¡Hola!

Ha pasado algún tiempo…

Creo que ya saben por qué: la universidad, los trabajos, estudios alternativos, los sims (tengo una nueva expansión), la vida y etc. Pero no piensen que me he desconectado por completo de ustedes porque la verdad es que ahora lo único que se me antoja es preguntarles cómo están y hacer que pasen un bonito rato (ojalá) leyendo la parte que he subido.

Y ya.

Cris: ¿Cómo estás? ¿Clases, exámenes? Yo acabo de salir de unos que han sido fatales. En fin. Sobre la reacción de Artemis con Saba y Ru xq ellos querían pegarle a Joshua, bueno… tienes que tomar en cuenta que se sentía culpable, porque a final de cuentas ella fue la que dijo lo de Joshua en primer lugar, cuando se estaba peleando con Ru… y en ese sentido cree que ha metido de a gratis al primero en un problema bien grandote. Ojalá que te guste este capítulo, de veritas.

Starhope: Ya volví =). Espero q este capítulo te guste un montón. Y bueno, la verdad es que esta vez no te puedo decir mucho porque te has dado cuenta de dos cosas que son bien importantes y lo más seguro es que me emocione escribiendo y suelte todo y chau historia. Ah y sí! El nombre d Artemis es bien bonito… aunque una vez me dijeron que era nombre de hombre y medio que me desanimé, pero luego me desdesanimé xq creo q es el adecuado. Me esfuerzo un montón para poner los nombres, tengo una especie de trauma con ellos. Ji. Un abrazo.

Zelany: Holaaaaaaaaaaaaa! Aquí está el siguiente capítulo, con apariciones de Gamma, aunque creo que no tantas como te gustaría. Espero que te guste. Un beso.

Esther: ¿Cómo va todo? Espero que bien. Ojalá que este capítulo te guste y te distraiga porque según lo que me has dicho creo que tienes bastantes cosas que hacer, más bien, perdón por la demora.

Y ya, de nuevo.

Un besotototototote enorme para todas.

Ah! La parte de canción corresponde a una que se llama Mad World de Gary Jules, más conocida como la cancioncita de la pela Donnie Darko. Escúchenla, es buena… pero yo recomiendo la versión de Adam Lambert (sí, el d american idol… es que le salió bonita).

Otro beso.

A.


Madrugadas en Stormenhand

El despacho del profesor Gamma era igual que un salón sin carpetas. Largo, vacío, con muchas ventanas cerradas por cortinas que parecían de cartón y con un escritorio lleno de papeles manchados en un extremo y un baúl al otro, sobre el que estaba Artemis, sentada, con las piernas colgando y la cabeza refundida entre los hombros.

Él le quería hablar, lo había visto mirarla de reojo. Era normal, era obvio más bien, hasta su tío Remus, que siempre prefería quedarse callado, había querido hablarle después de lo que pasó cuando estaba en segundo. Tal vez eran los colores de su cara, sus pómulos recientemente salidos o las profundas cavidades de sus ojos.

Igual era curioso. Al principio le pareció tan ajeno que Artemis esperaba que le pidiera que se retirara ni bien pudiera ponerse en pié, después de todo era la gárgola Gamma. ¿Por qué tendría que interesarle? Su voz no tenía intención, sus ojos no la escudriñaban, pero había algo en él que la hacía vaticinar preguntas. Y eso la hacía estar alerta. ¿Le iba a preguntar qué acababa de pasar? ¿La iba a llevar con Dimber o con la Trinidad? ¿La iba a amenazar? ¿Con qué argumentos? ¿Qué había visto? A ella dando tumbos de árbol a árbol… eso podría significar mil cosas.

Gamma se pasó ambas manos por el cabello. Artemis notó que no traía la cola de caballo de siempre y que a consecuencia un par de mechones largos le tapaban constantemente la cara… se pegaban a ella. Estaba sudando.

-Si hay algo que quieras decirme…- empezó Gamma.

Artemis asintió.

- ¿Puedo irme?-

La gárgola se le acercó. Artemis se quedó quieta, mirándolo sin tener la menor idea de lo que él iba a hacer y de cómo ella reaccionaría.

-Si puedes ponerte de pié y caminar hasta allá te daré un pase-

-Ya-

Saltó del baúl sólo para ganarle a esa mirada de desafío que tenía la gárgola Gamma, seguro no la creía capaz ni de pararse. Él asintió y fue hasta su escritorio, removió las hojas que tenía por ahí y sacó un papelito amarillo. Artemis lo recibió sin mirarlo y salió de su despacho.

Ni bien salió a los pasillos la idea de Gamma fue rápidamente desplazada por el eco que sus propios pasos hacían en su cabeza: sus zapatillas deportivas chirriaban y apretaban tan fuerte el piso que ella sentía, con cada golpecito, que su cabeza latía. Y sonaba. Tum. Tum. Tum. Tum.

Sacudió la mano derecha intentando hacer desaparecer ese horrible golpeteo provocado por las miles de patitas de hormigas que le recorrían en cuerpo y que, en ese momento, parecían dirigirse hacia sus manos, a sus dedos, intentando agolparse todas en las puntas… los estaban entumeciendo.

Las hormigas la habían tomado por completo.

Y no era ninguna sorpresa. Le pasó en segundo, le pasó en tercero y probablemente le pasaría en quinto, sexto, sétimo y el resto de su vida. Esos mareos, náuseas, el horrible golpeteo de las hormigas en todas las partes de su cuerpo, la profunda apatía hacia todo lo que la rodeaba y la migraña más mala del mundo.

De pronto se detuvo y giró sobre sus talones. Antes de ir a la Isla de Stormenhand haría una parada por la enfermería para pedirle a Miss Grapehood un poco más de su poción para el dolor de cabeza. El frasquito que ella tenía se había hecho añicos cuando Joshua la atacó… pero podía decirle a la enfermera que se había tomado muy en serio el entrenamiento de esgrima y… los accidentes ocurrían, tenía la prueba dentro de ella, con los pedacitos de cristal retenidos entre su ropa y el protector.

Ese maldito protector, de no ser por él, ella estaría desmayada en ese momento, sin secuelas del aniversario porque de no ser por eso que todavía tenía puesto, no habría tenido aniversario.

Todo había sido cuidadosamente planeado…

Pero ya no importaba. Le dolían las manos, los pies y las piernas, pero no importaba. Los latidos se su cabeza se habían hecho tan intensos que con veía los pasillos expandirse y contraerse como si fueran ondas en el agua, como si latieran ellos también… pero, por alguna razón, tampoco le importaba. Sentía que se le estaba acabando la fuerza para seguir caminando pero no iba a detenerse, tal vez Miss Grapehood le prestara una camilla para pasar la noche… como para no romper la tradición post aniversario.

A unos pasos de la enfermería, Artemis oyó un ruido alborotado que duró a penas unos segundos y le dio la impresión de que alguien, muy cerca de ella, estaba agazapándose. Tal vez un delegado con ansias de castigar a alguien.

Sacó el pase amarillo que Gamma le había dado y prendió una lucecita tenue con su varita, como para que se pudiera ver.

- ¿Artemis?- llamó una voz familiar.

Ru apareció frente a ella sin darle tiempo de reaccionar. Después de unos segundos de sorpresa, Artemis alejó la varita de su cara bruscamente y la acercó a la de él, no era bueno que la gente la viera después de un aniversario, no con ese aspecto. Pero… Ru no se veía mucho mejor que ella… parecía pálido y tenía un gesto extraño de preocupación que le deformaba la cara.

Ella lo flanqueó y siguió su camino a la enfermería.

-Artemis- pero Ru la siguió, llamándola por su nombre y haciendo sentir algo muy raro y muy lejos de su propio cuerpo. Como si alguien estuviera haciéndole cosquillas a una costra muy seca- soy yo, Ru. Está bien, estoy solo, no hay nadie conmigo, no es una trampa, pero… apaga tu varita, por favor-

Su voz tenía algo mal. Un jadeo que lo hacía sonar como Hada con la voz gruesa… y no dejaba de mirar en su dirección, ansioso. Nervioso.

-Saba dijo que estabas durmiendo, que te habías sentido mal… pero yo ya había enviado las chispas rojas a tu cuarto…- se quedó callado de golpe- gracias por venir. Digo, no te habría mandado las chispas si no fuera… Saba está en la enfermería, con Joshua- se interrumpió tratando de engrosar la voz, sin embargo no pudo evitar un ligero quiebre, sonaba nervioso- está muy magullado. Nos pasamos. Nos pasamos. Está desmayado ahora, pero cuando despierte puede soltarlo todo. Por eso Saba está ahí, dirá que él lo encontró. Tiene que asegurarse de decirle algo a Joshua para convencerlo de que nosotros no hicimos nada, pero sin que Miss Grapehood lo vea y yo podría estar ahí adentro para distraerla pero no puedo porque se supone que estoy en cama con gripe. No puedo aparecerme, si Miss Grapehood me ve, todo se va a mierda. Si cualquiera me ve, todo se va a la mierda… por mi culpa-

-Yo puedo entrar- dijo Artemis, lamentando un poco el tono gélido de su voz. Ru se merecía más, pero ella no podía dárselo.

-No. Va a parecer sospechoso-

Artemis miró sobre el hombro de Ru unos instantes, cinco segundos para ser exactos, los suficientes como para imaginar el resto de la conversación que tendrían: "Pero me duele la cabeza" le diría ella, "Aguántate, si entras y Grapehood te descubre, todo se iría a la mierda, por mi culpa y también por la tuya. Los tres estamos metidos en esto" "Pero me duele la cabeza" "Tú prometiste comprometerte a todo lo que digamos"… y ahí ella se quedaría callada, no porque Ru tuviera la razón, sino porque no tenía ganas de discutir. Era más fácil asentir y apretarse contra una de las paredes, con los ojos cerrados mientras se sobaba las sienes y esperando a que Saba saliera del lugar antes de que los delegados llegaran, porque, a pesar de que tenía un pase amarillo, no estaba segura de que podría (o querría) explicar qué hacía echada en el piso con otro Stormenhand.

Ru la siguió y se sentó junto a ella. Artemis se alejó sin disimular, no quería que nadie estuviera cerca mientras ella sentía las hormigas que la recorrían.

Saba salió diez minutos después. Ru saltó sobre él, justo como había hecho con Artemis y el elfo lo detuvo con ambas manos.

Gracias al brillo de su piel, Artemis pudo ver claramente su expresión… él también estaba asustado. Lacónico, en líneas generales, pero con el mismo nerviosismo de Ru en los ojos.

- ¿Qué pasó?- preguntó Ru, lanzándose nuevamente sobre él.

-Miss Grapehood dice que… ¿Artemis?-

Los ojos de su mejor amigo se hicieron chiquitos al principio, como si no creyera que era su mejor amiga la que estaba ahí (y en realidad era difícil de creer, porque estaba camuflada en la oscuridad) pero Artemis sabía que él la estaba sintiendo y que sólo necesitaba que ella hiciera algún gesto, un asentimiento para confirmarlo. Cuando lo hizo, vio a Saba suspirar aliviado y hasta alegrarse, incluso su piel brilló con más intensidad, pero sólo por un segundo, porque un gemido lastimero de Ru lo devolvió a su labor.

-Miss Grapehood dice que va a tener que pasar la noche y todo el día de mañana en la enfermería. No tiene nada roto, pero… está bien magullado, Ru-

Artemis vio la espalda de Ru quedarse quieta y calculó cinco segundos antes de que se doblara sobre sí mismo exclamando que él tenía la culpa de todo. Eso o que gruñera. Pero ni uno ni lo otro. La espalda de Ru y su cabeza y sus piernas y todo su cuerpo se quedó quieto. Sus manos no estaban en puño. Parecía estar en trance. Congelado.

Saba le indicó con una mirada rápida que se acercara y Artemis se incorporó flojamente y caminó junto a ellos. Pero eso no bastó para hacer que Ru se moviera.

-Ya- dijo él, finalmente- tenemos todo ese tiempo para hacer algo con los pasillos. Luego nos ocuparemos de Joshua. Le hablaste, ¿no?- le preguntó a Saba.

-Sí, pero poco… ni bien se despertó, Miss Grapehood le dio algo para dormir-

- ¿Se lo creyó?-

-Sí. Todo concuerda con que se cayó de la Saeta-

-Ya, entonces eso está resuelto-

-Ru, puede que haya convencido a Joshua, pero no he borrado sus recuerdos. Vamos a tener que lidiar con él eventualmente-

Ru asintió. Artemis sabía que él ya no estaba pensando en eso.

-Tenemos que apurarnos- dijo al cabo.


Alguien tocó desesperadamente la puerta de la habitación de chicos del señorío de Stormenhand. Eran las dos de la mañana.

Otto recorrió el recinto a tientas y pegó el oído con miedo.

-Abre mierda, soy yo-

Ru Hugin entró a la habitación como un vendaval, golpeando tan fuerte la puerta que hizo que Otto se diera con ella en la nariz. Tras él venían Saba, con su luz brillante, y Artemis, más pálida que nunca bajo la luz de su predecesor.

Ambos miraron confundidos al pequeño grupo que estaba reunido en la habitación: a pesar de que sólo los iluminaran somnolientos lumus azules, se podían distinguir a los chicos y chicas de su curso que, a su vez, los distinguían y miraban sorprendidos a ellos. Daba la impresión de que ambos grupos se habían encontrado con las manos en la masa después de haber hecho algo malo.

Artemis ajustó la capucha sobre su cabeza.

-Apaguen esos lumus… que se quede prendido el de Marcus- ordenó Ru.

Uno a uno, Ghana, Creixell, Hada, Otto y Sean apagaron las luces de sus varitas, mientras Marcus corría al centro.

- ¿Qué pasa, Ru?- preguntó Ghana, acercándosele, estaba en pijama y con sueño, igual que todos- ¿por qué nos has reunido tan tarde?-

- ¿Tienes ganas de volar de nuevo?- preguntó a su vez Creixell.

-No-

-Ah ya, porque si no te iba a golpear, mi sueño es sagrad…-

-Tenemos un problema- soltó Ru, gravemente

Todos lo miraron.

- ¿Es la razón por la que ustedes tres no están con su pijama?- preguntó Ghana perspicazmente, mirando a Saba y a Artemis también.

Saba asió a Artemis de la manga y la condujo hasta el fondo de la habitación, aprovechando que la atención de todos (excepto por Ghana) todavía seguía en Ru. Se escurrieron hacia una de las esquinas, entre los doseles de la última cama y las cortinas de la mampara que llevaba al balcón. Era el lugar perfecto, podían ocultarse con cualquier cosa y a pesar de eso tenían una buena perspectiva del resto.

Ru asintió.

- ¿Qué ha pasado, Ru?- preguntó Creixell, acercándose a la luz azul de Marcus. Ghana y Sean la imitaron.

Artemis vio los ojos de Ru mientras ellos se le acercaban. Parecía un animal acorralado. Con una de sus manos tanteó hacia atrás, hacia donde se suponía que estaban ellos, pero no los encontró, entonces los buscó por la habitación, a tientas, desesperado… y vio a Saba refulgir desde atrás, oculto, a salvo.

-También es la razón por la que Joshua no está aquí- dijo Ru, recuperando el control rápidamente- y también es la razón por la que últimamente los pasillos no se han abierto-

Ghana soltó una exclamación de sorpresa, pero no dijo nada. Nadie dijo nada.

Saba tembló al lado de Artemis.

-Nuestro problema hoy es que alguien que no somos nosotros sabe de los pasillos secretos de Stormenhand: Viper- a pesar de que Creixell dijera "¡Nooo!", que Hada chillara bajito y que Sean empezara a respirar muy alto, Ru continuó, intentando hablar sobre todo el bullicio sin hacer el ruido suficiente como para llamar la atención de alguien fuera de la habitación- es Viper- repitió.

Artemis reconoció la misma frustración de horas antes en la voz de Ru. Saba volvió a temblar junto a ella. A Ru se le estaba haciendo muy difícil continuar y si no lo hacía en segundos, los demás lo iban a sepultar con preguntas.

-Él es quien ha estado cerrando los pasillos-

Silencio absoluto.

-Es imposible, él no…- empezó Ghana, pero se calló de golpe.

-Joshua le dijo- admitió Ru, asintiendo.

- ¡Traidor de mierda!- rugió Sean.

-Cállate, vas a llamar la atención- le espetó Marcus.

- ¿Y qué vamos a hacer?- preguntó Creixell, con la voz en un hilo.

- ¿Cómo saben que es verdad?- preguntó Otto, desde atrás- ¿cómo saben que Viper está cerrando los pasillos?-

-Porque Joshua nos lo dijo- respondió Ru.

-Es imposible, nadie se echaría la culpa así. Menos Joshua-

-Él nos lo dijo, Otto- aseguró Ru.

-Ru…- Ghana se le acercó todavía más, con cuidado- ¿dónde está Joshua ahora?-

Ru no respondió, en su lugar intentó continuar, pero Ghana lo volvió a cortar.

- ¿Dónde está?-

-Más tarde me pueden preguntar por él, ahora tenemos que ponernos a pensar qué vamos a…-

-No, más tarde no. ¿Dónde está? Más te demoras en responder, menos tiempo nos va a quedar para pensar en los pasillos-

-Ru tiene razón- defendió Marcus- tenemos que pensar en--

-Está en la enfermería-

Ru bajó la cabeza después de confesarlo. Saba, al lado de Artemis, hizo lo mismo. Ambos parecían derrotados.

- ¿Qué?- Otto apareció junto a Marcus de pronto y toda la luz de su lumus lo iluminó. Era como si una esfera azul hubiera encerrado a Otto y a Ru- ¿lo has mandado a la enfermería? ¿Qué diablos le has hecho?-

-Otto, ya basta- medió Ghana, apareciendo ella también en la esfera azul. La culpabilidad en su voz y en la manera en la que se acercó a mediar fue demasiado obvia, Artemis la podía oler a la distancia, después de todo fue ella quien, hacía solo segundos, había obligado a Ru a decir dónde estaba Joshua- Ru ya nos dijo dónde está… ahora tenemos que pensar…-

-Piensen ustedes- cortó Otto, mirando a Ru con asco- yo no quiero tener nada que ver con lo que sea que hayas hecho- y salió de la esfera, es más, salió del corro de chicos y caminó decididamente hasta la puerta.

- ¡No te puedes ir!- ladró Ru, por lo bajo.

-Tenemos que pensar esto juntos- apoyó Ghana.

- ¿Por qué? ¿Porque somos Stormenhand? ... ¿Lo mismo le dijiste a Joshua antes de…?- pero no fue capaz de continuar. Por muy envalentonado que estuviera, Otto era incapaz de atreverse a tanto con Ru. Sobre todo si tenía en cuenta que acababa de mandar a la enfermería a uno de sus compañeros.

-No seas imbécil- le espetó Creixell, acercándosele- si sales y los delegados te ven, nos vas a descubrir-

Otto le cerró la puerta en la cara.

- ¡Ja!- exclamó Creixell ofendida, mirando todavía la puerta- enano idiota…- se volvió hacia los demás- ¿alguien más quiere irse?-

Saba empezó a tamborilear el piso con los pies, estaba ansioso. Artemis le dedicó una mirada fugaz antes de volver a mirar al resto de chicos, ahora estaban todos fuera de la esfera azul de Marcus, dejando solo a Ru, más descubierto de lo que podía aguantar. Sin embargo él parecía impasible. Parecía. Sin necesidad de tener los sentidos de Saba, Artemis sabía que le estaba costando mucho si quiera dirigirse a ellos… cuando eso solía ser una de las cosas que le salía con más naturalidad. Le dio una especie de pena, pero alejadísima, atontada. Como un soplido sobre piel muerta.

- ¿Entonces?- preguntó Marcus- ¿qué vamos a hacer?-

-Sea lo que sea tenemos que tener mucho cuidado- dijo Ghana- Si Viper nos encuentra…-

-Nos expulsa- completó Sean- sin posibilidad de volver. Y quién sabe qué nos hará una vez que ya no estemos aquí…-

-Viper no es un mortífago, Sean- aclaró Creixell, cansada- y si lo fuera, ese no es nuestro problema ahora-

-¿Cómo no? Él es nuestro problema ahora… ¿o qué creen? ¿Que piensa que los pasillos estaban abiertos nomás para el uso de Joshua? Nos debe tener bien chequeados a todos, como sospechosos-

-Pero…- la vocecita de Hada se alzó con suavidad- ¿por qué tendría que estar mal que usemos los pasillos? No estamos violando ninguna regla, no hay nada en el reglamento nada que vaya en contra-

-Los está cerrando, Ha- respondió Ghana, con cariño- si lo está haciendo es porque no quiere que los usemos. Es probable que piense que son ilegales y que nos vaya mal si es que los usamos y nos encuentra-

-Exacto- apoyó Sean.

-Por eso tenemos que recuperarlos- sentenció Ru.

- ¿¡Qué!?-

El chillido de Sean golpeó a Artemis como un sartenazo en la cabeza.

-Esa es la idea más ridícula que se te ha podido ocurrir- dijo al cabo Sean, seriamente- Viper tiene o mil ojos o uno bien grandote y bien en alto, como para vernos a todos. No se le escapa nada-

-No sabe que volamos una vez al año- recordó Creixell.

- ¿Tú crees que no sabe? Se debe haber hecho de la vista gorda… y con más razón todavía tenemos que olvidarnos de lo que acabas de decir. Ya sabe quienes somos…-

-Cada vez que hablas me haces sentir como en una novela de espionaje…-

- ¡Estoy hablando en serio, Creixell! Nunca vamos a poder hacer algo tan grande a escondidas de Viper, ¡sobre todo si él ya sabe de los pasillos! ¡Nos va a matar!-

Eso era cierto. La voz fuerte, chillona y dolorosa de Sean había dado un buen punto que a Artemis no se le había ocurrido hasta el momento y que la verdad le daba mucha flojera analizar, pero por eso no dejaba de ser cierto. ¿Cómo harían para que Viper no se diera cuenta de que… de que qué, exactamente? ¿Qué iban a hacer? ¿Reabrir los pasillos? ¿Con qué magia?

Artemis se separó de Saba con un movimiento suave y se sentó en la cama, subiendo las zapatillas también. Un mareo terrible le acababa de quitar el control de su cuerpo.

- ¿Qué quieres hacer?- preguntó Ru- ¿ir a decirle a Viper toda la verdad? Igual nos va a castigar. ¿Y crees que Gabrián no nos va a decir nada después de eso? ¿Y los demás de Stormenhand cómo se van a sentir? Nos van a detestar porque nosotros descubrimos los pasillos, los usamos sin decir nada y no contentos con eso hicimos que los cerraran. ¿Y tú cómo te vas a sentir? ¿Cómo te sientes ahora, Sean? ¡Esos son nuestros pasillos! Nadie tiene derecho a ir cerrándolos por ahí… Viper se está metiendo con nuestras cosas y piensa que se va a salir con la suya-

-Ru, creo que lo estás tomando muy personal- opinó Hada - el profesor Viper no tiene la intención de insultarnos-

-El punto es- terció Ghana- que Viper es el encargado de disciplina. Si nos descubre usando los pasillos, es demasiado probable que nos joda. Y los va a seguir cerrando hasta que crea que todos los que existen ya están sellados-

-¿No deberíamos decirle a Gabrián?- preguntó Marcus- no porque queramos buscar protección o nada parecido- se adelantó, porque Ru estaba a punto de rebatirle la idea a gritos- bueno ya, a Gabrián no, a Dimber, por último. Podemos confesarle que existen los pasillos secretos de Goldenwand, mostrárselos y explicarle que lo que el profesor Viper está haciendo está mal, porque los pasillos son patrimonio de Goldenwand, son parte fundamental de su historia. De nuestra historia. Hasta le podemos decir que Viper está violentando nuestra identidad y un montón de cosas más. El profesor Bridge nos podría ayudar, él hizo un ensayo sobre los pasillos cuando era más joven-

-O sea que quieres acusar a Viper con Dimber- interpretó Sean.

-No quiero acusar a nadie con nadie, esta es la única manera que se me ocurre sin tener que usar nuestras varitas. Si tú tienes una mejor idea, dila y déjate de joder-

-Sí Sean, ya estás fregando demasiado, a ver dí tu idea- apoyó Creixell.

-A ver di la tuya- respondió Sean, de mal talante.

-Ahí te va: sacarle la mierda a Sean y luego, sin molestias, resolver el problema-

-Creixell, ya- contuvo Ghana.

-No estamos yendo a ninguna parte- gruñó Ru- y se nos está acabando el tiempo-

-Aguanta Ru, hoy no vamos a inventarnos un súper plan para salvar a los pasillos. Ni con la idea de Marcus- dijo Creixell- creo que deberíamos dejarlo aquí, me muero de sueño y cuando tengo sueño no pienso-

-No podemos decirle a Dimber- soltó Ghana, Artemis la había visto con una mano sobándose el mentón, en actitud pensante- por muy buen director o persona que sea, nos va a hacer preguntas. Un montón. Cómo nos enteramos de que existen los pasillos, primero. Luego, qué hemos hecho con ellos. Además, lo más probable es que piense que tiene dos opciones: abrir los pasillos para todos o clausurarlos, pero manteniéndolos con todo este respeto patrimonial del que hablas, Marcus. Por más que nos crea cuando le digamos que no hemos hecho nada malo, no va a poder aguantar a más de trescientos estudiantes usando los pasillos a la vez. Ni siquiera sólo a los Stormenhand. Vamos a terminar prohibidos de usarlos de cualquier manera-

- ¿Compartir los pasillos?- preguntó Creixell, con asco.

- ¿Nos vamos a tener que quedar callados para siempre, Gha?- preguntó Hada, casi al mismo tiempo.

-Al menos por ahora, no hay de otra-

-Tienes razón- apoyó Ru.

-Ya pues, ahí está entonces- apoyó también Sean. Y al parecer el resto también pensó igual, porque todos asintieron con las cabezas y se quedaron en silencio durante un largo rato.

Artemis entrecerró los ojos y se apoyó en la almohada de la cama en la que estaba. Se estaba ocultando de la tensión en las caras de todos, semioculta por la sombra. Esa no era una discusión a la que quería entrar, ya había hecho suficiente con Joshua, esa fue su colaboración. ¿Cómo iba a hacer algo cuando sus piernas todavía le dolían y las malditas hormigas le recorrían todo el cuerpo?

-Oye Ru, ¿cuál es tu cama?- preguntó Creixell, de pronto.

-Esta de la izquierda-

-Juégatela un ratito- pidió ella, caminando hasta la cama que Ru le indicaba, con todas las intenciones de echarse.

-No, Creixell, tenemos que acabar con esto rápido-

-No voy a dormir, sólo quiero cerrar mis ojitos un rato, prometo que voy a escuchar todo-

-Suele hacer eso- admitió Ghana.

-Entonces ¿qué vamos a hacer?- preguntó Saba.

Artemis sintió su voz como una explosión. Como si la hubiera estado aguantando por mucho tiempo. Tal vez por eso todo él se relajó después de hablar.

Ru y Ghana se miraron.

-Yo no quiero que me quiten los pasillos- confesó Ru, al cabo.

Ghana asintió. Ru asintió después de ella. Artemis lo notó aliviado a través de la luz azul.

-Será mejor que no le digamos nada a Otto- dijo él, luego.

Ghana volvió a asentir, pero en esta ocasión se había puesto pálida y sus ojos habían perdido el foco. Como si toda su seguridad se la hubiera regalado a Ru. Era normal, supuso Artemis, a la lejanía. Ir en contra de Viper deliberadamente, jugarse la expulsión de la escuela y más… no podía ser una decisión sencilla.

-Tenemos que averiguar el ritmo de Viper- dijo Marcus, al rato, su voz era seca y ronca y casi no se escuchaba- y tenemos que… averiguar el tipo de magia que se usa para cerrar puertas así. Yo le puedo preguntar al profesor Bridge-

-Nadie puede saber, Marcus- le dijo Ru, con un profundo cariño. Artemis había olvidado que ellos dos eran mejores amigos, hasta ese momento- por muy bueno que sea-

-Sin levantar sospechas, entonces-

Todos asintieron y después de eso no dijeron una sola palabra durante minutos. Incluso Marcus apagó su lumus, pero nadie fue capaz de moverse.

Artemis miró por la mampara, desde ahí adentro no se veía la luna, pero el cielo estaba oscuro y limpio, sin estrellas. Parecía un telón negro delante del cual bailaban las copas altísimas de los árboles.

Los árboles que se habían movido con ella unas horas antes.

- ¿Qué pasa, Sean?- oyó preguntar a Marcus.

-Ya, este… que yo no…- Sean se cortó. Por primera vez su voz no alteró a Artemis- yo no puedo hacer esto, chicos. No… ni siquiera creo que ustedes deban. Los van a botar si los descubren. Y yo no… no me pueden expulsar de esta escuela. No. No puedo. No… No. Olvídense de que he estado aquí, porque si Viper los descubre y quiere agarrarlos, va a empezar a preguntar a la gente y yo no los quiero fregar-

-Tú no eres el único que tiene miedo, Sean- dijo Creixell, con la voz ronca, desde su lugar- mejor quédate con nosotros y nos aguantamos entre todos-

-No puedo-

-Marica- soltó ella, sin un atisbo de la voz amigable (aunque ronca) de unos segundos antes.

-Algún día te voy a…-

- ¿Me vas a qué?- preguntó Creixell, incorporándose- ¿me vas a dar mi merecido, ah, marica? No creo que puedas si quiera levantar tu varita sin mearte de miedo-

- ¿Ah no? Ven a ver, marimacho-

-Sí pues, ¡yo también creo que soy más hombre que tú!-

Pero antes de que pudieran lanzarse el uno sobre el otro, Saba se había puesto de pié (ya no había podido controlar ese impulso en particular, probablemente porque había controlado todos los anteriores) y se plantó al centro de los dos, brillando con su propia luz, que era blanca, y haciendo volar sus varitas.

-Gracias, Gha- aunque tal vez había tenido un poco de ayuda- ¿ya?- les preguntó a Creixell y Sean, severo- ¿terminaron?-

Iluminados por Saba, Creixell y Sean se veían furiosos el uno con el otro. Botando fuego por las fosas nasales y listos para hacer al elfo a un lado y empezar a darse de golpes.

-Si no quieres estar aquí, mejor te vas, Sean- dijo Saba, tranquilo- no hay problema, de verdad-

-Gracias, Saba-

-Sólo te lo está diciendo para que no te pongas a llorar, mariquita-

-Creixell ¡ya basta!- le llamó la atención Ghana- ¡no es tu asunto que Sean se quiera ir! Accio varita- la varita de Sean voló suavemente hasta la mano de Ghana, quien se la tendió amable pero secamente- tómala, Sean…-

Sean dejó de mirar con rabia a Creixell y cogió su varita. Sin decir una sola palabra. Lo mismo que cuando se fue.

-Sean, espera…- Hada se puso de pié de un salto y corrió tras él. No para traerlo, eso quedó clarísimo.

Todos se quedaron estupefactos. Incluso Creixell, que segundos antes rugía en la oreja de Saba. Artemis los vio claramente, menos a Marcus, que le estaba dando la espalda: se quedaron quietos, como si los hubiera sorprendido una maldición por atrás. Con miles de pensamientos rondándoles por la cabeza que no los dejaban respirar bien. Que ni siquiera los dejaban respirar, porque Artemis no escuchó ni la más sutil inhalación durante mucho tiempo.

-Bueno…- dijo Ru, trabajosamente- somos los que somos-

Todos asintieron quedamente.

-Esto va a ser mucho más difícil y peligroso que salir a volar de incógnito- soltó Ghana, más para ella que para el resto.

-Si no quieres…-

-No estoy diciendo que no lo vaya a hacer-

-Ni una palabra a nadie más- recordó Ru.

-Si nos encuentran les van a preguntar a ellos- admitió Marcus.

-No creo que pueda convencerlos de que esto no ha pasado- dijo Saba, en un susurro.

Ru asintió.

-Ya pensaremos en algo-

-Ya ¿Cuándo empezamos?- preguntó Creixell, sombríamente.

-Mañana- respondieron los demás, a la vez.


-Gracias por dejarme solo- les dijo Ru a Artemis y a Saba después de despedir a Creixell que subió a su habitación por el balcón, usando el encantamiento de la sábana.

-Gracias por emboscarnos- contraatacó Saba, tranquilo a pesar de todo… pero serio- nos pudiste haber dicho que habías llamado a la gente. ¿A qué hora los llamaste?-

-Ni bien entraste con Joshua a la enfermería- respondió Ru, fríamente- le mandé un mensaje a Marcus diciéndole que le pasara la voz a la gente que volaba-

-Pero ni siquiera sabías si Joshua iba a salir o no-

-Tenía que reunir a todos para decirles lo que había pasado. Un poco de apoyo hubiera estado bien-

-Si quieres que le diga a los demás que yo también le pegué a Joshua, lo hago-

-No creo que hablar de eso arregle las cosas-

-No tenías por qué llevarte toda la culpa-

Artemis asintió.

-En verdad no me he echado la culpa. Nadie sabe lo que le pasó, sólo saben que está en la enfermería luego de hablar conmigo. Y también saben que ustedes tienen algo que ver; en verdad… prefiero que cada uno se imagine lo que quiera. Ya pasó, no hay nada que hacer al respecto-

-No eres el único que ha tenido un mal día, Ru. Yo iba a estorbarte más que otra cosa-

Mentira. Saba jamás estorbaría a Ru. Las cosas habrían sido mil veces más fáciles con el elfo adelante junto a él, tranquilizando a la gente con sus ojos azules y la luz de su rostro… Saba mismo lo sabía. Él había querido ir con Ru. Artemis lo notó. Sus piernas y su tronco amagaban pasos a cada rato, pero otra cosa lo mantenía quieto en su lugar, como si le hubiera lanzado un serpens surgit: ella. Saba la había llevado hasta atrás porque el aniversario acababa de pasar, porque sabía como se sentía sobre las miradas de los demás y cómo los demás se sentirían al mirarla. Porque sabía que necesitaba descansar.

Saba la había llevado hacia atrás y se había quedado a su lado porque la estaba cuidando. Sin embargo, ella no necesitaba que la cuidaran, la capucha la ocultaba bien, si se cansaba, podía sentarse en una cama. Lo sabía, pero no se lo dijo.

-Ya está, Sean dice que no va a entrar- dijo Ghana, apareciendo en el balcón- que no hay problema con que se quede en el sillón de abajo-

Ru, Saba y Artemis asintieron, aunque esta última lo hizo sin saber realmente por qué.

Artemis estaba demasiado preocupada pensando lo refrescante que era estar ahí, con el viento soplando fuerte y haciendo más frío su cuerpo de por sí ya frío y llevándose las voces lejos, de manera que no tenían que chocar directamente con ella.

Las cortinas empezaron a batir y las capuchas que pendían de sus capas bailotearon sobre sus espaldas sin tregua, como si el viento de las cuatro de la mañana se hubiera encabritado de pronto.

Artemis miró hacia el bosque. Los árboles estaban quietos, sus hojas se movían a penas en lugar de azotarse unas contra otras como deberían… no, no deberían, porque de pronto ese viento se le hizo sumamente familiar.

-Saba- llamó, bajito.

-Dime-

-Agárrame-

Artemis sintió un golpe curioso, como si el viento fuera un látigo y la acabara de azotar. Y luego nada, ni los brazos de Saba que evitaron que se diera de bruces contra el suelo.

Artemis intentó estirarse en su lugar. Estaba parada en medio del balcón de la habitación de los chicos de su curso, era de noche y todo era idéntico a lo último que había visto a excepción de dos cosas: las personas y, lo más importante, la falta de viento.

Intentó estirarse de nuevo y por fin se dio cuenta de qué era lo que la detenía: su propia ropa. Pesaba demasiado y estaba muy ajustada a su cuerpo, como si se hubiera sumergido en brea; le era imposible moverse a voluntad y estaba empezando a sentirse sofocada.

Pasó del sofoco a la desesperación en menos de un segundo cuando se dio la vuelta, a duras penas, y notó que no estaba en el balcón de la habitación de los chicos, si no en el claro de Goldenwand a miles de metros de altura, a punto de hacer un Salto nocturno. No iba a poder moverse, con todo ese peso se iba a estrellar en segundos contra el suelo y ni siquiera tendría la opción de sentir el aire contra su rostro porque, a pesar de que este estuviera descubierto, tampoco podía percibir ni una pizca de viento.

Empezó a ahogarse.

Greenhouse estaba detrás de ella y la empujó. Saba gritó su nombre mientras caía y caía y al lado de ella, casi a la misma velocidad iba Joshua, dormido, inconsciente.

Cuando golpeó el suelo se estremeció y por unos segundos todo se volvió negro. Su cuerpo se relajó y algo le dijo que eso había sido el final de su pesadilla, que a continuación despertaría o, por lo menos, volvería a dormir en paz.

Cuando abrió los ojos, estaba en la enfermería. Tenía lógica. Probablemente Saba se había asustado y había terminado llevándola allá, de cualquier manera no era una novedad para Miss Grapehood.

A unas camas de distancia estaba el biombo que cubría la cama de Fleance y justo frente a él, taponeando la puerta de entrada, la cama de Joshua.

Artemis dio un salto para ponerse de pié y correr a verlo. Urgencia rara. Pero no pudo, nuevamente su cuerpo estaba demasiado pesado, a pesar de no tener nada más que una bata negra en el cuerpo. Ni sus botas.

Se miró los pies y su corazón empezó a latir con mucha fuerza cuando notó que estaba descalza.

-Sería mucho más fácil para ti descansar si no estuvieras pensando tanto- le dijo Harry, saltando de la cama de Joshua, que se desinfló como si fuera un globo recién pinchado. Al frente, también se desinfló la cama de Fleance y a unas camas, la propia. Toda la enfermería se desinfló dejando a Artemis en medio de la nada, desesperada pero sin encontrar un lugar o alguna cosa con la que pudiera esconder sus pies.

Harry los miraba atentamente.

-Me duele la cabeza- fue lo único que se le ocurrió para distraerlo y que además era cierto.

-Con más razón-

-No puedo- admitió Artemis, intentando ocultar sus pies entre ellos mismos. Poniendo uno encima del otro una y otra vez.

- ¿Cuál es tu problema hoy, Artemis?-

Ella miró a los ojos de Harry fijamente como respuesta.

- ¿Qué?- preguntó él a su vez, desentendido- ¿debería saberlo?-

De pronto su rostro se volvió idéntico al de Ru. Con el mechón sobre un ojo y todo. Artemis retrocedió lo más que pudo con esa ropa pesada encima, pero él avanzaba más rápido. El avanzaba, más bien y a ella sólo le quedaba la impresión de estar dando pasitos que la hartaban. Chiquitos y pesados.

Tenía que salir de esa pesadilla, cortarla de nuevo. Tras Ru acababa de aparecer Saba, que llevaba a Sami en brazos, porque se había desmayado y detrás de él iba Gamma y tras Gamma, todos sus compañeros de Stormenhand y detrás, delante y a los lados, las presencias de su padre y de su tío Lupin, como fantasmas que nunca se cansaban de mostrar la cara.

Cerró los ojos por unos segundos y tomó aire. Tenía que salir de ahí.

Miró a su alrededor. Todo acababa de adquirir sentido. Ya no eran lugares sombríos o luminosos, eran estructuras reales, el Castillo Joven, más bien, los pasillos idénticos a como eran en realidad. Un poco más largos, pero eso no le importaba porque sabía que si giraba ahí a la derecha, podría llegar a las escaleras y sabía que si se aplicaba a correr con todas sus fuerzas por aquellas que fueran las correctas estaría en un segundo. Sí, ahí.

El viento aún no la golpeaba, aunque estuviera bastante alto. A pesar de todo, sonrió contenta. Un segundo más y nada. Se sintió a salvo durante unos instantes, hasta que tomó una bocanada profunda de aire y se dejó caer.

And I find it kind of funny, I find it kind of sad
the dreams in which I'm dying are the best I've ever had
I find it hard to tell you, I find it hard to take
when people run in circles its a very, very
mad world, mad world.

-Abre la ventana, se debe estar fermentando dentro-

- ¿No se va a resfriar?-

-No creo. Ya, oye, yo bajo a hacer la cosa esa para Encantamientos Ocultos ¿bajas?-

-Más rato-

Lo primero que sintió fue que las puntas de sus pies estaban heladas, probablemente por todo el tiempo que había estado descalza. Luego un chispazo de lucidez le hizo reconocer que no eran sólo las puntas de sus pies o sus pies completos, o hasta los talones los que estaban fríos, sino todo su cuerpo. Y un segundo más, el que la alejó por completo del terreno de sus sueños, le recordó que siempre era así.

Siempre, después de un aniversario su cuerpo se ponía helado como el de un muerto y sólo el Fuego de Lámpade que Sami invocaba le hacía sentir calor.

Oyó un traqueteo insistente, luego un par de maldiciones y finalmente una ráfaga de aire que pasó sobre ella, separándose tan claramente como el agua del aceite.

La cabeza estaba helada y le pesaba, igual que el resto de su cuerpo. Abrió los ojos con pereza, tal vez Miss Grapehood estuviera por ahí para darle algo.

Pero no estaba en la enfermería.

No había camillas a su alrededor, sino camas adoseladas tendidas con cubrecamas de color morado oscuro, que combinaban con las alfombras de un tono más claro que tenían tejidas a lo largo enredaderas plateadas. Los colores de Stormenhand. Qué raro, Artemis podría haber jurado que estaba en la enfermería, con Saba a su lado. Lo sentía ahí. Casi lo podía oler.

Se volvió a la izquierda con cuidado y cuando lo hizo, su nariz se enterró de lleno en la almohada que olía exactamente como su mejor amigo. Artemis cerró los ojos y aspiró profundamente. No había ninguna duda ya, esa era la cama de Saba. Las almohadas olían a su cabello, las sábanas tenían su esencia… era casi como si su mejor amigo la estuviera abrazando… sin poder reconfortarla, lamentablemente.

-Tú eres bien débil, ¿no?-

Levantó los ojos y vio a Ru apoyado en una de las mamparas del balcón de la habitación de chicos. Sus brazos estaban cruzados y el ceño lo tenía fruncido.

Ella no respondió.

-Después de que te desmayaste anoche, has dormido todo el día- continuó él, después de quedársele mirando un tiempo más- Ghana tuvo que ir a tu cuarto por si acaso alguien se daba cuenta de que te habías quedado aquí-

Ella no respondió.

-Saba durmió en la cama de Sean- agregó Ru- ¿dejo la mampara abierta o cerrada?-

Se quedó de brazos cruzados, al parecer, esperando una respuesta.

Artemis miraba partes de su cara y eventualmente se aventuraba a pasar por sus ojos, pero de manera tan rápida que a penas podía percibir su color. Eran los suyos. Los de nadie más. Su cara no cambiaba de formas, aunque sí de luces y de ángulos, conforme mirara por la mampara o la mirara a ella.

Pero, sin distraerse, lo cierto era que estaba en la cama de Saba, en la habitación de los chicos y eso ya no era un sueño.

-Buenas noches-

Saba entró a la habitación con un portazo, caminando rápida y ligeramente, con una sonrisa en los labios cordial pero nerviosa. Sin tomarse la molestia de hablar con Artemis o comprobar si estaba dormida o despierta, pasó uno de sus brazos alrededor de su cuello y la haló de la cama lo más fuerte que pudo, flexionando las piernas primero y luego estirándolas, logrando en menos de un segundo que Artemis estuviera apoyada en su cuerpo con los pies chocando el piso.

Ella se los miró: tenía sus botas puestas. Alguien se las había puesto.

-Sí, ella morirá con las botas puestas- le dijo Saba a Ru, cuando entró al balcón- sujétate fuerte- le indicó a Artemis justo en el momento en el que apretó más de su cintura con la mano izquierda y con la derecha sacaba la varita de su bolsillo- Joshua va a entrar en cualquier momento al cuarto- advirtió Saba a Ru- no lo mires a los ojos por mucho tiempo porque se va a acordar de todo. Nos vemos en Astrología-

Luego apuntó a Artemis y la hizo ligera, después realizó el hechizo de la sábana y subió con ella a cuestas a la habitación de chicas, que estaba completamente vacía.

-Perdona por no haberme tomado el tiempo para hablar contigo- le pidió, mientras la ayudaba a echarse en su cama- igual no creo que quieras ¿no? Está bien, supongo- su mejor amigo sonrió- te veo muy cansada… duerme nomás, Creixell se está asegurando de que nadie entre por lo menos hasta dentro de una hora, no hay problema, mañana nos vemos-

Artemis asintió. Saba la había acostado con tanta delicadeza y esmero que hasta había logrado que se relajara un poco. Así que después del beso que su mejor amigo le dio en la frente, Artemis no tuvo que hacer más que cerrar los ojos para quedarse profundamente dormida.

-Apuesto que odias la esgrima ahora- le dijo Harry.

Artemis negó. Tenía puesto el mismo protector de pecho que había usado como coartada el día que atacaron a Joshua. El día del aniversario. El mismo protector de pecho que no la dejó desmayarse.

-Pero tu cuerpo está temblando. Te mueres de frío. Las hormigas esas pasan por todo tu cuerpo y la cabeza no te va a dejar de latir hasta quien sabe cuando-

Pero no era la culpa del protector de pecho que ella hubiera tenido el aniversario. Ella no lo había previsto, así que finalmente era su culpa. Torpeza de su parte, porque lo tenía todo: el Filtro de Muertos en Vida hecho por Saba y el Félix Felices de Sami… sus mejores amigos se habían esforzado más que ella para librarla del aniversario y ella no pudo hacer su parte. Chiquitita: beber. Y ya. Pero no.

- ¿Y ese hombre? El que te vio…-

Artemis negó. Que hubiera despertado en el despacho del profesor Gamma no significaba absolutamente nada para ella y no iba a significar nada para él tampoco porque no tenía ni la menor intención de hablarle o de agradecerle o de pedirle disculpas, es más, estaba segura de que para finales de año, la gárgola Gamma ya lo habría olvidado.

-Entonces nada te molesta- dijo Harry a su lado- ¿y por qué estás así?-

La altura a la que estaba era inimaginable, tan increíble como el viento que corría por el pequeño pedazo que concreto que estaba sujeto a una torre sin importancia. En ese pequeño pedazo de concreto, atrapada en ese viento, a esos metros de altura, estaba Artemis, a un paso del borde, con ambos brazos extendidos y la vista fija al vacío.

-No es eso- dijo ella.

Lo sabía todo. Lo tenía presente a cada momento, como el movimiento de las miles de patas de las miles de hormigas y la impresión de que en algún momento se iban a escapar de ella.

- ¿Entonces?-

-No sé-

-Artemis, tienes que despertarte-

-¿Qué…?-

Entre sueños, Artemis sintió que Ghana aparecía frente a la niebla dentro de su cama y la halaba fuera. Más como parte de un reflejo que como un acto consiente lo único a lo que pudo atinar fue a tomar su capa de encima del baúl y a seguir, con pasos torpes y mal calculados por el camino por el que Ghana la llevaba como un perro lazarillo.

A los pocos minutos de caminar entre oscuridades que se confundían con sueños que se confundían con la realidad, la mano de Ghana la soltó y ella casi se va hacia atrás, porque seguía pensando que estaba dormida y que lo más probable era que su cama le detuviera la caída, sin embargo, un silbidito agudo llamó su atención. Estiró una mano para pasarle la voz a Ghana y preguntarle qué era todo eso… pero ya no había Ghana.

Artemis se puso la capa encima antes de avanzar, convencida de que afuera la esperaba un paisaje improbable que le quitaría los zapatos y estaba tan preocupada por eso que avanzó sin pensarlo y al hacerlo alguien la golpeó contundentemente en la cabeza. O eso pareció.

- ¿Black? ¿Black?-

- ¿Artemis, estás bien?-

-Háganle espacio-

-Artemis…- susurró la voz de Saba, a su oído.

Ella se incorporó con cuidado. Sentía su cabeza veinte veces más grande de lo que era.

- ¿Qué?- le preguntó a Saba.

- ¿Estás bien?-

Estaba despierta, para empezar... descompensada y con la respiración agitada, producto de haber despertado de golpe. Además, tenía las manos tapando sus ojos. Sus dedos pulgares podían sentir las venas de sus sienes latiendo intensamente… pero esa no podía ser la razón por la que estaba así.

Quitó ambas manos maquinalmente e intentó abrir los ojos, todo en menos de un segundo, pero sintió tanto dolor que volvió a cerrarlos y volvió a encogerse sobre sí misma. Eso era.

-Cuidado que vomita-

-No va a vomitar, Ru. Ojalá-

- ¿Estás bien?- volvió a preguntarle Saba.

Artemis asintió con los ojos cerrados y la cabeza agachada.

-Tienes que ir abriendo los ojos poco a poco para que te vayas acostumbrando- le susurró su mejor amigo.

Artemis volvió a asentir y dejó de apretar sus párpados, primero. Luego relajó el resto de la cara y abrió una pequeña rendijita para ver.

No había dolor, pero sí muchas piernas muy cerca de ella. Que probablemente correspondían a las voces lejanas que había escuchado.

Se incorporó de golpe y afrontó el dolor de cabeza producto de la luz, intentando no hacer ninguna mueca que alimentara más el show que había empezado a montar. Los miró a todos, a los definidos y a los borrosos y les demostró que no había problema.

Ru, Creixell y Marcus la siguieron mirando, sin embargo.

Y unos cuantos más, por detrás de ellos. Lila Elmira, para ser más exactos. Y tras ella, un chico que pasaba la mirada por el lugar. ¿Dónde estaba? Conforme iban pasando los segundos, su visión se iba regularizando así que todas las formas que veía a su alrededor no eran espejismos o reflejos de un mismo cuerpo, como había pensado al principio, si no que pertenecían a personas. A muchas personas.

-Estamos en el techo, literalmente, de la Fortaleza- le explicó Saba.

¿En el techo? ¿¡A dos centímetros del sol!? ¿Por qué habría tanta luz, sino?

-Ah, la luz que te cegó es un encantamiento de Lila Elmira-

Claro.

-Lo aprendió de los otros delegados, es una tradición- acotó Marcus, fingiendo solemnidad.

-Parece una bola disco- admitió Creixell- ¿creen que la podamos usar para alguna fiesta?-

- ¿Qué pasa?- preguntó Artemis.

En su intento por no prestarle atención a la luz que le provocaba un dolor taladrante desde la nuca hasta la punta de la cabeza, se había dado cuenta de que el techo de la Fortaleza estaba lleno de gente tan confundida como ella, todos en pijama, con las capas encima y, lo que más le llamó la atención, con la capucha puesta, como si estuvieran fuera.

Se palpó la cabeza, ella también estaba encapuchada.

-Sabemos tanto como tú- admitió Saba- primero nos llevaron a la plata baja de la Fortaleza, luego nos hicieron subir y ahí fue donde Ghana aprovechó para ir a traerte. Yo lo iba a hacer, pero sólo los delegados tienen el poder de moverse libremente-

-Y el profesor Bridge- acotó Marcus, señalando a una de las esquinas.

Su profesor de Historia de la Magia estaba junto a un par de delegados, conversando alegremente.

-Te mueres por ser uno de ellos, ¿no?- le preguntó Ru a su mejor amigo.

-La idea es que no sabemos qué pasa- respondió él- Gabrián tendría que venir en algún momento para explicarnos. Yo creo que va a pasar un cometa o algo parecido-

Artemis asintió y se apoyó un poco en Saba para no irse de costado. Todavía no se sentía bien, no tenía la suficiente energía como para estar parada durante tanto tiempo y esa maldita luz no le hacía muchos favores, que digamos.

-No te ves bien- dictaminó Creixell, luego de darle un vistazo largo- esta luz es demasiado fuerte… voy a ver que se puede hacer…-

-No te mo…-

Pero era demasiado tarde, Creixell ya estaba girando sobre sus ejes, buscando algo.

-Delegada Elmira- llamó seriamente, pero de inmediato se volvió a los demás con una sonrisita- le encanta que le digan así, miren como se infla como pavo- delegada Elmira- volvió a llamar y siguió así hasta que le hizo caso.

Elmira estaba a unos centímetros de ellos, parada como una gárgola vigilante, probablemente atenta a cada palabra de su conversación y de las conversaciones aledañas, sin embargo, sólo después de muchos de los llamados de Creixell, ella se volteó e hizo como si la viera por primera vez. Parecía estar mirando a un criminal.

- ¿Qué pasa?- le preguntó.

- ¿Le podrías bajar un poquito a tu luz? Nos está haciendo daño-

-No te veo mal-

-Bueno, no a mí- admitió Creixell- pero a Artemis le duele la cabeza, seguro que a alguien más por ahí también-

- ¿Ah sí?- Lila Elmira giró su cabeza hacia Artemis y la escudriñó meticulosamente- ¿te duele la cabeza?-

-Tengo migrañas- soltó Artemis con la voz baja y ronca. No quería decirlo, pero Creixell la había metido en un aprieto del que no se iba a salvar quedándose callada.

-No sabía que sufrieras de eso también- respondió Elmira, sorprendida.

-Si, ya, bueno, ¿la bajas o no?- interrumpió Ru, harto.

-No seas maleducado, Hugin-

-La maleducada eres tú, Artemis te está diciendo que se siente mal y a ti no se te ocurre otra cosa mejor que interrogarla-

- ¿Le bajas o no a la luz, Lila?- preguntó Creixell.

-No, lo siento. A la profesora Gabrián le parece perfecta como está-

-Ya, gracias- sonrió Saba y se dio media vuelta, sosteniendo a Artemis cuidadosamente por la espalda. Los demás lo siguieron.

- ¿A dónde van?- llamó Lila.

-Lejos de la luz-

- ¡Pero no se vayan muy lejos!-

-Ya…-

Saba encontró un buen rincón que escapaba de la poderosa bola disco de Lila Elmira casi en su totalidad, al lado contrario del flanco que daba al Paso. Ahí la iluminación era cálida y suave, como si alguien hubiera encendido un Fuego de Lámpade en lugar de la bola tóxica esa, cosa que habría sido más inteligente, en opinión de Artemis. El techo de la Fortaleza iluminado por frascos levitantes de Fuego de Lámpade, que respetaban la penumbra de la noche y permitían que se vieran las estrellas con más claridad.

De cualquier manera, Artemis sentía como si le hubieran tirado un balde de agua fría en la cabeza después de un día caminando en el desierto.

-Al menos nos alejamos de la narizota de Elmira- se alivió Ru.

- ¿Nos quieres decir algo?- le preguntó Marcus, al cabo.

Artemis recordó vagamente una conversación en el cuarto de chicos, tan lejana y borrosa que parecía haber pasado cuando ella recién empezaba a entender las palabras. Algo sobre los pasillos secretos y Viper. Algo sobre Joshua. Claro. Horas antes y después del aniversario. Claro.

La promesa tácita de salvar los Pasillos Secretos de Stormenhand de su clausura definitiva.

-Joshua ya volvió a clases- empezó Ru. Artemis notó que hablaba maquinalmente- y por ahora no se acuerda de nada de lo que pasó- Tenemos que aprovechar y seguirlo por donde vaya-

-Yo no lo he visto ni pasar por los pasillos que vigilo con Ghana- admitió Creixell- Al menos por ahí no va-

Ru asintió.

-Igual, tenemos que—

- ¡¡PROFESOR BRIIIIIDGE!!-

Tan pronto como escucharon el grito descarnado de una alumna, todos los estudiantes de Stormenhand que pudieron corrieron en estampida hacia donde estaba ella, pálida y quieta como una estatua, señalando con una mano al horizonte.

Saba abrazó a Artemis y la cubrió de los chicos que pasaban golpeando sus hombros entre ellos y empujándose sin cuidado. Ru, Marcus y Creixell también se habían quedado quietos, incapaces de reaccionar en los microsegundos que habían pasado desde su charla normal hasta esa estampida, atinando sólo a cubrirse y a esquivar la mayor cantidad de codazos y pisotones que pudieran.

Todo pasó demasiado rápido.

Segundos después, alguien más empezó a gritar. Un segundo después, dos más y así y así hasta que pareció que todos los que estaban al frente gritaban, en los registros más variados. Agudos, graves, de chicos, de chicas, de niños y de los más grandes.

Artemis quiso desembarazarse del abrazo de Saba para ver lo que estaba pasando, pero el alboroto, los gritos y la odiosa luz de Lila Elmira le provocaban un dolor punzante en la tapa de la cabeza, que le nublaba la vista y la mareaba. No se movió. Saba tampoco, ni Ru, Creixell o Marcus. Se habían quedado como petrificados, mirando hacia delante: de pronto todos estaban en la parte contraria de la azotea, formando una pared de espaldas rectas y capuchas erguidas que no daba el mejor de los augurios.

Ru fue el primero en correr hacia ellos.

Saba y Artemis lo siguieron. Como de costumbre, su mejor amigo hizo que las personas se separaran para dejarlo pasar (aunque ni siquiera lo hubieran visto) y llegaron a la primera fila en un santiamén, junto a Ru, que se había quedado tan quieto y tan erguido como el resto.

A Artemis se le heló la sangre después del primer vistazo.

Las Lámpades estaban ahí. Saliendo del Bosque de Stormenhand, acercándose a la Fortaleza, con sus capuchas, sus rostros vacíos y sus ojos que brillaban intensamente en la oscuridad. Muy intensos, como cuando persiguieron a Otto porque estaba bañado en Fuego de Lámpade.

-No las miren a los ojos- le dijo Saba a todos los que estaban a su lado- pasen la voz, no las miren a los ojos-

Que un murmullo apareciera le hizo dar cuenta a Artemis que, de pronto, todos se habían quedado en el silencio más absoluto posible. Sin gritos, sin respiraciones, siquiera. Todos se habían quedado mudos, mirando a las Lámpades arrastrarse hacia la Fortaleza, con sus manos hacia delante, buscando algo.

- ¿Esas son Lámpades?- preguntó Creixell, en un susurro.

- ¡Creixell!- oyeron desde atrás, un grito nítido y probablemente más fuerte que lo que debería por la ausencia de ruidos- ¡Creixel!- volvieron a escuchar. Artemis se volvió y vio a Ghana apareciendo entre la mar de alumnos de Stormenhand, buscando a Creixell como una loca- ¡no las mires a los ojos!- le dijo, cuando la encontró.

- ¡Gha!- llamó Marcus, estaba al lado de Saba, junto a Ru, mientras que Creixell estaba al lado de Artemis- ¿qué está pasando?-

-Ni que fuera adivina- empezó Creixell, pero Ghana la cortó.

-Los profesores deberían estar ahí abajo- respondió, lívida- las Lámpades se salieron de control hace un rato… se suponía que los profesores podían tranquilizarlas a tiempo… pero no sabían cuántas eran ni cuan… hambrientas estaban… pero no están, así que…-

-Ni se te ocurra bajar ahí, Ghana Abies- le advirtió Creixell.

- ¿Tienes idea de lo que puede pasar si las Lámpades suben aquí? Nos van a volver locos a todos, Creixell-

- ¿Dónde está Otto?- preguntó Ru, de pronto.

-Ni idea-

- ¡Elmira!- llamó la voz amplificada del profesor Bridge, que se las arreglaba para permanecer tranquila y asequible, a pesar de todo- ¡Hazte de alguien y llévate a los chicos de primero atrás!-

- ¡Ghana!- llamó Ru, apurado.

- ¿Qué?- preguntó Ghana. Artemis se sorprendió cuando la vio, Ghana casi nunca sentía miedo y en ese momento era bastante obvio que estaba asustada.

-Que se lleven a Otto atrás también, con Hada si se puede. Le tiene terror a las Lámpades-

Ghana asintió.

- ¡Lila!- llamó.

- ¡Ghana!- respondió ella, dando codazos para poder aparecer, estaba muy agitada- te llama el profesor Bridge… dice que es urgente-

-Ya. Necesito que me hagas un favor-

Pero antes de que Artemis pudiera escuchar el resto, Ghana había desaparecido entre la multitud, junto con Lila Elmira y la urgencia del profesor Bridge.

- ¡Mierda!- masculló Creixell.

- ¡Escúchenme todos!- volvió a hablar el profesor Bridge, esta vez sí sonaba grave- ¡Hagan lo que hagan no las miren a los ojos! ¡Puede que parezca que están lejos, pero al poder de estas criaturas le importa muy poco las distancias!-

- ¿Por qué el profesor Bridge dice las instrucciones en voz alta y manda a llamar a Ghana a través de Lila Elmira? ¿Por qué no la llamó así también?- se preguntó Marcus.

Artemis miró a Saba. Él asintió.

-Ya me estoy encargando- dijo y sus orejas puntiagudas de elfo temblaron para corroborarlo.

Creixell, Marcus y Ru se pegaron todavía más de lo que estaban. De pronto ellos más Artemis y Saba eran un bloque macizo y compacto… tal vez era una buena manera de confrontar el miedo, pero a Artemis no le hacía sentir nada en absoluto. No sólo porque tuviera las secuelas del aniversario encima, sino porque, por alguna extraña razón, las Lámpades, lejanas y en sombras como estaban, le producían una atracción difícil de resistir. Como el calor del Fuego de Lámpade, que era el único que podía sentir durante esos días, las Lámpades eran (hasta el momento) lo único que hacía que su cuerpo y sus sentidos reaccionaran.

-Bridge le está hablando a un grupo de chicos, mayores, parece. Ghana está ahí- empezó Saba- Gerard Greenhouse, Alea Brown… unos más, tampoco son muchos-

- ¿Qué dice?- preguntó Creixell, impaciente.

-Habla de una reunión. En el Paso. No entiendo… espera, Ghana está preguntando… "…pelear?"- Saba se quedó en silencio- "Sí, Ghana, si los profesores nos envían su señal de ayuda. Se encontrarán en El Paso con los estudiantes de los otros señoríos"-

Creixell se tapó la boca con las dos manos y sus ojos se llenaron de lágrimas.

Artemis miró al frente. Las Lámpades habían desaparecido momentáneamente.

-Significa que se les ha ido de las manos- susurró Marcus para sí mismo.

-Ya no veo a ninguna- alentó Ru.

-No- dijo Creixell, sacudiendo la cabeza. Giró al frente, hacia el Bosque y durante unos segundos mantuvo la mirada perdida sobre él. Luego se quitó la varita del pelo y desapareció entre la gente, meneando la espesa cabellera en su camino.

- ¡Creixell!- llamó Ru, pero Saba lo detuvo.

-La gente está muy asustada, aunque no parezca, cualquier escándalo los va a volver tan locos como las Lámpades- le dijo.

- ¡Ru! ¡Ru!- oyeron por atrás.

- ¡Aquí!- gritó Ru- ¡Adelante! ¡Sigue el brillo de Saba!-

Sean apareció unos segundos después. Estaba como loco.

- ¡Creixell se quiere ir a pelear con Ghana!-

-Shhhh. Sean, baja la voz- pidió Saba.

-La acabo de escuchar- continuó Sean, más bajo- Ghana le está diciendo que no, pero la otra está tan necia que va a terminar haciéndolo--

Una explosión los dejó quietos por unos segundos.

Inmediatamente después todos los alumnos de Stormenhand empezaron a apretarse unos a otros hacia delante, intentando hacerse paso hacia lo más cerca que pudieran del borde del techo, para ver lo que estaba sucediendo afuera.

Artemis sentía que se estaba quedando sin aire a causa de la fuerza con la que la estaban empujando hacia la piedra, pero no le importaba. Acababa de ver a una Lámpade de nuevo, esta vez retrocediendo a causa del árbol enorme que iba a caerle encima.

Pasaron unos segundos que parecieron minutos hasta que vieron quien había sido: Vega Viper, saliendo del Bosque de Stormenhand con la varita en alto y la capa flameando furiosa, como si se estuviera produciendo un torbellino a a centímetros de él.

- ¡Atrás!- le oyeron bramar.

Ru y Marcus empezaron a mascullar una serie de insultos en voz baja y contenida, pero no continuaron, porque inmediatamente después del grito de Viper salieron del Bosque de Stormenhand tres sujetos encapuchados corriendo a toda prisa, precedidos por tres seres plateados brillantes y enormes.

-Patronus- susurró Saba, con emoción.

Los tres animales desprendían una luz plateada tan potente que hacía que la noche oscurísima se aclarara, pero no como la luz insolente de Lila Elmira, sino como haces de luces cautelosos que se hacían paso ágilmente entre la penumbra. Artemis sabía que era imposible porque ellos estaban muy lejos, pero sentía que los tenía al lado por la automática sensación de seguridad que la alcanzó con sólo verlos.

Los tres patronus eran perfectos, enormes y se acercaban sin una pizca de miedo a las Lámpades.

Un león, un lobo enorme y algo que parecía un ciervo con la cornamenta chueca en forma de V. Ellos se asegurarían de que todo terminara.

- ¿Son patronus de verdad?- preguntó Marcus, con la voz rasposa, a causa de la continua oleada de Stormenhand que empujaban hacia delante.

-Son tan brillantes…- comentó Sean.

- ¡Ese es Gamma!- Ru señaló al encapuchado que seguía de cerca al lobo enorme. Entre los dos tenían acorralados a una Lámpade.

- ¿Están viendo como pelean?- Creixell apareció de pronto a su lado, codeando, dando patadas y contorsionándose entre todos. Junto a ella llegó Ghana y ambas se pegaron lo más que pudieron al borde, para ver mejor.

-Dice el profesor Bridge que la situación está bajo control ahora- anunció Ghana, sin dejar de mirar hacia abajo- que ya no tenemos que bajar-

- ¡La del león es Gabrián!- gritó Sean.

-Es una leona- corrigió Creixell- y el kudú es del profesor Pólux. Cuando pueda hacer un patronus, va a tener forma de elefantote-

Todos se rieron, incluso chicos que no estaban dentro de su grupo.

Los patronus habían tranquilizado a los estudiantes y la tensión de minutos atrás había desaparecido por completo. Ya ni siquiera parecía que estuvieran viendo una pelea, sino una demostración de las capacidades de sus profesores. Una clase maestra.

A los pocos segundos, empezaron los vítores. Alguien desde atrás, con la voz muy gruesa empezó a corear el nombre de Gamma y todos lo siguieron, llevados por la emoción.

De pronto, Artemis sintió que estaba en tribunas, mirando la final del mundial de quidditch.

- ¡Miren allá!- gritó Joshua, a unos metros de ellos.

Ru, Saba y Artemis lo miraron con cautela, casi con desagrado. Gracias a la potente luz que Lila Elmira había invocado, Artemis pudo ver claramente sus mejillas amoratadas escapando de la capucha… se sintió extraña, con un retortijón en las tripas que no llegaba a ser culpa, pero que se le asemejaba mucho, aunque, de cualquier manera, no terminaba de diferenciarse de todo lo que sentía últimamente y de lo que iba a sentir hasta que se le pasaran los efectos del aniversario.

Unos zumbidos la distrajeron. Aquello que señalaba Joshua era nada menos que la profesora Ursa y el profesor Cástor, ambos montados en su escoba, dándole vueltas al bosque a la velocidad de la luz, guiando a sus patronus hacia las últimas Lámpades.

-Los patronus son magia muy avanzada, ¿verdad profesor Bridge?- oyó Artemis que preguntaba Marcus, a unos centímetros de ella.

-Sí, es verdad. Pero tampoco son la magia más avanzada-

-No pues, eso son los Encantamientos Ocultos-

- ¡Ah! Un creyente…- exclamó Bridge, alegre- eso es bueno, pensé que los jóvenes ya no le daban crédito a estas cosas-

Artemis y Saba cruzaron miradas sonrientes y antes de volver su atención a lo que pasaba en el Bosque, se dieron con que Ru les indicaba que quería hablar con ellos a un lado.

-La cosa es así- dijo, cuando los tres se alejaron un poco de la multitud- como Joshua no puede vernos juntos mucho tiempo porque puede recordar lo que pasó, van a ayudar a Marcus a encontrar algún encantamiento que sirva para reabrir los pasillos-

- ¿Cómo?- preguntó Saba.

Artemis vio a su mejor amigo fingir con éxito su ignorancia. Él sabía perfectamente de lo que Ru estaba hablando, quería que hicieran lo mismo que hacían con Sami por lo menos dos veces a la semana: sesiones de magia clandestina, sólo que en ese caso tendrían una meta fija a la que llegar y no escogerían encantamientos al azar.

Tal vez ese fue el único motivo por el que Artemis aceptó, porque ya sabía lo que iba a ser y no sería ninguna molestia. Además, no iba a estar en contacto ni con Joshua ni con Viper y cuando se acabara su labor, después de haber encontrado el consabido encantamiento, la dejarían de necesitar y ella se quitaría un peso de encima.

-Ya, empezamos la próxima semana, perfecto- dijo Saba.

Artemis lo acompañó con un asentimiento. Ru sonrió tranquilamente.

Justo en el momento en el que empezaron a hacerse paso para regresar, oyeron el zumbido característico de una escoba voladora, muy cerca de ellos. Una escoba voladora de mango verde limón que ascendía desde muy alto, dando la impresión de ser una libélula enorme.

Artemis, Saba y Ru se hicieron hacia atrás para dejar aterrizar bien a la profesora Ater.

- ¡Ursa!- el profesor Bridge llegó desde atrás sonriendo para saludar a su colega.

- ¡Demetrios!- ambos parecían de muy buen humor, como si Lámpades hambrientas nunca hubieran amenazado la Fortaleza de Stormenhand- esta vez sí que te pasaste, ¡has hecho una pared muy alta y muy transparente alrededor de esta Fortaleza! Casi me estrello de nariz un par de veces…-

-Tenía que hacerse, Ursa. Los ojos de las Lámpades son muy llamativos y muy poderosos-

-Sí, lo decía sólo por molestar. Pero ya puedes desaparecer tu encantamiento, debes estar cansado… con tantos años que traes encima-

La profesora Ater y el profesor Bridge empezaron a reír a mandíbula suelta y todos los Stormenhand, que de pronto habían creado un círculo entorno a los dos, los miraron estupefactos. Algunos se contagiaron con las risas y otros, como Lila Elmira y Kitty MacDaughtry se cruzaron de brazos.

Artemis, sin embargo, se quedó quieta como una estatua. Estaba embobada por la imagen de la profesora Ater. De nuevo parecía una niña, con su risa fuerte e inocentona, sus pelos despeinados y los rasguños en la túnica y en las manos. Parecía estar llegando de jugar, no de pelear. Y las Lámpades no eran algo de juego. Los patronus no eran para nada de juego tampoco, ella a penas podía hacer uno durante menos de un minuto y luego caía rendida del cansancio… ¿por qué Ursa Ater tenía ese poder para reírse cuando menos ganas tendría cualquier persona? Y no era que fuera una idiota que no estaba consiente de lo que pasaba a su alrededor. Era… era Ursa Ater.

-Qué susto nos hemos dado ¿no?- le preguntó a los Stormenhand, sonriendo- bueno, ya se acabó. Felizmente. Ahorita viene su tutora y los manda de nuevo a sus habitaciones… deben estar molidos de tanto alentarnos ¡Qué bestia para gritar! Los he escuchado clarito-

Todos rieron. Incluso Artemis, intentando imitar la risa de la profesora Ater.

Mejor que el chocolate caliente, mejor que los patronus enormes y plateados, incluso mejor que el Fuego de Lámpade. Esa risa hizo que Artemis se olvidara momentáneamente de las miles de hormigas asquerosas que la recorrían y que sintiera una sincera calidez en el cuerpo.

- ¿Profesora Ater?- llamó Lila Elmira, levantando la mano.

-Dime, Lila-

-Su patronus es un oso, ¿verdad?-

Creixell, al lado de Artemis, hizo un gruñidito de asco.

-No estamos en clase, Elmira- dijo- ¿por qué tienes que ser tan chismosa todo el tiempo?-

-No hay problema, Creixell- tranquilizó la profesora Ater- sí, mi patronus es un oso, pero no vayan a pensar que por eso es más…-

Pero las palabras de la profesora Ater se fueron haciendo cada vez menos importantes y menos audibles, conforme un sonido iba haciéndose más y más claro. Era el inconfundible claqueteo de puntas y tacos contra la superficie, fuertes y secos, con la obvia intención de obtener la atención de todos.

Uno a uno, los estudiantes fueron haciéndose a un lado mecánicamente, como cuando Saba abría las multitudes sin esfuerzo. El claqueteo se hizo más fuerte, hasta que se detuvo. Los pies en tacones, puestos exactamente al centro del círculo, mirando directamente a una parte de él, dándole la espalda a Ursa Ater. La dueña de los pies, Morgana Gabrián, revisando atentamente a cada uno de sus alumnos desde lejos, con una expresión de aquellas que hacían contener la respiración.

Pero había algo raro en ella. Algo inusual que la hacía verse menos rígida.

- ¿Todos están bien?- preguntó, finalmente. Girando su cuerpo en ¾, para tener una vista más general.

Todos asintieron.

-Lamento que los haya hecho salir de sus habitaciones de manera tan abrupta, pero no teníamos otra opción. La situación con las Lámpades ha sido controlada, el profesor Dimber y la profesora Helga se han encargado de negociar con ellas y se retirarán de la Isla esta noche. A partir de mañana todo volverá a ser como antes, usarán sus capuchas cuando estén fuera de cualquier edificio de Goldenwand, como siempre; evitarán el contacto con cualquier criatura del Bosque, como siempre. Quedan completamente prohibidos los intentos de acercamiento a las Lámpades, sea por represalias o porque han despertado su curiosidad-

Artemis vio como los ojos de su tutora se posaron en el grupo de alumnos de cuarto que ella, Saba, Ru, Creixell, Ghana y Marcus conformaban. Una sola mirada, una advertencia fugaz pero que los hizo apretarse más a sí mismos… ya sabían de lo que su tutora era capaz cuando la desobedecían.

-Por favor- pidió- las criaturas del Bosque merecen todo su respeto. Y las Lámpades son increíblemente poderosas, no se les acerquen. No las provoquen-

Todos asintieron y Morgana Gabrián hizo lo mismo, complacida de que, al menos en apariencia, sus alumnos hubieran comprendido la gravedad del asunto.

-Está hecha trapo- susurró Creixell.

Y entonces, Artemis comprendió por qué su tutora se veía tan distinta: estaba cansada. Nunca antes la había visto así, exhausta, con la espalda ligeramente jorobada y las rodillas arqueadas. Hasta estaba despeinada, miles de pelos rebeldes se le escapaban del moño a la cara sucia y sudorosa. Eso era sorprendente, porque entre los Stormenhand corría el rumor de que eso que tenía cubriéndole el cráneo no era cabello, sino una enorme arruga pintada de negro (rumor que de ninguna manera fue iniciado por Sean y Creixell).

Incluso parecía mayor de lo que era, o sea mayor que cuando se veía mayor. Diez años mayor que la profesora Ater, como mínimo.

-Ahora sí, todos denle las gracias al profesor Bridge que se ofreció para cuidarlos- Morgana Gabrián se dio media vuelta y estrechó cálidamente las manos del profesor Bridge- Demetrios, de verdad muchas gracias. Estoy segura de que el muro que creaste era infranqueable-

-Felizmente no tuvimos que comprobarlo- respondió él.

- ¿Por qué tanta cosa? Ni que las Lámpades hubieran tomado Goldenwand- se quejó Ru, en un susurro- esto parece el final de una guerra sangrienta-

-Exacto. Yo me he divertido un montón- agregó Marcus.

Saba asintió.

-Si no hubiera llegado Gabrián apuesto que ahorita nos estaríamos revolcando de risa con la profesora Ater- susurró Creixell.

-Shhh- advirtió Saba- ni que te escuche, es capaz de tirarte a las Lámpades-

-Demetrios, un último favor ¿puedes llevarte a los chicos que estén mal a la enfermería?- Morgana Gabrián se volvió hacia sus alumnos- los que deseen ir a la enfermería, pueden seguir al profesor Bridge. No tienen que sentirse mal físicamente…-

Lila Elmira, que estaba rodeada del grupo de niños de primero que el profesor Bridge le había ordenado cuidar, les indicó con una mirada dura y con un movimiento de cabeza, que se formaran detrás del profesor. Confundidos como estaban, los niños no tardaron en hacerle caso, pero iban cabizbajos, ocultando sus rostros lo más que podían de las miradas de los Stormenhand mayores, que tenían los ojos fijos en ellos y la expresión de sentirse decepcionados porque no eran lo suficientemente valientes.

Artemis pensó que Lila Elmira era un dolor de culo a nivel mundial.

- ¿Nadie más?-

-Que Demetrios vaya saliendo, yo me puedo llevar a otro grupo- propuso la profesora Ater, quien, hasta el momento, había sido olímpicamente ignorada.

-Creo que no hay nadie más- continuó la profesora Gabrián- gracias, Ursa, ya has hecho suficiente-

La profesora Ater se puso pálida.

Artemis y Saba se miraron.

Inmediatamente después, el elfo empezó a vomitar. Artemis se paró delante de él, fingiendo ayudarlo, pero en realidad estaba ocultándolo para que pudiera guardar su varita (que acababa de usar para autoenfermarse) en el bolsillo.

- ¡Schnuppermault!- la profesora Gabrián corrió a verlo- ¿qué…?-

Saba la interrumpió con una nueva tanda de vómito. Artemis hizo a un lado la cabeza, no podía soportar estar mucho tiempo cerca del vómito, porque entonces ella vomitaría también y no tenía ganas de ponerse a llorar.

Lamentablemente era un poco imposible alejarse cuanto quería, porque de pronto estaba rodeada por chicas ardorosamente deseosas de ayudar a su mejor amigo, mantenidas a raya únicamente por la presencia de Morgana Gabrián.

-Black- llamó su tutora- ¿tu compañero ha visto a las Lámpades? A los ojos, quiero decir, o a cualquier parte de su rostro-

Su tutora le prestaba atención a pesar de que las chicas habían empezado a empujarse entre sí y a llamar a Saba lastimeramente. Tenía que aprovechar la oportunidad. Artemis abrió la boca para contestar, pero no pudo articular nada por un súbito desvanecimiento.

- ¡Black!-

-Es la luz, profesora Gabrián- dijo Creixell, que había reaccionado a tiempo y agarrado a Artemis de la túnica- Artemis se quejó de que le dolía la cabeza porque la luz estaba demasiado fuerte, es que sufre de migrañas. Pero no nos hicieron caso-

- ¿Quién no les hizo caso?-

-La delegada que manejaba la luz… en verdad no recuerdo quien era…- completó Creixell inocentemente.

Hasta Artemis tuvo que esforzarse para no sonreír.

-Yo me los llevo, Morgana- propuso Ursa- voy a llegar más rápido volando… y si Saba no puede aguantarse el vómito, puede ir de espaldas-

-Me encantaría que te tomaras las cosas en serio por un momento, Ursa-

-Estoy hablando en serio, yo los llevo, se pueden poner peor-

Sobre las palabras de ambas profesoras, Artemis escuchaba el quejido incesante de las admiradoras de Saba que aumentaban con cada tanda de vómito que salía de su mejor amigo. La profesora Gabrián tenía que apurarse o todas esas chicas perderían la conciencia y se le abalanzarían encima.

De pronto, sintió que Creixell la paraba derecha y la ayudaba a caminar. Abrió los ojos a penas y vio frente a ella la escoba de palo verde de la profesora Ater, agrandándose y engrosándose lo suficiente como para que cupieran los tres.

-Con cuidado, tú puedes…- le susurró la profesora Ater, cuando la ayudó a subir- a ver, ahora Saba… creo que vas de espaldas, Saba ¿o puedes aguantar el vómito?-

-Mejor voy de espaldas, profesora-

-Bueno, ya estamos… ah, Artemis ¿te cambias de posición? Ya, bueno…-

Artemis se volteó hasta quedar frente a la espalda de su mejor amigo. Hundió su rostro en uno de sus hombros y cuando pasó cada brazo alrededor de los de su mejor amigo, oyó el rugir de un centenar de chicas furiosas y el gritito aterrado de la profesora Ater, quien pateó el suelo de inmediato y empezó a tomar altura.

- ¡Elmira!- Artemis oyó gritar a la profesora Gabrián- ¿se puede saber por qué no te interesan tus compañeros en lo más mínimo? ¡Tenía migraña, por Merlín! Y si alguien más da un paso adelante o suelta un grito, mañana nos encontraremos en detención…-

Las palabras de la tutora se apagaron ni bien la profesora Ater aceleró.

-Creo que sí que sabes como volverlas locas, eh- comentó.

Saba soltó una risita entre vómitos.

Artemis levantó la cabeza y la tiró hacia atrás, reconfortándose con la presión que el aire ejercía contra ella que la hacía sentir como si tuviera una almohada en la nuca. La profesora Ater estaba volando a una velocidad increíble, sobre todo considerando el peso que traía encima. Sólo habían pasado unos segundos y ya estaban bordeando el Castillo Joven.

Saba no dejaba de vomitar, felizmente no estaban contra el viento.

-Cierra la boca fuerte, Saba- indicó la profesora Ater e inmediatamente después dio un giro de noventa grados y empezó a descender en picada.

Un segundo después, estaban entrando por una ventana por la que casi no pasan. Un segundo después, tenían a Miss Grapehood levitando hasta el nivel de sus ojos, dándoles la mirada más dura del mundo… y a todos los alumnos que estaban en la enfermería atentos a lo que iba a suceder.

-Ursa, te he dicho mil veces que no me gusta que entres así a la enfermería. Tienes dos piernas, por Merlín, sería bueno que las uses de vez en cuando-

-Perdón, Miss Grapehood- pidió la profesora Ater- pero tengo a dos chicos muy enfermos aquí-

La profesora giró su escoba para que Artemis y Saba pudieran ver a Miss Grapehood de frente.

- ¿Schnuppermault?- se sorprendió la enfermera- pero si tú eres saludable como una manza…- Saba la interrumpió con una tanda larga de vómito- ¡Merlín y todos los elfos! Ven, querido, bájate de la escoba con cuidado… así, suavemente- Miss Grapehood estiró uno de sus largos y delgados dedos y atrajo hacia ella una palangana de plata desde el otro extremo de la habitación- toma, vomita con confianza-

- ¿Va a estar bien?- preguntó la profesora Ater, preocupada, mientras veía a Saba arrodillarse ante la palangana y vomitar sin control.

-Sí. Esperemos que no empiece a vomitar sangre ¿Sabes si ha visto a una Lámpade? Porque es Stormenhand, ¿verdad? -

-No sabría qué decirle-

-Bueno, ya le preguntaré. ¿Quién es tu otro enfermo?-

La profesora Ater volvió a girar su escoba.

Cuando Miss Grapehood se dio cuenta de que la otra enferma era Artemis, esbozó una sonrisita y le tendió una mano amigablemente.

-Ya estaba empezando a extrañarte- le dijo, mientras la ayudaba a bajar de la escoba y subir a una camilla- te duele la cabeza ¿no? Sí, se ve-

-Van a estar bien ¿verdad?- volvió a preguntar la profesora Ater.

Artemis sintió algo hondo en la boca de su estómago. Una especie de vacío provocado por la preocupación de la profesora Ater. Era tan buena con ellos…

-No te preocupes Ursa. Tú deberías ir a descansar más bien, te ves terrible-

-Ya quisiera, pero tengo unos quehaceres-

Artemis y Saba la miraron disimuladamente y luego se miraron ellos.

Miss Grapehood se despidió de la profesora Ater con una amenaza amistosa ("si vuelves a entrar aquí con esa escoba me voy a asegurar de que salgas con una razón real para no usar tus piernas, querida") y caminó hasta el lado opuesto de la habitación.

Artemis le dio un vistazo a la enfermería: estaba casi vacía y no había rastro de los chicos de primeros cursos de Stormenhand que habían partido con el profesor Bridge, probablemente porque recién estarían terminando de cruzar el Paso. La profesora Ater de verdad los había llevado a la velocidad de la luz. Ah. Y, por supuesto, en una esquina de la enfermería estaban los biombos enormes que ocultaban a Fleance, el capitán del equipo de quidditch. Parecía que había pasado una eternidad desde el Salto fallido… y él todavía no se recuperaba.

Los demás no eran Stormenhand, dos chicos de Valthemoon, una chica de Darkenlord y el señor Edge, a quien Miss Grapehood atendía, de espaldas al biombo. Por alguna razón a Artemis le daba la impresión de que la enfermera había empezado a tomar la estadía de Fleance ahí como algo de costumbre, como si fuera un huésped.

De pronto un escalofrío le recorrió la espalda.

- ¿Qué pasó?- preguntó Saba, encorvado sobre la palangana.

-Acabo de recordar…- que había visto a Adrian Acutus justo antes de que metieran a Joshua en los pasillos, el día del aniversario. Lo había visto y él la había visto y había corrido detrás de ella.

-Nada de acercarse al biombo- advirtió Miss Grapehood desde lejos, justo en el momento en el que Artemis se bajaba de la camilla.

Quería ir a preguntarle a Fleance si es que Adrian Acutus había ido a visitarlo en esos últimos días. Después de todo, el capitán de quidditch le había dicho que Acutus iba a aparecer cuando quisiera que lo vean… y había aparecido. Entonces quería que lo vieran. Entonces era hora de decirle a la profesora Ater que no había problema, que estaban todos reunidos como siempre en la Sociedad Secreta del Salto.

-Concéntrate- le dijo Saba, antes de toser y empezar a vomitar de nuevo- hemos venido a hacer algo- continuó, cuando pudo.

Artemis volvió a su camilla.

-Bien, señor Edge, todo listo… espero que no tenga que encontrarse con las Lámpades de nuevo-

-Ah, Miss Grapehood, ellas no son ningún problema… a comparación de esos benditos ladrones de avens. Pero este año los voy a atrapar, va a ver, y los voy a hacer pagar por todo lo que me han robado-

-No se me ponga tan renegón, señor Edge, usted sabe que eso le hace daño-

...

Fue una larga hora en la enfermería, con Miss Grapehood yendo de un lado a otro, intentando tratar a todos al mismo tiempo. La verdad era que Artemis quería nada más conseguir su frasquito de poción mensual para el dolor de cabeza, pero Miss Grapehood se negó a dárselo a menos que ella le contestara una serie de preguntas, porque había llegado demasiado pálida, ojerosa y cansada y porque no era normal que una persona tuviera dolores de cabeza tan fuertes durante tanto tiempo. Otro problema fue Saba, que no dejaba de vomitar por ningún motivo, ni siquiera después de beber los preparados de Miss Grapehood, porque los vomitaba completamente. Y tanto vómito y tanta convulsión hicieron que fallara los primeros intentos de desenfermarse.

Pero, incluso después de que logró dejar de vomitar, no pudo irse como quería, porque Miss Grapehood tenía que hacerle preguntas (también) referentes a las Lámpades.

Y justo cuando planeaba empezar, llegó el profesor Bridge con su grupo de chicos de primeros cursos de Stormenhand, muertos de miedo sin vergüenza ya. Miss Grapehood corrió a su encuentro inmediatamente.

-Felizmente, maldita sea- Saba suspiró, mirando a la enfermera- pensé que iba empezar a vomitar mi estómago… es horrible-

Artemis asintió. Ella lo sabía de primera mano.

-Ahora no nos va a dejar salir hasta que le responda lo de las Lámpades… se va a demorar un año en volver-

-Igual no tenemos idea de a dónde se han ido- dijo Artemis.

-Sala de profesores- respondió Saba.

Desde el momento en el que Morgana Gabrián le dijo a Ursa Ater que ya había hecho bastante, a Artemis y a Saba se les había hecho claro (casi como si lo hubieran dicho textualmente) que el ataque de las Lámpades estaba relacionado con algo que ellos sabían. El mismo algo por lo que su tutora siempre le echaba la culpa a Ursa. Ese algo que estaba detrás del Salto y de las fallas de este año. El algo que para ellos se había convertido en un imán casi tan poderoso como el Pensadero.

- ¿Tú crees?-

-Tenemos que empezar por algún lado. Igual no está muy lejos de aquí-

Ambos asintieron y esperaron. Miss Grapehood llegó unos minutos después y Saba usó todo el encanto que podía para asegurarle que no había visto a ninguna Lámpade y que suponía que todos los codazos y golpes en el estómago que sus compañeros le metieron de casualidad por cuestiones del escándalo, le habían provocado las náuseas.

-Además había una luz horriblemente fuerte- terminó.

Miss Grapehood pareció convencerse y les dio dos pases para que los delegados supieran que venían de la enfermería y no los molestaran en el camino.

Artemis y Saba salieron caminando lo más lentamente que pudieron, doblaron la esquina a paso de tortuga, pero ni bien consideraron de que estaban lo suficientemente lejos como para que los oyeran, empezaron a correr hacia la sala de profesores. Pero no había nadie ahí dentro.

-No, la cosa es entre Gabrián y la profesora Ater- dijo Artemis, mientras volvían sobre sus pasos- y no se van a pelear en frente de todos-

-Vamos a lo de los delegados- propuso Saba.

Probablemente como consecuencia de lo ocurrido con las Lámpades, los pasillos del Castillo Joven estaban libres de delegados, por lo que Artemis y Saba pudieron correr a sus anchas.

-Tampoco están- confirmó Artemis, después de dar un vistazo por la ventanita de la puerta.

-No entiendo a dónde… no se pueden haber ido a dormir, no creo que dejen sus reuniones para mañana-

-Miss Grapehood nos retuvo como una hora, suficiente tiempo para que los profesores tengan una asamblea-

-Estás bien lúcida- notó Saba, sorprendido.

Artemis no comprendió su sorpresa. Claro que estaba lúcida, Miss Grapehood acababa de darle su frasquito de poción para el dolor de cabeza y lo único que sentía era esa presión acostumbrada en las sienes. Además, estaba interesada en el asunto de las profesoras.

- ¿Entonces qué?- preguntó rápidamente. No le gustaba que la mirara así.

-Son como las- Saba giró su cabeza en busca de algún ventanal por el que pudiera ver el cielo- cinco de la mañana… tenemos que aprovechar mientras esté oscuro-

-Tenemos que separarnos-

Saba negó inmediatamente.

-Cubriremos mejor el espacio si estamos juntos, siempre hacemos lo mismo-

-Estoy bien- aseguró Artemis, seca.

-No estoy diciendo que no lo estés-

Ella lo miró seriamente. Sabía que eso era exactamente lo que estaba diciéndole.

-Solamente han pasado dos días desde el aniversario- concedió Saba- si fuera el año pasado, todavía seguirías durmiendo en la enfermería-

- ¿Quieres que duerma ahí?-

-Sabes que eso no es lo que quiero decir. Ya, mejor vamos a buscar a las profesoras y hablamos de esto después-

-Tenemos que separarnos, ya va a amanecer- insistió Artemis.

- ¿Otra vez?-

-Otra vez ¿qué?-

-No voy a dejar que vayas sola-

-Ya te dije que estoy bien-

-No es la primera vez que te pasa, Artemis. No es la primera vez que te veo, tampoco. Y no me estoy quejando, sólo digo que sé cómo estás: débil y antisocial. Quieres estar sola pero no te voy a dejar porque te puede pasar algo, no me importa si cubrimos sólo la mitad de lo que debimos cubrir-

- ¡Estoy bien! ¿cómo quieres que te lo demuestre? ¿saltando?-

Saba se encogió de hombros, harto.

-No entiendo por qué te pones así… pero normal, si quieres irte sola de verdad… entonces vete. Es más, mejor nos vemos después de dormir. O cuando quieras. Como siempre-

Saba la miró decepcionado antes de irse.

Artemis giró sobre su eje ni bien Saba le dio la espalda. No tenía tiempo para sentirse mal, tenía que decidir por dónde empezaría a buscar a las profesoras antes de que amaneciera.

No estaban en la sala de profesores, no estaban en el salón de delegados. Ursa había dicho que tenía cosas que hacer, así que lo más probable era que tuviera una reunión con los demás profesores en algún lugar de la escuela. El despacho de Dimber, por ejemplo. No tenía idea de dónde era eso. Pero no… sintió una punzada en la cabeza y a continuación el dolor se expandió por toda su nuca. Tomó el frasquito de Miss Grapehood entre los dedos pero no lo destapó, acababa de tomar una buena dosis y si hacía eso muy seguido, se quedaría tonta y no le convenía estar tonta en esos momentos. A ver, de nuevo. Ursa, quehacer. Sala de profesores no. Ursa… a ver, de nuevo. Ursa, quehacer, pero no estaba ni en la sala de profesores ni en la de delegados. Además, ellos se quedaron como una hora extra en la enfermería. Saba estaba vomitando mucho y se veía asustado… jamás había vomitado en su vida. Pobre. ¡No! De nuevo. Ursa, quehacer, no delegados ni profesores. Pero había pasado una hora y probablemente ya había acabado la reunión. O los profesores se quedarían encerrados toda la noche. Eso la dejaba sin oportunidades. Pero si no era así ¿qué? Si había acabado la reunión ¿qué? Si había acabado la reunión entonces… entonces… a ver, de nuevo, desde antes. Morgana dijo "ya has hecho suficiente". Morgana. Ella no se iba a quedar callada, le iba a gritar a Ursa y no se iba a detener hasta que estuviera satisfecha. Morgana. Pero con nadie más, probablemente. Morgana. Con nadie más. ¡El despacho!

Artemis dejó de girar y empezó a correr hacia el despacho de la profesora Ater.

Se detuvo. Sus pies estaban haciendo demasiado ruido, tal vez debía quitarse las botas para correr con más facilidad. Se dobló sobre ella misma para empezar a desatarse los cordones cuando se dio cuenta de algo.

Se irguió inmediatamente y se abalanzó contra la pared más cercana.

Los ruidos no eran suyos.

Se escurrió como pudo hacia la estatua de un mago encapuchado, que estaba a unos diez metros de ella y se ocultó lo más que pudo. Los ruidos se aclararon, eran pisadas. No tacones, pisadas regulares que iban hacia ella. Tal vez alumnos. Delegados. Se palpó los bolsillos, buscando el pase de enfermería que Miss Grapehood les había entregado, pero recordó que Saba llevaba los dos consigo.

Artemis ajustó la capucha sobre su cabeza, se apretó contra la pared y cerró los ojos. Con toda la suerte del mundo se mimetizaría en la oscuridad… a menos que empezara a aclarar… y entonces tendría que hacer algo más. Mentir. Desmayarse. ¿Cómo explicaría la ausencia de Saba?

Las pisadas que oyó se hicieron bastante más frecuentes. Dos pares de pies, confirmados. Dos personas muy apuradas… con pisadas pesadas. Dos mayores. O dos profesores. Felizmente, los prefería que a los delegados. A menos que fueran Viper y Gamma. En todo caso, si iban así de rápido probablemente se dirigían a algún lugar, alguna reunión urgente. A la reunión.

Artemis se agazapó y se preparó para perseguir a los dueños de los pasos.

Sin embargo, estos se detuvieron abruptamente.

- ¿Qué quieres Cástor? No importa que me sigas a mi habitación, igual no te voy a dejar entrar-

Era la voz burlona del profesor Wingolf. Hablándole al profesor Cástor alegremente.

Artemis se apretó nuevamente contra la pared.

-Ariel, estoy así de romperte la cara, mejor no me provoques-

¿QUÉ?

-Es justo lo que te estoy diciendo, no tengo ninguna intención de provocarte… si sabes a lo que me refiero-

-Mira…-

-No me toques, Cástor-

- ¿Por qué eres tan caradura?-

- ¿Te refieres a aquella noche loca de pasión que no se ha vuelto a repetir? Creo que ya te lo dije, había tomado demasiada--

-Me refiero a Morgana, Ariel. Desde hace un tiempo la has estado molestando bastante, pero hoy…-

-Hoy ¿qué?-

-No tienes idea de lo que se ha esforzado allá afuera. Se estaba muriendo de la preocupación por sus alumnos y a pesar de eso pudo hacer un patronus que fácilmente hubiera acabado por si solo con las Lámpades… y ¿tú vienes a echarle la culpa de lo que pasó? Y frente a Dimber-

-Lo único que hice, Cástor, fue dar mi opinión y argumentarla. El profesor Dimber no es ningún ingenuo, como Hamal, no se va a dejar llevar por lo que digo a menos que tenga algo de razón. Lo mismo debiste hacer tú, en vez de venir corriendo como un adolescente celoso-

-No tenías que haber dicho eso. Todo el mundo--

-Todo el mundo me miró mal, ya. ¿Ves a alguien más aquí? Todos tenemos derecho de hablar y si se me antoja hablar estupideces, lo voy a hacer-

-Morgana no tiene la culpa- reinició el profesor Cástor, unos segundos después- ella no controla el Centro…-

-Qué chistoso. Cambias el "Morgana" por "Ursa" y puedes ir a decirle lo mismo a ella- ambos se quedaron en silencio- Ahhhh… alguien acaba de quedar como imbécil… ¿o no? Porque Morgana casi se come viva a Ursa hoy y, citando a un sabio maricón: "No tiene la culpa, ella no controla el Centro". Así que yo te pregunto ¿ya fuiste a reñir a Morgana por haber sido injusta con Ursa? O vas a ir después de esto…-

Artemis se tapó la boca para controlar el ruido que producía su respiración. Los profesores se habían quedado en un silencio tan frágil que cualquier sonido podría ponerlos sobre aviso… y no quería irse de ahí sin la posibilidad de contarle lo que acababa de escuchar a Saba.

Pero lo mejor estaba todavía por llegar.

-Ursa está llorando en el Castillo Viejo. Si quieres puedes ir a alcanzarla-


-… y al final dijo que Ursa estaba en el Castillo Viejo-

-Interesante-

-Debe haber usado el Pensadero, pode—

-Shhh-

Saba le puso una mano en la boca a Artemis y con la otra le indicó que mirara al frente. Los dos estaban sentados en la orilla de uno de los flancos del Paso, con los pies moviéndose libres sobre el Lago de Stormenhand, que en ese preciso momento dejaba de convertirse en un abismo sin fondo, oscuro como él mismo, para volverse un espejo que reflejaba lucecitas doradas y cálidas.

El sol estaba a punto de salir.

Artemis miró hacia el frente y Saba le quitó la mano de la boca unos segundos después.

-Cuando salga el sol, te acompaño a buscar tu venda- dijo él.

El niño que brillaba sonrió emocionado, se bajó la capucha, dejando al descubierto unas orejas puntiagudas bajo su cabello negro y le tendió la mano.

-Me llamo Saba-

-Artemis-

Las estrecharon.

- ¿Qué hacías corriendo fuera del Paso?-

- ¿Qué haces mirando afuera del Paso?- se defendió Artemis.

Saba se encogió de hombros.

-Me quedé en la laguna un rato, y luego paré a mirar el lago. Parece que alrededor del Paso no hay nada, pero es que el lago se pone muy negro... -

-La profesora dijo que no nos separemos- dijo Artemis sin convicción.

Saba se encogió de hombros de nuevo y sonrió.

-No me iba a perder y si pasaba algo, seguramente podía usar mi varita, como tú. Ahora te toca-

- ¿Me toca qué?-

-Decir qué hacías afuera-

-No quiero-

-Pero te toca- admitió Saba con un gesto que le hizo recordar a su tío Remus. Tal vez eso fue lo que la hizo hablar.

-Se cayó mi venda y fui a buscarla-

-Oh-

-Pero no la encontré, así que voy a volver-

Se despidió de Saba con una inclinación leve de cabeza, le dio la espalda y empezó a caminar.

- ¿Artemis?-

- ¿Sí?-

-Ya va a salir el sol-

Artemis levantó la cabeza al cielo, era cierto, se estaba aclarando poco a poco. Nunca antes había visto la salida del sol.

Saba caminó hacia el borde del camino, donde estaba cuando se encontraron, Artemis se colocó junto a él. Tenía razón, el lago que rodeaba el Paso se veía negrísimo, tanto que parecía no existir, como si en lugar de agua hubiera un abismo profundo, lleno de nada. Raro, no le dio tanto miedo.

Saba se volvió a ella.

-Cuando salga el sol, te acompaño a buscar tu venda-

Artemis sonrió.

El sol se anunció con resplandores en tonalidades naranjas y doradas que salían disparadas por el cielo neutro y se reflejaban en el espejo negro que tenían debajo. Unos segundos después apareció el sol, a penas como una línea sobre el Lago de Stormenhand, pero antes de que se pudiera advertir, ya había se había convertido en un semicírculo luminoso que lo dominaba todo.

Las luces del nuevo día brillaron en las caras de Artemis y Saba, que miraban atentos, hombro con hombro, lo que sucedía frente a ellos. Las luces del día nuevo llegaron acompañadas por una sensación extraña, que trascendió a las hormigas y a la apatía general de los días post-aniversario… todo gracias a la idea que tuvo Artemis en ese momento, una pequeña ocurrencia que ni siquiera se atrevió a poner en palabras en su mente.

Se le ocurrió que Saba era de verdad su mejor amigo y por primera vez entendió realmente lo que significaba eso. Y fue muy feliz.

Pero se sobresaltó inmediatamente. Las hormigas, la apatía e incluso los dolores de cabeza quedaron tan atrás que parecían haber desaparecido y eso era imposible, sobre todo si tenía en cuenta que había pasado muy poco tiempo desde el aniversario.

Saba tenía razón, estaba muy lúcida. Algo no estaba bien.

Miró a su mejor amigo de reojo y volvió la vista a la salida del sol. Cuando terminara lo diría, cuando terminara.