Am I wrong?

La mirada de mi madre sobre mí era, ni más ni menos, que de desdén. Ella pensaba que no tendría valor para dispararle. Cora sabía que yo no era una loca como ella en ese aspecto, si hubiera estado Zel en mi lugar, estoy segura de que temería. Mi hermana en cuestión de tomar decisiones siempre fue algo voluble, imagino que en mi situación, ella dispararía, sin pensarlo dos veces.

Me sentía una inútil en aquel momento, porque hasta yo misma me preguntaba si tendría de verdad el coraje de dispararle a mi propia madre. Pero en ese momento recordé la carta de Emma, y de lo que Dios sabe que le ha podido hacer a mi novia, y un deseo malsano parecía apoderarse de mí.

Las palabras que le había dicho a David sobre hacer lo que precisamente estaba a punto de hacer yo me hacía temer que Emma nunca me perdonara por ello, por no ser diferente a mi madre.

—No seas tonta, Regina. No vas a dispararme. Porque ni haciéndolo vas a poder deshacer lo que le he hecho a tu…¿Cómo se llama eso que decía que tenéis? Ah, tiene que ser novia— soltó una carcajada sarcástica, típica de ella cuando se creía dueña del mundo.

—¿Qué has hecho con Emma?— pregunté sin paciencia.

—¡No tengo tiempo para esto, Regina!— dijo Cora rabiosa —¡Baja eso, haz algo útil al menos una vez en la vida!

Mi sangre hervía de rabia.

Recordaba todos los momentos de rabia que ya ella me había hecho pasar. Toda la humillación por las que nos hacía pasar cuando éramos unas niñas. Si me preguntaran si odiaba a alguien, sería ella quien diría, desde siempre.

El sonido de dos disparos resonó por los pasillos, por el lado por el que David había ido.

Eso me distrajo, haciendo que me descentrara, y mirara hacia esa dirección para encontrar algo.

Cuando me di cuenta, Cora ya estaba encima de mí, intentando a toda costa arrancarme la pistola de mi mano. Luchábamos por el control.

Una de sus manos agarró mi cuello, mientras que con la otra intentaba desarmarme.

Yo agarraba la mano que intentaba ahogarme, para rebajar la fuerza que estaba depositando, sus uñas clavándose en mi piel, sofocándome.

La única manera de agarrar firmemente el revólver fue pasando el dedo por el gatillo, y la acción repercutió en un disparo accidental.

Cora soltó un grito de dolor y cayó al suelo, llevándose las manos a la pierna alcanzada que sangraba abundantemente.

—¡Cora!— escuché a alguien que la llamaba.

Era un hombre alto, de ojos claros y cabello oscuro.

Vi el brillo del objeto en su mano, una pistola apuntada hacia mí.

Yo todavía estaba en shock por lo que había hecho.

La única alternativa que me vino a la mente fue echar a correr.

Se oyó un disparo, pero para mi suerte, él falló.

—¡Déjala, Jones! ¡Tengo que salir de aquí, venga, ayúdame!— escuché la voz de Cora a lo lejos.

No detuve mis pasos.

Seguí en la dirección que David había cogido. Rezaba para que aquellos disparos no le hubieran alcanzado a él, que hubiera sido él el que había disparado, y que estuviera bien.

Al final del pasillo, la única sala con luz llamó mi atención.

Disminuí el ritmo y me preparé para disparar, aunque aún estuviera temblorosa por lo ocurrido minutos atrás.

Para mi gran felicidad, David apareció en la puerta con la misma postura en la que estaba yo. Bajamos las armas aliviados.

Me sorprendí cuando se acercó a mí y me abrazó.

—Me preocupé cuando escuché disparos, Mills— deshizo el abrazo y soltó aire aliviado —Has tenido problemas— afirmó señalando mi cuello.

—Le he disparado a mi madre, David, ha sido un accidente, pero disparé. Entonces el secuaz de ella apareció y disparó en mi dirección, pero falló, y lo único que conseguí hacer fue correr— dije pareciendo una loca y encarando mis manos temblorosas.

David me quitó el revólver, se lo metió en el cinto y agarró mis manos.

—Olvida eso, ¿ok? Emma nos necesita.

Lo seguí cuando caminó hacia la sala iluminada.

Mi corazón se encogió ante aquella escena.

Emma estaba visiblemente debilitada en aquella camilla, con aquella cosa en la cabeza y las amarras que la mantenían atada. Su blanca piel lo estaba aún más de lo normal, su nariz estaba sangrando, y solo me di cuenta de David cuando él la limpió con un pañuelo que había sacado del bolsillo.

—No te preocupes, hermosa— una voz nueva llamó mi atención. El hombre estaba herido y muy bien amarrado en una esquina de la sala —El poli llegó a tiempo para no permitir que termináramos el trabajo. Quizás no acabe babeando por ahí, mal de la cabeza.

Su risa me dio nauseas.

¿Cómo hablaba con tanta tranquilidad de aquel acto cruel y monstruoso?

David voló en su dirección y le dio un puñetazo en la cara, tan fuerte que se desmayó.

Me acerqué a Emma, la libere de las amarras, sentí ganas de llorar al ver su piel marcada, que mostraba cuánto debió haberse resistido.

—¿Qué le han hecho, David?

—En medicina se usa para tratamiento contra las convulsiones, pero por lo que este cabrón me dijo, él mismo alteró el potencial de esta mierda —le dio una patada a la caja de metal que tenía al lado —Dijo que el plan de Cora era convertir a Emma en un vegetal.

Me eché a llorar descontroladamente cuando agarré su mano, estaba tan helada que el sentimiento de culpa me dominó.

—Esto todo es por mi culpa— murmuré —Debía haber encontrado la manera de saber cómo era mi madre. Nunca pensé que fuera capaz de estas cosas. Perdóname, David. Perdóname.

David me miraba con el semblante calmado, pero sin dejar de lado lo preocupado que estaba por la hija.

—Deja eso, Mills. En ese estado no vas a ayudar a nadie. Tienes que mantenerte más fuerte que todos nosotros, y ayudarnos a meter a tu madre en la cárcel. Por Emma— me enjugué las lágrimas y balanceé positivamente la cabeza —Así está mejor. Tenemos que ser fuertes.

Escuchamos varias sirenas afuera.

Y los paramédicos entraron inmediatamente junto con la policía.

Se llevaron al hombre que David había detenido, e inmediatamente después a Emma, que seguía inconsciente.

Me preguntaron si quería que me examinasen las marcas que Cora me había dejado, dije que no con la cabeza.

Escuché a los paramédicos preguntándole a David si quería ir con Emma en la ambulancia, pero él lo rechazó y dijo que iría conmigo en el coche tras ellos.

Todos podían ver que yo no estaba en condiciones de conducir.

Estaba destrozada por Emma.

Y destrozada por no haberla salvado de mi madre.

Nos quedamos esperando en la sala de espera del hospital, hubo un momento en que unos policías llegaron y David fue a hablar con ellos, pero no tardó en regresar.

—¿Avisaste a Mary?— pregunté

—Le pedí a Ruby que la trajera— respondió y tomó aire —Deberías haber dejado que te mirasen el cuello.

—Mira, David, créelo, el estado en que me ha dejado el cuello es lo que menos me importa —de nuevo miré el reloj —¡¿Cielos, cómo pueden tardar tanto?! ¿Alguien podría al menos decirnos cómo está?— pregunté a la recepcionista que hizo una señal con el dedo para que guardara silencio.

Resoplé y me crucé de brazos.

Cuanto más miraba el reloj, más parecía que las horas no pasaban.

—¿Hay alguna noticia de Cora?

—Parecer que la amiga de Emma, Belle, ha entregado algunas grabaciones realizadas por los aparatos que mi hija tenía camuflados. No me han dejado ver, pero me han dicho que es suficiente para que la cara de Cora se convierta en la más buscada del país.

—Traduciendo, aún no ha sido capturada.

Movió la cabeza positivamente.

Por lo menos Belle había conseguido actuar.

Entonces, una enfermera apareció y nos pidió que la acompañásemos al cuarto donde estaba Emma.

El doctor nos esperaba dentro, por su rostro parecía calmado, así que Emma debía estar bien.

—¿Es usted el padre?

—Sí, David Nolan— se saludaron con un breve apretón de manos —Esta es Regina Mills, la novia de mi hija.

Repetimos el saludo.

—Pedí que se realizaran los exámenes pertinentes para poder ver si algo grave le había sucedido a su cerebro. Todas las pruebas no han señalado nada preocupante. Pero debo advertirles que debido a lo que ha sucedido con ella, creo que sí puede que haya pasado algo, pero solo lo sabremos cuando despierte, cosa que no debe tardar.

—¿Qué cree usted que puede suceder, Doctor?—pregunté

Él me estudió con la mirada.

Como si estuviera pensando en las palabras correctas.

Y aquello me revolvió el estómago.

—¿Doctor? Creo que está despertando— David llamó nuestra atención.

Mi corazón disparó al mirarla.

Mi Emma. ¡Estaba despertando!

El médico se acercó, y se quedó a su lado, dejando claro que solo él debía pasar de allí.

La mirada de Emma estaba extraña, pasó por mí, por su padre y recayó sobre el doctor.

—¿Quiénes son ustedes?— preguntó

Mi cuerpo enteró tembló.

¿Era eso lo que le médico quería decir?

—¿Emma?— dijo David tan en shock como yo

—¿Emma?— repitió ella confusa. Intentó salir de la cama, pero el doctor se lo impidió —¿Quién es Emma?

—Srta. Swan, tiene que guardar reposo.

Emma intentó apartar las manos del doctor, pero él fue más rápido, ya tiene que estar acostumbrado a eso.

—¡NO SÉ QUIÉNES SON USTEDES! ¡NO SÉ QUIÉN SOY YO!— gritaba una y otra vez.

Algunos enfermeros entraron en el cuarto y ayudaron al doctor a aplicarle un calmante, que hizo que cayera de nuevo en un sueño.

Salimos del cuarto cuando el doctor nos lo indicó.

Me relajé un poco al ver que David no estaba tan diferente a como lo estaba yo.

Los dos estábamos completamente arrasados.

Sin reacción.

Tomados por la sorpresa.

—Ha sido exactamente eso lo que me esperaba— el doctor llamó nuestra atención —Tendrán que tener toda la paciencia del mundo con ella. Puede ser que recuerde alguna cosa, pero como nos les ha reconocido a ninguno, no se siente en confianza para hablar de ello. Intenten ponerse en su lugar, ver si confiarían en personas extrañas— una pausa —Puede recuperar la memoria mañana, pasado, dentro de una semana, meses o años. O incluso no recuperarla— miró el reloj —Tengo que ir a ver a mis otros pacientes, si necesitan algo, pueden pedir que me llamen.

Asentimos en silencio y lo observamos alejarse.

David intentaba esconderlo, pero no podía evitar que sus ojos se anegasen de lágrimas. Observaba a su hija por el cristal que había en un lateral del cuarto, y movía de un lado a otro la cabeza.

—David, no le cuentes nada de mí— él me miró confuso —Informa a todo el mundo de que no hablen de mí, de lo que teníamos.

—¿Vas a huir cuando más te necesita? ¡Qué decepción, Regina!

Moví la cabeza de un lado a otro, enjugándome las lágrimas que se escapaban.

—No voy a huir, David, voy a protegerla. ¡Mi madre está suelta, y no puedo arriesgar la vida de Emma de nuevo! Emma no sabe ni quién soy, así que eso no va a herirla— su mirada reprobadora estaba puesta en mí y seguía en silencio —Es por su bien.

—Cuando Emma recupere la memoria, nunca te va a perdonar— sus palabras me causaron un enorme estremecimiento —Yo en su lugar, no te perdonaría. El amor lo cura todo, Regina, pero infelizmente parece que solo mi hija era la que lo sentía— desvió su mirada de la mía —Márchate, Regina, escóndete, huye de la lucha, que es lo que mejor sabes hacer. Y no te preocupes, le pediré a Mary y a Ruby que no citen tu nombre— le di la espalda intentando contener el llanto. Pero su voz me detuvo de nuevo —Y por favor, no vengas a ver a mi hija si cambias de idea.

Las lágrimas bañaron mi rostro mientras caminaba lentamente hacia la sala de espera.

Estaba destruida.

Pero estaba haciendo lo correcto, ¿verdad? Era lo mejor para Emma, ¿verdad?