SRR 2: Phoenix Revenge
Cap. 35: Tumbas y mentiras
Cementerio "Santa María" Iglesia de la Virgen, Shibuya.
La joven de cabellos negros, que usa una gabardina blanca y lentes oscuros, entra en el recinto sagrado y camina respetuosa en medio del pasillo que conduce al altar, haciendo sonar sus tacones altos en el desolado lugar alumbrado por velas. Al llegar enfrente del altar, camina a un lado cerca de la imagen de la Virgen María y se retira los lentes oscuros, mirando con respeto aquel ícono. Rei jamás había sido católica, era shintoista por convicción y educación, y miraba con cierto desprecio las creencias casi fanáticas de su Padre, pero por alguna razón, en medio de su sentimiento de repulsión por lo católico, la figura de la Virgen Madre ocupaba un lugar muy importante en su corazón. Desde que era una niña, veía con admiración aquella imagen y sentía cierta simpatía por la mujer joven con su hijo en brazos, por lo que al llegar frente a ella se inclinó reverente y dejó uno de los lirios blancos del ramo que llevaba en sus manos junto a la imagen antes de seguir su camino.
Salió de la Iglesia por una de las puertas laterales hasta llegar a un camino de piedras y un jardín, al final del cual había una reja plateada cubierta de plantas trepadoras en donde ella entra apartando con su mano la reja y caminando después por los ordenados senderos abarrotados de cruces, estatuas de santos y ángeles o pequeñas criptas familiares. Rei atraviesa aquel camino conocido, el mismo que atravesaba cada año para ir a llevar flores a la tumba de su madre. Cierto que todos esos años, cuando llegaba a la tumba de Akane Hino, siempre había cientos de rosas blancas sobre la lápida. Cada año, alguien que en ese momento era misterioso para ella, las ponía antes.
Definitivo no era su Padre, y ahora que conocía la verdad completa sobre La Reina Guinevere y Sir Lancelot; no le cabía duda de quién era el que se le adelantaba con las flores, mucho más al reflexionar y darse cuenta de que las rosas desaparecieron justo el año anterior a que ella conociera a los Meiou, coincidiendo con la muerte de Ken.
La mujer llegó frente a la tumba de lápida blanca precedida por la estatua de un ángel, en que destacaban en letras de oro dos nombres y dos fechas:
AKANE HINO, AMADA ESPOSA Y MADRE.
Marzo 30 de 19…
Mayo 25 de 19…
REI HINO, AMADA HIJA.
Abril 17de 19…
Octubre 20 de 20…
Rei se inclina levemente hasta quedar al lado de la lápida y con su mano libre sujeta el epitafio pasando sus dedos sobre las letras mientras una sonrisa extraña se forma en sus labios, si que era extraño estar parada delante de su propia tumba.
-Madre, yo sé que tú, en verdad no estás aquí, sino que tu espíritu es ya parte de los mil vientos, pero por alguna razón, en medio de mi dolor y sufrimiento, creo que eres lo único que me hace fuerte. -Exclama ella poniendo su mano en la dura y fría loza. -El abuelo no comprende mis actos, nadie más que Artemis lo hace, y espero también me comprendas tú.
-Me siento muy perdida, débil y extraña sin mis poderes shintoistas, es como si la mitad de mi alma se hubiera ido… ¿Sabes algo, madre? Quiero tener el valor de seguir con esto hasta el final sin importar las consecuencias, se los debo, a ti, a tía Hiroko y a tía Serenity. Toda esa maldad tiene que terminar conmigo, de una forma o de otra, porque no quiero ser débil… no puedo serlo… -Niega ella con la cabeza mientras las lágrimas asoman a sus ojos. -Quiero tener la misma sangre fría de "ELLA" para solo tomar mi venganza y seguir con mi vida sin mirar atrás y sin remordimientos… pero… no puedo hacerlo… -confiesa Rei, tan abstraída en sus palabras que no escucha los pasos a sus espaldas del hombre que se aproxima a ella lentamente.
Los rayos de sol en aquel ocaso pintan de un extraño tono anaranjado las tumbas. El pasto y todo el ambiente de aquel cementerio, incluida a la mujer hincada delante de la tumba del ángel y, a Nataku, le parece que un aura dorada envuelve a su mujer dándole la etérea apariencia de una aparición celeste. Un momento se queda parado a lo lejos mirándola, pensando si no será esta otra de sus dolorosas fantasías… hasta que escucha su voz y se convence de que es real. ¡Allí estaba su Fénix! La única mujer que podía amar.
-Creo que nada más puedo decírtelo a ti, Madre, lo que más me duele, lo que me hace sentir débil y vulnerable de todo esto, no es "Esa mujer". Con ella puedo ser todo lo cruel y terrible que se merece sin dificultades… pero… Serena y Nataku…. -su voz se quiebra un poco. -¡Me duele tanto saber que las dos personas que mas amé en el mundo me hayan traicionado!.
El joven de cabello plata abre mucho los ojos al escuchar el tono de ella y esa alusión a una traición que él no entendía… ¿Por qué los unía a él y a Serena en ese sentimiento de odio y rencor?.
-…Me da miedo que mis planes flaqueen ante la posibilidad de dañar a Serena o a su familia, me aterra que mi seguridad se derrumbe con sólo ver a Nataku… de sentirlo cerca, sólo de besarlo… -Confiesa Rei aún creyéndose sola, mientras el hombre de cabello plateado detrás de ella siente, que su corazón salta de felicidad al escucharla decir esas palabras… ¡Después de todo aún había una oportunidad para su Fénix y para él! ¡Aún lo amaba!.
-¿Por qué Madre?... ¿Por qué siento esto que me oprime el corazón? ¿Por qué no puedo hacer lo que debo hacer sin que me duela lastimarlo?
-Porque a pesar de que tengas otro nombre, de que creas que eres otra mujer y por más que intentes alejarte de mí, no puedes, Fénix. -Dice él aquellas palabras que salen de su alma y Rei se paraliza de miedo.
Creyendo que lo ha imaginado, se pone de pie temerosa de mirar atrás y convencerse de que es real. Una mano fuerte se posa en su brazo y la obliga a girar hasta quedar de frente. Rei siente que tiembla de pies a cabeza al mirar al hombre delante de ella, que la contempla con esos extraños ojos dorados reflejando con la luz del ocaso demasiados sentimientos que ella no puede dominar.
-Dime una sola cosa, Fénix…¿Por qué te alejas de mí?. -Pregunta él bajando su mano desde el brazo de la paralizada chica de cabellos negros, hasta tomar su mano entre las suyas. -¿Por qué me haces tanto daño con tu rechazo?
Rei odia sentirse así, pero el toque de la mano de su ex marido en la suya, le provoca escalofríos por todo el cuerpo, quiere rechazarlo, alejarlo, huir de ese lugar, pero no puede, ningún músculo de su cuerpo obedece a la orden de su cerebro, y atormentada por el cúmulo de sentimientos confusos, levanta sus ojos amatista hacia Nataku…
-¿Qué haces aquí?. -Hay reclamo en la débil voz que escapa de los labios de Rei, pero al mismo tiempo una súplica muda.
-Buscarte. Yo Tenía que hablar contigo a solas, debía hacerlo aunque tú no quisieras. -Reclama él mirándola directo a los ojos, en los cuales Rei cree descubrir un destello muy parecido al… ¡Imposible!¡Ella debía estar loca! ¿Cómo pueden los ojos decirle que la aman cuando ella sabe que mienten?
Rei realmente había intentado mantenerse alejada de Nataku… pero esa cercanía, ese gesto, el hecho de tenerlo cerca, todo esto acababa de confirmarle qué, a pesar de todos sus intentos por odiarlo, eran en vano, porque no sólo soñaba con él cada noche desde su accidente, sino que se estremecía como estúpida cada vez que él la tocaba, la miraba o le hablaba y la idea simple de que ella podría perder su fuerza y caer otra vez en la misma trampa, la hacía apretar el corazón de angustia. Deseaba alejarlo, pero al mismo tiempo tenía el impulso egoísta de tenerlo a su lado, como antes, cuando él lo era todo para ella. Dentro de sí no quería perderlo… pero… ¿Cómo podría perder a alguien que ya había perdido años atrás? ¿A caso Nataku Yamada era algo suyo que no fuera un mal recuerdo?
-Por favor, Nataku, no me hagas más daño y solo… solo vete… -Suplica ella ya vencida, dándole a entender a él que no tiene la fuerza para seguirlo rechazando. -Por tu propio bien, aléjate de mí porque… -Pero ella no pudo terminar la frase.
-¿Por qué? -Cuestiona el acercándose a su oído. -¿Por qué me debo alejar de ti, Rei?. -Dice Nataku subiendo sus manos por los hombros de la mujer hasta detenerlos con fuerza, provocándole una terrible sensación de calor que la hace sonrojar.
-Porque… puedo lastimarte mucho… y ya no sé si quiero hacerlo… -Vencida ella.
-¿Y qué pasa si estoy dispuesto a que me lastimes nada más que por estar a tu lado?. -Dice con débil voz él, muy cerca de su oído.
El susurro tembloroso no hizo nada para apaciguar las emociones que giran en el interior de la mente de Rei. Nataku estaba tan cerca, dejando un milímetro entre sus cuerpos. Ella se dio cuenta demasiado tarde de que su debilidad la había llevado un territorio peligroso, mucho más cuando sentía el aliento de Nataku suave en los labios.
El joven de cabello plateado estaba tan cerca de ella, que podía estudiar todos los matices de color en sus hermosos ojos amatista, podía sentir su perfume natural que no había olvidado y que tanto lo obsesionaba. Y, enlazando sus dedos con los de las manos de Rei, cerró los ojos y juntó su frente a la de su mujer, pudiéndose a sí mismo en esos sentimientos deliciosos de amor, añoranza, dolor, deseo y todas las cosas no dichas e inconclusas que había en el medio de ellos.
-Es inevitable, Rei… lo nuestro… lo que sentimos… lo que somos juntos… -Nataku respiraba, casi sorprendido por su autocontrol, junto a la cabeza de ella, y abrió los ojos, soltando una de sus manos la llevó a la barbilla de la chica y la obligó a verlo de nuevo. -No importa cuando lo quieras negar, es inevitable.
Rei lo miraba con los ojos muy abiertos, llenos de sentimientos confusos. Por momentos, con el brillo violeta de amor, que él sabía que era para él, como ese día en su boda en Akina, y por momentos, con el destello púrpura de odio con que había regresado de la tumba. Parecía tan preocupada y confusa, y Nataku supuso que ella tenía miedo de sus propias emociones. Algo estaba contribuyendo a la creación de esa barrera entre ellos, algo que Nataku no comprendía, y esa frontera invisible estaba comenzando a ser no muy difícil de cruzar ahora. Si tan solo...
-Nataku... -Dijo ella casi en un susurro dando dos pasos atrás, pero sus palabras no hicieron sino aumentar la audacia de él. El joven de cabello plata, en su miedo de que Rei lo dejaría y se rompería aquel momento que había soñado todo ese tiempo desde su llegada, colocó su otra mano en la cadera del la mujer, obligándola a poner sus cuerpos uno contra otro.
-No entiendo de qué me acusas, a qué se debe tu odio, y no me interesa saberlo, porque todos estos años han sido una tortura terrible sin tenerte a mi lado, y no te dejaré ir más… te amo demasiado, mi Fénix. -Pide él acariciando el cabello negro de la mujer.
Rei no estaba segura de entender lo que él decía, pero el oír que la llamaba "Fénix" de esa forma, era una prueba muy difícil para ella. Si pudiera sentir el aura de Nataku como antes, ella sabría lo que realmente estaba ocurriendo allí, sabría si eso que estaba diciéndole era verdad o una más de sus mentiras, pero ni siquiera el aura para ella tan conocida de Nataku era visible ahora. Sin sus poderes shintoistas, no puede ni quiere seguirse arriesgando a volver a ser presa fácil para Nataku Yamada. Comprende que delante de él no es dueña total de sus actos y eso la aterra.
-¿Por qué sigues diciendo que me amas?. -Cuestiona ella. -¿Por qué sigues confundiéndome y jugando conmigo? ¿No te basta con lo que me has hecho ya? ¡¡Estos dos años he vivido en el más terrible dolor por tu culpa!!. -Grita Rei, mientras de un violento empujón lo aleja de ella. -¡No dejaré que vuelvas a herirme ni a engañarme!. -Acaba y comienza a correr en dirección contraria a Nataku, llorando de frustración, de miedo y de pena mientras atraviesa el cementerio.
El joven Yamada ha sido sorprendido por la violenta reacción de Rei, cuando se da cuenta de lo que pasó. Puede verla correr entre las lápidas blancas. Entonces, un sentimiento extraño brota de su lastimado corazón, el deseo imperioso de recuperar lo que es suyo a costa de todo. Inmediatamente frunce el ceño y sale en persecución de Rei.
La mujer de ojos amatista corre mientras el viento mueve su cabello negro y hace que las lágrimas que caen de sus ojos, vuelen con el viento, y el hombre de cabello plateado corre tras ella en una persecución desesperada. Impulsivamente, Rei vuelve la cabeza atrás y abre mucho los ojos al darse cuenta de que él la persigue… un miedo terrible hace presa de ella e intenta correr más rápido pero por alguna extraña razón sus piernas no responden y se vuelven pesadas. Finalmente una mano poderosa la sujeta de la muñeca y por efecto de la misma velocidad que ambos llevaban terminan cayendo juntos en el pasto al lado de una lápida con una gran cruz.
Rei ha cerrado los ojos esperando el impacto del golpe, pero en lugar de eso siente como dos fuertes brazos la rodean y presionan mientras cae sobre el cuerpo de Nataku. Cuando abre sus ojos, está encima de él, quien la ha protegido evitando que se lastimara. Los brazos de Nataku se hayan sobre su cintura y su espalda y ella puede sentir los latidos acelerados de su corazón al estar así, tan cerca de él.
Nataku observa a su mujer, hipnotizado, sintiendo por primera vez en dos años, que está vivo. Ahora la tiene para él y sólo para él, así que llevó una de las manos que estaba sobre la espalda de Rei a su rostro, el cual acarició.
-No puedes escapar de mí. -Declara él. Rei se sentía tensa cuando los dedos de Nataku bajaron de su mejilla a la garganta del ella. Él no puede resistir la tentación y deja que la punta de sus dedos acarician suavemente la piel pálida, bajando la mano por su clavícula hasta que encuentra el borde de la blusa, pero no se detiene, sino que la aparta un poco hasta tocar el blanco de encaje fino justo por encima de sus pechos, y como sus dedos rozaban ese lugar, Nataku casi podía sentir el acelerado corazón de la mujer que tenía en sus brazos, quien únicamente cerró los ojos de nuevo, mordiendo levemente sus labios.
Rei no se movió, no habría podido aunque quisiera, pero la tensión en el interior de su cuerpo era evidente. Cuando abrió los ojos, se encontró con la mirada cargada de deseo de Nataku.
-Fénix… -Dijo el hombre. El tono de su voz ronca, hizo que lo que quedaba de autocontrol en ella se esfumara, así que recuperando poco a poco su respiración agitada, dijo con voz débil.
-No podemos seguirnos haciendo daño, Nataku. No podemos… No deberías haber venido… -Casi en un susurro.
-Pero estoy aquí. -Añadió él
-Por favor… -suplica ella.
-¿Qué?.
-Deja de mirarme así… Deja de hablarme así… Deja de tocarme así… -Ruega ella con voz queda.
Una sonrisa aparece en el rostro de Nataku. Eso era lo único que faltaba para acabar de convencerlo de que ella lo seguía amando, así que de repente, los labios de él estaban sobre los de Rei, y el ex miko se congeló de estupefacción. Tardó unos segundos en darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, pero el sabor familiar, cálido y suave de los labios de Nataku contra los suyo, finalmente la hizo reaccionar. Cerró los ojos, entregada al beso cargado de pasión colocando sus manos en ambas mejillas de su marido.
Poco a poco se entregaron a aquel sentimiento intenso mucho más fuerte que los dos, y mientras él aumentaba la presión de su cintura, ella subió sus manos hasta tocar la cabellera plateada de su esposo y no podía dejar de gemir en silencio cuando Nataku se apretó contra ella y la obligó a girar sobre el pasto en el instante en que su lengua se deslizó dentro de su boca.
Rei no podía creer lo que estaba sucediendo. Había pensado que nunca volvería a ocurrir, pero estar en la presencia de Nataku era demasiado, y al parecer ella no era la única incapaz de controlar sus sentimientos, de ignorar el vínculo impresionante que tan fuertemente los ataba, a pesar de todo.
Los dos abrazados y besándose con fuerza terrible siguen rodando por el pasto del cementerio totalmente entregados a sus sentimientos reprimidos y ya fuera de todo control. Lo que sea que ocurra allí, ninguno de los dos quiere evitarlo más. Sin embargo, el sonido insistente del teléfono hace que de momento se pierda aquel encanto en que Rei y Nataku se han enfrascado, a pesar de que se siguen besando y quieren ignorar ese sonido, es evidente que no pueden. Rei se separa levemente de Nataku y se incorpora.
-Fénix… no contestes. -Suplica él, ansioso, tomándola del brazo, pero ella entonces se da cuenta de lo cerca que ha estado de perder el control y asustada se levanta del suelo y responde aún agitada, el teléfono.
-¿Si?. -contesta tratando de ordenas sus ideas, mientras Nataku se levanta también del pasto con el rostro contrariado, maldiciendo mil veces a ese aparato que cortó de golpe lo que iba a pasar.
-¿Ginny?... Soy yo, Sepphir, recibí el mensaje en donde decías que estarías en el cementerio y voy a pasar por ti. Le pedí al taxi que me dejara en la iglesia. No quiero que estés sola. Dime ¿Por qué te le escapas constantemente a los policías que Adams puso a cuidarte? Es peligroso. -Se escucha la voz del joven en alemán por el teléfono. Rei al escucharlo se siente realmente mal consigo misma y con lo que había estado a punto de permitir que ocurriera.
-No vengas a la Iglesia, estoy saliendo ya… nos vemos mejor en el parque Jyuuban, al lado del auditorio. -Evita ella un encuentro que sería muy desagradable.
-Como quieras, Ginny… ten mucho cuidado. Te amo. -Se escucha la voz de Schwarzmond.
-Debo colgar… nos vemos en un momento. -Dice ella tratando de mantener el control cuando Nataku se acerca a ella por detrás y coloca sus manos sobre su cintura oliendo su cabello y solo logra colgar el teléfono y suspirar hondo cerrando los ojos.
-No creas que será tan sencillo escapar de mí, Fénix. -Declara él bajando su rostro a un lado del cuello de su esposa. Pero justo en ese instante, su propio teléfono suena y Rei de un salto se aleja de su lado y corre de nuevo regresando por el sendero hacia la iglesia. Él intenta seguirla pero su teléfono sigue sonando hasta que al fin, sin dejar de correr lo contesta, entrando a la iglesia tras ella.
-¡Diga!. -Furioso Nataku, odiándose a sí mismo por haber recibido ese nuevo teléfono que Chikane le dio para poder localizarlo, mientras sus ojos dorados miran como la mujer de gabardina blanca atraviesa la oscura iglesia y va tras ella.
-¿Nataku? Hijo, soy yo, Keitaro Hino.-dice la voz firme del gobernador.
-Hino sama… -Balbucea Nataku con el teléfono en su oído y corriendo hasta salir al atrio de la iglesia donde ella sigue huyendo.
-Sé que no debería molestarte, y no lo haría si no fuera urgente, es solo que… de verdad quiero suplicarte que vengas a casa… por favor… Kakyuu está muy mal, no quiere salir de su habitación y amenaza con quitarse la vida. -Aquellas palabras del Padre de su ex prometida paralizan a Nataku, justo en el momento en que llega afuera del atrio y mira a Rei entrar en el Bugatti blanco.
-¿Kakyuu? ¿Quitarse la vida?. -Cuestiona por el teléfono luchando entre el deseo de correr detrás del auto blanco o seguir la conversación.
-De verdad no recurriría a ti si no fuera urgente, Kaolinet quería llamarte desde hace días pero no respondías el celular, tu hermana estuvo por la mañana en casa preguntando por la salud de mi hija y nos dio este número. Muchacho, estamos desesperados, y tú eres el único que puede ayudarnos. -Suplicante el político. Nataku suspira hondo al ver alejarse al Bugatti. -Dime que vendrás, por favor…
-Iré, Hino san. Se lo prometo. -Resignado el chico.
-¡Arigatou! De verdad Nataku, agradezco mucho que lo hagas. Te esperamos. No tardes. -Cuelga el teléfono Keitaro y el joven de cabello plata camina hacia su automóvil y entrando en él, lo enciende y arranca. Evidentemente, no piensa en seguir al "Guinevere", jamás lo alcanzaría, pero presiona sus manos en el volante molesto.
-El que le llamó era ese maldito alemán… lo sé… -dice él sin ocultar sus celos.- ¿Por qué sigues con él, Fénix, si me amas a mí?. -Se cuestiona mucho más confundido que antes. -¿Por qué no podemos estar juntos y amarnos como antes? ¿De qué demonios me acusas?. -Se sigue interrogando él, mientras el GTR avanza por las calles nocturnas de la ciudad.
Mansión Kaioh.
El timbre de la puerta suena y la chica de cabello aguamarina, que lucía un hermoso vestido color perla, mira ansiosa hacia ese lugar y deja de arreglar los crisantemos que estaba colocando en floreros.
-¡Tomoya, la puerta!. -Apremia Michiru a su mayordomo, quien atraviesa la estancia y abre esta, revelando al momento al atractivo joven de cabello aguamarina con los ojos del mismo color de los de Michiru, quien entra en aquella casa que mucho tiempo fue su hogar, donde se mezclan sus recuerdos de niño en la felicidad de esa familia que lo acogió siempre con amor.
-Tomoya. -Se inclina él ante el mayordomo.
-Señor. -Respetuoso este.
-¡Owen!. -Grita la chica y corre atravesando la sala hasta llegar al lado del joven, quien sonríe y abre los brazos estrechando en ellos a su prima. Los dos se abrazan con la ansiedad de dos hermanos que luego de muchos años separados se reencuentran.
-Sirena. -Dice él aquel apodo cariñoso que siempre usaban tanto Axel como él con su prima. -Te eché mucho de menos.
-No parece. ¡Dos años y sólo cuatro llamadas! -Frunce el ceño graciosamente la violinista. El chico opta por bajar la vista tomando las manos de su prima y besándolas.
-Sin reproches esta noche, ¡eh, Sirena! No fueron buenos tiempos para mí. -Responde él de manera evasiva. -Pero olvidémonos de eso, traje una botella de vino tinto. -Le alarga él una botella de vino Gran Reserva.
-No digas más y pasa, mamá y papá están arriba terminando de arreglarse. Todos te esperamos con mucha ansiedad. -Lo jala ella levemente hacia dentro de la casa.
-Aguarda. Debo decirte algo que espero no te moleste. He traído a alguien. -Añade él. Michiru se queda en silencio mientras Owen sale un poco y regresa tomando la mano a una atractiva mujer pelirroja, evidentemente extranjera, que usa un bello vestido negro ajustado y tacones con una estola en su cuello.
-¿Kathy Thompson?. -Cuestiona la joven, no sabe si asombrada o contrariada.
-Buenas noches, señorita Kaioh. -Alarga su mano la actriz. -Sé que no es nada propio llegar de sorpresa y sin ser invitada, pero Owen insistió tanto, que no tuve corazón para negarme, así que dejando de lado mi cansancio por el viaje, aquí me tiene. -Encantadora, sonríe la extranjera. Michiru mira desconcertada a su primo, pero este sonríe mientras pasa su brazo por los hombros de la actriz. Todo esto no le gusta nada a la violinista, pero ella sabe encubrir sus impresiones en pos de la educación.
-No tiene nada que temer ni preocuparse, señorita Thompson, todos los amigos de Owen son bien recibidos en esta casa, que es tan mía como de él. -Toma la mano de la extranjera, Michiru. -Y disculpe mi impresión de hace un momento, no siempre se conoce cara a cara a una estrella de cine. -sonríe forzada la de cabello aguamarina.
-Quien debería decir eso soy yo, señorita Kaioh. Soy una admiradora de su trabajo, tengo varios de sus discos y estuve en su concierto hace dos años en París. -Declara la extranjera. -Sería un honor para mí, si, en el tiempo que me quede en Japón, pueda firmar alguno de mis discos. -Owen toma del brazo a Kathy y entran en la sala donde toman asiento, juntos. Michiru sigue analizando cada gesto de la mujer extranjera y de su primo intrigada de verlos tan cordiales.
-Siempre será bien recibida en esta casa, señorita Thompson. -Reitera la de cabello aguamarina.
-Te dije que mi familia era encantadora, Kathy. -Reitera Owen tomando la mano de la chica y besándola en el dorso.
-Se nota de donde heredaste todas tus cualidades, querido. -Sonríe la extranjera y a la Michiru comienza a incomodarle esta situación entre los dos. Tose levemente pero en ese momento, por las escaleras, baja la atractiva mujer tan semejante a Michiru y el imponente hombre castaño que la lleva del brazo por la escalinata.
-¡Vaya, vaya! ¡El hijo pródigo regresa!. -Se oye la voz de Gaito Kaioh. Owen se levanta del sillón y se acerca a saludar a sus tíos. La mujer es la primera en correr a abrazarlo con lágrimas en los ojos.
-¡Mi pequeño! ¡Debería darte una tunda por el abandono en que me tienes!. -Reclama llorosa Umiko.
-Sé que me merezco todos los regaños, tía. He sido un ingrato. -Con ojos tristes Owen, pero su tía lo jala de la corbata y lo besa en la mejilla.
-Siempre has sabido como vencerme con esos ojos tuyos, cielo. -Lo reprende ella levemente, mientras el chico ríe abrazando a su tía. -No vuelvas a irte de esa forma nunca más.
-Te prometo que no. -Asiente él.
-¡Qué te sucedió en la ceja!. -Alarmada la buena señora, mirando el rostro de Owen.
-Nada importante tía. -Esquiva él la respuesta.
-Vamos mujer, vas a asfixiar al pobre chico. -La reprende su esposo llegando a su lado.
-Tío Gaito. -le alarga él la mano.
-Owen. -Saluda el señor Kaioh, pero no bien han dicho esas palabras también se abrazan. -Todos te echamos mucho de menos. Umiko y Michiru no han hecho otra cosa desde ayer que planear esta cena.
-Espero no te molestes, hijo, pero invité a Jattab y a Haruka, quería que las cosas fueran como antes, como cuando eran pequeños y todos éramos tan felices. -Comenta Umiko. El ceño de Owen se frunce levemente al notar que han nombrado a Haruka pero disimula, sólo Michiru lo nota, quien se había acercado a reunirse con ellos.
-No tiene porqué molestarme, tía, además yo también tengo una invitada sorpresa. -Asiente él y camina hacia la sala tomando a Kathy de la mano. -Tío Gaito, tía Umiko, la señorita Kathy Thompson, mi compañera de trabajo y amiga. -Presenta él. El matrimonio Kaioh se mira un momento, desconcertado.
-Señores Kaioh, un placer. -Saluda la chica en un japonés bastante bueno. Owen no había llevado a ninguna "amiga" a casa jamás, hasta ese momento, lo cual les daba idea de que quizá fuera algo serio. Gaito es el primero en reaccionar, tomando la mano de la actriz.
-Bienvenida a Japón y a la mansión Kaioh, señorita Thompson. Un gusto conocerle.
-El gusto es mío, señor. -Gaito tose levemente y hace entender a su esposa que debe responder, pues esta evalúa a la extranjera de arriba abajo en incómodo silencio.
-Como dijo mi esposo, sea bienvenida, señorita. -sólo se inclina Umiko.
-Padre, Madre, creo que es momento de ir pasando al comedor o la cena se enfriará. -Aconseja Michiru. Gaito ofrece su brazo a la extranjera.
-Me permite Señorita. -Ella accede y se aleja con el señor. Umiko se acerca a Owen.
-hijo, ¿Qué tipo de relación tienes tú con esa mujer?. -pregunta de golpe y seria.
-Tranquila tía. -Ríe levemente él. -Kathy es mi compañera de trabajo, acaba de llegar a Japón y me apreció adecuado invitarla, no quería ser descortés. ¿Es que jamás dejarás de ser tan celosa?. -La abraza él.
-Contigo nunca. -Asiente Umiko. -Vamos al comedor. -Pide ella caminando delante. Michiru toma el brazo de su primo y caminan hacia el lugar.
-¿Dónde está Axel?. -Cuestiona el actor. -Esperaba verlo aquí.
-Está con los chicos de la Liga. Mañana Ami tiene un reto en Saitama, todos están tratando de dar los mejor de sí para organizar la carrera. Axel, TK y Tomoe san ayuda a entrenar a Ami. -Responde ella. Owen sonríe amargamente.
-Eres mala para mentir como siempre, Sirena. Mi amigo no está aquí porque igual que Ciel y Nataku, no quiere verme. Cree que los traicioné, que no soy digno de su amistad. -Con ironía el chico de cabello aguamarina.
-No te negaré que parte de lo que has dicho es verdad, Axel está muy molesto contigo lo mismo que los demás y no los culpo. -Con dureza ella. -Pero también es verdad que están ayudando a Ami. -Los dos han llegado al comedor, donde Gaito muestra a Kathy las pinturas de Michiru que adornan el lugar.
-¿De quién fue la idea de invitar a Haruka?. -Cuestiona el joven.
-De mamá, sabes que la adora. En cuanto supo que estaba aquí para el cierre de temporada de su división en automovilismo se contactó con ella y tío Jattab. Tampoco hemos sabido mucho de ellos desde que ella se dedica profesionalmente a las carreras. Mamá siempre se quejó de que ni tú ni ella aparecieran en mi boda, yo tampoco debía perdonárselos, mi mejor amiga y mi hermano me abandonan el día más importante de mi vida… Owen… ¿Por qué te molesta que Haruka venga a casa? Es que caso tu y ella… ¿terminaron mal?. -El chico se incomoda visiblemente ante el interrogatorio, pero no puede responder porque se escucha el timbre y unas voces entrar en la casa, hasta que aparecen en el comedor el alto y fuerte hombre de cabello negro y barba, y a su lado, la atractiva joven rubia de vestido beige.
-¿Hay alguien en esta casa?. -Grita Jattab Tenoh con su voz fuerte.
-¡Para ti siempre, viejo lobo! -Le responde Gaito y los dos amigos se abrazan cordialmente.
-Ha sido mucho tiempo. -comenta el Padre de Haruka.
-Desde la boda de Michiru. -Hace el recuento el señor Kaioh.
-Hoy es el día de los reencuentros. -Comenta la señora Kaioh llegando a su lado.
-Umiko, tan bella como siempre. -Besa su mano Jattab.
-Haruka, hija ven y dame un abrazo. -Reclama Umiko abrazando a la alta chica.
-Tía Umiko. -Responde la rubia.
-Estás mucho más bella que la última vez que te vi… ¿Cierto Owen?. -Observa con intensión Umiko Kaioh, mientras Michiru mira a su primo preocupada de su reacción. Haruka gira la vista y mira al actor con una media sonrisa.
-Cierto, tía. -Responde este con seriedad. -Haruka… Tío Jattab.
-Muchacho, es bueno verte luego de tanto tiempo. -Serio el padre de Haruka.
-Ven acá, Jattab, Haruka, deben conocer a una amiga de Owen, la señorita Thompson. -Presenta Gaito, inocente de la trama terrible que Haruka, Owen y Kathy habían vivido en París.
-Señorita, un gusto conocerla. Es mucho más bella en persona que en televisión. -Cortés de Jattab Tenoh.
-Muy amable de su parte. -Sonríe Kathy y se toma del brazo de Owen. Al momento, la rubia mira a la pelirroja con furia primero y luego con evidente reto y camina hacia ella.
-¡Haruka, no! ¿¡Qué vas a hacer!?. -Angustiada Michiru. Pero su amiga la lanza a un lado y se planta delante de la pareja.
-Vaya, vaya… así que después de todo lograste meterte en la familia. -Es el comentario de Haruka, quien se cruza de brazos dejando azorada por el tono y por sus palabras a todos.
-Señorita Tenoh, un gusto verla… de nuevo. -Trata Kathy de llevar las cosas tranquilas alargando la mano a la chica japonesa, quien sonríe.
-Tía Umiko, tío Gaito, creo que deberían poner más cuidado sobre a quién le abren las puertas de su casa. Esta mujer es una cualquiera. -lanza el insulto cargado de celos ella.
-¡Haruka!. -Grita Jattab. -¡Discúlpate con la señorita!. -exige él.
-¿Por qué? ¿Por decir la verdad? Creo, Owen, que es momento que dejes de presentar a esa mujer como tú "amiga" y la presentes como lo que es de verdad, tu amante. -Ofende ella mientras Owen la mira furioso. -Quizá así todos se den cuenta el tipo de gente con la que los estás obligando a alternar. -Despectiva ella. Owen, furioso, se acerca a la rubia y la mira.
-No puedo creer que llegues a estos extremos, Haruka. -Le dice dolido y regresa tomando de la mano a la joven extranjera. -Kathy, me disculpo por todo esto, pero creo que fue una mala idea venir, es mejor irnos. -Opina él. La chica, que tenía la miraba baja, asiente. -Buenas noches a todos. -Declara Owen tratando de salir de allí, pero antes de que pueda salir, cuando ambos pasan a un lado de Haruka, está sujeta del brazo a la joven pelirroja y de la nada le lanza una terrible bofetada dejando a todos estupefactos, sin atreverse a reaccionar siquiera; Solo Owen, quien parece muy ofendido, sujeta del brazo a Haruka y la sacude.
-¿¡Pero qué demonios te sucede!?. -Le espeta furioso, pero ella sonríe retadoramente, como si fuera justamente eso lo que esperaba que el chico hiciera. A Michiru la asusta esa sonrisa, es como si… si Haruka… disfrutara… de la violencia de su primo con ella… ¿En qué se había convertido su amiga?...
Castillo Nijó.
El Bugatti blanco entra en el garaje y se detiene con un rechinido de llantas, mientras de este bajan Rei y Zafiro caminando entre las personas que revisan los autos dirigidas por las hermanas Müller. La chica de cabello negro va callada y ensimismada en sus pensamientos. Zafiro la mira preocupado. Cuando lo recogió en el parque, estaba igual de ausente, en el trayecto no pronunció una palabra y en el entronque con la C1 estuvo a punto de chocar contra un autobús. Todo eso no era normal en ella. Mientras caminan por el garaje, el médico pone su brazo alrededor de los hombros de Rei y la atrae hacia él.
-¿Estás bien, Ginny?. -Pregunta Zafiro y la siente temblar como si regresara de un lugar muy lejano.
-Claro, lo estoy… no te preocupes, Sepphir. -Evade ella.
-Señorita Reiko, que bien que regresa. Los de la Liga aceptaron el reto. -Informa Calaverite a su jefa.
-Ya me informaron. Supongo estarán preparando el "Boors". -Añade Rei.
-Estamos en eso, señorita. Además analizamos los videos sobre esa chica, Mizuno. Pet dice que ya encontró su debilidad. -Sonríe Karmesite. Rei sonríe al ver a lo lejos a la mayor de las Müller que trabaja con las computadoras encendidas y unas gafas escribiendo con insistencia en unas hojas que Rei conoce muy bien. Sabe que ella siempre hace diagramas y esquemas que son una radiografía de los corredores.
-En eso se parece a Ami. -Comenta la chica. –Bien, Karmesite, Calaverite, sigan trabajando. -Anima Rei y ellas se alejan. Zafiro la toma de la mano y siguen su camino.
-No veo a tu hermano. -Comenta al chico.
-Salió con "Thunder" a una junta en la sede de la FIA. Le iban a entregar el premio monetario. Además, pasado mañana por la tarde es la fiesta de cierre de temporada. ¿No lo habrás olvidado, Ginny?. -Incrédulo Zafiro.
-Pues si, Sepphir, lo olvidé… hay demasiadas cosas en mi cabeza. La Escudería, la Liga, mis asuntos con Adams, mi Pasado… -dice ella y el chico siéntela punzada de los celos al darse cuenta de que en la palabra PASADO está encerrado ese tipo. Va a preguntarle algo cuando de un cubículo lateral aparece Carlos Meiou lleno de grasa.
-¡WATZ UUUP, Itoko san!. -Saluda con su característico buen humor. -Buenas noches, doctor. ¿Cómo les pinta la noche?.
-Todo bien, Meiou. A ti parece que te han sacado de debajo de un auto. -Comenta Zafiro.
-Literalmente, doctor. Estaba dándole unos toques finales al "Boors" con las chicas. Por cierto, me gustaría que revisara el sistema hidráulico. -Zafiro mira a Rei. -No se preocupe por Itoko san, ella tiene a tres cuervos esperándola en la sala. -Comenta Carlos.
-¿Phobos y Deimos llegaron?. -Entiende Rei la indirecta.
-Llegaron, Itoko san. Te esperan con Karasuma. -Rei mira al chico de cabello azul que le sonríe.
-Ve con calma, querida, estaré trabajando con las chicas. -Termina Zafiro besándola en la mejilla.
-Gracias Sepphir. -Dice ella por todo y camina junto a Carlos hasta salir del garaje y llegar a la mansión.
-Por cierto, Itoko san… ¿Cómo estuvo tu visita al cementerio? ¿Algo interesante que contarme?. -con sonrisa traviesa Carlos. Rei lo mira un momento y lo encara.
-¡Así que tu se lo dijiste a Nataku! ¡Meiou! ¿Cómo te atreves?. -Lo jala ella del brazo.
-¡Oye! Para no tener poderes Shinto sigues adivinando cosas. -Se queja el chico. -Pero ya fuera de broma, Itoko san, ese hombre está a un paso de volverse loco por tu culpa. Confieso que antes de venir a Tokio yo mismo dudaba un poco de él, pero ahora, luego de verlo, no me cabe duda de que no tiene ni la más remota idea del demonio que tiene por hermana. Y algo si sé perfectamente. Te ama. -Confiesa Meiou dejando a una muy asombrada Rei delante de la puerta. -Piensa eso y luego charlamos, Itoko san. -Finaliza Carlos y se aleja corriendo. La chica de cabello negro suspira antes de entrar en el castillo y atraviesa el vestíbulo. Yuuto se acerca a ella.
-Buenas noches, señorita. Qué bueno que llega, tiene visitas en la biblioteca. Me permití ofrecerles algo de té. -Habla el anciano. -Y además, llamó el detective Adams, dice que le urge hablar con Usted porque "El Gato y la Sirena son parte de la ofensiva". No entendí del todo sus palabras pero insistió en que se las repitiera de esa forma.
-Comprendo, Yuuto, gracias. Atenderé yo a las visitas. -Termina ella mientras el mayordomo se inclina y se aleja. Rei se detiene delante de la puerta de la biblioteca y la abre. Dentro se encuentran las dos chicas pelirrojas exactamente iguales que discuten acaloradamente con Karasuma, quien está de espaldas a Rei. En cuanto la mujer de ojos amatista ha entrado, un silencio se hace en la habitación y las dos chicas la mira totalmente azoradas.
-¡Rei sama!. -Grita una de ellas mientras la otra cubre su boca con una mano ahogando un grito de asombro.
-¡Por todos los Kamis! ¡Era verdad!. -Logra hablar la segunda pelirroja. Akane mira atrás y sonríe.
-Se los dije. Todo lo que les he contado es verdad. -Apoya la mayor de las Karasuma. Rei camina hasta estar al lado de Akane.
-Buenas noches chicas… Phobos… Deimos… ¿Es que acaso no van a saludarme?. -Pregunta ella. Una de las gemelas llora y la otra es la primera en correr a abrazarla.
-¡Rei sama!. -grita emocionada Phobos, luego su hermana la sigue y Rei las estrecha a las dos como cuando eran pequeñas y las salvó de esos hombres en el muelle, igual que aquella vez las dos lloraban, ella las consoló y las protegió, ahora lloraban por un sentimiento totalmente diferente. Akane, al lado de Rei, tampoco puede reprimir una lágrima al ver a sus hermanas tan conmovidas. Al fin se separan del abrazo sonriendo a su jefa.
-Phobos, Deimos… creo que es momento de que se enteren de la verdad sobre mi muerte y mi regreso, así como del papel tan importante que jugó en ello su hermana. -Termina ella tomando de la mano a Akane y camina hacia los sillones seguida de las hermanas Karasuma, quienes la escuchan atentamente. -Primero que nada deben de saber que si estoy viva es gracias a su hermana, le debo la vida…
-Rei sama. Ella fue la que saboteó al "Fénix". -Todavía desconfiada Phobos. Akane va a responder pero Rei la detiene con un ademán.
-Lo hizo. Pero no tuvo opción. La amenazaron con hacerle daño a aquello que es lo más valioso para ella. -Habla Rei.
-¿Lo más valioso para ella?… ¡Se equivoca Rei sama! Akane Karasuma solo ama el dinero. -ofendida Deimos.
-Se equivocan ambas, porque gracias a ella, Ustedes están bien. La mujer que me hizo esto, la "Corredora Fantasma" iba a matarlas a Ustedes si Akane no accedía a poner ese dispositivo en el "Fénix". Le deben la vida, tanto como yo. -Decide ella. Las dos chicas, miran a su hermana asombradas e incrédulas de que la misma Akane que las había abandonado de pequeñas, que jamás se había ocupado de ellas y que era además una ladrona profesional sin escrúpulos fuera la misma mujer abnegada y valiente que Rei estaba describiendo.
-Yo no podía decirle a nadie sobre esas amenazas, chicas. A nadie. Viví momentos horribles luchando entre mi lealtad a Rei sama y el miedo de que esa mujer les hiciera daño. Al final tomé la decisión correcta… aunque el costo fue alto. -Declara Akane.
-¿A qué mujer te refieres, hermana?. -Cuestiona Phobos. Akane cruza una mirada con Rei y ella niega con la cabeza.
-Todavía no podemos decirles quién es esa mujer. Por su seguridad y además porque hay demasiado en juego para atraparla y no debemos correr riesgos. Pero en cuanto no haya peligro, se los diremos. -Confiesa Rei. Las gemelas miran a su jefa y a su hermana mayor detenidamente. - Phobos, Deimos ¿Harían algo por mí?. -Pregunta Rei a las chicas tomando sus manos.
-Lo que sea que pida, Rei sama. -Confiesa conmovida Deimos.
-No había día en que no rogáramos al Gran Kami por su regreso. Estaremos siempre con Usted. -anima Phobos.
-Entonces les pido que perdonen a Akane. Ella ha sufrido mucho este tiempo pensando en su desprecio. Fue por ustedes que hizo todo. Sé que antes no se había portado adecuadamente pero a veces una sola buena acción basta para redimir muchas malas. Si Ustedes tiene la fortuna de poder recuperar a su hermana ¡Háganlo! Es horrible pensar que la persona con quien nos unen lazos tan fuertes sea indigna de nuestra confianza. Por favor, recuperen sus sentimientos de hermandad. -Suplica la joven de ojos amatista. Deimos es la primera en correr al lado de su hermana mayor y abrazarla con fuerza.
-Perdón Akane. -Dice la joven pelirroja. Karasuma conmovida no logra decir nada. Phobos se une a sus hermanas después y las tres lloran. En ese momento las palabras sobran. Rei sonríe y se levanta del sillón saliendo de la biblioteca y dejando solas a las hermanas Karasuma con sus sentimientos. Al cerrar la puerta, se detiene un momento pensando en su propia situación.
-¿Será posible que algún día Serena y yo podamos recuperar también lo que éramos?. -Se cuestiona. Después lleva sus manos a sus labios y los toca, cerrando los ojos las imágenes de lo que había pasado en el cementerio la llenan de pronto del mismo sentimiento que entonces. Sabe que de no ser por el teléfono que sonó en ese momento ella no hubiera tenido las fuerzas para evitar lo que iba a pasar entre Nataku y ella. -Tengo que evitarlo por todos los medios. Al menos hasta que Adams lo interrogue y pueda saber la vedad. -Se dice a si misma viendo como su única salvación aquel momento que sabía que debía llegar. Abatida y cansada sube las escaleras hacia su habitación. Por ese día, al menos, necesita dormir.
Residencia Tsukino.
El Porsche negro se detiene delante de la puerta de la casa y Darien baja de este. Lleva su uniforme de servicio, ya que ha ido a la base a rechazar la propuesta que le hicieron para dirigir el entrenamiento de los nuevos pilotos. Sus superiores se habían extrañado que un joven tan talentoso como el capitán Chiba, declinara así una propuesta de esa índole que aseguraría su ascenso de manera más rápida, pero respetaron su decisión.
El joven aviador mira estacionado el automóvil negro en que Serena siempre viajaba y recargado en éste, fumando a Shinohara, quien levanta su mano saludándolo. Darien corresponde al saludo y entra en la casa. Ahora sabe que su mujer se haya dentro. Llega a la sala y lee el mensaje que Luna ha dejado sobre la mesa.
"Señora Serena, la princesita está en Hikawa con Kondo sama, estaré en el hospital velando al señor Taichi con el señor Tamahome para que Usted y el joven Darien tengan oportunidad de descansar. No se preocupe por nada. LUNA".
Darien, luego de leer la nota, sube las escaleras hasta llegar frente a la habitación de Serena, la cual toca pero nadie responde, así que abre por sí mismo. Dentro, se escucha el sonido del agua de la regadera que indica que ella se está bañando. Él intenta dar media vuelta y alejarse, pero algo más fuerte que él lo impulsa a entrar en silencio. Llega a la cama y mira la ropa que la chica seguramente se pondrá. Un pantalón beige y un suéter color salmón. De pronto, siente el impulso de mirar dentro del cuarto de baño… cierto que no tendría nada de malo, ella era SU MUJER, y él había sido demasiado paciente con ella dándole todo el tiempo del mundo para que ordenara sus sentimientos sin exigirle nada, pero ¡¡Demonios!! La amaba tanto, la necesitaba tanto, la deseaba tanto… lentamente camina hacia la puerta en donde el sonido del agua de la regadera sigue escuchándose, alarga la mano para abrirla hasta que el sonido de vibración de un celular lo hace regresar a la realidad y dar un salto atrás… ¿Qué diablos estaba por hacer?
Aterrado por los pensamientos impropios que había tenido, intenta salir, pero el insistente sonido del móvil que vibra lo hace detenerse junto a la puerta y regresar hasta el buró al lado de la cama de Serena, de donde toma el teléfono y mira el número desconocido que le ha llegado con un mensaje:
"SERENA, NECESITO VERTE, ESTE ES MI NUEVO NÚMERO, DE VERDAD ES URGENTE, TE QUIERO MUCHO."
Furioso por aquellas palabras y ese número desconocido del cual le llegaban mensajes a su esposa no puede evitar pensar en…
-¡Maldito seas, Thalassa!. -Ruge y está a punto de estrellar el celular, pero al momento reflexiona y en lugar de estrellarlo en el suelo sigue explorando en mensajes pasados. Recuerda el día en que ese automóvil azul lo acosó en la calle, y mira varios mensajes en esa fecha de números extraños. Teclea uno de ellos y el texto de un poema se abre ante sus furiosos ojos:
"Ojos del color del cielo
con mirada de amor y anhelo
con una mirada que puede derretir un corazón de hielo
no me mires flor de invierno porque si me enamoro
gritaré eternamente te quiero… SIR TISTAN"
Darien no puede leer más, todo en torno se vuelve oscuro ¿Cómo era posible que Serena recibiera esos mensajes del estúpido de Thalassa? Porque no le cabía duda de que eran suyos, ese significativo SIR TISTAN coincidía con el nombre que el engreído ese había escrito en su Ferrari. Lleno de dolor y celos, presiona el aparato en su mano mientras la puerta del baño se abre y la joven rubia con una bata blanca sale secando su cabello.
-¿Por qué Owen Thalassa te manda poemas?. -Murmura una voz ronca tras ella, que logra asustar a Serena, la cual reprime un grito.
-¿Darien? ¡Qué haces aquí! ¡Me asustaste!. -Le reclama ella. Pero el hombre se acerca más y la sujeta del brazo. Ella se asusta al ver los ojos azules de él brillar con ese destello de furia.
-¡Contéstame! ¿¡Por qué ese imbécil te manda poemas!? ¿¡Por qué tú los recibes!? ¿¡Por qué no los has borrado de tu celular!?. -Molesto él.
-¿Has estado leyendo mis mensajes?. -Ofendida y a la vez asustada Serena. -Son mis cosas y no debes revisarlas sin mi permiso.
-Soy tu marido, tengo derecho a sabe qué haces, mucho más si se trata de encuentros clandestinos con tu ex amante. -Espeta furioso él.
-¡Owen no es mi ex amante! ¡Lo nuestro ocurrió cuando aún no estábamos casados y lo sabes!. -Molesta Serena lo empuja lejos de ella, pero ese empujón hace que la ira del joven piloto se exalte mucho más y rápidamente la sujeta de la cintura y la atrae a él.
-¡Hoy se lo he dejado muy claro a ese maldito imbécil! ¡Le he exigido que se aleje de mi familia!... ¡No me interesa cuando lo hayas conocido, no quiero que él se acerque a ti, no quiero que te hable, no quiero que te mire, no quiero que siquiera se atreva a verte! ¡Tú eres mía!. -Exige Darien. Serena siente que un miedo horrible la acomete tanto por las palabras de él como por la fuerza con que la abraza. -Sé que ese maldito vino a alejarte de mi lado… -Confiesa el piloto y ella lo mira aterrada. -Pero también sé que no quisiste irte con él porque me amas. -El tono de voz de su marido se suaviza al decir esas últimas palabras.
-¿Pero qué estás diciendo?. -Cuestiona asustada Serena al darse cuenta de todo lo que él está imaginando.
-Digo lo que necesito saber, por lo que he esperado dos largos años, Serena, por el día en que me digas que me amas tanto como yo a ti y que podemos ser felices juntos con nuestra hija, lejos de todo lo que nos separa… lejos de Thalassa… ¡Vamos! Dime que me amas. -Suplica Darien y baja su rostro hacia el de Serena intentando besarla, pero ella se revuelve en sus brazos y lo empuja lejos de sí.
-¡Darien! ¡Suéltame!. -Ofendida ella mirándolo con desprecio. Darien siente que sus esperanzas de que ella lo ame se desvanecen de golpe al darse cuenta de la furia con que lo observa. ¿De modo que ella no lo amaba?… quizá seguía entonces amando a… sólo de pensarlo siente náuseas y, con esa ira sorda que lo dominaba, regresa obligándolo a llegar al lado de Serena y sujetarla por los hombros.
-¿¡Por qué me rechazas!? ¡Soy tu esposo! ¡Seguramente si fuera ese maldito actor el que intentaba besarte no te habrías resistido así! ¡Cierto! ¡Cierto!. -Ya totalmente fuera de sus cabales él. Serena, reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban, intenta separarse.
-¡Déjame! ¡Me estás lastimando! -Serena hablaba intentando no demostrarle el miedo que sentía.
-¡Y tú a mi me lastimas mucho más con tu maldita indiferencia y frialdad! ¡Ya no estoy dispuesto a soportarlo ni un minuto más! ¡Dime que me amas! ¡Di que es a mí a quien amas y no a Thalassa!. -La sacude furioso el piloto y ella intenta que la suelte, ambos forcejean hasta que Darien decide soltarla pero ella pierde el equilibrio y cae al suelo golpeándose la frente con el borde del buró. El joven se queda parado un momento ante la horrible escena de Serena tirada en el suelo inconsciente con la frente sangrando, y entonces se da cuenta de lo que ha provocado. -¡¡¡SERENA!!!. -Grita aterrado corriendo a su lado y cargándola en sus brazos, la deja en la cama.
Darien entra en el baño y busca vendas, las cuales moja y se acerca a la cama donde la joven sigue lívida e inconsciente. Con cuidado, limpia la sangre que brota de la herida.
-Serena… ¿Qué te he hecho?. -Abatido y angustiado el joven piloto acariciando la mejilla de su esposa.
Villa Hino.
Nataku es conducido por un correcto mayordomo por las salas de la mansión hasta subir las escaleras. En el piso superior, afuera de una habitación al final del pasillo, se encuentran sentados en unos sillones Kaolinet Hino y su esposo Keitaro.
-Señor, el joven Yamada. -Anuncia el mayordomo.
-¡Muchacho! ¡Viniste!. -Salta de su asiento Keitaro y llegando al lado de Nataku le estrecha la mano.
-Hino sama… señora… -Saluda secamente Nataku, pero no bien ha dicho esas palabras, una llorosa Kaolinet corre y se abraza a su pecho llorando.
-¡Nataku, por lo que más ames en el mundo! ¡Salva a mi hija! ¡Sálvala!. -Llora ella. Nataku la mira asombrado sin saber cómo reaccionar.
-Vamos mujer, déjalo, tenemos que hablar con él con tranquilidad. -La jala Keitaro. Ella cede y se suelta del chico. -Nataku, perdona a mi esposa, de verdad no queríamos incomodarte, pero la situación es terrible. Kakyuu lleva encerrada allí tres días, no come, no duerme…y esta mañana intentó alzarse de la ventana. -Declara Keitaro abatido. El joven de cabello plata sigue callado. -nosotros entendemos que ahora que Rei ha regresado tu hayas decidido deshacer el compromiso…
-¡Yo no lo entiendo! ¿Por qué destrozas así el corazón de mi hija?. -Espeta furiosa Kaolinet.
-¡Deja de reprocharle mujer!. -Le grita Keitaro, y ella baja la vista pero sigue llorando. -¡Matsumoto, llévate a mi esposa de aquí!. -Ordena él y uno de los mayordomos conduce a Kaolinet a una de las habitaciones.
-Perdón de nuevo, Nataku, pero todos estamos muy alterados. De verdad, esto se ha salido de control. Kakyuu ha recaído de forma terrible, ha regresado a las mismas actitudes depresivas que tenía cuando estábamos en París y eso me asusta. Su salud emocional siempre ha sido mala, de hecho solo se recuperó totalmente desde que tú entraste en su vida… y ahora como Padre tengo que suplicarte algo…
-Hino sama. -Se atreve Nataku asustado. -Yo no puedo prometerle nada, mi vida y mis sentimientos están muy claros. Amo a Rei, no la he dejado de amar jamás y si me pide que cumpla mi palabra de matrimonio con Kakyuu… yo no puedo hacerlo. -firme el joven.
-No quiero pedirte eso muchacho. Entiendo tu difícil situación y entiendo que en el momento en que te comprometiste con mi hija, pensabas como todos que Rei había muerto. Lo que pido de ti es una simple mentira. -Él mira al gobernador extrañado. -El doctor Shibasaki ha dicho que lo que Kakyuu necesita es sentir de nuevo la seguridad de antes y eso se lo puedes dar solo tú. No te pido que te cases con ella, únicamente que le digas que no renuncias al compromiso mientras sale de esta crisis y podemos estabilizarla.
-Pero Hino sama. Eso es… una mentira… no es justo para ella ni para mí.
-¡Te lo ruego!. -Con los ojos arrasados de llanto Keitaro Hino, tan conmovido y afectado que Nataku se asombra de que un hombre de la fuerza de Keitaro Hino llegue a esos extremos por amor a su hija.
-No sé… Hino sama. Yo… Lo haré. -Cede Nataku. El político se levanta y abraza al joven con fuerza.
-¡Arigatou! De verdad Nataku, si logras que mi hija salga de esta crisis, estaré en deuda contigo toda mi vida.
-Trataré de ayudar a Kakyuu lo más que pueda. Le tengo mucho cariño. -Confiesa él. Keitaro le sonríe.
-Eres un buen hombre, Nataku. De verdad mereces que Rei te ame. -Decide Keitaro y alarga luego una llave a Nataku. Este asiente con la cabeza y tomándola se acerca a la puerta, introduce la llave en ella y la abre. Luego cierra tras de sí y camina por el lugar. Pies, manos y cabezas de muñecas tirados lo obligan a caminar con cuidado. Todo dentro es oscuro y las cortinas están desgarradas, objetos rotos y quebrados por todos lados.
-¿Kakyuu?. -Cuestiona él con débil voz y entonces una sombra se mueve en el lugar alumbrado por la luz de la luna. -Kakyuu, soy yo… Nataku… -De repente, una luz junto a un tocador con el espejo quebrado se enciende y el joven puede contemplar a la mujer casi irreconocible que lo mira. El cabello rojo enmarañado, el maquillaje corrido por el rostro que evidentemente ha llorado, tiene sangre en sus manos, nariz y frente. Esa mujer derrotada no se parece en nada a la elegante y perfecta señorita Hino que él conoció. Asombrado, no puede articular palabra.
-Nataku… mi amor… -Balbucea ella sonriendo y corre a su lado abrazándolo con fuerza del pecho. El joven corresponde débilmente a su abrazo.
-Kakyuu, tienes a tus padres muy preocupados, debemos salir de aquí, debes comer algo y curar esas heridas. -Dice él.
-¿Comer? ¿Para qué quiero comer o vivir si no estás conmigo?. -Pregunta la pálida mujer aferrándose más al pecho de Nataku.
-No digas esas cosas… debes salir de esta habitación. -Pide Nataku, tomándola de los hombros y alejándola de él. Kakyuu lo mira y comienza a llorar.
-¿Te quedarás conmigo? ¡Dime que te quedarás conmigo! ¡Dímelo!. -exige ella gritando con las lágrimas cayendo en su rostro. Nataku se percata entonces del grado de dependencia que esa chica había generado con él y de que tan perjudicial sería para su salud y su vida que él la rechazara. No la ama, no como ama a su Fénix, pero le tiene mucho cariño, más al recordar que cuando la situación era al contrario y él estaba en ese estado depresivo, Kakyuu Hino estuvo allí para él. Quizá Hino sama tenga razón y una vez que salga de esa habitación los médicos logren estabilizarla, ayudarla a entender…
-Me quedaré contigo Kakyuu. -Cede al fin el joven. Ella sonríe y se abraza de nuevo del pecho de Nataku, quien acaricia su cabello.
-Lo sabía, sabía que me amabas… sabía que no podías abandonarme jamás. -Dice ella.
-¿Vendrás conmigo afuera?. -Suplica Nataku.
-Contigo iré a donde sea. -Cede la abatida pelirroja ahora sonriente. Nataku la toma de la mano y llegan hasta la puerta la cual él abre. Fuera, Keitaro Hino se levanta del sillón y mira a su hija. Sus ojos se posan agradecidos en la mirada dorada de Nataku Yamada.
-¡Pequeña!. -Dice emocionado corriendo a abrazar a Kakyuu y besando su frente. Nataku sonríe al ver la alegría del político. Quizá valía la pena ayudar en ese engaño por el bien de esa chica y de la familia Hino.
Calles de Tokio, mañana siguiente.
El automóvil blanco que conduce el chofer de Chikane Yamada se detiene aquella mañana esperando la señal del semáforo para tomar una de las avenidas principales de la ciudad. Dentro, va la pensativa mujer de cabello dorado con su mente aún ocupada en cientos de cosas hasta que su celular suena.
-¿Si?
-¿Chikane? Soy Kaolinet, hablo para agradecerte por el consejo, todo salió a la perfección. -Se oye la voz de la señora Hino lo cual hace sonreír a Chikane. -Aún me asombra como eres capaz de conocer a Nataku de esa forma. El mismo Keitaro jamás se dio cuenta de que ayudó a tender esa trampa.
-¿De modo que el compromiso sigue?. -Cuestiona Yamada.
-Sigue, todo gracias a ti. Ayer él se lo dijo a Kakyuu, no se irá de su lado y el compromiso sigue.
-Entonces la agradecida soy yo. De momento la boda de Nataku con tu hija es mi principal arma para hacer débil a esa maldita mujer.
-Ya sabes que en todo lo que tenga que ver con hundir a Rei Hino, me tienes como tu aliada.
-Agradece al dios en el que creas que tu hija es una verdadera maniaca depresiva y que pudimos usar el pretexto de su desorden mental en todo esto. -Despectiva Chikane.
-¡Kakyuu no está loca!. -Estalla la voz de la señora Hino.
-No dije tal cosa, dije que su… depresión fue provisional. Nataku jamás la dejará sola mientras la sepa enferma y vulnerable, así que ocúpate de que lo mantenga a su lado bajo cualquier pretexto. No quiero a mi hermano rondando a Rei Hino.
-Eso no necesito decírselo. Kakyuu lo hará. Nos vemos después y te mantendré informada. -Comenta la voz mientras cuelga el teléfono. Chikane sonríe de nuevo. Si Rei Hino pensaba que estaba derrotada, estaba equivocada. Además, por más poder y dinero que tenga ahora, sus debilidades seguían siendo las mismas de antes: Serena y Nataku, y para su fortuna, ella podía usar ambas debilidades como deseara. Mientras piensa eso, mira por el espejo retrovisor del auto y nota al mismo automóvil gris que ayer había visto cuando bajó en su casa. De pronto, la mente alerta de Yamada siente una extraña sensación de vacío en su estómago al notar que el Nissan gris tiene vidrios polarizados. Debe asegurarse de que no son aprehensiones.
-Isawaro, da vuelta aquí. -Ordena ella. El chofer obedece y baja por otra calle. El Nissan gris sigue a su auto. Yamada aprieta los puños. -Ahora entra por el túnel. -Ordena ella. El hombre obedece sin saber porqué su señora se desviaba así de la ruta de su oficina. Chikane tiene sus ojos rojizos puestos en el retrovisor mirando como el auto gris efectivamente la sigue. Esto no le estaba gustando. -Regresa a la K3, Isawaro, quiero llegar a la oficina. -Comenta ella sin dejar de ver como el auto gris persigue al suyo.
Cuando Yamada baja del auto en el edificio de su empresa, mira al Nissan y este arranca.
-Así que me están persiguiendo… ¿Pero quién?... Rei Hino no era…-duda Yamada mientras camina hacia la entrada del lugar. Pasa la puerta giratoria y trata de entrar hacia los elevadores cuando al pasar por un camino lateral, un ruido de alarma y luces rojas comienzan a sonar. Chikane parece desconcertada cuando un guardia de seguridad se acerca a ella.
-Señora, lamento el ruido pero creo que olvidó pasar su tarjeta por el detector. -Dice el hombre.
-¿Tarjeta? ¡No sea ridículo! Esta es mi empresa y para entrar en ella jamás he requerido tarjeta. -Ofendida Chikane. -¡Dígame su nombre, insolente, para asegurarme de firmar yo misma su carta de renuncia!
-Lo lamento, señora. Por orden de la señorita Hasegawa, todos los empleados del "Consorcio Yamada", deben portar su tarjeta de verificación sin la cual no pueden pasar. -Informa el guardia. A Chikane le hierve la sangre de furia.
-¡Cuando es que esa maldita mujer tomó el control de mi empresa!. -estalla.
-El sábado nos informó a todos mediante un memorándum, y nos entregó las tarjetas. Sólo que Usted no estuvo presente en la reunión. -Responde el hombre canoso. Yamada está a dos pasos de estallar de furia. ¡Como se atrevía esa maldita a provocarla así!. -De modo señora que si no tiene su tarjeta como todos, no puedo dejarla pasar.
-¡No me iré de aquí! ¡Soy la dueña de este lugar!. -Ruge Yamada. -¿Cómo se atreven a impedirme el paso?
-No estoy enterado de los detalles, Señora, le pediré que se vaya o llamaré a más agentes para que la escolten a la salida. -Chikane ve a otros tres hombres acercarse y a su pesar da unos pasos atrás y la alarma deja de sonar. -Siento las molestias, señora, pero si tiene algo que objetar hágaselo saber a la señorita Hasegawa, nosotros nos limitamos a obedecer. -Se inclina este.
-¡Definitivamente se lo haré saber! -Apretando los dientes y caminando hacia la salida empuja a algunos empleados que entran y baja los escalones sacando su teléfono y marcando un número pregrabado. -¿Aya? ¿En dónde demonios te has metido?. -Dice la voz.
-¿En donde más señora? En la oficina, esperándola. -Responde Alluminum.
-¡Tengo que hablar contigo urgentemente! ¡Esa malnacida de Rei Hino está tratando de provocarme! ¡Lo sé!.
-Señora, no entiendo…
-¡Baja de la oficina! Estoy en el automóvil.
-¿Y por qué no sube Usted y hablamos arriba?
-¡Porque esa estúpida no me dio tarjeta! ¡No estaba enterada de nada y ahora no puedo entrar ni a mi propia oficina! ¡Así que baja ahora mismo que tenemos mucho que hablar!. -Exige Chikane.
-Iré enseguida, señora. -Acaba la voz.
En las oficinas de presidencia, se encuentra sentada en la silla giratoria Rei, a su lado Nyanko y Adams en la mesa junto a Aya. El policía, es quien corta la comunicación del teléfono la cual todos habían escuchado con altavoz.
-Ahora señorita Aya, es momento de actuar. Sé que es consciente de todo lo que debe preguntarle y como… ¿Cierto?. -Interroga el joven inglés.
-Cierto detective, me ha quedado claro. -Suspira la de cabello azul.
-No tenga miedo, nada malo pasará, actúe con normalidad y si se siente en problemas, diga la palabra clave: "frío". ¿Comprende?
-Comprendo. -Declara Aya a su pesar, asustada. Es la primera vez que ayudará a la policía a espiar a su ex jefa y ver a Nyanko golpeada no le daba buena idea de las consecuencias. Adams le da un pequeño micrófono el cual coloca en su oreja.
-Ahora baje y tienda la red. -Dice él. La chica asiente y sale del lugar seguida de Nyanko.
-Parece que a alguien no le gustó mi pequeña sorpresa. -sonríe Rei cuando se queda sola con el apuesto policía.
-Definitivamente, señorita Hasegawa, su plan para debilitar a Yamada ha sido brillante.
-Y aún falta lo mejor, si logramos que se asfixie lo suficiente, ella sola va a gritar delante de todos sus crímenes. Esto es nada más que el inicio. -Declara Rei con una media sonrisa irónica y sádica que desconcierta al mismo Adams debido al leve tono de malevolencia que tenía.
Carretera Nakase, Saitama, 9:00 p.m.
Las luces de los autos alumbran la carretera aquella noche. Dos camionetas negras esperan a los lados del camino montañoso. En ambas hay instaladas varias antenas. TK se haya con Makoto dentro del "Cuervo 1" mientras Fye con Tomoe y Axel Tenoh está en el "Cuervo 2", mirando con las cámaras el ascenso que el "Rapsody" hace en carrera con las tres "Wild Cats", mientras una leve nevada característica de esa época comienza a caer del cielo.
-Buena manera de tomar las curvas. Creo que el "Rhapsody" y Ami están cómodos con la adecuación de potencia. -Dice Alexis Tomoe.
-Además de que el clima parece que favorece a "La reina del hielo". -Añade el rubio hijo de Jattab Tenoh.
-No sólo el clima, Axel. Hacía mucho que no veía a mi esposa con tantos deseos de correr contra alguien. Ami es una excelente corredora, pero es difícil que una carrera llame de esta forma su atención. Creo que el reto de la "World League" está sacando el espíritu "agresivo" de mi Ami. -Comenta el médico rubio, sonriendo al ver las imágenes.
-No nada más de Ami. Confieso que yo antes de ver el video que me entregaron, también dudaba de Rei y sus intensiones, pero ahora…
-¡Tomoe! ¿No estarás pensando la oferta que te hicieron de pertenecer a su liga?. ¡No pueden sobornarte sólo por un análisis de tus debilidades!. -Ofendido Axel Tenoh.
-Bueno, Tenoh, no sólo es el análisis. Me ofrecen, además, un Citroën GT. -Comenta el joven. Axel lo mira sorprendido y Fye deja caer su carpeta.
-¿Un Citroëen? ¡WOW! Por ese auto yo mismo le vendo mi alma a la reina Guinevere. -Comenta Fye.
-¡Fye! ¡Escuché eso!. -Dice la voz de Ami por el radio. -Ten algo de dignidad y ahorra tus comentarios a favor del enemigo.
-Lo lamento, cariño, solo era una broma. -Se excusa el doctor por el radio con su esposa.
-¡Estamos llegado ya! Cambio. -Corta Ami la charla. Entre risas, los tres chicos salen de la camioneta para ver llegar al "Rapsody" por la zigzagueante carretera, haciendo un derrape controlado en "U" a pesar de lo resbaloso del pavimento nevado. La joven de cabello azul baja del automóvil. Tras ella, llegan los tres autos de las "Wild Cats". Fye detiene el cronómetro que lleva en su cuello.
-Fallamos solo por .05 centésimas, cariño, pero tu ecuación sobre el tiempo en que llegarías fue adecuada. -Ami se acerca y besa a su esposo.
-Siempre tan exacto, querido, por eso te amo. -Dice ella.
-¡Hey, Mizuno! Dejen las muestras de afecto para cuando ganes la carrera contra esos engreídos. -acusa Makoto, quien sale de la otra camioneta. Ana, Kaori y Hikari salen de sus autos y llegan al lado de Tomoe.
-Es increíble, ella es un As al correr con pista resbalosa, no nada más controla el vehículo, sino que parece que le saca todo el provecho a las condiciones climáticas. -Comenta asombrada la rubia bailarina.
-Nos ganó con facilidad. Creo que si alguien puede redimir el honor de la Liga de Aces, es Mizuno San. -Apoya la pelirroja.
-Pues estamos a muy poco de saber si lo hará o no. -Responde Anna al ver como por la carretera se mueven las luces de una caravana que ellos conocen muy bien. Delante de todos los autos, va el "Guinevere" seguido del imponente McLaren negro y tras ellos los autos de las demás hermanas Müller y el M3 azul de Meiou. Finalmente la camioneta blanca, pero lo que más asombra a todos cuando llega la comitiva de la "World League" es que al lado del Bugatti blanco van dos motocicletas rojas que hace mucho no veían.
-¡Por todos los Kamis!. -Estalla TK. -¿Esas dos son…?. -Duda en decirlo.
-Lo son, querido. Phobos y Deimos. -Completa Mako la frase.
-¿Y qué diablos hacen con la competencia?. -Estalla Axel Tenoh, mientras la elegante comitiva de autos europeos se detiene en medio de la carretera nevada….
NOTAS FINALES: Como prometí me estoy explayando lo suficiente como para no dejar cabos sueltos y esforzándome gracias a sus comentarios y apoyo en seguir con esta historia que tanto amo. En este capítulo con ven las cosas se complican más y todos van cayendo en sus respectivas redes, Nataku, Rei, Chikane, Serena, Owen…¡DARIEN! Y desde luego, la carrera Mizuno-Müller que desde mi perspectiva pinta muy muy interesante, pista nevada…muajajaja…y como todos saben que ya le he tomado gusto a escribir carreras y además ALGUIEN que conozco está muy interesada en esta, tratare de no defraudar…
Nos vemos entonces en el siguiente capítulo con muchas más sorpresas (sobre todo una) y ¡Feel The Revenge!
ATTE: Leonor de Éboli. (Arigatou Genbu sama=)
