Mientras los seres humanos sigan siendo humanos, la muerte y la vida serán la misma cosa.
«Sin importar cuánto quiera negarlo, cuánto quiera convencerse que no es cierto, la realidad es que está asustado. Pelear por la humanidad, arriesgar su vida, exterminarlos a todos. Él llegó al ejercito con una sola meta, luchar por su libertad. Ahora, en ese momento, ese maldito momento, tiene miedo. Miedo de morir. De perderlo. De dejarlo solo. Él era la esperanza de la humanidad y, la persona que se aferra a él, hundiendo su rostro en su pecho, es el hombre más fuerte de la misma. No quería separarse de él, no lo soportaría.
—No puedes irte de este mundo sin mí, antes que yo, no puedes, Eren. No puedes —susurró débilmente. Se sentía el dolor, la tristeza, la agonía, en su voz.
—Sería incapaz de dejarlo solo —respondió, con sinceridad, con miedo. Miedo de no poder cumplir lo que afirmaba. Rodeó su cuerpo con sus brazos, ocultó su rostro en el hueco de su cuello y cerró los ojos. En ese momento solo quería sentirlo cerca, sentir su calor, su amor.
En el silencio de la noche, con solo la oscuridad y el frío de testigo, hicieron su promesa silenciosa. No morir sin el otro. No abandonar. No olvidar. No necesitaban más palabras, habían dicho suficiente, ambos comprendían el profundo valor que tenían. Se separaron, un poco, buscando la mirada del otro. No necesitaban nada más que eso. Sus almas se habían conectado. Otra vez. Sus cuerpos se unieron con un beso, suave, rápido y tierno. Solo se necesitaban el uno al otro para ser feliz.»
Abrió los ojos de golpe. ¿Cuándo se había quedado dormido? ¿Desde hace cuánto está llorando? ¿Por qué duele tanto? Le duele el corazón, el alma. No podía ser simplemente un sueño, de eso estaba seguro, todo era demasiado real. Aún podía sentir el calor de su cuerpo, quería tenerlo entre sus brazos otra vez. Llevó una mano a su boca y la acarició, suavemente, con las yemas de sus dedos. Recordaba la suavidad de esos labios. Necesitaba volver a sentirla.
—¿Qué está mal conmigo?
Hay que convertir la vida en sueños y volverlos realidad.
Lloró hasta que no pudo más. Hasta que sin importar cuánto quisiera continuar haciéndolo, las lágrimas no salían. Se abrazó a Capitán, disculpándose por llorar, por ser un cobarde, un inútil, por no poder entender qué está sucediendo. Agradeció que sus padres no estuvieran en casa, no quisiera preocuparlos. Sintió una lengua rasposa en su mejilla. Capitán estaba lamiendo el camino que las lágrimas habían dejado. Sonrió, si el capitán estaba con él, todo el dolor desaparecía. Y volvía a aparecer.
Levi se sentía frustrado, no podía hacer nada por él. Era la segunda vez que lo veía llorar. No podía soportarlo. Quería gritar que estaba ahí, con él, que no se iría, que no llorara, pero era inútil. No podía habar, no podía saber qué estaba pensando, no podía decirle lo mucho que lo ama y le duele verlo así. No podía hacer nada.
Y eso estaba comenzando a matarlo lentamente.
