Abrazo fraterno a los países afectados por los desastres naturales, mi corazón y oraciones están con las víctimas del huracán Maria y los sismos que continúan sintiéndose en el país vecino. Pido a Dios que ustedes y sus familias estén a salvo. Oremos por el planeta, no perdamos la fe. #FuerzaMéxico #FuerzaPuertoRico
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 33
Bella
Intento zafarme de su agarre una vez más haciendo que sus brazos se ciñan con intensidad alrededor de mi cintura; sus labios hacen camino del cuello a mi boca, cierro mis párpados dejándome llevar por la sensación. Siento su mano acariciar mi espalda hasta llegar a mi hombro la suave tela resbala por mi piel, ha quitado mi bata.
Abro mis ojos para ver su rostro iluminado por la escasa luz del exterior, su semblante es de un león hambriento, su mirada ahora felina me dice que no soporta más el rechazo.
— Quiero comenzar de cero. —dice, acariciando con la punta de sus dedos mis labios. Los desliza tan lento, que me hace vibrar con su toque—. Déjame explorar tu alma… y quedarme aquí. —susurra, poniendo su mano sobre mi pecho—.
Mi corazón se agita ante su toque.
— Ed... ward... —su dedo se presiona en mi boca.
— Shh... no digas nada. Sólo déjate llevar.
Acaricia mi mano, llevándola a su boca, besando con premura cada centímetro de piel. Mis ojos siguen cada paso, volviendo mi respiración pesada.
Su brazo se engancha de nuevo en mi cintura, me envuelve con presión. Cierro mis ojos cuando sus labios encuentran los míos, su lengua se adentra en mi boca, gimo. Casi no puedo respirar, su beso avasallador me esta dejando sin aliento, mis manos empujan su pecho desnudo, en busca de oxigeno. Él se da cuenta, parece que esta en la misma situación, ambos estamos agitados.
Su frente sudorosa se pega a la mía.
— Esta noche voy hacerte mía —murmura— en cada rincón de la casa.
Vuelve a besarme esta vez con delicadeza, ahora sus dedos se posan en mis hombros tocando mi piel con ansiedad, sostiene entre sus dedos los delgados tirantes de mi camisón, deslizandolos por los lados.
Acuna mis senos por sobre la tela comprobando lo pesados que están, mis pezones se irguen ante sus provocaciones, arrancando un gemido que se amortigua en su boca.
Sus manos dejan de atormentar mis pezones yéndose a los tirantes nuevamente, los rompe. Abro mis párpados, miro el camisón resbalar por mi cuerpo, uniéndose a la bata que yace en el suelo.
— Aquí no... —logro decir cuando su boca se adueña de mi cuello.
Desnuda. En la penumbra. Ventanal.
Mi cerebro no procesa mis pensamientos en orden, solo puedo sentir lo que sus caricias están logrando en mi cuerpo.
Quiero decirle que se detenga, no quiero hacer esto aquí.
Jadeo.
Creo que he perdido mi voz y ahora sólo hago sonidos guturales.
Su lengua se desliza de mi cuello hasta el centro de mis senos, mi vellos se erizan, mi respiración se acelera. Su boca se ciñe en mi montículo, chupando esa parte con verdadera devoción y, yo no recuerdo mi propio nombre.
— Abre las piernas —ordena.
No entiendo, ¿para qué?
Mi cuerpo entero se estremece cuando lo veo arrodillarse ante mi.
No, no, no, no. Él va a hacer, lo que creo, que va a hacer.
Su lengua desciende por mi tórax dejando sus manos en mis pechos, amasandolos por unos segundos más. Eleva su vista, me sonríe travieso antes de meter su cara entre mis piernas, gime fuerte cuando su lengua llega a mi núcleo.
Edward me está... Dios..., si lo está haciendo.
No tengo cabeza para describir la sensación, tan solo tengo la necesidad de mover mis caderas en busca de más fricción mientras mis manos se niegan a soltar su pelo, empujandolo en busca de más de lo que su bendita lengua está provocando.
Mis extremidades se agarrotan cuando un calor se produce en mi vientre, me sostengo de la cabeza de Edward sintiendo mis piernas debilitarse.
— Edward —susurro en medio de mi clímax—, te amo.
No sé en qué momento se incorpora, besa mis labios haciendo que saboree mis propios jugos. Me tumba lento sobre la alfombra, abro mis piernas, acogiendo su peso. Estoy tan subyugada ante las sensaciones, que cuando me penetra no siento dolor como había creído que pasaría, tan solo una pequeña molestia por su intromisión.
Sus acometidas son suaves, y no estoy de acuerdo.
— Más... más fuerte.—ruego.
Sonríe presumido, su pelo está despeinado y algunos más se pegan en su frente por la sudoración. Acuno su rostro acercandolo a mi, lo beso.
Sus embestidas se vuelven fuertes, en cada una, lo siento más profundo... más dentro... más mío.
— Bella, me voy a correr —murmura con voz enroquecida—, te amo.
Muerdo su hombro cuando lo siento vaciarse dentro de mi, haciéndome alcanzar mi propio orgasmo.
Su cuerpo se desploma encima del mio, se queda estático unos segundos antes de salir, dejándome esa sensación de vacío. Se rueda sobre el piso, tirando de mi.
Descanso mi cabeza sobre su pecho sudoroso, sintiendo trazar líneas en mi espalda con la punta de sus dedos.
Uno mis labios a los suyos, mordiendo un poco su carne, él jadea en respuesta a la vez que da una palmada a mi nalga.
Intento levantarme, necesito ver si Erin sigue dormida. Edward vuelve a tirar con fuerza de mi.
— Aún no terminamos —gruñe—, nos falta la cocina, el baño, el pasillo y todo lo que se nos atraviese en el camino a nuestra alcoba.
Niego divertida.
Mas la diversión desaparece cuando me pone en sus brazos, caminando hacia la cocina.
...
Muevo mis caderas al ritmo de mi tarareo, vierto la mezcla sobre la maquina wafflera esparciendo algunas nueces trituradas.
— El olor a waffle es simplemente, ¡delicioso! —dice Ian llegando a la cocina—. ¿Puedo pedir doble ración?
— Claro que sí.
— Despertaste muy feliz. Nunca te había visto tan contenta. —vacila.
Me vuelvo hacia él; para mirarlo comiéndose la fruta del tazón, me sonríe y yo también lo hago.
— ¿Piensas vivir aquí?
Su pregunta me desconcierta. Mi sonrisa se desvanece y él lo nota. Despacio me giro, volviendo mi atención al tazón con mezcla que no dejo de batir.
Se acerca; puedo verlo por el rabillo del ojo que continúa comiendo uvas mientras observa lo que hago.
— Yo… yo no quiero incomodar. —respondo, haciendo un intento porque mi voz se escuche fuerte.
— ¿Cuándo hablas de incomodar, te refieres a tus cantos exorcizados?
Desvío mi vista del waffle recién salido hacía Ian; su pelo desordenado igual que el de su padre, me hace imaginar que así se miraba cuando tenía su edad. Debió ser muy asediado por las chicas pubertas, esto último intento sacarlo de mi cabeza por mi propio bien.
— Hablo de ustedes. No quiero causar ninguna molestia en su casa. —digo.
Chasquea los dientes.
— Me gusta que nos cocines. —revela— También me gusta oírte cantar, aunque lo hagas horrible, nunca alcanzas las notas. —ríe.
Lo fulmino con la mirada y éste se encoge de hombros.
— Tus pasos de baile también son ridículos. Pero eres tú, sin máscaras, sin pretensiones.
— ¡Oye!, no lo hago tan mal.
Rueda los ojos.
— De verdad gracias, Ian. Ustedes se han portado maravillosamente, no sólo con Jasmine, ni conmigo, sino también con Erin. No tienes una idea de lo importante que es para mi, que la quieran a ella.
— No podría no quererla, Erin es adorable. —dice con sus mejillas enrojecidas—. Además, ella es la bebé más hermosa que he visto, me gusta que sea mi hermana. Solo espero que también yo le guste a ella.
— Estoy segura que ustedes serán sus favoritos.
— Yo, más, ¿verdad?
Niego.
— Te ayudaré a poner la mesa. —avisa.
— Bella —me llama, antes de ir al comedor—; me caes bien.
Mi sonrisa se mantuvo la mayor parte del desayuno, por supuesto que para Edward no pasó desapercibido el trato de su hijo hacia mí. No externó su curiosidad tan solo se quedó al margen, observando con cierta emoción nuestras interacciones.
De igual forma el almuerzo y la cena fueron amenas; era divertido convivir con ellos sin sentir miedo a causar alguna incomodidad.
Otra cosa que estaba agregando mayor felicidad eran mis noches; ahora despues de alimentar a mi bebé, Edward se encarga de ella, dejándola dormida en su cuna. Dándome espacio de concentrarme en mis próximas asignaturas.
— Edward... —me quejo.
Él me ignora besando mi hombro, me desconcentro de la pantalla de la tableta, llevo un poco más de media hora intentando estudiar, aunque no he podido avanzar cuando Edward no deja de mordisquear mi piel de una forma apasionada.
— Necesito estudiar —susurro.
— Yo te necesito a ti.
Un sonido bajo sale de mi garganta cuando sus dientes muerden el lobulo de mi oreja. Cierro mis ojos dejándome llevar. La suavidad de las sábanas se sienten en mi espalda cuando me recuesto sobre ellas, acunando el cuerpo de Edward entre mis piernas.
…
— ¡Tía! —chilla Jasmine arrojándose a mis brazos.
La elevo a mi altura, dejando besos cortos en sus mejillas. No la había visto en un día entero y la echaba de menos. Ella correspondió a mis mimos echando sus brazos alrededor de mi cuello.
— ¿Dónde está Erin?
— Ella duerme, cielo. Le di una ducha porque estaba inquieta y se quedó dormidita.
Jasmine frunce el ceño en desapruebo.
La risa de Irina capta mi atención; plantada en la sala de estar con su vestimenta de siempre y melena suelta, ¿melena suelta?, sí ¡al fin! Su cabello largo cae sobre su hombro de forma natural, sonríe nerviosa cuando se percata que la he descubierto mirando con bastante curiosidad por toda la estancia.
— Una pequeña traviesa se puso creativa anoche y corto todas las gomas para mi cabello. —suspira con resignación—. No me quedó más remedio que dejarlo suelto.
Por primera vez no sentí necesidad de reprender a Jasmine por una inocente chiquillada. Muy al contrario unas ganas de besarla y aplaudirle me surgieron. Aunque sabía que debía contenerme, pues a Irina no le causará gracia.
— ¿Jasmine qué hablamos de respetar las cosas ajenas? Eso no se hace, cariño. No puedes usar tijeras si no hay adultos contigo, es peligroso, ¿lo entiendes?
Asiente con su cara enrojecida.
Doy otro beso a su frente dejándola sobre sus pies.
— No seas tan dura con ella. En realidad fue mi culpa por dejar a la vista objetos punzocortantes, unas simples gomas es lo de menos.
— Luces muy bonita. —alago— tienes un cabello hermoso, deberías dejarlo suelto por unos días para que te acostumbres.
— Gracias. —empieza a vagar su vista nuevamente, soltando un suspiro—. Puedes avisarle a James que estamos retrasados, no me gusta llegar tarde a la oficina.
Elevo una ceja al mirarla.
— Anoche me envió un texto; me dijo que él me llevaría a la constructora cuando viniera a dejar a la niña. ¡No me digas que se quedó dormido!
— Desde el sábado en la noche James se fue a su casa y no ha vuelto.
Supe que mis palabras le dolían porque su rostro se volvió triste aunque lo camuflo con una sonrisa forzada.
Sujeto una de sus manos, pidiéndole que se siente.
— ¿Por qué no hablas de lo que sientes por él?
Mi pregunta la hace evadir mi cara.
— No tiene caso. —murmura.
— Irina tienes que hablarlo, debes desahogarte. Te hara bien soltar todos los sentimientos que guardas sobre James.
Su nariz se enrojece a la vez que sus labios tiemblan, se nota que está conteniendo su llanto.
— Pensé que esta vez... no la buscaría más —su voz se quiebra—. Soy una tonta, no debí ilusionarme nunca con un hombre como él.
Doy un apretón a su mano, animando a continuar.
— Desde que inicié con ellos en la constructora, fue imposible no quedarme como tonta mirándole. —sonríe—. En un principio pensé que era una ilusión pasajera, ya que él siempre fue amable conmigo, después cambio su trato convirtiéndome en su confidente y eso me hacía suspirar de emoción porque estaba segura que sentía algo por mi. Con el paso de los años fui viviendo de fantasías creadas por mi loco corazón que se ha empeñado en ver lo que no existe. La realidad me golpeó cuando apareció Tanya... y yo tenía que sonreír ante su enamoramiento, eso hacen las amigas ¿qué no?, en ese tiempo me hizo a un lado por ella. Dejó de frecuentar mi casa, también me hablaba con menos frecuencia, y eso me obligó a olvidarle. Estaba convencida de hacerlo, cuando una mañana me dijo de lo más feliz que iba a casarse, un nuevo golpe bajo. Entonces una vez que la boda no se realizó... Victoria apareció en su vida, ella prácticamente me borró de la vida de él.
Cierra sus ojos mientras sus lágrimas descienden sin cesar.
— Volví a creer que me elegiría a mi. —musita— Debes de pensar que soy una imbécil por amar a un hombre en silencio por diez años, ¿verdad?
— De ninguna manera. Yo veo a una mujer hermosa por dentro y por fuera, que no ha sido valorada como se merece. —guardo silencio, meditando las palabras correctas—. Quizá te parezca un poco raro lo que voy a decirte, pero debes olvidarte de él. Deja que James se encargue de su vida sin necesidad de inmiscuirte, empieza a tratarlo de una forma diferente a como lo has hecho, hazlo entender que no estás a su disposición.
— Eso no ayudará a que deje de amarlo. Un amor de años no se olvida tan fácil, porque esta aquí... —oprime su pecho con su puño— en mi corazón.
¿Qué podría decirle? Irina está desilusionada una vez más por el mismo hombre. Cualquier cosa que intente hacerle ver, por el momento esta descartado.
La abrazo con fuerza, dejándola llorar en mi regazo. Esperando que el llanto se lleve un poco su tristeza. Cepillo su cabello con mis dedos mientras sus lágrimas humedecen mi blusa.
La puerta se abre; dejándose ver un James enfadado, eleva ambas cejas cuando se percata de Irina.
— ¿Qué le pasa?
Irina se incorpora ante la voz de él, limpia sus lágrimas con algo de torpeza y su nerviosismo me dice que tengo que intervenir.
— No creo que te importe. —expreso con desdén. Ahora estoy enfadada con él.
Me ignora y se dirige a ella.
— ¿Podemos irnos? Se me hizo un poco tarde y no quiero soportar la histeria de Edward porque no llega su asistente.
Se pierde por el pasillo antes de escuchar los gritos de Jasmine ante los cariños de su padre. Vuelve aparecer delante de nosotras con su hija en brazos.
— Irina no irá a la oficina —le digo—, no se siente bien.
— ¿Por qué?, ¿estás enferma?, ¿de qué?
Ella boquea ante su rafaga de preguntas.
— ¿Tendrás un bebé? —indaga Jasmine con una sonrisa— Mi tía Bella también se ponía enferma, ¿a qué sí, tía?
— ¿Eh?—responde Irina aún pasmada por la hipótesis de la niña—. ¡No!
La cara de James es de absoluta sorpresa. Puedo reírme de él de buena gana y estoy segura no entendería de que se trata.
— No, no hay ningún bebé, mi amor. —le explico a mi sobrina mientras la quito de los brazos de su padre—. Tan solo no se siente bien, ¿puedes darle muchos besitos?, es la mejor medicina para Irina.
Jasmine baja de mis brazos, yéndose al regazo de Irina repartiendo besos en su cara.
— Deberías irte.
— Qué irritable eres. —me dice— No entiendo cómo hace Irina para soportarte, debe tener ganado el cielo.
— Me imagino que si. Porque tenerte de amigo a ti es para irse directo al infierno, al menos conmigo tienes asegurado un trozo de paraíso.
— No puedo creer que te consideres su amiga, tan solo por unos cuantos meses de convivencia. Ni siquiera tienes una idea de quien es ella.
— ¿Tú, si? No me digas que la conoces lo suficiente para saber todo de ella.
— ¡Irina, vámonos! —chilla lo suficiente alto para ensordecer a cualquiera—.
Cierro mis párpados un par de segundos conteniendo mi rabia. Mis manos se abren y cierran listas para golpear su lindo rostro.
Él sabe lo que estoy tramando, sus ojos ahora miran mis puños con demasiada diversión.
Se entorna hacia la rubia, inclinándose a besar la frente de su hija, lo escucho murmurar e Irina se incorpora colgando su bolso en el hombro.
Es obvio que ella se va a ir con él.
Me recargo en el umbral, cruzo mis brazos sin quitar mi vista de Irina. Ella camina pasando a mi lado, se detiene unos segundos, su gesto de "no puedo ignorarlo" parece estar pintado en su mirada.
Bufo.
— Ah... —James chasquea los dientes— se me olvidaba, en la tarde iremos a comer pizza. No tengo opción que llevarte con nosotros.
No respondo.
Cierro la puerta tras él, conteniendo las ganas de patear su culo.
...
— Anda, será divertido. —Ian tira mi mano, haciéndome trastibillar.
Llevan quince minutos pidiendo que los acompañe a la pizza, no tenía ninguna intención de desairar su invitación, ellos no se merecen esta actitud mía. Sin embargo no tuve otra elección cuando James insinuó que cuidaría de mi como si fuese una cría más. Su comentario rebasó mi paciencia, mi mal humor afloró sin darme opción a considerar el ruego de los chicos.
— Prefiero quedarme a estudiar, mis clases comenzarán muy pronto. —me excuso por enésima vez.
Sus sonrisas se debilitan por unos instantes, recomponiendo sus caras al asegurar que traerán una pizza entera para mi. Después de agradecer su noble gesto, ellos salen llevando a Jasmine de la mano.
— Mi intención no era molestarte. Es decir, me divierte hacerte enfadar porque eres chistosa cuando te enojas. En serio lo eres, mas no he querido hacerte sentir mal. —reflexiona, haciendo un corto silencio.
— Me gustaría hablar contigo sobre Jasmine —dice—, espero que tengas tiempo.
— ¿De qué trata?
— Ya lo sabrás —responde antes de salir detrás de los chicos y su hija.
Mi desánimo cae, mas evito angustiarme.
Tomo a Erin en brazos, sacándola de su silla mecedora. Llevaba una hora en ese lugar, observando atenta la algarabía de todos.
La acuno y ella protesta con sus quejidos. Empiezo a creer que detesta que la arrulle en brazos, por lo regular nunca se queja cuando es Edward quien lo hace.
— Eres una tramposa —le digo cuando la pongo a la altura de mi cara.
Su rostro rosado se enrojece fuertemente, esta a punto de soltar el llanto.
— No señorita, usted se portará bien con mamá y la ayudará a estudiar, ¿estamos?
Ella balbucea deteniendo en su boca diminutas burbujas de saliva, unas cuantas babas caen sobre su vestido amarillo mientras patalea desesperada como si eso le divirtiera porque empieza a esbozar una angelical sonrisa.
Beso el tope de su cabeza impregnado del aroma a bebé.
Ha pasado alrededor de veinte minutos a Erin no parece divertirle que esté estudiando, ha dado manotazos, patadas a la tableta en un par de ocasiones, el chupete tampoco le interesa hasta que el sonido de la puerta la deja quieta.
No podría ser Edward; él tenía una reunión con unos canadienses y me había dicho que llegaría tarde.
Con mi hija en brazos abro la puerta. Hay un gran oso café casi de mi tamaño bajo el umbral.
Sorprendida, doy un paso al frente.
— Hola. —saluda Jared, haciéndose notar.
— ¿Qué haces aquí?
Sin permiso de mi parte carga al oso llevándolo al sofá, curiosea en la estancia algunos segundos, fijando su atención a mi hija que continúa en mis brazos.
— ¡Es hermosa!—se acerca con intención de tomarla en brazos, haciéndome retroceder.
Después de meses sin darme la cara; me enoja que tenga el descaro de presentarse como si nada hubiese pasado, siendo que él había inventado a su madre que Erin era suya.
— He venido a pedirte perdón. Me porté como un cabrón, lo acepto. Aquí me tienes para afrontar las consecuencias.
Su voz fue bajando, empieza a mover su pie en ese tic nervioso que siempre había conocido de él.
Reconozco que Jared suele tentar contra mi buen corazón; por más tonterías que hiciese yo siempre le perdonaba sus boberias, sin embargo esta vez no puede ser igual. Su falta hacia mí me había producido dolor y no me refiero a la bofetada de su madre sino a toparme con la desilusión de una persona que considere un confidente.
— ¿Bella, dime qué piensas?
— No puedes aparecerte así de la nada y pedirme perdón después de tanto tiempo.
— He cambiado, ya no soy igual que antes.
Lo observo de arriba abajo, su vestimenta seguía siendo la misma de un chico moderno; sus tenis, vaqueros ajustados, musculosa, gorra, perforaciones en la ceja. Por fuera se ve completamente igual.
— No me refiero a ese cambio —ríe, adivinando mis pensamientos—. Estoy viviendo solo, me inscribí a la universidad y tengo un empleo.
Elevo mi ceja.
— No es un gran trabajo, pero es fijo y me alcanza para vivir.
— Dame una oportunidad de recuperar tu amistad, ¿qué dices? —extiende su mano hacia mi.
Aceptarlo de nuevo en mi vida, sería aceptar su inmadurez y no estoy convencida de querer lidiar con ello.
Hola! No soy buena con los lemon, lo acepto. Bueno, ¿qué piensan de Irina?, ¿creen que Jared merezca una oportunidad? De una vez les digo que Leah regresa muy fresca en el siguiente capítulo. Agradezco mucho cada comentario que me dejan. También me disculpo por mi pésima ortografía.
Jane2, hola, los chicos ya están encantados con Bella y mucho más con Erin, todo era cuestión de tiempo para que ellos la aceptaran, besos. Vanina Iliana, y si, sí hubo acción, como dices tú, solo era cuestión de tiempo para que los hijos de Edward la quisieran, besos. (Guest), saludos, siento no actualizar pronto. Quiin94, estoy mucho mejor, gracias a ti por leerme, besos. Elizabeth Cullen, estoy ideando un capítulo desde el punto de vista de James, solo que será más adelante, besos. kaja0507, no tengo idea que sucede, quizá debas volver a salvar la alerta, inténtalo. Leah saldrá quizás en el siguiente capítulo, besos. Carol, y no se escapó, haha, pero ella tampoco quería escaparse, ¿no crees?, besos. Jane Bells, la escena del buró fue un momento en lo personal hermoso, captaste que James dijo que Irina le daba miedo, verdad. No sé porque, pero me gusta escribir de James molestando a Bella, me divierte esa parte. Un beso enorme. LittlePieceOfMyMind, te comprendo perfecto, muchas de las veces lees y no tienes tiempo para escribir, a mi me pasa que no tengo tiempo ni para leer actualización, pero cuando lo hago me suelto de lo lindo. Erin también ha robado mi corazón, besos. Diannita Robles, es que le corté porque batallo haciendo lemon, claro, iré poniendo de a poquito de las dos, saludos a tu bello Monterrey. Daniela, Leah no cambiará nunca, es una pena que no quiera ser parte de la vida de sus hijos, veremos que se le ocurre próximamente, besos. Elizabeth Marie Cullen, ya Bella no pudo resistirse a ese hombre, ¿quién lo haría? Y si hablamos de Leah, ella no parece querer cambiar ya que la indiferencia con sus hijos lo deja claro. Con respecto a los chicos, ellos se han ido involucrando más con Bella y convivir tanto con ella y la pequeña Erin, los ha hecho quererla, aunque sea un poco. Y vamos con Jasmine, me alegra que te gusten sus pequeñas intervenciones, es que intento no hacerla un lado por Erin, para no ser cruel. Veremos que le depara el destino a Irina, aún no me decido, besos. Vane, haha, siempre me haces reír, pero tienes mucha razón en lo que escribes, Bella lo trae loquito, besos. sonia sandria, Edward no resistió más y Bella se hacía la interesante, haha, y no, Bella no quiso librarse de él, besos. Techu, tienes toda la razón, cada día que pasa, Bella se gana el cariño de ellos. Veremos si puede ganarse a James, te digo, que esos dos me divierten con sus pleitos, besos. Jimena, es gruñón con ella, pero no es malo. Veremos si pueden llevar la fiesta en paz, besos. Nancygov, todo indica que Bella y los chicos van viento en popa, Leah le tocará rogar por su cariño, se merece llorar por ellos, ¿no crees?, veremos que sigue con James, besos. Rocío, hola, gracias por leer, y si, los chicos cada vezona más se acercan a Bella, besos. chimultrufia69, hola, es una pena que Leah se desquite con sus hijos, pero en fin, ella se lo pierde, porque ahora están más unidos a Bella. Veremos cómo queda lo de James e Irina, besos. Veronica, hola, estuve buscando información y ya no es posible traducir como te había dicho, al menos no de una portátil ni de un ordenador. Antes si se podía porque en la parte de arriba de la página hay una barra/franja en azul dónde viene una letra A que es para cambiar diferentes tipos de fuentes y también había un mundo, bueno, ahí se daba click para cambiar el idioma. Quizá ahora fanfiction lo ha removido porque no me aparece, siento no haberte ayudado, un abrazo, besos. MsMonik, estoy ideando un LeahPOV deja organizarme bien, besos. Jade HSos, ya se, cada vez se unen más, y lo mejor es que todo empieza a tomar su ritmo, besos. Flor Mcarty, hola, lo que pasa es que trabajo y no dispongo de tiempo suficiente, lamento las molestias, besos. monylopez24, la amargura que se carga la desquita con la persona equivocada, pero no es malo, veremos si él le da la oportunidad de tratarse, besos. mrs puff, cuando escribo tu user siempre recuerdo el episodio de sponge Bob sacando la licencia de conducir, haha, tenía que decirte. Me alegro que te guste James, besos. debynoe, exacto, Leah solo le dió hijos a Edward porque él los quería no porque a ella le hicieran falta. Bueno, era lo mas natural, que los chicos se acoplaran a Bella. Veremos que tanto cambia James con Bella, besos. Pera I.t, esa parte es cruel pero Leah no tiene remedio, ese vínculo materno nunca se materializó en ella. Un abrazo fuerte, besos. Yoliki, hola, si, estos chicos andan muy candentes, besos.
GRACIAS TOTALES POR LEER.
