"El saludo se le heló en los labios cuando se encontró con los abrasadores ojos oscuros del príncipe N°17."

-Pan, mi pequeña doncella de hielo- la saludó con sequedad.-No sabía que fuera posible que embellecieras tanto en tan poco tiempo. ¿Puede ser, querida, que te hayas enamorado de tu marido? Tal vez hasta puedas estar agradecida por mi indulgencia al permitir que tu esposo conservara lo que sin duda valora más que nada en la vida.

La mirada glacial de Pan trasmitía su desprecio.

-Estoy muy agradecida de que Black y Su Majestad le impidieran llevar a cabo sus proyectos, N°17. Pero dígame, ¿cómo se atreve a estar en mi compañía cuando mi marido está tan cerca?

N°17 arqueó una ceja en muestra de la desconfianza que le inspiraban sus pequeños engaños, y luego miró con cautela a su alrededor, tratando de encontrar al coronel Brief en la multitud.

-Bromeas, por supuesto, Pan. ¿Qué hombre sería tan tonto de dejar a su hermosa mujer sola donde cualquier villano podría acercársele?

-No estoy sola- le recordó Pan y con un gesto le señaló al cochero.- Roshi esta conmigo y, si gritara, estoy segura de que él estaría a uno o dos pasos antes de que mi esposo llegara.

-¡Chsss! ¡Chsss!-le advirtió N°17-Deberías saber ya que puedo hacer que les corten las manos si se atreven a tocarme...

Pan le replicó con desprecio.

-No le creo, N°17, no cuando Su Majestad le ha advertido que tuviera cuidado con lo que hacía. Pero dígame, ¿va a quedarse hasta que regrese mi marido? ¿O huirá como el cobarde que es?

-Dudo mucho que tu marido esté por aquí, Pan, de modo que termina con esa endeble excusa –N°17 sonrió con afectación y trepó al coche. Se instaló en el asiento frente a ella mientras consideraba su incomparable belleza.-Sabe, Son Pan, podrías persuadirme para que te brindara mis atenciones después de todo. Es claro que vales el esfuerzo de perdonarte.

-¡Por favor! ¡No se tome semejante molestia!- se burló Pan. -¡Déme su odio en cambio! Me resulta más fácil de manejar sus desaires.

-He oído rumores de que pronto tu marido abandonará la ciudad. Necesitarás un hombre que te consuele mientras él esté lejos.

-¿Por qué me rebajaría a aceptar sus atenciones cuando he tenido las mejores que hay?

-Todavía eres tan inocente, querida –N°17 la miró con arrogancia.-Después de que hayas estado un tiempo conmigo, aprenderás a reconocer a un verdadero hombre.

-¡Un verdadero hombre!-se mofó Pan.-¡Maldito pomposo! ¡Ni siquiera tiene noción de lo que esa palabra significa en realidad! ¿Honestamente piensa que puede juzgar a un hombre por la cantidad de prostitutas que ha llevado a la cama? Los hombres de verdad son mucho más admirables a los ojos de una mujer, y desde mi punto de vista, usted no es mejor que el rústico cerdo que monta a la hembra que tiene más cerca para saciar sus deseos. Mi marido es mucho más hombre que lo que usted esperaría ser, N°17, de eso puede estar seguro.

El orgullo de N°17 se vio humillado por una comparación que ya había escuchado demasiadas veces.

-¡Veo que todavía no has aprendido a frenar tu lengua, Pan! ¡Pero te equivocas si piensas que no puedo lastimarte!

Se inclinó hacia delante con los ojos entrecerrados para continuar vociferando sus amenazas. De pronto, como un perro que acaba de ser asustado, saltó hacia un lado con un inicio de sorpresa mientras miraba hacia la puerta y descubría el enorme cuerpo de Trunks llenando el espacio abierto. Antes de que N°17 pudiera salir por el otro lado, Trunks lo tomó del borde de su kaftan color rubí y lo arrastró por el asiento mientras el príncipe trataba frenéticamente de liberarse de sus garras. Cayendo de rodillas al piso delante de Pan, N°17 le rodeó las piernas con los brazos y presionó su rostro en el regazo tratando de resistir. Estaba seguro de que Trunks quería lastimarlo en venganza por los salvajes azotes que debió soportar. Levantó la cabeza para mirar a Pan que trataba de empujarle lejos de ella.

-¡Ten cuidado, Pan! ¡Me encargaré de ver que tu esposo sufra algo peor que la castración! ¡La próxima vez me aseguraré de que los perros coman su cadáver! ¡Paaaaaaan... ayúdame!

Trunks tomó a N°17 del cuello y le rugió en el oído mientras lo separaba de Pan.

-¡Maldito cobarde! ¿Dónde está tu coraje cuando Black no está cerca?

Los brazos y las piernas de N°17 se movían enloquecidos mientras el cuerpo salía despedido por la puerta. Aterrizó a poca distancia en medio de las verduras que un vendedor había arrojado de su carro, se puso de pie a tropezones, y sin atreverse a levantar demasiado la vista, se marchó con pasos largos.

-¡Coronel Brief!- el nombre fue como un ladrido surgido de la proximidad. Trunks dio media vuelta y vio al general Shapner que se aproximaba con una manifiesta indignación por lo que acababa de ver.- ¿Qué significa esta ofensa? ¿Se ha vuelto loco?

-¡Ese hombre insultó a mi esposa!

El general Shapner explotó de rabia.

-¿Cómo se atreve a atacar a otro hombre por una falta de la que usted también es culpable?

Trunks enfrentó a su superior directamente.

-¿Una falta de la que también soy culpable?-alzó una ceja interrogante. He oído los rumores del estado de su esposa, general, pero me crea o no, yo no tengo nada que ver con eso.

-Angela dice que sí, y por esa ofensa, coronel Brief, veré que le quiten su rango y lo devuelvan a su casa deshonrado.

Trunks murmuró una maldición al sentir el aguijón de la venganza de Angela. Parecía que estaba buscando una retribución por el rechazo que había sufrido, pero él no iba a aceptar sus acusaciones sin defenderse.

-Le sugiero, general, que trate de lograr la verdad de este asunto antes de proceder con sus reclamos. Se ahorrará y ahorrará a su esposa una vergüenza mayor.

El general Shapner enrojeció hasta el cuello de su camisa mientras luchaba por encontrar una réplica adecuada para refutar la declaración de inocencia del coronel Brief. Con el mismo fervor buscó una amenaza que atemorizara al hombre, pero cuando se encontró con la mirada de acero de esos ojos azules no pudo hacer nada excepto escupir en señal de frustración.

-Debo irme ahora, general- continuó Trunks con rudeza- pero si desea charlar de este asunto con más detalle, tenga por seguro que tengo testigos que declararán a mi favor, varios oficiales de alto rango que pueden asegurar el número de veces que decliné las invitaciones de su esposa. Sus indiscreciones no me incumben, pero no permitiré que dañe mi vida con mentiras acerca de mi conducta-inclinó la cabeza con un duro saludo de despedida y terminó la conversación abruptamente. -Buenos días, general.

-¡Esto no termina aquí, coronel Brief!-gritó Shapner mientas Trunks subía al carruaje.- ¡Va a volver a escuchar hablar de este tema!

Trunks maldijo entre dientes y se recostó en el asiento del coche.

-Parece que una mujer vengativa tiene el veneno de una víbora.

-¿Qué pasó?- Pan buscaba en el rostro enfadado alguna clave que le permitiera revelar lo que había encendido su temperamento.

-Angela está embarazada- declaró Trunks sin preámbulo - y el general Shapner asegura que no es el padre, por eso ella ha tomado la iniciativa de mentir y decir que yo lo soy- miró en derredor y sacudió la cabeza. -Pero no lo soy, Pan. Te lo juro, nunca he tocado a esa mujer excepto para arrojarla fuera de mi vista.

Pan se inclinó hacia delante y presionó su frente contra su cuello, disolviendo la mayor parte de su enfado al susurrarle:

-Te creo, Trun.

Trunks no sabía qué lo había molestado más, si N°17 enfrentando a Pan o su discusión con Shapner. Pan terminó con ese pequeño debate.

-N°17 ha escuchado rumores de que partirás pronto- le informó. -Ahora ha decidido que le gustaría retomar sus esfuerzos por tenerme en su cama.

Trunks se recostó para mirar a Pan y reconoció la preocupación en su rostro. Le pasó un brazo sobre los hombros y tranquilizó sus miedos en la medida en que era capaz de hacerlo.

-Pondré hombres que custodien la casa para que te vigilen en mi ausencia. N°17 no es suficiente hombre como para enfrentar a guardias armados.

Pan buscó sus ojos.

-¡Te extrañaré terriblemente, Trun!

-Es un hecho, Pan, que mi corazón se quedará contigo- le susurró.-Cuídalo bien.

-Nunca te traicionaré- le prometió con suavidad, acurrucándose en su pecho. Le pasó un dedo por el mentón y le sonrió mientas le comunicaba sus sentimientos.- Creo que te amo, Trunks Brief.

Trunks bajó su boca hasta la de ella y le susurró:

-Y yo sé sin ninguna duda que te amo.

Con el siguiente latido del corazón, sus labios se unieron en un beso que selló sus votos de amor más que cualquier palabra pronunciada. Pasó un largo rato antes de que se separaran y, una vez más, esa noche se retiraron temprano a sus habitaciones para pasar las horas de dulce pasión en mutuas demostraciones de devoción.

...

El sol concluyó su lánguida travesía por el cielo azul y pareció hacer una pausa por encima de la línea distante que marcaba el fin de su paso, como si deleitado en su propia magnificencia demorara su nocturna partida del escenario. Los rayos rojos encendían el cielo hacia el oeste y perforaban las delgadas nubes deshilachadas que trataban de cubrir el brillo de ese notable rostro. Con inquebrantable condescendencia, el astro rey, finalmente bajó la cabeza por propia voluntad y se hundió poco a poco, permitiendo que los pesados telones del crepúsculo cayeran detrás de él. Sólo una suave aura rosada quedaba como evidencia de su paso, hasta que ella también se apagó bajo la cola de una capa de ébano que esparció una miríada de titilantes luces de cristal a su paso.

Trunks montó sobre el enorme caballo negro y tomó las riendas entre sus dedos mientras sus hombres lo seguían en sus monturas. La oscuridad que se consumía con rapidez era lo que habían estado esperando para ocultar su avance hacia la cima de la colina que Goten y un pequeño grupo de vanguardia de doce soldados ya había subido poco antes para capturar al par de guardias que vivía allí y asegurar el área.

Goten tenía la capacidad para permitir que el destacamento de soldados continuara con una encubierta vigilancia del cañón que se extendía debajo de ellos. Al asegurar la cima de la colina, había empleado un sonido similar al gorjeo de un pájaro para aplacar a la media docena de hombres robustos que cuidaban el campamento.

Trunks levantó un brazo y lo llevó hacia delante en una orden silenciosa para que sus hombres avanzaran hacia la colina. Ya había dado directivas para que los ejes de las carretas de provisiones y los vehículos con armas estuvieran bien engrasados y que las ruedas de madera se envolvieran en tiras de cuero para disminuir el ruido durante el ascenso. Los cascos de los caballos habían sido silenciados del mismo modo, pues era de extrema importancia que sus hombres ganaran la posición y no fueran detectados hasta estar bien seguros de que Black estuviera en el campamento, entonces lanzarían el ataque. Si una alarma sonaba antes de que estuviera en la trampa, la posibilidad de capturar al ladrón era prácticamente nula. Trunks no quería que nada saliera mal. Había llegado demasiado lejos para pensar en hacer saltar la trampa antes de que el zorro estuviera en la bolsa.

Trunks había determinado desde el principio que su objetivo primario para esta campaña sería la captura de Black y los miembros más importantes de la banda. Al privarlos de su líder, Trunks esperaba imposibilitar que los restantes se reagruparan. Sin Black los demás se dispersarían en un estado de caos o se aniquilarían entre ellos en la lucha por las posiciones de control. Si el ataque proyectado tenía éxito, entonces los prisioneros serían llevados a Moscú donde se les juzgaría por sus crímenes.

Este ataque que Trunks estaba a punto de lanzar no dejaba nada librado al azar, aunque la mayor parte de las autoridades militares de alto rango habían sido inducidas a pensar que el objetivo de Trunks no era de gran importancia. Se habían hecho a correr rumores falsos para calmar la curiosidad de aquellos que se ocupaban de conocer el paradero de las fuerzas del zar Piccolo. Así, cuando Trunks y la mitad de su regimiento salieron de Moscú a la vista de todo el mundo, la gente de la ciudad apenas se asombró, pues estaba segura de que sabía cada detalle de su misión. Para asegurarse de que así fuera, Trunks había pasado deliberadamente por alto a su inmediato superior el general Shapner, y con Goten como intérprete para tener la certeza de que lo entendía bien, había llevado su petición al mariscal de campo, a quien le había encantado la idea de despejar los alrededores de Moscú del ejército de ladrones de Black. Trunks requirió absoluto secreto al mariscal, que hizo esparcir entre sus otros oficiales de división que el coronel inglés estaba liderando una enorme compañía de hombres hacia las afueras de la ciudad para llevar a cabo maniobras de práctica en un área alejada del lugar donde en realidad se dirigían.

El general Shapner se indignó al enterarse de que no había sido informado del plan del coronel Brief antes de que las órdenes fueran emitidas. Insistió en que se eligiera a otro oficial para liderar la campaña, pero se vio frustrado en su intento de impedir la partida programada. Sus cejas se levantaron con incredulidad cuando escuchó que Trunks había pedido una media docena de pequeños cañones fijados a sus propios trasportes y dos veces el número de artilleros para encargarse de ellos, pero el general poco pudo hacer excepto tronar y escupir su furia, pues una orden directa del mariscal de campo impedía toda posibilidad de que se le negara a Trunks lo que había pedido. El general Shapner no tenía ganas de ver que ni el más pequeño de los deseos del inglés fuera satisfecho, no cuando Angela lo había señalado como el hombre con quien lo había engañado. Tan grande era su resentimiento que pasó tres días regañando a su esposa por acostarse con un tonto y minimizando la campaña que su amante coronel había pergeñado. Después de haber detallado todos los defectos que pudo imaginar en la estrategia de Trunks, Angela supo casi tanto como cualquier otro oficial de la división y no tuvo la reserva de guardar esa información en secreto, con lo cual ayudó a divulgar las falsas historias tal como Trunks y sus hombres deseaban y necesitaban.

Con un día de anticipación, Trunks envió al explorador Shu al área con un destacamento de doce húsares al mando de Goten. Cuatro de ellos sirvieron de centinelas y cabalgaron delante o detrás de los otros ocho durante el día. Por la noche, dos de los doce volvieron al lugar donde se encontraba Trunks a informar y fueron reemplazados por el mismo número de hombres de la tropa principal que luego avanzó para unirse a la vanguardia. Con orden de capturar a cualquier espía que pudiera llevar información a los ladrones, mantuvieron una rígida vigilancia, evitando la posibilidad de que los bandidos estuvieran advertidos de su llegada. Así, lograron llegar al pie de la colina sin que ninguno de los bandidos se enterara.

Trunks controló con cuidado la oscuridad envuelta por los árboles retorcidos y condujo a sus hombres colina arriba a través de un sendero más largo que permitía un acceso más fácil a los grandes vehículos. La luz de la luna suministraba iluminación suficiente para el ascenso, pero también amenazaba con revelar su presencia si algún sonido extraño atraía la curiosidad de los ladrones. Cuando el tintineo de una olla hizo retroceder a un caballo asustado, Trunks reaccionó con suma rapidez. Giró su semental y se puso a la par de la carreta donde se había producido la ofensa y advirtió con severidad al joven soldado que la conducía.

-¡Maldición, cabo! ¡Con el ruido que está haciendo podría despertar a los muertos!- rugió.- Le dije que asegurara todas las ollas que lleva en esa carreta de cocina. ¿Necesita que una niñera venga y le diga lo que tiene que hacer?

-¡Izvinitie!-el joven subió un poco los hombros con ansiedadmientras se disculpaba luchado por encontrar las palabras en inglés, que resultaran una respuesta adecuada para su comandante- ¡Lo hice, señor!

-¡Pero no lo suficientemente bien!

-Algo roto, creo.

Trunks hizo una seña con el pulgar por encima del hombro.

-¡Gavaritie!¡Suba de una vez! Podrá inventar las excusas después.

Unos momentos después, Trunks dio un profundo suspiro de alivio al ver que la última carreta alcanzaba la cima, por suerte, sin más incidentes.

Goten estaba allí para ayudarlo a dar instrucciones a los hombres que armaban el campamento. Aunque toda la compañía había sido advertida de la necesidad de mantener el secreto, se les volvió a recordar mientras trabajaban en la oscuridad que todo estaría perdido si los ladrones eran alertados de su presencia.

Las órdenes eran susurros que corrían mientras se descargaban las carretas y luego se las empujaba hacia un estrecho nicho entre altos pinos. Los caballos fueron atados en lugares bien protegidos cerca de los límites del campamento, y los cañones fueron ubicados con sumo cuidado entre los árboles que crecían junto a una saliente de la colina. Apuntaban directamente hacia sus blancos y las grandes bolas se guardaron cerca de las armas. La atalaya de piedra donde los guardias habían vivido se usaría como cocina mientras permanecieran allí, pero más allá de esa construcción no se permitiría encender fuegos en ningún área donde el resplandor pudiera ser detectado por nadie que estuviera debajo.

Después que los hombres se ubicaron para dormir un rato, Trunks recorrió el campamento con Goten para tomar conocimiento directo de las ventajas y los fallos de su posición en la cima de la colina. Debajo de él, la estrecha cuenca estaba localizada aquí y allí por fuegos que iluminaban las montañas rocosas que rodeaban el escondite de Black. Protegido por esa impenetrable fortaleza de piedra, el príncipe ladrón y sus seguidores debían de haber disfrutado de total autonomía del resto del mundo durante muchos años. Los únicos senderos por los que un hombre podía entrar o salir eran los pasos que se encontraban a ambos lados del cañón, y los dos estaban bien asegurados y patrullados continuamente por dos guardias armados. Un tercer centinela trepaba los barrancos que apuntalaban el paso para tener un punto de vista ventajoso y así poder observar las idas y venidas. Eso hacía casi imposible que un enemigo pudiera pasar sin ser detectado una vez que entraba en la garganta.

Aunque la cima había sido bastante accesible a través del camino que había tomado con sus hombres, Trunks había confiado en las observaciones previas del explorador y había hecho sus planes de acuerdo con ellas. Ahora podía comprobar por sí mismo que descender de la montaña al lugar donde se alojaban los ladrones no era tarea fácil, pues involucraba una caída casi vertical. Por eso, en las últimas semanas de entrenamiento, sus hombres habían practicado ejercicios de escaladas y descensos a través de cuerdas que colgaban de las paredes del Kremlim. Con ese método pensaba penetrar en el valle. Las sogas ya habían sido atadas a los árboles más altos que bordeaban el barranco y estaban enrolladas en la base de cada tronco para facilitar que fueran arrojadas en el momento de descender al valle, una estrategia que los ladrones no estarían esperando.

-Todo está dispuesto según sus planes, coronel Brief-comentó Goten, con un gesto casual hacia el campamento de los ladrones. -Cuando utilicemos los cañones, Black y su banda quedarán apresados allá abajo. Necesitaremos sólo una o dos armas más para abrir el paso.

-El plan parece lo suficientemente simple como para que no haya posibilidad de fracasar- remarcó Trunks. Después de un minuto de reflexión continuó. -Sin embargo, he visto cómo estrategias mejores que ésta se venían abajo cuando el destino decidía que las cosas fueran de otro modo. No tenemos garantías de que Black esté allí, o de que regrese pronto si no está. Sólo podemos esperar aquí hasta que aparezca. Y rogar que no sea en pleno invierno.

-Eso espero, amigo mío. No me gustaría que los vientos helados nos encontraran en esta colina- murmuró Goten pensativo.

Como si fuera necesaria una prueba de lo que el capitán Goten más temía, una fría y ventosa mañana siguió a la llegada nocturna del regimiento a la cima. Inclusive algunos copos de nieve golpearon las amplias capas de los soldados y las puertas de las carpas, congelando los dedos y las narices de los que esperaban en el exterior. El frío no habría sido una dificultad que no pudieran superar, si al menos hubieran tenido señales de su presa, pero no había ningún rastro del cuerpo ancho y robusto de Black aunque Trunks y sus hombres no dejaban ni un minuto de controlar el campamento desde su posición elevada. Ni siquiera M. Buu o el gigantesco Broly se veían en las inmediaciones, lo que impacientaba a los soldados, que no veían la hora de tener a los bandidos en sus manos.

Pasó toda una quincena sin que tuvieran evidencia de su presa. Trunks comenzaba a ponerse inquieto. No podía imaginar dónde estaban los ladrones y qué tropelía estarían cometiendo: si estarían atacando a incautos viajeros o saqueando alguna ciudad lejos del campamento. Incapaz de soportar la espera sin saber lo que ocurría más allá de su atalaya, Trunks envió a Goten y a Shu en busca de alguna pista del hombre, pero mientras esperaba su regreso, deambulaba sin paz, deseando rastrear el terreno él mismo. Sabía que sería una locura ser descubierto por Black y por eso se obligaba a esperar sin desesperar, aunque no veía la hora de terminar con el asunto y regresar con aquella a quien amaba.

Pan se sentía abrumada por el mismo deseo mientras observaba la luna que ascendía hasta ocupar el centro del escenario. El frío que formaba la esencia misma de la esfera plateada no le brindaba ningún consuelo, por el contrario, la confinaba al opresivo silencio de su habitación. Durante la noche, no podía esperar nada más excitante que pasar esas largas horas sola, en la cama enorme que, antes de la partida de Trunks, había compartido con él. Por momentos los hermosos recuerdos la invadían como oleadas cálidas de vívidas imágenes y, mientras perdía su mirada en el baldaquino que tenía sobre su cabeza, casi podía sentir la presencia de su amado. Si cerraba los ojos, el rostro de Trunks aparecía en su imaginación despertando todos sus sentidos hasta que casi podía escuchar el susurro ronco de palabras de amor. Esos recuerdos no hacían más que despertar una nostálgica esperanza de que, al abrir los ojos, él estaría allí y todo sería como debía ser.

Pan suspiró con languidez al apartarse de las ventanas y comenzó a recorrer la habitación sin destino fijo. Si alguien le hubiera preguntado, habría dicho que Trunks se había ido hacía una eternidad, pues le parecía como que toda su vida se había detenido en ese momento.

Mientras los días pasaban con una asombrosa lentitud, Pan comenzó a comprender cómo una persona podía sufrir la soledad más insoportable aun en medio de sus amigos más leales. Aunque Milk no dejaba de acudir a su ingenio con la esperanza de entretenerla, Pan no podía hacer nada más que sonreír ante los infructuosos intentos de la pequeña criada. Ni siquiera la compañía de N°18 la liberaba de los sentimientos de tristeza que la acompañaban desde la partida de Trunks. Hora a hora, luchaba contra el deseo ferviente de tenerlo de nuevo a su lado. Odiaba las luchas y los conflictos que lo obligaban a marcharse. Aunque trataba de tener los dedos y la mente activos, no encontraba respiro a la ansiedad que generaba el miedo por su persona. La amenaza de Black era demasiado real, estaba demasiado marcada en su memoria como para que pudiera dejar de lado sus temores con tareas triviales. Peor con la certeza del serio peligro que corrían al tratar de enfrentar al bandido, eso era lo único que podía hacer para no salir corriendo a buscarlo.

Las salidas sociales no la habían ayudado, sino que la habían puesto más nerviosa cuando tanto el príncipe N°17 como el comandante Ten Shin Han se habían atrevido a acercarse a ella en público. Aunque la presencia de un par de guardias armados delante de su coche o detrás de ella cuando salía a pie los había disuadido de prolongar sus visitas a algo más que unos minutos, habían servido para dejar en claro cuáles eran sus motivos. Preocupado por el malestar que podría haber generado con su encuentro anterior, Ten Shin Han había dejado sentado que era un caballero honorable y le había ofrecido una disculpa, mientras que N°17 se había mostrado tan ansioso como siempre por llevarla a su cama. Lo único que había cambiado era que la búsqueda de su placer carnal y la necesidad de vengarse de las humillaciones pasadas habían ido en aumento pues ella se había convertido en la esposa de su más encarnizado enemigo. Parecía que robársela al inglés, fuera mediante la seducción o el rapto forzado, se había convertido en un desafío para él, y le molestaba terriblemente que el par de guardias que Trunks había contratado para protegerla siguiera impidiéndoselo.

Parece que tu marido tiene miedo de que lo engañes durante su ausencia N°17 le había sonreído con profunda arrogancia . Un cinturón de castidad habría sido menos costoso que emplear a esos torpes patanes.

Una sonrisa menos tolerante acompañó la respuesta de Pan.

Bueno, N°17, ¿Podría ser que usted estuviera furioso porque él se ha atrevido a interferir con sus lascivos planes al contratar a dos hombres completamente insobornables y que no se dejan intimidar por personas de su clase?

Los ojos azules de N°17 se encendieron con una extraña mezcla de insolencia y de hambriento fervor.

Pareces muy segura, Pan, como el cisne que nada en las cálidas aguas de un lago, ajeno por completo al peligro del lobo hambriento que acecha en los juntos cerca de la costa.

Pan levantó una ceja al percibir la amenaza.

Cuídese, N°17, no vaya a ser que se quede atrapado en las pantanosas aguas del engaño hasta que aprenda su lección. Su Majestad no ha olvidado su último intento de alejarme del coronel. Esta vez sus esfuerzos podrían costarle la cabeza.

Este recordatorio no fue bien recibido por el príncipe, cuyos ojos se helaron al considerar las prometidas repercusiones.

Deberías haber aprendido con nuestro último encuentro que puedo ir muy lejos, Pan. Odio tener que repetir una lección que ya he dado, pero es evidente que haces oídos sordos a mis palabras.

Con un gesto desdeñoso, se había acercado al vehículo que lo estaba esperando. Una semana después Pan tenía la esperanza de que hubiera abandonado la idea de apropiarse de ella para saciar sus lujuriosos deseos, pues no lo había vuelto a ver rondando la casa, ni siquiera en compañía de Marron o de otras personas. Se preguntaba si había salido de Moscú en busca de otra conquista donde pudiera sofocar su lascivo ardor.

Pan apagó las velas que estaban al lado de la cama y se deslizó entre las sábanas frías, recordando los momentos que había pasado allí con Trunks, protegida en su abrazo. Ahora, sólo podía sentir el vacío que la recibía en la oscuridad que la rodeaba. Se frotó con las manos las mangas de la camisa para aplacar el frío de la cama sin compañía. No había calidez que pudiera satisfacerla como la de su esposo, pero acercó la almohada de Trunks a su pecho y la abrazó con todas sus fuerzas como si se tratara de él en persona. Poco después, cuando sus pensamientos comenzaron a transformarse en sueños, se sintió tan liviana y ligera como una hoja volando en la brisa.

Un par de horas más tarde, Pan creyó que sólo había disfrutado unos breves minutos de sueño cuando fue despertada por una ancha mano que le tapó la boca con fuerza. Le cubrió casi la mitad de la cara y fue muy eficaz para evitar el grito que se le desgarró en la garganta. En el instante siguiente un trozo de tela sirvió al mismo propósito pues fue introducido en su boca y asegurado por una banda que le ataron en la parte de atrás de la cabeza. El hombre responsable de estos actos e inclinó sobre ella, y, al verlo, no pudo contener el pánico que le impulsaba el corazón con un ritmo frenético. De inmediato reconoció el cabello oscuro que cubría la cabeza del hombre en la habitación iluminada por la luna.