apartar la vista.
— No está bien —susurró con una voz que a Asami le preocupó—. No está bien. Me asusta pensar que podrías haber muerto y yo no hubiera podido protegerte.
Asami sonrió. Se estaba preocupando demasiado por ella.
— Lo diré de otro modo —susurró finalmente—. Estoy perfectamente bien.
— Por favor no lo digas como si nada hubiera ocurrido —se quejó él soltándola.
— No lo digo de ninguna manera —respondió ella empujándolo para que se sentara en la cama—. Quédate quieto un segundo —Mamoru suspiró mientras Asami cogía el portátil y se sentaba a su lado—. Está bien. Voy a contaros todo lo que ha pasado en este tiempo, ¿vale?
Mamoru afirmó levemente con la cabeza mientas Asami abría una ventana de color naranja en su ordenador. En el título había una foto de ella en donde la rodeaba un montón de palabras que para ella nunca habían tenido sentido. Abrió una parte en donde alguien ya había confirmado que vendría a hablar en la página. Asami subió sus pies a la cama y se apoyó en el chico.
— Hay mucha gente conectada —observó Mamoru.
— Son mis fans —sonrió ella.
— Son mejores que los míos de momento —observó él.
— Hay de todo —añadió ella empezando a escribir, mientras Mamoru observaba por encima de su hombro.
"¡Hola a todos!
¡Veo que estáis esperando así que voy a empezar! Voy a escribir en Japonés y luego lo traduciré todo al inglés para que todo el mundo pueda entenderlo.
Debo deciros que antes de que yo naciera mi padre, que como sabéis también es detective, ya estaba luchando con una Organización criminal muy poderosa y difícil de detener. Le dieron un veneno a mi padre 6 años antes de que naciera yo y luego él consiguió el antídoto. Mis padres me tuvieron y se casaron y nunca me ocultaron el dolor de la familia con todos esos sucesos. Me escondieron una parte muy dolorosa para protegerme, pero me dijeron acerca de esos hombres para que si algún día salían o se escapaban de la cárcel no me hicieran daño a mí. A los doce años lo que mi padre había temido, terminó sucediendo. El hombre escapó de la cárcel y todos los que seríamos perseguidos y asesinados por esa gente dejamos Tokio. Algunos se fueron a otras ciudades japonesas, pero la gran mayoría terminamos en Estados Unidos, en un colegio que controlaba el FBI y en el que nos podían proteger. Uno de ellos en particular, se parecía bastante a ese hombre, y había llegado un mes más tarde. Me pareció extraño pero como todos teníamos más o menos el mismo pasado, todos nos llevábamos muy bien. Nadie se interesó por los problemas de unos o de otros, simplemente éramos amigos. Allí estaban conmigo tres amigos que ya tenía en Japón, uno de ellos en particular me protegió cuando un año más tarde ese chico nos secuestró a los dos. Fue entonces cuando descubrimos que él era el hijo de ese criminal y él nos contó lo que mis padres habían omitido al contarme. Me hice consciente del peligro que corríamos todos y ese niño me dijo que si intentaba escapar de él los primeros que sufrirían sería mi familia. Mi hermano tan solo tenía 7 años, así que decidí centrarme en el mundo del teatro y dejar a un lado mis amigos que seguían en Japón. Los hermanos que habían sido mis amigos tuvieron que volver, pero el chico que había sido secuestrado conmigo se quedó para ayudarme."
Asami suspiró mientras notaba como Mamoru se abrazaba con más fuerza a ella.
"Poco después de eso, ese chico empezó a poner a toda la clase en mi contra. Les prometía cosas y les pedía favores, para luego matarlos. Nos convertimos en la clase maldita. Ellos por miedo a lo que pudiera hacerles, o simplemente a favor de quien se hacía la víctima de los dos, me estuvieron dejando sola. Por suerte mi amigo sabía lo que ocurría así que no dudaba en estar conmigo todo el tiempo. ¡Hasta el punto de que pasó de clase de canto a clase de espectáculo! (risas). Por vacaciones los dos hermanos volvieron y cuando se dieron cuenta de la situación, decidieron venir cada vez que tuvieran vacaciones o algún día de más libre y como no, su padre les dejó. Así que al fin y al cabo yo estuve bien. Eso enojaba cada vez más a ese chico, que había perdido su madre al nacer y que su padre estaba en la cárcel; que había pasado su niñez en centros de acogida de un lado al otro y la mayoría de veces siendo maltratado psicológicamente, por su abuelo paterno biológico. Terminó desarrollando una mentalidad para controlar con palabras todo lo que se proponía. Incluso hizo que el profesor de música matara a una amiga mía. Todo fue soportable, incluso cuando mi amigo fue chantajeado por él y decidió irse sin darme el verdadero motivo. Incluso el incendio, que seguro algunos de vosotros sabéis que fui ingresada en un hospital por inhalación de humo. No es así. Estuve allí por quemaduras graves en mi cuerpo, que por suerte, por la llegada de esos hermanos pude salvarme"
Asami se quedó quieta dudando de si seguir escribiendo.
— ¿Estás bien? —susurró Mamoru acariciando con una mano el pelo de la chica.
Ella afirmó con la cabeza y finalmente decidió no decir nada más. Envió el mensaje y se puso a traducirlo. Mamoru subió sus pies en la cama y la rodeó del todo atrayéndola hacia ella.
— Quieto —pidió ella al notar que el chico la acariciaba los brazos con lentitud.
— No —dijo él.
Asami sonrió mientras el chico la besaba en la mejilla. Finalmente escondió su cabeza en el cuello de la chica. Asami se estremeció.
— Estate quieto —suspiró ella notando cosquillas en su cuello mientras él respiraba con su nariz escondida.
— No quiero —sonrió él.
Asami terminó de escribir y envió el mensaje. Apartó el ordenador al lado de la pared encima de su cama y cogió las manos del chico.
— Ya terminé. Ahora estate quieto —se quejó ella girándose para mirarlo.
— No —repitió de nuevo él esta vez besándola en los labios.
Ella intentó replicar, pero él la siguió besando para no darle opción a ello. La tumbó lentamente en la cama y se quedó encima de ella con una pierna a cada lado de su cuerpo. Ella le apartó un poco.
— Oye —susurró la chica mirándolo—. Ahora me gustaría saber tu opinión al respecto.
— Bueno —la besó en la mejilla—. No hay mucho… —añadió volviendo a besarla un poco más abajo, en la barbilla—, que decir… —la besó en el cuello haciendo que ella le apartara de nuevo.
— ¿Te lo estás pasando bien, verdad? —preguntó ella mirándolo con una ceja arqueada.
— ¿Quieres hablar de eso? —preguntó él mirándola.
— Quiero saber tu opinión, por favor —pidió ella.
Él sonrió sin apartarse. Asami lo miró con una expresión tranquila en su rostro.
— No me puedo creer que no nos dijeras nada de todo esto —susurró él—. Y me parece difícil de entender que no te hayas hundido con todo esto.
— ¿Quieres saber el motivo por el que no lo hice? —preguntó Asami con una sonrisa, él afirmó con la cabeza, ella le acarició una mejilla con suavidad—. Porque cada semana al volver del instituto, podía hablar con mis padres aquí y podía escribiros a vosotros y hablar con vosotros. Eso me mantenía con la cabeza alta y me hacía que pudiera sonreír el día a día.
— ¿Tus padres y nosotros? —preguntó él haciendo pucheros con cara de tristeza.
— Porque sabía que podía hablar contigo —añadió ella con una sonrisa más amplia.
Mamoru sonrió con amplitud y la besó en la frente.
— Me sabe mal que hayas tenido que aguantar todo tu sola —suspiró él finalmente—. Pero me alegro que te hayamos ayudado, aún estando lejos.
— Ahora ya no estoy sola —sonrió ella—. Estoy contenta de estar de vuelta.
— Me alegro —respondió él con una sonrisa. Asami lo abrazó, haciendo que se tumbara encima de ella. Se quedaron así durante unos minutos. Hasta que Asami se rió con timidez—. ¿Qué? —preguntó él apartándose de ella.
— Estaba pensando en que me siento distinta desde que he vuelto —susurró ella mirándolo.
— A mi no me preguntes —respondió él mirándola de reojo—. Llevaba unos años sin verte. Has crecido…
— Me refiero a mis sentimientos —suspiró ella.
— ¿Antes no me querías? —preguntó él con el ceño fruncido, ella arqueó una ceja—. ¿Desde cuándo me quieres?
— ¿Desde cuándo lo haces tú? —preguntó ella sonriendo traviesa.
Mamoru sonrió con satisfacción y la abrazó.
— Desde que tengo memoria —susurró el hijo de Heiji en su oído.
Mamoru se apartó y la miró aún con esa sonrisa en la cara. Asami se estaba enrojeciendo con una cara sorprendida. El chico sonrió aún más ampliamente.
— No-no digas tonterías —tartamudeó ella más roja que un tomate.
— No digo tonterías —sonrió él en un susurro muy travieso.
— ¿Y? ¿Cuál es el recuerdo más lejano que tienes? —preguntó ella con la voz aún más baja que él, mientras su ordenador recibía un pitido de respuesta.
— Vamos a ver… —el chico desvió los ojos haciendo ver que pensaba y los volvió a bajar hacia ella—. No me acuerdo —se rió.
— Vale, ahora quedaste mal —se quejó Asami.
— Has hecho una pregunta trampa, no se vale —se rió él mientras ella miraba la pantalla del ordenador justo al lado de su cabeza.
— Lo que tú digas —susurró ella.
Él la besó en la frente y sonrió.
— Ahora viene cuando Chieko los mantendrá ocupados a todos —susurró el chico besándole la mejilla.
La miró. La expresión de la chica estaba triste.
— ¿Qué ocurre? —preguntó Mamoru que también miró al aparato.
Un mensaje de desprecio estaba causando un gran revuelo en toda la página. Mamoru se sentó en la cama al lado de la chica y cogió el aparato. Parecía que Chieko iba a matar al que había puesto eso. El hijo Hattori suspiró y escribió en su teléfono móvil.
— Esta es una de mis fans seguro —suspiró el chico mientras Asami se sentaba apoyada en la pared para ver lo que él hacía.
— Tus fans son malvados —suspiró Asami con cara de preocupación.
— Todo estará bien ahora —susurró él sonriendo y pasando el aparato a la chica.
Ella miró la pantalla. Chieko había enviado muchos mensajes de crítica hacia esa persona y debajo de todo, un mensaje pequeño con el nombre de Byakko 'si no quieres apoyar, no deberías de estar aquí'. Asami sonrió y lo miró.
— Eres un ángel —se rió ella.
— Y tu un libro abierto —respondió él viendo que desprendía felicidad con esa sonrisa.
— No es cierto —se quejó ella cerrando el ordenador y apartándolo de la cama—. Soy muy buena actriz.
— No para mí —se rió él apoyándose en la pared también. Ella sonrió.
— Así que no puedo ocultarte nada, ¿verdad? —preguntó Asami poniéndose encima de él, arrodillada en la cama.
— No, no puedes —respondió él rodeándola con los brazos por la cintura.
Ella le besó en la frente.
— Gracias —susurró ella.
— Entonces… —Mamoru la miró sonriendo—. Ya sé que me hago muy pesado y todo eso… —se rió—. Pero… ¿quieres venir a la playa privada de los Kyogoku?
— No puedo —suspiró Asami—. No quiero tener que contarle a Yoh el motivo por el que no me meto en el agua —suspiró de nuevo—. Ni que el pesado de Akira intente tirarme en ella.
— No lo harán —sonrió Mamoru—. Te lo prometo.
— Pero…
— Por favor, todos necesitamos airearnos un poco —susurró él—. Además si tú no vienes, yo tampoco iré y entonces castigaremos a Ayako y a Yoh sin ir.
Asami arqueó una ceja.
— ¿Estás intentando chantajearme? —preguntó ella.
— Sí, si así consigo un resultado positivo —sonrió él abrazándola con más fuerza.
Asami le besó en la mejilla.
— Eres malvado —se quejó la chica.
— Soy malvado —sonrió él.
— A ver —Asami se soltó del agarre del chico y saltó de la cama. Salió de la habitación haciendo que Mamoru la siguiera, bajaron las escaleras y entraron al comedor. Yoh y Ayako estaban comiendo un helado sentados en la mesa mientras que los padres hablaban en susurros apartados de ellos—. Yoh —sonrió Asami sentándose al lado del niño—. ¿Quieres ir a la playa mañana?
— ¿Mañana? —preguntó el niño mirándola.
— En la playa de Chieko y Akira —sonrió ella afirmando con la cabeza.
El niño miró a Ayako y luego volvió a mirar a su hermana.
— ¿Qué pregunta es esa? —se quejó el niño volviendo la vista al helado.
Asami suspiró dejando su frente apoyada en la mesa.
— ¿Por qué me esforzaré en pedir su opinión? —preguntó la chica mientras Mamoru se reía detrás.
— Como cada año, Yoh —sonrió finalmente el hijo Hattori.
— Ah, en la casa de la playa —se acordó el niño—. Claro, ¿por qué no?
— ¿Cómo cada año? —preguntó Asami mirando a Mamoru.
Él se encogió de hombros y sonrió.
— Tú tendrás prohibido llevarte cualquier método de localización —sonrió Mamoru señalándola.
— ¡¿AH?! —la chica lo miró de reojo—. ¿Por qué solo yo?
— Porque preferiblemente quiero pasar vacaciones —se rió él.
Asami lo fulminó con la mirada.
— Buena idea —se rió Ran, Asami rodó los ojos hacia ella—. Así al menos estaréis tranquilos unos días.
— Sí con tranquilidad te refieres a estar rodeada de agua salada, tienes un sentido de la tranquilidad un poco maquiavélico, mamá —se quejó Asami.
— No vamos a meterte al agua —respondió Mamoru en un suspiro largo.
— Eso díselo a Kyogoku —respondió ella.
— Será la única condición —se rió él—. Así te aseguras de que te haga caso.
Asami miró a Ayako que sonreía satisfecha.
— Ahhh… —Asami suspiró—. Está bien. Acepto.
.
Al cabo de unas horas…
— ¿Shinichi? ¿Vienes a dormir? —preguntó Ran tumbándose en la cama y viendo al hombre sentado en ella, con el ordenador en su regazo.
— Sí, un segundo…
Shinichi bajó un poco la pantalla después de soltar un suspiro. Se metió en la cama, después de dejar el aparato en la mesilla de noche y cerró la luz. El ordenador emitió un poco de luz, en el que se podía ver una pantalla de color naranja, en dónde el título había una foto de Asami con un montón de palabras que la describían. El resto de la página, lo ocupaban las palabras de Asami.
Aquí tenéis uno :)
