—Cariño... Despierta... Oye...

Hornet se revolvió en su cama quejándose de que la molestaran.

—Vamos Hornet, abre los ojos.

Aún somnolienta la araña mestiza obedeció la petición y abrió sus ojos, solo para encontrar el rostro de Tobu a escasos centímetros del suyo.

—¡Aaaaaaaaaahh! —Hornet gritó asustada y trató de golpear a la intrusa que invadía su espacio personal.

Tobu que estaba colgada sobre la cama de Hornet usando un hilo, se balanceó esquivando el golpe. El escándalo armado por la chica de rojo despertó a su hermano y a Ali que estaban en la misma cama que ella.

—... —Se refregó los ojos y miró a la araña que colgaba encima, no le dio importancia y volvió a dormir. Ali lo imitó.

—¿Pero que rayos haces? —Gruñó Hornet enfadada de que interrumpieran su sueño— ¿Y qué hora es?

—Bastante temprano, la mayoría de los insectos no deben estar despiertos. —Dijo Tobu alegremente.

—¡¿Entonces por qué me despiertas a mi?! ¡¿Y porqué te metes en mi casa sin mi permiso?!

—Es que cuando me toca partir de viaje hacia nuevos reinos y aventuras, suelo levantarme temprano para prepararlo todo. Ya ordené mi hogar temporal, ahora me toca comprar algunos suministros para el viaje.

—¿Y eso a mí que me importa?

—Pues te quería pedir que me acompañaras a la ciudad para abastecerme. —Puso una expresión angelical.

—No.

—Vamos, no seas malita. Anda di que sí. Me lo debes, te he enseñado todos mis conocimientos de tejedora, eso debe valer algo ¿No?

Hornet gruñó sabiendo que tenía razón, había hecho demasiado por ella. Era por estas cosas que odiaba pedir favores.

—Está bien, te acompañaré —aceptó finalmente a regañadientes.

—Oye, no será tan malo, te invitaré a almorzar donde quieras.

Palabras mágicas. Inmediatamente Hornet se levantó con más ánimo y luego de tomar un desayuno ligero, se encaminaron Ciudad de las Lágrimas.

Llegaron tan temprano que muchos negocios aún permanecían cerrados, incluso recién llegaban los empleados.

—¿Por que vinimos tan temprano Tobu? No hay ningún lugar donde comprar.

—Eso es porque ahora no venimos a comprar, venimos a vender.

—¿Vender?

—Tengo mis clientes por aquí.

Se acercaron a la parte trasera de una tienda donde un pulgón cargaba unas cajas.

—¡Hola Tocker! —Saludó la araña.

—¡Tobu! Que gusto verte ¿Que sorpresa me traes hoy? Las semillas dulces de la vez pasada fueron un éxito ¿No tendrás más por ahí?

—Lo siento, ya agoté existencias, la próxima vez que me pase por Hallownest me aseguraré de traer algunas. Esta vez tengo piedras puranas, son muy útiles para retirar impurezas de los caparazones.

Luego de una animada conversación y algo de regateo, Tobu salió de la tienda sin su saco de piedras, pero con una bolsa repleta de Geo.

—Entonces... Las cosas que recolectas en un reino, las vendes en otro y con eso consigues dinero para tus gastos. —Dijo Hornet.

—Exacto, todos los gastos que no sean comida, los cubro así. Para mi alimento me limito a cazar.

—Ya veo... Yo pensaba que...

—¿Que robaba? —Tobu le dedicó una mirada ofendida—. Tienes una muy mala opinión de mí, no soy una ladrona... Bueno, no una común. No me interesa el dinero o las joyas, yo busco tesoros, objetos únicos y representativos de un lugar, otras cosas no me interesan.

—Perdón, no quise ofenderte, yo pensaba que... ¡Eh! ¡Un momento! Aunque no robes cosas comunes robar sigue estando mal, no deberías hacerlo.

—¡Mira! Esa tienda ya abrió, necesito unas cosas de ahí. —Dijo escabulléndose de Hornet.

—¡Tobu! ¡No te escapes!

Hacer cambiar a alguien como Tobu era difícil y en su último día en Hallownest, Hornet no lo iba a lograr, así que por esta vez, optó por ignorar la conducta de la araña... Al menos hasta que se metió en problemas.

Las chicas estaban recorriendo un edificio que ninguna de ellas se había dignado a visitar antes porque no tenía negocios de su interés, la mayoría eran oficinas y tiendas de objetos usados. Sin embargo, los entrenados ojos de Tobu captaron algo sumamente interesante para ella.

—Holaaaaaa —dijo la araña entrando con toda confianza a la tienda de antigüedades.

—Buenos días, ¿En qué puedo ayudarla? —Dijo Lemm desde detrás de su mostrador.

—¿Cuánto por eso? —Dijo señalando un ídolo del rey que estaba sobre un estante.

—No está a la venta —contestó el anticuario inmediatamente perdiendo el interés en la visitante.

—¿Cómo que no está a la venta? Pero si esto es una tienda...

—Tobu... —Hornet comenzaba a impacientarse, pues presentía que las cosas iban por mal camino.

—No exactamente. —Replicó el viejo insecto a la afirmación de Tobu—. Yo me dedico a comprar reliquias, no a venderlas, nada de aquí está a la venta.

—Pero si tienes demasiadas cosas, no seas tacaño.

—Ya te dije que nada está a la venta —Lemm ya comenzaba a molestarse—. Yo compro objetos de valor coleccionable, gran parte de estas reliquias valen más que tú cabeza en un mercado de pulgas negras. Así que si tienes algo que vender, ponlo en el mostrador, si no es así, mejor te retiras de mi negocio.

—¿Y tú crees que te voy a vender alguno de mis preciados recuerdos? Olvídalo viejo.

—¿Recuerdos? —Pareció confundido por el término.

—Sip. Objetos de valor que encuentro en mis viajes y guardo como recuerdos de dichas experiencias.

—Oh, pues estaría ciertamente interesado en ver alguno de sus recuerdos. —La actitud del bicho inmediatamente cambió a una más amable—. Como coleccionista de estas joyas de la historia me encantaría ver alguno de tus "recuerdos."

—¡Claro!

Tobu parecía bastante halagada y orgullosa de tener oportunidad de presumir sus baratijas, la mayoría de los insectos poco y ningún interés tenían en admirar su colección. La araña comenzó a buscar debajo de su capa por algo que tenía con ella, entonces luego de un momento, sacó un hermoso anillo dorado con el emblema de la corona grabado encima.

—Encontré esta cosa en los límites del reino. Me gustó el logotipo, es bonito, así que decidí queármelo

—¿Estarías interesada en vender eso? —Dijo Lemm acercándose tanto Que Tobu dio un respingo y saltó hacia atrás poniendo distancia.

—Yo... Yo... ¡Te lo cambio por la cosa esa! —Dijo señalando nuevamente el ídolo del rey.

—Eso no está a la venta y tampoco se intercambia. Pero puedo darte mucho Geo por el anillo que traes.

—No me interesa el Geo ¡Quiero la estatua esa!

—Por favor, sé razonable —Lemm trató con otra estrategia— ¿Para qué quieres un ídolo del rey? A ti no te sirve de nada, tampoco el anillo, tus patas no son apropiadas para usar joyas. Mejor acepta el Geo que puedes usar para comprar cosas útiles.

—A ti tampoco te sirve de nada.

—Oh no, para mí son muy útiles. De estos objetos obtengo pistas del pasado y de civilizaciones antiguas que...

—O sea, te sirven para escribir libros tontos que nadie va a leer. —Estas palabras indignaron al viejo bicho.

—¡Eso es mucho más útil que simplemente acumular objetos porque sí y tenerlos arrumbados en un rincón guardando polvo!

—¡Hey! Eso no es así, mis recuerdos están limpios y ordenados, cuido muy bien de cada uno de ellos...

—Por que es más fácil cuidar objetos muertos que cuidar de personas y con eso alivias las carencias afectivas que tienes ¡Típico de los acumuladores! —Replicó Lemm mordaz.

—¡Cómo te atreves! —Algo en el tono de voz de Tobu delataba que el último comentario le había afectado.

En ese momento la aguja de Hornet se enterró en el mostrador justo entre medio de Lemm y Tobu. Ambas criaturas levantaron la cabeza lentamente para dirigir su mirada hacia la guerrera que en aquel momento lucía un aspecto aterrador.

—Ya fue suficiente —dijo la mestiza en tono seco.

—La bestia ro... —Susurró Lemm, pero cortó la oración a la mitad al ver la mirada asesina de Hornet—. Lo siento.

—Tobu, nos vamos —dijo Ignorando al anticuario.

—Pero...

—¡Dije que nos vamos!

Sin esperar más, Hornet agarró a Tobu por la capa azul que usaba y la arrastró fuera de la tienda, mientras la araña se agitaba y protestaba. No hubo caso, la guerrera no retrocedió y no dejó de arrastrarla hasta que estuvieron a cierta distancia de la tienda.

—En serio Tobu, no sé como es que haces para sacar de quicio a la gente.

—Fue su culpa ¿Escuchaste lo que me dijo?

—Sí, lo escuché, pero tú empezaste. Ya te dijo la primera vez que en su tienda nada estaba a la venta, debiste haber desistido en ese momento —Suspiró con resignación—. Aunque supongo que eso era pedirte mucho. El que haya podido sacarte de ahí sin que robes nada ya es bastante.

—Claro...

Algo en el tono de voz de Tobu hizo que Hornet se pusiera en alerta y mirara a la araña con sospecha.

—No robaste nada de la tienda ¿Cierto?

—Eh... No... ¿Por qué? —La mirada de Tobu decía que claramente lo había hecho.

—¡Tobu!

De pronto un pequeño escándalo desvió la atención de Hornet de la ladrona. A poca distancia de ellas pudo ver al anticuario corriendo siendo seguido por dos escarabajos Goliat. En cuanto notó la presencia de las dos chicas, Lemm gritó:

—¡Ahí está! ¡Detengan a la ladrona!

—¡Mira lo que has hecho Tobu! —Gritó Hornet enfadada dirigiéndose a su compañera pero... Esta ya se había ido— ¡Aaaaggg! ¡Maldita araña!

Fue un largo rato el que pasó escapando de los guardias hasta que finalmente logró despistarlos. En otras circunstancias quizás se habría entregado, pero estaba enfadada y no tenía ganas de cargar con culpas ajenas. Cuando finalmente estuvo libre de todo perseguidor y comenzó a considerar la idea de regresar a casa, Tobu apareció de la nada y saltó encima de ella. Los entrenados reflejos de Hornet le permitieron esquivar el ataque sorpresa.

—Buenos reflejos cariño. —La saludó Tobu alegremente.

—¡Ahí estás maldita ladrona! ¡Ve a devolver lo que tomaste ahora!

—No, es mío, yo me lo encontré.

—¡Tobu no empieces de nuevo!

—¿Quieres ir a almorzar?

—No me cambies el tema...

—En el restaurante de por allá hay filete de cavasuelos con salsa de hongos.

—Tobu...

—También podría ir a entregarme a hora mismo y salir de este trámite, pero supongo que eso haría que nos perdiéramos la hora de almuerzo, cosa que sería una pena, dicen que la comida de ese restaurante es riquísima. ¿Verdad que sería una pena Hornet? ¿Verdad verdad?

En ese momento Hornet se odiaba a sí misma por lo que estaba a punto de hacer, pero decidió perdonar a Tobu en esta ocasión e ir a comer con ella, más rato la haría entregarse.

La comida fue agradable y abundante, Tobu parecía estar muy generosa y Hornet no dejó pasar la ocasión, de todos modos se lo debía luego de todos los problemas que le había causado.

Ahora Hornet se encontraba mordisqueando una botana crocante remojada en salsa, mientras que Tobu chequeaba una lista que tenía con ella para ver qué le faltaba comprar. Por única vez Hornet pudo ver a la araña en una actitud algo más seria de la habitual, normalmente parecía despreocupada, pero se veía que era capaz concentrase en algo si era necesario.

—¿Te faltan muchas cosas? —Preguntó la guerrera mordiendo su bocadillo.

—No muchas, solo necesito conseguir un pedernal, estaba considerando viajar a un reino frío y para sobrevivir ahí es absolutamente necesario poder crear fuego con facilidad. Si no logro encontrar uno, tendré que cambiar mi ruta, no me voy a arriesgar a ir a un lugar para el que no estoy preparada.

—Esto de ir de viaje parece algo peligroso —En aquel momento se le vino a la cabeza Quirrel y una opresión se instaló en su estómago.

—No lo es tanto si vas bien preparado y cuando ya tienes experiencia las cosas son más fáciles, ya puedes predecir zonas peligrosas con solo un vistazo. La verdad, para viajar lo más importante es saber defenderse, ya sea peleando o escapando. —Le dedicó una mirada analítica a Hornet—. Con tu habilidad con la aguja seguro podrías viajar sin tener que preocuparte de la mayoría de los peligros ¿Nunca has considerado moverte de aquí?

—La verdad no, me siento obligada a permanecer aquí y defender esta tierra, soy la protectora de Hallownest, yo... —En aquel momento se detuvo, no quería contarle a Tobu demasiados detalles de su particular existencia—. No es como que sienta mucho interés en viajar tampoco.

—Deberías hacerlo, es divertido —dijo la araña con una sonrisa—. Puedes conocer lugares fascinantes, insectos raros, vivir experiencias únicas... Si tú quisieras... Podría guiarte en el mundo exterior...

—Agradezco la oferta, pero no me puedo mover de aquí. Hay muchas cosas que me atan a este lugar, el reino mismo, mi familia, además de que debo esperar el regreso de Quirrel.

Tobu frunció el ceño ante la mención del nombre ¿Donde lo había escuchado? No lo recordaba.

—¿Quién es Quirrel?

—Él... Es un amigo muy querido. —Una sonrisa cálida asomó en el rostro de Hornet—. Es una cochinilla muy amable que me ha ayudado mucho, le tengo mucho cariño, Hollow igual. Es muy inteligente y sabe muchísimas cosas, es hábil, leal, fuerte y además es uno de los mejores cocineros que conozco. Si tuviera que quejarme por algo, sería por esa manía de salir de viaje cada tantos meses, no se puede quedar quieto en un solo sitio. Pero al menos siempre regresa conmigo... Digo con nosotros, con Hollow y conmigo. —Quedó con la cara roja ante el último comentario.

—En serio lo quieres mucho —Tobu parecía algo melancólica— ¿Seguro que son solo amigos?

—¿Tú también vas a empezar con eso? Ya bastante me molesta el gusano fantasma con que sería buena pareja para mí.

—Ese maldito gusano casquivano...

—Como sea, solo somos amigos... Y por el momento seguirá siendo así. Él ya dejó en claro que no quiere tener pareja y pretendo respetar su deseo.

—¿Pero quisieras que fueran algo más? —Esta pregunta dejó a Hornet algo nerviosa.

—Yo... Solo quisiera que regresara pronto, nada más, con eso me basta.

—OH vaya... Pero qué chica tan humilde ¿Y qué harías si nunca regresara? Si muriera por allá lejos sin que te enteraras y pasaran los años y los años y él nunca volviera...

—Pues me quedaría con Bretta. —El rostro de Tobu se descompuso al escuchar esto y Hornet soltó una carcajada—. Solo estoy bromeando, no te lo tomes tan en serio.

La araña puso una expresión seria y se quedó mirando en silencio a la chica de rojo, quien como solía ocurrir cada vez que esto pasaba, comenzó a ponerse nerviosa.

—Tobu... ¿Podrías dejar esa costumbre tuya de quedarte mirándome fijamente en silencio? Me pones nerviosa.

—Es que eres tan linda...

Como respuesta Hornet le estampó en la cara un bocadillo cubierto en salsa.

—AAAgggg... ¡Eso fue un ataque a traición!

—¡No empieces con tus payasadas! No porque me halagues voy a pensar mejor de ti.

—No son payasadas, es lo que pienso...

—No pensarías que soy linda si supieras el cuerpo monstruoso que se oculta bajo esta capa —dijo Hornet en un susurro casi inaudible.

—¿Dijiste algo?

—¡Nada! —Levantó la voz nuevamente—. En fin, ya terminamos aquí, vamos a pagar y sigamos comprando tus cosas.

El resto de la tarde transcurrió sin mayores percances. Tobu pudo encontrar todo lo que necesitaba para dejar sus comprar hechas y su equipaje preparado para el viaje, incluso logró obtener un par de pedernales a muy buen precio.

Finalmente, cuando terminaron todos sus asuntos, ambas chicas se dirigieron hacia los acantilados aulladores, allí era donde Tobu aprovechando las corrientes de aire usaría su tela aérea para viajar hacia un nuevo destino. Como último favor le pidió a Hornet que la acompañara hasta el último momento, rara vez tenía a alguien para despedirla. La chica de rojo estuvo de acuerdo y fue por eso que aquel atardecer, ambas se encontraron en las alturas de aquel acantilado observando el día acabar.

—Gracias por acompañarme Hornet, fue un día muy divertido.

—Sí, supongo que no estuvo mal —contestó la guerrera—. Exceptuando la parte cuando robaste la tienda de antigüedades lo demás fue agradable... Y nunca devolviste el ídolo del rey.

—Pero es que es mío...

—Sí, sí, ya no digas más, es suficiente. Afortunadamente ya te vas, así que no tendré que lidiar con tus fechorías nunca más.

—Nunca más hasta que regrese...

—¿Vas a volver algún día?

—Tengo una casa aquí, algún día debo volver para asegurarme de que mis recuerdos estén bien.

—Ay Tobu... Sabes... Creo que Lemm tenía razón en eso de que debes tener algún tipo de carencia afectiva...

—Oh miren la hora, si no parto se me hará muy tarde...

—Entiendo —dijo la guerrera comprendiendo la poco sutil indirecta de que no quería hablar del tema.

La araña sacó la red especial que usaba para viajar a través de las corrientes de aire y la enganchó en su gancho de tejedora, preparándose para atrapar el siguiente ventarrón que soplara.

—Nunca me enseñaste a tejer ese tipo de redes —comentó Hornet.

—No lo necesitas, si no tienes intenciones de viajar y no puedes producir tu propio hilo, no tiene caso que sepas esto. Mejor dedícate a tus tejidos tradicionales y a tejer tu primer tapiz, recuerda que debes colgarlo en la pared principal de tu casa en Nido Profundo.

—Sí, lo haré. Honraré las tradiciones de las tejedoras y presentaré mi tapiz, aunque ya no haya nadie para admirarlo.

—Si supieras... —Susurró la araña.

—¿Dijiste algo?

—No nada.

—...

—...

Luego de eso siguió otro de los incómodos silencios que tanto le crispaban los nervios de Hornet.

—¿Quieres dejar de mirarme así?

—Ah lo siento —dijo como saliendo de sus pensamientos—. Es que tienes una basura en uno de tus cuernos.

—¿Eh? ¿Donde? —Comenzó a tocarse la cabeza tratando de quitar la mugre.

—No es ahí, más al lado... Digo más arriba... No, esto... Ven aquí, mejor te la quito yo.

Hornet se inclinó hacia Tobu permitiéndole alcanzar con sus patas sus cuernos para que le quitara la basura. La araña comenzó a tocar el cuerno derecho de Hornet, cosa que la relajó, de forma que bajó la guardia, en ese momento Tobu aprovechó para atraer a Hornet hacia ella y besarla.

Debido a la cercanía, Tobu no pudo evitar la cachetada que le dio la mestiza, la cual hizo en las rocas del acantilado.

La araña retrocedió sobándose la cara, le había dolido bastante el golpe, pero eso no era nada, le preocupaba más la forma furiosa en la que Hornet la miraba.

—¡Pero que mierda fue eso! —Miro a su alrededor por si padre se manifestaba para castigarla por decir malas palabras, pero no hubo señal alguna— ¡Cómo te atreves a besarme! ¿Ahora además de baratijas también robas besos? Esta broma tuya ya fue demasiado lejos, si tú...

—Me gustas Hornet.

—...¿¡Que!?... —El asombro de Hornet era indescriptible.

—Y yo no le robo besos a cualquiera, solo a quienes quiero mucho.

—¿A quienes quieres mucho? Tobu... Dime qué esto es una broma, por favor dime que...

—No es broma Hornet, de verdad te quiero. Pero tú tienes en la cabeza a otra persona y yo no estoy para relaciones serias, así que mejor dejamos esto en un recuerdo divertido, me conformo con llevarme un beso y una cita.

—¿Cita? ¡Un momento! ¿La salida que tuvimos fue una cita?

—Si lo quieres considerar así pues sí, fue una cita.

—No lo puedo creer...

—En fin, gracias por la cita, por el beso, por los recuerdos y quizás en un año o más vuelva a pasear por aquí, si aún vives donde mismo será un gusto saludarte.

—¿Eh? ¡Espera Tobu!

Hornet corrió hacia la araña que lentamente se había acercado hacia el borde del acantilado.

—Adios.

En ese momento el viento rugió e infló la tela aérea de la viajera, arrastrándola hacia el cielo y hacia un nuevo viaje.

—¡Tobu!

—¡Adiós cariño! ¡Cuídate mucho y conviértete en una gran tejedora! ¡Nos veremos de nuevo algún día!

Hornet se quedó de pie en el borde del acantilado observándola alejarse. Era difícil decir si estaba feliz o triste, ni ella misma lo tenía claro, solo sabía que tenía la sensación de haber dejado algo inconcluso. Entonces, antes de que Tobu pudiera alejarse demasiado, sacó un objeto de debajo de su capa y lo levantó hacia el cielo.

—¡Tobuuuuuu! —Gritó a todo pulmón.

La araña voladora miró a la guerrera y aún con la distancia pudo distinguir lo que tenía en su mano, era un ídolo del rey.

Tobu abrió los ojos sorprendida y rápidamente comenzó a buscar entre sus cosas el recuerdo que había obtenido en la mañana, pero no lo pudo encontrar, Hornet se lo había robado.

No pudo evitar soltar una carcajada al darse cuenta de este hecho, entonces con una sonrisa triste dijo:

—Eras perfecta... En serio que lo eras. Es una lástima que seas una mestiza.

La araña se desplazaba por los cielos y se preparaba para dormir, pasarían varias horas antes de que llegara a algún lugar de interés. Ocupada como estaba en sus pensamientos, obviamente estaba ajena a todo lo que ocurría a sus pies, por ello jamás notaría a la cochinilla solitaria que dirigía sus pasos hacia Hallownest.

Luego de un largo viaje, Quirrel por fin regresaba a casa, cosa que lo sorprendía bastante, pensar que hace apenas un año no tenía algo que llamar hogar ni nadie que lo esperara. Era agradable pensar en Hollow y Hornet, la idea de verlos lo ponía muy contento, además de que tenía muchos hallazgos que contarles.

Ya casi llegaba al reino y hasta donde recordaba, esa parte del trayecto era bastante segura, por lo que se podía permitir caminar más relajado, los tiktik no eran algo de lo que preocuparse y las vengamoscas no eran difíciles de manejar.

Fue por esto que el ataque repentino de un ciempiés lo tomó por sorpresa.

La bestia salió de debajo del piso y lo atacó apenas dándole tiempo para cubrirse. Su vasta experiencia como viajero le salvó el pellejo, consiguió cubrirse debajo de una roca y prepararse mentalmente para luchar.

Le dio un vistazo a su atacante y frunció el ceño, ese ciempiés era algo raro, llevaba un collar de metal alrededor de su cuello, muy sospechoso. Seguro que no se lo había puesto él, alguien más lo había hecho ¿Pero con que objetivo?

No era su problema, ahora solo le interesan salir del predicamento. Sacó su aguijón y se preparó para la batalla, no estaba realmente seguro de si sería capaz de derrotar a un ciempiés, por eso su táctica sería intentar escapar. Respiró profundamente y salió de su escondite rocoso.

En cuanto vio a la cochinilla salir, el ciempiés se lanzó contra ella, pero Quirrel haciendo gala de su abrumadora velocidad lo esquivó y se trepó a la cabeza de la bestia, entonces sin darle tiempo de reaccionar, le atravesó uno de sus ojos con aguijón y se dio a la fuga.

Quirrel corrió con todas sus fuerzas, el ciempiés estaba furioso y quería venganza por su ojo perdido, por lo que comenzó a perseguir a su presa, parecía que la iba a alcanzar, pero la cochinilla tenía su propio plan, esquivó otro ataque del ciempiés y con una rápida maniobra clavo una de las patas de bicho causándole un dolor terrible.

El insecto se enroscó sobre sí mismo gruñendo de dolor, tardaría un rato en reponerse, cosa que por supuesto el explorador aprovechó para librarse y huir.

Parecía que había escapado de todo peligro cuando de pronto la tierra frente a él se abrió y un segundo ciempiés salió de ella.

Quirrel retrocedió intimidado pensando en qué hacer, cuando un ruido grave lo alertó de que otro ciempiés había saludo a sus espaldas, estaba rodeado y acabado.

Muchos pensamientos cruzaron su mente en ese momento al creerse muerto, pero todos fueron silenciados ante el sonido de una voz ronca.

—Jajajajja, vaya, en verdad eres bueno —dijo una mariposa masculina apareciendo de detrás de una roca—. Has sido capaz de incapacitar a uno de mis chicos, nunca esperé esto de una cochinilla, esto hace que me replantee las ideas que tenía sobre ustedes.

—Quien... —Siseó Quirrel.

—Soy Ben, orgulloso guerrero del coliseo de los insensatos y domador de bestias. Había sacado a mis chicos a pasear un rato para que jugarán un poco con las basuras que habitan este territorio, no esperaba encontrar un guerrero decente por aquí. Mala suerte para mi chico.

—Yo... No soy un guerrero —dijo Quirrel sintiendo un frío recorrerlo la espalda, este tipo parecía peligroso—. Soy un simple explorador que porta un aguijón para defensa propia, nada más.

—Pues manejas esa cosa mucho mejor que bastantes profesionales ¿No te interesaría venir conmigo al Coliseo? Allí te espera fama y dinero.

—Agradezco la oferta pero debo rechazarla. No estoy interesado.

—Pues qué lástima porque no iba a aceptar un no por respuesta.

Ben abrió sus alas exhibiendo sus colores psicodélicos y comenzó a agitarlas frenéticamente levantando algo de viento que cegó a la cochinilla.

Quirrel cerró los ojos un momento y para cuándo los volvió a abrir, la mariposa estaba frente a él sujetando un extraño talismán que brillaba con colores iguales a sus alas. Al ver la piedra multicolor el pobre explorador se sintió mareado y finalmente perdió la consciencia, junto a su voluntad.


Fin del relleno y adiós Tobu.

Hay algo que me gustaría comentar. Yo nunca pretendo poner un personaje homosexual en una historia, (de hecho este es apenas el segundo personaje homosexual con el que me toca tratar), cada personaje que agrego lo hago bajo la suposición de que es hetero y eventuales ellos mismos al transcurrir la historia me revelan su propia naturaleza, qué son, como son, que les gusta o disgusta.

Con Tobu fue igual, aunque era un personaje ajeno, creo que logré conocerla bien y ella misma terminó por comunicar todo lo que era. Hermoler nunca me especificó su orientación sexual, tampoco pregunté y estaba algo preocupada por hacer algo mal con ella, pero por ciertas conversaciones que tuve con Hermoler, creo que logré interpretar a Tobu correctamente, fui capaz de ver en ella lo mismo que vio él.

Agradezco a todos los que me ayudaron con ideas para los capítulos de relleno, en verdad alargué bastante el fic con ellas, pero ahora toca volver a avanzar la historia e ir sentando las bases para el final (y pensar que mi idea original era un fic de 25 capítulos).