35. GRANDES SORPRESAS
En la Mansión de Radu e Elizabeth.
Ya se hizo de noche, y un ruido de muebles siendo lanzados y destrozados se oía por toda la casa proveniente de una sola habitación. Jason, Carla y las demás vampiras; Laila, Miki, y las tres hermanas, estaba frente a la puerta, inseguros de entrar o no la habitación de Gina. Desde hay, no solo se oía los muebles destrozados y otros objetos rompiéndose contra la pared o otra cosa contra que chocaban, sino también gritos de rabia y dolor.
- ¡UAAAAHHHHH, MALDITAAAAAAA! - Se oía decir en la habitación con fuerza y furia.
Ante ese enorme grito de odio y dolor a todos se les puso la piel de gallina por un instante de temblor de horror, el grito pareció como los llantos de los fantasmas enfurecidos que salían en las películas. Quienes temblaron mas fueron las dos nuevas; Laila y Miki, Laila se abrazó a su compañera horrorizada de miedo, mientras los demás se mantenían firmes a pesar de ese alboroto tenebroso.
- ¿No deberíamos entrar o algo? - pregunto Jason en el aire siendo sujetado por Carla en el brazo con fuerza.
Nadie quiso contestar a esa pregunta oyendo el ruido de dentro, por lo que Jason dejo ir esa pregunta. En ese momento, detrás de ellos venían Elizabeth y Radu, alarmados por ese escándalo que se oía en toda la casa durante un buen rato. Los vampiros al oírlos se dieron la vuelta preocupados por lo que pasaba dentro de esa habitación. Automáticamente se apartaron para dejarlos pasar y pararon junto a ellos, confusos por lo que pasaba.
- ¿Qué esta pasando hay dentro señoritas? - pregunto Radu al aire, sin mirarlos a ellos.
Quién decidió contestar fue Jason quién dio un paso al frente para mirarlos viendo entonces sus rostros serios mirando hacia la puerta confuso y extrañados.
- Pues… su hija esta destrozando su habitación por qué… se entero de que paso con Alan, antes de que llegáramos de allí, quiso creer que se lo imagino pero viendo que no…
- Entiendo… - dijo Elizabeth en susurro. - es normal que notará aquello, ella lo creó claro esta, todo amo nota cuando un siervo es eliminado si no lo ha liberado. - explicó ella con naturalidad.
- Fue su primer vampiro creado por ella, y su único amigo que podía confiar. - coincidió Radu a su lado.
Entonces, Elizabeth acompañada por Radu caminaron hacia la puerta, girando el picaporte y la abrieron. Dentro parecía que hubiera habido una guerra o una batalla a muerte, estaba todo destrozado incluyendo los cristales de las ventanas del balcón, las paredes llenas de arañazos de una bestia con enormes garras, desgarrando así el papel y un poco la piedra de detrás. Los dos vampiros buscaron a Gina, y en vez de estar encogida en el suelo, lo estaba en el techo bocabajo, apoyada sobre sus rodillas, ocultando su rostro con las dos manos, de entre ellas se escurría sangre, goteando hasta el suelo. Rápidamente Radu se volvió a los demás vampiros, y con una mirada y cerrando la doble puerta, les dijo que se retiraran de allí. Ellos no se lo pensaron dos veces y cada grupo fue a la suya hasta que se les necesitará. Dentro de la habitación, Elizabeth se acercó a Gina desde el suelo, con paso lento y despacio.
- Gina… hija mía… - llamó ella con voz dulce y preocupada. - Tranquilízate cielo mío…
- He perdido a Alan, se ha ido… - dijo ella entre sollozos. - ¡Esa maldita me lo ha arrebatado de mi lado para siempre!.
Mientras decía eso, Radu se acercaba a ella con calma y naturalidad, que dando un salto ligero y casi flotante te puso en el techo y caminando por el como si estuviera en el mismo suelo, Elizabeth le vio y le dejo hacer. Gina le oyó venir y quito las manos de la cara, alzándola parar verle, con lagrimas de sangre por la cara.
- Vamos vamos querida, no te preocupes te encontraremos otro novio. - aseguro él con naturalidad y con un rostro sonriente.
- ¡¿Qué? - exclamó Gina de golpe. - ¡¿Tan fácil te resulta buscar un sustituto de Alan? ¡Para mi no hay ninguno! - confesó ella llorando mas todavía.
- Solo quiero que dejes de estar sola, que tengas un aliado y compañero, para así vengarte de ella. - aclaró él sin cambiar su forma de hablar.
- ¡Vosotros la queréis viva para poder tenerla para vosotros, nos os importa en absoluto lo que haga contra nosotros aunque no duela y enfurezca! - se atrevió a decir ella frustrada y molesta cerrando los puños en los lados.
- Esta bien Gina, tienes razón, pero eso no significa que no la castiguemos por todo eso ¿entiendes lo que digo. - tranquilizó Elizabeth desde el suelo con la cabeza alzada hacía arriba. - Por eso Radu dice que podemos encontrarte otro compañero para que seas tu quién la capture y la traiga a vosotros, incluso podrías vengarte un poco de ella mientras la tengas en tu poder cariño…
- ¡Vengarme de ella puedo hacerlo sola, no quiero a nadie mas que no sea Alan! - dijo ella, decidida de lo que decía.
- ¿Estas segura de lo que dices? - pregunto la vampira húngara, cogiendo el codo de brazo contrario en cada mano, debajo de su pecho.
Gina se giro a ella, viendo la cara sería de su madre, esperando una respuesta a esa pregunta. Antes de contestar, Gina se limpió las lagrimas con los brazos, suspirando calmada. Después bajo del techo, cayendo de pie como un gato flotando como si nada y delante de Elizabeth.
- Sí, mas que nada en el mundo. - aseguro ella con voz firme.
- Entiendo, entonces no te buscaremos a nadie que quieras convertir, pero ahora ordenaremos que te traigan a alguien para comer. - se resignó Elizabeth con pesar. - Te dejamos sola, vámonos querido.
Radu no se quejo de ello, bajo del techo y salio de la habitación junto a Elizabeth, dejando sola a Gina para acabar de desahogarse, pero en vez de eso, corrió hacia la cama medio destrozada y se echo en ella a pesar de la madera rota bajo el colchón, volvió a llorar y encogiéndose sobre su pecho, tumbada de lado. Mientras, Elizabeth caminaba sin prisa por el pasillo hacia su habitación, junto a Radu que la miraba confuso.
- ¿Qué vamos a hacer ahora? - pregunto él seriamente.
- Gina esta demasiado afectada como para pensar con claridad, dejemos que se le enfríe la cabeza un poco por un tiempo, pero seguirá queriendo vengarse de Ángelus aunque este mejor. - dijo Elizabeth con seriedad y deducción.
- No me agrada eso de que Gina la torture en privado para vengarse de ella, pero hay que aceptar el preció del paraíso. - opinó él con ironía. - Que ganas tengo de ver otra vez a mi querida princesa, volver a sentir su cuerpo suave y bello, y saborear su pura y única sangre. - confesó él con maldad y perversidad.
- Paciencia querido, seguro que ella sabe que somos nosotros los que convertimos a esos novatos, excepto a Alan, seguro que ahora esta muy confusa por ello, queriendo saber quien es el creador… o creadora, será interesante ver como reaccionará cuando sepa de ello.
En la Mansión Hellsing
Todo estaba tranquilo en la Mansión Hellsing, no hubo aviso de ataques de vampiros por ahora, por lo que los vampiros de Hellsing se tomaron un descanso, después de la movida del ataque sorpresa recibido, después limpiar y incinerar los cuerpos muertos. Por orden del Doctor, Integra estuvo en cama esa noche sin moverse de allí, leyendo un libro, y entonces le pareció extraño que Alucard no estuviera allí con ella, pero después pensó que se preocupaba demasiado y volvió a su libro. En esos momentos, Yasmina paseaba tranquila por los jardines de Hellsing, observando el cielo despejado lleno de estrellas, después de una lluvia fuerte. Mientras iba caminando sin prestar atención a su alrededor, frente a ella caminaba Sirius con aspecto aburrido, entonces ambos se vieron y cruzaron la mirada sorprendido de la casualidad.
- Buenas noches Sirius. - saludo Yasmina con amabilidad.
Este al oírla se sonrojo un poco, quedando al principio mudo, pero sabía que quedarse callado ante un saludo amistoso era de mala educación.
- B-Buenas noches, Yasmina. - saludo él con nerviosismo, girando un poco la cabeza. - ¿Qué haces por aquí?
- Pasear, mirando las hermosas estrellas, en Rumania también se ven igual de hermosas. - contestó ella, alzando la cabeza para mirar el cielo, sin darse cuenta de la timidez de Sirius hacia ella.
- Sí es verdad. - coincidió él, mirando el cielo también.
- Oye, ¿quieres que charlemos un rato? - pregunto ella.
Al oír eso, Sirius se giro a ella sorprendido, sin saber como es que ella podía ser tan simpática y amable siendo una licántropa, realmente estaba sorprendido de las cosas que debía saber de ese nuevo mundo donde estaba él ahora. Yasmina esperó una respuesta, él notó que estaba hay pasmado y callado, parpadeo un par de veces para despertarse y la miró tímido con una sonrisa.
- S-Si, claro, por qué no. - acepto él.
Entonces ella se giro, espero a que él se pusiera al lado suyo, él lo hizo y empezaron a caminar mientras conversaban amistosamente. Mientras, en la sala de tiro, los dos hermanos de Sirius; Lucius y Marcus, junto a Pip, se divertían disparando al blanco, para ver quién acertaba mas al corazón a la cabeza cada vez mas lejos. En ese momento también, en los sótanos, Seras estaba de pie frente a una puerta, en la de Ángelus, dudosa de si picar o no. Entonces, temblando, alzó el puño para picar la puerta, y dio dos golpes en ella.
- ¿Quién es? - pregunto Ángelus.
- Hola, soy Seras Victoria, ¿puedo pasar? - pregunto ella nerviosa.
- Claro, pasa. - dijo ella.
Entonces, Seras abrió la puerta. Dentro vio a Ángelus frente a ella, a unos centímetros junto a la mesa, sin camisa puesta y el pelo recogido en una pinza sobre su cabeza, ella supo enseguida que se estaba vistiendo, y rápidamente cerró la puerta por educación.
- Perdona, no sabia que te estabas vistiendo. - se disculpo ella sonrojada.
- Sabiendo que eras tu, no me importa. ¿Te da vergüenza ver a otra mujer medio desnuda o qué? - pregunto ella, cogiendo la camisa de la silla.
- N-No, claro que no…
Ángelus vio que Seras estaba algo incomoda viéndola así, entonces se puso de espaldas a Seras para dejar de incomodarla mientras acababa de vestirse. Entonces, cuando Seras alzó la mirada para mirarla, se fijo en su espalda, abriendo los ojos al máximo, viendo allí una enorme cicatriz, del hombro hasta el lado contrario de la cintura. Seras no pudo quitarle ojo a esa cicatriz, fijándose de que era echa por unas afiladas garras, de algún animal enorme. Pensó en lo mucho que ella sufrió por esa herida, imaginándose a ella misma con ella, le dio un pequeño temblor al hacerlo. Lo que mas le sorprendió es verlo en ella, en una vampira de su nivel, cuando nunca se dejan cicatrices de esas en el cuerpo, también le entró escalofríos al verla. Ángelus la miró de reojo, y vio que ella miraba su cicatriz descubierta, y sonrió con ironía, girándose de lado a ella, haciendo que Seras dejará de verla y alzara la cara hacia Ángelus, viendo que le sonreía con amabilidad.
- No es agradable verla ¿verdad? - dijo Ángelus, pasándose las mangas de la camisa por un brazo y después por el otro.
- ¿Cómo…? Da igual, no quiero hacértelo recordar. - dijo Seras, no queriendo ser curiosa con ello.
- Tranquila, para mi no es un mal recuerdo. - tranquilizó ella con naturalidad, abrochándose la camisa hasta el escote. - Me lo hizo Yasmina.
- ¿Yasmina? ¿Con lo simpática y leal que es contigo te hizo eso? - pregunto Seras sorprendida.
- Me lo hizo cuando se convirtió en licántropa, estaba descontrolada, hasta mató a su familia sin poder evitarlo, yo estaba de espaldas a ella sin saber eso, así que es culpa mía el haberme echo esta cicatriz. - aclaró ella.
- ¿Cómo es que ahora puede controlarse? - pregunto Seras, interesada en la historia.
- Le di mi sangre, para que así me sirviera eternamente, no solo como sierva, sino como amiga y hermana que es para mi, la única que tuve entonces. Yo evite que mi padre, furioso con ella por hacerme aquello, estaba presente por cierto, quiso matarla, pero yo estaba consciente y le suplique que no lo hiciera, y él así lo hizo, me dijo como controlarla y desde entonces estamos así, y esta marca no se por qué la tengo desde esa noche, creo que se me quedará para siempre. - explicó ella con casualidad.
- ¿Cómo es eso posible?
- No lo se. - contestó ella, negando con la cabeza baja. - Debe ser otra cosa rara que tengo, entre muchas otras. Es lo que me hace, como decís, "un bicho raro". - exclamó ella, encogiendo uno de los ojos.
Seras se quedo callada, sorprendida de todo lo que dijo Ángelus, conociéndola un poco mas, viendo que no era la persona que aparentaba ser a veces. Mientras la miraba, Ángelus se quito la pinza, dejando caer en cascada su larga melena negra, que ahora estaba algo rizado. Al verla ahora con el pelo así, Seras veía a su amo en ella, pero como mas humano.
- Perdona, te he estado contando cosas que a lo mejor no te interesan saber de mi, cuando quería decirme algo importante. - se disculpo Ángelus, arreglándose el pelo con la mano.
- No, tranquila. Solo vine a decirte una cosa, bueno… a disculparme. - corrigió Seras, algo tímida.
- ¿disculparte? ¿por qué? - pregunto Ángelus extrañada, poniéndose de frente a ella.
- Verás, - empezó ella dando unos pasos y luego poniéndose de lado, mirándola a veces nerviosa. - últimamente quizás te he juzgado mas, por eso me he portado así desde que estas aquí, por qué, ya sabes, viniste de repente dos años después de que el amo desapareciera, diciendo que eras su hija y todo eso, y yo en principio no confiaba en eso. - explicó Seras.
- Entiendo…
- Entonces el amo volvió, junto a Integra, dando a entender que ya estaban juntos, y viendo que en verdad tu eras su hija, yo pensaba que quizás podríamos ser amigas, pero al final no fue así… no se por que, tu manera de hacer las cosas me sacaban de quicio, a decir verdad, todo lo que hacías, con el amo, tus siervos, etc…
- ¿Intentas decirme que estabas celosa de mi quizás? - dedujo Ángelus dubitativa.
- Creo que… sí. - afirmó Seras, bajando la mirada.
- ¿Por qué? ¿Por ser la hija de tu amo? - pregunto Ángelus, acercándose a ella sorprendida.
- Ya lo se, es raro y estúpido, pero es que la manera en que él esta atento a ti, me ponía así… celosa, ya que… yo perdí a mis padres cuando era pequeña, así que él, era como un padre para mi… - confesó Seras con pesar en su voz.
- Seras…
Ángelus estaba sorprendida, de ver que esa vampiresa también había perdido a su familia, viendo a su padre como uno, al igual que ella. Sin siquiera le entró hagas de burlarse de ella, sino animarla. Por eso, se acercó a ella, y con amistad y naturalidad, le paso el brazo por detrás de los hombros, dejando confusa a Seras.
- ¿Sabes qué? Creo que tenemos mucho en común, aunque no lo creas. - aseguro Ángelus con una sonrisa amistosa.
- ¿De verdad?
- ¡Claro! - afirmó ella con animo y seguridad. - Si quieres una noche, las dos solas, te explicó todo sobre mi, y tu todo sobre ti, así veras todo lo que tenemos en común.
- ¿Me esta dejando conocerla mejor? - pregunto Seras. - Después de cómo le he hablado y pensando de usted, no se si…
- Eso no importa Seras, eres libre de pensar bien o mal de la gente que apenas conoces, y hace bien en desconfiar de esa persona, créeme. - aconsejó Ángelus.
Eso hizo sonreír a ambas con sinceridad, dando comienzo a una nueva amistad entre ellas dos. Eso dio ánimos a Ángelus para ir a hablar con su padre sobre su castigo por desobedecerle, como le animo Yasmina antes. Entonces ambas salieron de su habitación, caminaron juntas, subieron por la escalera hasta llegar a la puerta del sótano.
- Bueno, yo tengo que buscar a mi padre, tengo que hablar con él. - dijo Ángelus. - Tu deberías ir a buscar a tu hombre, no lo dejaría con esos tres mucho tiempo. - aconsejo ella con broma.
- De acuerdo gracias, creo que el amo esta en la biblioteca, le vi antes allí, pero no se si esta allí aún. - informó Seras con naturalidad.
- Vale, adiós.
Ambas se despidieron, y fueron por caminos opuestos. Entonces, mientras Ángelus iba hacia la biblioteca, por el pasillo se encontró con Charlie, llevando unos libros en las manos.
- Charlie, ¿esta mi padre en la biblioteca? - pregunto ella con amabilidad.
- Así es señorita Ángelus, y estaba muy concentrado leyendo que no quise interrumpirlo. - informó el mayordomo.
Con eso, Ángelus se lo agradeció y fue hacia allí con paso rápido, a medida que avanzaba hacia la biblioteca, se sentía mas nerviosa, sin saber como empezaría a hablarle para disculparse ante él. Cuando se dio cuenta, ya estaba frente a la puerta, con la mano en alto para picar, pero la mano se detuvo hay, dudando en hacerlo o no.
Mientras, Charlie picó a la puerta de la habitación de Integra, ella le permitió pasar, y él entró con los pesados libros en los brazos. Integra dejó a un lado el libro con la cartulina puesta, y miró como Charlie dejaba los libros pedidos sobre su mesita de noche. Dando un suspiró de agotamiento, Charlie se giro a su señora con formalidad.
- Aquí tiene los libros que me pidió traer señora Integra. - informó él con una reverencia. - ¿Desea algo mas?
- De momento no Charlie gracias, no quiero agotarte tanto. - dijo ella, sintiéndose mal por su mayordomo.
- Es mi trabajo mi Lady, no dude me pedirme lo que desee. - dijo él con voz amable.
- Gracias. Por cierto ¿has visto a Alucard? Desde ayer que no le veo. - pregunto ella extrañada.
- Le he visto en la biblioteca leyendo un libro, la señorita Ángelus también me pregunto por él y fue hacia allí creo. - contestó él.
- ah.
- Para serle sincero mi Lady, hoy le vi al señor Alucard algo diferente. - comentó Charlie, pensativo.
- ¿Diferente?
- Sí, no se, como molesto por algo, malhumorado quiero decir. - contestó él extrañado. - Bueno, la dejo sola para que descanse, luego le traigo la cena.
Con eso, Charlie hizo una reverencia y se retiro. Integra pensó en lo que le dijo Charlie, Alucard molesto por algo, ¿por qué será? Se preguntaba ella pensativa. Deseaba saber de que estaba él enojado, pero no le vino nada que ella conociera como para hacerlo enojar, así que decidió esperar a ver si alguien veía a verla para preguntar, mientras, volvió a coger su libro para seguir leyendo tranquila.
En ese momento, Ángelus seguía de pie frente a la puerta, dudando aún en picar o no. Al final pensó que quizás no estaba preparada para hablar con él, pensando que quizás él no estaba de humor para hablar con nadie, queriendo estar solo leyendo allí, entonces empezó a girarse con tristeza y pesar.
- ¿Vas a decidirte por entrar o no? Hija. - dijo una voz al otro lado de la puerta.
Eso dejo petrificada a Ángelus, sorprendida de que él supiera que estaba allí de pie, entonces, sonrojada y temblando un poco, abrió la puerta y entró, cerrando la puerta tras de sí. Durante unos segundos estuvo apoyada entre las dos puertas, nerviosa. Después, con la mirada baja y sería, caminó hacia él, que estaba medio tumbado en la butaca doble de la sala, leyendo un libro, concentrado en el. Ángelus se detuvo frente a él a dos pies de distancia, algo sonrojada y asustada.
- Aceptaré el castigo que me pongas. - dijo ella con voz sería y formal.
- No sabía que te gustará eso de ser castigada por mi, eres extraña a veces. - comentó él con ironía, con los ojos cerrados y cerrando el libro para dejarlos en la mesa que tenía detrás de su cabeza.
Eso hizo sonrojar a Ángelus, girando la cabeza y encogiéndolo en el hombro. Entonces, Alucard se incorporó un poco hasta sentarse, dejando una rodilla encima la butaca.
- Es que… - continuo ella avergonzada. - no quiero ser una chica minada, sin ser castigada por desobedecerte, ser especial entiéndeme. - aclaró ella.
- Ya veo…
Entonces, Ángelus se acerco a él, inclinándose sobre él, apoyando la mano en el reposabrazos donde él estaba, con una rodilla entre las piernas de él pero sin llegar a tocarlo siquiera. Él la miró, viendo que la tenía cara a cara, también notando como ella lo volvía a tumbar un poco, teniéndola encima, entonces vio como ella se ponía una mano en el cuello.
- Padre… si no deseas castigarme, al menos toma mi sangre, toda la que quieras sin importar lo que yo sienta. - propuso ella con voz seductora.
Con eso, ella puso dos de sus uñas sobre su yugular, haciéndose un corte en el, dejando brotar la sangre, sin mostrar dolor por ello. La sangre deslizó la encima de la mano de ella, hasta gotear sobre la mejilla de él, que no mostraba emoción alguna, viendo el rostro culpable de ella mostrándola. Entonces, él alzó la mano para ponerla en el rostro de ella, sobre su oreja y enredándolo con su cabello negro, sobresaltándola un poco y sonrojándola, pero también dejándola confusa.
- Suficiente… Ángelus. - dijo él con voz suave. - con ver que te sientes mal por ello, es suficiente para mi. Además, todos saben el monstruo sanguinario que soy, pero no quiero serlo con mi hija, nunca.
- Padre… yo…
- No te tortures mas, lo hecho esta hecho, pero quisiera que me explicarás el motivo de tu imprudencia. - pidió él, quitando la mano de su rostro, para limpiar la gotas de sangre de la suya.
Ángelus entendió que no cambiaría de opinión, y tuvo que resignarse a ello. Entonces, Alucard se sentó para dejarle sitio a ella para sentarse a su lado, y le hablará de lo ocurrido con el vampiro Alan.
Mientras, en los jardines de Hellsing, Sirius y Yasmina caminaban charlando y riendo, no se cansaban de dar vueltas por la mansión, vigilando los alrededores mientras hablaban de cosas de ellos mismos y de los demás. La noche era fresca, con un poco de aire, pero eso a ellos no les molestaba. Caminaron hasta ver un banco para estar sentados, y se sentaron uno junto al otro, ella de frente y él de lado hacia ella.
- ¿Desde cuando eres licántropa? Si me permites la pregunta. - pregunto Sirius con educación pero con amistad.
- juju, puedes preguntarme lo que quieras Sirius, soy muy abierta a los amigos. - aseguro ella con amabilidad. - Me mordió un hombre-lobo en 1769, tenía la misma edad que mi señora Ángelus.
- Vaya, si que eres… mayor. - dijo él, intentando no decirle "vieja".
- Sí, soy bastante vieja. - coincidió ella riendo.
- Pero creía que los hombres-lobo no vivían tanto como los vampiros, pero si mas que los humanos. - dijo Sirius curioso.
- Ahora vivo eternamente, por qué Ángelus me ofreció beber su sangre, ya que, cuando me transforme en una bestia sin control, ella estaba allí, y le herí en la espalda. - contó ella con un poco de pesar y tristeza.
- ¡¿La herida que ella tiene en su espalda se la hiciste tu? - pregunto él sorprendido, con los ojos en orbita. - Quise preguntarle como se lo hizo, pero al final…
- ¿y tú como sabes que tiene una cicatriz en su espalda? - pregunto ella extrañada.
Sirius se dio cuenta de que hablo mas de la cuenta, y no supo como remediarlo. Yasmina vio el nerviosismo en él, y pensándolo un poco, supo que pasaba.
- No… ¿tu y mi señora Ángelus estáis…? - pregunto ella a medias, sorprendida y asombrada.
- ¡Lo estábamos! No te equivoques… - corrigió él sonrojado, después bajo la mirada con los ojos cerrados, sentándose de frente como ella.
- ¿Qué paso que lo dejasteis? - pregunto ella interesada en el tema. - No hace falta que me lo cuentes si no quieres. - dijo después.
Sirius no se lo contó enseguida, quería estar preparado para ello antes. Entonces, abriendo los ojos decididos y entristecidos empezó. Le contó como conoció a Ángelus, la masacre que ella hizo al grupo de ladrones, dejándolo vivo solo a él para ofrecerle la vida eterna junto a ella, ofreciéndole también la salvación de sus dos hermanos, a cambio de ayudarla a cumplir su venganza. También le contó que ellos dos se acostaron después e morder a sus hermanos, y desde entonces lo hicieron algunas veces. Entonces a ella le vino a la mente ir a Londres, y cuando iban de camino allí en barco, después de acostarse en su camarote, ella le dijo que lo dejaban, que lo utilizaba y no quería seguir haciéndolo. Cuando Sirius acabó de narrar la historia en un pequeño resumen, los dos se quedaron un rato callados, oyendo los grillos entre los arbustos y otros insectos. Yasmina pensó bien en como se comportó su ama entonces, viendo que de alguna manera ella no fue la misma en esos momentos, fue otra persona, pero después había cambiado, a la de antes, que Yasmina conocía, eso la dejo extrañada.
- ¿He dicho algo raro? - pregunto él, viendo el rostro pensativo de ella.
- ¿hum? No nada, cosas mías. - se escuso ella. - Pero eso que me has contado… bueno, quizás mi señora Ángelus tuvo esos cambios de carácter que mucha gente tiene, además, ella estuvo encerrada en su ataúd mas de 100 años, es normal que estuviera así, creo.
- ¿Pero por qué crees que ella quiso que lo dejáramos? - le pregunto él confuso. - A mi me parecía que le gustaba en verdad.
- Ya te he dicho, sufrió un cambio temporal, esa Ángelus no era la que yo conozco, te lo aseguro, y seguramente, al notar que su padre estaba vivo y en Londres, quiso dejar de hacer la tonta y volver a ser la misma, por eso te dejo, por que no quería hacerte daño, eras el primer humano que vio y que la salvó de ese infierno ¿recuerdas? Por eso no quería hacerte daño Sirius.
- Veo que la conoces muy bien. - halagó él con una sonrisa amistosa.
- Ella es diferente a las demás vampiresas, que solo piensan en sangre y sexo con muchos hombres. - dijo Yasmina, mirando el cielo. - Ella se preocupa por sus conocidos, en no fallarle a su padre por elegirla como su hija y heredera, además, ella tiene algo especial que me hace confiar en ella, no se que es.
- Es verdad, a mi me paso lo mismo cuando la conocí, por eso no sentí miedo hacia ella cuando masacro a todos ellos. - coincidió él, haciendo memoria.
- ¿Sabes qué? - pregunto ella, llamando la atención de él. - La verdad es que me sorprendió que Ángelus os convirtiera a los tres en vampiros a su servicio, nunca en los 150 años que vivió antes de ser encerrada lo hizo.
- ¿Y por qué lo ha hecho ahora?
- Quién sabe, quizás vio algo en vosotros tres, algo especial. - sugirió ella, girándose a él con una sonrisa.
- ¿Tu crees?
Yasmina hizo un gesto con los hombros, dejándolo en duda. Allí estuvieron una rato mas, después decidieron entrar en la mansión, pero cuando llegaban a la puerta de atrás, vieron salir a los hermanos de Sirius y a Seras y Pip, todos con un arma en la mano. Les dijeron que iban a practicar tiro al aire libre, y Sirius y Yasmina se apuntaron al instante, no tuvieron que ir a buscar armas por que el grupo llevaba varias para probar.
Mientras, Ángelus había acabado de contarle a su padre que paso con el vampiro llamado Alan, y estuvo callado hasta que ella acabo de hablar. Ángelus estaba sentada, con las piernas curvadas, pegadas a los muslos encima de la butaca, apoyada en el otro apoyabrazos, acomodada en ese lado, sin mirar a su padre aún.
- Así que, esos dos tienen una hija, llamada Gina, que fue creada al mismo tiempo que tu, que dice tener algo tuyo, y ese algo es el anillo que te dí, el de nuestra familia. - resumió él. - Eso fue lo que ese tal Alan te dijo.
- Así es. - afirmó ella, con el pelo tapándole el lado del rostro donde estaba él sin hacerlo a propósito. - Lo siento.
- ¿huh?
- Deje que le robarán el anillo aquella noche, cuando… - dejo la frase medio acabar, empezando a temblar.
- ¿Por eso quisiste que te castigará? - pregunto él.
- Lo quise por desobedecerte, pero también era por eso, si. - corrigió ella sin mirarlo.
- Ya veo…
- Siento haberte desobedecido entonces, pero algo me decía que debía saber mas sobre ella. - explicó Ángelus con seguridad. - Es como, si ya la conociera de antes.
- ¿Era la misma sensación que me explicaste antes? - pregunto él.
- Sí.
Alucard suspiró resignado, viendo la decisión de su hija al escucharla hablar. Entonces, sin que ella lo viera, él se acercó a ella, estiró su brazo, con el apartó la melena negra de ella, sobresaltándola al tacto, después lo miró un poco sonrojada. Él paso la melena por detrás de su oreja para que no molestará, después, cogió la barbilla de ella para que lo mirará fijamente.
- Esta bien. - acepto él resignado pero sonriendo un poco. - Dejaré que averigües mas sobre ella, pero antes quiero saber siempre lo que harás ¿entendido?
- S-Si entendido padre. - afirmó ella nerviosa al verlo de cara, temblando un poco.
Él no dejo de mirarla aún, pero si dejo su barbilla, cosa que ella ni notó al seguir mirando a su padre. Entonces, con esa mano, él la puso sobre el escote de ella, y haciéndola abrir sorprendida y confusa los ojos, empezó a desabrocharle la camisa hacia abajo.
- ¿Padre? ¿Qué… haces? - pregunto ella sonrojada y temblando.
- Notó que estas tensa y temblando Ángelus. - dijo él. - Por eso quiero relajarte un poco.
Ante eso, ella no dijo nada mas, y como si supiera que quería decir con eso, se tumbó un poco, retiró su pelo de un lado de su cuello, donde estaba su marca y la estiró un poco, pero al ver que él no se inclinaba ni nada, solo abriéndole la camisa del todo, deslizarla por sus brazos, la dejó extrañada y confusa.
- Túmbate de espaldas. - pidió él con una sonrisa.
- ¿de espaldas? ¿por qué? - pregunto ella interrogante.
- Hazlo. - insistió él.
Ella así lo hizo, dejando que él se acabará de quitar la camisa, dejándola a sus pies. Ella apoyó su cabeza y sus antebrazos sobre el guarda-brazos, con el pelo sobre uno de su hombro derecho, dejando la espalda despejada, excepto por el sujetador. Alucard estaba sobre ella, sin apoyar su peso, con una rodilla en el sofá y el otro pie en el suelo. Ella no entendía que quería hacer su padre, entonces, sintió como él le desabrochaba el sujetador, y quitando uno de los tirante de los hombros, el del izquierdo. Ella rápidamente, apoyó mas el pecho en el mueble, sujetando así la prenda en su sitio. Alucard lo vio se rió un poco divertido, entonces, con las manos desnudas de los guantes blancos, apartó los cierres de su espalda, haciendo que ella temblará un poco por lo frías que las sentía allí.
- Padre… creía que habías dicho que no me ibas a…
Mientras ella hablaba, él se inclinó sobre su hombro izquierdo, y empezó a besarlo con ternura y suavidad, mientras que con las manos le acariciaba, siguiendo una línea en ella, y entonces Ángelus entendió que estaba haciendo.
- Pa… dre…
- Recuerdo la última vez que hice esto… noté que te relajaba, haciendo que olvidarás todas tus preocupaciones y miedos, por eso lo hago ahora. - dijo él, bajando por su espalda, siguiendo la línea de la cicatriz, haciendo que ella se excitará un poco, pero también relajándola. - Lo necesitas hija, por todo lo que te ha pasado, y esos recuerdos hacen que estés tensa y preocupada, y eso me afecta a mi, haciendo que actúe de esa forma cuando entre en tu cuarto.
Ángelus no dijo nada, solo lo escucho emocionada y sorprendida, entonces, notó que él apoyaba las manos en cada hombro suyo, y le hablaba en su oído izquierdo.
- No quiero que te preocupes por todo lo que te ha ocurrido, ni que te preocupes por lo que te pasará mas adelante, solo quiero que te sientas segura aquí, no solo conmigo, sino con todos los que están en esta mansión, en esta Organización, solo te pido eso hija mía. - pidió él, en modo suplica.
- Padre… - ella se emocionó por dentro, entonces, puso una de sus manos sobre la de él, en el lado derecho, cerrando los ojos. - Gracias…
UN RATO DESPUÉS
Charlie le había traído la cena a Integra, disfrutando mucho de ello. Después tomó sus medicamentos, que posiblemente ésos serían los últimos que debía tomar ya. Cuando Charlie estaba por irse, en ese momento apareció Alucard de la nada, sobresaltando un poco al mayordomo. Alucard se rió en bajo por ello, viendo que el hombre no se acababa de acostumbrar aún a ello. Charlie enseguida se retiró, dejando a la pareja a solas.
- Empecé a pensar que no vendrías esta noche a hacerme compañía. - dijo ella con una sonrisa, acomodándose sobre la almohada de su espalda.
- Lo siento, pensé que querías estar sola un rato, no quería parecer un pesado inmortal. - se disculpo él, caminando hacia la cama, después se sentó en el borde junto a ella, girando la cintura hacia ella. - ¿Cómo te sientes?
- Mañana por fin podré salir de la cama, pero tendré que ir a ver al medicó para asegurarse de que no tengo nada mas. - contestó ella a regañadientes por lo último.
Alucard se rió un par de veces por eso, poniendo una mano suya sobre la de ella, aliviado de oír eso.
- Alucard. - llamó ella, cambiando su tono de voz, a uno serió. - ¿A pasado algo entre tu y tu hija?
Esa pregunta pilló por sorpresa a Alucard, mirándola fijamente. Viendo que ella se había enterado de que él estuvo malhumorado por lo que hizo Ángelus, o al menos malhumorado por algo relacionado con ella, entendió que no podía cambiar de tema ahora. Integra vio como él suspiraba resignado, y espero a que hablara.
- Mas o menos. - contestó él, desviando la mirada antes.
- Si te has enfadado con ella sin motivo no lo entiendo, no es culpa de ella que me enfermará en un ataque inesperado. - se escuso ella confusa.
- No es por eso Integra… - interrumpió él con voz sería y madura. - Me enfade con ella por algo que hizo, una locura sin que yo lo supiera, cuando le dije que no hiciera nada de eso. - explicó él con frustración.
- ¿Qué hizo? - pregunto ella curiosa y interesada.
Alucard esperó un poco para empezar a explicarle, mientras, cambio su sitio, y se sentó junto a ella en la almohada pero sin tumbarse en la cama, pegado a ella, dejando que ella lo cogiera del brazo con ambos suyos y apoyar la cabeza en su hombro.
- El vampiro que peleó con ella en el pasillo, un tal Alan Stanhouse… - empezó él.
- El inspector de policía de los casos. - recordó Integra al oír su nombre.
- Algo así, - continuo él. - Fue creado por otro vampiro que desconocíamos, los otros que lo acompañaban fueron creados por unos que conocemos… adivina quienes.
- Radu Drakul y Elizabeth Bathory. - acepto ella sin dudar.
- Sí, la cuestión era que no conocíamos al otro vampiro creador, y eso a Ángelus la inquieto un poco, la deje sola con él, sabiendo que tu y los demás de la sala erais atacados, en ese tiempo no se que paso, pero después Ángelus me lo contó en la biblioteca. - hizo una pausa. - Ese Alan le dijo el nombre de su creadora, quien era para esos dos, y que tenía algo suyo en su poder.
- ¿Qué es lo que tiene?
- Un anillo que le di a Ángelus hace años, un anillo de los Drakul, para una mujer. - contestó él. - Esos desgraciados se lo quitaron aquella noche, y ella no se dio cuenta hasta que la despertaron. - hizo otra pausa. - Cuando Alan dijo el nombre, se suicido con una estaca en el corazón delante de ella, dejándola confusa, entonces, cuando acabó con los vampiros y ghouls de la entrada, sin pensarlo dos veces, decidió ir a por los que escaparon para saber mas, pero no los encontró.
- Tu fuiste a exigirle una explicación de ello ¿verdad? - adivinó ella.
- Sí, pero en vez de eso, hice que ella pensará que debía castigarla por su acto de desobediencia. Pero después supe que no tenía derecho a ello, no después de ver que no era justo, cuando ella quería recuperar ese anillo, sintiéndose culpable por dejar que se lo quitaran sin evitarlo.
- Alucard…
- Aún así, ella insistió que debía castigarla de algún modo, para que no volviera a hacerlo, ni ser una mimada. - dijo él, como confuso y sorprendido. - Pero después pude hacerle entender que no era eso la solución, solo estaba tensa y necesitaba relajarse un poco de todo ese peso que tiene.
Integra lo escucho atentamente, sorprendida de cómo hablaba, de una manera que nunca vio en él. Alucard antes solo pensaba en obedecer sus ordenes, destruir a los enemigos sin dudar, solo divirtiéndose por ello. Ahora, e preocupaba por alguien, no solo por ella, sino también por su hija, que la creó para ello. Entonces, por la sorpresa, ella se rió un poco en bajo, y se acomodo en el hombro de él, dejándolo extrañado.
- ¿Qué?
- Vaya, has cambiado mucho Alucard, muchísimo. - comentó ella con una sonrisa.
- ¿Sí? ¿En qué? - pregunto él curioso y sonriendo un poco.
- En esto, preocuparte por gente, antes no lo hacías o no lo mostrabas, solo pensabas, creo, en cumplir mis ordenes y todo eso. - explicó ella, haciendo exclamaciones con las manos con naturalidad. - Estoy contenta en ver como te preocupas por tu hija, como todo un padre debe ser.
- También me preocupo por ti. - dijo él, recordándole.
- Lo se, eso lo has hecho siempre, solo que no lo decías, lo mostrabas con tus actos. - dijo ella.
Mientras decía eso, ella puso su barbilla sobre el hombro de él para mirarlo a los ojos, abrazando su brazo con mas fuerza. Entonces, él con el brazo libre apartó un mechón de pelo de la cara de ella, acariciándole la mejilla con los nudillos después. Ambos se sonrieron el uno al otro, sin decirse nada de momento.
- ¿A qué hora tendrás que ver al doctor? - pregunto él.
- Será mañana a medio día, pero prefiero que descanses. - dijo ella, pidiendo. - Es mas, quisiera que Ángelus viniera conmigo.
- ¿y eso?
- Quiero demostrarle con eso de que ella no tiene culpa de que me pusiera enferma, y así tenemos un rato de chicas, ahora soy como su cuñada ¿no? - bromeó ella con una expresión de asombro y seguridad.
Alucard se rió por el modo en que ella dijo eso, y le beso la frente con ternura, hizo que ella le soltará el brazo para así rodearla entera con el. Durante una hora mas o menos, Alucard estuvo con ella, comentando el libro que leía, después él decidió dejarla dormir para estar bien despierta para la cita con el medicó, ella quiso que se quedará, pero al final le dejo irse a su mazmorra.
AL DÍA SIGUIENTE
Integra se despertó y se vistió con su traje verde de su difunto padre, y pidió a Charlie que preparará el auto, él así lo hizo, también quiso pedirle que llamará a Ángelus, pero supo que Alucard le habría dicho que iría con ella al medicó. Y así fue, en la entrada de la mansión junto a Charlie, esperaba Ángelus, pero con una mirada baja y deprimida. Al verla, Charlie fue hacia el coche para ponerlo en marcha, mientras, Integra se acercó a Ángelus, queriendo preguntarle que le pasaba, pero no supo como en ese momento. Ángelus estaba con los brazos cogidos sobre su pecho, con la mirada perdida y baja, mostrando tristeza y culpabilidad. Integra pudo adivinar el por qué de aquello, y decidió que durante el viaje hablaría con ella. En ese momento Charlie llegó con rapidez y se paro frente a ellas con formalidad.
- Todo listo para irnos Lady Integra. - anunció él con una reverencia de cabeza.
- Muy bien, ¿vamos Ángelus? - pregunto animada Integra. Esta la miró fijamente, saliendo de sus pensamientos. - Iremos charlando por el camino.
- Sí, claro… - acepto la vampira con una pequeña sonrisa.
Los tres fueron hacia el auto, Charlie se adelanto para abrir la puerta de atrás y dejarlas entrar, Integra entró primero, después Ángelus, y Charlie cerró la puerta para ir hacia la puerta del conductor y ponerse al volante. Durante el viaje, Integra tomaba una botellita de agua, y Ángelus una de sangre preparada para ella, al principio se sorprendió, pero luego le agradeció a Integra el detalle.
- Espero no haberte fastidiado algún plan que hayas echo… - dijo Integra, girándose a Ángelus, algo apenada.
- No tranquila, no tenía ningún plan que hacer, aparté de dormir pero no tenía sueño. - contestó ella, tranquilizando a Integra.
- Me alegro…
- Lady Integra, ¿Por qué ha querido que viniera yo con usted al medicó en vez de mi padre? - pregunto ella curiosa.
- Digamos que, hace tiempo que no hablamos, desde el ataque, y quería asegurarme de que estas bien. - contestó Integra.
- Estoy muy bien.
Esa respuesta dejo callada a Integra, entonces, sin dejar de mirarla con seriedad y profundidad, giró la cintura hacia ella. Ángelus se puso tensa al verla con ese rostro, pero se mantuvo en su posición.
- Ángelus… se que te pasa, tu padre me lo contó anoche antes de dormirme… - confesó Integra con seriedad y madurez. - Solo quiero que sepas, que tu no tienes la culpa de nada, nos atacaron y punto, solo para provocarte o asustarte, pero no quiero que te culpes por haberme enfermado en ese momento… no quiero que sufras mas, ya has sufrido bastante.
- Le agradezco su sincera preocupación Lady Integra… pero no creo que eso cambie, tengo la sensación de que sufriré mas, por cualquier cosa que pase… y eso es inevitable me parece… - confesó Ángelus dolida pero agradecida.
- Ángelus…
- Pero no se preocupe… sabré afrontarlos de alguna forma… solo tengo que saber como… - dijo Ángelus segura y decidida.
Integra vio en el rostro de ella algo de miedo por el futuro inminente, pero también sabia que no estaba sola, y que debía ser mas fuerte que nunca, no mostrarse débil otra vez. Cuando se dieron cuanta, Charlie ya estaba aparcando junto a la cera, enfrente de la clínica privada del doctor. Integra le pidió a Charlie que esperará en el coche, mientras ella y Ángelus iban a ver al doctor. Ángelus salió primero del coche, y ayudo a Integra a salir con amabilidad. Sabiendo que debía hacer, Ángelus miró a su alrededor, asegurándose de que estaba todo en orden. Las dos entraron en la clínica, Integra le dijo a la secretaría que tenia cita con el doctor, esta le pidió que esperará a que la llamaran, y así lo hizo. No había muchas visitas allí, por lo que no tuvo que esperar mucho a que le hicieran la pruebas, Ángelus tuvo que esperar en el despacho del doctor, mientras, leía el periódico, cosa que la entretuvo bien mientras esperaba. Una hora después, Integra y el doctor entraron en el despacho, y al instante Ángelus dejó el periódico sobre la mesa baja. El doctor les pidió que se sentarán en las sillas frente a su escritorio, mientras él se sentaba en la suya detrás de ella. Él no tardo en darles los resultados.
- Lady Integra, como ya sabe, le he hecho todas las pruebas requeridas para ver que causo la fiebre tenida hasta ayer, al parecer ya esta curada de todo. - informó él.
Integra y Ángelus sonrieron contentas de ello, cogiéndose de la mano animadas.
- Sin embargo… hemos encontrado la causa de ello, y he de reconocer que me esperaba que fuera esta la causa. - dijo él mirando el informe medicó.
- ¿Y cual es doctor? - pregunto Ángelus antes que Integra, teniendo curiosidad.
Antes de contestar, el doctor alzó la mirada hacia Integra, mostrándole una sonrisa como felicitándola, eso las inquieto a ambas, pidiendo con la mirada una respuesta ya mismo.
- Tengo que felicitarla, una nueva vida esta creciendo dentro suyo Lady Hellsing. - contestó él con una sonrisa imposible de aguantar.
Al oír eso, Integra se quedo muda y petrificada, y poco a poco bajo la mirada hacia su vientre, al igual que Ángelus, solo que ella tenía la boca abierta en forma de O. Entonces, Integra, con temblores de asombro y alegría, puso las dos manos sobre su vientre.
- Estoy… yo estoy… - dijo ella tartamudeando, sin poder acabar la frase.
- Sí, esta embarazada de varias semanas. - anunció él, diciéndole lo que ella no se atrevía a decir por la sorpresa y emoción.
- Caray… - exclamó Ángelus asombrada también, tapándose la boca con las manos. - Integra… tienes… vas a tener…
- un bebe… voy a ser madre Ángelus… - dijo Integra, girándose a la vampira. - Estoy embarazada.
Mientras, en lo alto del edificio del frente de la clínica, había una chica de negro, cubriéndose entera con una capucha negra, protegiéndose del sol que estaba a sus espaldas. Por su figura delgada y poco corpulenta, se supo enseguida que era una mujer joven. Esta mujer miraba fijamente a la ventana, donde se podía ver a Integra Hellsing y Ángelus Drakul sentada en unas sillas, la chica las miraba apretando los dientes y las manos con fuerza.
- No tienes idea de lo que es el sufrimiento, y yo pienso hacértelo sentir… muy pronto lo haré, y cuando lo haga no tendré piedad, aunque me lo supliques de rodillas… - juraba la chica con odio y rencor en la voz.
Entonces, frente a su pecho, cogió un anillo cogido de una cadenita de plata, con el dibujo de un dragón rojo en el.
- Ahora tengo algo tuyo, pero cuando llegue el momento, cogeré tu tesoro mas preciado, te lo juro… Ángelus Drakul, princesa no-muerta, o mejor dicho… Ángela Valirius… hermana mayor…
CONTINUARÁ...
