Incomplete

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Capítulo Treinta y Seis
Maravillas de Invierno


—Oh, vamos —arrulló Sakura una vez que el coche se había detenido en frente de un familiar edificio de departamentos—, ¡deja de hacer puchero!

Sasuke, quien estaba reclinado en su asiento, una mano en el volante, la otra en la palanca de cambios, le dio un vistazo, antes de regresar la mirada al coche que estaba estacionado en frente de ellos.

—No estoy haciendo puchero —dijo, taciturno.

—Sí, lo estás —rió—. Has estado haciendo puchero desde ayer en la noche. Nunca pensé que fueras un mocoso consentido, ¿sabes?

La fulminó con la mirada.

—En serio —presionó—. Tu mamá te dio todo lo que querías, ¿no? También tu papá. Sólo necesitabas sacar el labio y—

Él gruñó, un bajo sonido molesto en el fondo de su garganta, haciendo que ella finalmente perdiera la batalla contra la risa y estallara en carcajadas.

—¿No estás atrasada? —exigió con brusquedad.

Sakura sonrió. —No —respondió, flotando sobre el compartimento central para besar juquetonamente su mejilla. Estuvo encima de su piel por un segundo, pero ese fue todo el tiempo que él necesitó para girar la cabeza y unir su boca con la de ella.

Sus labios se encontraron en un beso tras beso, tras beso. Más que juguetones, se volvieron apasionados. Sasuke se inclinó, enredando los dedos en su cabello rosa, acercándola más, besándola con ferocidad, con desesperación. Sakura, sin su cinturón de seguridad puesto, le permitió acercarla, respondiendo con las mismas ansias que él tan abiertamente exhibía. Sus manos agarraron puñados de su cabello negro, de su camisa, arruinando la apariencia frustrantemente perfecta de Sasuke.

Ella casi había desatado su corbata cuando la puerta del lado del conductor se abrió inesperadamente. Se separaron justo a tiempo para que el Uchiha recibiera un manotazo en la nuca.

—¿Qué estás haciendo, teme? ¿Seduciendo a la dulce, inocente y pequeña Saki en un coche?

Sasuke gruñó y lo siguiente que ella supo, él había desabrochado su cinturón de seguridad y salido del vehículo.

La pelirrosa nunca había pensado que vería el día en que su esposo agarrara a su mejor amigo en una llave de cabeza y lo empujara de cabeza hacia una pila de nieve. No estuvo segura de si debía reírse o perseguirlos para poner fin a su pelea, pero su decisión le fue hecha cuando la puerta se abrió detrás de ella. Se volteó abruptamente, todavía paralizada por la sorpresa, pero una sonrisa se abrió paso en su rostro en un instante cuando vio quién la estaba esperando afuera.

El silencio en el desolado estacionamiento fue destrozado entonces por dos ruidosos gritos, cuando TenTen y Sakura se encontraron con un abrazo por primera vez luego de casi tres meses.

—¡No puedo creer que estés finalmente de regreso! —dijo la castaña, separándose para mirarla bien—. ¿Qué le hiciste a tu cabello? —exigió.

Sakura rió, haciendo una pirueta y pasando los dedos por sus brillantes mechones rosas. —¿Te gusta?

—¡Está precioso! —exclamó la otra mujer.

—Nada —rió—. Sólo lo dejé crecer—y lo planché esta mañana.

—¡Perra afortunada! —gritó, antes de agarrarla en otro abrazo.

Ambas tenían lágrimas en los ojos cuando se separaron. Luego Sakura tuvo un vistazo de una silenciosa Hinata parada al lado de ellas con una sonrisa en el rostro. Tuvo que recomponerse en un esfuerzo para no caerse.

—Hinata —dijo, trayendo a la mujer en un abrazo, el cual regresó con entusiasmo—. ¡Las extrañé mucho! —exclamó, quitándose las lágrimas con golpecitos con las yemas de sus dedos cuando se separaron—. ¿Dónde están Ino y Temari?

TenTen rodó los ojos. —Vistiéndose y maquillándose. Es difícil escoger cuando de repente tienes un novio, ¿sabes?

—Aww —arrulló la pelirrosa, sonriendo.

—Vamos, agarra lo que necesites y vamos. Me estoy congelando —proclamó.

Sakura asintió y se giró, estirándose en el asiento trasero para agarrar su bolsa y su abrigo. Enderezando su postura mientras cerraba la puerta, frunció el entrecejo. —¿Qué hay de…? —preguntó, apuntando con incertidumbre en la dirección del estacionamiento cubierto de nieve, donde todavía podía escuchar la ruidosa voz de Naruto.

—Déjalos —aconsejó la castaña, agitando la mano para restarle importancia—. No puedes separarlos hasta que ellos decidan que han terminado, así que no hay ningún punto en intentarlo. Ahora vamos, me estoy congelando y realmente quiero un poco de chocolate caliente.

~•~

Era difícil creer lo mucho que había extrañado a sus amigas. Después de todo, sólo las había visto en Nueva York esa vez que habían ido a visitarla. Pero en ese entonces, no habían tenido la oportunidad de ponerse al corriente—no en el verdadero sentido de las palabras. Habían estado presionadas por el tiempo y habían intentado, sin mucho éxito, absorber tanta información como pudieran.

Sin necesidad de decirlo, ellas se habían ido con un enorme hueco—y el ardiente deseo de continuar las conversaciones que no habían sido capaces de cerrar entonces.

Sin embargo, esta vez ninguna de ellas necesitaba partir en una cuestión de sólo horas. Esta vez podían pasar todo el dia hablando y absolutamente nada se los impediría.

Lo que llevó a algunas de ellas a decidirse a sacarle provecho.

—Entonces, dinos —dijo, en un tono ladino cubierto con tan falsa inocencia que Sakura sólo pudo entrecerrar los ojos al escucharlo—, ¿acaso ustedes dos… ya tuvieron sexo?

Rodó los ojos. ¿Por qué no había visto esa venir? —No, mujer pervertida, no —respondió, rodando los ojos de nuevo por si acaso—. No hemos tenido sexo.

—Bueno —dijo, alzando las manos en su defensa—, sólo pregunté porque, ya sabes, estaban tan cerca en el coche…

—¿Qué? ¿Qué coche? ¡Me perdí! —exclamó Ino, entrando así en pánico por la falta de información.

—Estábamos esperándola, afuera en el frío, temblando como dos gatos callejeros, mientras ella se fajaba a su esposo en el coche —explicó TenTen, ganándose un clamor de aclamaciones, quejas y exclamaciones de sorpresa de sus amigas.

—Vamos, chicas —interrumpió Temari, silenciándolas—. ¿La pueden culpar? Porque yo sé que yo no podría. ¿Qué? —exigió al ver las miradas que le habían enviado—. ¿Acaso su esposo se puso menos atractivo desde la última vez que lo vimos?

—No, ¡pero ese no es el punto! —dijo TenTen.

—Dios —Sakura hizo un sonido estrangulado, llevando las rodillas hasta su pecho y escondiendo el rostro entre sus manos—. ¡Deja de avergonzarme!

Las chicas rieron.

—¡No creas que no nos hemos dado cuenta de que estás más abierta al tema, señorita! —le hizo saber Ino.

—¡Y no creas que no nos vamos a aprovechar de eso! —completó TenTen, antes de estallar en carcajadas.

—Bien —dijo Sakura, sus manos cayendo—. Terminemos con esto. ¿Qué quieren saber?

—¿Por qué no le has saltado encima todavía? —respondió Ino, en un tono que casi lo hizo ver como si debiera ser obvio—. Es decir, ¡duh!

—Porque yo no he… —se detuvo abruptamente, sin siquiera saber cómo responder, y trató de no reírse de la forma en que todas sus amigas parecían inclinarse hacia adelante con anticipación— …sentido que sea el momento —terminó sin convicción—. Es decir, pensé que yo no iba a querer—pensé que íbamos a tener que esperar un tiempo muy largo antes de que llegáramos a eso, porque algunos de nuestros problemas estaban directamente conectados con eso. Es decir, no hablábamos. Y por mucho que les guste escuchar esto probablemente, todo lo que hicimos fue tener sexo.

Rieron y silbaron al escuchar eso, haciéndola sonreír a pesar de sus intentos por mantenerse por buen camino y permanecer seria.

—Pero no es así. No siento nada de ese tipo. Nada me está deteniendo de ir a él en este momento y decirle, 'Oye, Sasuke, hagámoslo'.

—¿Entonces qué es lo que estás esperando? —se quejó Temari, ganándose otro clamor de risas de sus amigas.

Su sonrisa se ensanchó aun más. —Es algo que ocurrirá, eventualmente—un curso de eventos normal en una relación.

—Entonces, asumo que el tiempo alejados ha ayudado —dijo Hinata, hábilmente dirigiendo la conversación lejos del tema previo.

—Absolutamente —respondió Sakura, firme y segura—. Él se siente como una persona diferente. Yo me siento como una persona diferente. Y ahora… finalmente podemos tener nuestro comienzo desde cero.

—Escuché que él fue tras ese comienzo desde cero —dio entrada TenTen, sonriendo en su dirección.

—Sí —confirmó la pelirrosa, sonriendo por los recuerdos que inundaron su mente con sus palabras.

—¿Qué? —exigió Ino una vez más, enderezándose sobre el cojín en el que se sentó en el piso, apoyándose con un brazo sobre la mesita baja de la sala.

Sakura casi rodó los ojos. Nunca había disfrutado realmente ser el centro de la atención, y aunque había sabido que el enfoque estaría mayormente en ella mientras se ponían al corriente, nunca se había imaginado que sería interrogada.

—Sasuke me siguió hasta Nueva York —dijo—. Fue a buscarme. Dijo que lo había abandonado, me hizo saber lo disgustado que estaba por eso y me dijo que quería que regresara a casa con él. Así que lo hice.

Estuvo sorprendida, al azar la mirada de donde la había fijado en la mesa de la sala, de ver a las mujeres en la habitación, salvo por Tenten y Hinata, observándola con sus bocas desencajadas. Frunciendo el entrecejo, estuvo a punto de pedir una explicación, pero Temari habló antes de que ella pudiera hacerlo.

—Eso es—¡Dios! —exclamó, parpadeando—. ¿Eso es candente y dulce?

La pelirrosa rió ligeramente. —Ya lo sé, ¿de acuerdo? —bromeó.

—Gracias a Dios que estabas lista para regresar, porque si hubieras sentido como que él te estaba apresurando… bueno, eso hubiera sido bastante malo —dijo TenTen.

Sakura rodó los ojos el escuchar el tono que había usado. —No le hubiera dado una paliza verbal —le aseguró.

—Yo lo hubiera hecho —contestó—, en tu lugar. Es decir, todo este tiempo y todas estas pláticas, ¿y él todavía no es bueno con la paciencia?

—Oh, ¡cállate! —fue escuchado en coro, a lo que ella respondió al rodar los ojos.

—Wow, puedes llegar a ser toda una perra cuando te lo propones —recalcó Sakura con un tono adorador, sonriendo—. Pero en cualquier caso, estaba planeando regresar. Sin embargo, no sabía cómo. No sabía cuándo. Pero más que nada, no sabía si sería lo correcto. Luego él apareció y me quitó la decisión y creo que eso fue bueno porque… me hizo darme cuenta de que nunca habría un 'momento perfecto' o una 'situación perfecta'. Habíamos pasado tan meses alejados—y era tiempo de seguir adelante. Quizás había sido el momento desde hacía un largo rato. No puedo saberlo. Pero cuando él vino por mí… esos éramos nosotros, justo ahí. Y no pude haber pedido algo más.

—¡Aww! —exclamaron las chicas, haciéndola sonreír.

—¡Suficiente de mí! —dijo, silenciándolas—. Quiero escuchar de ustedes.

TenTen alzó la mano en el aire cuando la plática subió de volumen. —¡Tengo algo que decir! —anunció en voz alta y esperó hasta que hubiera completo silencio y tuviera la atención de cada persona en la habitación antes de sonreír con dulzura—. Estoy embarazada.

—¿Qué? —sus palabras causaron otro clamor en la habitación ya que todas lucharon por recibir respuestas a sus preguntas.

Sin embargo, la voz de Sakura fue fuerte y clara por encima del sonido—. ¡Yo quiero ser la madrina! —dijo—. Así que ese lugar ya está tomado.

TenTen sonrió, aventando los brazos sobre sus hombros y trayéndola en un cálido abrazo—. Por supuesto que sí —dijo.

La pelirrosa sonrió, apoyando la cabeza en su hombro.

—Pero… —TenTen tragó saliva y Sakura se alejó, frunciendo el entrecejo—. No quiero que hagas esto si te molesta. No quiero que hagas esto si te lastima.

—¿Molestarme? —por un momento, estuvo confundida. Pero luego se dio cuenta de lo que quiso decir, así que rápidamente negó con la cabeza—. Oh, no. No, TenTen, yo… ya superé eso.

La habitación estuvo en silencio de repente. Ino y Temari también se habían enterado de su aborto cuando ella estuvo en Nueva York, pero a pesar de su reticencia inicial, Sakura estuvo alegre de que lo hubiera sabido. Lo que no había querido en ese entonces era su lástima; ahora, ya no importaba.

—No quiero que esto suene como va a sonar, pero… pero no puedo ver cómo las cosas hubieran sido mejor si ese bebé hubiera nacido. Yo no… yo no quiero decir esto, pero quizás… quizás tenía que suceder. Quizás era necesario que nosotros pasáramos por esto. Quizás no. No lo puedo saber, pero la verdad es, que ni siquiera quiero saber. Ocurrió—eso es todo lo que importa. No voy a dejar que esto me persiga por el resto de mi vida y me detenga de disfrutar esto contigo —dijo, agarrando la mano de la castaña—, y disfrutar a mis propios hijos cuando vengan… me niego. Por mucho que me hubiera gustado que este bebé viviera… —se fue apagando, encogiéndose de hombros ligeramente, de alguna manera con tristeza.

Las chicas vieron eso como una oportunidad para aligerar la conversación. —Ya estás pensando en tus propios hijos, pequeña mentirosa —acusó Ino—. ¡Estás pensando en cómo los vas a hacer mientras te haces la inocente en frente de nosotras!

—Oh por Dios, no —dijo Sakura, rápidamente aventando una almohada en su dirección—. Sasuke y yo estamos como que… en la etapa de las citas y todo eso. Ni siquiera estamos pensando en hijos en este momento.

—¿Cómo sabes que no lo hace? —inquirió Temari, ambas cejas enarcadas, lo que hizo que la pelirrosa hiciera una pausa por un largo momento.

—De acuerdo, no lo sé —rió, rodando los ojos al ver su ingenuidad—. Pero somos una pareja. Si yo no los quiero, entonces él tampoco los quiere.

—¡Sí, así se habla, chica! ¡Ponte los pantalones! —dijo Ino desde el piso.

Sakura rió, negando con la cabeza.

—¿No has hablado de esto con él? —preguntó TenTen, su voz adquiriendo un tono más serio—. ¿En absoluto?

—No —admitió la pelirrosa, negando con la cabeza—. Y no creo que lo haga—al menos no tan pronto. Este es un tema que es claramente doloroso para ambos y no voy a sacar el tema sólo porque, como pareja, se supone que discutamos estas cosas. No, discutimos las cosas de las que nos sentimos cómodos. Dudo que ahogarnos juntos en dolor nos ayude. Por supuesto, si algún sale el tema y lo hará, en algún punto en el futuro, no lo evadiré. Pero no lo sacaré sólo porque sí —suspiró—. Sé que Sasuke se siente culpable por eso y yo… simplemente no quiero hacerlo.

—Él no es el único —dijo la castaña.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Sakura, mirándola con el ceño fruncido.

—Karin se fue —respondió—. Es decir, no la he visto por aquí desde el día de tu accidente. No sé si alguien habló con ella, pero si lo hicieron, no fue Sasuke. Es decir, él le cuenta a Neji todo y Neji le cuenta a él todo—Karin se fue. Y creo que se sintió culpable. Creo que lo descubrió y se friqueó y huyó para no tener que encarar las consecuencias de sus acciones.

La habitación permaneció en silencio durante su explicación hasta que Ino decidió romper la tensa atmósfera con un insidioso comentario. —Esa perra.

—Para ser honesta —enunció Sakura una vez que había dejado de reírse, todavía sonriendo—, ya no me importa. Sólo quiero mirar hacia el futuro—y nada más.

~•~

La pelirrosa se distrajo por un suspiro particularmente fuerte detrás de ella cuando se puso de pie, admirando su reflejo en el espejo, vestida con una camiseta blanca y unos viejos pants monótamente gris, pero sosteniendo varios vestidos en las manos.

Su esposo estaba sentado en un sillón en la esquina de la habitación, sus ojos mirando hacia abajo, fijos en su corbata todavía floja.

—Ya hemos pasado por esto —dijo con una voz cantarina—. No puedes quedarte en casa en la víspera del año nuevo y tampoco vas a ir a una de esas aburridas fiestas de la oficina. Así que vas a venir conmigo.

Con eso dicho, regresó su atención a la tarea de momento.

Había habido un tácito acuerdo entre ellos desde esa noche cuando regresaron de la casa de los padres de Sasuke. Ella dormiría en la habitación de Sasuke, en su cama, en sus brazos—sin hacer preguntas.

Sin embargo, difícilmente había una manera de que pudiera meter todo el armario de la pelirrosa en la habitación de Sauske sin tener que demoler una pared, y Sasuke no había dado a entender con sutileza que él no iba, bajo ninguna circunstancia, hacer esto ahora, cuando finalmente tenía algo de la paz y el silencio que deseaba. Lo que significó que, por el momento, ella tenía que reubicarse en el momento en que le tocara vestirse. Pero eso apenas era un problema.

—¿Qué dices? —preguntó, girando para verlo—. ¿Este… o este? —en sus manos, sostenidos por sus respectivos ganchos, sostenía dos vestidos que había comprado en Nuevo York y que había pensado serían apropiados para una ocasión como esa. Le había tomado un rato sacarlos de la montaña de ropa en su desorganizado clóset, el que podría ser descrito de esa manera de momento.

Sin embargo, su esposo no pareció impresionado. —¿Cuál es la diferencia?

Ella parpadeó, sorprendida, antes de enviarle una mirada poco estimulante. —En el color y en la textura y en el patrón y en el diseño—¿así como también en cualquier otro aspecto?

Sasuke enarcó la ceja. —Son del mismo largo —dijo con seriedad.

Le tomó un momento registrar eso en su mente y cuando finalmente lo hizo, estalló en carcajadas. —Oh, así que eso es lo que notas —dijo, negando con la cabeza—. Suficiente, suficiente. Dime, Sasuke. Escoge —le ordenó, alzando los vestidos de nuevo—. ¿Este o este?

—Ese —dijo, apuntado hacia el de la izquierda.

—¿Este? —preguntó, girándose para inspeccionarlo—. Tienes algo por los pequeños vestidos negros, Sasuke.

—Tú eres la que los compra —bufó y regresó su atención a su corbata, continuando rumiando en silencio.

—Cierto —rió.

Sakura observó de cerca el vestido que él había escogido. Era simple, ajustado, con un cuello en forma de corazón. Si recordaba bien, le llegaba a medio muslo y complementaba su figura bastante bien. Tendría que emparejarlo con un collar ostentoso para hacerlo resaltar más, pero… su tren de pensamientos de repente se fue por otro camino. Una vez que concluyó que era el correcto, sonrió, aventando el vestido en la cama—y exitosamente atrayendo la atención de su esposo.

—Buen intento —dijo, dándole un vistazo sobre el hombro antes de entrar a su closet—. Quieres que mantenga un perfil bajo para que tú puedas mantener tus manos en mí durante toda la noche, ¡pero no! ¡Voy a usar este! —proclamó mientras salía, sosteniendo una vestido de lentejuelas en su mano—. Todo el mundo me notará y me mantendré a tu lado durante todo el momento para que sufras por tanta interacción social.

Sasuke gruñó, su cabeza cayendo hacia atrás para golpearse en el respaldo del sillón.

Sakura, por otro lado, simplemente rió, encantada.

~•~

Fue difícil decir cómo regresaron a casa exactamente esa noche. Habían manejado, eso era un hecho y él debió haber sido el que lo hizo, porque Sakura difícilmente estaba en el estado adecuado para hacerlo. El mismo Sasuke se había servido una copa de champaña a media noche, pero para ser honestos, estaba más intoxicado por la presencia de Sakura que por el alcohol.

Había estado consciente de ese aspecto en particular que caracterizaba su relación, por supuesto. Desde el momento en que se abrió a la idea de vivir el resto de su vida con ella, se había dado cuenta de lo increíblemente peligrosa que ella podía ser. Un simple gesto suyo podía hacerlo caer de rodillas—ese era el poder que ella tenía sobre él ahora. Ese era el poder que ella siempre debió haber tenido, de haberse abierto verdaderamente y verla como era—como su esposa, como la mujer que amaba, como la persona con la que él quería compartir su vida.

Un simple olorcillo de su perfume y todos sus sentidos entraban en caos. Al tocar sus labios, todo el mundo se desvanecía—y todo lo que quedaba era ella.

Esa noche, sus manos viajaron sobre el material de su vestido, subiendo por su espalda, bajando por sus costados, metiéndose en su cabello rosa, rodeando su cintura… pareció como si una eternidad hubiera pasado desde la última vez que había tenido la oportunidad de tocarla y quería sumergirse en ese sentimiento—olvidar todo y a todos salvo por ella.

En el pasado, él solía encontrar eso como una debilidad. Solía encontrarlo molesto, a pesar de que la ansiaba, a pesar de que la quería cerca. Pero ahora… él la quería, incluso ahora, no había por qué negarlo. Pero era diferente—todo lo era. Más que querer quedarse en la cama cono ella durante todo el día, quería escuchar su voz, causar su risa, ver sus ojos, sentirla sonreír… quería todo de ella. Y esta vez, ya no estaba asustado de recibirlo. Él tenía lugar para ella en su vida ahora—y era el lugar que siempre le había correspondido.

Esa fue la conclusión a la que llegó justo antes de que un fuerte estrépito fuera escuchado, sus movimientos obstruidos de repente y un pequeño chillido sonando contra sus labios. Sakura sonrió, luego rió y se tropezó de nuevo hacia un lado, haciendo que Sasuke reforzara el agarre en su cintura para no permitir que ella se cayera.

—Me respaldaste en una mesa —se quejó en sus labios, divertida, mientras se colgaba de su cuello con los brazos.

Sasuke la observó, sus ojos confusos, sin entender sus palabras realmente, y tampoco sin importarle entender. Su mirada estaba en los labios de Sakura—enormes, rojos, hinchados por sus besos y se estiró en una sonrisa. Antes de que pasara mucho tiempo, él se inclinó para capturarlos en otro nuevo beso, pero antes de que pudiera hacerlo, la entrada principal de la casa se abrió de sopetón. Se separaron abruptamente, observándose entre sí con ojos ensanchados, hasta que una voz estruendosa resonó por la enorme casa vacía.

—¡Sakuraaa!

Hubo diferentes reacciones de los dos esposos. Al principio, ambos fruncieron el entrecejo. Luego Sakura sonrió, gritó y corrió hasta la escalera, dejando a Sasuke maldiciendo el día en que había permitido que ese idiota rubio entrara en su vida.

Se tomó un momento para reunir los modales, sabiendo que nadie lo apreciaría si arremetía contra su garganta en el momento en que lo viera, antes de lanzar un suspiro resignado y seguir a su esposa.

Descendiendo por las escaleras con el ceño fruncido y las manos en los bolsillos, encontró a Sakura y Naruto cara a cara, una botella de champaña entre ellos, este último explicándole a Sakura cómo había sido incapaz de soportar la idea de que terminara en las manos equivocadas y tuvo la maravillosa idea de compartirla con ella porque, aparentemente, ellos eran como hermanos—y él compartía todo con su hermana.

Una Hinata bastante avergonzada se paró detrás de él, enviándole a ambos miradas de disculpa. Pero sólo Sasuke se fijó, ya que Sakura estaba muy ocupada actuando tontamente junto con el rubio.

Juntando las manos, saltó de una manera infantil.

Sasuke todavía deseaba poder asesinar a su autoproclamado mejor amigo.

Pero al final, verla tan feliz hizo que todo —incluyendo tener que lidiar con él— valiera la pena.

~•~

Era un frío día enero, aproximadamente dos semanas desde que había regresado a casa, cuando la pelirrosa decidió ceder frente a su lado perezoso y levantarse tarde. Se despertó brevemente cuando la calidez del cuerpo tonificado de su esposo dejó la cama, pero de nuevo se volvió a permitir ser envuelta por la inconsciencia mientras las sábanas eran envueltas a su alrededor y un beso era plantado en su frente.

Ahora, casi tres horas después, estaba parada en medio de la cocina, todavía vestida con su pijama negra con rosa, apoyándose en la barra con un vaso de jugo de naranja en su mano. No teniendo algo planeado para el resto del día, optó por observar los largos copos de nieve descender del oscuro cielo, sintiéndose extrañamente desconectada del mundo—pero más que nada, de Sasuke.

Usualmente, ella estaba ahí para verlo irse en las mañanas. Ambos se despertarían, ya fuera por la alarma de Sasuke o por el sentido del tiempo molestamente preciso de Sakura, y ambos desayunarían juntos.

Ahora, Sakura sabía que por interrumpir su rutina sólo un día no iba a arruinar su relación, no perdería el terreno ganado que había estado tan aficionada en mantener la última vez. En realidad, el sentimiento fluyendo por sus venas en ese momento más bien podría ser atribuido a la añoranza. Lo extrañaba.

Y antes de que supiera siquiera lo que estaba haciendo, estaba extendiendo el brazo hacia su teléfono.

¿Puedo llamarte?

Todos sus deseos actuales podían encajar en un simple mensaje de texto, así que presionó el botón de enviar y esperó una respuesta. Para su sorpresa, llegó en un instante, casi como si él lo hubiera escrito antes de que ella hubiera pensado siquiera en enviar el suyo.

Reunión, respondió en breve, ¿estás bien?

Sonriendo, la pelirrosa dudó antes de escribir sus siguientes palabras, sabiendo que sus razones para molestarlo, para todo eran inocentes, eran tontas e incluso ingenuas sólo sirviendo para preocuparlo en vano.

Quería llamarte, escribió finalmente, su dedo presionando el botón de enviar antes de que pudiera cambiar de parecer.

De nuevo, la respuesta llegó rápidamente. Brevemente se preguntó qué tanta experiencia tendría su esposo cuando se trataba de mensajearse, pero luego se deshizo de la idea. Sasuke no necesitaba estar experimentado en nada—era bueno por naturaleza en casi todo lo que hacía.

¿Quieres venir? Puedo recogerte en 15 minutos.

Mordiéndsoe el labio inferior, observó la pantalla con anhelo. No había nada más que quisiera en ese momento que verlo y Sasuke le había, de nuevo, dado en el blanco con sus suposiciones, pareciendo leerle la mente de esa manera asombrosa que sólo él podía. En cualquier caso, lo último que quería hacer era molestarlo, distraerlo y evitar que él hiciera su trabajo bien—y ella sabía que, al hacer una repentina aparición en su oficina, haría exactamente eso.

No tienes que hacer eso.

Pero ella no podía mentirle, ni siquiera cuando él estaba a kilómetros de distancia.

A pesar de su batalla interna, tuvo el presentimiento de que su respuesta hubiera sido la misma, sin importar lo que ella le hubiera dicho.

Entonces estáte lista en 15 minutos.

~•~

Cuando Sakura entró a su oficina esa tarde, estaba usando una suéter beige de manga larga que complementaba el color de su piel y el brillo de sus ojos, junto con unos ajustados pantalones oscuros y botines altos en café. Su largo cabello estaba agarrado en una desordenada coleta y sólo estaba usando el maquillaje necesario para resaltar sus ojos.

—Cambiaste tu oficina —recalcó mientras giraba sobre sus talones para encararlo, frunciéndole el entrecejo graciosamente—. ¿Por qué?

—Ha habido un par de renovaciones —respondió, encogiéndose de hombros. Pero esa sólo fue la mitad de la verdad. Había habido un par de renovaciones, cierto. Pero no había habido razón alguna para que cambiara los pisos—ninguna que el resto del mundo pudiera entender al menos.

—Me gusta —declaró después de un momento considerado—. Está espaciosa, está ventilada y está decorada de forma linda. Aunque nunca te hubiera considerado como un chico de beige —agregó, juguetonamente escéptica—. Pensé que eras más de colores lúgubres como, ya sabes, gris aburrido, azul marino depresivo, negro emo… ese tipo de tonalidades.

Sasuke sólo le envío una mirada en blanco mientras pasaba de ella para tomar asiento detrás de su enorme escritorio de caoba. La pelirrosa sonrió, siguiéndolo.

—¿Silla cómoda? —inquirió, aparentemente inocente. Enarcó una ceja inquisitiva y, en respuesta, ella rodó su cuello con los brazos y se sentó de lado sobre su regazo, cruzando las piernas entaconadas—. ¿Mejor? —preguntó.

Sasuke rodó los ojos. —Mucho —respondió, divertido, mientras la envolvía entre sus brazos.

La pelirrosa sonrió. Enderezando su postura, miró de cerca su escritorio organizado cuidadosamente, una curiosidad infantil brillando en sus ojos jade. —¿Qué haces todo el día? ¿Echarle un vistazo a los papeles? ¿De qué son?

El Uchiha casi sonrió al escuchar la rápida secuencia de preguntas y su tono emocionado. —Lo leo, los firmo… autorizo transportes. Legalizo… —hizo una pausa por un momento—,…todo.

Sakura rió. —¿Te gusta?

—Por supuesto —respondió, casi confundido por la pregunta.

Ella sonrió. No tenía duda de que le gustaba. Era lógico, estaba sistematizado y, de vez en cuando, traía consigo un reto. Le aportaba a Sasuke una importante posición, dinero y poder. Eso era todo lo que un hombre como Sasuke podría posiblemente desear en un nivel profesional.

—Estaba pensando… —comenzó, los dedos viajando sobre la superficie de su mente distraídamente—. Realmente me gustaría ir a la universidad.

Sasuke enarcó una ceja. —¿Entonces qué te está deteniendo?

Ella se encogió de hombros. —No creo que haya algo que pueda detenerme —dijo—. He querido esto desde que me gradué de la preparatoria y no tengo intención alguna de retrasarlo hasta que tenga cincuenta años o algo así.

—¿Desde que te graduaste de la preparatoria? —preguntó, sus cejas acercándose al fruncir el ceño. Extendiendo los brazos, acercó su rostro hacia ella, persuadiéndola para mirarla—. Han pasado tres años desde eso, Sakura. ¿Por qué no lo hiciste?

En una rara demostración de tristeza que él no había visto venir después de tantos días de ver su hermosa sonrisa, ella bajó la mirada, encogiendo uno de los hombros con timidez. —Mi papá me dijo que sería mejor si me mantenía a tu lado y me veía bonita. Demasiada independencia de parte de la mujer puede arruinar una relación aparentemente.

—Tu padre es un bastardo —declaró con franqueza—. Ya hemos establecido eso —alzando su barbilla, la miró a los ojos—. No puedo creer que realmente lo escucharas, Sakura.

Ella suspiró. —En ese entonces, firmemente creía que mi vida terminaría una vez que me casara contigo de todas formas. Supuse que bien podría joderla por completo.

Sasuke parpadeó. —Tu mente puede ser retorcida por momentos, ¿ya sabes? —le dijo.

Sakura rió. —Sí, lo sé —respondió. Reforzando el abrazo, apoyó la cabeza en el hombro de Sasuke, acurrucándose en su pecho.

Con un suspiro, Sasuke colocó los brazos sobre los hombros de ella y escondió el rostro en su fragante cabello. —Tengo un viaje de negocios este mes que viene —declaró, rompiendo el pacífico silencio que había caído sobre ellos—. Quiero que vengas conmigo.

Por un momento, estuvo en silencio. Luego se enderezó en su abrazo y lo miró con los ojos ensanchados. —¿Lo dices en serio? —preguntó.

Él enarcó una ceja. —¿Acaso bromeo, Sakura?

Una sonrisa se abrió paso en su rostro y un grito salió de sus labios, el cual amortiguó rápidamente con las manos. Sasuke estuvo divertido al verla intentar calmarse.

—Muy bien, pues —dijo, serena, aunque apenas conteniendo la emoción—. Lo haré. ¿A dónde me vas a llevar?

—Rusia —respondió de inmediato.

—¿En serio? —desencajó la mandíbula, ojos ensanchados—. Oh por Dios, ¡siempre he querido ir ahí! Bueno, ¡ahí y un millón de lugares más!

La expresión de Sasuke se suavizó al escuchar su involuntaria confesión. —¿Por qué no lo hiciste? —preguntó con gentileza.

La pelirrosa parpadeó con confusión. —¿Huh?

—¿Por qué no lo hiciste, Sakura? —repitió—. Pudiste haber viajado a donde sea. Nunca te hubiera prohibido eso, e incluso si lo hubiera hecho, no hubiera importado.

Poco a poco, su entusiasmo se desvaneció al considerar su pregunta. —No lo sé —respondió eventualmente—. Todos estos meses… hubo un pensamiento que me persiguió. La idea de que quizás he actuado como una víctima mucho más grande de lo que era en realidad. Quizás si realmente hubiera querido hacer algo con mi vida, lo hubiera hecho. No me gusta la idea de que yo era una víctima porque yo quería, pero hay momentos cuando siento como si fuera la única explicación lógica de por qué me quedé a tu lado por tanto tiempo, de por qué me mantuve perdonándote una y otra vez.

Sasuke suspiró, apoyándose aun más en su asiento. —Por mi parte, a mí me gusta pensar que la razón por la que hiciste todo eso fue porque, muy en el fondo, me has amado desde el principio —dijo, sorprendiéndola. Las palabras en sí le sonaron ridículas, pero así era como él se sentía y estaría jodido si preferiría guardárselo para sí en vez de traer una sonrisa en el rostro de Sakura—. Suena estúpido, ya que todo lo que te hice siempre fue lastimarte, pero el amor no es lógico. Es desafiante y molesto.

Lentamente, el shock desapareció de su rostro y una sonrisa juguetona se abrió paso. —¿En serio? —preguntó.

—Hn —gruñó, colocando un mechón de cabello rosa detrás de la oreja de Sakura. Sus siguientes palabras fueron susurradas con reverencia—, especialmente molesto.


Ahora entiendo todo eso de crecer. Qué horror de semestre fue este. Ni tiempo de dormir ni nada.

En fin, es navidad y siempre es mejor la frase de 'más vale tarde que nunca', ¿cierto?

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Al fin, ya todo va poniéndose mejor. Y mejor. Tehee.

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Ah, nunca me cansaré de decirlo: Katte es un pansito.

...ustedes también.

...los anónimos también.

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¡Feliz navidad! ¡Nos vemos pronto!

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sasuke-glamour off!

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Obvio no me iba a olvidar: ¡peluches de la familia sasusaku para todos! :D