CAPITULO 36: HEROÍNA. ADIOS LAKI.

(Voz de Laki)

5 horas, llevaba casi medio día corriendo de aquí para allí, rastreando las colinas y montes en mi forma humana y la lobuna de mis antepasados, con todos los sentidos alerta para captar el más mínimo rastro.

"Por amor de dios…" Murmuré al captar la peste. "Deben ser idiotas si piensan que así van a lograr rehuirme." Afirmé cuando vi el rastro de humo saliendo del último punto que había marcado tras recibir la información de Charlie con lo que le había pedido.

La cabaña estaba en una hondonada, camuflada la entrada entre rocas, con hueco apenas para uno de nosotros reptando. Nadie la hubiese encontrado, nadie excepto nosotros.

"Es que ni siquiera se han molestado en comprobar que no hubiese más entradas." Murmuré colándome por una pequeña grieta que me llevaría a algún lugar cercano.

Una vez más, eché mano de mis habilidades para avanzar por la ruta más dura y difícil de franquear.

"Pero bueno…" Oí decir a Jack Russell. "¿Es que no vamos a poder contactarles nunca?"

"Te dije que no era buena idea." Afirmó Jaques. "Cuando Fortuna se entere…"

No cabía duda, eran los dos.

Intenté oler a más, pero solo podía captar esos dos olores.

"Igual deberíamos ir al plan a lo 'Lycaon', al fin y al cabo es lo más fácil." Afirmó Jack.

Olía a café, debían haber despertado ya.

"El chico no tiene buena pinta." Dijo Jaques. "Creo que no deberías haberle tocado…"

Eso me hizo ahogar un gruñido.

"Ese crío es la peste." Afirmó Jack. "Si no fuese tan crío podría ser un buen componente y todo."

Con cuidado caminé hasta ponerme en una posición mejor, me acerqué a la puerta donde estaba Seth. Sí, su olor venía de allí; pero ni yo era tan incauta para pensar que mis compañeros no habrían tomado medidas.

Me fijé mejor, sí, allí había algunas trampas, así que me dejé caer al suelo esquivando la primera trampa y cogiéndola al vuelo para evitar alertar a esos dos.

La segunda vino enseguida, y entonces deshice las tercera a quinta antes de poder entrar.

"Seth…" Murmuré al verle tirado en el suelo.

Debería haberlo pensado mejor, pero en lugar de eso, dejé que mis sentimientos entrasen en juego y cometí el error de no mirar dónde iba y me quedé colgando del techo con una cuchilla contra un cuello tierno.

"Bravo, bravo, bravo…" Me dijeron.

"Así que estáis todos en esto ¿no?" Les dije. "Jack, 'Troyano'… de ti sí que no me lo esperaba, Jaques."

"¿Por qué quieres quitarnos nuestro rehén?" Me preguntó 'Troyano' frotándose el cuello y el corte suave en este.

"No sacaréis nada de él." Afirmé mintiendo. "Es un crío de mierda, no le importa a nadie y no tiene ningún valor."

"Yo les dije que no conseguirían nada." Me dijo Jaques. "Los vampiros y él se llevan bien, pero son unos traidores y no han movido ni un dedo por salvarle."

"¿Y vosotros qué?" Les dije. "¿Desde cuando os dedicáis a secuestrar y tomar rehenes?"

"Solo queríamos protegerte." Me dijo 'Troyano' acercándoseme para llevarse un golpe mío.

"¿De quién ha sido la idea de llevarse al crío, imbéciles?" Les dije. "¡Ahora todos lo están buscando!"

"Podríamos devolverles el cadáver." Sugirió Jack Russell.

"Y tendríamos a todo el mundo tras nosotros." Les dije. "No, hay que llevarlo sano y salvo."

"Hablando de sanos y salvos…" Me dijo Jaques. "¿Cómo te has dejado hacer eso? Tienes una pinta horrible."

"Nuestro querido jefe." Les dije. "En plenilunio, apostaría a que él todavía está fuera de juego."

"No te lo tomes a mal, cielo, pero tú eres una hembra." Me dijo 'Troyano' para llevarse otro golpe mío, esta vez más fuerte en pleno cráneo. "Te dije que no te lo tomaras mal, pero Lycaon es muy fuerte."

"Por ser una hembra es por lo que he llegado hasta aquí." Le dije. "Y ahora soltad al crío."

"Nos ha visto." Me dijo Jaques. "Mejor dicho, nos ha oído."

"Ya veo que os habéis ocupado de que no os vea." Afirmé viendo por mi ojo sano cómo Seth tenía una venda en los ojos y estaba maniatado a la espalda. "Pero vosotros no estaréis aquí para cuando toda la manada venga a por vosotros."

"¿Cómo que…?" Dijo Troyano para llevarse una mala mirada mía.

"Somos todo oídos, cielo." Añadió Jack sonriendo.

"Es un plan sencillo." Afirmé. "Pero voy a necesitar que confiéis en mí."

"¿Y seguro que es un buen negocio?" Me preguntó Jaques.

"Es un negocio redondo." Afirmé. "Pero solo si lo hacemos bien. Voy a timar a estos pieles rojas, pero para que me crean voy a necesitar cooperación."

"Cuenta con nosotros." Me dijo 'Troyano'.

Aquello estaba siendo muy fácil, demasiado; sin embargo, yo era la 'beta' por varias razones, y una de ellas era por tener a todos los 'machos cuerdos' a mis pies si me lo proponía.

Así que les conté el plan entero con todo detalle, inventando según hablaba algunos puntos.

"Esto supone que vas a tener que abandonar a estos indios." Me dijo Jaques. "¿Estás segura que podrás hacerlo?. ¿Podemos contar contigo como antaño?"

Aquel era el momento, por fin había llegado a la encrucijada donde tenia dos caminos separados y tenía que escoger uno para seguirlo con todas las consecuencias.

La decisión estaba clara.

"Claro, contad conmigo." Afirmé usando mi voz de 'Fortuna.'

Eso les hizo sonreír y me dieron las llaves de las sujeciones de Seth.

"Tres días." Me dijo Jaques. "Vamos a estar controlándote de cerca, por si acaso."

Asentí, aquello me iba a condenar al infierno, pero el futuro nunca me había parecido más cercano ni la traición se me había antojado jamás tan dulce.

Cogí a Seth en brazos y lo cargué tras soltarle las ataduras, aún mantuve la venda de los ojos antes de salir de allí.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Seth)

Era raro, de pronto me pareció ir en una especie de nube rara, con un bamboleo un tanto extraño y a la vez un poco suave, como un enorme peluche; así que me acurruqué un poco.

De jugar a las cartas con aquellos tipos a estar dormido de golpe, sin saber por qué, y ya era como la vigésima vez o así que me lo hacían, como a diario.

Y entonces el cerebro se me desembotó y apreté un poco el pelo, lo único con pelo por allí eran aquellos tíos, y de pronto… se acabó el tejido.

"Si no te importa, preferiría que durmieses un poco más y dejases de tocarme las vendas." Me dijo una voz. "No es por nada pero duele un poco."

"¡Ah!" Dije despertando de golpe y cayéndome al suelo.

"Que bien, despiertas y ya la estás liando." Me dijo frotándose la nuca, bueno, la venda.

Me asusté un poco al ver que toda la superficie visible ahora eran vendas y más vendas, salvo por una pequeña superficie visible surcada por delgadas líneas rosas amarronadas.

"Estás… estás…" Balbuceé.

"Vamos, tengo que volver a llevarte a casa." Me dijo. "Estoy bien, no te preocupes."

"Pareces… una momia." Murmuré.

"Sí, bueno, soy la momia que te ha salvado." Me dijo. "Y ahora vamos, si puedes correr corre y si no ven aquí y te llevaré."

"No pienso montarme a tu espalda." Le dije.

"Te llevaría en brazos, como hasta ahora." Me dijo. "La espalda está aún… dolida."

"Puedo correr." Afirmé. "Aunque me duele un poco el tobillo."

"Si quieres puedo llevarte yo." Me dijo. "Solo faltan unas… 14 millas o así."

"Podré correr." Afirmé.

"Pues nada, sígueme." Me dijo bostezando para ponerse a andar y girarse a mirarme.

Le seguí y enseguida se puso a correr, tan deprisa que hasta me costaba un poco seguirla de cerca. Lo que desde luego, aunque estuviese herida estaba claro que no le molestaban para nada, seguía corriendo tan rápido o casi que como siempre.

En un momento me pilló mirándola y me miró con el único ojo que se le veía.

"¿Ocurre algo?" Me dijo.

"¿Por qué llevas todas esas vendas?" Le pregunté preocupado.

"Me peleé con Lycaon, hará como 3 semanas o así." Me dijo. "Hace menos de un día que me desperté y aún no es muy agradable mirarme."

"¿Por qué no me dejas juzgarlo yo?" Le pregunté.

"¿Sabes Emily?" Le dije. "Está al punto del llanto cada vez que me mira, tu madre me curaba y creo que los ojos rojos no sean precisamente por fumar. Claro que tiene motivos para llorar, gracias a… esos tres, tú has estado secuestrado."

"Me han tratado bien, más o menos." Le dije intentando quitarle peso al asunto. "Me han dado de comer…" Le dije recordando la carne casi cruda y las peleas entre ellos jugando, y el resto. "Y hasta jugábamos a las cartas para pasar el rato."

"Me alegro de que al menos te hayan tratado bien." Me dijo. "Han tenido suerte de que esté así y no te hubiesen hecho nada malo salvo sedarte."

"Así que ya lo sabías." Le dije.

"Claro, yo lo inventé, para evitar dañar a inocentes porque nos toquen mucho las narices." Me contestó. "Por aquí."

"Pero por aquí nos desviaremos." Le dije.

"Y por ahí hay un rastro que no me gusta un pelo." Me contestó. "A veces es mejor coger la ruta difícil." Añadió suavemente y mirándome de frente.

Fue raro, pero aunque solo podía verle un ojo, juraría que había algo de dolor en su gesto oculto por vendas.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Sam)

"No aguanto más." Afirmó Paul. "Seguro que la han pillado."

"Paul, cálmate." Le dije. "Yo tampoco me fío de que sus amigos sean tan de fiar, pero tenemos que darle un voto de confianza."

"No sé, no me acabo de creer que todo vaya tan bien." Afirmó Jared. "Aunque sea especial no dejan de ser dos contra una."

"Chicos, esos pies." Nos dijo Emily trayendo una bandeja con las medicinas para todos y varias tazas con infusiones varias. "Esto comienza a ser una cueva."

"Perdón, Em." Dijimos todos.

Aquello era raro, porque de pronto, llamaron a la puerta y creo que todos fuimos a abrir a la vez; solo que el primero que llegó fui yo.

"¿Sí?" Dije.

"Abrid, soy yo." Nos dijo Laki.

Creo que abrimos de golpe todos y las chicas le saltaron al cuello.

"Hey, hey, que aún sigo herida." Les dijo con las manos en alto. "Además, al que debierais hacer eso es a este caballerete que tengo aquí atrás." Afirmó abriéndose para dejar ver a Seth tras ella sonriendo.

Esta vez fue Sue la que le saltó al cuello abrazándole y llorando.

"Vaya eres…" Le dije.

"Esta podría ser la última cosa que hiciese por vosotros." Me dijo susurrando.

"¿Qué dices?" Le dije confuso.

"Que liberar a Seth no era gratis." Me susurró. "Intenté huir de mi destino y he acabado llegando antes a la encrucijada."

"¿Qué encrucijada?" Le dije.

"El punto de tu vida en que tienes dos opciones que se separan completamente." Me dijo suavemente. "Y sabes que si tomas una de las dos opciones, la otra será imposible que puedas tomarla, nunca más…"

Podía hacerme cargo. Era como cuando te enterabas de que eras licántropo tú solo. No podías decírselo a nadie y tomases el camino que tomases, eso significaba alejarte de los tuyos.

"¿Y por qué tienes que elegir uno u otro?" Le dije.

"Es imposible hacer los dos, créeme." Me dijo suavemente. "Y por una vez, he tomado el camino correcto."

"¿Estás segura?" Le pregunté.

"Nunca he estado más segura de algo." Afirmó antes de que Sue la cogiera en un abrazo de madre mientras el resto sonreían.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Laki)

"¿Hey, qué haces aquí?" Me llamó Jacob mientras estaba en el granero buscando mi 'joyero de la Alianza'.

"Ah, hola." Le dije. "Solo estaba… buscando un par de cosas. Ahora bajo."

"No es necesario." Me dijo desde mis espaldas. "¿Qué hacías entre toda esta paja?"

"Buscando una cosa." Afirmé parando de buscar. "¿Y tú?"

"Todos andaban buscando a la heroína." Me dijo.

"Y voy yo y me creo que de la 'enemiga nº1' he pasado a ser la heroína." Le dije.

"Bueno, evidentemente nos equivocamos contigo." Me dijo frotándose la nuca. "¿Qué quieres, que nos rebajemos a rogarte disculpas?"

"Estaría bien, sí." Le dije sonriendo. "Pero no te preocupes, normalmente hago cosas porque sí."

"Eres increíble." Me dijo. "De verdad, no sé por dónde pillarte."

"Sí, es cierto." Afirmé divertida. "No soy nada fácil de entender, y mis secretos lo hacen aún peor."

"Digamos que… ahora ya nos da igual quién seas." Me dijo. "Has salvado a Seth, has protegido a nuestras familias y casi mueres por salvarnos."

Entonces sonreí.

No eran tan malos.

"Jacob… creo que mi padre estaría orgulloso de saber que tiene un bisnieto tan genial ¿sabes?" Le dije. "No era demasiado bueno para las chicas, pero siempre fue un buen padre, y muy orgulloso de tu abuelo y de mí. Estaría orgullosísimo de tener un bisnieto como él."

Eso le hizo sonreír.

"Sí, bueno, por aquí era una leyenda." Me dijo. "Me dijeron que salvaste a Bella Cullen. Debo darte las gracias."

"Quid procuo." Le dije. "Su padre me salvó a mí la vida, o al menos me ayudó, así que yo hice lo que pude por ella. Estamos en paz y se acabó lo de ayudar a chupasangres."

"Es que Bella es…"

"No me hagas que te de una paliza por simpatizante de chupasangres." Le dije casi riéndome.

"Al menos ahora ya no quieres matarlos." Me dijo sonriendo divertido.

"Digamos que… bueno, el tratado les protege, mientras no ataquen a nadie." Me dijo. "Cómo se llamaron… ah, sí, vegetarianos. Eso es, son vegetarianos."

"Veo que has entrado en razón." Me dijo.

"Nah… mientras no se me acerquen todo irá bien." Le dije. "Son apestosos y no me caen bien; pero tengo que reconocer que el curandero Cullen no es tan mala persona. No todos los de su especie hubiesen perdido el culo por ayudar a alguien de la mía." Afirmé recogiendo mis cosas. "Ahora en serio, cuidaros. Sé que serás un gran alfa para todos."

"Tú podrías serlo." Me dijo. "Es… vale, no eres como nosotros, pero sé que eres en parte como nosotros, y eres una Black."

"Sí, pero… digamos que no tengo vocación de alfa." Le dije casi riéndome. "¿Te imaginas? Una hembra en el puesto de alfa… ¡inaudito!"

Eso le hizo reírse.

"Laki es muy raro, es… tengo la impresión de que no te vamos a volver a ver si salgo de aquí." Me dijo suavemente y casi susurrando. "Estás recogiendo cosas, tengo la impresión de que volverás a desaparecer."

"Ojalá no tuviese que hacerlo, pero he escogido una opción y debo ser consecuente con ello." Murmuré sabiendo que me oiría. "Ya os lo dije, no quiero haceros daño, y si yo me he recuperado casi, Lycaon también lo hará si no lo ha hecho ya. Os lo dije cuando todo esto comenzó, si hacía falta iría hasta donde hiciera falta por manteneros a salvo. Voy a volver, con ellos."

"No puedes." Me dijo con los ojos como platos. "¿Cómo vas a volver con un tipo que te viola y estuvo a punto de matarte?. ¿Con unos tíos que sabían qué iba a pasar y no hicieron nada por ayudarte?"

"Porque eso os salvará a vosotros." Le dije suavemente. "Vosotros no tenéis maldiciones asociadas, yo estoy maldita, abocada a que todo lo que esté dentro de mi corazón acabe desapareciendo, corrompido y roto como un muñeco viejo si llega a ser importante para mí. Yo jamás me perdonaría que os pasase nada por mi culpa, a Kim, a Emily, a tu hermana, a tu padre, a mi primo Quil…"

"¿Y qué pasa con Seth?" Me dijo.

"Vais a tener que cuidarle por mí." Le dije.

"No puedes irte." Me dijo sujetándome del antebrazo para obligarme a mirar sus ojos preocupados y casi con miedo. "Seth está improntado de ti, si te vas morirá."

"No puedo llevarle conmigo, no soportaría meterle en lo que yo estoy metida." Afirmé soltándome y bajando de ese piso del granero para aterrizar suavemente y con estilo.

"Seth no es inocente." Me dijo bajando hasta mí de nuevo. "Es mucho más fuerte de lo que ninguno de nosotros pensábamos."

"Jacob, estoy de mierda hasta unos niveles insospechados, y si os dejo estar cerca de mí os salpicará, no pienso permitirlo." Le dije. "Por eso voy a desaparecer, haré mutis por el foro y punto."

"¿Y ya está?" Me dijo. "¿No vas a decir nada?"

"Sí." Afirmé. "Podéis usar mi casa como cuartel secreto, eso sí, no toquéis nada de lo que no sabéis aún para qué sirve. Tengo cosas ocultas y están bien protegidas, un paso en falso y podríais acabar muy pero que muy mal."

"¿Y qué vas a hacer tú?" Me dijo.

"Encargarme de esto a mi manera, como debería haber hecho desde un principio." Afirmé suavemente. "Y ahora… duerme." Le dije apretándole en un punto del cuello donde al cabo de 10 segundos debido a su resistencia superior a lo normal, se quedó inconsciente y le sujeté para echarle en uno de los fardos de paja.

Suspiré para coger el móvil y llamar a Port Angels.

"¿Sí?" Me dijeron.

"Corven, mándame a Gray o a Corvent para Forks, que me esperen en las afueras." Le dije sonriendo.

"Claro. ¿Pasa algo?" Me dijo.

"Luego os cuento, voy a llevarme unas cuantas cositas conmigo, así que se traiga un bólido." Le dije.

"Ok." Me dijo. "Ahora mismo les digo a alguno que vaya a buscarte. Tardarán como… entre media hora y unos minutos más."

"Les estaré esperando." Afirmé mirando a la casa y viendo cómo comenzaban a hacer una especie de fiesta.

Me dolía algo en el pecho, me lo sujeté pero el dolor no se me iba. Suspiré.

Aquello iba a ser más duro de lo que pensaba; miré mejor. Vi a las chicas sonriendo felices y oí voces de felicidad dentro.

Iba a echar de menos aquello. Las risas con las chicas, la algarabía de los chicos… hasta las peleas de cada día con Paul y el intentar prohibirle el paso a mi casa o el echarlo casi a patadas.

Sacudí la cabeza, ya no había marcha atrás, no podía echarme atrás, mi plan iba a requerir de ciertos sacrificios y aquel era uno de ellos.

Me metí por la entrada de detrás del granero y fui a mi sala de armas del cuartito de herramientas de jardín. Recogí un par de armas de cada y las escondí antes de bloquear la puerta de todo lo peligroso, apostaría a que los chicos oirían algún 'clic' dentro de casa, pero cuando miré vi que seguían de un humor festivo y sonreí antes de comenzar a irme, tan pronto llegué al bosque, me desnude y me centré en cambiar de forma con la mochila a la espalda aún en mi forma animal pequeña que tanto me costaba conseguir.

Ahora estaba plena, sabía que estaba haciendo lo correcto, sin embargo, cada vez me costaba más mantener la forma más compleja de las 5, porque cada paso que daba me separaba un poco más de lo que quería, de lo que me sorprendí pensando en aquella casa como mi hogar mientras mis ojos de loba soltaban una perlas cristalinas que mojaban el terreno.

(Salto espacio-temporal)

(Voz de Seth)

"¿No están tardando demasiado?" Pregunté confuso tras una hora desde que dejé de oír ruidos en el granero.

"Ahora que lo dices es cierto." Me dijo mi madre.

"Paul, ve a mirar qué ha pasado." Le dijo Sam.

"No, iré yo." Afirmé. "Me gustaría poder hablar un segundo con Laki, en privado." Les aclaré por si no les había quedado claro.

"¡Ay, que nuestro cachorro está hasta las trancas!" Dijo Embry bromeando.

Sí, estaba improntado, era cien mil veces más fuerte y mejor que estar simplemente enamorado; era como estar en una nube y me di cuenta mientras cruzaba el patio para ir hacia el granero.

"Laki… Jake…" Le llamé tocando a la puerta abierta. "¿Estáis bien? Lleváis un buen rato fuera."

No me contestó nadie, sin embargo, mientras me ponía nervioso vi una deportiva asomando tras el coche colgado de unas pacas de paja.

"¡Laki!" Grité pensando que era ella para correr y comprobar que era Jake.

"Hum…" Me dijo como despertando. "Dios, que tía más bestia…" Murmuró frotándose la cara. "¿Y Laki?"

"Eso mismo me preguntaba yo." Le dije.

"Oh, joder… ya lo ha hecho…" Dijo murmurando aún medio dormido.

Entonces oí voces en la casa.

"Vamos, volvamos dentro." Me dijo.

"Primero hay que encontrar a Laki." Le dije. "¡Laki!" Grité para volver a gritar en el patio. "¡Laki!. ¡¿Laki, dónde estás?!"

"Seth." Me llamó Jared desde la puerta. "Ven, date prisa." Me dijo.

Creo que nunca he corrido tan deprisa en toda mi vida. Llegué al salón casi volando y vi que había un móvil pasando de unos a otros mientras las mujeres lloraban y sus respectivos compañeros las abrazaban como consolándolas.

"Laki, están aquí Jake y Seth." Le dijo Sam que era el último que había llegado. "Sí, claro que te lo prometo." Afirmó antes de mirarme. "Desde luego que lo haremos."

"¿Qué está pasando?" Pregunté confuso.

"Laki se ha ido." Me dijo Jared suavemente. "Es… se estaba…"

"¡Laki!" Le dije quitándole el móvil a Sam.

"… despidiéndose." Terminó Jared.

"Seth, estaba hablando con Sam ¿sabes?" Me dijo Laki suavemente.

"¡Me da igual!. ¡¿Qué es eso de te has ido?!" Le dije. "¡Dime que es una de vuestras bromas!. ¡Dime que volverás dentro de un rato!"

"Lo siento, es… no podía quedarme." Me dijo suavemente. "Me he tenido que ir."

"¿Por qué?" Le dije nervioso. "¡Te dijimos que nosotros te protegeríamos!"

"Y no lo dudo." Me dijo como sonriendo. "Sé que vosotros hubieseis seguido peleando para protegerme, pero esto no podía seguir así. Ahora es mi turno de protegeros."

"¡Tienes que volver!" Le dije. "¡No puedes abandonarnos!"

"Seth, esto no está siendo fácil para nadie." Me dijo. "Yo no soy de las que se vayan sin decir nada a los que considero seres queridos."

"¡¿Por qué lo has hecho?!" Le dije. "¡¿Por qué lo has vuelto a hacer?!"

"Seth, por favor… tú no…" Me dijo con una voz triste. "No me importa perder la confianza del resto, pero tú no, por favor. Necesito que creas en mí."

"¡Pues hazme creer en tí!" Le dije. "¡Vuelve!"

"Seth, no puedo volver." Me dijo. "Ojalá pudiera pero no puedo."

"NO… por favor… no me dejes…" Murmuré sintiendo la cara húmeda. "Tú también no…"

"Seth, os he dejado mi casa como reducto para la manada, les he pedido que no me la destrocen demasiado, sé que tú entenderás por qué." Me dijo. "A ti te dejo mi coche. Y también he dispuesto que puedas entrar a mi cueva del tesoro, eso sí, por favor, esta vez procura no enroscarte en las algas del camino."

"No vas a volver… ¿verdad?" Le dije llorando en el porche donde había salido para evitar que me viesen llorar.

"Nunca es un periodo demasiado largo ¿sabes?" Me dijo con una voz más o menos sonriendo. "Vosotros me pedisteis que confiase en vosotros, ahora confiad vosotros en mí. Oh, y por cierto… hoy, o mañana o… no sé, dentro de poco recibirás una visita. He pedido algunos favores antes de irme."

"Laki…" Susurré. "Yo te voy a estar esperando, tanto tiempo como haga falta, así que vuelve, cuando quieras."

"¡Ala… la jefa está llorando!" Oí decir en voz alta en algún lugar al otro lado del teléfono.

"Muchas gracias, chavalín." Me dijo en Quileute.

"¿Por qué siempre me llamas así?" Le dije.

"Pensaba que lo descubrirías." Me dijo con voz sonriente antes de caer un silencio. "Bueno." Añadió suavemente y de nuevo como triste. "Cuidaros mucho ¿vale?"

"Tú también." Le dije. "Y vuelve algún día."

"Lo intentaré." Dijo suavemente. "Y… oh, cuando acabes échale un vistazo a la guantera de tu nuevo coche. Seguro que encontrarás algo. ¡Ya voy, pesados!"

Biiiip, biiiip, biiiiiip…

"Te quiero…" Murmuré antes de tirarme sentado al suelo.

Sé que me estaban vigilando desde dentro, pero por una vez, no había nadie en la ventana, así que fui al garaje y abrí la puerta del chevy truck del 1924.

Me senté dentro y cerré la puerta para bloquearla y ponerlo en marcha.

No sabía a dónde quería ir, solo quería ir lejos de aquella casa; necesitaba estar un poco solo, así que pasé dando unos bandazos por el camino. Vale, nunca había conducido, pero al menos no pillaba a nadie.

Estuve a punto de chocarme 3 veces, así que paré a la 4ª vez que casi choqué y quité la llave del contacto para apoyar la cabeza en el volante.

Y entonces recordé lo que me había dicho: "…cuando acabes échale un vistazo a la guantera de tu nuevo coche. Seguro que encontrarás algo."

Llevé la mano hacia la guantera con gula y la abrí nervioso, entonces algo relució dentro y saqué la mano pinchándome con algo, volví a meter la mano y me volví a pinchar y entonces saqué una rosa atada con un lazo a un paquete.

Creo que siempre había sido algo más suave, pero esta vez rasgué el lazo con el que iba atada la caja y la abrí tomando aire.

Se me calló la primera lágrima cuando vi dentro un paquete de fotos, hojas, un moneda de oro, un recorte de un paquete de harina… y un montón de cosas más que cualquiera clasificaría de basura; sin embargo, a mí me hizo morderme el labio y escapárseme lágrimas.

No era un recorte de paquete de harina cualquiera, era el de la marca de harina que los dos usábamos para hacer las galletas juntos la primera vez; tampoco eran hojas sin más, ni el papel manchado de grasa de cualquiera, eran pequeños recuerdos todas y cada una de las veces que estuvimos juntos, incluso una moneda de oro del fondo de su cueva secreta.

Y allí, en el fondo, había una entrada de una película, y no una cualquiera, de la película que vimos con mis amigos y ella vino con nosotros tras salvarnos de un tumulto en las carreras ilegales.

Por último, encontré una especie de pulsera de cuero con una luna tallada en madera colgando de ella y un lobo, acompañados de una nota.

"Dice la leyenda que los Quileutes descendemos de los lobos, así que supongo que será inútil contarte nada sobre estos animales." Ponía la nota. "En mis tiempos esta era la forma más sincera de hacer una promesa. Supongo que te preguntarás por qué esos adornos. No puedo decirte qué significa la luna, eso tendrás que descubrirlo tú solo; el lobo es evidente por qué te lo he regalado."

Sí, nosotros descendíamos de los lobos, unos más y otros menos, pero para nosotros, la manada, eso tenía un significado muy claro.

"Los lobos cogen una pareja y lo hacen de por vida." Seguía la casa. "Ese lobo que tienes en la pulsera, tiene una pareja, así que cuídale bien. Llámale como tú quieras, es una hembra. El macho, Quiquatsu, lo tengo yo conmigo. Tenemos que cuidarlos hasta que un día vuelvan a poder estar juntos otra vez.

Con carino,

Laki (Okłumin-Ła'akil) Black"

Era raro, pero volví a llorar, esta vez de alegría, estaba claro, mientras me ponía la pulsera y besaba el lobo, me di cuenta que aquella carta era una confesión; Laki volvería, se había ido pero volvería, su camino volvería a cruzarse con el mío, si no con el nuestro, al menos sí con el mío.

"La'akil…" Dije besando el lobo. "Laki… Lala."

Un día volvería, y yo estaba dispuesto a esperarle lo que hiciese falta, ya fuera un año, dos, diez o un siglo. Mientras siguiese convirtiéndome, no envejecería, viviría tanto tiempo como hiciese falta. Y volvería a verla.

Y esta vez, ya no iba a dejarla alejarse de mí.