¡Hola queridos Terrafofans!

Antes de nada, debemos hacer una advertencia con este capítulo. Si a alguno de vosotros le incomoda, o no le gusta leer escenas relacionadas con el sexo, le recomendamos que se salte la primera parte del capítulo. Hemos puesto una línea en el momento a partir del cual finaliza la escena para que en caso de que no queráis leerla os la podáis saltar ^^

Alex, Akari y Marcos parecen no tener las cosas muy bien el tre ellos y si bien los dos últimos parecen haber arreglado sus diferencias en el anterior capítulo, ambos siguen aún un poco molestos por la actitud de Alex. Pero Alex ¡ay Alex! Este chico tiene cosas más importantes entre manos en este momento, literalmente. Y quién sabe, puede que la solución a los problemas entre los dos mejicanos, esté en manos de cierta profesora rubia que ni siquiera sea consciente de ello.

Por otra parte, los exámenes de Akari están a la vuelta de la esquina y puede que la semana que viene necesite algo de ayuda ¿quién le ayudará con sus estudios? En el capítulo del próximo miércoles lo sabréis :P

- Título: Sexo, leche con galletas y Rock&Roll
- Autora: Eme sylvestris
- Palabras: 15178
- Personajes: Alex, Yaeko, Marcos, Akari y Michelle (más o menos xD )

¡Gracias a todos por seguir con nosotras! ¡Sois amor!

Para más información al respecto podéis consultar nuestro tumblr: cockroacheswetdreams


SEXO, LECHE CON GALLETAS Y ROCK&ROLL

Sabía que no debía haber ruido. De hecho no era particularmente escandalosa en situaciones así, y entendía aunque no compartía el secretismo que él quería mantener al respecto. No obstante le estaba costando mucho no vocalizar la más que favorable opinión que tenía sobre lo que estaba sintiendo en ese momento. Un escalofrío placentero hizo que todo su cuerpo se agitase al sentir los labios de Alex rozar su cuello y de forma instintiva movió las caderas. Pudo sentirle sonreír contra su piel al susurrarle que no se acelerase, haciendo la cama crujir al apoyar el peso de su cuerpo en el codo que mantenía sobre el colchón mientras con la mano libre apartaba el pelo que se interponía en el camino hasta su clavícula. Emitió un gemido contenido entre dientes y entonces él sacó la cabeza del hueco en su hombro y la miró fijamente con unos ojos que parecieron hablarle, indicándole exactamente lo que quería.

Yaeko se humedeció los labios y enterró sus dedos en la melena del chico tirando de él hacia abajo con cierta ansia y besándole profundamente. Esta vez fuel turno de él para que su pelvis sufriese un pequeño espasmo y rozase contra la de ella. Por si acaso tenía alguna duda, el miembro erecto de Alex frotando su monte de Venus dejó más que claro que estaba igual de excitado que ella, si no más. Cuando se separaron para recuperar el aliento él golpeó su nariz con la suya propia suavemente, como si de un beso de esquimal se tratase. Era un gesto que ya se había hecho común para ellos en la escasa semana que llevaban siendo una pareja, y que, especialmente en sus momentos más íntimos, iba proseguido de un "te quiero" que tampoco faltó en esta ocasión. Volvió a atrapar su boca en otro beso y los mechones revueltos del pelo suelto del chico le hicieron cosquillas en la cara…no le importó. Tenía algo más interesante de lo que ocuparse en ese momento, así que obviándolo dejó que sus dedos se deslizasen por el cuero cabelludo de Alex hasta que llegó a su nuca y lo acercó a ella, apretando sus labios contra los suyos y provocando que sus caderas de rozasen de nuevo. Él casi gruñó al sentirla contra su cuerpo, notaba su piel más sensible de lo normal y el mínimo toque conseguía que todas sus conexiones nerviosas se disparasen. Yaeko pudo notar la fornida mano del joven acariciar su cuerpo desde el hombro hasta posarse en su cintura, disminuyendo aún más el espacio entre ellos al atraerla hacia sí. Estaba tumbado sobre su costado y un poco inclinado sobre ella, era en la manera en la que menos le molestaban sus fracturadas costillas que si bien le habían impedido entrenar con regularidad, no iba a permitir que le imposibilitasen también retozar en la cama con su novia.

Las manos de Yaeko eran tan suaves y cálidas comparadas son las suyas, que no podía entender cómo conseguía hacer que arquease la espalda y dijese su nombre con voz contenida cuando, como en ese momento, masajeaba sus pechos y pellizcaba con suavidad sus sensibles pezones. Ni siquiera había tenido que desnudarla, llevaban horas sin más tela pegada al cuerpo que la del edredón que los envolvía. Le miró con ojos suplicantes, las mejillas sonrojadas y la respiración un poco más acelerada de lo normal, quería contenerse, de verdad que quería hacerlo. Unas horas antes ya habían dejado que sus cuerpos hablasen por sí solos hasta alcanzar el clímax, y sus costillas lo habían notado. Además estaban sus compañeros, las paredes de la casa eran de papel y los podían oír, pero la chica se lo estaba poniendo realmente difícil. Acercó su pierna al espacio entre las mismas de la joven, que no dudó en frotarse con él en ese mismo instante dejando un rastro de fluidos vaginales en su rodilla, definitivamente, el contenerse ya era imposible.

- Yaeko- le susurró apoyando la frente en la de ella y moviendo las caderas- No puedo más- ella le besó de nuevo, rodeándole con una pierna y haciendo que su glande rozase de forma casi imperceptible, pero logrando igualmente que un escalofrío recorriese el cuerpo de ambos, sus labios humedecidos.

- No te aceleres- respondió ella como venganza, recordándole lo que él mismo le había reprochado segundos antes.

Mordiéndose el labio aguantó un quejido de frustración que ahogó casi al instante, al sentir una de las manos de la chica recorrer su pecho hasta llegar a su miembro viril, que empezó a acariciar. Clavó la mirada en ella, expectante, y Yaeko sonrió traviesamente antes de agarrarlo en su zona superior, moviendo su mano y haciendo que su prepucio friccionase con el glande. Su ritmo era lento y pausado, aunque constante, y con un sensual movimiento pélvico Alex le dio a entender que acelerase sin siquiera tener que decírselo con palabras. Yaeko concedió sus deseos y aumentó la velocidad y la presión que ejercía, y la mano del chico, que se había movido hasta su muslo, la apretó la carne posesivamente. Claramente quería tocarla, agarrarla, pegarse a ella hasta no dejar un milímetro entre ambos. Pero la forma en la que estaban tumbados no ayudaba, y empezaba a notar molestias que le provocaban las costillas eran aún más patentes.

- Espera, espera- atinó a decir entre gemidos de placer y con la respiración temblorosa- Necesito cambiar de postura.

- ¿Las costillas?- le preguntó mordiéndose el labio, clavándole los ojos y sin cesar de masturbarle. Él soltó una serie de respiraciones entrecortadas y no pudo evitar sonreír con satisfacción al saber que en ese momento lo tenía a su merced

- Jo-der- le agarró del muslo aún con más fuerza- Yaeko…- parecía que iba a decir algo más pero su nombre se perdió en un suspiro.

Alex sintió las fuerzas del brazo con el que se apoyaba en el colchón flaquear y cayó sobre la almohada, girándose un poco para quedar boca arriba y estar más cómodo. Ni siquiera eso impidió que Yaeko continuase moviendo su mano con soltura, podía sentir el pene del chico crecer y casi palpitar y notó que su propio interior reaccionaba ante él, al sentir las paredes del interior de su vagina contraerse. Pero incluso aunque para ella fuese un suplicio, prefería hacerle "sufrir" un poco más, tal y como él le había hecho horas atrás cuando irrumpieron en su habitación devorándose mutuamente y casi sin fijarse dónde ponían los pies. Ella estaba cansada del trabajo, y el aún resentido de algunas de sus lesiones, pero eran demasiado jóvenes y estaban demasiado cachondos como para que les supusiese un inconveniente.

Se incorporó en la cama poniéndose de rodillas junto a él para así poder masturbarle más cómodamente, aprovechando su nueva posición para de un modo casi imperceptible acercar a él su boca y lamer su glande dejando un generoso rastro de saliva. Mientras hacía que su lengua se deslizase piel de la zona más erógena del cuerpo de Alex, pudo oírle soltar un gemido en voz alta que le llevó a cubrirse la boca con la mano él mismo, amortiguando sus expresiones de gozo. Los dedos del chico, ahora sobre la cama, se agarraron a la sábana con fuerza, arrugándola. Yaeko levantó la cabeza y disminuyó el ritmo de su mano, dejando que la piel del prepucio se resbalase con suavidad sobre la saliva que ella misma había dejado. Alex aun cubriéndose la boca la miró entre el placer y la confusión, pero no pudo evitar que sus ojos se pusieran en blanco al sentirla frotando su pene de nuevo con más velocidad y presionando con un poco más de fuerza cada vez que su mano pasaba por el inicio de su glande.

- Así está más lubricada- le dijo lamiéndose los labios.

No esperaba respuesta verbal, y de hecho no la obtuvo, pero el par de embestidas con la pelvis que el chico hizo en ese momento, fueron suficientes para saber que estaba de acuerdo con su forma de proceder. No pudo evitar darse el lujo de observarle aprovechando la intimidad que le daba el hecho de que Alex mantuviese los ojos cerrados y la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás. Si su cuerpo con ropa encima ya parecía cincelado por el más avezado escultor; desnudo como estaba, con el sudor perlando sus músculos y su preciosa piel tostada, y con su pecho moviéndose profundamente gracias a su trabajosa respiración, directamente parecía un dios azteca. Joder. Quería besarle, que toda la superficie de su piel estuviese en contacto con la de él. Sentir su lengua por la nuca, por sus pechos, por sus pezones. Que la acariciase con esas manos, fuertes y grandes, que le hacían sentir más calor que el más tórrido día de agosto. Que la agarrase con ímpetu de las nalgas mientras la penetraba. Lo quería, y lo quería ya.

Se detuvo casi de golpe haciendo una última fricción más pausada y contenida, ganándose una mirada de frustración por parte de Alex, que expresaba un claro "¿por qué has parado?" sin necesidad de hablar. Yaeko se agachó a darle un beso que respondió con ansias, agarrándola por la nunca y apretándola contra él. La chica sintió el interior de su cuerpo estremecerse de nuevo y un calor ardiente entre sus piernas, ya no podía más. Gateó por el colchón hasta que pudo alargar la mano a la mesilla, alcanzando uno de los condones que Alex había dejado sobre ella la noche anterior. Cuando ya lo tenía en su puño e iba a contraer el brazo de nuevo hacia sí fue cuando se dio de que había quedado totalmente expuesta a Alex, que estaba tras ella devorándola con la mirada y que no dudó el alargar sus dedos y dejar que sus yemas acariciasen los humedecidos labios de la chica. Se estremeció y él lo notó, dibujándosele una sonrisa traviesa en la cara milésimas de segundo antes de mover su mano un poco más hacia delante y rozar su clítoris. Casi en un acto reflejo cerró las piernas y en un rápido movimiento contrajo el brazo que había alargado hasta la mesilla y se apoyó en la cama.

El mueble crujió al enderezarse Alex en el colchón. Yaeko sintió que palpitaba en su interior cuando una de las fornidas manos del chico agarró uno de sus glúteos y la otra comenzó a estimular su clítoris con un par de dedos. No fue capaz de detenerle…tampoco tenía intención hacerlo. Gimió más alto de lo deseable, no debían escucharles, pero estaba demasiado excitada como para controlar el tono de todos los sonidos que salían de su boca. Se mordió el labio intentando ahogar el grito fruto de la siguiente oleada de placer que se sobrevino, pero pese a ello aún se le escapó una exclamación aguda al soltar el aire, aunque a un volumen lo suficientemente bajo como para no oírse más allá de la privacidad que les proporcionaba la habitación del chico.

Continuó masajeando con suavidad su centro, haciendo oscilaciones con el dedo índice de vez en cuando, frotando levemente con el dedo corazón en otras, dándole leves pellizcos ayudándose de su pulgar…hasta que se le fue la fuerza de los brazos y no viéndose capaz de soportar el peso de la parte superior de su cuerpo con ellos, los dejó caer sobre la cama y apoyó la frente en el colchón, con cada una de sus manos a un lado de su cabeza. Su respiración era cada vez más agitada, su cuerpo cada vez era recorrido por mayor número de espasmos, contrajo los dedos de sus manos cerrando los puños y el sonido del envoltorio del condón siendo aplastado resonó en la habitación. Notaba calor, incluso se sentía un poco mareada debido a la postura, pero toda la capacidad de sentir de su cuerpo parecía estar concentrada en su clítoris en ese momento, y el único movimiento que era capaz de hacer además de apretar las manos, era el de su pelvis al intentar que el roce con las manos de Alex fue aún mayor. Se sentía en ebullición, las paredes de su vagina se contrajeron, estaba a punto de alcanzar el clímax.

- A-ah..A-lex- tan claramente como su respiración entrecortada le permitió empezó a hablar- V…ahhaah..Vo-vo…DIOS..- cogió aire trabajosamente y tragó saliva- Vo-voy a..

No tuvo que decir más, el chico en seguida entendió a lo que se refería y con una sonrisa maliciosa en la cara se separó de ella, a lo cual Yaeko respondió con un evidente sonido de frustración.

- ¿Por qué haces eso?-

- Ven aquí- le indicó mientras lamía sus dedos, limpiando de ellos los restos de los fluidos de la chica. A regañadientes ella se acercó y Alex se cogió el condón de la mano, acercándola a sí mismo para susurrarle al oído- Prefiero que lo hagas mientras esté dentro de ti.-

Al oírle susurrar esas palabras, con la voz áspera y profunda, no pudo evitar frotarse contra él. Sonrió y la besó profundamente, enterrando sus dedos en la melena de Yaeko para acto después abrir el envoltorio del preservativo y ponérselo con su ayuda. Él se tumbó con cuidado sobre la cama y Yaeko se posicionó encima. Ardía en deseos de que pudiese ser al revés, o incluso de tenerla frente a él a cuatro patas y penetrarla como un animal, pero su huesos fracturados no parecían estar de acuerdo con ello, o por lo menos eso era lo que ella decía y le insistió con que tenía que esperar a estar totalmente recuperado para hacer esfuerzo físico intenso. Al parecer hacer el amor con tu novia hasta quedarte sin aliento se consideraba como tal. No se quejaba, ni mucho menos, pero llevaba demasiados meses queriendo oír el colchón crujir bajo sus embestidas como para conformarse.

Yaeko agarró su pene y lo colocó a la entrada de su vagina, dejándose deslizar hacia abajo aguantando un suspiro, hasta que toda la longitud de Alex estuvo en su interior. En su primera vez juntos les había costado un rato adaptarse el uno al otro, pero tras varios días compartiendo algo más que la cama, sus genitales se habían adaptado de sobra el uno al otro y encajaban como el más perfecto de los puzles. Ella se empezó a mover, apoyando las manos en su pecho y sirviéndose de la fuerza que podía hacer con sus piernas para subir y bajar. Cerró los ojos y clavó un poco sus uñas en la piel del chico, disculpándose. Él le quitó importancia y la agarró de las caderas, ayudándola a moverse y ajustando sus ritmos para compenetrarse mejor.

No podía apartar su mirada de ella. De la silueta de su cuerpo recortándose sobre las penumbras de su habitación, de su piel blanca que hacía que sus mejillas enrojecidas destacasen aún más, de la cascada de pelo negro cayendo sobre su espalda y su cuerpo, cubriendo con algunos mechones sus generosos pechos, que se balanceaban con cada movimiento. Joder. Cómo le gustaban esos pezones grandes, rosas y protuberantes. Disfrutaba cada vez que se estremecía bajo él cuando los introducía en la boca, cuando los lamía o los mordisqueaba al tenderla en sus brazos. Sintió su pene moverse por sí solo dentro de ella al pensarlo. Joder. Las paredes palpitantes de ella se contraían a su alrededor arrancándole gemidos que no sabía cómo de altos eran. Ya le daba igual, que se enterase quien fuese, en esos momentos en los que cerró los ojos echando la cabeza hacia atrás al sentir el placer más puro recorrer su cuerpo era precisamente eso lo único que le importaba. Apretó sus caderas con fuerza y bajó sus manos hasta los glúteos de Yaeko, animándola a ir más rápido. No le quedaba mucho para alcanzar su clímax y justo cuando estaba pensando en ello su nombre desgarró la garganta de la chica, que arqueó la espalda y enterró los dedos en sus pectorales, casi convulsionando. Los músculos de su interior palpitaban contra su miembro, cada vez estaba más cerca de llegar al orgasmo.

La sacudida de placer que la sobrevino al llegar al éxtasis, no impidió que siguiese moviéndose sobre él. Pese a que por un momento mientras ella sentía estallar su interior sus ritmos se desacompasaron. Había gritado su nombre, pero él parecía de todo menos molesto así que tampoco sería ella quién se preocuparía porque podían haberla escuchado. Consiguió recuperar la respiración de nuevo y coordinó el movimiento de sus caderas con las de él, no sabía cuánto le quedaría para eyacular, pero desde luego pensaba seguir disfrutando el momento.

- Yaeko- soltó en un susurro- T-te quiero

- Y yo

- Pero mucho..aaah.

Se inclinó sobre él y atrapó su boca en su beso, justo mientras él alcanzaba su orgasmo entre espasmos y agarrándose a ella como si le fuese la vida en ello. Cuando su pene se quedó flácido lo sacó de dentro de ella, y durante unos minutos se quedaron como estaban, él tumbado en la cama boca arriba y ella sobre él, plantando besos en su cara mientras el chico recuperaba el aliento.


- Tengo frío- se quejó la chica al cabo de un rato. Él la besó en la frente y la instó a bajarse de encima suyo, para poder quitarse el condón ya usado y meterlo de nuevo dentro de su envoltorio original, dejándolo en la mesilla junto al otro que ya habían usado al volver de La Cucaracha Marciana.

- Ven- le dijo ofreciéndole un hueco a su lado. Ella se acurrucó contra él apoyando la cabeza en su hombro y Alex los cubrió a ambos con las sábanas y el edredón. Él también debía reconocer que con el sudor en el cuerpo y ahora que su actividad física había cesado, se estaba quedando helado- ¿Mejor?

- Sí- Alex empezó a pasar los dedos por su espalda a lo largo de su columna vertebral, se estremeció- ¿qué hora es?

- Buf, las 8. Supongo que sobre las 9 Akari se levantará- bostezó- Marcos no creo, ayer estaba bastante perjudicado.

- Marcos es idiota- refunfuñó- Está volviendo loca a Kana-chan

- Eso no te lo voy a negar- soltó una leve carcajada- Por cierto, Akari sigue empeñado en que le vas a regalar tú en el Secret Santa.

- ¿Por el mensaje del color favorito?- Alex asintió- estoy deseando ver su cara cuando vea que no

- Voy a poder estar cachondeándome de él una semana- Yaeko le dio un bofetón en el pecho- ¡Hey! ¿A qué viene eso?

- Siempre es metéis con él. Pobrecillo, es un buen chico- le reprendió- Además gracias a él estamos aquí tú y yo- pudo sentir un beso de Alex en la frente y se pegó más a su cuerpo.

- Lo sé, lo sé- suspiró para acto seguido soltar otra leve carcajada- Pero es que es tan gracioso cuando se avergüenza.

- Y hablando de vergüenzas ¿cuándo vas a atreverte a decirles que estamos juntos? Ya ha pasado una semana.

- Ya pero…no sé- la abrazó contra él- Me da un poco de miedo como puedan reaccionar. Marcos es muy…Marcos, y además lleva días de muy mal humor. No sé, me da cosa

- Parece que te avergüenzas de mí, jo

- ¿Cómo me voy a avergonzar de ti? - preguntó Alex fuera de sí mirándola con total estupefacción - Eres lo mejor y más bonito que me ha pasado en la vida- se fundieron en un beso que se prolongó hasta que se quedaron sin aliento, y aun tras él, se miraron el uno al otro durante un rato, oyéndose tan sólo sus respiraciones.

- Jo, es que quiero poder besarte y abrazarte en público. Y poder venir a tu casa sin esconderme- hizo un puchero y le empezó a hacer dibujos en el pecho con los dedos- no podemos abusar tanto de la confianza de Kana-chan. Ya viste la cara que puso ayer cuando le dijiste que subías a casa.

- De esta semana no pasa ¿vale? En cuanto Marcos esté de mejor humor.

- Si para el miércoles no se lo has dicho me planto aquí y te follo en la cocina para que se enteren- decidió hinchando las mejillas como un hámster y mirándole con el ceño fruncido.

- Me parece una opción estupenda. Creo que no voy a decir nada ¡Ay!- se quejó al recibir un pellizco de la chica.

- Bueno, creo que debería irme. Ya son y cuarto.

- Mmmm…- remoloneó echándole el otro brazo por encima- No quiero que te vayas

- Ni yo quiero irme- le dio un beso corto a Alex en los labios y se incorporó- Voy al baño

Salió de la cama estremeciéndose con el frío ante la atenta mirada del chico, que no podía quitarle ojo de encima mientras se ponía su ropa interior, la cual estaba desperdigada por el suelo, y una de sus viejas camisetas de estar por casa. Cómo podía ser tan mona con una camiseta tan desgastada y que además le quedaba tan grande era algo que no podía entender, pero se trataba de un irrefutable hecho de la Naturaleza, que por algo decían que era sabia. La observó con una sonrisa mientras abría la puerta con cuidado y asomaba la cabeza fuera, comprobando que no hubiese nadie a la vista. Realmente ni él mismo entendía muy bien por qué no quería decírselo a sus amigos, pero tenía en cierto modo la sensación de que estaba en una especie de ensoñación y que cuanto más gente lo supiera más real sería y más probabilidades habría de que se fuese todo al traste. Y bueno, el hecho de que Marcos llevaba días con un humor de perros no ayudaba nada a que se animase a contarlo. Pero Yaeko tenía razón, no podía seguir ocultándolo, ni ella ni él lo soportarían mucho más tiempo, y Kanako aún menos. Además Michelle y Keiji ya lo sabían y no había habido ningún problema…pero Marcos y Akari eran distintos, más concretamente Marcos. No sabía realmente cómo se lo iba tomar, vale que él le había animado a declararse a Yaeko, pero aun así, era tan voluble…

- Pollito- se topó con Yaeko mirándole con cara de preocupación- ¿Pasa algo?

- No, no, Peque. Sólo pensando en Marcos

- Bueno, vengo ahora y me cuentas.

Yaeko salió de la habitación de puntillas, intentando hacer el menor ruido posible. No había nadie levantado pero la puerta del rubio estaba abierta y si Max se encontraba con ella no dudaría en saludarla ladrando o algo similar. Al entrar en el baño cerró tras de sí intentando hacer el menor ruido posible y suspiró apoyándose en la superficie de madera. Debía reconocer que la emoción de ser pillados le resultaba muy gratificante, a unos niveles bastante por encima de lo que le gustaría admitir. Aprovechó para orinar, asearse un poco y mirarse en el espejo. Le encantaba llevar la ropa de Alex, era cómoda y suave y además olía a él y le daba la sensación de estar envuelta entre sus brazos constantemente. Y ¡qué demonios! estaba tan mona con esa camiseta gigante que le quedaba como un vestido, la forma en la cual él la miraba al ponérsela le dejaba clarísimo que a al mejicano le gustaba tanto o más que a ella el que se pusiese su ropa.

Se revisó el cuello, tras el incidente de Marcos y Kanako tenía muy presente en la clase de secuelas que podía juguetear con la piel sensible de esa zona más de la cuenta, y pese a que no le importaría lucir un chupetón a cuenta de Alex, no creía que fuese muy adecuado dado lo caldeado que estaba en ambiente entre sus dos amigos. En el fondo eran muy tontos. Era evidente para todos los que les rodeaban que se gustaban, y pese a que Kanako parecía haber aceptado finalmente lo que sentía por Marcos, para el chaval aún era una asignatura pendiente. Chascó la lengua inconscientemente. Quizá no era ella la más adecuada para hablar en vista de que una semana atrás estaba en una situación similar, pero al menos ella no sufría del modo que lo estaba haciendo su amiga. No podía evitar que le doliese un poco que Kanako fuese incapaz de alegrarse con todo su ser por ella, pero pese a todo, entendía la causa de su resentimiento.

- Hora de volver con Alex- se murmuró a sí misma mostrándose una sonrisa en el espejo.

Y por un momento, obviando que estaba en casa del chico, creyéndose segura tras haber ido al baño sin problemas y con la enorme camiseta de su novio resbalándose por su hombro dándole cierto aire de sensualidad aderezado por su melena revuelta cayendo por su espalda…abrió la puerta y salió del baño casi chocándose con alguien. Que sea Alex, que sea Alex, que sea Alex, que sea Alex…repetía en su cabeza sin atreverse a mirar a la persona frente a ella. Tenía claro que no era Alex, la persona que tenía en frente era bastante más baja que Alex, de hecho sabía perfectamente de quién se trataba, pero la esperanza es lo último que se pierde ¿no?

- Mmmmbuenos días Yaeko- murmuró rascándose los ojos para después bostezar. Alex ya le había dicho que Akari cuando se despertaba estaba en la inopia un rato, pero no se imaginaba que fuese tan grave

- ¿Hola?- contestó ella recolocándose el cuello de la camiseta y poniéndose el pelo detrás de la oreja

Pudo verlo, cómo su cerebro aun dormido iba procesando la información. Cómo las manos que frotaban sus párpados de repente pararon y se alejaron de su cara. Cómo sus ojos se abrieron de par en par clavándose en ella. Cómo daba un par de pasos hacia atrás mirándola estupefacto y cubriéndose la boca. Y finalmente, cómo se daba la vuelta para salir corriendo en dirección a su habitación y se tropezaba con un juguete de Max terminando de bruces en el suelo. Y se desató el caos.

Akari no dejaba de repetirle que no le mirase, que estaba indecente. Yaeko creía que estar indecente se alejaba mucho de la imagen del fornido japonés ataviado tan sólo con unos ajustados bóxer negros, pero eso es algo que jamás le diría, no fuera a hacerse ideas raras. Alertado por las voces, Max salió corriendo de la habitación de Marcos al mismo tiempo que Alex lo hacía de la suya, de la misma guisa que Akari pero en su caso se había decidido por un tono gris perlado que hacían un bonito conjunto con su piel. El perro se puso a saltar y ladrar al ver a Yaeko e iba abalanzarse sobre ella cuando la autoritaria negación del mayor de los mejicanos le hizo clavarse en el sitio con las orejas gachas y emitiendo un quejido lastimero. Llevándose la mano a la frente con un suspiro de exasperación miró a su novia con cara de consecuencias y ella se encogió de hombros. Daba igual lo que dijeran. Estando Yaeko vestida con su ropa a esas horas saliendo de la misma habitación que él, que a su vez estaba ataviado tan sólo con su ropa interior, no daba pie a muchas interpretaciones. Akari los miraba desde el suelo señalándolos y boqueando, Max se había resignado y estaba tumbado junto a los pies de Yaeko, la cual se había acercado a Alex rodeándole la cintura con el brazo y apoyando la cabeza en su pecho. Él no puso pegas.

- ¿D-d-d-desde cuándo? A ver me lo imaginaba pero no me no imaginaba, era evidente que algo pasaba y estabais muy raros. Sobretodo ayer pero, pero …woah ¿en serio?- ambos asintieron- Me estoy emocionando . A ver era claro que ibais a acabar juntos y más después de que decidieras declararte en el partido, pero después de lo del robo y todo...- seguía sentado en el suelo haciendo aspavientos con las manos y mirándolos con cierta incredulidad - No me estaréis tomando el pelo, ¿no?

- ¿Cómo te iba a tomar el pelo con algo así, tío?

- No sé, ya me espero cualquier cosa- Alex se encogió al recibir una mirada reprobatoria de Yaeko recordándole parte de la conversación que habían mantenido un rato antes-¿Marcos lo sabe?

- Emmmmm…¿no?- ante la respuesta Akari puso mala cara y cascó la lengua. No le iba a sentar nada bien, no es que no fuera a alegrarse por su amigo, de hecho estaba deseando que Alex y Yaeko se liasen de una buena vez. Pero sabía que el rubio no iba a encajar de muy buena gana el no haber sido el primero en enterarse.

- Dejad hacer ruido, joder- se quejó el susodicho saliendo de su cuarto envuelto en un edredón, despeinado y con cara de tener una resaca de las que hacen Historia- Qué ganas de tocar los cojones ya desde tan pronto- los miró a todos con los ojos entrecerrados, sorbiéndose los mocos y quitándose una legaña con una uña- Dejadme dormir.

Y sin más entró de nuevo en su habitación dando un portazo y dejando un incómodo silencio tras de sí en el salón. Akari estaba aún levantándose del suelo y Alex se rascaba la nunca suspirando mientras Yaeko le miraba hinchando los mofletes, y fue entonces cuando la puerta se abrió otra vez y Marcos hizo aparición de nuevo, con los ojos muy abiertos y señalando a su compatriota.

- ¡TÚ! ¿Esto era lo que te pasaba?- se le notaba que quería decir muchas cosas y no sabía con cuál empezar porque se quedó con la mirada fija en su amigo e hizo el amago de hablar varias veces, sin llegar a vocalizar nada- ¿Te estás follando a Yaeko y no me lo dices? ¿En serio, tío? Joder- se quedó con las manos en alto y se le empezó a escurrir el edredón por los hombros. Se envolvió de nuevo en él y negó con la cabeza con incredulidad- Joder, tío.

Se encerró de nuevo dando un portazo que hizo que los presentes en el salón diesen un respingo con el ruido. Max se acercó hasta la habitación del chico y rascó en la entrada, pero no obtuvo respuesta. Alex se sentó en el sofá, suspirando y apoyando la cabeza en las manos. Yaeko se acomodó a su lado acariciándole un brazo y plantándole un beso en la mejilla ante el cual el chico no pudo evitar esbozar una leva sonrisa. Apoyó la cabeza en la de ella y se empezaron a murmurar cosas por lo bajo, lo cual el japonés tomó como señal para batirse en retirada y se metió en el baño, lugar al que inicialmente iba.

La voz de Yaeko diciéndole que se tranquilizase y que a Marcos ya se le pasaría realmente le estaba ayudando a relajarse. Sabía que su novia tenía razón, que era un cabreo momentáneo, que su amigo estaba enfadado y además era muy temperamental, y que haberle despertado en mitad de una resaca no había sido la mejor forma de que se enterase. Era cierto, y no dudaba que en cuanto volviese a salir por la puerta probablemente le felicitaría y se excusaría en su resaca por haber reaccionado tan mal, pero también tenía claro que le recriminaría en no habérselo contado y el llevar una semana pasando de él. No le había levantado un día y había estado a punto de llegar tarde a clase, y ciertamente había dejado un poco de lado algunas de sus responsabilidades en la última semana. Marcos incluido. Sí, sabía que lo que le decía Yaeko era verdad, pero la sombra de la culpabilidad se cernía sobre él y lo peor de todo es que estaba justificado que lo hiciese. Le dio a la chica un suave beso en la frente a tiempo de ver a Akari salir del baño, el cual evitaba mirarlos de manera tremendamente obvia, diciéndoles que siguiesen con lo que estaban que a él le daba igual. Pobre chico, ni que fuesen tener una sesión de sexo salvaje en el salón…no en ese instante, al menos.

Tras anunciar que se iba a vestir y luego salía a por el desayuno cerró la puerta tras de sí. Yaeko y Alex se miraron entre ellos y se echaron a reír por lo bajo mientras él le tendía la mano para ayudarla a levantarse del sofá. El chico fue hasta su habitación a ponerse unos pantalones mientras ella trasteaba por la cocina lo más silenciosamente que fue capaz para empezar a preparar el desayuno. Antes de que su novio volviese, Akari hizo aparición en completo silencio y mirando a su alrededor como si algo fuera a atacarle de un momento a otro, Yaeko soltó una leve carcajada y le llamó.

- Akari, sólo estoy yo. Alex ha ido a vestirse.

- Es que no quiero interrumpir.

- No pasa nada, si queremos intimidad ya nos iremos a su cuarto- Yaeko sacó la leche de la nevera y se sirvió un buen tazón. Echaría de menos el café pero prefería no arriesgarse a despertar a Marcos de nuevo encendiendo más aparatos electrónicos de los necesarios.

- ¿Sois novios entonces?- preguntó mientras abría la arrocera y se servía un poco de arroz en un cuenco.

- Sí, desde el sábado pasado- encendió la hornilla y puso una sartén en ella - Voy a hacer huevos revueltos ¿quieres?- Él asintió apoyando el cuenco de arroz en la encimera y sacando una taza del escurreplatos que tenía sobre él

- ¿El día del robo?

- No me quedé a dormir en su casa por nada…que todo hay que decírtelo- Alex se acercó en silencio a ellos y se colocó tras Yaeko, rodeándole la cintura con los brazos y besándole la coronilla. Akari apartó la vista ligeramente incomodado, no estaba muy acostumbrado a las muestras de cariño en público.

- Me alegro un montón. En serio- empezó a hervir agua para el té con el que iba a acompañar el resto del desayuno y los miró son una sonrisa sincera- ¿Quién más lo sabe?

- Kanako- respondió Yaeko alargando la mano hasta un paquete de galletas que terminó por alcanzarle su chico- El miércoles estuvo aquí porque nos dejó la casa- Akari asintió entendiendo muchas cosas que no le habían cuadrado a lo largo de la semana, ahora todo tenía mucho más sentido.

- También Michelle y Keiji- reconoció Alex, que había soltado a la chica y estaba sacando un yogur de la nevera- Ella se enteró no sé cómo demonios- el japonés recordó las preguntas al respecto de Alex quedándose en casa de las chicas que le hizo durante uno de sus masajes y tragó saliva - Y Keiji cuando ella me estaba interrogando.

- Y supongo que más gente se lo huele, como Sheila.- continuó Yaeko mientras echaba los huevos en la sartén y empezaban a chisporrotear.

- Sí, debéis ser de los últimos en enteraros- Alex echó mano a un plátano del frutero y empezó a comérselo.

Terminaron de preparar el desayuno intentando hacer el menor ruido posible. Entre murmullos Akari les habló del pobre estado en el cual había terminado Marcos la noche anterior, ante lo cual Alex miró hacia la puerta de la habitación del chico con un halo de preocupación en la mirada. Por suerte para él Yaeko estuvo lo suficientemente rápida como para cogerle la mano por debajo de la mesa y darle un apretón. Una vez hubieron terminado, Akari se retiró a su habitación para estudiar y Alex y Yaeko aprovecharon que ya no tenían sueño para salir a dar un paseo a Max, que tras dormitar junto al radiador estaba expectante y se había apalancado delante de la puerta, levantando las orejas y moviendo la cola cada vez que veía movimiento por parte de alguno de los dos.

- ¿Te dejo algo para salir con el perro?- preguntó Alex terminando de hacer su cama mientras ella se recogía el pelo en una trenza- Quiero decir, con el vestido de ayer estabas... ¡WOW!- se dio la vuelta para mirarla a tiempo de verla sonreír con orgullo ligeramente sonrojada- Pero quizás no sea lo mejor para bajar al parque.

- No tranquilo, que cuando subí a casa ayer traje ropa para cambiarme

Como para demostrárselo se deshizo de la toalla en la que estaba envuelta y empezó a ponerse un conjunto de ropa interior de encaje negro que quitaba el hipo. Habían decidido darse una ducha antes de salir dado que olían a sudor y sexo, sobretodo lo segundo. Más rápidamente de lo que a Alex le habría gustado se puso unos pantalones vaqueros y un grueso jersey de lana. Vale, también estaba mona, pero la prefería con ese sujetador y tanga de encaje, o sin ellos si le daban a elegir. Se acercó a ella y la besó, cogiéndola por los glúteos y levantándola hasta sentarla en el escritorio, agarrándola entonces por la nuca y profundizando el beso. Ella respondió no con menos entusiasmo, poniéndole las manos en los costados y acercándole más a ella, hasta que pudo notar que el miembro del chico amenazaba con erguirse de nuevo.

-Alex… Quizás…deberíamos...dejarlo- atinó a decir entre besos.

Él gruñó pero reconoció que su novia tenía razón, así que no sin rezongar se alejó de ella tras dejar que sus narices se rozasen y terminó de hacer la cama y de vestirse. Le pusieron la correa a Max, que estuvo a punto de echarse a ladrar de alegría al verlos dirigirse a la puerta. No fue un paseo muy largo, lo suficiente como para que el perro corriese un poco por el parque, ellos paseasen cogidos de la mano y hablasen un poco sobre Marcos. Alex debía reconocer que realmente lo había hecho muy mal con él. Era la persona con quien más confianza tenía, el que más le había animado con Yaeko, y aun así de los últimos, sino el último, en enterarse. Pero precisamente esa era también la razón por la cual le había costado decírselo a él más que a cualquier otra persona. Pese al cariño que su novia le demostraba, pese todos los "te quiero" tanto susurrados como a viva voz, Alex seguía estando aterrorizado pensando que todo era irreal y que de un momento a otro todo se echaría a perder. Y si eso pasase ¿cómo volvería a mirar a Marcos, que tanto le había apoyado, a la cara? Un suave apretón en la mano y una sonrisa por parte de su chica fueron señal suficiente como para darse cuenta de que se estaba atormentando de nuevo con cosas en las que no debía pensar.

- Luego hablamos con Marcos ¿vale?

El asintió y rozaron sus labios un instante. A ninguno de los dos les bastaba con esa simple muestra de cariño, pero Yaeko estaba encogida en sí misma de frío, así que tras llamar a Max y ponerle la correa de nuevo decidieron dirigirse a casa al abrigo de la calefacción y los cojines del sofá. Cuando abrieron la puerta se toparon con Akari en la cocina sirviéndose un puñado de edamame en un plato, se le notaba en la cara que estaba más que harto de estudiar, y de hecho el largo bostezo que dio tras saludarles lo corroboró. Soltaron al perro, que no dudó en ir a cotillear lo que hacía el japonés y tras ponerse las zapatillas de estar por casa Alex se apalancó en el sofá, oportunidad que Yaeko no dudó en aprovechar para echarse encima suyo y acurrucarse contra él. Akari, pese a su reticencia pasar tiempo con la pareja dada su preocupación por interrumpir, se acomodó en el otro sofá y empezó a picotear el aperitivo de soja con tal ansia que daba la impresión de que no hubiera comido en meses.

- Estudiar da hambre- se excusó al sentir la miradas divertidas de sus amigos sobre él - Por cierto, antes al salir al baño me encontré con Marcos, que fue a mear- miró a Alex muy serio- Deberías hablar con él.

- Eso le he dicho yo- apuntilló la chica

- Ayer estaba muy dolido, y además tiene muchas cosas en la cabeza- miró la hora en el teléfono móvil que sacó de su bolsillo- No hace ni 15 minutos que me crucé con él. Seguro que sigue despierto. Alex suspiró mirando al techo y Yaeko le pinchó un moflete con el dedo.

- Voy, voy.

Se incorporó a duras penas y tras plantar un beso corto a Yaeko en los labios fue hasta la puerta de su amigo y llamó un par de veces. No obtuvo respuesta, pero pudo oírle revolverse en la cama así que supuso que seguía despierto. No obstante entró con cierto cuidado pues no era raro que el chaval se moviese y hablase en sueños y prefería no desvelarle de estar dormido. Murmuró su nombre un par de veces tras cerrar la puerta tras de él y al oírle suspirar con hastío confirmó que no le había dado tiempo a conciliar el sueño de nuevo. Su habitación estaba hecha un desastre, más de lo habitual, la ropa de la noche anterior se amontonaba en un gurruño en el suelo, y el ambiente olía a alcohol y a cerrado. Se pasó la mano por la frente y dejó escapar el aire lentamente, no podía enfadarse con él por esas nimiedades cuando en esta ocasión era él quien había obrado mal. Se sentó en el borde de la cama, Marcos le estaba dando la espalda pero al sentir moverse el colchón se cubrió la cabeza con el edredón y se mantuvo en silencio.

- Marcos…

- ¿Por qué no me lo dijiste?- le llegó la voz amortiguada del rubio cargada de resentimiento y lo que es peor, de pena.

- No lo sé

- Yo si lo sé- asomó la cabeza por encima del edredón y se pasó la mano por la cara

- ¿Eh? Marcos ¿qué clase de idea te has llegado a imaginar?

- Déjame en paz. Vete a decirle a Yaeko que doy pena, ahora es a ella a la que se lo cuentas todo.

- Marcos- Alex cogió aire intentando mantener la paciencia. Le estaba costando no saltar, pero sabía que por el bien de su amistad con el chico, debía tragarse gran parte de su orgullo.- Escúchame.

- ¿Por qué debería hacerlo? Tú ya no me escuchas a mí- el rubio alzó la voz incluso estando tumbado, e instantáneamente se llevó una mano a la cabeza. Era más que evidente que estaba sufriendo todas las consecuencias de haberse pasado con la bebida la noche anterior.

- Por favor, tengo algo que decirte

- ¿Ah sí?- soltó un resoplido de desaprobación- Si a mí ya no me cuentas nada.

Intentar hablar con él se estaba tornando más difícil de lo que habría imaginado, sino imposible. En otras ocasiones, cuando se pillaba alguna rabieta con algo, era mucho más fácil de tratar, bastaba con echarle un rapapolvo y hacer que se diese cuenta que estaba haciendo una montaña de un grano de arena. Pero en esa ocasión la situación era muy distinta. Estaba profundamente dolido, quemado y además le había fallado cuando lo necesitaba. Y le había mentido para ocultar su relación con Yaeko, a él que era su mejor amigo, de hecho casi como un hermano, y todo por sus propias paranoias sin fundamento. Y por si fuera poco, la aparición del nuevo camarero había provocado en Marcos un ataque de celos que el chico no se atrevía a reconocer, pero que estaban perjudicando aún más su ya de por sí agriado humor

- ¿Prefieres que te deje solo?

- Sí

Salió de la habitación del chico negando con la cabeza ante las expectantes miradas de Yaeko y Akari, que se habían mantenido en silencio y con los nervios a flor de piel a la espera de ver lo que ocurría.

- No quiere hablar- anunció sentándose en el sofá junto a su chica masajeándose las sienes. Akari chascó la lengua disgustado, se lo imaginaba dado su estado la noche anterior y el humor con el que se había levantado, pero en cierto modo todavía albergaba la esperanza de que hablar con Alex consiguiese alegrarle un poco.

- ¡Hombres!- soltó repentinamente Yaeko claramente irritada y levantándose de golpe del sofá - Dejádmelo a mí, anda.

Fue hasta la puerta que acababa de cruzar Alex y tras anunciar quién era y que iba a pasar dijese lo que dijese entró sin muchos miramientos y cerró tras de sí con bastante más energía de lo que hizo Alex minutos antes. Una vez dentro, se agachó junto a la cama en el lado hacia el cual estaba mirando Marcos, el cual abrió los ojos de par en par al verla e iba a girarse para darle la espalda cuando la mano de la chica sobre su brazo le detuvo.

- Quiero que me escuches un momento ¿vale?- él no dijo ni que sí, ni que no, simplemente la miró - ¿me puedo sentar en la cama?- Marcos asintió fruto de la confusión que sentía. De todas las personas que se imaginaban que irían a hablar con él precisamente era ella de la que menos se lo esperaba- Venía a pedirte disculpas.

Eso captó la atención del chico, que pese a los pinchazos que sentía en la cabeza se incorporó un poco en la cama y clavó en ella sus ojos verdes cargados de curiosidad. Yaeko sonrió amablemente y le frotó el brazo por encima del edredón. Ella más que nadie sabía que en los momentos de bajón muchas veces lo que más se necesitaba era el contacto físico, más que cualquier palabra bonita.

- No debería haberle dicho a Kana-chan lo del mordisco. Alex me pidió que no le dijese nada, pero me di cuenta tarde. Lo siento- Marcos se llevó la mano al moratón que seguía teniendo en el cuello instintivamente- Ya sabes cómo es. Está rebotada pero es consciente de que en realidad no es culpa tuya, no te preocupes. Dale unos días y se le pasará, promesa de hermana mayor- medio bromeó provocándole una medio sonrisa al chaval.

- ¿Por qué no me dijisteis nada?- preguntó sentándose en la cama junto a ella

- Porque Alex es bobo. No lo sé, yo tampoco lo entiendo muy bien. Pero es normal que estés dolido, tendrías que haber sido el primero en enterarte.

- ¡Eso pienso yo!- declaró un poco más animado en vista de que había alguien más de acuerdo con él.

- Y no te preocupes por Iván

- ¿Por qué me iba a preocupar por Iván? A mí Iván me da igual- dijo de forma no muy convincente y con cierto tono de retintín. Yaeko era consciente de que en ese momento era mejor no insistir y dejó que el chaval se contentase haciéndole creer que la convencía.

- Vale, vale- hizo un gesto en el aire con las manos indicándole que no hacía falta que siguiese, que ya le había entendido- Y perdona también por haber acaparado a Alex esta semana. Estamos bastante…

- No hace falta que sigas, por favor, me lo puedo imaginar- se rió un poco pero su expresión en seguida cambió a una ligeramente triste. A la chica se le partió el corazón, alguien tan joven como Marcos no debía tener esa expresión tan cansada.

- No pasa nada por llorar si estas atravesando un momento difícil. No hay que avergonzarse- le sonrió y abrió los brazos- Ven y llora en los brazos de tu hermana mayor

Marcos la miró con la más absoluta incredulidad, como si estuviera loca, pero tras unos segundos en completo silencio soltó una suave carcajada y se inclinó en su dirección, apoyándole la frente en el hombro y dejándose abrazar. No lloró, pero agradeció la muestra de cariño que consiguió que se sintiese querido y que hizo que incluso su resaca pareciese menos dolorosa. Carraspeó y la chica se separó de él, levantándose de la cama y dirigiéndose a la puerta.

- Alex está muy preocupado, escúchale al menos por favor-

- Sí- se rascó la nuca sorbiéndose los mocos. Notaba la nariz algo atascada y empezaba a plantearse si su malestar era fruto tan sólo de la resaca o también de que se estaba poniendo enfermo- En un rato salgo.

Ella respondió con una sonrisa y salió del cuarto, momento que Marcos aprovechó para dejarse caer de nuevo en el colchón y clavar su mirada en el techo. Por lo menos ya se encontraba un poco mejor que antes y aunque su estado físico seguía siento lamentable, en el mental había conseguido trepar un poco las paredes del pozo en el que llevaba sumido desde la noche anterior. No es que le gustase Yaeko, ni mucho menos, pero tras la charla con ella era más que nunca capaz de entender por qué Alex estaba tan enamorado de la joven. Se dejó caer de nuevo en la cama cubriéndose con el edredón, parecía que últimamente todos tenían algo contra él. Primero Akari, luego Kanako, ahora Alex no le contaba sus cosas ¡y encima estaba también ese idiota de Iván! ¿Quién se creía que era para tomarse esas confianzas con Kanako? Hasta le tenía un mote, él no le había puesto un mote y la conocía desde hacía mucho más tiempo ¿por qué él sí? ¿Porque era el sobrino del jefe? Se cubrió la cabeza con la almohada y ahogó un grito de rabia por su propio bienestar, le molestaba la garganta y le dolía la cabeza y estar dando voces no sería el mejor remedio para ninguna de las dos cosas.

En el salón, Yaeko les contaba las novedades a los chicos mientras se acomodaba de nuevo sobre Alex en el sofá. Su novio respiró aliviado ante la noticia de que Marcos saldría en un rato de su cuarto, pero aun así ella podía notar perfectamente las miradas nerviosas hacia la habitación de su amigo y su mente divagando entre los posibles escenarios que se podían suceder. Le empezó a acariciar el pelo, que sabía que le tranquilizaba en sobremanera y él respondió abrazándola con fuerza contra él. Akari los miró arrugando la nariz y tras despedirse se volvió a su cuarto justificando que tenía que seguir estudiando.

Cuando Alex volvió a abrir los ojos se topó con Yaeko dormida sobre él y con una manta tapándolos a los dos. Miró a su alrededor con cierta confusión y se encontró con que seguían ambos en el sofá y que en el contiguo estaba Marcos acurrucado y cubierto con un edredón. Sobre la mesa había un tazón ya vacío que figuraba que había tenido leche, y junto al rubio reposaba la caja de cereales que suponía que ya estaría mediada pese a que la habían comprado la mañana anterior. Se pasó la mano por la cara intentando deshacerse del sueño que le hacía tener la cabeza embotada y se movió un poco para intentar desentumecerse, intentando no despertar a su novia en el proceso. Yaeko farfulló algo pero se agarró a él con más fuerza y no llegó a abrir los ojos, por su respiración supo que seguía dormida. Bostezó y parpadeó varias veces seguidas para acostumbrarse a la luz, podía oír el ruido de algo friéndose así que suponía que Akari estaría haciendo la comida. Ni siquiera era consciente de en qué hora vivía.

- Hombre, ya te despertaste- el susodicho apareció de repente a su lado con una botella de agua fresca en la mano. Se la alcanzó a Marcos, que se asomó un momento bajo su edredón y le miró con cierta inquina tras agarrar la botella murmurándole un agradecimiento al japonés.

- ¿Cuánto llevo dormido?

- Ni idea, pero ya son las 12 y pico- se secó los restos de agua que tenía en las manos en el mandil- Estoy con la comida ¿se va a quedar?- señaló con un gesto de la cabeza a Yaeko

- No lo sé, ahora le pregunto.

Marcos dio un trago de la botella y se dio la vuelta en el sofá, dándole la espalda y tapándose hasta por encima de la cabeza de nuevo tras dejar el agua en el suelo. Intentando obviarlo empezó a agitar a Yaeko con suavidad llamándola, para despertarla sin que se sobresaltase mucho.

- ¿Qué pasa, Pollito?- murmuró somnolienta al despertarse finalmente, mientras se frotaba los párpados con el dorso de las manos. Alex pudo oír lo que creía que era una carcajada contenida de parte de Akari, de hecho cuando le miró el japonés apartó los ojos y tenía los labios apretados en una línea. El edredón de Marcos se agitó.

- Nos hemos quedado dormidos. Ya casi es la hora de comer- le explicó apartándole el pelo de la cara y acariciándole la espalda- ¿te quedas o vas a ir a casa?

- Mmm no sé- se acomodó de nuevo contra él apoyándole la cabeza en el pecho y se acurrucó- Déjame 5 minutos más, Pollito.

Ahora sí que sí Akari se empezó a carcajear y se cubrió instantáneamente la boca con la mano. Marcos apenas hacía ruido, pero por la forma en la cual se movía la masa de tela en la que estaba envuelto era evidente para el mayor de ambos que también se estaba riendo. Lo que les pasaba es que tenían envidia, ellos no tenían a su lado a una chica preciosa y cariñosa que les llamase de forma especial. Intentando ignorar su orgullo herido y cargándose de paciencia agitó a la chica de nuevo, un poco más efusivamente que antes pero con sumo cuidado.

-Peque, Akari está haciendo la comida y necesita saber si te quedas o no- pudo ver al japonés por el rabillo del ojo haciéndole burla, le dirigió un corte de manga disimuladamente y su amigo le miró con fingida ofensa.

- Te lo digo si me das un beso- respondió aún adormilada. Él sonrió y llevó a cabo su petición con gusto, plantando sus labios sobre los de ella, ganándose ambos un suspiro de exasperación desde debajo del edredón y una mirada avergonzada por parte del otro chaval- Me iré, no quiero dejar a Kanako tanto tiempo sola.

Ante la mención de la otra mujer Marcos se encogió en sí mismo aún más de lo que ya estaba, Alex pese a percatarse prefirió no decir nada al respecto. Quería hablar con su amigo pero cuanto menos público estuviera presente, mejor.

En vista de que su chica ya estaba despierta se reacomodó en el sofá, permitiendo también que ella se tumbase de forma más práctica sobre él. Aprovechando la nueva postura y la supuesta intimidad que les daba el que Akari estuviese cocinando y Marcos dándoles la espalda, le plantó de nuevo un beso en los labios, más profundo e intenso que el de minutos antes, arrancándole un gruñido de placer desde el fondo de la garganta. Animado por ello, la agarró con una mano de la nuca en un nuevo beso más apasionado que el anterior y con el otro brazo le rodeó la cintura, apretándola contra él y provocando que las caderas de ambos se moviesen al unísono. Ahora fue su turno de ahogar un gemido, empezaba a notar su entrepierna cada vez más caliente, y el sentir a Yaeko frotándose contra él no le estaba ayudando a enfriarse precisamente. Se separaron unos segundo clavándose las miradas el uno al otro, ella se mordió el labio tras pasarse la lengua por el mismo, y él soltó el aire de golpe elevando su pelvis, se estaba poniendo muy muy cachondo.

La chica subió la cabeza hasta llegar a su cuello, mordiéndole el lóbulo de la oreja suavemente para posteriormente besarle cerca de la yugular. Él la agarró con las dos manos de la cintura, ajenos ambos de la mirada horrorizada de Akari, que se refugiaba en la cocina con la vista dirigida al salón y agarrado a un tenedor de madera sin atreverse a decir nada. Estaba a punto de meter una de sus manos por dentro del pantalón de la chica confiando en la falsa intimidad que la manta les daba cuando sintió un fuerte golpe en la pierna que le hizo gritar y soltarla rápidamente.

El instigador había sido Marcos, que aun tumbado en el otro sofá había sacado su pierna de debajo del edredón y le había propinado una patada. En esos momentos lo miraba con una mezcla de incredulidad, aversión y rabia y tras soltar un bufido impaciente se dio la vuelta otra vez sin decir nada.

- Lo siento- se disculpó, pero el rubio ya no le escuchaba y Akari estaba demasiado ocupado haciendo como que no se había enterado de nada para prestarle atención.

Yaeko, con la cara roja, se levantó y fue hasta la habitación de Alex, apareciendo poco después con su bolso colgado del hombro, una bolsa en la mano y el abrigo puesto. El mayor de los mejicanos fue hasta la puerta a despedirla y al cerrar tras de sí el ambiente en el salón era tan tenso que optó por ir al baño a refrescarse y a reflexionar sobre cómo afrontar lo que se le venía encima. Debió estar bastante rato, aunque no llegó a calcular cuánto, porque cuando salió sus amigos ya estaban a la mesa esperándole para empezar a comer. Se sentó en su sitio habitual bajo la atenta mirada de ambos, Akari clavaba su vista alternativamente en el uno y en el otro sin atreverse a decir nada y Alex se pasó la mano por el pelo con nerviosismo.

- Itadakimasu! - anunció el japonés dando pie a que empezasen a comer. El chico tenía esa costumbre y había hecho a fuerza de repetirlo que ellos se quedasen también con la cantinela y la esperasen cada vez que se sentaban a la mesa juntos.

Marcos, en su habitual hambruna fruto de la resaca, empezó a llenarse el plato hasta los topes de pollo, obviando la verduras y hasta los cubiertos, cogiendo los muslitos directamente con la manos. Akari se sirvió también su buena parte de ración, era con diferencia el que más comía de los tres y tenía bastante saque, lo cual no era de extrañar dada la masa muscular que tenía que mantener. Alex empezó a servirse verduras y cuando alargó la mano hasta el pollo la voz del rubio le detuvo.

- Oh ¿Ahora te dedicas al canibalismo, Pollito?-

Dijo la última palabra con tal acritud que hasta Akari le lanzó una mirada reprobatoria. El chaval respondió chascando la lengua y siguió comiendo sin mediar más palabra. Alex se cuidó muy mucho de decir nada, lo cual no estaba reñido con el hecho de que le estaba doliendo profundamente la actitud de Marcos hacia él.

El resto de la comida transcurrió en tenso silencio y cuando terminó, Marcos fue hasta el sofá de nuevo arrastrando los pies y con el edredón aun sobre los hombros, el cual ni siquiera se había quitado para sentarse a la mesa. Alex miró a Akari con un deje de desesperación, el cual simplemente suspiró mientras recogía la mesa. Le aseguró que se le acabaría pasando, pero que debía hablar con él y darle un tiempo, el chaval tenía demasiadas cosas en las que pensar y al no decirle nada sobre su nueva relación no había hecho más que añadir más leña al fuego del incendio que se propagaba en su mente. Se pasó las manos por la cabeza e intentó observar a Marcos desde su posición en la mesa de la cocina, pero se había acurrucado en el sofá que daba la espalda a la misma y le protegía el respaldo. Akari le dio un leve empujón y le señaló con un gesto de la cabeza que aprovechase para hablar con él, sabía que era el mejor momento, pero en realidad no tenía idea de por dónde empezar la conversación. En cuanto el japonés abrió el grifo y empezó a fregar, Alex se encaminó hasta el salón con pesadumbre.

Se sentó en el hueco que quedaba libre en el sofá en el que Marcos estaba hecho un ovillo y le miró de refilón, pero tenía la cabeza tapada así que de poco le sirvió. Alargó el brazo hasta él para moverle un poco, pero una vez tenía la mano ya casi en lo que creía que era su hombro cambió de opinión y la retiró. Estaba muy indeciso, no tenía ni idea de cómo afrontar la charla con su amigo, ni de qué decirle. Debía disculparse, pero más allá de eso su mente estaba en blanco, y tenía claro que en esta ocasión el chico se merecía algo más que un simple "lo siento", aunque quizás no fuera esa una mala manera para empezar. Giró la cabeza para cerciorarse de que Akari seguía fregando y tomó aire.

- Marcos, lo siento mucho- dirigió la vista a él con la esperanza de ver algún tipo de respuesta, aunque fuera simplemente el edredón moviéndose. No la obtuvo. Suspiró y se pasó la mano por el pelo- He sido un idiota, y la he cagado, y es normal que te enfades conmigo.- se calló y volvió a mirarle pero seguía sin dar señales de vida- Debería habértelo dicho y la verdad no sé por qué no lo hice, si lo hacía me daba la impresión de que todo sería demasiado real y que podría estropearse- soltó una risotada forzada- Y al final he sido yo el que lo ha estropeado todo.

Se instaló un incómodo silencio entre ellos. El japonés terminó de fregar y se encerró en su habitación sin decir nada, para no interrumpir el, por el momento, monólogo de Alex. Max, que hasta ahora había estado echado junto al comedero, se acercó al moreno y le apoyó la cabeza en la pierna, mirándole con cierta lástima. El chico le rascó la cabeza y el perro se acomodó aún más contra él, le dejó estar, al fin y al cabo le tranquilizaba el cariño del animal. Marcos seguía sin responder así que tras un rato en el cual tan sólo se oía la respiración de los tres y el ruido de la calle que se colaba a través de las rendijas de las ventanas, decidió apoyar la mano en el rubio y moverle un poco.

- Al menos dime algo- le pidió casi a la desesperada. Pero la única respuesta que recibió fue el más absoluto silencio y ver a su amigo tapándose aún más - Por favor.

- Yaeko me abrazó y me pidió que te escuchase, y eso he hecho- se sorbió los mocos de nuevo y dejó escapar un suspiro gangoso- Pero ha sido por ella

Esto va a ser difícil…se dijo Alex interiormente resoplando cansado. Cogió una de las orejas de Max y la empezó a mover intentando distraer la mente con algo. El animal lo miró con curiosidad sin mover la cabeza del sitio, pero casi podía sentir que los esos ojos marrones le estaban cuestionando si sufría algún tipo de tontuna momentánea o es que era así de por natural.

- ¿Hay algo que pueda hacer para que me perdones?- dejó pasar unos segundos por si contestaba, pero la respuesta no llegó- ¿Piensas estar enfadado conmigo toda tu vida?- estalló fruto de la frustración- Sé que lo he hecho muy mal, Marcos, pero por lo menos me gustaría saber si puedo solucionarlo de alguna manera. No te pido nada más, ni siquiera que me perdones.

- No estoy enfadado- refunfuñó

- Pues quién lo diría

- ¡Estoy dolido! ¡Y decepcionado! ¿Vale?- sacó la cabeza de debajo del edredón para mirar a su amigo, el cual sintió una punzada de culpabilidad al ver el desastre que estaba hecho el chaval.

- Lo siento mucho, tío. Yo no pensé que…

- Que no pensaste ya me ha quedado más que claro- Alex suspiró y se acomodó en el sofá de otra manera. Max, al ver que el chico apartó la pierna que estaba sirviendo de apoyo para su cabeza se alejó profundamente ofendido y se tumbó en el suelo junto a Marcos.

- Estás haciendo esto muy difícil para los dos

- ¿Perdona?- una carcajada sardónica cortó el ambiente- ¿Qué yo estoy haciendo qué?

Alex se levantó de golpe y fue hasta la cocina, apoyándose en la encimera cogiendo aire. La conversación con Marcos no estaba yendo a ningún lado, y empezaba a notarse a él mismo cada vez más tenso. Sabía que si seguía por los mismos derroteros iba a acabar saltando él y la situación se complicaría aún más. Sacó el teléfono, que llevaba un rato vibrando, del bolsillo, encontrándose con multitud de mensajes de Yaeko preguntándole si había hablado con él y qué había pasado. Le contestó con que estaba en ello y se estaba desesperando, y la respuesta de su novia no tardó en llegar. Bebió agua, tomó aire y con la tranquilidad y consejos que había obtenido de la chica, se dirigió de nuevo al sofá y en lugar de sentarse se agachó junto a él.

- Marcos, no quiero agobiarte más. Me he portado como una mierda contigo, y hasta me olvidé de despertarte, lo sé. Pero entiende que no lo he hecho a malas, y que si no te dije nada fue porque soy imbécil. No porque no confíe en ti o porque no te considere importante - El chico siguió sin dar señales de vida- Voy a estar aquí contigo, si te molesto dímelo y me voy. Si no cuando quieras hablar, te escucho.

Se sentó en el otro sofá para darle más espacio y miró a su alrededor buscando algo que pudiera servirle para seguir el consejo que Yaeko le había dado, hacer algo que llamase su atención. Estaba planteándose el ir a buscar cualquier cosa a su habitación, o incluso intentar enseñarle algún truco nuevo a Max cuando lo vio, el teléfono móvil de Akari. Solo e indefenso sobre la mesita del salón. Casi como en un acto reflejo lo cogió, encendiendo la pantalla e intentando desbloquearlo sin éxito. Al contrario que el rubio, él no tenía tendencia a hurgar en móviles ajenos por no que no conocía el código de desbloqueo del japonés. No obstante, para él estaba más que claro que la persona que ahora mismo se refugiaba bajo su escudo de poliéster y plumas sabría más que de sobra la combinación necesaria.

- Oye, una cosa- pudo oír un bufido exasperado por su parte- Tú sabes el código de desbloqueo de Akari ¿verdad? Del móvil digo- tal y como se imaginaba la pregunta fue suficiente para despertar la curiosidad de su amigo, que se destapó e incorporó mirándolo inquisitivamente

- ¿Qué vas a hacer?- se rascó la nariz con la mirada clavada en el teléfono que Alex tenía en las manos

- Oh nada, simplemente cotillear un poco- carraspeó- Y puede que quizás mandarle algún mensaje subido de tono a Michelle- Marcos no pudo evitar esbozar una sonrisilla traviesa y alargó la mano hacia Alex, pidiéndole el dispositivo. El moreno se lo dejó y no pasó ni un segundo hasta que se lo devolvió.

- Es una A- el chaval se rio llevándose las manos a la cabeza, le dolía.

- Me preocuparía más que fuese una M- apuntilló riéndose- Mira, sigue teniendo la foto con ella de fondo, la de Halloween- le dijo enseñándole la pantalla.

- Tú cállate, que seguro que tienes una Y

- Es mi novia ¿vale?- reconoció poniéndose rojo. Y no hables muy alto que acabarás poniendo una K

Alex no pudo evitarlo y abrió instantáneamente Whatsapp, sabía que lo que hacía estaba mal, que no debía leer conversaciones ajenas ni interceder en la relación de Akari con su profesora. Pero grandes males requerían grandes sacrificios, y estaba dispuesto a correr el riesgo de enfadar al japonés para recuperar la confianza de Marcos.

- Hala- murmuró conforme se cambiaba de sofá y se sentaba junto al otro chico- Te lo creas o no una de las personas con quien más habla es con Michelle

Marcos le miró enarcando una ceja pero no dijo nada, aunque se sentó para poder ver él también la pantalla, echándose el edredón por los hombros y apoyando la espalda en el respaldo. Le dolía todo y notaba los músculos débiles y agarrotados, y además podía sentir las sienes palpitándole. Por lo menos las resacas no le quitaban el apetito y comer le ayudaba a recuperarse, aunque parecía que ese día le estaba costando más de lo habitual. Alex se acomodó a su lado, mirando algo en la pantalla con sumo interés y una expresión divertida. Se moría de ganas de preguntarle qué estaba leyendo, de hecho tuvo que recodarse que estaba molesto con él para no hacerlo. Era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que Alex estaba intentando congraciarse con él, y lo peor de todo es que pese a que el resquemor hacia él seguía en el fondo de su mente, la curiosidad parecía ganar la batalla contra el mismo y su amigo estaba consiguiendo su objetivo.

Pese a haber intentado no leer la conversación más allá de los últimos mensajes que aparecían, Alex no había podido evitar moverse un poco hacia arriba para poder ver todo lo relativo a la misma. Hablaban de Marcos, al parecer el pasado viernes y en vista de los acontecimientos con el club de fans en el gimnasio, Michelle le había enviado un pidiéndole que tuviera paciencia con él. Sonrió, debía reconocer que la profesora era una mujer que cada vez le sorprendía más, y en el mejor de los sentidos posibles. O quizás es que simplemente era que se trataba de una persona adulta y cabal, y al ser algo de lo que lamentablemente ni él ni Marcos habían podido disfrutar en su vida, le resultaba excepcional.

- ¿Te parece si empezamos saludando?- le preguntó al chaval, que simplemente se encogió de hombros y apoyó la mejilla en el respaldo del sofá, alzando los ojos para ver la pantalla - Te cedo el honor- Marcos lo miró con curiosidad, y tras un instante de tenso silencio aceptó el teléfono que su amigo le tenía y empezó a escribir.

Akari

Ola michelle(14:35)

Se miraron entre ellos y se carcajearon por lo bajo. No querían meter en ningún lío a Akari, pero por tontear un poco con ella no pasaría nada. Al fin y al cabo que al chico le atraía su profesora era algo más que evidente, y si le podían ayudar a avanzar algo con ella le estaban beneficiándole ¿no? O por lo menos eso quería pensar Alex para no sentirse tan culpable. Además, con lo parado que era Akari para esas cosas incluso aunque Michelle llegase a estar interesada por él en algún fortuito momento, sería incapaz de actuar. Si ellos podían echarle una mano era su deber como amigos ayudarle, y encima mientras ayudaban al japonés a romper el hielo con la rubia de paso conseguía que Marcos se animase. Todo eran ventajas. Echó una mirada a la pantalla al oír al otro chico un susurro emocionado, y puedo ver con alegría que la mujer estaba en línea y que acababa de leer el mensaje.

Michelle

Hola (14:38)

¿Pasa algo? (14:38)

Akari

Nada(14:39)

Bueno(14:39)

Staba studiando anatomia y pnsando n ti (14:39)

gusta tu anatomía (14:40)

Alex soltó una muy sonora carcajada y Marcos se revolvió en el sitio, emocionado. Estaba resultando más divertido de lo había creído en un principio y eso que ella aún no había respondido. De hecho dedujeron que debió quedarse un poco noqueada con el mensaje, pues pasaron unos minutos en los que si bien la mujer se mantenía conectada, la aplicación no indicaba que estuviera escribiendo nada.

Michelle

Gracias (14:43)

Supongo (14:44)

Aunque no sé si eso es lo más adecuado para que le digas a tu profesora (14:44)

Akari

No sé(14:44)

Tnia q decirtelo(14:44)

M acorde d lo bien q t keda la ropa dl gimnasio (14:44)

El vierns stabas muy guapa cn el pelo rcogido (14:45)

Ambos chicos estallaron en risas, Alex tuvo que cubrirse la boca con la mano para no hacer tanto ruido y no molestar a Akari, era consciente de que las paredes de la casa eran de papel y si montaban mucho escándalo no le dejarían estudiar. Marcos intentaba no reírse muy alto más que nada porque cada vez que lo hacía sentía que la cabeza le estallaba, pero la agitación de sus hombros y su cara congestionada eran claras evidencias de que estaba haciendo lo posible por no carcajearse más fuerte.

Michelle

Akari (14:45)

¿Estás intentando decirme algo? (14:45)

Porque si es así prefiero que seas claro (14:45)

Akari

Eres muy guapa michelle(14:45)

Michelle

Aham (14:46)

¿Y me escribes sólo para decirme eso? (14:46)

No es por ser desagradecida (14:46)

Pero es raro (14:46)

Akari

Weno (14:47)

Es q pensé n ti al studiar anatomia (14:47)

Michelle

Ya veo(14:48)

Tu tampoco estás mal (14:48)

Alex chilló. Marcos ahogó un grito de sorpresa y empezó a hacer aspavientos con la mano con la cual no sujetaba el teléfono, para a continuación empezar a golpear con emoción el brazo de su amigo. La respuesta de Michelle les acababa de dar pie a que las cosas se pusieran mucho más interesantes. El rostro del rubio, pese a su palidez, sus ojeras y el cansancio de su mirada, se iluminó y una sonrisa malévola le cruzó la cara.

- ¿Estás pensando lo mismo que yo?

- ¿Sexting? - cuestionó Alex con una expresión perversa muy similar a la de su amigo

- Sexting

Akari

M alegra saberlo (14:51)

Xq keria pdirte 1 cosa (14:51)

Es q no entiendo alguns cosas d anatomía (14:51)

Y ncesito clases particulares (14:51)

Michelle

Sin problema (14:52)

Faltaste algunos días y a un par de prácticas, es normal (14:52)

Repasamos cuando quieras (14:53)

Akari

La practica s lo q + m interesa(14:53)

Especialment cntigo (14:54)

Michelle

¿Y de qué sistemas anatómicos me estás hablando concretamente? (14:54)

Porque en unos tengo más experiencia que en otros (14:54)

Y no todos se pueden repasar en público (14:55)

Marcos y Alex se miraron entre ellos con los ojos abiertos de par en par y ambos cogieron aire. La situación se estaba calentando más de lo que habían pensado en un principio. El hecho de que Michelle les estuviese siguiendo el juego les había sorprendido en sobremanera, pero quizás lo que más les estaba extrañando de todo es que ellos mismo empezaban a notar cierta excitación que ya no tenían muy claro si provenía de la emoción del momento o de la actitud de la profesora al otro lado del teléfono. Marcos dejó el teléfono sobre la mesa un momento, tenían que calmarse, pensar muy bien qué iban a contestar y continuar con su juego. Evidentemente Akari se enfadaría en cuanto se enterase de lo que habían estado haciendo, pero si le conseguían una cita para follarse a su profesora, se olvidaría de su disgusto al instante. Alex se levantó resoplando y fue a la cocina a servirse un vaso de agua que se bebió de golpe y rellenó para llevar con él hasta el sofá. Marcos apoyó la cabeza en el respaldo del sofá mirando al techo intentando despejar su mente, apuró su botella de agua y cogió el teléfono de nuevo.

Akari

No tnia 1 idea concreta(14:58)

1 repaso general m viene bien (14:58)

X ejemplo ¿cómo llama sta zona? (14:59)

Entre risas y bajo la asombrada mirada de Alex, Marcos salió de debajo del edredón trasteando con el teléfono de Akari hasta dar con la cámara. Se levantó la camiseta y bajó la cinturilla de su pantalón de chándal hasta que esta estaba justo por debajo de sus crestas ilíacas, para posteriormente hacerse una fotografía y enviarla a Michelle intentando aguantarse la risa sin éxito. Alex le dio un aplauso silencioso y el rubio fingió una reverencia, volviéndose a acomodar en el sofá con la sangre quemándole en las venas por ver la respuesta de Michelle.

Michelle

Es la zona superior del pubis (15:01)

Si quieres aprender más sobre ello puedes venir a mi casa (15:02)

Vivo sola (15:02)

- OH DIOS MÍO- gritó Alex llevándose las manos a la boca al instante.

Marcos estaba demasiado anonadado mirando la pantalla del teléfono y repitiendo el último mensaje de Michelle en su cabeza como si de un disco rayado se tratase. Ahora ya sí que no se le ocurría qué contestar y sólo era capaz de reírse nerviosamente. Si estando en plenas facultades ya le habría resultado difícil reaccionar en la situación en la que se encontraba, con la cabeza embotada le resultaba prácticamente imposible decidir cómo continuar con la broma. Los segundos pasaron y su teléfono móvil sonó en su bolsillo, lo ignoró. Continuó con el teléfono en la mano sin saber qué hacer, Alex tiraba de su manga incitándole a continuar, pero se había quedado bloqueado. No sabía si confesar y decirle a Michelle que era Marcos gastando una broma, si seguir fingiendo que era Akari y echarse para atrás, o si continuar con lo que estaban y darle la buena nueva a su amigo de que le había conseguido algo así como una cita para beneficiarse a la protagonista de sus sueños húmedos. Su teléfono volvió a sonar, otras dos veces. Alex le miró extrañado, el suyo también estaba vibrando, así que ligeramente confundidos sacaron sus propios teléfonos y consultaron las notificaciones.

Lo primero que pudieron ver es que Michelle les había añadido a un grupo que se llamaba "No seáis cabrones". Nada más leerlo ambos se miraron entre ellos y se echaron a reír, procediendo a leer los mensajes que la mujer les había enviado.

Michelle

Es de mala educación leer conversaciones ajenas (15:13)

Y más aún utilizar su teléfono para sexting sin su consentimiento (15:13)

De hecho diría que es hasta ilegal (15:14)

Alex

Perdon, no keriamos molestart(15:14)

- Pelota- murmuró Marcos tecleando él también una respuesta.

Marcos

Dsd cuando t dist cuenta?(15:15)

Michelle

Desde que me saludasteis (15:15)

Akari ni acorta palabras ni comete faltas (15:15)

Pero ha sido divertido tomaros el pelo (15:16)

Me habría gustado ver vuestras caras (15:16)

Marcos

Eres perversa (15:17)

Alex

Marcos, no digs eso(15:17)

Prdonale Michelle, esta resacoso(15:17)

Marcos

Pelota (15:18)

Alex le dio un golpe en el brazo a Marcos, que respondió con un corte de manga y sorbiéndose los mocos. Todavía no conseguían creerse del todo el hecho de que la rubia les había seguido el juego engañándoles completamente. Estaban asimilándolo mientras Michelle les explicaba los diferentes factores que les había delatado y que deberían corregir para posteriores bromas similares, cuando oyeron la puerta de la habitación de Akari y el chico salió bostezando de ella. Alex envió un mensaje rápido a Michelle indicándole que el chaval había hecho aparición, y antes de apagar las respectivas pantallas de sus móviles tanto él como Marcos pudieron atisbar un último mensaje de la chica "Seguidme el juego".

- ¿Me he dejado aquí el…- pudieron ver cómo sus ojos se abrían de par en par y se acercaba en dos zancadas al sofá arrancándole el teléfono a Marcos de la mano y comprobándolo frenéticamente- ¿por qué tienes mi móvil? ¿Por qué estabas hablando con Michelle? - Marcos y Alex se miraron entre ellos conteniendo la risa. La expresión de horror que se iba dibujando en el rostro de Akari fue siendo cada vez más patente. Cuando llegó a la fotografía, emitió un chillido- ¿Por qué me hacéis esto? ¡Yo no os he hecho nada!

Los miró con total impotencia, le temblaba el pulso y respiraba agitadamente. Se apoyó en el respaldo del sofá, releyendo la pantalla con una expresión de total desasosiego en la cara, estaba en tal estado de shock que parecía haber obviado las respuestas positivas de Michelle hacia sus insinuaciones y tan sólo se concentraba en lo que sus amigos habían dicho al hacerse pasar por él. Llevándose las manos a la frente y con la expresión desencajada se sentó en el sofá que estaba vacío y empezó a teclear en completo silencio, Marcos y Alex lo observaban intentando no desternillarse, pero era una tarea que les estaba resultando muy ardua.

Akari

Michelle, Michelle por favor escucha (15:30)

Marcos y Alex me han quitado el móvil (15:30)

Han sido ellos, yo no he dicho nada de eso por favor, créeme (15:30)

Michelle

Oh (15:30)

No sé, Akari (15:30)

Quizás hayas sido tú que me estabas tanteando (15:31)

¿Por qué iban a tener tu teléfono tus compañeros? (15:31)

Lo tienes con bloqueo, no podrían usarlo (15:31)

Akari

Michelle, por favor (15:31)

Han sido ellos, lo juro. No sé cómo pero conocen mi bloqueo(15:31)

Michelle (15:32)

Sabes que yo nunca me atrevería a decirte algo así (15:32)

Michelle

No te conozco tanto (15:33)

Puede que haya una faceta de tu personalidad que no conozca (15:33)

Akari emitió un quejido desesperado, su respiración se aceleró aún más y cada vez se le veía más agobiado, sus amigos le miraron entre ellos con un halo de preocupación, parecía que le iba a dar un ataque de un momento a otro.

- ¿Qué pasa, Akari?- preguntó Marcos mientras Alex tecleaba en el grupo que la mujer acaba de crear "No te pases, le va a dar algo"

- N-n-no me cree. Le he dicho que habéis sido vosotros y no me cree- parecía al borde del llanto- ¿Qué habéis hecho?

Akari

Michelle (15:34)

¿Qué puedo hacer para que me creas? (15:35)

Le digo a alguno de ellos que te mande un mensaje y te lo explique (15:35)

Michelle

¿Y quién me dice que no les estás obligando? (15:36)

O usando su teléfono por ejemplo (15:36)

Akari

¿Estás libre? (15:34)

¿Te puedo llamar? (15:35)

Necesito aclarar esto por favor (15:35)

La respuesta se hacía esperar. Akari permaneció con el teléfono en la mano unos segundos mirando al infinito. Movía una pierna nerviosamente y sus amigos no pudieron evitar sentir lástima por él, parecía que iba a entrar en una crisis nerviosa de un momento a otro.

- Venga tío, que era una broma. Si no te cree luego se lo aclaramos- le animó Marcos, el cual se había hecho de nuevo un ovillo en el sofá y carraspeó un poco aclarándose la garganta, la notaba pesada.

- Sí. Además tan poco ha sido tan malo, se ha mostrado bastante receptiva.

- Callaos ¿vale? Ahora mismo no quiero saber nada de vosotros

Ante la respuesta del japonés los chicos le volvieron a mirar entre ellos. Definitivamente estaba más afectado de lo que creían en un principio, y cuando Alex iba a mandarle un mensaje a la mujer para pedirle que parase con la broma el teléfono del japonés empezó a sonar y se quedó mirando la pantalla horrorizado.

- Es ella- murmuró

- Pues cógelo- insistió Alex al ver que su amigo se había quedado mirando su mano con el aparato y parecía incapaz de darle al botón de responder.

- Me da miedo-

- Joder Akari, que no te va a comer. Cógelo ya que me duele la cabeza.

Se levantó del sofá no sin dedicarle una mirada de reproche a Marcos, y se encerró en su habitación dando un fuerte portazo tras de sí. Alex y Marcos se encogieron de hombros y pese a que las ganas de ir a pegar la oreja para intentar enterarse de algo les carcomían, decidieron que ya habían forzado lo suficiente la máquina con Akari ese día y lo dejaron pasar.

- H-hola. Michelle. Me quitaron el teléfono, yo me fui a estudiar y me lo dejé en el salón. En serio, tienes que creerme, te paso con alguno de ellos y que te lo expliquen- empezó a hablar rápidamente, trabándose con sus propias palabras. Paseaba dando vueltas por su habitación, pasándose la mano por el pelo y despeinándose.

- Akari… Akari, cálmate- le dijo la voz al otro lado del teléfono, pero estaba tan absorto en su propio discurso que ni siquiera era capaz de oírla.- ¡Akari!

- S-sí- pudo oírla suspirar al otro lado de la línea y tragó saliva, nervioso.

- Ya sé que no fuiste tú, me di cuenta desde el primer mensaje que me mandaron- Akari sintió un alivio tan repentino que a punto estuvieron de fallarle las piernas y tuvo que apoyarse en el escritorio- Quise seguirles el juego un poco y me pasé, lo siento ¿Estás bien?

- Sí- dijo de una forma muy poco convincente, como no teniendo claro si lo que le decía Michelle era en serio o sólo para consolarle. Sabía que no era del tipo de personas que decían mentiras piadosas, pero aun así…

- Akaaaaari- le dijo algo hastiada-Para empezar es evidente porque escriben mal, tú nunca escribes mal en los mensajes. Y menos aún en los que me mandas a mí, que soy tu profesora y querrás quedar bien- pudo oírla reírse un poco y se le contagió- además la fotografía que me mandó Marcos es evidente que no eres tú.

- ¿Ah sí?

- Él es un tirillas en comparación contigo, a ti se te marcan mucho más los músculos de esa zona- Akari notaba sus mejillas calientes, la idea de que Michelle le observaba con tanto detalle le hizo sentirse repentinamente vulnerable, pero al mismo tiempo le resultó gratificante- Además, si los rumores no mienten, tu ahí tienes un lunar ¿no?

- C-c-c-c ¿Cómo lo sabes?- preguntó histérico. Le ardía tanto la cara que llegó a creer que si seguía mucho tiempo pegado al teléfono lo acabaría derritiendo, o peor aún, se fusionaría con su piel.

- Te recuerdo que tengo buen oído, y Marcos se lo dijo a tus fans

- Cierto- apenas le salió un hilo de voz. Pese a que la mujer no le estaba viendo desvió la mirada al suelo igualmente, avergonzado.

- Bueno, te voy a dejar que tengo cosas que hacer ¿ya estás más tranquilo?

- Sí

- Diles a estos dos de mi parte que son unos cabrones. Mañana nos vemos.

- Sí, lo haré. Hasta mañana.

Cuando se alejó el teléfono de la oreja para colgar notó que tanto el uno como la otra estaban ardiendo. Suspiró y revisó de nuevo la conversación que los chicos habían tenido con ella, dándose cuenta sólo en ese momento de las respuestas afirmativas de la mujer a sus supuestas insinuaciones. Pese a que sabía que se debían a que les había estado tomando el pelo a sus compañeros, no pudo evitar sentir cierta ilusión. Quién sabe, quizás algún día conseguiría visitar esa casa que le había ofrecido con tanta tranquilidad. Iba a guardar el móvil en el bolsillo tras haber releído los mensajes cuando éste vibró y lo desbloqueó, topándose con un nuevo mensaje de la mujer.

Michelle

En caso de que las necesites la oferta de unas clases particulares para ayudarte a repasar sigue en pie (16:05)

Que faltaste a la práctica de contracción muscular (16:05)

Akari

Lo tendré en cuenta (16:08)

Tres minutos. Había tardado 3 minutos en escribir una contestación de 4 palabras, dos de ellas monosílabos. Pero se había quedado tan anonadado que primero tuvo que procesar el mensaje, luego pensar la respuesta y finalmente escribirla. Y con la manos temblorosas fruto de los nervios era muy difícil teclear algo inteligible.

Salió de su habitación con la cara teñida de un bonito tono escarlata y se derrumbó en el sofá vacío junto al de sus compañeros, que lo miraban con curiosidad morbosa. Max se acercó a él y le rascó, manteniéndose a propósito en silencio sin decir nada y obviando los gestos de Marcos incitándole a que contase lo que había pasado.

- ¿Qué?- estalló finalmente Alex presa de la impaciencia

- Que sois unos cabrones, de parte de Michelle. Y de la mía también- se enfurruñó cruzándose de brazos en el sofá- Eso no se hace

- Perdona tío, sólo era una broma. Todos hemos salido ganando. Tú has hablado con ella y Marcos ya no está enfadado conmigo.

- Sigo enfadado contigo- aclaró desde debajo del edredón- Pero menos…- se sorbió los mocos- Además casi conseguimos que te lleve a su casa a practicar anatomía

- Eso, eso. No te quejarás

- Sí me quejo. Era mentira, y aunque no lo hubiese sido, no habría aceptado.

- Sí venga, ahora me vas a decir que no te pone Michelle- se rio Marcos soltando una carcajada sardónica

- Claro que sí, pero no me gustaría que fuese así. Además hay más factores- se puso aún más rojo y se encogió en sí mismo. Se hizo el silencio entre ellos y de repente a Alex se le iluminó la cara

- Espera, espera, espera….te gusta Michelle

- Dinos algo que no sepamos, Sherlock- le recriminó el rubio.

- No, Marcos. No me refiero a gustar sin más…me refiero a GUSTAR- ambos se giraron hacia Akari que les devolvió la mirada un poco confundido.

- ¿Qué? Claro que me gusta ¡cómo no me va a gustar! - dijo como si fuera lo más evidente del mundo- Es inteligente, justa, sincera, amable, independiente, fuerte - empezó enumerar y sus amigos sonrieron como quien ve a un niño hablando de su primer amor- Y además es preciosa

- Akari, esto va a sonar muy gay, pero eres jodidamente adorable- le espetó Alex riendo por lo bajo

- Déjame- farfulló cubriéndose la cara con la mano y levantándose - Me piro a estudiar otra vez y me llevo el móvil- añadió con una mirada severa- Por cierto, me alegro de que hayáis solucionado vuestros problemas.

- Bah- dijo Marcos desde el sofá dándose la vuelta y envolviéndose aún más en el edredón.

No obstante Marcos no podía negar que su amigo tenía razón. Seguía dolido, y molesto, además de un poco triste, pero se encontraba muchísimo mejor que esa mañana. Y desde luego mucho mejor que la noche anterior, en la cual se le vino el mundo encima. Puede que fuese sólo fruto de la adrenalina liberada en la broma a Akari, o de haber recuperado fuerzas recobrándose un poco de su resaca, o simplemente de la emoción del momento. Pero en ese instante se dio cuenta de que el hecho de que Alex no le hubiese dicho nada en el fondo no era para tanto, que por lo que decía Yaeko la otra japonesa no estaba realmente enfadada con él y que Iván…en lo que se refería a Iván pues...bueno. Puede que hiciese reír a Kanako, y que pasase tiempo con ella en el trabajo y que la llamase Kanakin, pero el que seguía teniendo una marca en el cuello fruto de un mordisco juguetón ni se llamaba Iván, ni era ruso. Era un mejicano rubio de brillantes ojos verdes llamado Marcos.