Fictions para ruborizar
One shot: Un castigo más
Sinopsis: Edward Cullen es un hombre poderoso, pero frustrado sexualmente, a punto de casarse con "la mujer de los sueños de su familia", Tanya Denali, hija de un multimillonario Canadiense que desea invertir en la compañía familiar de construcción, Cullen Company.
Atado a una mujer que no lo complace busca una alternativa; encontrar una amante secreta y discreta. ¿Pero dónde? Un hombre como él debe tener sus reservas y mucho cuidado, una foto, una filtración de información, un pequeño rumor, y su vida se desmoronaría en un abrir y cerrar de ojos.
Un amigo cercano, de extrema confianza, lo llevará a un sitio secreto donde podrá practicar sexo sadomasoquista libremente y de forma segura. Eso sí, los costos en dólares de dicha aventura serían elevados, pero prometerán un cien por ciento de seguridad y cero filtraciones al mundo exterior.
Es un Fiction que contiene lenguaje explícito y escenas fuertes. Este es un Fiction Rated M (16+).
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Edward POV
-No lo sé, esto es raro –dije rascándome la cabeza mientras Emmett insistía.
-Vamos, Edward, te vives quejando… es una oportunidad única.
-¿Un millón por una aventura sexual?
-No es una aventura sexual, es la aventura sexual de tu vida, podrás elegir a quién te guste, con tus mismos intereses, es un ¡golazo!
-¿Golazo? ¿Un millón de dólares?
-¡Es por un año! ¡Un año!
-¿Y cuantas veces voy a ir? ¿Tres, cuatro? Tengo mucho trabajo, no tengo tiempo, tampoco puedo ser obvio y arriesgarme, si Tanya lo descubre estoy frito. ¿Y de dónde sacaré tanto dinero?
-Ni siquiera entiendo porque te casas con ella. Y con respecto al dinero desvíalo de los fondos, ¿quién se dará cuenta?
-Mi padre –suspiré –Él lo notará, la empresa se cae a pedazos.
-Tienes casi treinta años, Edward, deja de vivir por tu familia, ¡joder! –rió irónicamente
-Necesitamos la puta inversión, estamos mal, muy mal, este tipo Eleazar nos salvará el culo, y lo hará si somos familia, su hija quiere casarse conmigo, es algo así como un capricho.
-Esa tipa está muy enamoradita de ti, hermano, da miedo, enserio.
-Es una buena muchacha, pero no funcionamos. Ella cree que sí, porque está ciega. Pero no me interesa para nada, no puedo conectar con ella, no siento nada cuando la veo o cuando me toca. Te lo juro, es como si me rozara un pedazo de cartón.
-¿Tiene revistas con tu rostro en su habitación?
-¡Emmett! –lo empujé.
-¿Acaso se enamoró de ti al verte en la televisión hablando de las finanzas? –intentó contener la risa.
-Algo así –incliné mi cabeza para el costado.
-Oye, tienes que probarlo… si no te convence, te devolverán el cincuenta por ciento del depósito inicial.
-¿Tú lo probaste?
-Mi hermano, Jasp, dice que es el mejor invento del hombre –palmeó mi espalda –Ánda tienes que probarlo, al menos una vez.
-Está bien, iré, qué más da, veré como conseguir ese dinero.
-¡Bien, joder! ¡Al fin! ¡Serás libre, hermano, serás feliz una puta vez en la vida! ¡Una puta vez! –gritó exaltado.
-Señor Cullen tiene una llamada de su padre por la línea tres –indicó mi secretaria asomándose por la puerta.
-Bien, gracias Ángela –levanté el teléfono –Anda, ve a trabajar, luego nos vemos –eché a Emmett de la oficina.
-¿Edward? –mi padre sonaba algo preocupado.
-¿Qué pasó ahora?
-Eleazar me ha llamado, quiere que mañana vayamos a comprar los trajes, él invita.
-¿A comprar los trajes?
-Para la boda, Edward, para la boda –insistió.
-Claro, claro, sí –aclaré mi voz.
-¿Has pensado que color de moño usarás? No quiero usar el mismo, ya sabes, tu madre cree que quedará mal.
-Aún no lo pensé.
-Pues piénsalo, tienes tiempo hasta mañana.
-Okey –bufé.
-¿Has salido a almorzar con Tanya estos días?
-No –negué.
-¿Cómo qué no? –parecía furioso.
-Estoy ocupado, papá, hay mucho trabajo aquí.
-Debes agasajarla, ya te lo he dicho.
-Bien, esta noche la invitaré a cenar, no te preocupes.
-Sí, si me preocupo, la compañía se viene abajo, necesitamos esa inversión y lo sabes, Edward.
-Todo recae sobre mí ¿verdad?
-¿Acaso quieres que yo me case con ella?
-No papá –alejé el teléfono por un segundo, estaba harto de sus chistes de mal gusto.
-Hazlo por la familia, además estás soltero, eres un infeliz, al menos tendrás una familia, hijos. No seas desagradecido, con tu madre queremos lo mejor para ti.
-Claro, seguro –suspiré.
-Tu hermana llegará en una semana, no lo olvides.
-Perfecto ¿algo más, señor Carlisle?
-No, nada más. Cuida de Tanya, no cometas un error, no destroces esta familia, no me decepciones como tu hermano.
Colgué sin responderle a sus últimas palabras.
Mi hermano Garrett se había suicidado por las presiones que mis padres colocaban sobre él. Ellos no deseaban aceptarlo, pero era así, se había matado porque no tenía vida propia, porque le manejaban todo, lo absorbían por completo, igual que lo hacía actualmente conmigo. Se metían hasta en su trasero, vivió una vida infeliz, solo, triste, ni siquiera logró "salir del closet", mi padre no podía soportar tener un hijo homosexual. Decía que era una abominación. Eso lo destrozó, fue su final.
Hasta el día de hoy le daba el rostro para hablar mal de mi hermano, no lo soportaba.
Quizás Emmett tenía razón, yo debía pensar en mí, después de todo mi familia no me deseaba el bien, solo pensaban en su comodidad, en su dinero, en la empresa, en lo que la gente decía u opinaba. Pero por algo no podía despegarme, no podía ser libre. Quizás mi destino era terminar como mi hermano, no me faltaba tanto, él se había suicidado a los treinta y cinco, después de todo descansa en paz sin la voz de mi padre en su cabeza taladrándolo día tras día.
-¿Señor? –Ángela volvió a ingresar.
-¿Sí?
-Su prometida está aquí, vino a verlo ¿la dejo pasar?
-Ufff –exhalé.
Se quedó ahí parada esperando una respuesta.
-Sí, dejala pasar Ángela, gracias –resoné mi cuello.
-¡Hola, bubu! –entró saltarina y a los gritos.
-Me duele un poco la cabeza, Tanya, no grites, por favor –supliqué, vivía gritando.
-Claro, bubu, perdón –acarició mi corbata –Papá me comentó que mañana irás a elegir el traje ¡que emoción!
-Sí, emocionante –sonreí falsamente.
-Te traje unos bomboncitos para el té –me entregó una caja con forma de corazón.
-Oh, gracias, que dulce, Tanya –tragué saliva nervioso –¿Esta noche deseas cenar conmigo?
-¿De verdad? –gritó entusiasta.
-Tanya –susurré tapándome los oídos.
-Upsi, perdón… claro que sí, bubu –apretó mi mejilla.
-¿A las 19pm paso por ti?
-Yo paso por ti –insistió sonriente.
-Bien, pasa por aquí, estaré trabajando hasta tarde.
-¡Que trabajador mi bubu! –besó mis labios repetidas veces.
-Bien, bien, debo trabajar cariño –la alejé.
-Nos vemos esta noche, bubu –me sopló un beso mientras se alejaba.
-¡Joder! ¡Joder! –golpeé el escritorio en cuanto se fue.
No era a propósito, pero no la quería, no me gustaba. Sentía rechazo al tocarla.
Me sentía el peor hombre sobre la tierra, estaba usándola, después de todo, lo hacía por mi padre, estaba arruinando su vida a parte de la mía. ¿Cómo iba a vivir con eso? ¿Acaso podría? ¿Cuántos años?
Estaba firmado, iba a morir como Garrett en unos años.
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Una semana más tarde
-Muy bien debe firmar aquí –señaló la muchacha –Y aquí, señor Smith –sonrió.
-Claro –tosí.
-Tenemos muchos Smith –comentó riéndose –¿Qué coincidencia, no?
-Una locura –asentí.
-Usted se queda con este comprobante, cualquier filtración, que no sucederá, le aclaramos –hizo una pausa –pero si pasara, el seguro se hará cargo de la compensación, señor Smith, no se preocupe que nuestros clientes están todos satisfechos, lo aseguro. Bueno quién le recomendó el sitio lo sabrá.
-Claramente.
-Aquí puede llenar la planilla, encontraremos a alguien con sus intereses y gusto.
-¿No puedo elegir una muchacha? ¿Ustedes lo hacen por mí?
-Así es, encontramos a su pareja sexual perfecta por usted. Muchos se dejan llevar por las apariencias y luego no funcionan en la cama, señor Smith, tenemos mucha experiencia en esto, añares, no se preocupe, encontraremos a la mujer indicada para usted.
-Muy bien –asentí algo nervioso.
-¿Tiene todo el dinero?
-Sí, está todo aquí.
-Cómo ha podido leer en el contrato, usted puede arrepentirse en la primera sesión, luego no habrá devolución de su dinero.
-Perfecto –estrechamos manos.
-Ha sido un placer, señor Smith.
-Igualmente.
-Lo llamaremos en cuanto tengamos a su pareja ideal.
Llegué a casa, me metí en la ducha dándole mil vueltas al asunto, quizás me estaba equivocando, era un tremendo imbécil.
¿Le estaba regalando un millón a una empresa fantasma? ¿Que prometía buscarme a la perfecta pareja sexual? ¿WTF? ¿Cómo confié en Emmett? ¿Qué se me cruzó por la mente? ¿Jasper lo probó y le gustó? ¡Jasper era un imbécil, un borracho, un adicto al sexo!
Además… ¿Utilizar dinero destinado para la boda? ¿Qué estaba pensando cuando le pedí ese dinero a Tanya? ¿Qué mierda pensaba?
Si alguien lo descubría era el fin, literal, Tanya me asesinaría, o mi padre, o Eleazar, o mi madre, o Alice, incluso Alice me mataría por ser un idiota.
-¡Edward! –Alice golpeó la puerta del baño con fuerza.
-¿Qué? Estoy duchándome, mujeeeer.
-Yo me estaba duchando también, casi me congelo ¡joder! ¡El agua está saliendo helada por tu culpa!
-Lo siento, ya salgo.
Mi hermana había llegado de Londres hacía ya dos días y prefería vivir en mi departamento, que en casa de nuestros padres por la privacidad que le proveía.
No me metía en sus asuntos, no la perseguía, ni siquiera le preguntaba con quién estaba o que hacía.
Quizás parecía desinteresado de mi parte, pero prefería darle espacio, mis padres también la ahogaban como a mí, salvo que ella había logrado despegarse gracias a su carrera de modelo en el exterior.
No tenía que fumarlos día tras día.
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Dos días después de firmar el contrato
Sonó mi celular alternativo, el que tenía para las llamadas personales. Era un número desconocido, un número bloqueado.
Atendí –¿Hola? ¿Quién es?
-Le llamamos de DomSumission, señor Smith, hemos encontrado a su pareja perfecta. ¿Desea conocerla?
-Emmm… yo… pues…
-Ella ha puesto como días disponibles el viernes, sábado o domingo. Usted tiene los mismos días en común –comentó –¿Cuándo prefiere que realicemos la cita?
-Pues… ¿la cita?
-Sí.
Revisé mi agenda, tenía todo hasta el techo.
-Puta vida –susurré.
-¿Perdón?
-No, nada, es solo que intento acomodar mi agenda.
-Si desea pensarlo, mañana volveremos a llamarlo.
-Sí, claro, mañana.
-Hasta luego, señor Smith –colgó.
Me quedé pasmado, no sabía cómo reaccionar.
Minutos más tarde llamé a Ángela –Necesito que me hagas un lugar el viernes por la tarde.
-¿Pero…?
-Lo sé, tengo dos reuniones, tengo que cancelar algo.
-¿Quiere que pase la segunda reunión para el sábado a la mañana?
-No, no –negué.
-Pero tiene la mañana libre, señor.
-Pero no podré por la mañana, estaré ocupado –levantó una ceja algo sorprendida.
-Cosas de la boda.
-Ohh, claro –asintió sonriendo.
-Puedo pasarla para el miércoles al mediodía –revisó la agenda.
-Bien, hazlo así. No agregues más cosas estos días por favor –ordené.
-Claro, señor –afirmó cerrando la puerta.
Le envié un mensaje a Emmett, a los cinco minutos estaba saltando sobre mi escritorio.
-¡Oye, Emmett! ¡Es caoba! –grité.
-¿Y cómo es ella?
-No lo sé, ellos la eligieron.
-Ah, mirá –se quedó pensando –pensé que tú la podías elegir.
-No, ellos comparan tu test con la de otras mujeres y eligen tu pareja sexual perfecta.
-Genial, señor Smith –guiñó un ojo.
-No me digas así, Emmett ¡joder!
-¿Pero no son todos sadomasoquistas ahí?
-Depende de si eres el sumiso, o dominante, o ambas cosas, algunos son homosexuales, otros prefieren hacer tríos, o son swinger. Hay de todo según lo que la mujer me comentó antes de firmar.
-Apa la papaya, esa no la sabía –asintió con una gran sonrisa en su rostro.
-¿Jasper no te contó eso?
-Él es un sumiso, es lo único que sé, le gusta que le den azotes ¿sabes? –movió su mano de aquí para allá.
Reí.
-Me gustó eso de los tríos –lamió sus labios.
-Okey, ve a hacerte una al baño, Emmett, por favor –lo empujé hacia la puerta.
-Ya, ya.
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Viernes 20pm en la recepción de DomSumission
-¿Señor Smith?
Asentí nervioso, tenía las manos sudorosas.
-Acompáñeme, por favor –señaló un pasillo rojo.
Una gota de transpiración recorrió mi frente, la sequé con un pañuelo azul.
-Su habitación es la número 032 –me entregó una llave –puede ingresar cuando lo desee, la mujer lo espera dentro. No tenga miedo, ni se reprima, aquí todos son adultos, señor Smith.
Tragué saliva, me quedé con la llave frente a la puerta al menos unos cinco minutos.
-¿Qué mierda me pasa? –me refregué los ojos –Tranquilo, tranquilo, todo saldrá bien, y si no es así me devolverán parte del dinero. Respira hondo, y exhala –intenté relajarme, estaba algo temeroso, no sabía que esperar.
Giré la llave, abrí la puerta.
Una muchacha de cabello rubio estaba arrodillada al lado de la gigante cama con sabanas de satén rojas.
-Hola –susurré, ella no giró ni se movió.
Me quité la corbata, estaba ahorcándome.
Aclaré mi voz –¿Cómo es tu nombre? –toqué su hombro suavemente, se estremeció.
-Isabella –jadeó.
-Isabella –repetí –Yo soy Edward –me presenté girándola.
La agarré de la barbilla y se la levanté para que me mirara.
-Eres hermosa –susurré admirando sus ojos verdes.
Se sonrojó –Usted también –respondió agachando nuevamente su mirada.
Algo perverso se encendió dentro de mí.
-¿Buscas ser sumisa? –pregunté desabrochándome la camisa.
-Hoy sí, señor –se mordió el labio inferior.
-No muerdas tu labio –indiqué, pero volvió a hacerlo.
Me quité el cinturón y la coloqué sobre el borde de la cama –Inclínate, Isabella –susurré –nuestra palabra de seguridad será Amarillo ¿de acuerdo?
-Sí, señor.
-Te pedí que no mordieras tu labio, Isabella, pero lo hiciste nuevamente, ¿sabes lo que mereces?
-Un castigo –respondió.
-Eso es –acaricié suavemente su entrepierna, levanté su falda y dejé su trasero expuesto, bajé sus bragas, comenzaba a ponerme duro –Uno –conté azotándola.
-Ahh –gimió.
-Dos –volví a azotarla.
-Ahhhhh –se estremeció.
-Tres –la azoté por última vez.
Tenía un gemido atragantado en mi garganta.
-¿Señor? –preguntó jadeando.
La volteé, la miré fijamente, deseaba tenerla, deseaba que fuera mía.
-Te cogeré como nadie antes, Isabella –le arranqué las bragas –Bajé hasta su coño, lo lamí un par de veces, le metí dos dedos y empujé hacia dentro.
-Ahhhhh, ahhh –gimió.
Mordí su clítoris desesperado, rasguñé sus muslos, clavándole las uñas y la lancé sobre la cama.
-Serás mía –gruñí desabrochándome el jean.
Colocó sus manos arriba de su cabeza mientras buscaba un preservativo en los cajones de la cómoda llena de juguetes sexuales.
Tomé unas esposas y se las coloqué, amarrándola a las barandillas de la cama. Le rompí el brasier –Preciosa –gemí apretándole sus gigantes senos.
Abrí el preservativo y me lo coloqué desaforado, deseaba estar dentro de su húmedo coño. Lo deseaba con todo mí ser.
-Eres mía, putita –besé su cuello, mordí su hombro derecho.
-Auuuch –su cuerpo se retorcía de placer.
-Putita –jadeé penetrándola con fuerza.
-Ahhhhhhh, ahhhh –gritó ella enredando sus piernas en mí.
-Que rico coño, putita –la embestí con fuerza, saqué mi polla, metí tres dedos en su coño y los retorcí.
-Ahhhhhhhhhh –gimió intentando zafarse de las esposas.
Reí perversamente, la penetré nuevamente con fuerza mientras me chupeteaba los dedos.
-Oh, cariño que rico coño –sus jugos me volvían loco.
-Ohh sí, sí, sí –levanté sus piernas y la penetré lentamente.
Sus pequeños pies estaban en mis hombros, los chupeteé –Ahhh, ahhh, ahhhhhh –sus gemidos ahogados me excitaban aún más.
Acabé en el preservativo, me desplomé sobre ella.
-Oh, putita –susurré en su oído –Esta noche te haré de todo –me quité el preservativo y lo tiré a la basura, le quité las esposas y la arrastré hasta un pequeño sillón en la esquina de la habitación.
-Ponte en cuatro –ordené acariciando su espalda con la yema de mis dedos.
Introduje dos dedos en su coño, luego aumenté a tres, y froté su clítoris repetidas veces –¿Te gusta, putita?
-Ahhhhh, sí –sus jugos recorrían mis dedos.
Luego le metí cuatro dedos, su coño comenzaba a dilatarse, lentamente intenté meter mi puño en su húmedo coño.
Nada me excitaba más que ver su placer.
-Ahhhhh, ahhh –gemía agarrándose de los extremos del sofá.
-Ahhhh –giré mi puño dentro de su coño, cuando lo saqué, sus jugos recorrieron su pierna derecha, con mi lengua los bebí –Putita, putita –repetí agarrándola del cabello y le di un tirón fuerte hacia arriba.
-Sí, soy una putita –repitió –Una putita –lamió sus labios.
-¿Por qué no pones esa lengua aquí? –le entregué mi polla, la coloqué en sus manos.
Comenzó a chupetearla como si fuese un helado.
-Ohhhh, dios –me encorvé hacia delante.
Pasó su lengua desde mis pelotas hasta la punta de mi polla, luego se quedó ahí mordisqueándome la punta.
-¡Oh, puta de mierda! –tiré de su cabello con fuerza alejándola.
Lanzó una carcajada.
-Maldita puta –le metí la polla en la boca hasta el fondo, dándole arcadas –Te voy a coger por la boca, putita.
-Mmmmm –movía su lengua de un lado a otro.
Acabé dentro de su boca –Trágate toda la leche, cariño –jadeé.
Movía su cadera de adelante hacia atrás mientras se tragaba todo.
Acaricié su cuello y lo apreté levemente.
Beso su boca con un hambre que nunca antes había sentido, muerdo su labio inferior deseando que sea mía por siempre, su lengua se entrelaza con la mía, siento un sabor a limón en su saliva que me vuelve loco, me deleito de su lujuria.
La empujó y la dejo tirada en el sofá mientras busco un juguete para torturarla.
Encontré en uno de los cajones unas bolas chinas de metal, caminé hacia ella y se las mostré, me las metí en la boca y las llené de saliva.
Mordió su labio inferior.
-¿Qué haces? –pregunté tomándola de la barbilla –¿No te he dicho que no lo hagas?
-Sí, señor –asintió.
-Ahora tendré que castigarte, Isabella –sonreí dejando las bolas sobre una pequeña mesa de té.
Tomé mi cinturón, lo enredé en mi mano y le ordené que volteara.
Acaricié su trasero con la punta del cinto, se retrajo dos veces.
-Shhhh –me acerqué a su oído.
La azoté con fuerza.
-Ahhhhh –abrió sus piernas.
-¿Qué quieres, Isabella?
-Su polla, señor –admitió.
Volví a azotarla –¿Mi polla?
-S-sí –tartamudeó.
Solté mi cinturón, abrí un preservativo y me lo coloqué –¿Así? –se la metí de a poco.
-Sí, sí, así –colocó sus manos contra la pared –¡Sí, sí! –la penetré una y otra vez, salía, acariciaba su coño con mis dedos y volvía a metérsela.
-Ahhhh, sí, sí –gritaba desesperada.
-¡Putita! –grité metiéndole mi dedo índice por el ano mientras la penetraba por el coño con mi polla erecta –¿Te gusta eso?
-¡Sí!
Saqué mi polla de su coño, le metí dos dedos por el ano.
Apoyé mi polla en su trasero y lo froté. Le saqué ambos dedos y volví a metérselos, lo repetí tres veces.
Su ano comenzaba a dilatarse, me alejé para tomar un gel que estaba sobre la cómoda, me coloqué un poco en los dedos y volví a metérselos.
-¡Sí!
Posicioné mi polla en su trasero y se la metí, embistiéndola con fuerza.
-Oh, oh, oh –clavó sus uñas en el sofá.
Estaba tan estrecha –Ahhhh ¡que rico culo! –exclamé moviendo mi polla de atrás hacia delante.
-¡Sí, cógeme así, Edward!
Le reventé el culo, me la cogí hasta que no pude más, estaba volviéndome loco, le estampé el rostro contra la pared y seguí hasta que acabé.
Me quité el preservativo y lo tiré a un lado, caí en el suelo alfombrado agotado, rápidamente ella se tiró sobre mí, acurrucando su rostro en mi pecho.
-En mi puta vida había cogido así a una mujer –admití.
-Fue una gran cogida –susurró ella pasando su lengua desde mi pecho hasta el cuello –Eres un salvaje –mordió el lóbulo de mi oreja.
-Ojo con lo que dice señorita, podría azotarla y muy fuerte –sonreí.
-Debería hacerlo, soy una niñita mala –se arrodillo.
Le pegué en la nalga izquierda con el dorso de mi mano.
-Ahhhh, soy una niñita mala, muy mala, señor –miró hacia el suelo.
Volví a pegarle, esta vez más fuerte.
-Soy mala –repitió deseando más.
-Eres insaciable –volví a golpearla tres veces seguidas, su nalga estaba roja –¿Aún te sientes mala?
Asintió, le pegué en la nalga derecha dos veces.
-Mmmm –se retorció.
Tomé las bolas de metas que había dejado sobre la mesa de té, se las metí en la boca –Humedécelas para tu coño –indiqué.
Volví a golpear su nalga derecha con fuerza, le saqué las bolas de la boca y le metí la más pequeña en su coño.
-Ohhh –contrajo los labios de su coño.
-¿Está muy frío? –pregunté golpeando su nalga nuevamente.
-Sí –asintió repetidas veces.
Empujé la segunda bola, esperé unos segundos y metí la tercera, luego le di un golpe suave en su coño.
-Ahhhhhh –apoyó su rostro contra el suelo.
-Putita –golpeé su nalga izquierda, luego la derecha, luego su coño, y así lo repetí unas seis veces hasta dejar su culo hinchado y rojo –¿Aún eres mala?
-No, señor –negó.
Le saqué las bolas de un tirón.
-Ahhhhhhhhhhhhhh –gritó de placer, me metí las bolas en la boca, estaban bañadas en sus jugos, los más ricos que alguna vez había probado.
Me recosté en la cama, el corazón me latía a mil por hora.
Ella caminó lentamente hasta mí y me miró inocente.
-Ven –golpeé el colchón.
Se acostó a mi lado desnuda, nos quedamos dormidos.
Mi celular no paraba de sonar, lo tomé y atendí –¿Qué? –respondí.
-¿Dónde estás, bubu? –la voz de Tanya me alteró.
-Estoy en una conferencia, te llamo más tarde.
-¿Dónde dormiste?
-¿Qué?
-Anoche fui a tu casa, no volviste para dormir –tenía la voz temblorosa.
-Me quedé en la oficina, tenía trabajo atrasado, lo siento.
-Te llamé mil veces, bubu.
-No me di cuenta, lo siento –me disculpé y comencé a vestirme, Isabella aún dormía.
-¿Nos vemos esta noche, cierto?
-Sí, claro. Debo dejarte, no puedo hablar ahora.
-Chao, bubu –colgó.
-¡Joder! –era muy tarde, me había quedado dormido de más, debía irme.
-Buen día –Isabella despertó desperezándose.
-Debo irme, lo siento –no encontraba el cinturón, me arrodillé para ver debajo de la cama.
-¿Te ayudo? –se paró a mi lado desnuda.
-Joder que estás muy buena –reí sonrojándome.
-Tú también –me besó apasionadamente –Me gustaría que volviéramos a vernos, Edward.
-Sí, a mí también –asentí.
-¿Viernes próximo? –acarició mis labios con su pulgar.
-Viernes –tragué saliva.
-Aquí está tu cinturón –me lo entregó rozando sus dedos con los míos –¿Te gustaría que me ponga un disfraz la próxima vez?
-Sí, me gustaría putita –me tomé del cuello estampándola contra la pared con fuerza –No empieces a provocarme o te cogeré de nuevo por el culo –mordí mi labio inferior mientras apretaba su cuello. Sentí como cortaba su respiración.
-Sí –logré distinguir en sus palabras.
-¿Sí, qué?
-Que me cojas por el culo –jadeó cuando la solté.
Me dio una cachetada, se la devolví –Maldita loca –susurré intentando contener la excitación que sentía por lo sucedido. Al final, no era tan sumisa como parecía durante la noche.
-Ajam –me volvió a cachetear –¿Por qué no me coges una vez más?
-Tengo que irme –sonreí mirándola fijamente –otro día, Isabella, otro día –su mirada había cambiado, podía sentir su perversión.
-No, no te vas a ir una mierda, me vas a coger una vez más –tironeó de mi camisa.
-¡Zorra! –la agarré de las manos y la empujé contra la pared, junté sus manos y las coloqué sobre su cabeza –Pequeña zorrita –susurré luego mordiendo el lóbulo de su oreja.
-Quiero tu polla, Edward –con su rodilla acarició mi entrepierna.
-Ya basta –indiqué.
-No –negó.
-¡Basta! –la zamarreé.
-¡No! –me besó desaforadamente y mordió mi lengua.
-¡Joder, putita! –apreté sus muñecas.
Lamió sus labios –¡Cógeme! –suplicó.
Bajé mi bragueta y coloqué sus manos en mi polla erecta.
-Que grande –susurró ella levantando su ceja derecha.
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Horas más tarde
-Lo lamento, cariño –aclaré mi voz.
-¿Por qué llegas tarde? ¿Pasó algo grave en el trabajo?
-No, nada grave, mucho trabajo, es todo –intenté disimular.
Follé con Isabella, hasta que perdí la noción del tiempo.
-Pobre bubu, ¡que trabajador que es él! –apretó mi mejilla como si fuese un niño pequeño.
-Cullen –Eleazar me saludó desde dentro de la casa.
-Señor –lo saludé seriamente.
-Vamos a cenar, papá –indicó ella.
-¿Por qué no cenan aquí?
-Tenemos reserva, señor.
-¿Y? –se encogió de hombros.
-Puedes presentarle a tu hermana, Kate, llegó esta mañana de Italia –señaló.
-Oh, es verdad, ven que te la presentaré –me arrastró hacia dentro –¡Aquí está él! –gritó.
Una rubia de ojos café, algo parecida a Tanya físicamente sonrió al verme –El famoso Edward Cullen –comentó.
-Así parece –respondí.
-¿Cenarán aquí? –Carmen, madre de Tanya, se acercó.
-Sí, sí –Tanya decidió sin consultarme.
-¿Segura? –pregunté por lo bajo.
-Sí, bubu.
Eleazar me clavó una mirada extraña toda la noche, me sentía realmente incómodo.
Cuando Tanya y Kate se dirigieron a la cocina para buscar el postre, Eleazar le pidió a su esposa unos minutos, ella se levantó y se fue tras sus hijas.
-¿Sucede algo? –pregunté.
-¿Tú harás feliz a mi hija, verdad?
-Sí, claro –aclaré mi voz nervioso.
-Esta mañana la noté preocupada ¿sabes?
-Estaba en una reunión de trabajo, no escuché el teléfono, se preocupó en vano, señor –mentí.
-Espero que no se te ocurra herirla de alguna forma, Edward, porque no solo no invertiré nada en la empresa, sino que la quebraré. ¿Comprendes? –me amenazó directamente.
-Sí, comprendí, señor.
-¿Papi? –Tanya lo miró atónita.
-¿Sí, hijita?
-¿Estás amenazando a Edward?
-No, cariño, claro que no –negó sonriéndole.
Tanya me miró –¿Ed?
-Todo está bien, Tanya –intenté no crear más problemas.
-Deberíamos cenar un día con la tía Reneé –comentó Kate entregándome un platillo con torta.
-¿Reneé?
-Sí, mi hermana –aclaró Carmen –Viven aquí cerca, pero nos vemos muy poco a decir verdad.
-Su esposo es un estafador –bufó Eleazar.
-No digas eso, papá –Tanya lo frenó –Charlie es un buen hombre, un buen padre.
-Claro, buen padre y hasta ahí llegó. Más que eso no es –dijo masajeando su cuello.
-Eleazar –Carmen agarró su mano izquierda.
Él la alejó –Aún me debe dinero ¿lo olvidas?
-Mi hermana no tiene la culpa –excusó a su hermana rápidamente.
-¡Eso lo sé!
-¿Podemos terminar la cena en paz? Luego preguntan porque no vengo seguido ¿no? –Kate me miró de reojo –Pobre de Edward –musitó luego.
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-No puedo volver ahí, no puedo –le comenté a Emmett por teléfono.
-¡Calma, hermano!
-De verdad, el tipo fundirá la empresa, si me descubre estoy muerto, mi padre estará quebrado y mi madre me odiará de por vida.
-¿Acaso no la pasaste bomba?
-Sí, joder, ha sido el mejor sexo de mi puta vida –admití recordando.
-¿Entonces? ¡Ya déjate de joder!
-Es mucha presión –intenté no quebrarme –Eleazar tiene un temperamento muy fuerte, no pensé que sería tan difícil, pero lo es, lo es, ¡joder!
-Vas a terminar como Garrett, oye –suspiró –de verdad, deberías pensar más en ti mismo, ya sabes cómo terminó él, por favor elige otra vida, hermano, elije vivir por ti.
-Hablamos más tarde –colgué, estaba comenzando a quebrarme, no quería parecer un maricón.
Lloré un rato, necesitaba desahogar toda la mierda que cargaba por culpa de mi familia.
No quería dejar a Isabella, quería volver a verla, quería tenerla, quería follarla una y otra vez. Era como una droga, tenía abstinencia de ella. De su olor, de su cuerpo.
Me volvía loco.
Eleazar iba a matarme, si me descubría estaba muerto, literal, pero estaba muerto de todas formas ¿verdad? ¿Qué vida era esta?
¡Todo a la mierda! ¡Iba a follar con Isabella cada viernes de mi puta vida! ¡Me importaba todo un carajo!
Viernes siguiente
-¿Isabella? –ingresé a la habitación, estaba esperándome sobre la cama disfrazada de gatita –Que gatita más linda –jadeé babeándome.
-¿Miau? –gruñó.
-¿A qué quiere jugar la gatita?
-La gatita es traviesa y algo malvada –caminó lentamente hacia mí con una vela en mano.
-¿Sí?
-Hoy la gatita quiere ser mala, muy mala –lamió mis labios.
Me quité la ropa desaforado –¿Qué quieres hacer? –me recosté en la cama.
Se acercó con la vela y la inclinó, lanzándome cera caliente sobre el pecho –¡Mierda! –grité alejándola.
-Shhhhh, eres un maricón –se quejó entre risas.
-¡Estás loca! ¡Vas a quemarme la piel!
-Sí, lo sé –asintió inclinándola nuevamente.
-¡Isabella! –la tomé de las manos –¡Eres malvada, gatita!
-Lo soy –mordió su labio inferior.
-Ese labio –temblé sintiendo que perdía el control de mí mismo.
Apagué la vela y la dejé sobre la cómoda, revisé la cajonera y tomé un preservativo.
-¿Me lo pones, gatita?
-Mmmm –dudó –Aún no –negó luego –la gatita quiere jugar muy sucio.
-Esta gatita es muy traviesa me parece –acaricié su mejilla.
-Michi michi miau –lamió la palma de mi mano.
-Dejaré que juegues conmigo un poco, pero nada de fuego ¿entendido? –señalé la vela.
No quería marcas que no pudiese disimular luego. ¿Cómo iba a justificarme con Tanya si las veía?
-Sí –me colocó una venda en los ojos.
-Ten cuidado, gatita, o me volveré malo –amenacé.
Sentí algo frío sobre mi vientre –¿Isabella?
-Es solo un hielo, cagón –respondió moviéndolo con sus labios a través de mi vientre, bajando por mi pierna derecha.
-Ohhh dios –me retorcí, la sensación que me daba me excitaba.
Era como una pequeña electricidad por todo mi cuerpo.
Lamió mi polla con su fría lengua –Oh, Bella –agarré su larga cabellera y tironeé un poco –sí gatita preciosa –gemí mientras le daba pequeños mordiscos a mis testículos.
-Miau, miau –gruñó acercando el hielo a mi polla.
Salté al sentir el frío rozarme –¡Joder!
Metió el hielo en su boca junto a mi polla, la sensación era inexplicable.
-Ohhhhh sí, Bella, sí –gemí desesperado.
Pocos minutos después acabé en su boca.
-¿Puedo quitármelo? –pregunté tocando la tela que cubría mis ojos.
-No, no, aún no papito –sentí que se alejaba.
-¿A dónde vas, Isabella? –pregunté ansioso.
Rápidamente se lanzó sobre mí, me asusté.
-Que miedoso, Edward –lanzó una carcajada.
-¡Eres una tonta! –reí avergonzado.
Comenzó a sonar una música –¿Y eso?
-Puse algo de música, es todo –pasó su lengua sobre mis labios, abrí la boca esperando que me besase –No, no –tapó mi boca con sus manos.
-Gatita –jadeé tragando saliva.
-Edward –mordió mi cuello como si fuese un vampiro.
-Ouch –me quejé.
-Bebería de tu sangre –gimió –¿tú de la mía?
-Sí –me retorcí cuando apretujó mi polla.
-Deberíamos hacerlo –rió.
-¿Deber de nuestra sangre? –pregunté algo confundido.
-Sí –susurró.
-Estás loca, gatita.
-Bébela, Edward –acercó sus manos a mis labios, lamí sus dedos, de repente sentí sabor a sangre.
-¿Te has cortado? –me quité la venda desesperado, se había cortado la palma de la mano.
-Es solo un tajo –explicó mientras la sangre caía por sus dedos.
Tomé la navaja que estaba a su lado y me hice el mismo corte en la palma izquierda.
Estaba perdiendo la cordura.
Pasó su lengua por mi palma, bebiendo de mi sangre.
-Eres mío, Edward. Y yo soy tuya –me besó con sus labios llenos de sangre.
Nadie podría entender la relación que teníamos, solo nosotros mismo podíamos comprendernos. Amarnos.
Estaba obsesionado con Isabella, no podía dejar de pensarla ni un segundo, cada día la deseaba más y más. Me sentía enfermo si no la tenía.
Yo tenía que tenerla más tiempo a mi lado, no aguantaba tantos días lejos de ella. Coordinamos para vernos más seguido, tres veces a la semana fue el trato, cada vez era más tiempo y estábamos más horas juntos.
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Tomé unas pinzas para los pezones y se las coloqué –¿Duele?
-Sí, papito –lengüeteó mis manos.
-Traviesa niña –susurré.
Tiré de las pinzas –Ouuuchhh –se quejó.
Agarré el chocolate caliente que habíamos encargado y me lo coloqué en la polla –Chúpala, cariño.
-Mmmmm… rico, rico.
-Ohhh, niña linda –me estremecí de placer.
Tomé el chocolate y se lo tiré sobre los pechos –Deja que papi se coma el chocolatito –la mordisqueé.
-Ahhhh, papito, muérdeme.
Mordí sus pezones, gritó desesperada –¿Bella?
-¿Papito?
-Que ricos pechos que tienes –tironeé de las pinzas.
-Ayyyyy –se retorció.
Le metí dos dedos bañados en chocolate dentro de la boca –Saboréalo, cariño, saboréalo.
-Cómelo de mi coño –musitó.
Coloqué un poco de chocolate en su coño y comencé a comérmelo, mordisqueé su clítoris rabioso.
-Ahhhh, ahhhh, Ed –gemía apretando mi rostro contra su coño desesperada –¡Cómeme toda! ¡Cómeme!
Cuando llegué a casa ese día, ya era de noche, al cerrar la puerta me encontré con Tanya del otro lado.
-¡Mierda, Tanya!
-¿A dónde estabas?
-E-en la ofici-oficina –tartamudeé nervioso, sentía su desconfianza.
-¿Oficina? Claro, crees que soy tonta ¿no?
-No, bubu –respondí aclarando mi voz.
-Vengo de allí, Edward, no estuviste en todo el día –respiró hondo –¡¿Dime donde mierda has estado!? –gritó perdiendo la razón.
-Bubu –intenté calmarla.
-¡Bubu las pelotas! ¿Estás con una puta?
-No, no –negué.
-¿Dónde estabas?
Pensé, pensé, pero no sabía cómo justificarme.
¡Jasper! ¡Mi coartada perfecta!
-Estaba con Jasper –mentí.
-¿Quién?
-El hermano de Emmett, ¿recuerdas? –insistí –Jasper, así es su nombre – aclaré, comenzaba a calmarse.
-¿Y qué hicieron?
-Me ayudaba con una sorpresa para ti, bubu. No quiero arruinarlo, no podía decírtelo, era para la boda, pero como desconfías tanto… pues yo te diré lo que era.
-¡No! ¡No me lo digas! –exclamó frenándome.
-¿Segura?
-No me digas más, perdón, Edward, estoy algo nerviosa por la boda, el vestido, los invitados, todo eso me tiene algo alterada y parezco una loca ¿verdad?
-No, no, claro que no.
-Lo lamento, bubu –me abrazó –¿Vamos a la cama?
-Sí, ahora voy, me haré antes un café.
-Bien –asintió besando mi mejilla.
Suspiré en cuando se alejó ¡joder, casi me atrapa!
Cuando me recosté a su lado la observé, algo dentro de mí se desmoronaba, estaba lastimándola cada vez que veía a Isabella, pero no podía evitarlo, si dejaba a Isabella mi vida volvería a ser una porquería.
Lo lamentaba por Tanya, que no tenía la culpa de mi infelicidad, pero no podía serle fiel, no después de haber encontrado a una mujer como Isabella. Ella me entendía, sabía lo que era, me aceptaba así. No me presionaba, no se metía en los asuntos de dinero, ni familia, ni de la empresa. No hacía preguntas, no me juzgaba.
Podía ser yo mismo con ella. El verdadero yo.
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Dos días antes de la boda
Estábamos con mi madre en el centro comercial buscando un regalo especial para Tanya.
-¿Es necesario?
-Sí, lo es, el novio debe regalarle algo a la novia, algo especial –insistió refunfuñando.
-Por dios, eres igual a papá –bufé.
-¡Ed! –oí la voz de Alice a lo lejos –¡Oigan! –se nos acercó.
-¿Qué haces aquí? –preguntó mi madre.
-Estoy buscando unos zapatos nuevos para la boda, no encuentro nada que me guste.
-¿Por qué no me dijiste antes y te acompañaba, hija?
-Ven, vi unos allí –señaló un local –pero no estoy segura de si son los indicados.
-¿Es broma, cierto? –pregunté mirándolas seriamente.
-Anda, Ed, no seas mala onda –respondió ella empujándome.
-Salí de la oficina para esto, no puedo creerlo… que bodrio.
-¿Y ustedes que hacen aquí, por cierto?
-Comprándole algo a la novia –mi madre se entusiasmó.
-Oh ¡claro! –asintió –¿Qué le comprarás? ¿Joyería?
-No lo sé, creo que es absurdo… ya le compré el anillo de compromiso, que por cierto me costó un ojo de la cara, ahora nos casaremos y vivirá en mi apartamento, no necesita otro regalo más. Además la gente nos regalará cosas por la boda en sí, es absurdo, totalmente absurdo –negué enojado –Encima de todo tengo que bancarme dos horas en un local de zapatos.
-¿Dos horas? ¡qué exagerado!
-Ufff, sí, seguro exagero –me burlé.
Ingresamos al local, mi hermana pidió los zapatos mientras mi madre veía otros modelos.
Me senté bufando en un cubo y saqué el celular para escribirle a Bella, la extrañaba. Con los últimos preparativos de la boda, no la había podido ver hacía una semana.
"Lamento que no pudiéramos vernos estos días. Te extraño –Ed"
¿Quedaba como un imbécil al decir que la extrañaba? ¿Creería que estaba enamorado de ella? ¿Acaso lo estaba?
Me quedé pensando, ¿amaba a Bella?
-¿Y? ¿Ed? –Alice me preguntó por los zapatos.
-Sí, geniales –dije irónicamente poniendo mis ojos en blanco.
-Creo que son muy bonitos –esa era la voz de Bella.
Levanté la mirada, ahí estaba ella.
-¿Sí, lo crees? –preguntó Alice mirándose al espejo.
-Sí, te quedan pintados –respondió ella sonriéndome.
-Sí –asentí sorprendido.
-¿Novios? –dijo curiosa.
-No, qué asco, es mi hermano –señaló Alice.
Reí.
Se mordió el labio inferior.
-Yo también te extraño, Ed –susurró en voz baja y se alejó lentamente.
Era la primera vez que me cruzaba con Isabella en público.
-¿La conoces?
-¿Qué? –me tildé.
-¿La conoces? –repitió.
-No, no –negué mintiendo.
-Entonces solo te gustó –comentó luego riéndose –Vi como la mirabas, EDWARD –recalcó mi nombre –Eres un baboso –sacó la lengua.
-¡Vete a la mierda, Alice! Y apúrate con eso –señalé los zapatos.
-Encontré estos tres modelos más –mi madre trajo unos cuantos zapatos.
-¿Es broma? ¡Lo sabía, dos horas aquí dentro!
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Día de la boda
-¿Estás memorizando los votos? –preguntó Carmen entusiasta.
-¿Qué? –caí de mi nube, pensaba en Bella.
-Tranquilo, Edward, todo saldrá perfecto. No sabes lo que es el vestido de mi niña ¡está perfecta! ¡Te caerás al suelo cuando la veas!
Sonreí.
-Oh, espera –me agarró del brazo cuando intentaba alejarme –Debo presentarte a alguien.
-Sí, claro.
-Ella es mi hermana, Reneé –estrechamos manos –De quién te estuve hablando ¿recuerdas?
-Hola, Reneé, encantado –la saludé con amabilidad.
-Es un placer conocer al famoso Sr. Cullen –dijo pícaramente –Tanya habla maravillas de ti, muchacho. Todos dicen que eres bellísimo, y tienen razón, ¡que genética! –me agarró de la barbilla.
-¡Cisne! –exclamó Carmen –¡Ven cariño! –de entre la multitud una muchacha con vestido rojo, labios carmesí y cabello rubio se nos acercó, era Bella.
-¿Cisne? –pregunté atónito.
-Así le decimos de chiquitita por su apellido –explicó Carmen sonriéndole.
Me miró confundida, yo también lo estaba, no podía creer lo que sucedía.
-Es mi hija –explicó Reneé tomándola del brazo.
-¿E-ere-eres la pr-prima de Tanya? –tartamudeé.
-Sí, parece que tú eres el novio ¿verdad? ¿El famoso Cullen?
-S-sí, eso p-pa-parece –reí.
-Estás nervioso, ya comienzas a parecerte a Eleazar en el día de nuestra boda, ahora sí –Carmen lanzó una carcajada y golpeó mi hombro.
Reí falsamente –Sí –asentí aflojándome el moño.
-¿Un cigarrillo antes de la boda? –Isabella sacó un atado de cigarrillos de su bolso dorado.
-Claro –la seguí –Permiso, señoritas –les dije a ambas despidiéndome.
-No tardes mucho que en quince comenzamos, Edward –indicó Carmen algo inquieta.
-¿Quieres? –me ofreció un cigarrillo a penas salimos.
-¿Sabías…?
-No, lo juro, Ed. No sabía que te ibas a casar con mi prima.
-Carajo, esto es… es… el otro día cuando te vi, yo… bueno…
-Esto es raro ¿no? –sonrió.
-Yo no la amo ¿sabes? –admití.
-Entonces no te cases con ella –se prendió un cigarro, y me ofreció fuego.
-¿De qué mierda hablas? –rasqué mi cuello.
-¿Lo haces por tu empresa, cierto? Mi madre me contó de la constructora de tu familia. Dice que están a punto de quebrar, que mi tío los salvará. Él siempre pide algo a cambio, Ed, no creas que lo hace por buen samaritano. Te tendrá del culo toda tu puta vida, así es en esta familia.
-Sí –admití.
-Es horrible, juegas con ella por dinero. No creí que fueras así, Edward. Me decepciona todo esto. No sé, quizás solo fue una linda aventura, algo irreal.
-No, no soy así… Y no fue algo irreal, esto es real –nos señalé –Yo soy el que conociste, ese soy yo, ese es el real, ese es Edward.
Me interrumpió –Pero estas casándote con ella por dinero, acabas de admitirlo. Es triste, Ed. Tu vida es una mentira.
-Lo sé, soy una basura, lo sé –golpeé mi pecho.
-Vámonos a la mierda –se encogió de hombros.
-¿Qué? ¿Irnos?
-Sí, irnos. Juntos, ser quienes realmente somos. Dejarnos ser –apagó su cigarrillo –¡Maldita sea! ¡Estoy harta de fingir ser perfecta!
Dudé.
-¿A dónde iremos?
-A cualquier lugar, me importa poco –revolvió su bolso, sacó unas llaves.
-¿Bella? –comenzó a alejarse.
-Vámonos, Edward –insistió agarrándome de las manos.
-No puedo, mi familia quebrará, perderán todo. Por mi culpa.
-¿Tu culpa? Por dios, ellos te manejan, manejan tu vida, créeme, sé lo que es eso. A mí también me sucede. Debemos cortar los lazos, Edward si queremos ser felices. Hace rato que lo intento, pero no puedo hacerlo sola. Acompáñame y lo haremos juntos.
-No, no –negué –Tengo que hacerlo, lo siento –me alejé –No puedo traicionarlos, no puedo –oí como ponía en marcha su coche mientras me alejaba, algo dentro de mí me decía que estaba equivocado, que debía irme con ella –¡Joder! ¡Espera, Isabella! –me abalancé sobre el capó, no la quería dejar ir.
-¿Estás loco? ¿Quieres morir? –frenó de golpe.
-Me voy contigo, espera –me subí a su lado –Yo… yo…
-¿Quieres que nos vayamos a la mierda? ¿De verdad?
-Sí, vayámonos a la mierda.
-¿Seguro, Ed?
-¡Joder que sí! ¡Arranca, ya! –la miré a los ojos –Creo que me he enamorado de ti ¿sabes? –mis manos temblaban como el primer día –Soy un imbécil, lo sé.
-Sí, lo eres –mordió su labio inferior.
La besé apasionadamente –¿Seremos libres? –pregunté mientras aceleraba.
-¡Edward! ¡Edward! –mi madre corrió detrás del coche desesperada –¿A dónde vas? ¡La ceremonia va a comenzar, hijo!
Fin
