¡Muy buenas!

En este capítulo (¡Endemoniado!, porque me ha costado horrores escribirlo), medio describo una escena entre Loghain y Rowan que David Gaider prefirió no detallar (Muy a mi pesar). Sin embargo, no la describo en profundidad, simplemente doy toques de ella en el escrito.

Asimismo, comentar que este capítulo no me convence mucho y, aunque es largo, tiene muchas partes de transición. Supongo que es error de novata el querer detallar todo tanto… espero que, en la segunda parte de esta turbia historia, esta condición esté menos presente. (¡Prometo intentarlo!)

Espero que os guste (un poquito ¡al menos!).

¡Muchas Gracias! ^^

- P.D: La mayoría de personajes y mundo pertenecen a Bioware. Yo los he tomado prestados para hacer mi propia versión de la historia, añadiendo algún que otro personaje de mi propia invención.


"Anclada"

["Todo había pasado demasiado rápido. El ritual era antiguo, peligroso, pero pensaba que lo tenía todo controlado. Sin embargo, no contó con ella… con Lyna".]


"¡No!"- se levantó de golpe lanzando por los aires la manta que la cubría, proyectándola a unos pocos pasos de la hoguera.

Su corazón golpeaba con fuerza su pecho. Le costó varios parpadeos aclarar su visión borrosa y ajustarse a la claridad de la luz del fuego. Miró a su alrededor, asustada, mientras enfocaba la mirada hacia la figura que la observaba de cerca con detenimiento.

"¿Pesadillas?"- Duncan observó a la joven elfa debatirse aún entre la realidad y los sueños. Sus ojos estaban completamente dilatados, dándole una sensación aún más salvaje y exótica.

Lyna oyó su voz y, automáticamente, se tranquilizó. Se llevó las manos a la cara y se frotó fuertemente las mejillas y los ojos, buscando despejarse del profundo sueño.

"S-sí… algo parecido"- contestó al tiempo que se sentaba y recogía la manta para colocársela sobre su espalda. La madrugada era fresca, y se sentía destemplada.

No recordaba exactamente cómo se había quedado dormida, pero se acordaba absolutamente de todo lo que había soñado. Sintió un escalofrío al recordar la escena que había presenciado en el sueño – Dos cuerpos desnudos balanceándose, rozándose con tal ternura e intención que la hizo estremecer. Él sobre ella, joven y bella, rizos castaños sobre la fría y húmeda roca. Él, fuerte, joven, hermoso. Miraba a su compañera con dulzura, con sentimiento, como nunca la habían mirado a ella. Se sintió incómoda, triste, y no supo por qué. Él la hacía suya, lentamente, mientras la besaba en los labios, el cuello, sus pechos… le susurraba palabras dulces, y ella respondía abriéndose completamente a él como una flor en primavera. Una mancha oscura cerca de su fuerte hombro: "Una flecha sobre un ojo", ¡Dioses! ¡Es él!… ¿Estaría viendo un recuerdo? ¿Una ilusión? Un nombre liberado tímidamente en un susurro. Era el joven amante, que lo rezaba como una plegaria mientras su cuerpo se movía sin descanso, con un ritmo enloquecedor: "Rowan…" Un gemido, luego otros, ambos cuerpos estremeciéndose de placer, los dos jóvenes amantes sin apartar sus miradas el uno del otro. Jamás había presenciado algo así, tan puro, tan lleno de amor, una unión tan perfecta, pero ¿Por qué sentía tristeza? De repente, sintió una mano en su hombro, y dos ojos azules intensos la miraban con estupefacción, "¿Lyna?" su nombre dicho con esa voz que la agitaba desde dentro, desde lo más profundo de su alma y cuya sensación no podía controlar. Ella quiso gritar, pero una oscuridad la invadió súbitamente dejándola completamente sola y vacía, levitando en la nada. Una luz azul surgió en el fondo. Ella caminó para encontrarse con ella, pero sus pies no avanzaban. Un instante después, como salidas de la nada, grandes y ardientes llamas comenzaron a brotar del suelo, gritos de batalla, acero contra acero, y monstruos por doquier, arrastrando cuerpos, reventando vidas. Una armadura brillante, dorada, cubierta de sangre. Al lado, el cuerpo sin vida de un hombre de tez oscura y barba "Duncan". – Ahí fue cuando Lyna se despertó. Había sido muy intenso y, de alguna forma, sentía que ese sueño revelaba más información de la que ella era capaz de interpretar. ¿Por qué habría soñado con él de nuevo? ¿Era acaso un sueño compartido o fruto de su imaginación? No lo sabía pero, fuera lo que fuera, no era buena señal, como tampoco lo era ver el cuerpo sin vida del shemlen que la acompañaba. Le costaba despejar su mente de esas escenas y el fuego de la hoguera sólo acentuaba su intranquilidad. Había visto una batalla, dos cuerpos ¿Qué sucedía? Se estremeció.

Duncan observó a la elfa dejar la vista perdida en la hoguera. Intentaba intuir sus pensamientos ¿Estaría pensando en lo que había sucedido horas antes con él? Parecía alterada por algo y temía preguntar, pero aun así, lo hizo – "¿Estás… bien? Te noto… pensativa"- tragó saliva intentando controlar su incomodidad. Algo importante había pasado entre ellos y él no quería estropearlo más.

Lyna levantó la mirada y sonrió débilmente – "Sí. Estoy bien. Estaba pensando en…"- Duncan tragó saliva de nuevo, intentando controlar el nudo que se le estaba formando en la garganta – "en lo que haremos cuando lleguemos al clan"- mintió Lyna mientras desviaba la mirada a sus pies.

Duncan frunció el ceño. Esa respuesta no era la que se esperaba. – "¿Cuándo lleguemos al clan? ¿No estabas pensando en… en… lo de antes?"- tuvo que preguntar. La mirada de la elfa era demasiado inescrutable, demasiado opaca y, si iban a viajar juntos, necesitaba aclarar todo cuanto antes. Una misión de vital importancia les esperaba y él no podía –no debía- distraerse con malentendidos.

Ella le miró confundida mientras se mordía el labio pensativa – "¿Lo de antes?... te refieres a…"

"S-sí…. Sí… es… es que… creo que te debo una disculpa"- se apresuró a decir Duncan, mientras se pasaba una mano por su cabello, quitando un pequeño mechón que le caía sobre los ojos. Sentía sus piernas temblar ligeramente, parecía un adolescente, pero es que nunca antes, en un presente cercano al menos, había llegado a sentir tal vergüenza e incomodidad por sus impulsivos actos. Había cedido a sus impulsos sin medir las posibles consecuencias. ¡Por el Hacedor! Ella era casi una niña y él… - no quiso seguir por esa línea de pensamiento.

Lyna sonrió - "Pues sí, yo también lo creo. Aunque… quizá yo te deba una disculpa a ti también, shem" - se frotó los brazos con las manos y le miró tímida.

"No, no. Ha sido… inapropiado por mi parte"- tragó saliva de nuevo, buscando el valor para disculparse con propiedad.

"Bueno, seamos justos. Por la mía también… no quería ponerte en esa situación"- Lyna le observaba algo confundida. El shemlen parecía más nervioso de lo que esperaba, y no creía que fuera para tanto.

"No es tu culpa, Lyna. Yo… debí parar, detenerte. No debí devolverte ese beso, ni… acariciarte de esa manera. Ha sido un momento de debilidad y yo sabía que tú no te encontrabas bien… Te pido disculpas por todo. No volverá a ocurrir."- Duncan se movió intranquilo en el suelo, mientras miraba a Lyna con incomodidad. Aunque le había pedido perdón, él la seguía deseando, su cuerpo la deseaba como hace tiempo no deseaba a nadie. Cogió una ramita del suelo y la partió, buscando distraerse con algo mientras Lyna asimilaba su disculpa.

Al principio Lyna no se movió ni articuló palabra. Parpadeó varias veces en dirección al shemlen hasta que abrió los ojos como platos cayendo en la cuenta de sus palabras. Una sacudida eléctrica atravesó su cuerpo, y comenzó a tartamudear – "¿Q-qué… q-qué?"- intentó levantarse del suelo, pero sus piernas seguían entumecidas, aunque menos doloridas. Las palabras del shemlen la habían llenado el corazón de temor, pues no se acordaba de que hubiera sucedido tal cosa. Su mente comenzó a dar vueltas, a reconstruir la forma en la que se había quedado dormida y, de repente – "¡Oh Dioses!"- como si le hubieran echado encima un gran cubo de agua fría, Lyna sintió que su alma se caía al suelo de la conmoción al recordar pequeñas partes de lo que, horas antes, sucedía entre ellos - Unos ojos oscuros intensos, el sabor de sus labios, de su lengua, sus manos en sus piernas, la pasión con la que la devoraba y el deseo con el que ella respondía, totalmente ajena a su control, totalmente entregada, deseando más de él, más de lo que este humano le obsequiaba tan solícitamente.

"¡Por Mythal!"- el impacto fue tal que, sin pensar en sus heridas, se levantó de un salto y casi se cae de nuevo al suelo aunque, esta vez, logró mantenerse en pie mientras miraba al Guarda horrorizada – "Pero… pero… ¿en qué estabas pensando? ¡Debiste detenerme!"- Lyna se llevó las manos a la cabeza y gruñó – "¡Es tu culpa! Claro que es tu culpa"- repitió histérica mientras se alejaba de él unos pasos, completamente avergonzada de lo que había sucedido. No recordaba todo, pero recordaba lo suficiente como para sentir vergüenza de sí misma, por su excesiva promiscuidad y falta de consciencia, por recordar cuán entregada estaba a un absoluto desconocido -Que, además, ¡Era humano!- Era demasiado que digerir.

Duncan la miró con asombro. No entendía su reacción, ¿acaso ella no se refería a eso cuando le preguntó por sus pensamientos? - ¡Maldición!- cayó en la cuenta finalmente, y, antes de que la elfa se alejara más de la seguridad del campamento, él se levantó y se acercó hasta ella.

"Lyna… Lo… lo siento… yo"- dijo con voz entrecortada. No sabía cómo actuar ante su reacción. La joven parecía asqueada, incluso horrorizada y eso le hundió más en su vergüenza.

En un momento normal, él jamás hubiera cedido a sus impulsos; siempre llevaba la pose de Guarda Comandante bien ajustada a su rutina diaria, ocultando sus deseos, necesidades o sentimientos. Pero su cuerpo moría ahora con más rapidez que antes, y no podía controlarlo. Este desliz no era más que un cruel recordatorio de su propio y patético fin.

"¡No lo sientes! Si lo sintieras, ¡hubieras evitado que hiciera una tontería así!"- Lyna se dio la vuelta y se acercó a él, mirándole con rabia. Sentía su cuerpo arder de ira por lo que había ocurrido, y su vergüenza iba creciendo con cada recuerdo que iba reviviendo. Ella sabía que la culpa no era totalmente del shemlen, sino de su propia y conflictiva debilidad y de su nuevo fuego que apenas podía controlar desde que se hizo presente en su vida. La falta de dominio sobre ella misma la llenaba de impotencia y rabia. Una rabia que pocas veces había sentido, y le costaba controlarse. Sentía que el despertar de su auténtica naturaleza estaba siendo demasiado violento, súbito, incontrolable y no podía hacer nada al respecto. Era extenuante.

Duncan la observó, intentando ofrecerle sus disculpas, pero la joven elfa parecía más molesta que antes - "No ha sido mi intención que recordases algo tan… desagradable para ti, Lyna. Debí darme cuenta de que no te acordabas"- dijo intentando ser condescendiente – "Suele ser un efecto secundario del ungüento que te apliqué. Debí intuirlo y callarme…"- miró hacia el suelo.

Había sido torpe, poco astuto, y ahora estaba pagando la ira y asco de la elfa que sería su acompañante en esta endemoniada Ruina. Sin embargo, no pensaba justificarse más; ya la ofensa estaba hecha, no tenía sentido dilatarse con explicaciones. Además, ella tampoco era inocente pues llevaba tentándole desde que le conoció. Recordó el momento en el callejón, en el muelle, en la celda, en su habitación… todo había sido muy intenso con Lyna y eso, mezclado con aquel cuerpo de infarto, aquellos ojos penetrantes y con la corrupción que corría por su sangre, habían sido catalizadores suficientes para una reacción tan impulsiva e irreflexiva por su parte. Lo lamentaba, profundamente, pero no más que lamentaba no haber llegado a más con ella. Esta idea le avergonzó pero era su cuerpo quien hablaba, y no podía hacer más de lo que ya hacía para controlarlo, sin embargo, ¡Cuánto deseaba sucumbir a sus impulsos!- Exhaló aire y levantó la mirada para observar a la elfa.

Lyna gruñó de nuevo – "Dioses… ¡Es horrible!"- se tapó la cara con las manos y luego levantó la mirada observándole directamente a los ojos, mientras se acercaba y le decía en tono amenazante – "¿Qué más pasó, shem? Cuéntamelo todo… ¡la verdad!" – levantó un dedo hacia la cara de Duncan y éste la observó con el ceño fruncido.

"No pasó nada más, Lyna. Sólo nos… besamos y…"-

"¿Y qué…? ¡¿Qué más?!"- estaba nerviosa. No sentía su cuerpo más herido que antes y su armadura estaba donde siempre había estado, así que esperaba que su intuición estuviera en lo cierto. La idea de equivocarse la aterrorizaba; acostarse con un shem no era algo que hubiera deseado ahora mismo, por muy atraída que se sintiera. Aunque, al decir verdad, la idea no le resultaba desagradable sino, más bien, atractiva y peligrosa, cosa que la excitaba sin saber exactamente el porqué. A pesar de lo incómodo de sus pensamientos, no apartó la mirada del shemlen que la observaba ahora con aire indiferente.

"Y te acaricié. Nada más"- concluyó el shemlen. Su pose había cambiado. Antes era penitente, incluso suplicante, ahora parecía que había vuelto a su postura seria y formal de Guarda, su postura de experiencia y cordura, la postura que ella conocía de él y que la tranquilizaba.

Lyna le observó con los ojos entrecerrados, reviviendo todo lo sucedido y comprobando, finalmente, que el guarda hablaba con la verdad. Se relajó notablemente y ofreció convencida– "Te… te creo, shem."- Bajó el dedo de la cara de Duncan y, después de unos breves instantes de escrutar su rostro y recordar algunos de esos intensos momentos con él, sonrió con picardía – "Por cierto… ¡de nada!" – dijo Lyna mientras le miraba burlona y caminaba de nuevo hasta su sitio, dejándole de pie, atónito, mirando a la nada.

Duncan no daba crédito a lo que había oído. – "De… ¿nada?"- se giró y fue hasta ella, intentando comprender la parte de conversación que parecía haberse perdido.

"Sip…"- Lyna se acurrucó de nuevo en su manta, y se recostó de lado, sin ocultar su socarrona sonrisa.

"Me temo que tendrás que explicarte pues no recuerdo haberte agradecido nada, que yo sepa"- Duncan se sentó en su sitio y la observó con interés, buscando comprenderla.

"No hace falta que lo digas con palabras. Tu… cuerpo habló por sí solo"- Lyna levantó la miraba y le observó. La cara del guarda se tornó roja, y su mirada se desvió al suelo mientras abría y cerraba la boca buscando responder, sin mucho éxito.

Pero, antes de que él lograse decir algo, ella continuó – "Oh sí… ahora recuerdo…"- Lyna se sentó de nuevo, y dirigió su intensa mirada a los ojos del shemlen que la miraban ahora con inseguridad y desconfianza – "Tu barba me hacía cosquillas"- se rio.

Duncan no sabía dónde meterse. ¿Cómo era posible que la elfa pasara del enfado a la burla tan rápido? Iba a ser un viaje largo, pensó, mientras intentaba ocultar su creciente incomodidad.

"No sólo tu barba me hacía cosquillas. Tus dedos me hacían sentir cosas que-"-

"Basta. No creo que sea conveniente mencionar nada más"- ver a Lyna relatar lo sucedido, no hacía más que avergonzarle hasta límites insospechados. Su nerviosismo estaba haciendo mella en su paciencia, pero eso pareció divertir más a la joven elfa que vio, en ese momento, una buena oportunidad para acercarse y seguir jugando con él, como cuando el gato juega con el ratón antes de comérselo. Aunque en este caso, él tenía serias dudas de quién sería el felino y quién el alimento.

Lyna se levantó de su sitio y se sentó al lado del Guarda. Colocó una mano en la pierna del shemlen y, con la otra, comenzó a acariciar, seductoramente, las líneas decorativas de su armadura, al tiempo que se acercó a su oído y le susurró – "¿Acaso el guarda tiene miedo de acabar lo que empezó?"

Duncan se tensó. No era un simple juego, ni burla, era un reto; y eso no podía permitirlo. Volteó su cara y sorprendió a la elfa con la cercanía de sus rostros – "No era yo quien se sentía horrorizado por lo sucedido. De hecho, yo estaba muy complacido"- confesó.

Lyna dudó un instante si contestar, pero el humano parecía muy contenido y eso la divertía; quería probar su control estando ella serena y lúcida, aunque sospechaba que al shemlen no le hacía ni pizca de gracia, avivando así sus ganas de jugar con él como solía hacer con Fenarel, y con quien hiciera falta, para comprobar sus absurdas teorías sobre la manipulación – "Bueno… eso fue hasta que recordé cómo me hiciste sentir de verdad."- levantó su rostro un poco más hacia la cara del hombre – "Quizás ahora busque más… "- ronroneó. Lyna se acercó un poco más hacia la cara del guarda que la observaba casi impasible, aunque notó la tensión en su semblante al ver una fina gota de sudor caer por las tostadas sienes del shemlen.

Él observó las palabras salir de aquellos labios tentadores y su corazón respondió por él en un frenético ritmo ensordecedor. Su cuerpo volvía a arder y la sangre comenzaba a reclamar lo que habían dejado a medias. Ya cansado de los evidentes juegos de esta joven y buscando acabar con esta farsa, se abalanzó sobre ella y la sujetó por ambas manos, al tiempo que colocaba su cuerpo sobre el de la joven, logrando inmovilizarla al segundo.

Un gemido de sorpresa salió de la garganta de la elfa y él sonrió con malicia – "¿De verdad quieres sentir más, Lyna? ¿Estás dispuesta a conocer lo que es estar con un humano? Quizá sea demasiado para una delicada elfa de bosque como tú…"- le ronroneó al oído y aprovechó para morder suavemente el lóbulo de su delicada y pálida oreja, sacando de Lyna otro gemido involuntario. No era la primera vez que estaba con una elfa, así que sabía cuáles eran sus puntos débiles, sus lugares de máxima sensibilidad y las orejas eran, por excelencia, una de las partes más sensibles que poseían.

"¿Q-qué estás haciendo? ¡Suéltame!"- Lyna reaccionó sin meditar el ataque. Sentir al hombre tan dispuesto a cumplir sus amenazas, hizo que un temor irracional cruzase instintivamente su mente. Su cuerpo comenzó a temblar con la inminente expectativa de un acto que parecía prometer momentos tan salvajes que apenas era capaz de concebir. Se estremeció y no sabía si de miedo o de ganas, pero fue demasiado que soportar. Sin embargo, no esperaba una reacción tan brusca y visceral de alguien que parecía llevar el control sobre sí mismo hasta niveles dolorosos. Pero ahí estaba ella: debajo de un shemlen que amenazaba con cumplir sus temores –o pasiones- No sabía decir cuál.

Duncan chasqueó la lengua al tiempo que sacudía la cabeza simulando decepción - "Me decepcionas. Veo que lo único que haces es jugar, Lyna. Espero que, al menos, hagas más de lo que digas en otros… menesteres"- se apartó de ella y le sonrió de nuevo. Se ajustó su cabello de nuevo en una fuerte cola de caballo, y se apartó un poco de la elfa que aún se hallaba en el suelo, temblorosa, y respirando con dificultad.

La joven gruñó de impotencia, pero él no hizo caso; simplemente se recostó de nuevo en su cama improvisada – "Cambio de guardia, niña. Vigilas tú. Necesito dormir"- se tapó con la manta, aún sonriendo, y concluyó en tono de burla – "Espero que esto sepas cómo hacerlo." – y cerró los ojos, acurrucándose con las manos a modo de almohada detrás de su cabeza.

Lyna no podía creer lo que estaba oyendo y presenciando. ¡Maldito seas!- "¡Fen'harel ma halam, shem!"- gruñó entre dientes, al tiempo que se daba la vuelta para incorporarse.

"Te he oído… aunque no sé qué significa. Por si acaso, te deseo lo mismo a ti"- dijo el humano sin inmutarse.

Lyna se levantó de golpe, dando algunos tumbos antes de estabilizarse, hasta que se sentó en su manta y observó, rabiosa, al humano dormir. Había buscado llevar al límite al Guarda, probar su resistencia a sus manipulaciones, encontrar su punto débil para usarlo en su contra en caso necesario, pero él había contraatacado con más experiencia e ingenio, sorprendiéndola y dejándola completamente vulnerable. Era una batalla perdida, pero la guerra aún quedaba por librarse. Se vengaría. ¡Oh ya lo creo que sí!- pensó mientras se tapaba de nuevo con la manta y sonreía con la idea de verle completamente expuesto. Quizá tardaría, pero nadie jugaba así con ella y se salía con la suya. Después de todo, ella nunca se retiraba, nunca perdía ¿verdad?


Fenarel no pudo contener las lágrimas. Pensaba que la idea de tener a Lyna a merced de humanos crueles era lo peor, pero se equivocaba. Su amigo, su querido amigo del alma, se moría y nadie podía hacer nada.

La Custodia le consoló y ofreció hacer lo posible por ayudar a Lyna pero primero tendrían que cuidar de Tamlen, al menos hasta que los Dioses intercedieran salvándole, o hasta que su espíritu decidiera partir con sus antepasados. Él deseaba con todas sus fuerzas que sucediera lo primero, pero no estaba en sus manos inclinar la balanza a favor de una de las opciones… o eso pensaba.

Salió de la carreta sin mirar a su alrededor, mientras sus ojos se desbordaban con lágrimas. Por el camino, mientras se tambaleaba por la debilidad y el peso de la situación, se tropezó, sin querer, con el maestro Ilen – "¡Maestro! Lo… lo siento"- se detuvo y le observó de frente. Parecía bastante preocupado y molesto.

"Da'len… ¿Dónde está Lyna?"- su tono más serio de lo habitual, cosa que ya era bastante notable.

Le observó un instante hasta que bajó la mirada, avergonzado - "Ma-maestro… Lyna…. Ella… ella está"- ahogó un gemido y se llevó las manos a la boca para controlar su reacción antes de que se echase a llorar como un niño de nuevo.

"Da'len… tranquilo. Respira"- Ilen intentaba disimular su inquietud ayudando al joven a tranquilizarse, pero Fenarel lo notó enseguida y le miró a los ojos, sin ocultar sus lágrimas – "Lo siento… lo siento mucho"- se llevó las manos a la cara y comenzó a llorar desconsoladamente.

Ilen no sabía qué hacer. Ver al joven tan alterado y triste, le hacía temer lo peor – "¿Qué es lo que sientes? ¡Por Mythal! Dime, Fenarel, ¿Lyna está bien? ¿Por qué no está contigo? ¿Qué ha sucedido, ¡demonios!?"- sentía un nudo en la garganta. Su pupila, la niña que vio crecer y que sentía como hija suya, estaba en problemas; lo sabía sin necesidad de que el muchacho dijera nada, pero por su reacción, parecía que era más grave de lo que esperaba.

Unos breves instantes después, Fenarel logró controlarse. Levantó la mirada de nuevo, se secó las lágrimas de los ojos y ofreció con voz temblorosa– "Hahren… ella… la han encarcelado en Gwaren. Está presa en una cárcel shemlen"- cerró los ojos para evitar derrumbarse otra vez.

Ilen abrió los ojos en sorpresa y sintió un violento torrente de miedo recorrer cada parte de su cuerpo, contagiando su corazón con un temor que le era prácticamente desconocido. Esa situación era casi una sentencia de muerte para un elfo y, para Lyna, era mucho peor. Una joven elfa, inexperta y propensa a la soberbia e imprudencia, era carne de cadáver torturado. No pudo contener más sus nervios y se apresuró a preguntar casi en un grito – "¿Cómo? ¿Qué demonios ha pasado para que sucediera tal cosa? ¡Explícate, muchacho!"- dijo, zarandeando al elfo.

"Dejadle ir, maestro. Ya está sufriendo suficiente"- una voz femenina se acercó a ellos.

Marethari colocaba una mano sobre el hombro de Fenarel y el joven se sobresaltó ligeramente. La miró un instante y asintió – "No os preocupéis, Custodia… yo… sólo necesito tiempo… voy a ver a Tamlen"- y diciendo esto, se alejó de ellos, dirección a la tienda donde se hallaba su joven amigo.

Ilen miró con el ceño fruncido a la Custodia e interrumpió- "Custodia, necesito respuestas ya."- su voz se entrecortó por el esfuerzo de controlar sus nervios, mientras un cúmulo de sensaciones en su garganta y estómago amenazaban con desbordarse de un momento a otro.

Marethari se le quedó un rato observando hasta que ofreció suavemente – "Al parecer, tu aprendiz ha sido acusada de asesinato y… la han capturado. Se encuentra en la cárcel de Gwaren y pronto dictarán sentencia si no nos damos prisa"

Ilen no podía creer lo que había sucedido – "¿Asesinato?"- dijo enfadado – "¡Eso es estúpido!"- se giró y se llevó una mano a la barbilla – "Sería en defensa propia… ella no va asesinado por ahí sin más… ella no es así, Mimi, y tú lo sabes"- se acercó a Marethari y ella se tensó con la cercanía y con el inesperado sobrenombre.

Él levantó una mano y la colocó en su hombro – "Por favor, Custodia… Debo irme… debo ayudarla"- la miró suplicante, esperando una confirmación.

Marethari le observó con tristeza – "Ilen… no sería prudente en la situación actual. Te necesitamos aquí…"- susurró al tiempo que le colocaba una mano sobre la que él tenía alojada en su hombro.

Él se tensó con el contacto, pero frunció el ceño ante su respuesta. No comprendía su negativa y contestó con rabia – "Iré, aunque me cueste mi sitio en este clan, Marethari. Ella me necesita y ni tú ni nadie impediréis que dé mi vida si es necesario… ella merece una oportunidad"- se le formó un nudo en la garganta y cerró los ojos para evitar sonar más débil de lo que se sentía.

La Custodia, al ver su reacción, intercedió rápidamente – "Pero Ilen… ¿Qué puedes hacer tú solo entre tantos humanos? Eres un elfo, ¡Por los Dioses!"- se acercó un poco más a él.

"Todavía los Elfos Nocturnos significan algo para algunos, Custodia… no os olvidéis de quién he sido."- No era una persona orgullosa ni vanidosa, pero la poca fe que parecía destilar la Custodia en él, le ofendió.

"N-no quería ofenderte, Ilen… sólo temo por ti…"- levantó una mano para acariciarle, pero se contuvo – "Y… tenemos a Tamlen así. Será necesario organizar más batidas para buscar recursos o incluso ayuda de otros clanes si es preciso"

"En eso, Custodia, quizá pueda ayudaros"- Zathrian se acercaba hacia ellos lentamente, seguido por una intranquila Merrill.

"Custodio Zathrian. Fenarel me ha informado de vuestra… oportuna llegada"- Marethari se giró para verle a los ojos con cierto recelo. Le conocía y no se fiaba de él, pero decidió no hacer juicios de valor antes de tiempo.

"¿Qué queréis? No es muy habitual que un Custodio de otro clan aparezca sin más a ofrecernos su ayuda"- Ilen se colocó a la altura de Marethari y miró a Zathrian con desconfianza. No le gustaban los extraños y menos si estos eran magos que habían buscado el aislamiento, desconectándose del Pueblo por voluntad propia.

"Comprendo vuestra desconfianza, pero Fenarel es quién me ha pedido ayuda"- ofreció con voz serena.

"¿Cómo ha sido posible? ¿Acaso se encontró con vos en mitad del bosque?"- ironizó Ilen mientras se volteaba a ver a Marethari.

"Maestro Ilen, luego os lo explicaré"- dijo la Custodia mientras le observaba – "Ahora, Custodio Zathrian, ¿A qué os referíais con ofrecernos vuestra ayuda?"

"Oh Custodia… ¡Hay esperanza! El Custodio Zathrian me ha dicho que puede haber una oportunidad para Tamlen, ¿No es increíble?"- Merrill interrumpió con emoción en su voz.

La Custodia se quedó observando a su Primera con cierta molestia y le ordenó con tono severo – "Merrill, por favor, déjanos solos un momento. Te avisaré si es necesaria tu ayuda"

"Pero Custodia, yo quiero-"

"Ahora, Merrill. Ve a ver a Tamlen. Fenarel está con él"- la Custodia no quería que la joven oyera nada de lo que Zathrian tuviera que decir, pues no quería darle falsas esperanzas. Después de todo, ella había hecho todo lo posible por salvarle y nada había mejorado.

Cuando finalmente Merrill se hubo marchado, no sin antes replicar un par de veces más, Marethari continuó – "Bien, Custodio. ¿Cuál es vuestra propuesta?"

"Sé qué mal es el que ha entrado en el cuerpo de vuestro cazador. Y sé cómo ayudarle... temporalmente al menos"- sentenció. Su voz tenue, formal, incluso indiferente, pero en realidad se sentía nervioso. Sabía que la ayuda que ofrecía era temporal y no quería parecer demasiado pretencioso ni esperanzador.

Marethari le miró con asombro – "Hablad. No quisiera perder más tiempo".

Zathrian les contó con lujo de detalles todo lo que conocía sobre este mal. Había leído sobre él y ofreció una explicación más reciente de lo que ocurría. Adicionalmente a esto, habló de los Eluvians y de su importancia para el Pueblo.

"Entonces es lo que me temía. Esto es… esto puede ser la causa de que el bosque esté tan distinto, tan violento."- Marethari se giró y comenzó a caminar de un lado a otro, pensativa. La carta que había enviado a Weisshaupt aún no había recibido respuesta pero sospechaba que ellos sabrían aclarar parte de lo que el bosque intentaba decirle.

"Y este… mal es algo que Fenarel también ha oído en la ciudad, ¿correcto?"- continuó la Custodia.

Zathrian asintió y ofreció – "Intuyo que el mal que posee el espejo es el mismo mal que corrompe la tierra de Ferelden, sí. Todo parece estar conectado."

"Si esto es cierto, tenemos un gran problema"- Ilen se sentía perdido. Saber que Lyna estaba en peligro y que todo el clan, a su vez, podía sucumbir a un mal similar al de Tamlen, le hizo revivir momentos de su pasado que preferiría no haber recordado. Se estremeció al pensar lo que podría suceder si sus temores se hicieran realidad.

"Es por ello que necesitamos actuar cuanto antes. Esto nos dará tiempo para buscar ayuda. Aunque puede que la ayuda tarde en venir"- Zathrian sabía que actuaban a contrarreloj. Así que no esperó más.

"Si me lo permitís, necesito adquirir ciertas cosas"- Zathrian se acercó a Marethari y colocó una mano sobre su hombro – "Después de ayudar a Tamlen, Lyna nos espera, Custodia. Cuanto antes actuemos, menos sufrirán ambos y, aunque el joven cazador parece ser de gran valía para vuestro clan, sospecho que ya sabréis que Lyna es importante… para todos." –

La mirada intensa del Custodio hizo estremecer a Marethari que terminó asintiendo por impulso. Él tenía razón. Su expresión era reveladora; él parecía saber lo que Lyna guardaba en su interior tanto o más que ella, y eso no hizo más que acentuar su incomodidad. Pero ella sabía que Lyna no aguantaría mucho más en una cárcel shemlen y Tamlen estaba cada vez más débil. Así que debían hacer algo cuanto antes.

"Está bien, Custodio Zathrian. Pedid lo que sea. Tamlen y Lyna nos esperan"-

Zathrian asintió y continuó –"Necesitaría todo vuestro maná y el de vuestra Primera. Si hay alguien más con habilidades mágicas entre vosotros, que se reúna en vuestro aravel. Debemos preparar las cosas. Necesitaremos que algunos de vuestros exploradores busquen ciertos ingredientes también. Al alba comenzaremos con el ritual"- diciendo esto, se alejó y se dirigió hasta el aravel de la Custodia. Ella le vio entrar lentamente y frunció el ceño ante la expectativa de lo que estaba por venir.

"¿Confías en él?"- Ilen se volteó a ver a Marethari, y observó su expresión tornarse oscura.

"Tamlen casi muere esta noche. No tenemos otra opción, llen"- se giró para verle a los ojos.

"¿Por qué ha hablado de Lyna así? ¿Qué es lo que ocurre con ella?"- preguntó Ilen con desconfianza.

Marethari suspiró y cerró los ojos un breve instante – "Todo a su tiempo, lethallin. Por ahora, mandad a mi aravel a dos exploradores cuanto antes y buscad a Merrill por favor, la necesito."

Ilen la miró con recelo, pero asintió finalmente y se dispuso a alejarse.

Antes de que iniciase la marcha, Marethari se acercó un poco más a Ilen y aprovechó para decir suavemente – "Nuestra Lyna estará bien, Ilen… ella es la más fuerte de todos nosotros… más de lo que creemos" – le acarició el hombro para reforzar sus palabras.

Ilen sintió sus ojos llenarse de lágrimas, pero tragó fuerte para evitar liberarlas delante de Marethari. Las palabras salían de su boca con tanta confianza, que sintió paz al escucharlas – "Ma serannas, lethallan…"- la observó con detenimiento. Sus ojos deteniéndose más tiempo del prudente en esos labios que tantos recuerdos le ofrecían, pero parpadeó para apartar esas memorias de su mente, mientras contestaba – "Tendréis a vuestros exploradores enseguida."- ofreció en una media sonrisa.

Ella asintió y le devolvió la sonrisa – "Ma serannas, Ilen…"- cruzaron miradas por unos breves segundos más, hasta que la Custodia se dio la vuelta y puso rumbo a su aravel. Quedaba poco tiempo para el alba y debían prepararse para lo que sucediera.

… … … … … …

"¡Fen! ¡Oh, Fen!"- Merrill entró corriendo a la tienda y abrazó fuertemente a Fenarel que se hallaba observando a su amigo, entre lágrimas.

Él no contestó. Sólo la abrazó de vuelta, aunque no le dirigió la mirada. Su corazón estaba tan sumido en la tristeza, que no se dio cuenta cuando la elfa le besó en los labios.

"¿Fen? ¿Estás bien?"- preguntó débilmente la joven.

Fenarel observó unos instantes más a su amigo y luego desvió la mirada hacia su amiga – "Mi mundo, Merrill… mi mundo se desmorona"- bajó la mirada.

Merrill levantó la mano y acarició su mejilla – "No, lethallin… ¡Hay esperanza!"- sonrió mientras que le levantaba la barbilla para mirarle bien.

Él la observó con incredulidad – "¿Esperanza? Tamlen se está muriendo y Lyna…."- volvió a bajar la mirada.

"¿Lyna? Es verdad… ¿Dónde está?"- Merrill le observaba confusa. Lyna había partido con él y ahora no estaba cerca. Temía que algo malo hubiera sucedido también con ella.

Fenarel apartó la mirada hacia un lado y contestó en un hilo de voz- "La tienen encarcelada en Gwaren, acusada de asesinato… He venido aquí para buscar ayuda pero…"- su voz se entrecortó y se apartó de ella. Dio unos pasos hasta su amigo que se hallaba tumbado, sudoroso y febril. Se sentó cerca de él y le sujetó una mano – "Tamlen… ojalá fuera yo el que estuviera ahí y no tú…"- levantó la mano de su amigo y la acercó hasta su frente. No pudo soportar las oleadas de tristeza que le inundaron de repente y comenzó a sollozar. Su cuerpo temblaba; temblaba de impotencia, de dolor, de desesperanza. No sólo había perdido a Lyna, sino que perdería a su mejor amigo, a su hermano. Quería arrancarse el corazón del pecho para poder seguir sin tanto dolor a cuestas. Era más de lo que podía soportar.

"Oh… Fen… Lo… lo siento"- Merrill se acercó a Fenarel y le colocó una mano en el hombro. Se mantuvo en silencio hasta que el elfo se hubo desahogado y, con cierta inseguridad, comentó débilmente– "Fen… no todo está perdido. El Custodio Zathrian ha dicho que puede ayudar a Tamlen"

Fenarel levantó la mirada y observó a la elfa con el ceño fruncido – "¿Zathrian?"

"Sí. Parece que él conoce el mal que habitaba en ese espejo"- se mordió el labio, insegura – "Le he… le he mostrado los trozos del artefacto y ha podido averiguar qué es"

La expresión de Fenarel se tornó más sombría. Miró a Merrill con rabia y, levantándose de un salto, la cogió por los hombros y se acercó a su rostro, amenazante – "¿No te bastaba con llevar a Tamlen allí, sino que trajiste el mal directamente al clan?"- sentía su rabia aumentar con cada latido de su corazón. La imprudencia de la elfa había ocasionado que su amigo se hallara en este estado, pero aunque no la culpaba realmente por ello, sí le resultaba sumamente irresponsable por su parte el haber traído tal artefacto al campamento, poniendo en riesgo al resto de sus compañeros.

"¡N-no no es así! Sólo traje unos trozos del espejo… pe-pero ya no existe peligro"- tartamudeó. La reacción de Fenarel la había pillado por sorpresa. Los dedos del elfo se clavaban fuertemente en sus hombros y su impulso fue encogerse para evitar cualquier reacción más violenta, mientras controlaba su maná para no contraatacar.

Fenarel observó un instante la expresión de miedo de su amiga. Al verla así, se dio cuenta de lo excesivo de su reacción y se relajó un poco. Respiró profundamente, y dejó ir a la elfa, que se tambaleó ligeramente cuando la soltó, al tiempo que frotaba sus hombros doloridos con sus pequeñas manos.

"Deshazte de esos trozos, Merrill… no quiero verlos aquí"- él se dio la vuelta para volver hasta donde se encontraba su moribundo amigo y desvió su mirada al joven que temblaba entre murmullos.

"Fen… no puedo-"

"He dicho que te deshagas de eso, Merrill. Si no lo haces, olvídate de mí"- su voz era cortante, pero no desvió su mirada hacia la elfa. Sus ojos se posaron sobre el rostro de su amigo, que se contorsionaba por las terribles fiebres que padecía.

Merrill bajó la mirada y sintió sus ojos cubrirse con lágrimas – "Fen… no… por favor"

"Quiero estar a solas con Tamlen, por favor"- sujetó nuevamente la mano de su amigo e ignoró a la elfa que comenzaba a sorber por la nariz, visiblemente afectada por sus palabras. Pero no le hizo caso alguno. Ahora su amigo le necesitaba y eso era todo lo que importaba.

Merrill se dio la vuelta para salir de la tienda. Sus ojos anegados en lágrimas y su cuerpo tembloroso por el cúmulo de sensaciones. El ultimátum de Fenarel había sido totalmente inesperado y se encontraba entre la espada y la pared. Justo cuando se dispuso a salir en silencio de la tienda, una figura femenina hizo su presencia en ella.

"¿Fen?..."- la joven y bella elfa asomó su rostro por entre las solapas de la tienda.

"¿Qué quieres?"- dijo Fenarel sin desviar la mirada del rostro de su amigo.

"Tu maestro Ilen te necesita"- la mujer desvió su mirada hacia Merrill y ésta parpadeó varias veces intentando comprender por qué se hallaba aquí una elfa así.

"Dile que espere un rato"- Fenarel acarició la mano de su amigo y cerró los ojos.

"Está bien… ma nuvenin. También busca a una tal… Merrill"- Mithra observó con detenimiento a Merrill y frunció el ceño con desagrado mientras desviaba su mirada hacia el bastón– "¿Esa eres tú?"

Merrill asintió con recelo y contestó – "¿Quién eres tú y para qué me busca el maestro?"

"Soy Mithra y he venido con el Custodio Zathrian. Lo otro tendrás que preguntárselo tú misma a tu maestro"- y tal como vino, se marchó sin decir nada más, dejando una estela de dudas.

Merrill se quedó un rato observando la entrada de la tienda, insegura. Unos breves instantes después, logró recuperar las fuerzas y comentó en tono cansado – "Si hay alguna novedad con Tamlen… búscame por favor."

"Sí. Puedes irte"- contestó secamente Fenarel. Ella asintió y salió de la tienda con lágrimas en los ojos. Ver a Fenarel tan triste, le hacía sentirse más culpable que antes. Sólo le quedaba intentar ayudar para enmendar parte de su error. Por ahora, todas las esperanzas estaban colocadas en el Custodio Zathrian. "Mythal, ayúdanos. Ayuda a Tamlen… no le abandones"- susurró para sus adentros, mientras se secaba una tímida lágrima que rondaba por su mejilla.


"¡Eh! ¡Despierta, shem!"- Duncan abrió los ojos y pegó un salto al sentir el agua fría empapar su rostro y parte de su torso. Sus manos automáticamente acudieron a sus dagas, y observó, estupefacto, que la elfa se encontraba delante de él con sus armas en las manos.

"Me hubieran podido asesinar, violar, torturar y cortar en trocitos, que tú seguirías durmiendo… y roncando como un oso en hibernación"- Lyna se rio al ver la cara de rabia e incredulidad que mostraba el Guarda, y se anotó un tanto para su enorme lista de venganzas que tenía preparada.

"Ahora entiendo por qué os suelen llamar 'Salvajes'. Está más que justificado…"- contestó rabioso el shemlen, al tiempo que parpadeaba rápidamente para enfocar su visión. Ella se volvió a reír pero le lanzó las dagas, que él cogió en el aire al instante y sin esfuerzo, veloz y certero. Ella sonrió más ampliamente y se dio la vuelta.

"Si vuelves a hacer algo así, prometo atarte de nuevo, niña"- Duncan se arregló la armadura y envainó sus filos en las fundas que llevaba a su espalda, y la observó enfadado mientras se pasaba una mano por su cara para quitar la humedad de su barba.

"Oh, no te quejes tanto, shem. ¡Si te he hecho hasta el desayuno!"- Lyna cogió un cuenco y lo rellenó con una pasta que parecía avena, aunque tenía un color extraño.

Duncan sujetó el cuenco y lo olfateó, mientras miraba desconfiado la pastosa sustancia.

"¡Vamos! ¿No te fías de mí? Está muy rico, te lo prometo. Yo ya he desayunado, así que puedes comer todo lo que ha sobrado"- dijo Lyna sonriendo al tiempo que se chupaba un dedo en el que había caído un trozo de avena.

Ese gesto le tranquilizó un poco. Si lo que ella pretendía era envenenarle, entonces no hubiera ni rozado el engrudo del desayuno, pero no fue así. Así que, sin pensarlo más, cogió el cuenco, se sentó en el suelo y comenzó a llenarse la boca con grandes cucharadas de comida. Al principio, un sabor amargo se hizo evidente en el alimento, pero luego el dulzor de la miel suavizó el conjunto haciendo más agradable la comida. De hecho, le resultaba tremendamente sabroso, así que no paró de comer hasta que lo hubo finalizado.

Al terminar, levantó la vista y observó a la elfa sonreírle mientras que con uno de sus puñales se limpiaba la tierra incrustada en sus cortas uñas.

Él levantó una ceja y ofreció burlón – "Parece que, después de todo, eres una elfa servicial. Intuyo que por tu sangre corre la herencia de buenos antepasados esclavos, ¿verdad?"- se rio al ver la reacción de rabia que la joven le dedicó. Sabía que había sido cruel, pero la elfa se merecía un poco de su mismo jarabe. Después de todo, desde que la conoció, ella no había hecho otra cosa que torturarle de mil formas diferentes, recordándole que, por mucho tiempo que había pasado, no se encontraba fuera de forma del todo.

Lyna se resintió con ese comentario pero recordó que el shemlen había disfrutado de su desayuno especial así que volvió a sonreír – "Sí. Suelo ser muy servicial, guarda. Pero no es lo único en lo que soy buena, ¿sabes?"- apartó su mirada de la cara del hombre y dejó de lado su puñal. Se levantó y cogió el cuenco del shemlen y lo volvió a rellenar. Se lo ofreció y el humano lo aceptó con agrado sin rechistar, disponiéndose a ingerir de nuevo el alimento.

"Ilústrame, niña"- comentó Duncan con la boca llena de avena.

Lyna se volvió a sentar en su sitio, y recogió de nuevo su puñal para limpiarse los dedos que le quedaban – "Pues es obvio ¿no? Se me da bien cocinar"

El humano asintió – "Sin duda toda una sorpresa"- continuó comiendo.

"También… se me da muy bien la herbología, ¿sabes?"- esta vez Lyna levantó la mirada y le observó a los ojos fijamente.

Duncan paró de comer por un instante – "¿Qué quieres decir?"- tragó la comida que tenía en la boca y miró su cuenco con sospecha.

Lyna sonrió – "Es curioso cómo reacciona la Frángula con la Cáscara Sagrada… Potencian el dulzor de la miel y parecen estimular el apetito al instante. Aunque ese ligero toque amargo al inicio es complicado de cubrir… ¿no crees?"- dijo en tono divertido. Actuando de forma casual, limpió su puñal con el cuero de sus botas y lo guardó sin apartar, ni un instante, la mirada de los ojos del asustado shemlen que se encontraba alternando su mirada entre ella y el cuenco de comida, buscando desesperadamente alguna alternativa a lo que sus palabras parecían sentenciar.

Pero ella continuó sarcástica - "¿Qué te ocurre, shem? ¿No quieres más de… mi desayuno especial?"- amplió su sonrisa al ver al humano soltar el cuenco e intentar escupir lo que le quedaba en la boca. Lyna liberó una carcajada.

"¡Demonios, elfa! ¿Qué me has hecho?"- Duncan se levantó ipso facto y recurrió a su cantimplora para beber agua en abundancia. Eso aumentó las risas de la elfa que se encontraba sentada sujetándose la barriga del esfuerzo de reír – "¡Contéstame!"- siguió tragando agua mientras que por su mente pasaban miles de posibilidades, desde el envenenamiento, hasta la sobredosis. Quería llenar su estómago de líquido para intentar vomitar parte de lo que sea que la elfa le hubiera dado.

"¡Oh, yo que tú no bebería tanta agua! Es peor"- volvió a reírse.

Duncan, desesperado, dio dos grandes zancadas hasta ella y la sujetó por un brazo, alzándola al instante para intentar sacarle la verdad, aunque fuera a golpes. Un pequeño pinchazo en su garganta le hizo detenerse en seco. La elfa había sacado su puñal sin él ser consciente de ello y le estaba clavando la punta en la yugular en una postura que, por muy rápido que él se moviese, no tendría espacio ni velocidad suficiente para evitar que ella se lo clavase, hiriéndole mortalmente.

"Tampoco te recomiendo que me trates así, shem…"- el tono de Lyna se tornó, de repente, gélido, determinante, incluso cruel. Se estremeció.

Duncan aflojó su presión sobre el brazo de la joven, finalmente liberándolo, y ella alejó su puñal, al tiempo que se apartaba de él y le daba la espalda – "Eres un aburrido, guarda. Acabas la diversión antes de tiempo… en fin…"- suspiró Lyna – "Puedes tranquilizarte, shem. Mi… 'aderezo' no es mortal. Digamos que… las plantas crecerán más frondosas por el trayecto, gracias a ti"- soltó una pequeña carcajada y se giró para verle a los ojos, divertida.

Duncan no sabía cómo reaccionar ¿Le había dado unos laxantes? - ¡Maldita elfa del demonio! – aunque la noticia no era nada agradable, se relajó y guardó la cantimplora inmediatamente, arrepintiéndose al instante de su desmedida reacción y maldiciendo nuevamente a la elfa por su pueril iniciativa.

Lyna le observó debatirse con sus pensamientos y continuó – "Si hubiera querido matarte, me hubiera bastado con dejar caer una pequeña gota de Muerte Silenciosa en la comisura de tus labios cuando roncabas y así escapar sin dificultad. Pero eso no me hubiera aportado tanta diversión como lo que me aportará el verte abonando las tierras del camino, guarda"- soltó de nuevo una carcajada burlona.

La elfa se estaba divirtiendo a su costa y, en el fondo, sentía que se merecía eso y más. Después de todo, la joven no sabía lo que le esperaba; no le había contado nada y, aunque ella parecía suponer que había cierto peligro, no podía imaginarse lo que le estaba por venir.

Su semblante se tornó serio de repente, recordando el largo camino que les esperaba, e interrumpió súbitamente la risa de la muchacha – "No tenemos tiempo para tus juegos, niña. Si llegamos más tarde, será por culpa de tu insensatez"- se dio la vuelta y comenzó a recoger el improvisado y diminuto campamento – "Recojamos y marchémonos sin más demora, antes de que me arrepienta de mi promesa y la rompa en consecuencia de tus actos."

Lyna bufó – "¿Un shem rompiendo una promesa? ¡Eso sería una rareza!"- dijo sarcástica mientras iba a por el caballo y se lo acercaba al guarda para que éste colocase las alforjas.

Guardaron el campamento en unos pocos minutos. Lyna aprovechó para llenar las cantimploras en silencio y, cuando regresó del riachuelo, vio que el humano ya se hallaba sobre el caballo, esperándola.

"Cuando lleguemos al campamento, seguramente nos cedan una Halla para partir hacia donde necesitemos. No pienso tolerar otro viaje a caballo contigo detrás de mí, soltándome tu aliento de perro"- gruñó Lyna mientras se acercaba a él y cogía su mano para ayudarse a subir a la montura. Su armadura chocó nuevamente con la del guarda y éste dio un pequeño gruñido de molestia.

"Oh, disculpadme mi señor ¿os he molestado con mi torpeza al subir? ¿Queréis ser recompensado?"- Lyna era sarcástica por naturaleza; era su forma de escapar de la incomodidad y, desde luego, tener tan cerca a este humano, la hacía sentir muy incómoda en más de un sentido.

Duncan no podía evitar reaccionar con la cercanía de la elfa, pues ese cuerpo parecía estar hecho por el mismo Hacedor para tentar al más santo de los hombres, pero no quiso mostrar evidencia de ello, así que contestó con la misma intención – "No sé si podréis recompensarme, niña, pues no os veo capaz de complacer mis deseos en la misma intensidad en la que necesito saciarlos ¿O es que acaso queréis volver a intentarlo?"- acercó su rostro a la oreja de la elfa, y exhaló aire suavemente. La joven se estremeció pero no ofreció respuesta alguna. Él sonrió con malicia.

"Me lo imaginaba. Continuemos pues"- cogió las riendas del caballo y reanudaron la marcha hacia el campamento dalishano. Faltaba poco tiempo para el amanecer y querían llegar justo para entonces. Necesitaba dirigirse a Ostagar cuanto antes, pues debían prepararse para la batalla que allí se gestaría. Sus nervios a flor de piel, pero su mirada puesta en el tortuoso y oscuro camino que tenían por delante.

… … … …

Al cabo de un par de horas de viaje, el camino se hizo más estrecho y el caballo comenzaba a relinchar inquieto. La oscuridad era más absoluta que antes y el bosque parecía querer engullirlos de un momento a otro como si de unas grandes fauces frías, húmedas y oscuras se tratase.

"¡Cuidado, shem!"- Lyna arrancó súbitamente las riendas de las manos del guarda y movió bruscamente la cabeza del caballo hacia un lado para evitar que siguiera su camino.

"¿Qué demonios haces, niña?"-

"¡Casi nos metes en un zarzal! ¿Acaso no lo ves?"- arreó con los talones al caballo hacia un lateral y rodeó unos arbustos que sobresalían de la tierra.

"No tengo la misma visión que tú. Podrías haberme avisado antes"- Duncan le quitó de nuevo las riendas a Lyna y espoleó al caballo para que siguiera por el sendero que parecía desprovisto de obstáculos.

"Todo sería más fácil si me dejaras a mí las riendas, guarda"- cruzó los brazos a la altura del pecho y volteó su cara para mirarle.

Los ojos oscuros del shemlen la observaban ahora. Sus propios ojos luminiscentes liberaban una tenue luz verde sobre la tez oscura del humano, iluminándole ligeramente.

Duncan se quedó contemplando un instante aquellos enormes ojos verdes brillantes, mientras le observaban con enfado. Sus rasgos exóticos y salvajes, hacían que esa expresión cobrase más fuerza. No había duda de que estaba más que justificado el miedo que muchos decían sentir por los dalishanos; eran seres absolutamente únicos.

Observó, unos instantes más, el rostro de la elfa que parecía ya resignada a continuar el trayecto con él, y decidió ceder una pequeña parcela de su confianza. Una confianza que esperaba no volver a ser traicionada, pues su paciencia se estaba agotando a una velocidad vertiginosa.

"Está bien, Lyna. Aquí tienes"- Duncan le ofreció las riendas pero la elfa dudó por un instante si tomarlas o no, hasta que, finalmente, sonrió y asintió aceptándolas.

"Buen shem. Ahora llegaremos antes"- Lyna cogió las riendas y, sin mediar otra palabra más, espoleó fuertemente al caballo. Éste comenzó a galopar por entre los árboles peligrosamente, haciendo que varias de las ramas golpeasen la cara y cuerpo de ambos.

Duncan ya se arrepentía de la decisión - "¡Más despacio, o nos caeremos!"- sus manos se alojaron instintivamente en las pequeñas caderas de la elfa, casi rodeándola por completo. A pesar de la armadura, sentía la fortaleza de su abdomen y su cuerpo. Sin duda, producto de una vida de poco descanso y mucho entrenamiento- pensaba mientras se deleitaba con el roce. Su cuerpo reaccionó ante tal estímulo e intentó apartar los pensamientos que nacían de aquel tacto furtivo, al tiempo que buscaba, desesperadamente, mantenerse sobre el caballo. Acercó su torso al de ella y agachó la cabeza, intentando protegerse de las finas ramas que le golpeaban, una y otra vez, sus mejillas y frente, despeinándole e hiriéndole ligeramente. Al acercar su cara al cuello de Lyna, el olor penetrante a lirios y lavanda inundó su nariz. Cerró los ojos e intentó concentrarse en la situación, hasta que un fuerte rugido de su abdomen le agitó desde dentro y le devolvió a la realidad.

"¡Maldición!"- gruñó entre dientes.

Lyna volteó la cara y le observó curiosa – "¿Demasiado rápido para tu gusto?"- sonrió sin aminorar la marcha. El caballo forzando su paso y ella dirigiéndolo hacia las zonas en las que la maleza fuera menos abundante y el terreno más llano.

"Detente aquí, Lyna"- gruñó Duncan. Sus entrañas resonaban y se retorcían dolorosamente.

"¿Qué? ¿Qué has dicho?"- ella sonreía.

"¡Qué pares ya, elfa endemoniada!"- Duncan sujetó las manos de Lyna y las alzó hacia un lado para parar de golpe a la bestia que se detuvo entre relinchos y bufidos.

De un salto, se bajó del caballo y se fue corriendo detrás de unos árboles retorcidos que apenas pudo ver pero que supuso que le resguardarían del momento vergonzoso que iba a experimentar.

"¡Oh! ya veo"- Lyna soltó una carcajada tan grande que, varios de los pájaros que se hallaban en las cercanías, se asustaron y levantaron el vuelo nerviosos, posándose en las ramas más lejanas del origen del ruido – "Por momentos como éste, merece la pena haber aguantado a la Custodia y su botánica"- volvió a reír suavemente y después carraspeó simulando una voz seria y preocupada – "¿Quieres que te lleve un té de los míos para que remita la molestia? ¿O prefieres un poco más de avena?"- Lyna intentaba aguantar la risa, aunque sin mucho éxito. Soltó una pequeña carcajada, que detuvo con sus manos, cuando escuchó al humano refunfuñar algo al otro lado de los árboles.

La excesiva burla de la elfa estaba pesando bastante en su limitada paciencia de guarda. Él no era del tipo vengativo, pero la joven estaba buscando algo que no se le había perdido y él era perro viejo en éste y otros juegos. Sus pensamientos se detuvieron cuando otro retortijón revolvió sus tripas y liberó todo el desayuno bruscamente sobre el borde de una raíz que sobresalía de un árbol que no llegaba a identificar. La violencia del momento hizo que una de sus desnudas nalgas golpease la corteza del árbol, y gritó de dolor al comprobar que no era la fina y lista corteza que se esperaba, sino una capa espesa de afilados pinchos que sobresalían amenazantes del tronco. Otra risa se escuchó después, y él no pudo evitar volver a maldecir al monstruo élfico que seguía burlándose de él sin compasión.

Los minutos parecieron horas y el sudor caía por su frente y piernas como si una nube de pura agonía se hubiera alojado sobre su cabeza; el momento no parecía tener fin. Comenzaba a temer por su vida cuando una voz le apartó de sus pensamientos.

"Guarda… tenemos que irnos ¿Has terminado ya?"- Lyna se arrepentía, en parte, de lo que había hecho, pero sólo porque esto iba a retrasar un poco su llegada, pero confiaba en que las interminables horas de botánica hubieran valido de algo al calcular bien la medida que debía dar para causar una ligera diarrea y no un fallecimiento por deshidratación. De todas formas, dedicó una plegaria a los Creadores para reforzar su confianza.

"Dímelo tú ¿buscabas matarme, niña?"- gruñó entre dientes el Guarda.

Lyna sonrió y casi suelta otra risotada de no ser por sus propias manos que acudieron instintivamente a acallar su burla – "Si no remite, déjame que te ayude. Prometo ser buena esta vez"- intentó sonar todo lo seria que podía, pero le resultaba complicado al imaginarse la cara del Guarda al otro lado.

"No quieras acabar tan pronto conmigo, niña. Aún me queda vengarme"- Las piernas de Duncan comenzaban a temblar del esfuerzo de estar en cuclillas pero debía resistir un poco más. No quería darle una satisfacción extra a la elfa, cayendo sobre sus propios desechos.

Después de varios agónicos instantes más, Duncan logró limpiarse como pudo con un trozo de tela que arrancó de su blusa y se levantó, sintiendo la debilidad en sus piernas. Se arregló la armadura y salió de entre los árboles, tropezando un par de veces antes de llegar finalmente donde le esperaba Lyna con una sonrisa de oreja a oreja, sobre el caballo.

"El bosque te agradece tu contribución, shem. Sigamos el camino"- se giró y soltó una risita que intentó disimular con una tos que no convenció ni al caballo que relinchó con expectación por el reinicio de la marcha.

Duncan gruñó para sus adentros y subió de un salto al caballo. Arrancó bruscamente las riendas de las manos de Lyna y arreó a la bestia que comenzó a galopar inmediatamente.

"Guíame, niña, yo llevo las riendas esta vez"- ordenó. Lyna no quería enfadar más al guarda y comenzaba a estar más nerviosa por la proximidad de su campamento, así que simplemente guardó silencio y comenzó a guiar al humano que cambiaba de rumbo cada vez que ella se lo indicaba.

Así pasaron varias horas más. El sol comenzaba a hacer su aparición por el horizonte, aunque las copas de los árboles apenas dejaban entrever claridad alguna.

"Estamos llegando, shem. Aminora la marcha"- Lyna miraba a sus alrededores, pendiente por si veía algún explorador haciendo su ronda o algún cazador madrugador, pero no vio nada y eso le extrañó. Sus ojos buscaban por las ramas, detrás de arbustos y maleza. Sus orejas vibraban con cada sonido del bosque, pero ninguno que le dijera que había algún hermano cerca.

"Es muy raro…"- murmuró

"¿El qué es raro? ¿Qué has visto?"- el guarda la observó con desconfianza.

"Estamos a unos pocos minutos del campamento y no he visto ni sentido a nadie… eso no es buena señal"- el corazón de Lyna comenzaba a latir con fuerza, temerosa de que algo malo hubiera pasado. Se acordó de Tamlen, y su estómago dio un vuelco – "Duncan, date prisa por favor… Debemos llegar cuanto antes"

Al verla tan alterada, Duncan obedeció y arreó más al caballo que pegó un salto y aceleró la marcha.

Los árboles se iban cerrando más entre sí a medida que se acercaban, dificultando el rápido avance del caballo. Después de varios desvíos y saltos en el terreno, llegaron, finalmente, a una especie de hondonada que se hallaba casi completamente cubierta de árboles y arbustos retorcidos, que bloqueaban el disimulado sendero.

"¡Detente!"- Lyna levantó la mano y miró hacia los lados.

Dos grandes ojos luminiscentes la observaban desde un árbol – "Aneth Ara"- saludó al instante.

"¿L-Lyna?"- una voz masculina se hizo presente y Duncan pudo observar la silueta de un elfo joven acercarse a ellos.

"¡Junar!"- Lyna saltó del caballo, y cayó torpemente haciendo una mueca de dolor, pero eso no la detuvo. Se acercó al joven elfo y le colocó una mano en el hombro a modo de saludo.

"¡Dioses, Lyna! ¡Estás aquí! ¿Cómo es posible? ¿Quién es-"- el elfo parecía confuso.

"Es muy largo de explicar, Junar. Él es… un amigo y necesitamos pasar ¿Está Fen aquí?"- preguntó nerviosa mientras levantaba la mirada en dirección a la que parecía una entrada oculta al campamento.

"¡Sí! Vino buscando ayuda… ayuda para ti, Lyna… por eso no entiendo qué pasa"- el muchacho parpadeó varias veces mientras alternaba la mirada entre Lyna y Duncan.

"Ya te lo explicaré. Necesito ver a la Custodia ahora, ¿Está en su aravel?"- apartó la mano del elfo y le observó fijamente.

"No sé… Lyna… ha pasado algo…"- el joven bajó la mirada y Lyna sintió su corazón volver a latir con inesperada fuerza y rapidez, mientras que sus entrañas se retorcían de temor.

"Es Tamlen… ¿verdad?"- murmuró temblorosa.

El joven levantó la mirada y la observó atónito, incrédulo – "Sí… ¿cómo… cómo lo has sabido?"

"¿Qué ha pasado, Junar?"- Lyna se volvió a acercar a él. Le miraba ahora con miedo, insegura… no sabía si quería escuchar la respuesta.

"Algo terrible, Lyna… algo…"- su voz murió en ese instante y ella comprendió.

"¿Está… sigue….?"- no le salían las palabras, el temor se apoderó de ella y sus ojos se llenaron de lágrimas al segundo de hablar.

Él asintió – "Pero por poco tiempo… a menos que ese mago logre hacer algo"

"¿Mago? ¿Cuál mago?"- preguntó ella con incredulidad, mientras sentía sus entrañas estremecerse con la esperanza. En el campamento sólo habían dos magos: Marethari y Merrill, ninguno más, así que no entendía del todo esa respuesta.

"Vino con Fenarel y otros elfos… dice que puede ayudar a Tamlen, pero no me fío de él, Lyna… tiene algo raro en la mirada"- Junar no era muy devoto de los que poseían magia y Lyna lo sabía así que decidió no prestarle mucha atención, aunque sospechaba quién era el mago por la explicación que le dio. "Zathrian…"- pensó. Su corazón latió con fuerza nuevamente al pensar en él. Sabía que tenía que ser un mago poderoso, y eso calmó un poco su angustia por su amigo y amante.

"Ma serannas, lethallin. Ya nos encargamos nosotros de avisar de nuestra llegada."- Lyna se dio la vuelta y antes de que se subiera de nuevo al caballo, el elfo comentó con voz triste – "¿Sabes? Lleva gritando tu nombre desde que sucedió… Gracias a los Dioses que has llegado a tiempo, Lyna… espero que tu llegada le dé fuerzas..."

Lyna tragó saliva para intentar sujetar las lágrimas que estaban a punto de desbordarse de sus párpados. No dijo nada, sólo asintió y subió al caballo.

Duncan observó la expresión en el rostro de la joven. Su rostro estaba contorsionado por la angustia, por el dolor y tristeza. Parecía que este tal Tamlen era algo más para ella que un simple amigo, pensó.

Ayudó a Lyna a subirse de nuevo al caballo y el joven elfo apartó, discretamente, parte de las ramas y arbustos que cubrían la entrada camuflada al campamento.

El trayecto después de allí se hizo corto. A los pocos minutos llegaron a un asentamiento muy bien organizado y amplio, con varios carromatos y tiendas distribuidas a lo largo y ancho del claro. Una enorme hoguera adornaba tenuemente el centro del campamento y varios elfos se hallaban caminando apresuradamente de un lado a otro, atareados con sus quehaceres, aunque la mayoría se hallaba en un estado de visible preocupación.

"Aquí, para"- Lyna volvió a saltar del caballo y un elfo vino corriendo en su búsqueda.

"¡Oh Dioses! ¿Lyna?"-

"Pol… ¿dónde está Marethari?"- El corazón de Lyna golpeaba fuertemente su pecho.

"Está en su aravel, pero-"

"¿Y Fen?"- interrumpió rápidamente.

"Con Ilen, pero qué-"

"No tengo tiempo, necesito ver a la Custodia"- levantó la mano y señaló a Duncan – "Pol, este shem tiene acceso completo al campamento. Viene conmigo. Tratadle como uno más de nosotros, ¿entendido?"- se giró después hacia Duncan, acercándose para hablarle más de cerca – "No hables con las mujeres ni niños. No te alejes de Pol y todo irá bien. Ahora, si me disculpas, tengo que marcharme"

En ese instante, Duncan alargó una mano y sujetó a Lyna antes de que ella se diera la vuelta y se alejase de él – "Lo siento, Lyna. No puedo permitirlo. Seré tu sombra, y no hay discusión posible al respecto"

Lyna le observó con rabia. A pesar de la situación en la que se hallaba ella, él era incapaz de ceder y confiar en ella. Sin embargo, no podía culparle. Después de todo, Lyna había sido bastante imprevisible y complicada.

"Ma nuvenin, shem. No te separes de mí, pues"- cogió las riendas del caballo y se las dejó a Pol.

"Encárgate del caballo, Pol. Avisa a Ilen y Fenarel. Estoy en el aravel de Marethari y este shem… viene conmigo"- sujetó la mano de Duncan y comenzó a caminar en dirección al carromato de la Custodia.

Lyna estaba tan preocupada por la situación, que entró en el aravel de la Custodia sin tocar primero.

"¡Custodia!"- gritó al entrar, sin cerrar la puerta a su paso.

"¿Lyna? ¡Dioses!"- la Custodia se dio la vuelta y corrió para abrazarla.

"Oh da'len… ¡Estás viva! ¡Estás bien!"- Marethari sujetaba sus hombros y la inspeccionaba en busca de heridas. – "No perfecta, por lo que veo, pero viva. ¡Oh da'len!"- volvió a abrazarla. Este gesto de cariño era algo sumamente raro viniendo de la Custodia, así que Lyna decidió disfrutarlo mientras durase, a pesar de la urgencia por saber sobre Tamlen.

"Custodia… yo…."- logró decir, hasta que sus ojos se desviaron al rostro del mago que se encontraba a unos pocos pasos detrás de Marethari, observándola con una media sonrisa en los labios.

"Lyna… Veo que no me equivocaba en mis juicios. Bienvenida"- se acercó y levantó una mano para colocarla sobre el hombro de la elfa que seguía abrazada a Marethari. Pero ella se apartó, de repente, sintiéndose demasiado incómoda con la situación en la que se encontraba.

"Yo… ¿Dónde está Tamlen? ¿Dónde está él? ¿Qué le ha pasado?"- Lyna comenzaba a sentirse mareada por tantas emociones juntas, todas ellas tan distintas. No sólo estaba cansada, sino terriblemente preocupada por todo; su amigo, su futuro, su clan, su vida, su cambio… todo. De repente, una oscuridad comenzó a cernirse sobre sus ojos, y sus manos acudieron instintivamente al guarda que se hallaba detrás de ella en silencio.

Al ver a la elfa tambalearse ligeramente, buscando su ayuda, Duncan la sujetó por la cintura y la espalda al instante – "¡Lyna!"- dijo en tono apremiante.

"¿Qué le has hecho, shem?"- la voz del mago resonó en la caravana con un tono que helaba la sangre de los presentes, pero Duncan no le hizo caso a pesar de que el elfo se había acercado amenazantemente a él.

"Está herida y agotada. Necesita descansar"- la levantó en vilo pero Lyna se quejó, impidiendo que la sujetase por más tiempo, así que la volvió a colocar de pie, sin apartar sus manos de sus hombros, para estabilizarla.

Lyna sacudió varias veces la cabeza y se frotó con las manos la cara, buscando tranquilizarse y recuperar las fuerzas que parecían haberla abandonado en mal momento – "N-no… e-estoy bien"-

"No, da'len. No lo estás. Siéntate"- Marethari la ayudó a mantenerse de pie y la llevó hacia una silla. Lyna finalmente se sentó y recuperó el aliento un instante antes de hablar – "Tamlen… ¿Qué ha pasado? ¿Dónde… dónde está?"- dijo en un hilo de voz.

Marethari miró a Zathrian y luego a Merrill, que se hallaba en una esquina cabizbaja y en silencio desde que apareció Lyna por la puerta. Después, se giró y contestó – "Primero déjame que te ayude"

"N-no hace falta, Custodia… yo… yo estoy bien."-

"Silencio, da'len. Cierra los ojos"- Marethari se acercó y colocó una mano sobre la cabeza de Lyna sin llegar a tocarla y otra en su pecho, y comenzó a murmurar unas palabras apenas audibles. La habitación cobró vida de repente con la luz azulada del hechizo, que cubría por completo el cuerpo de Lyna, mientras el ambiente se cargaba con una energía tan densa que a Lyna le costaba respirar. Los latidos de su corazón detuvieron su acelerado paso y el cansancio y dolor que sentía, comenzaron a desaparecer poco a poco. Sentía los huesos de sus dedos soldarse, pero no había dolor alguno, sólo un leve cosquilleo que incluso le resultaba placentero. Su piel desgarrada se sellaba y volvía a recuperar su tersura y firmeza. Sus fuerzas volvían a resurgir desde su interior y liberó un pequeño gemido en respuesta a la increíble sensación de renacimiento que sentía. No se dio cuenta de lo cansada y dolorida que estaba hasta que Marethari curó la totalidad de sus heridas y la llenó nuevamente de energía y vida.

Pocos segundos después, la Custodia se detuvo y se frotó las manos – "Ahora, da'len… Primero…"- dijo, dándose la vuelta y mirando al humano que acompañaba a Lyna – "¿Quién es? ¿Quién eres, humano? Y ¿Qué quieres?"- Marethari se acercó al shemlen con aire amenazante, pero Lyna se levantó de un salto, con más fuerza de la esperada, y se colocó entre la Custodia y Duncan.

"Custodia, él me ha salvado de la cárcel. Es… falon."- se apresuró a decir antes de que la Custodia le hiciera algo.

"¿Un shem, amigo? ¡Inaudito!"- gruñó Zathrian mientras hacía una mueca de asco en dirección a Duncan.

"Permitidme que me presente"- dijo Duncan en tono formal – "Soy Duncan, Guarda Comandante de los Grises de Ferelden."- hizo una pequeña reverencia con la cabeza y levantó la vista.

Marethari abrió los ojos de par en par y Zathrian la imitó. Ambos con expresión de asombro más allá de lo esperado.

"U-un… ¿Guarda Gris?"- preguntó atónita Marethari.

"Así es, Custodia. Él… él ha logrado sacarme de la cárcel de Gwaren…"- Lyna se acercó a Marethari y le colocó una mano en el hombro para tranquilizarla.

Zathrian recuperó la compostura e intervino con una mueca de desagrado – "¿Y qué es lo que quiere un Guarda Gris de una joven dalishana? No creo que hayáis intercedido por ella sin algo a cambio, ¿o me equivoco?"

Duncan observó un instante a Lyna y luego contestó – "Me temo que hay asuntos más acuciantes que tratar ahora, ¿cierto?"- desvió su mirada a la Custodia que le observaba ahora con profunda desconfianza y preocupación.

"Sí, Custodia. Tamlen… ¿dónde está?"- Lyna apretó ligeramente los hombros de la Custodia para intentar finalmente sacarle la verdad y apartarla de los pensamientos con respecto al guarda.

Marethari desvió su mirada a los ojos de Lyna y sintió un nudo en la garganta. Su boca se abrió, pero no supo qué decir. Lyna la observaba con una mirada de angustia que pocas veces había visto en ella y se estremeció repentinamente. Lyna pareció notarlo y sus ojos se abrieron más en respuesta.

"Lo mejor será que yo… te lo cuente, lethallan."- Merrill se acercó en silencio hasta donde se encontraba Lyna, y ella la observó con el ceño fruncido, desesperada ya por conocer el estado de su amigo.

Los minutos pasaron y Lyna escuchaba atentamente la explicación de la elfa. Su rabia iba creciendo con cada instante y tuvo que controlarse para no pegarle un puñetazo a la joven que se encontraba describiendo lo ocurrido, entre lágrimas de culpa.

"Y… es por eso que necesitamos actuar cuanto antes, Lyna…"- ofreció Merrill finalmente, mientras desviaba su mirada hacia el suelo, avergonzada.

Lyna se quedó un instante meditando todo, buscando al mismo tiempo controlar la rabia que sentía por la imprudencia de Merrill, pero principalmente centrada en encajar las piezas con la información que tenía. Recordó el sueño que había tenido y se estremeció al comprobar que no había sido un sueño simplemente, sino algo más. Analizó los datos que Merrill había ofrecido y miró a Marethari y a Zathrian con determinación mientras que por su mente cruzaban mil y una ideas y posibilidades para salvar a su amigo.

"Está bien. ¿Qué necesitamos?"- miró de lleno a los ojos de Zathrian que la observaba con algo de inquietud.

"Los exploradores tienen ya lo que he solicitado y sólo queda… preparar todo."- Zathrian se volteó para mirar a Marethari – "Custodia, con respecto a lo que hablamos…"

"Yo me ofrezco. Ha sido mi culpa, y yo debo pagar las consecuencias"- Merrill se adelantó e interrumpió al Custodio.

"Me temo que no es posible, da'len. Necesitamos tu magia, tu maná…"- Marethari se quedó pensativa un instante.

"¿Qué es lo que necesitáis?"- Lyna se acercó más hacia los Custodios e interrumpió los pensamientos de Marethari.

La Custodia se quedó un rato observándola y ofreció sin estar convencida del todo – "El ritual que el Custodio propone requiere de… energía vital, Lyna. La energía vital de alguien."

Lyna miró fijamente a Marethari y ella comprendió al instante – "Oh no, da'len… no puedo permitirlo…"

"Custodia… por favor… necesito hacerlo…"- Lyna sujetó la mano de Marethari y la apretó ligeramente. La Custodia la observó con temor, pues no sabía exactamente qué más hacer y sabía que Lyna no cejaría en su empeño así que, liberando un último suspiro, volvió a abrazar a la joven y le susurró lo más bajo que pudo para evitar que alguien más la oyese – "Cuando sientas que vas a salir, piensa en un ancla. Así no te irás de nosotros…"

"Disculpadme, ¿Custodia?"- Duncan interrumpió el abrazo, y se acercó a ellos un poco más. Zathrian se tensó en el acto y Merrill sujetó con más fuerza el bastón, ambos desconfiando de las intenciones del humano.

Lyna se separó de Marethari y la miró confundida a los ojos, pero la anciana simplemente sonrió y desvió su mirada al humano – "Este… ritual, ¿pondrá en riesgo la vida de Lyna?"

Marethari asintió y contestó – "Sin duda, pero confío en sus habilidades. Si alguien es capaz de salir bien de esto, es ella."

Duncan se quedó un instante pensativo e hizo una mueca de desagrado, pero sólo asintió y desvió su mirada a Lyna que le observaba con ojos tristes.

"Bien… ¿Cuándo empezamos?"- dijo Lyna con clara angustia en su voz.

"Ahora mismo"- ofreció Zathrian.

… … … …

Todos salieron del aravel con expresión serena, excepto Merrill, que se encontraba aún llorando. Lyna se volteó en su dirección, pero frunció el ceño al verla tan poco compuesta y concentrada.

"Merrill, más te vale hacer bien las cosas esta vez. Si no, prometo que será la última vez que hagas algo."- la rabia que sentía Lyna seguía latente, y a pesar de que intentaba controlarla, el comportamiento infantil de Merrill no ayudaba en nada.

Merrill abrió los ojos como platos y se llevó una mano a la boca, mientras se desbordaba en llanto y salía corriendo hacia la tienda donde se encontraba Tamlen.

Marethari observó a Lyna con mirada dura, sus ojos reprendiéndola severamente, y Duncan secundó la reacción – "Tu amiga está ya bastante afectada, Lyna. No es necesario ser tan cruel"

"Lyna tiene razón, shem. La debilidad de carácter no conduce a nada. Más vale que sea una buena maga. Si no, poco podremos hacer…"- Zathrian miró a Lyna con intensidad, y ella se estremeció por la fuerza de su porte y voz. Ese hombre, sin duda, la hacía sentir cosas que no lograba comprender. Sacudió un poco su cabeza y levantó la mirada en dirección a la tienda de Tamlen, donde varios elfos se apostaban a las puertas, esperándoles.

De repente, por el rabillo del ojo, una silueta vino corriendo hacia ella. Ella se dio la vuelta, y observó a Fenarel acercarse a ella corriendo, con los brazos abiertos y el rostro congestionado de la emoción – "¡Lyna! ¡Vhenan!"- gritó el joven.

Zathrian y Duncan se giraron y fruncieron el ceño ante el espontáneo y cariñoso saludo. Marethari sonrió débilmente y Lyna salió corriendo para encontrarse con él a mitad de camino.

"¡Fen! ¡Fen!"- ambos se fundieron en un fuerte abrazo, mientras Fenarel la levantaba del suelo y giraba con ella colgada de su cuello.

"Oh, Lyna… pensaba que…. ¿Estás bien?"- se separó de ella y le observó detenidamente el rostro y el cuerpo en busca de algún indicio de tortura o heridas.

"Estoy bien, Fen. La Custodia me ha curado y el shem, Duncan, me ha salvado de la cárcel"- dijo girándose en dirección al humano.

Fenarel levantó la mirada y observó al guarda mirarle fijamente. Después, volvió a dirigir sus ojos a Lyna y sonrió- "¡Oh Lyna, gracias a los dioses que estás bien!"- se acercó a su cara y la besó intensamente en los labios, mientras la abrazaba con fuerza. Varios elfos se quedaron mirando la escena y muchos comenzaron a murmurar.

Lyna dio un pequeño salto al sentir sus labios, pero se dejó llevar un brevísimo instante antes de luchar para separarse. "Oh Creadores… cuánto echaba de menos esto"- pensó mientras sentía el dulce sabor de la boca de Fenarel.

"Ehm… Fen… ¿Q-qué haces?"- susurró al apartarse, mientras se ruborizaba y miraba a los lados intentando ocultar su incomodidad.

"Lo… lo siento… sé que no es momento pero… no he podido evitarlo. Estaba tan preocupado por ti… no sé qué hubiera hecho si te hubiera perdido"- levantó una mano y acarició el rostro de la elfa. Ella le obsequió con una débil sonrisa que él correspondió.

"Estoy bien… pero ahora eso no importa."- le miró a los ojos y continuó – "Tamlen nos necesita"- se dio la vuelta y, sujetando a Fenarel por la mano, se dirigió hacia donde se encontraban el resto, esperándola. Antes de iniciar nuevamente la marcha, una voz sonó a su espalda y Lyna se volteó – "¿No piensas saludar a tu maestro?"

"¡Ilen!"- Lyna saltó sobre el anciano que la abrazó al instante y sonrió – "Espero que hayas pateado más de un culo no élfico en Gwaren, da'len. Porque nos tenías preocupados"

Ella se rio y asintió – "No lo hice sola. Este shem, me ha ayudado"- señaló a Duncan.

Duncan hizo una pequeña reverencia con la cabeza y ofreció cortésmente- "Es un placer conoceros. Supongo que el talento de Lyna, es vuestra herencia, según tengo entendido"

Ilen observó al humano con cierta desconfianza hasta que asintió – "En realidad es herencia de sus padres. Yo sólo he contribuido a su refinamiento. ¿Y vos sois…?"

"Duncan, Guarda Comandante de los Grises de Ferelden"-

Ilen abrió los ojos en sorpresa y desvió su mirada a Lyna, con algo de temor – "Da'len… ¿Qué significa esto?"- la sujetó por los hombros y la miró preocupado.

Ella sonrió con tristeza – "Luego habrá tiempo, hahren… ahora Tamlen espera"- levantó una mano y acarició la mejilla de su maestro. Era un gesto que jamás había hecho, pero que sentía hacer ahora más que nada en el mundo. Su maestro había sido como un padre, algo más que un tutor, que un guía; era su familia y sentía que estaba a punto de perderla. Desvió la mirada de su rostro para evitar entristecerse más, y dijo – "Terminemos esto cuanto antes…"- y reinició la marcha hacia la tienda donde se encontraba Tamlen.

Todos la siguieron en el acto, sin decir ni hacer nada más. El campamento, a pesar de que habían varios miembros ajetreados con sus quehaceres, se hallaba casi en un absoluto y pesado silencio.

Finalmente llegaron a la carpa de Tamlen y, antes de entrar, los exploradores le entregaron a Zathrian varios viales con los ingredientes que había pedido.

Uno a uno fueron entrando en silencio en la tienda. Merrill ya se encontraba dentro y había dispuesto varios cuencos de madera alrededor de Tamlen que se hallaba casi desnudo sobre un montón de sábanas mojadas.

Al entrar, el corazón de Lyna se arrugó de tal forma, que casi libera un gemido en el acto. Tuvo que sujetarse el pecho para contener el dolor de ver a su amigo y amante en esa horrible y agónica condición; el cuerpo del joven era apenas un esqueleto con una débil capa de carne sobre él. La piel ya no era pálida ni suave, sino grisácea y arrugada. Las venas de todo su cuerpo eran de color negro y púrpura, y sus ojos, una vez grandes y hermosos, eran dos orbes blanquecinas que se dejaban entrever con cada convulsión de su pequeño y débil cuerpo. Cada poro de su piel, estaba cubierto con sudor, y su cabello se había vuelto gris y quebradizo como la ceniza. Las cuencas de los ojos eran oscuras como la noche, y los labios, otrora tersos, dulces y carnosos, eran ahora dos finas líneas cubiertas de heridas que sangraban con cada temblor de su mandíbula.

"L-l-l-ly-na-na… no"- murmuró el joven, debatiéndose en sueños.

Lyna no pudo soportarlo más y corrió a su lado, mientras sus ojos se desbordaban con gruesas lágrimas– "Tamlen… Tamlen… soy yo… aquí estoy… Te prometí que vendría… te prometí que te buscaría"- cogió su mano y comenzó a sollozar. Su corazón rompiéndose en mil pedazos por el dolor de ver a su primer amor agonizar y quebrarse de esa forma.

Ante esa confesión, varios de los presentes se miraron entre sí con confusión, pero no interrumpieron el momento tan doloroso que la joven elfa estaba experimentando.

Al cabo de unos segundos, una mano se alojó suavemente en su hombro y ella levantó la mirada – "Lyna… debemos preparar todo… es la hora"

Zathrian la ayudó a levantarse, mientras que la sujetaba suavemente por la espalda y brazos, notando la debilidad que la tristeza dejaba en ella.

Lyna se levantó y dejó ir, poco a poco, la mano ardiente de su amigo – "T-tiene fiebre…"- sorbió por la nariz, y se llevó ambas manos a los ojos para quitarse las lágrimas que le dificultaban la visión.

"Es… la corrupción"- el Guarda se adelantó y miró al joven elfo con tristeza – "Poco se puede hacer, me temo…"

Zathrian se volteó con una mueca de enfado en su rostro y espetó – "Nadie ha pedido vuestra opinión. Por favor, salid de aquí."

Fenarel acompañó al Guarda hasta la salida, pero él se resistió un instante. Al ver su reacción, Lyna se acercó a él, buscando reconfortarle – "Confiad en mí, por favor. Necesito hacer esto"- él la observó juntando las cejas en señal de preocupación, pero asintió finalmente y salió de la tienda – "Tú también Fen…"-

"¿Qué? ¿Por qué?"- replicó el joven.

"Da'len, haz caso a Lyna. Necesitaremos más espacio y tranquilidad"- Marethari se acercó a Fenarel y le llevó hasta la salida de nuevo – "Atiende al Guarda y, pase lo que pase, escuchéis lo que escuchéis, no entréis hasta que el maestro Ilen salga ¿comprendido?"

Fenarel quiso replicar, pero al ver la expresión de cansancio de Lyna y el ambiente sombrío del resto, suspiró y asintió, saliendo inmediatamente después de la tienda.

"Bien. Comencemos. Merrill, coloca el contenido de estos viales por separado en cada cuenco"- Zathrian le dio a la joven maga los viales y ésta comenzó a abrirlos y distribuir su contenido.

"Lyna, desnúdate y acuéstate al lado de Tamlen"-

Lyna le miró con desconfianza pero asintió y se desvistió por completo, dejándose puesta sólo su ropa interior. Después, se acostó al lado de Tamlen sobre varias sábanas empapadas de agua y aceites esenciales que no lograba discernir. No sentía miedo alguno, sólo nerviosismo, dolor quizá, por ver a su amigo en tal estado. Estaba dispuesta a dar lo que hiciera falta con tal de ayudar a su salvación.

Zathrian observó nuevamente a la joven y después desvió su mirada hacia Marethari que le observaba con inquietud.

"Custodia, pasadme ese cuenco de allí"- Marethari cogió uno de los recipientes que contenía uno de los ingredientes que Merrill había dispuesto y se lo entregó a Zathrian. Éste lo cogió y sacó un pequeño puñal de la manga de su túnica.

Lyna observó, atónita, cómo el mago se cortaba profundamente la muñeca y vaciaba parte de su sangre en el cuenco que Marethari le había ofrecido. Por un instante, su corazón dio un vuelco. Sabía ya de antemano que el ritual iba a ser complejo, pero lo que no sabía era que requiriese más sangre que la suya.

"Aquí tenéis. Haced el símbolo sobre el torso de Lyna"- Zathrian devolvió el cuenco a la Custodia y ésta hizo lo que le ordenó.

Lyna cerró los ojos, buscando controlar su nerviosismo, cuando Marethari dibujó sobre ella un símbolo élfico que no logró identificar con el simple tacto de sus dedos sobre su piel. No sentía temor, pero la ansiedad estaba haciendo mella en su paciencia.

"¡Por los Dioses! ¿Es esto necesario? ¡Es Magia de Sangre!"- se apresuró a decir Ilen, mientras miraba incrédulo el torso de Lyna.

"La Magia de Sangre es una herramienta más. Se usa sólo cuando el resto falla, aunque no es infalible"- contestó Zathrian, sin apartar la mirada de Lyna. Verla en ese estado, desnuda y con su sangre sobre su torso, era una visión tan potente y llena de significado, que jamás podría olvidar. Se avergonzó ligeramente de ese sentimiento, pero no apartó la mirada de ella y de cómo la Custodia trazaba los antiguos símbolos sobre esa delicada y tersa piel.

"Puede ser muy útil. No es una magia maligna, hahren"- apostilló Merrill. La elfa aguardaba sentada a los pies de Tamlen, esperando por las indicaciones del Custodio.

"Da'len, no estamos aquí para discutir esto, pero te aconsejo que elimines de tu mente dicha idea. Este caso es excepcional y no se repetirá si se diera el caso"- Marethari se levantó del suelo y colocó de nuevo el cuenco donde estaba, aún con restos de sangre y demás ingredientes. Después, se posicionó, arrodillada, a la cabeza de Tamlen y Lyna.

Lyna no intervino en la conversación. Era un tema que se le escapaba completamente de su conocimiento. La magia de sangre estaba prohibida en su clan, aunque sabía que podía usarse en casos extremos. Éste era uno de ellos y ella estaba dispuesta a pagar con su sangre, lo que hiciera falta, con tal de salvar, en alguna medida, a Tamlen.

"Bien. Merrill, extrae las sanguijuelas y colócalas en cada ramificación de las venas de Tamlen. Observa la intersección de las líneas y deja que el animal haga lo propio."- Merrill se puso de inmediato con la tarea, no sin hacer previamente una mueca de desagrado al coger el resbaladizo bicho.

"Custodia, ahora"- Marethari asintió lentamente y, desviando su mirada hacia Lyna, colocó una mano sobre la cabeza de ésta y, otra, sobre la de Tamlen.

"Bien, Lyna. Coloca tus manos sobre tu torso y no te muevas. Cierra los ojos… siente la energía"- Lyna obedeció. Colocó sus manos sobre su torso, con cierta inseguridad, y cerró los ojos. En ese mismo instante, un pequeño cosquilleo se alojó en su frente. Su cabeza comenzó a dar vueltas y sus sentidos se anestesiaron al instante, relajándola por completo.

"Maestro Ilen, ahora. Merrill, atenta"- después de decir esto, Zathrian comenzó a murmurar palabras en élfico antiguo, palabras que ella no entendía, pero que, de alguna forma extraña, la tranquilizaban. "Tranquila, aquí estoy… siempre a tu lado"- una voz en su interior la calmaba, la arrullaba. "Marethari"- pensó mientras intentaba poner su mente en blanco.

Al cabo de unos segundos, dos manos se alojaron en las suyas y, sin hacer mayor movimiento, la hoja afilada de un puñal cortaba sus muñecas profundamente, sin apenas dolor. Sintió, por un instante, el filo rozar sus tendones y un líquido caliente correr por su torso, pero luego su cuerpo se sumió en una absoluta paz que hizo que sintiese su cuerpo flotar, como si fuera etérea, ligera como una pluma en la brisa.

La voz del Custodio parecía guiarla en el trance. Su cuerpo se hacía cada vez más liviano. Su corazón latía cada vez con menos intensidad y sintió que se elevaba de su cuerpo. Un último cosquilleo, y supo que salió de él. Notó que ascendió y se vio a sí misma, desnuda, fría, cubierta de sangre, mientras que, de sus venas, emanaban chorros de ese líquido vital que subían en cascada hasta arriba y bajaban con furia hacia el cuerpo de Tamlen, cubriéndolo y regenerándolo al instante; era como si ella fuera la fuente de vida y él el sediento de ella.

Desvió su atención hacia Marethari, que se hallaba de rodillas luchando por mantener vivo a Tamlen, y a ella estable. Al lado de ella, su Maestro, completamente absorto en sus pensamientos, mientras que Merrill se hallaba a los pies de Tamlen, irradiando su magia sanadora y ayudando a regenerar el cuerpo del joven. Zathrian continuaba recitando hechizos, que resonaban alrededor, mientras gesticulaba con las manos en alto y temblaba con el esfuerzo de mantenerse en pie, al tiempo que su propia sangre se mezclaba con la de Lyna en el aire, y bajaba para entrar violentamente en el cuerpo de su amigo, rejuveneciéndole, regenerándole, reviviéndole.

Lyna sonrió, o eso sintió hacer. Era la propia espectadora de su muerte, pero si eso valía para salvar a su amigo, que así fuera. Su mente se hallaba en paz, ya no sentía su cuerpo, ni dolor o angustia alguna; era una sensación maravillosa.

"Búscalo… tu ancla…"- le recordó una suave voz. Lyna luchó por entender el significado, pero todo era muy borroso. Sus recuerdos parecían difuminarse, perderse a medida que abandonaba su cuerpo. Su mente estaba demasiado embotada, sus sentidos no reaccionaban y, ella, su yo intangible, seguía elevándose inexorablemente. Sus amigos, su familia… cada vez más diminutos, más distantes, más como un recuerdo del que ya apenas tenía memoria.

"Dulce Lyna… Halam'Shivanas"- esa voz de nuevo. Miró a su alrededor de nuevo, Marethari y Ilen parecían nerviosos, parecían preocupados, sollozaban. La movían, la zarandeaban, pero ella no volvía, no quería volver. Un brillo azul llamó su atención de repente; junto a ella, una figura que no logró discernir, la miraba, la llamaba, y ella confiaba.

"Azul… como esos ojos azul claro imposibles… Azul como su alma y el cielo de verano, como su fuerza y el agua del arroyo… mi Desconocido… Él"- Lyna sintió latir de nuevo su corazón, más fuerte y rápido que nunca. De repente, mucho dolor, insoportable agonía. Todo a su alrededor se agitaba bruscamente, las caras, las figuras se distorsionaban y, súbitamente, todo se volvió negro y caliente, pesado y doloroso. Luego la nada se apoderó de ella. "Mi ancla…"- se escuchó decir, y su mente se desvaneció en un profundo sueño.

… … … …

Todo había pasado demasiado rápido. El ritual era antiguo, peligroso, pero pensaba que lo tenía todo controlado. Sin embargo, no contó con ella… con Lyna.

Había sido una imprudencia aceptar su ayuda. Su relación con el Velo y el Más Allá era imprevisible, arriesgada, y ella no conocía sus verdaderas habilidades ni potencial, pero ¿acaso alguien lo conocía?

Debió verlo venir. Todo se complicó a una velocidad pasmosa. La vida de Lyna penetraba demasiado rápido en Tamlen. El joven reaccionaba, se contorsionaba, respiraba, pero ella se iba, se abandonaba, se perdía… la perdían irremediablemente.

La Custodia y el Maestro intentaron revivirla, intentaron llamarla, buscarla de nuevo, pero sin éxito alguno. "Demasiado tarde"- pensó, mientras su cuerpo cedía y caía de rodillas al suelo, exhausto, abatido, con sus muñecas aún abiertas, su corazón latiendo con angustiosa lentitud, y su maná ausente por completo, dejándole vulnerable al efecto mágico del encuentro.

Pero todo, súbitamente y sin saber cómo, cambió. "Mi ancla"- escuchó en un murmullo, y la habitación se inundó de una luz azul intensa que sólo él pudo ver, pero que brilló hasta casi cegarle. Su corazón dio un vuelco y los llantos y suspiros de alivio de la Custodia e Ilen inundaron la tienda. Ahora, dos corazones más latiendo en equilibrio; y una unión de sangre a tres, irrompible… atemporal, eterna.


El descanso le fue esquivo de nuevo. El desayuno apenas cubrió el agujero que aquel sueño le dejó en su vacío e intranquilo estómago; un agujero que no se llenaría con nada que él pudiera hacer. El recuerdo, la memoria, rozaban su mente con insistencia, y aquella escena se repetía una y otra vez en su retina. Pero ¡Malditos sean los juegos del Hacedor!, pues su corazón latía, una vez más, con brusca insistencia en su pecho al rememorar aquel rostro marcado, aquellos ojos rasgados y aquella nueva y joven silueta. Hoy, más que nunca, necesitaba sosiego, pero eso también se le negaba. Introdujo su mano en el zurrón que colgaba de su cinturón, buscando aliviar su intranquilidad, y allí sintió el filo; la fina y delicada hoja élfica aún guardaba su esencia, su tacto, su propósito… era un trozo de ella, de su fuerza, de su resistencia. "Lyna…"- susurró en un suspiro.

La anaranjada y tenue luz del alba rozaba los tejados de su ciudad y los soldados marchaban enérgicos hacia Ostagar. A la cabeza, él: pulcro, reluciente, estoico. A su lado, su teniente guardaba silencio, con esa expresión que él conocía muy bien, una expresión de resignación, de control, de determinación.

El camino sería duro, pero más dura sería la espera ¿La volvería a ver? Algo le decía que sí. Esa idea le estremeció ¿cómo era posible? Él era impasible, imperturbable, era ajeno a cualquier situación mundana ¿o acaso ya no lo era más? Volvió a estremecerse. No lo permitiría. Nada era más importante que esto, que Ferelden, que la gloria de su nación.

Marchaban a la guerra, a luchar por un Rey que bebía aires orlesianos, aires de concilio, sin ser consciente de que era traición. Buscaría la verdad, costase lo que le costase. Ni siquiera un Theirin lograría separarle de lo que él más amaba; su tierra, su pueblo. Buscaría la verdad, aunque ello significase la muerte.


Shemlen: niños rápidos. (Nombre despectivo que se le da a los humanos. Shem; rápido.)

Fen'harel ma halam: Que el lobo terrible te acabe. Usado como amenaza o maldición.

Lethallin: término de cariño usado hacia un hombre y/o elfo.

Lethallan: término de cariño usado hacia una mujer y/o elfa.

Da'len: pequeño niño/a

Falon: amigo

Hahren: anciano. Muestra de respeto.

Ir abelas: lo siento. Arrepentimiento.

Ma serannas: gracias, agradecimiento.

Aneth ara: saludo amigable entre elfos dalishanos.

Andaran Atish'an: Saludo formal élfico que significa "Entra en este lugar en paz"

Fenedhis: mierda, maldición.

Arlathan: ciudad antigua de los elfos, hogar original de todos los elfos

Ma nuvenin: como desees.

Halam'Shivanas: El dulce sacrificio del deber.