Los personajes de Candy Candy pertenecen únicamente a Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, esta versión del final ha sido hecha sin fines de lucro y por motivos de entretenimiento.
De repente todo a nuestro alrededor se ilumino; por haber estado tan centrados en nosotros mismos apenas y nos dimos cuenta de que el sol ya se había ocultado y no fue sino hasta que un extraño parpadeo luminoso se posó en la nariz de Candy, que nos dimos cuenta.
Cientos de luces empezaron a titilar de un lado a otro, a orillas de la incontenible agua, incluso alrededor de nosotros; moviéndose cadenciosamente en un baile indescifrable que envolvía todo el paisaje en un aura mágica y sobrenatural.
—Bert… estas cositas ¿Qué son? —pregunto Candy al ver como una de ellas brillaba en su mano. Elevándola hasta la altura de mi rostro para que pudiera verla.
—Son luciérnagas —conteste yo intentando contener aquella luz en mis manos.
—Son hermosas… —acertó a decir cuando finalmente el bicho decidió marcharse volando lejos de su mano.
Yo asentí y dejé que el paisaje nuevamente me maravillara, no importaba que fuera de noche o de día, la naturaleza nunca dejaría de sorprendernos.
—Candy, apresurémonos, hay que poner la tienda… —le dije tomando su mano para llevarla hacia un sitio un poco más elevado.
Ella camino detrás de mí, maravillada todavía por el misterioso espectáculo.
—Por favor, Bert… —dijo deteniéndose de pronto —esta noche quiero dormir bajo la luna y disfrutar de estos mágicos bichitos —termino de decir corriendo hacia ellos, abriendo los brazos y girando una y otra vez en el amplio campo de yerba que nos rodeaba.
—Pero Candy… ¿y si llueve? —dije levantando la vista en torno a las pocas nubes que adornaban el cielo.
—No lloverá, créeme… por favor…
Ante tan sincera suplica no pude negarme; luego de cenar nos metimos bajo las mantas que habíamos dispuesto en el suelo y la abrace con firmeza cerca de mi pecho… Pupe yacía dormido en la espalda de ella y yo… yo observaba embelesado ese par de ojos intensos.
Luego de permanecer así un buen rato, deje que mis labios se curvaran en una sonrisa cargada de emociones.
—Candy, dime de nuevo que vas a casarte conmigo…
Y a pesar de que la luna alumbraba poco a casi nada, pude vislumbrar como sus mejillas se encendían.
—Me casaré contigo… Bert —dijo dando gusto a mis oídos, inclinando su rostro hasta posarlo en mi pecho, allí cerca en donde mis latidos me delataban desmesuradamente.
Un día previo a todos aquellos sucesos, nos encontramos de nuevo en el bullicioso tren de vuelta a Sao Paulo; la aventura había terminado y aunque deseábamos que el tiempo avanzara lento, pronto nos vimos arribando el barco. Candy me tomaba de la mano cariñosamente, mientras poco a poco nos alejábamos más de tierra.
—Espero y esta vez no suceda nada malo —dijo ella inclinándose sobre mi hombro.
—No pasará nada, preciosa… ya lo verás —le respondí yo al comprender rápidamente a que se refería.
—Eso espero… —susurro alejándose del barandal en el que se apoyaba, encaminándose de vuelta al camarote.
Antes de entrar a la habitación, Candy se quedó parada sin avanzar.
—¿Sucede algo preciosa?
Tomo la manija y dijo volteándose a mirarme —Bert, ¿Crees que sea correcto compartir habitación estando aquí en el barco? —pregunto abriendo finalmente la puerta.
Yo medite la respuesta antes de contestar, a decir verdad, había olvidado por completo que estar aquí era algo muy diferente a dormir en medio de la selva.
—Pues...
—Si la tía Elroy se entera...
—No digas eso Candy, nadie tiene porque decir nada. De todas formas, pronto serás mi esposa —le dije tratando de tranquilizarla, aun así, sus palabras me hicieron caer de vuelta en la realidad.
Días después, esta misma situación fue la que nos trajo un par de tragos amargos.
Iba yo caminando luego de un partido de golf en cubierta, de vuelta al camarote, cuando tras de mi escuché como una voz de mujer hablaba de nosotros.
—Puede usted creerlo señorita Lauder, tan honorables que dicen ser los Andrew y su patriarca comparte la cama con su prometida antes del matrimonio... ¡Santo dios! La juventud es un desastre... —dijo como si ella misma fuera una santa.
Yo al oír semejante disparate me gire sobre mis talones, quería contestarles cómo se debía, al fin y al cabo, a ellas que les importaba, pero ante todo era un caballero y no podía perder los estribos. Apreté mis manos fuertemente y le dediqué una mirada fulminante a ambas mujeres, ellas solo giraron el rostro en un gesto de fastidio y no pudiendo hacer más continúe andando. Al llegar con Candy no le dije nada sobre el incidente, pero por desgracia la noche en la que se celebraba el cumpleaños del capitán, le tocó a ella misma escuchar dichos chismes y habladurías.
Salió a toda prisa del salón y se recargo en los barandales con premura...
—Candy... —la llame luego de correr tras ella y darle alcance —siento que escucharas eso…
Ella se acercó a mi aferrándose a mi pecho —no te preocupes Bert, prometo ser fuerte —dijo limpiando cuidadosamente su rostro e intentando formular una sonrisa.
Yo solo atine a besarle la frente.
Esa noche, un viejo sentimiento me invadió… ¿Candy verdaderamente estaría dispuesta a soportarlo todo con tal de estar conmigo?
Solté el aire paulatinamente y retire un mechón travieso que jugueteaba sobre su rostro, confiaría… después de todo ya estaba conmigo, solo hacía falta hablar con la tía Elroy para hacerle saber la buena nueva.
Pronto el calor de los trópicos fue abandonándonos, en el norte el invierno ya estaba presente y le di mi abrigo a Candy para que se cubriera. La noche era fría pese a que nos encontrábamos cerca de la costa, cada vez estábamos más cerca de la orilla. Finalmente, el barco encallo permitiéndonos a ella y a mí continuar el viaje hasta Chicago.
Cuando llegamos a la mansión Andrew, las luces estaban todas apagadas. Le pedí al chofer que hiciera el menor ruido posible para evitar despertar a los que dormían. Había avisado a George que llegaríamos por la tarde y en caso de surgir algún imprevisto en el camino llegaríamos pasada la media noche, quizás por esto nadie había aguantado esperar despierto.
Ayude a Candy a bajar del coche y deje que Clement que era el único despierto nos abriera la puerta. Él termino de bajar el equipaje y yo conduje a Candy hasta su habitación, a partir de ahora hasta nuestra boda, podríamos volver a dormir juntos como en los últimas cuatro semanas.
Pasamos de largo frente a la habitación de mi tía Elroy, la verdad era que ninguno de los dos quería encontrarse con ella en estos momentos de tristeza.
Gire la llave para que entrara a su habitación y yo me quede parado bajo el dintel de la puerta.
—Descansa —fue lo único que dije antes de tomar posesión de sus labios en un breve beso —te extrañaré —termine de decir marchándome por el largo pasillo hasta mis aposentos.
Ella se quedó allí observándome hasta que me perdí en la oscuridad que lo cubría todo. Entro, se dejó caer sobre la cama y así tal cual como había llegado se durmió. No sin antes abrazar muy fuerte a la almohada, esta noche y las próximas, ella también me extrañaría.
Por la mañana, me levante muy temprano. Había pedido a Clement que no le avisara a nadie de nuestra llegada, pues quería tomar a todos por sorpresa. La hora del desayuno se acercaba así que tranquilamente me dirigí al comedor y pedí que me entregaran el diario del día.
Mi tía que era la primera en bajar para disponer de todo me encontró detrás del amplio pliego de periódico. Me observo por unos segundos en silencio con mirada sería y un aire también de alegría.
—¡Vaya! Hasta que mi sobrino se digna en regresar a su casa —dijo quejándose por mi tardanza.
Yo bajé el periódico y le sonreí hasta cierto punto divertido por lo que me decía.
—Llegue con Candy hoy, mucho antes del alba.
—Sí, me di cuenta… calladitos y sin decir nada… ni siquiera fuiste para decirme que habías regresado, bien sabes la reprimiendo que te espera…
En eso Candy apareció, dando un paso atrás al ver que la tía Elroy estaba conmigo.
—No te vayas Candy, ya te he visto.
—Buenos días, tía abuela… —dijo al ver que no le quedaba de otra.
Mi tía iba a decir algo más cuando Archie también apareció, seguido de Annie.
—Mmm… ya me arreglaré con ustedes después —sentenció luego de tomar asiento.
Candy al escuchar esto se sintió más relajada y dejo que Archie y Annie se acercaran a saludarla. Candy estaba a punto de volver a sentarse cuando miro que cierta persona aparecía, y así tal cual había reaccionado Annie, corrió hasta Patty para abrazarla.
—Pero Patty, ¿Qué haces aquí? Hace tanto que no nos vemos…
—Candy, tengo tanto que contarte… Annie casi está al tanto de todo —dijo ella tomándole las manos, siendo interrumpida por mi tía.
—Lo siento Patricia, pero tu conversación con Candice tendrá que esperar. Tengo que hablar con ella y con William muy seriamente.
Todos nos dirigieron miradas cómplices con aire de burla, sí… que más daba.
Después del almuerzo, así como ordeno mi tía, nos dirigimos al despacho para hablar con ella.
—Y bien, ¿hay algo que quieran decirme? —pregunto mi tía juntando sus manos bajo su mentón, apoyándose en el escritorio.
Candy giro la vista en torno a mí —conocimos las cataratas de Iguazú, tía abuela —contesto intentando controlar sus nervios.
—¿Ah sí? —pregunto ella —¿y con el permiso de quien usted señorita, se fue sola con mi sobrino a ese lugar?
Yo me sonreí —tía Elroy, no pasó nada entre los dos si es lo que piensa —dije sabiendo muy bien a lo que iba.
—Eso no me importa William, un Andrew jamás se expone a ese tipo de situaciones.
—Tía…
Ella me interrumpió —William, por el honor de los Andrew más te vale pedirle a Candice que sea tu esposa.
En eso Candy se puso colorada.
—De hecho, ya se lo he pedido… —dije tomando a mi bella novia de la mano.
—¿Qué ya se lo has pedido? —pregunto incrédula, sintiendo como el alma le regresaba al cuerpo.
—Sí, mire —conteste levantando la mano de Candy para que observara el anillo.
—Felicitaciones, pero, ¿Por qué no le regalaste algo mucho más costoso? —dijo viendo con desaprobación la pieza.
—A decir verdad tía abuela, a mí me gusta mucho… Bert lo hizo exclusivamente para mí —confeso Candy.
Ella solo se llevó una mano a la frente —en ese caso que se le va a hacer —dijo recargándose en el respaldo del sillón.
Yo cruce la mirada con la de Candy —entonces, ¿aprueba que la haga mi esposa?
—William, hace mucho que deje de oponerme a tus decisiones…
Oírla decir eso me hizo sentir inmensamente feliz, temía porque se opusiera, dijera que era muy pronto o algo parecido, pero había aceptado sin ningún problema. Me levante y fue inevitable no darle un efusivo abrazo.
—Ya William, no celebres tanto… recuerda que aun te falta convencer al concejo.
De inmediato me quede paralizado, lo había olvidado por completo.
—O bien puedes no decirles —dijo sonriendo ligeramente —por lo pronto lleva a Candice al hogar de Pony, hay que darles su lugar a las mujeres que siempre la han cuidado.
—Así se hará, tía.
Arreglado todo, salimos del despacho con una sonrisa de oreja a oreja. Acordamos que dentro de dos semanas se llevaría a cabo el anuncio del compromiso y posterior a ello acordaríamos el lapso de tiempo hasta la boda. Pero antes de siquiera lograr perdernos en alguna parte del jardín para conversar a solas, Annie y Patty aparecieron. Algo nos decía que ya se habían dado cuenta de lo que pasaba.
—¡Oh Candy! ¡felicitaciones! —exclamo Annie aplaudiendo emocionada.
—Que curiosa es la vida, no te veo en unos meses y al regresar me entero que sales con el señor Albert y que estas a nada de casarte, felicidades Candy… —dijo Patty abrazándola dulcemente, luchando interiormente por no pensar de nuevo en lo que pudo ser y no fue.
Deje que sus dos amigas se la llevaran, mientras al fondo Archie era quien me esperaba.
—Así que, ¿le has pedido por fin que sea tu esposa? —dijo con los brazos cruzados.
—Así es Archie —conteste yo, sin evitar percibir un aire de protección por parte de él.
Archie soltó un suspiro —me alegra que ella quede en tus manos, estoy seguro que sabrás cuidarla.
Sabía que en sus palabras había algo más que buenos deseos, éramos hombres y entre nosotros era fácil interpretar algunas cosas. Sabía que en algún momento de su vida Candy también le había interesado, como culparlo… ella era un sueño.
Tratando de romper la seriedad de nuestra conversación le pregunte —¿Y tú? ¿Cuándo piensas pedírselo a Annie?
El casi se ahogó al escucharme.
—Estaba casi seguro que regresarían comprometidos al igual que Candy y yo —agregue.
—Tenía —tartamudeo —tenía pensado hacerlo, pero… quiero terminar antes la universidad, no me gustaría desposarla y dejarla sola con la tía.
Yo me reí ante su respuesta —te entiendo.
De pronto apareció George, sabía de mi regreso y había pendientes que resolver como casi siempre, solo que al encerrarnos en el despacho en lugar de ponernos a trabajar como era de esperarse lo obligue a escucharme relatar emocionado casi todo lo que Candy y yo habíamos pasado en nuestra escapada.
Luego de hablar cursilerías, fue imposible no recordar algo que me había prometido hacer en cuánto volviera a Chicago.
—George, tratando cosas más frías… quiero que canceles la búsqueda de Stear, han pasado muchos años y no hemos logrado nada —le ordene dándole la espalda para quedar de frente a la ventana.
Él se acomodó el bigote y dijo —justamente de eso quería hablarte.
Mientras tanto en otro lugar de la mansión, Candy conversaba amenamente con sus dos amigas.
—¡Hay Patty! No sabes cuánto te extrañábamos, no entiendo porque dejaste de tomar nuestras llamadas.
Ella se mordió los labios bajando la mirada —necesitaba estar sola…
Annie estiro su mano y le mostro apoyo para que se relajara.
—¿Todavía duele? —pregunto Candy.
—Sí, a veces me pregunto si lograre olvidarlo… —levanto la vista con la mirada húmeda tras los anteojos —aun así, creo que ya me es más fácil aceptar nuestro destino.
Candy la abrazo —no sabes cuánto lo siento… Stear era muy bueno.
Todas se callaron y observaron en silencio como la servidumbre entraba al salón con el té ya listo.
En ese lapso de tiempo, Patty aprovecho para limpiarse los ojos.
—Y pensar que esperaba volver a Londres mañana mismo…
—¿A Londres? —dijo Candy incrédula.
—Como le dije a Annie el otro día, mis padres desean que vuelva, ya no hay peligro… ya ha pasado mucho tiempo desde que terminó la guerra.
Candy dirigió una mirada incrédula a Annie —pero Patty… en dos semanas será el anuncio de mi compromiso —dijo sintiéndose un tanto decepcionada.
—Por eso dije que esperaba, por ningún motivo me perdería un acontecimiento de tal importancia para mi amiga…
—Gracias Patty… —dijo Candy abrazándola nuevamente.
De vuelta en el despacho, me gire rápidamente al oír a George decir tal cosa.
—Acaso… hay noticias… —dije apretando con esperanza el borde de mi asiento.
—En realidad no son buenas, si es lo que tú piensas —hizo una pausa y encendió su pipa —revisando los estados de cuenta, he descubierto que el investigador que contratamos, dejo de cobrar su cuota desde hace ya unos meses… 7 para ser exactos.
—¿A dejado alguna carta, un telegrama siquiera?
—No, nada —dijo él soltando una fuerte bocanada de humo.
—Así que, ha desaparecido.
—Así es —fue lo único que dijo.
Ambos nos quedamos callados.
—Supongo que después de tanto tiempo se cansó se buscarlo, es la única excusa que se me ocurre. De todas formas, hazle enviar una notificación para que este enterado —sentencie.
—Muy bien —dijo George levantándose y disponiéndose a salir.
Y antes de que lo hiciera susurré —de verdad, me habría gustado oír que él estaba vivo.
—Lo lamento.
Continuará...
Notas de la autora:
YAGUI FUN: ¡Cómo crees! aun falta mucho para eso, todavía tengo que tocar muchos varios temas antes de llegar al fin. Al paso que voy siento que va a terminar el año y yo voy a seguir en esto todavía. Bueno no tanto así, pero aun no, tu tranquila.
Hubiera estado bien que se casaran allí mismo pero, en la historia anterior que hice así era y no, siento que no estaría nada padre repetirlo.
Sé que los capítulos son cortitos pero creo que es mejor subirlos así que no hacerlo, saludos y muchas gracias por seguir acompañándome en esta historia.
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