Capitulo 18

Tercera parte

Durante el trayecto a la mansión Dupont, el moreno no hablo, miraba a través de la ventanilla del auto, su semblante tranquilo y hasta feliz intrigaba a su hermana. Al llegar a la casa, todos subieron a sus habitaciones para descansar, Fransheska camino con rapidez para darle alcance a su hermano.

- Fabrizio espera por favor – Dijo antes que el joven abriese la puerta - ¿Qué sucede? – Pregunto sin rodeos.

- No entiendo ¿Sucede algo? – Inquirió él con tranquilidad.

- ¡Por favor! No te hagas el tonto – Menciono con impaciencia pero modulando su tono de voz – ¿Se te olvida que te conozco muy bien? – Agrego en tono de reproche.

- Fransheska no se de que hablas, estoy cansado ¿Por qué mejor no te vas a dormir? – Le contesto abriendo la puerta de su habitación.

- Porque no entiendo nada, estás muy extraño… te desapareciste en medio de la fiesta ¿Dónde estabas? – Pregunto levantando una ceja.

- Por allí, estaba aburrido… la verdad no pensé que lo notarias como estabas tan feliz bailando con Andley – Contesto mirándola a los ojos.

- No, no señor, no vengas con eso ahora… Fabrizio… - Antes que continuase él la detuvo.

- Fransheska de verdad estoy cansado, si quieres hablamos mañana, por hoy solo confórmate con saber que tu hermano es un hombre muy feliz – Le dijo con una sonrisa que iluminaba su mirada. Ella intento decir algo más, él levanto una mano en señal de alto y se puso serio, ella hizo un puchero provocando la risa del joven. – Hasta mañana, que descanses – Agrego dándole un beso en la mejilla, después de esto ella se dio media vuelta y camino hacia su habitación.

Él cerró la puerta se recargo en ella y a su mente llegaron los recuerdos de lo ocurrido esta noche, dejo ver una sonrisa extraordinaria, bellísima… y su corazón comenzó a latir con fuerza de nuevo.

Candy daba vueltas en su cama, le era imposible conciliar el sueño, las sabanas totalmente desordenadas le estorbaban, se levanto exasperada por este sentimiento que se había alojado en su pecho, camino hasta el baño, abrió el grifo, coloco las manos bajo este y se lavo la cara, necesitaba de algún modo calmar todas estas sensaciones que la estaban volviendo loca. Camino de regreso a la habitación, se acerco hasta la ventana y la abrió dejando entrar el aire fresco de la madrugada, el sol comenzaba a despuntar en el horizonte llenando de luz las hermosas montañas a lo lejos, su vista se perdió en el magnifico jardín, luego fue captada por el pasillo donde había bailado esa noche con Fabrizio – Dejo libre un suspiro y su corazón comenzó a latir dolorosamente, la sangre en sus venas parecía cantar – Si solo pudiese comprobar que eres tú… sin tan solo tuviese el más pequeño indicio que eres tú, te juro que me entregaría a esto que siento sin remordimiento alguno, porque siento que mi corazón te reconocer, todo mi ser desea entregarse a esto que siento, pero mi mente sigue torturándome – Se decía en voz alta.

El sol de la tarde caía bañando con sus tenues rayos las calles de Charleston, el trafico era tranquilo a pesar de ser casi fin de semana, las personas caminaban sin fijarse mucho los unos en los otros, parejas de enamorados caminado tomados de las manos, señoras de edad acompañadas por algún niños, así como madres e hijos, todos creaban un perfecto cuadro de esta ciudad. El joven detuvo el auto frente al edificio donde vivía su asistente.

- Buenos hemos llegado – Menciono ella con una sonrisa.

- Así es – Contesto él mirando el hermoso perfil de la chica.

- ¿Desea pasar a tomar un café? – Pregunto un poco dudosa si era lo mejor.

- Claro me encantaría, además creo que me hace falta – Respondió con naturalidad, la verdad se sentía un poco mareado.

Ella le dedico una sonrisa y afirmo en silencio, el joven bajó del auto y camino para abrirle la puerta. Comenzaron a caminar hacia el interior del edificio en completo silencio.

- Pase adelante por favor – Dijo Vanessa cuando entraban a su departamento, camino hasta la cocina para preparar el café – Tome asiento Sr. Leagan.

- Neil – Menciono el chico desde la sala – Llámeme Neil por favor – Pidió con una sonrisa.

- Esta bien – Contesto ella quien trataba de ocultar los nervios que comenzaban a hacer de las suyas.

Después de unos minutos camino de regreso a la sala con una taza de café, se la ofreció al chico con una sonrisa que iluminaba sus hermosos ojos negros.

- Muchas gracias Srta. Scott – Dijo mirándola mientras le regalaba una sonrisa.

- Vanessa, solo Vanessa por favor – Menciono haciendo un ademan para que tomara asiento.

- Claro, gracias Vanessa – Expresó antes de darle un sorbo a la taza de café en sus manos.

- Neil… - Se aventuro a decir, aunque se sentía extraña llamándolo por su nombre – Debo agradecerle – El la miro alzando una ceja – Debo agradecerte por tu actitud de hoy, la pase muy bien, creo que notaste cuando me intimidaban el señor Johnson y el señor Cornwall, no estoy acostumbrada a salir con personas así – Menciono algo apenada.

- No tienes nada que agradecer – Dijo tomándole la mano – Yo la pase muy bien y no debes cohibirte por la presencia de mi primo y George, ellos son excelentes personas y están muy lejos de ser pretensiosos… bueno mi primo tiene un ego del tamaño del estado – Acoto con una pequeña carcajada – Sin embargo son personas muy amables y sencillas, fue algo que aprendimos del tío – Concluyo con una sonrisa buscando los ojos de la chica.

- Si, lo pude notar, de todas formas muchas gracias, tenia muy tiempo sin salir a divertirme – Contesto con una sonrisa, pero al caer en cuenta que él aun le tomaba de la mano se tenso – Olvide apagar la cocina – Menciono colocándose se pie y caminando para alejarse.

Neil se coloco de pie siguiéndola a la cocina, ella se volvió sin notar lo cerca que estaba el joven y tropezó con él, derramando el contenido de la taza en la camisa, la misma cayo de las manos del joven hasta el piso.

- ¡Sr. Leagan! – Menciono asustada – Disculpe no lo vi, que pena con usted – Agrego bajando para tomar la taza del suelo.

- No te preocupes, no es nada, déjame ayudarte – Dijo bajando para ayudarla.

- No hace falta, de verdad discúlpame – Menciono mirando la camisa del chico – ¿Estas bien? – Pregunto preocupada.

- Si tranquila, ya estaba frio – Indicó con una sonrisa.

- Lo mejor será limpiarla de inmediato, para evitar que se manche… espéreme un momento, voy a buscar una camisa – Acoto mientras caminaba a una de las habitaciones, Neil intento detenerla pero no pudo. Minutos después la chica regresaba con una camisa azul marino. – Creo que esta servirá – Menciono extendiéndosela.

- Muchas gracias, la verdad no es tan grave Vanessa – Señalo con una sonrisa – No deberías molestarte – Agrego con tranquilidad.

- No es ninguna molestia, puede pasar al baño – Dijo señalando el lugar.

El joven entro aunque se encontraba renuente, después de un momento salió con su camisa en la mano, traía puesta la camisa de Cristian, ella se volvió para mirarlo y no pudo evitar sonreír.

- Creo que me queda un poco grande – Menciono el chico observándose.

- Si – Asintió ella divertida – Cristian era robusto – Acoto tratando de no reír.

- Gordo diría yo – Respondió con una sonrisa de desconcierto.

- No, recuerde que era militar, solo será un momento – Menciono con una sonrisa mientras le extendía la mano para tomar la camisa del joven.

Él se la entrego, ella salió hacia la cocina en busca de algunas cosas y luego desapareció por una puerta en el fondo de un pasillo, pasaron varios minutos y Neil no lograba acostumbrarse a la camisa, las mangas le estorbaban, lucho con estas y termino por rendirse. Ella regreso y venia examinando la camisa, la mancha había desaparecido, pero aun se encontraba húmeda – Levanto los ojos para mencionar algo y se quedo congelada. El joven se encontraba de espalda, solo llevaba puesta una camiseta blanca, mientras observaba la camisa de Cristian entre sus manos. Ella se perdió en las líneas de su espalda, parecía haber sido tallada, ese color bronceado tan hermoso que poseía, que contrastaba a la perfección con el color cobrizo de su cabello – Su mirada seguía bajando apreciando la parte baja de su espalda, que lucían muy bien bajo ese pantalón de lino, así como las piernas que lograban mostrar sus formas. Él se volvió y ella disimulo de inmediato presa del nerviosismo al creerse descubierta, más Neil ni siquiera noto la presencia de esta y se sintió apenado al ver que había aparecido de la nada.

- Lo siento… es que… - Dijo mientras se colocaba de nuevo la camisa.

- No se preocupe, aquí tiene la suya – Contesto entregándose mientras miraba a otro lado. Fue consciente de pecho del chico que era tan hermoso como su espalda y antes que su rostro mostrara sus pensamientos prefirió esquivar la mirada – Logre sacar la mancha, pero aun esta húmeda – Acoto tratando de parecer casual.

- Muchas gracias – Dijo observándola la camisa entre sus manos.

Después de eso camino hasta el baño para cambiarse, salió ya listo dedicándole una sonrisa a la chica, ella le respondió de igual manera, ambos eran presa de un nerviosismo que no entendían, esquivando miradas, manteniendo una distancia que tan solo minutos antes no existía entre ellos. Llego el momento de despedirse, Neil camino hasta la puerta acompañado de Vanessa.

- De nuevo muchas gracias por todo Vanessa – Menciono mientras se colocaba el abrigo.

- Gracias a ti Neil, la verdad la pase muy bien – Contesto con una sonrisa – Nos vemos mañana en la oficina – Agrego mientras abría la puerta.

- Que descanses – Dijo mientras se acercaba a ella para darle un beso en la mejilla, los nervios hacían estragos en él y titubeo un poco.

Ella no se esperaba este gesto por parte del chico, por lo cual se perturbo, al intentar corresponder de manera natural al mismo, se acerco a él quien deposito el beso muy cerca de sus labios, la sensación fue extremadamente placentera, aunque solo duro segundos fue maravillosa… sin querer las imágenes del beso intercambiado por ambos tiempo atrás llego a su memoria de inmediato, ella se alejo del chico en un acto reflejo, mirándolo sin lograr ocultar su sorpresa, él sintió exactamente lo mismo que ella, bajo la mirada mientras en su cabeza rondaban miles de ideas, recuerdos, miedos, dudas.

Se acerco a ella tomándola por la cintura con una mano mientras que con la otra cerraba la puerta, la chica se sorprendió y sin saber como reaccionar se quedo mirando al moreno a los ojos. Todo sucedió demasiado de prisa, Neil en un movimiento seguro la acerco a él atrapando con sus labios los de ella, perdiéndose en ellos. Vanessa no se resistió a la invasión que él hacia a su cuerpo y sentidos, llevo las manos a los hombros del chico y compartió con este el beso. Un beso que era mucho… muchísimo mas intenso que el primero, lleno de una necesidad y un pasión indescriptible, que le dejaba sin aire, la legua del joven hacia espirales en su boca despertando cada fibra de su cuerpo, la tomaba con intensidad, sin dejar duda alguna que lo hacia porque la deseaba, esta vez no era un error, esta vez no era un desliz o el momento, esta vez él la besaba porque anhelaba hacerlo. Acariciaba la espalda de la chica aproximándola mas a él, acortando la distancia casi inexistente entre ambos, las sensaciones comenzaban a desbordarlo.

Empezaron a caminar sin dejar de besarse, hasta que encontraron un obstáculo entre ellos, sin logra evitarlo cayeron sobre el sofá en medio de la sala, esto los hizo reaccionar, ella abrió los ojos y se perdía en la mirada ámbar que tenia un brillo especial… ella tembló al reconocer el deseo en la mirada del chico, al ser consciente del peso de su cuerpo sobre el suyo. Neil acariciaba con delicadeza su rostro, perdiéndose en su imagen, sus labios entre abiertos para dejar entrar el aire, su respiración era agitada provocando que sus pechos marcharan a un ritmo irregular, rozando el pecho del joven, un leve toque que lo estaba volviendo loco, busco de nuevo los labios de la chica, pero se detuvo al verla dudar… ella noto de inmediato que había visto en su mirada el miedo que la embargaba.

- Vane… Vanessa yo – Mencionaba con voz entrecortada. Ella busco los labios de él callándolo con un beso, un beso tierno y al mismo tiempo cargado de urgencia.

Neil bajo sus manos y comenzó a caricias los costados de la chica, mientras se perdía en este beso que ella le ofrecía, ella acariciaba la espalda del joven, la camisa estaba por fuera de su pantalón, aprovecho y metió sus manos debajo de esta, paseando por la piel desnuda del moreno. Neil gimió de placer al sentir las caricias de la mujer, se aventuro a brindarle a ella lo mismo que le ofrecía, subió una mano y rozo con extremada delicadeza uno de sus senos, mientras separaba sus labios de los de ella y comenzó a besar su cuello. Vanessa se arqueo al sentir el toque y dejo salir un jadeo mezcla de sorpresa y excitación.

- Niel – Susurro ella a su oído, mientras llevaba sus manos al frente para comenzar a desabotonar la camisa.

- Te deseo… te deseo tanto – Respondió en el mismo tono hundiéndose en el cabello azabache de la chica, bajo sus manos y tomó las caderas de ella acercándola más a él.

Ella se estremeció ante el toque, pero sobretodo al sentir la erección del chico, esto hizo que ella sintiera sus piernas temblar, mientras su cuerpo pidió desesperadamente calmar la tensión de él, los besos se hicieron más intensos, la camisa se encontraba abierta por completo, Neil se incorporo un poco, apoyándose con una rodilla en el mueble y se deshizo de ella en un segundo arrojándola con destino desconocido, lo mismo hizo con su camiseta quedando con el torso desnudo delante de ella. Tomó el rostro de la chica entre sus manos atrayéndola y la beso de nuevo, Vanessa llevo sus manos al pecho desnudo del chico acariciándolo con deleite, viajando por este con total libertad, volvían a su espalda, subían a su nuca, mientras Neil le brinda un maravilloso placer adueñándose de su boca, entrando en ella por completo. Las manos de chica regresaron al pecho del moreno y bajaron hasta toparse con su cinturón, bordeaba con sus dedos el mismo, dudosa de continuar. Neil noto su indecisión, soltó su cuello y la tomó de las caderas pegándola a su cuerpo, luego llevo sus manos hasta el formado trasero de la chica y lo apretó con fuerza, haciendo que ella gimiera dentro de su boca. Ante esta reacción busco con manos desesperadas la cremallera del vestido, comenzó a deslizarla con lentitud, subió de nuevo las manos hasta los hombros de la chica, acariciado con maravillosa tranquilidad los mismo, empezó a bajar la parte superior del vestido. Ella era consciente de cada una de las acciones del chico, sin embargo no lo detuvo, no quería hacerlo, ella también deseaba con todas sus fuerzas continuar, no podía seguir calmando esta necesidad que tenia de él, era imposible negar que ella también lo deseaba, lo deseaba con todas sus fuerzas.

El vestido cayo al suelo y Neil se aparto un poco para ver la figura de la mujer frente a él, ella respiraba con dificultad, los nervios y el deseo la consumían. El joven camino de nuevo hacía ella y acaricio con ternura sus mejillas, depositando besos en estas, en su frente, nariz, barbilla y por ultimo solo un roce en sus labios. Ella suspiro ante las caricias, se acerco para abrazarlo, le dio un suave beso en el cuello y él gimió ante este simple pero significativo gesto. Vanessa lo tomó de la mano y camino con él en dirección a su habitación, solo bastaron segundos para quedar uno frente a el otro totalmente desnudos, ella se recostó con lentitud sobre la cama sin dejar de mirarlo a los ojos, respiro profundamente y le extendió la mano.

Neil la observaba embelesado, era hermosa, bellísima… simplemente todo lo que un hombre podía desear – Dio un par de pasos y recibió la mano que ella le ofrecía, con una sonrisa que ilumino su mundo ella lo invito a ser parte de un sueño. Se apoyo con lentitud en la cama y muy despacio fue colocando su cuerpo sobre el de ella, mientras besaba con ternura sus labios, una y otra vez… no había urgencia, ni ansiedad… solo deseaba disfrutar de esta sensación de sentirse completo y libre… aunque sea por un momento era libre.

El roce del cuerpo del joven desnudo sobre el de ella la estaba volviendo loca, sus besos tibios y húmedos que la hacían vibrar, las ansias de sentirlo se hacían cada vez más fuertes, bajaba sus manos por su espalda, al tiempo que entrelazaba sus piernas con las de él. Neil sentía como el cuerpo de ella temblaba ante cada caricia, la miro fijamente a los ojos, perdiéndose en el negro noche de su mirada que lucia como un cielo estrellado, buscos las manos de la joven y entrelazo sus manos en las de ella, su mirada le regalaba color al mundo de Vanessa. Con un movimiento agonizantemente lento comenzó a adueñarse de ella, la chica se aferro a la espalda del joven dejando salir de su garganta un gemido lleno de placer, de la sensación de sentirse parte de él, los besos comenzaron a ser cada vez más profundos, más intensos, mientras los cuerpos se mecían en un frenesí que los llevaba a un estado de embriaguez, de satisfacción absoluta, entrega sin limites… sin dudas. Gemidos y jadeos en descontrol comenzaron a llenar la habitación mientras Neil se fundía en el cuerpo de Vanessa, sus cuerpos cubiertos de sudor temblaban en cada roce.

- ¡Niel… Neil! – Susurraba con pasión en el oído del joven, mientras sus manos ahora libres de las de él, se perdían en su espalda, bajando hasta su cintura y más allá.

- ¡Vanessa! ¡Oh Dios! – Mencionaba el chico sintiendo como su cuerpo luchaba desesperadamente por liberarse dentro de ella.

Al final una luz los llevo a ambos a alturas desconocidas, temblando, gimiendo, en movimientos rápidos y acompasados llegaron junto a la gloria, Neil empujaba con fuerza, mientras ella mordía suavemente el hombro del joven y clavaba sus uñas de la espalda de este. Al final, rendidos y extasiados, plenos… bajaron mirándose a los ojos. Él le dedico una sonrisa maravillosa, llenado de calidez a la joven, ella acaricio con ternura el cabello cobrizo y lo beso en los labios, después de unos minutos donde sus miradas se entretejían, intentando colmar de igual manera el alma, se quedaron dormidos, abrazados.

Al día siguiente Elisa no desistió hasta que pudo hablar con él, ella sabía perfectamente que no había bajado porque de seguro ella interpretaría mal el regalo, pero por el contrario le encanto mucho más que cualquier joya que Frank le regalara porque este tenía un significado verdaderamente especial.

- Señor Leblanc. – Dijo Elisa deteniéndolo mientras el mantenía la mirada al piso. – Quiero que sepa que estoy sumamente molesta con usted. - Dijo con tono serio

- Señora disculpe yo solo… - Ella lo detuvo.

- Porque me mintió, me dijo que dibujaba muy mal y el dibujo de Cleopatra es magnifico. – Terminando con una sonrisa, él levanto la vista para mirarla a los ojos. – Muchas gracias señor, de verdad muchas gracias, me ha encantado.

- De nada señora, ahora con su permiso tengo algo importante que hacer. – Y se alejo rápidamente del lugar, la verdad es que tenia mucha vergüenza y no sabe porque le pasa esto con la señora si él siempre se ha caracterizado por ser un hombre extrovertido y seguro de si mismo solo que con ella las situación es completamente diferente.

El fin de semana había llegado, todos se encontraban a la expectativa ante la visita a la casa de campo de Gautier Lambert, el hombre prefirió quedarse alegando que era un paseo de jóvenes, que ya él no estaba para esos viajes… la verdad era que tenia planeada una tarde de póker con sus amigos Jean Paul Leblanc y Henri Grandie y aunque sus hijos insistieron no lograron convencerlo. Entre los mas interesados se encontraba Gerard, el joven desde hacia un par de días se notaba ansioso, nervioso… como si algo lo inquietase.

Edith se reunió con sus primos en la casa de los Lambert, a ellos también se unió Jean Pierre Leblanc, el hermano mayor de Jules Leblanc quien acompañaba a Lambert pues se encontraba en el senado y estaba saliendo con la chica. Gerard se tenso en cuanto vio bajar del auto al italiano, camino hasta la rubia y le ofreció su brazo, desde ya marcaria el terreno, no le daría la más pequeña oportunidad, este hombre no arruinaría sus planes – Pensó con determinación mientras le abría puerta del vehículo a Candy y le dedicaba una sonrisa.

Ella fue consciente de la presencia del hombre, en el instante en que sus ojos se encontraron con los de él, su corazón comenzó a latir con fuerza, respiro y trato de controlarse, en el fondo le agradeció a Gerard el haber puesto distancia entre ambos… Fabrizio Di Carlo la perturbaba, jugaba con sus sensaciones a su antojo y eso no estaba bien.

El viaje era largo por lo cual todos salieron de inmediato, Albert, Candy, Gerard y Denise iban en el auto del francés, la hermana de este se mostraba muy atenta con Albert cosa que para ninguno pasaba desadvertida, mucho menos para Fransheska que sentía que comenzaba a odiarla. La joven viajaba en el auto de Edith en compañía de su hermano y Jean Pierre Leblanc. Fabrizio no se encontraba más tranquilo que ella, también deseaba golpear a uno de los miembros de la distinguida familia Lambert. Ambos intentaron participar de la amena conversación que sus acompañantes habían entablado de manera cordial, para hacer sentir bien a los italianos. Después de media hora de viaje el auto de Lambert se detuvo, estaban en la región de Domont, un pequeño poblado dentro de la región de Isla de Francia, su paisaje cálido y hermoso daba la impresión de estar detenido en el tiempo, los jóvenes se bajaron para estirar las piernas, y tomar algo de agua, la rubia camino hasta el borde de la carretera, dejando que su vista se perdiera en la extensa llanura frente a sus ojos.

- Hola – Menciono Fabrizio quien se había acercado hasta ella sin que esta lo notara. La chica se sobresalto y se volvió de inmediato para mirarlo.

- Hola – Respondió con una sonrisa, mirando a los ojos azules y ahogándose en ellos.

- ¡Candy, es hora de irnos! – Grito Gerard parado junto al auto para captar la atención de la chica.

- Ya voy – Contesto la joven volviéndose para mirarlo, luego poso de nuevo su mirada en el chico.

- Nos vemos ahora – Le dijo con una sonrisa maravillosa.

Comenzaron a caminar en dirección al auto, en cuando el joven vio que el francés se distraía hablando con el americano, roso su mano con la de la rubia, muy suave, apenas un toque… pero que para ambos fue hermoso. Ella levanto la mirada y le dedico una sonrisa, después de eso subió al vehículo.

Allí estaba de nuevo Fabrizio Di Carlo adueñándose de sus pensamientos y emociones, aunque se dijera una y mil veces que no volvería a caer en su juego le era imposible ¿Cómo no ceder ante un encanto como el que él posee? – Pensaba, mientras negaba con la cabeza y una sonrisa se dibujo en sus labios.

Llegaron a Beauvais faltando poco para el mediodía, fueron recibidos por el personal de la casa, por supuesto los Lambert dispusieron de las mejores habitaciones para los americanos, mientras Gerard intencionalmente envió al italiano al otro extremo del lugar, si por él fuese lo enviaba a los establos, pero no dejaría ver que lo incomodaba, no existía razón alguna para ello, estos días haría todo bien, de eso dependían muchas cosas.

Tomaron el almuerzo después de instalarse, el mismo se llevo en un ambiente aparentemente cordial, Fabrizio no hizo gala de su sarcasmo, le prometió a Fransheska que no le haría pasar un mal rato, además no era necesario, podía notar que el francés… a quien realmente deseaba molestar, ya se encontraba bastante intranquilo con su presencia. Algunos mencionaron descansar un rato en las terrazas que daban al jardín mientras charlaban sobre los planes a seguir en los dos días que estarían en este lugar. La conversación los llevo de un tema a otro pasando por las actividades de los Andley en el Piamonte, su visita a Venecia donde conocieron a los jóvenes Di Carlo, la temporada que compartió Gerard con los herederos en América, algunas anécdotas de las jóvenes en el colegio en París, Denise no conocía a Fransheska pues cursaba en un nivel más avanzado como era de esperarse, pues ya contaba con veinticuatro años.

- Es raro Sr. Di Carlo que siendo usted y yo contemporáneos no hayamos estudiado juntos – Menciono Gerard captando la atención del joven.

- Tal vez se deba a que no curse estudios en Francia Sr. Lambert – Contesto con naturalidad.
- ¿Lo hizo en Italia? – Inquirió el joven mirando al otro fingiendo interés en su respuesta.

- No señor, lo hice en Londres – Respondió sin dejarse perturbar por el interrogatorio. El francés se sorprendió y miro disimuladamente a Candy quien se mantenía atenta a lo que el chico decía.

- ¡Ahora entiendo! – Menciono Denise como si hubiese hecho un brillante descubrimiento – Por eso su manejo tan perfecto del ingles… es más podría decir que tiene hasta cierto acento británico. – Agrego con una sonrisa.

- Es posible – Contesto el joven encogiéndose de hombros – Mi madre tenia una visión muy clara de lo que quería que fuesen sus hijos… Fransheska una dama educada al estilo de la corona más refinada y excéntrica de Europa, por favor no se ofendan es solo un comentario – Se apresuro a decir al ver el gesto en la cara de Lambert.

- Siempre se lo dije a Edith si por mamá hubiese sido, mis lecciones las hubiese impartido la misma María Antonieta – Dijo la chica divertida mirando con complicidad a su amiga.

- En realidad no fue solo tu madre Fransheska, la mía deseaba lo mismo, pero… en su caso Fabrizio ¿Por qué Londres? – Pregunto intrigada.

- Pues mi madre deseaba que su hijo fuese todo un "Caballero ingles" – Menciono con la misma sonrisa odiosa que hacia latir el corazón de la rubia a mil por hora – Claro está, creo que conmigo sus esfuerzos fueron inútiles – Acoto divertido – Sino pregúntenselo a la Srta. Andley, ella si conoció a un verdadero caballero ingles ¿No es así? – Pregunto mirando a la chica, mientras sonreía pero su mirada se torno seria y oscura.

Candy lo miro sorprendida, no encontró su voz para dar repuesta, solo asintió en silencio ante la mirada interesada de los presentes.

- La verdad era una cualidad que le corría por las venas al joven, siendo hijo de un Duque, no era para menos – Acoto Fransheska al ver la intensión de su hermano por incomodar a la rubia.

- ¿Hijo de un Duque? – Inquirió Gerard de inmediato uniendo cabos en su cabeza – Hijo del Duque de Grandchester… -Dijo como si se encontrase en un monologo – ¿Candy tú conociste a Terruce Grandchester? – Pregunto de nuevo aun más sorprendido.

- Si… estudie con él en Londres – Respondió la joven rápidamente, no deseaba ahondar en el tema, no ahora.

- ¿Y él era el caballero ingles? ¡Por Dios si no he conocido a nadie mas insoportable en mi vida! – Exclamo con total seguridad.

Albert no pudo evitar soltar una carcajada, la rubia miro a Gerard sorprendida y Fabrizio levanto una ceja, endureciendo el rostro de inmediato.

- Ese hombre era insufrible, arrogante, prepotente… apenas si le dirigía la palabra a sus compañeros, se creía más importante que el mismo rey de Inglaterra – Continuo sin logra entender que le había visto Candy para apreciarlo.

- ¿Conociste a Terry? – Le pregunto olvidándose de las personas a su alrededor.

- Si, bueno fue muy poco lo que compartí con él, la verdad nunca llegue a verlo de cerca, pero mis amigos tuvieron la brillante idea de asistir a unos cursos de verano con él, gracias a Dios cuando estas terminaron él se volvió a Londres, de no haber sido así hubiese vuelto loco a todos los profesores y las hermanas de la congregación – Resumió el chico obviando el interés de la rubia, ya que alguien más en la mesa había captado su atención, de repente su mirada se poso en Fabrizio Di Carlo… y aunque trato de enfocarse en la imagen del ingles que guardaba en su memoria, no lo logro.

Todos en la mesa se encontraban en silencio mirando divertidos al francés, no lograban entender por qué se expresaba así, no era habitual en él ese tipo de comportamiento. Albert era quien más divertido estaba, reía abiertamente.

- Gerard, nos pintas a Terruce como un ogro… no puedo negar que todo lo que acabas de decir va muy apegado a su personalidad, sobre todo lo de volver locas las autoridades del colegio, pero no era una mala persona… yo también llegue a tomarle mucho aprecio y puedo dar fe que era un joven excelente – Dijo el rubio una vez que se calmo.

- Creo que las opiniones están divididas – Dijo Edith con una sonrisa mirando a su primo.

La conversación termino a los pocos minutos, todos subieron a sus habitaciones para descansar un poco antes de salir a pasear en la tarde, el animo de Candy cambio de inmediato, se volvió taciturna. Gerard lo noto y su cabeza comenzó a trabajar, la manera en como la chica le había preguntado si conocía a ese joven, también en como Albert lo había defendido y se mostraba divertido ante su reacción… Cuando le conto de la razón por la cual Candy lo rechazaba había mencionado que ella y su novio se conocían de muy jóvenes, casi niños… seguramente mientras cursaban sus estudios… ¡Demonios! ¿Cómo era posible? Era él… era él – Pensaba mientras salía en busca de Albert.

Fransheska observaba desde la ventana de su habitación como la prima de Edith acaparaba toda la atención del rubio, era evidente que le agradaba mucho… sin embargo él se notaba distante, bueno eso quería creer ella, la verdad era una mujer hermosa, educada… de seguro justo lo que buscaba en la que seria su compañera… Todo esto la estaba frustrando, ¿Por qué tenia que resultar tan difícil? – Pensaba mientras dejo libre un suspiro. En ese momento pudo ver como él levantaba la mirada y sus ojos se encontraron, le dedico una sonrisa maravillosa, que aun a esa distancia logro ponerla nerviosa, pero no pudo evitar que ella le respondiese del mismo modo.

El francés pudo divisar a su amigo sentado aun en la terraza con su hermana, camino hasta él con paso seguro.

- Albert necesito hablar contigo – Demando observándolo a los ojos.

- ¿Sucede algo? – Pregunto el rubio desconcertado ante la actitud de francés.

- Denise ¿Podrías dejarnos solos? Por favor – Inquirió el joven mirando a su hermana. Ella no entendía por qué el joven se comportaba de ese modo, asintió en silencio y se retiro.

Gerard la siguió con la mirada hasta que la vio entrar a la casa, después se volvió para mirar al rubio.

- Era Grandchester, era él ¿Verdad? – Pregunto con molestia.

- ¿Por que mejor no te explicas Gerard? No entiendo de qué me hablas – Menciono él, aunque sabía perfectamente a lo que le joven se refería.

- El novio de Candy… era Grandchester – Contesto mirando fijamente al rubio para estudiar su reacción.

- Gerard… creo que no es momento de hablar sobre ello, además recuerda que solo te lo conté, porque pensé que eso te tranquilizaría, la situación que atravesabas no era fácil y yo solo quise ayudarte… pero no creo que te convenga que Candy se entere que conoces la verdad… no creo que tenga que decirte cuanto la afecta este tema – Menciono Albert en tono tranquilo y al mismo tiempo determinante.

- Albert… pero eso es… es absurdo han pasado casi cuatro años – Dijo el chico confundido.

- Para ella no… Candy sigue sintiendo el mismo dolor que en un principio y justo ahora… - Se detuvo.

- Justo ahora… ¿Qué sucede ahora Albert? – Inquirió con la certeza de que había algo más.

- Ahora ella necesita dejar todo eso en el pasado, Gerard… Candy esta haciendo un gran esfuerzo por retomar su vida, las cosas no han sido nada fáciles para ella y te puedo asegurar que sacar relucir el tema no le hará nada bien. – Acoto con seguridad.

Gerard se quedo en silencio analizando las palabras de su amigo, la verdad no sabia que pensar, todo esto era tan confuso, porque Candy se notaba mucho más animada, tranquila… sin embargo en algunas ocasiones esa sombra se posaba de nuevo en ella, esta situación era extenuante… si ella necesitaba ayuda para salir adelante él se la daría, el ofrecería la salida a toda esta locura… si lo haría. - Con estos pensamientos salió con paso decidido ante la mirada preocupada de Albert.

Aprovechando que hoy era su día libre, se decidió por dar un paseo en compañía de su novia por el Central Park, caminaron tomados de la mano y llegaron hasta su banca, la misma que habían utilizado siempre desde el día que se declararon su amor. Él hablaba de su infancia, donde descubrió su pasión por lo que hoy en día hacia, ayudar a los demás, pasaba horas en medio de tubos de ensayos, instrumentos médicos, enormes libros de medicina llenos de términos incomprensibles en primera instancia para él, pero que después lo atraparon como si fueran aquellas historias de héroes y aventuras que leían sus compañeros de colegio.

Ambos se encontraban tan sumidos en la historia del chico, que no se percataron que el aire había comenzado a enfriar y el cielo se cubría de espesas nubes grises, él era el sol para ella, así como ella era el sol para él. Ninguno de los dos noto la oscuridad a su alrededor, ni el paso apresurado de los transeúntes que buscaban resguardarse de la lluvia que amenazaba con caer de un momento a otro.

Él tomó la mano de la chica y le dio un beso, largo cargado de ternura, mientras ella acariciaba con suavidad sus cabellos dorados como el oro. Las primeras gotas comenzaron a caer sacándolos de la burbuja donde se encontraban, comenzaron a reír al ver cuan absortos de todo estaban, él se coloco de pie con rapidez y le extendió la mano para ayudarla, la chica miro a su lado como buscando algo.

- Olvide el paraguas – Menciono desconcertada.

- No te preocupes – Contesto el joven mientras se quitaba el saco y se lo acomodaba a ella – Esto evitara que te mojes.

- Pero tú… - Protesto.

- Yo estaré bien el auto no esta muy lejos, vamos esto empeorara – Respondió tomándola de la mano al tiempo que caminaba.

Ella trataba de caminar con agilidad, la verdad quería correr, pero eso era imposible, sin embargo él se notaba tranquilo, como si no le importase mojarse por completo. Al fin llegaron al vehículo, el doctor camino para abrirle la puerta, ella subió con rapidez, sacudió un poco el saco y cerró, Nathan ya se encontraba dentro.

Ambos se encontraban sonrojados, su respiración entre cortada por el esfuerzo, más de ella que de él. El joven puso el auto en marcha, cuando estaba por tomar la avenida que los llevaría a la casa de Susana ella hablo.

- Nathan creo que será mejor ir hasta tu casa, estas empapado y te puedes resfriar, yo estoy bien o al menos, no tan mojada como tú – Le dijo con una sonrisa.

- Pero también necesitas secarte, yo puedo esperar… además los doctores no nos enfermamos – Contesto divertido.

- ¿Acaso son Dioses? – Pregunto ella divertida, él dejo libre una carcajada – No seas terco vamos primero a tu casa, te cambias y luego me llevas – Agrego con decisión. Él solo afirmo en silencio, la verdad ella tenía razón, no le quedo más remedio que ceder.

Cuando llegaron caminaron directamente al ascensor, el departamento de Nathan quedaba en los últimos pisos del edificio. Al entrar al mismo y toparse con el espejo notaron que ambos estaban totalmente desarreglados, ella acomodo su cabello con las manos un poco, él movió la camisa que se encontraba pegada a su cuerpo.

Al fin llegaron, el joven saco las llaves del saco que traía Susana, abrió la puerta y la invito a pasar, cuando la chica escucho el sonido que hizo esta al cerrarse su corazón dio un salto y desvió la mirada para ocultar su reacción del joven.

- Toma asiento por favor Susana – Menciono mientras caminaba a la cocina.

También él se sentía nervioso, el hecho de estar allí con Susana… era como si la electricidad que fluía entre ellos se hubiese intensificado. – Busco entre los gabinetes todo lo necesario para hacer un té, algo caliente que los relajara a ambos.

- Esto te hará bien – Dijo minutos después extendiéndole una taza a la chica.

Ella la recibió con una sonrisa, se encontraba muy turbada para hablar, si lo hacia él notaria de inmediato que estaba nerviosa. No era la primera vez que estaba en el departamento de Nathan, cuando el joven estuvo de cumpleaños unos compañeros del hospital, su madre y ella le organizaron un almuerzo, solo que en esa ocasión ellos estaban rodeados de personas y por supuesto no habían compartido tanto como hasta ahora.

- Voy a cambiarme y regreso enseguida – Menciono mientras se encaminaba a su habitación. Ella asintió en silencio y sorbió otro poco de su té.

Gerard subió con paso decidido las escaleras, entro a su habitación y busco algo dentro de la maleta que había traído desde París, abrió la caja observando por varios minutos el objeto entre sus dedos… cientos, miles de dudas llegaron hasta él, un miedo que aunque no deseara estaba allí… recordándole que… que nada de esto era seguro… en realidad era muy arriesgado… porque ¿Cómo actuaria si ella? - La pregunta quedo incompleta en su mente, sintió un nudo en el estomago y sus ojos se llenaron de lagrimas… - ¿Qué haces Gerard, qué piensas hacer? – Se pregunto y sus manos temblaron – Tengo que hacerlo, sino pasaré toda mi vida… con esta incertidumbre… amarrado a un sentimiento imposible… confinado en medio de la nada… si ella… si sus sentimientos son los mismos, lo aceptare y no volveré a rogar por amor a nadie, no creo que mi corazón valga tan poco como para dejar que alguien lo pisotee en nombre del amor… porque la amo, el tiempo en lugar de extinguir la llama de este amor, la ha hecho más fuerte… tanto que me queda cada vez que la veo, cada vez que la toco… cuando me sonríe… esto comienza o se acaba hoy. – Pensó con decisión mientras tomaba la caja y la guardaba en uno de los bolsillos de su saco. Cuando llego a la escalera pudo ver que la rubia entrada a la casa acompañada de Fransheska Di Carlo y su prima.

- Candy me gustaría hablar contigo… en privado – Menciono con amabilidad, más la urgencia en su voz era palpable.

- Por supuesto Gerard – Contesto la chica desconcertada por la actitud de su amigo.

- Nos vemos ahora Candy – Dijeron las chicas al mismo tiempo, caminando para alejarse.

- Por favor acompáñame al despacho - Menciono el joven haciendo un ademan para que ella caminara. Candy asintió en silencio y lo obedeció.

El Alfarero

Todo tu cuerpo tiene
copa o dulzura destinada a mí.

Cuando subo la mano
encuentro en cada sitio una paloma
que me buscaba, como
si te hubieran, amor, hecho de arcilla
para mis propias manos de alfarero.

Tus rodillas, tus senos,
tu cintura
faltan en mí como en el hueco
de una tierra sedienta
de la que desprendieron
una forma,
y juntos
somos completos, como un solo río,
como una sola arena.

Pablo Neruda.

Continuara...