Queridos míos, disfruten el cappitulo =) Gracias por su apoyo todos estos meses! ya se estarían cumpliendo dos años desde que comencé esta historia, la cual ustedes la han vuelto muy importante para mí :D mañana me voy de vacaciones para ver a dos de mis lectoras favoritas! Saludos a todos y muchas gracias!

Miss Armstrong Snape.


Capítulo XXXV: "Complicidad y disculpas"

-Me parece que ese silencio no puede significar un sí—Dedujo Albus mientras lo escrutaba con la mirada. Severus estaba con el ceño fruncido y, para variar, maldiciendo al hombre que le acababa de hablar.

-Qué coincidencia que tus preguntas siempre terminen haciéndome hablar de cosas que no quiero.

-Explícate mejor.

-Precisamente de mi orgullo es que no quiero hablar, tenía el segundo lugar por detrás de mi vida sentimental, algo de lo que ya me despojaste.

Albus asintió.

-Entonces tu orgullo te sigue generando problemas, ¿incluso con ella?

-Así es, por primera vez.

-Interesante.

-¿Interesante? ¿Qué de interesante pueden tener mis problemas con Hermione? No son un experimento.

-No he dicho que lo sean. Se me hace interesante que sea la primera vez que tengas problemas por eso llevando un tiempo considerable. Tu orgullo es tu distintivo, aunque tu sarcasmo le gana con creces, y es lo que primero sale a flote cuando tienes indiferencias con alguien.

-Indiferencias es precisamente lo que menos tuve con ella. El motivo fue más bien ocultar información.

-¿Qué tipo de información? ¿Qué fue lo tan terrible o delicado que no se lo pudiste contar a la mujer que más amas? ¿Tu anterior vida de Mortífago? ¿Tus asesinatos?

-No. Eso ella lo sabe. Sobre mi pasado todo lo sabe, a excepción de algo.

-¿Se lo contaste todo?—El hombre asintió—Entonces, ¿qué le pudiste haber ocultado para que se generaran problemas, si ya le habías contado lo más delicado de tu pasado?

-Algo que no lo sabe nadie. Bueno, sólo lo sabe ella y yo y nadie más—Albus permaneció en silencio—Y preferiría que se mantuviera así.

-Supongo que no es algo tan terrible, porque sí fuera así, quiero creer que yo lo sabría.

-No es nada terrible, de hecho es… es una vanidad, como diría ella.

-¿Vanidad?

-Cuando era estudiante, me dediqué a encontrar mejores maneras de elaborar pociones, además inventé hechizos.

-Ah, sí, como Sectumsempra, la maldición que utilizó Harry contra nuestro amigo Draco.

-Sí. Y todos esos conocimientos están plasmados en un libro de pociones bajo la firma del "Príncipe Mestizo". De alguna manera, ese libro llegó a las manos de Potter y Hermione se preocupó de que su amigo tuviera un libro misterioso en sus manos, y comenzó a averiguar la identidad del Príncipe, por miedo a que fuera a ser algo mucho peor que el Diario de Riddle. En algún momento me lo consultó y yo le mentí, le dije que ese nombre no me solaba para nada.

-¿Por qué le mentiste?

-Porque quería saber hasta dónde podía llegar Potter con ese libro.

-Eso es maldad. De seguro estabas esperando un accidente con Sectumsempra desde hace mucho tiempo.

-Me dices a mí tramposo, cuando Potter debió recordar que no debe confiar de libros con identidades misteriosas.

-¿Y solo por eso le mentiste? Para poner a prueba a Harry.

-No. Existía la posibilidad de que le fuera a contar a sus amigos.

-No tiene sentido. En cuanto ella supiera que el origen de ese libro no era peligroso, de seguro habría dejado de insistir en el tema con Harry, no creo que te hubiera delatado.

-Pienso lo contrario. Además, también se habría enojado conmigo por no haber advertido que tenía maldiciones tan letales.

-Entiendo que esté enfadada. No me parece que tengas razones contundentes para habérselo ocultado. Si no te ha delatado por las cosas terribles que hiciste en el pasado, con mayor razón ocultaría una información tan poco relevante.

-Lo pensé de otro modo.

-Reconoce que lo hiciste porque no querías que supiera de tu identidad. Por simple vanidad, como ha dicho ella, según entiendo.

-Sí, es exactamente lo que me dijo. Pero fue eso, le oculté una identidad mía, ¿qué tan terrible puede ser?

-A veces el ocultar algo tiene su justificación, si lo entendemos como omisión, pero en tu caso, mentiste abiertamente, negaste saber algo sobre el Príncipe Mestizo; eso es lo que le duele. Nadie puede ser feliz ni tener una relación sana ni buena si no existe confianza.

-Pero sí existe… ella confía en mí y yo confío en ella.

-La confianza no existe si hay mentiras de por medio. Eso demuestra que no puedes hacer un sacrificio por ella, ser completamente sincero; simplemente has elegido ocultar cosas porque no puedes creer que ya no tengas que guardarte todo para ti, porque ahora tienes que compartirlo con ella; y no porque sea una obligación, sino porque nace de ti.

-Aún no logro entender porqué me recrimina el orgullo.

- Eres orgulloso al no atreverte a confiar totalmente en ella porque te sientes capaz de contenerlo todo, de creer que no necesitas confiar completamente en alguien para seguir con tu vida, y por lo tanto, crees que el no contar ciertos aspectos de ti, no tendrían por qué afectar tu relación, pero no es así, Severus. Antes de que te enamoraras de ella sí, pero ahora que la tienes contigo, no. Es imposible que puedas guardártelo todo, porque la única forma de establecer vínculos reales con alguien es confiando plenamente en ella, sin mentir, sin ocultar aspectos que no tengan una justificación válida. Lo normal, es que cuanto estableces una relación con cualquier persona, y confías en ella, vas creando la necesidad de depositar tu mundo en sus manos.

Severus permaneció mudo analizando las palabras de Albus, corroborando si se sentía identificado en algo. Y era verdad, muchas veces quiso contarle sobre las reuniones que tenía con Voldemort, y no podía. Su necesidad era tal, que sin quererlo, se volvía distante para desalentar la idea de hablar con ella; es decir, existía la necesidad de confiarle todo a ella, pero en este aspecto, al parecer no había una razón válida para justificar la mentira.

-Eres increíble, Albus—Musitó anonadado, luego de meditarlo con cautela—Tienes razón, he sentido esa necesidad muchas veces, pero… tampoco puedo pretender decirle todo. ¿No querrás que le cuente todo lo que tenemos planeado, o sí?

-Sí, pero no por ahora. Y no será una mentira porque dudo mucho que se dé la oportunidad en que te veas acechado a revelar la verdad. Pero cuando eso ocurra, realizarás el mejor depósito de confianza de tu vida.

-Después del tuyo, claro.

-Como quieras. Ahora bien… sé que esto te va a resultar un poco complicado… pero piensa muy bien en qué fallaste, por qué fallaste, y qué vas a tener que hacer para que no vuelva a suceder. Esto te tomará parte de la noche, por lo que dejarás que la muchacha descanse después de un día tan duro. Quizás mañana se dé la oportunidad de que se arreglen las cosas… Ofreciendo una disculpa.

-¿Sabes hace cuánto tiempo que no ofrezco una disculpa auténtica?

-¿Desde cuándo que no te volvías a enamorar Severus? ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste tan feliz al estar con alguien? Date cuenta, es la única manera de dejar tu orgullo de lado. Me imagino que no quieres perder a la señorita Granger como lo hiciste con Lily. Tienes la oportunidad de enmendarlo… ella te quiere, y lo hará mucho más cuando te disculpes. Tampoco significa que tengas que hacer una disculpa pública frente a Hogwarts, sino frente a la persona que te hace feliz. Haciendo un balance, el esfuerzo podría ser mínimo y las recompensas colosales.

Severus bufó.

-Muchas felicidades Severus. Me alegro mucho de tu relación con la Señorita Granger, ojalá las cosas se arreglen pronto. Solo toma en cuenta lo que te dije—Se levantó de la silla lentamente con una sonrisa en el rostro—Muy buenas noches mi querido amigo.

Y el hombre abandonó el despacho, no dejando ni la más mínima oportunidad de que Severus pudiera retenerlo. Muy rápidamente se perdió en la puerta, y Severus no supo más de él ni de nadie hasta varias horas después, las cuales le resultaron unos pocos minutos, quizá segundos en los que se sumergió para encontrar la forma adecuada de dejar su orgullo de lado y asumir su error; buscar a la mujer que le había devuelto la felicidad, hablarle y disculparse, después de muchos años sin hacerlo con alguien que de verdad valiera la pena. Albus tenía razón, su estúpido orgullo era una miseria bastante importante para él que estaba decidido a sacrificar a cambio de una enorme recompensa y era volver a la tranquilidad con Hermione y darle a entender que confiaba completamente en ella.

En realidad, lo que importaba no era la recompensa, el volver a estar bien con Hermione, sino el sacrificio: Comprender que el orgullo en ciertas circunstancias no tiene ninguna utilidad, sino más bien solo ocasiona pérdidas, por lo que la enseñanza de toda esa discusión no se centraba en buscar la solución al problema puntual, sino encontrar el origen de un problema, tratar de erradicarlo permanentemente-para que no volviera a repetirse a futuro-y para comprender que las relaciones eran construcciones hechas mayormente de intentos y errores que solo funcionan si se están dispuestos a enmendar. Él, como persona adulta, aunque algo terca y con principios muy arraigados, lo comprendió claramente y no fue difícil tomar la determinación de cambiar.

Se levantó de su asiento cuando se dio cuenta, sin poder creerlo, que de las ventanas se colaban unos finísimos rayos de luz, alterando el panorama sombrío, gélido e imperturbable del despacho de Severus Snape.

-Santos guijarros—Maldijo para sí mientras se alejaba de su escritorio—Potter viene a las diez—Regresó a su escritorio para comprobar la hora: Eran las nueve con veintisiete minutos. Sin pensarlo dos veces abandonó en un santiamén las mazmorras, para comenzar a buscar al celador en el primer nivel, el cual estaba atestado de alumnos que iban y venían del desayuno y otros que proponían dirigirse al estadio de Quiddicth para el partido que se aproximaba con el correr de los minutos.

-¡Filch!—Exclamó cuando lo divisó entre los alumnos. El hombre se acercó rápidamente junto a su gata.

-Profesor Snape—Saludó haciendo un ademán.

-Necesito los registros de detención acaecidos aproximadamente entre los años 1973 y 1978 y los que vinculan a James Potter y su grupito.

-Bueno Profesor Snape, no tengo ningún problema en facilitárselos, pero no se encuentran en muy buen estado—Respondió el hombre luego de unos pocos segundos de duda. Severus sonrió satisfechamente.

-Justo lo que quería. Los necesito para una detención. Sería bueno que Potter los reescribiera, ¿no?

-Sí, muy ideal. Hay varios archivos roídos por esas ratas inmundas…

-Muy bien. Los envías a mi despacho antes de las diez en punto. –Ordenó con firmeza. Luego de ello se dirigió rápidamente al Gran Salón para comer algo, ya que desde la merienda del día anterior que no ingería nada. Entró por la puerta exclusiva de profesores. Las mesas aún tenían gente, pero era evidente que quienes estaban allí comían con el máximo de rapidez, pues faltaba menos de media hora para que el partido comenzara. De los profesores solo se encontraba Septima Vector, Bathsheba Babbling, Horace Slughorn y Albus Dumbledore.

-Buen día—Enunció saludando a todos. Se sentó en su lugar y comenzó a beber una taza de café con rapidez. Luego se preparó una tostada con mermelada de frambuesa. Miró hacia la mesa de Gryffindor. Hermione estaba conversando con Luna Lovegood, y un instante más tarde, la castaña dirigió la mirada hacia la mesa de profesores buscándolo, él supuso, por reiterada vez. Se vio sorprendida al encontrarse con sus ojos. No se veía tan mal como ayer, pero su dolor era demasiado evidente para él que la conocía tan bien. Mantuvo el contacto sólo un par de segundos, y acto seguido se levantó de la mesa, y abandonó el Gran Salón acompañada de su amiga, quien la seguía con gracia. Si no fuera por la detención de Potter, aquella habría sido la ocasión perfecta para poder hablar con ella sin demasiados riesgos para ambos, pero no era así. Las cosas no tenían porqué ser así de simples.

Eran las diez menos 7 minutos cuando abandonó el Gran Salón y volvió rápidamente a su despacho. Al llegar, encontró unas cuantas cajas sucias, llenas de polvo y algo agujereadas junto al escritorio. Con su varita apuntó a ellas y murmuró:

-James Potter.

Enseguida comenzaron a flotar una considerable cantidad de archivos y por los labios de Severus se asomó una sonrisa de suficiencia. Era justo lo que esperaba. Solo para matar el tiempo que quedaba antes que llegara Potter, decidió sacar uno de aquellos registros al azar.

"Sirius Black, Peter Pettigrew y James Potter dedican sus horas libres a humillar a un alumno de Slytherin, deben limpiar el aula de Pociones después de cada clase a la que asistan sin magia durante tres semanas.

Encargado: Horace Slughorn

Fuente: Alumna de Gryffindor, testigo."

Severus levantó la cabeza con notable extrañeza en el rostro. ¿Aquel alumno de Slytherin era él? Y… ¿La alumna de Gryffindor era… Lily? Quiso seguir leyendo pero le fue imposible, pues el archivo estaba dañado, y al intentar repararlo, sintió que alguien llamaba a la puerta. Estaba por comenzar otra ocasión para enseñarle a Potter que no puede actuar como si siguiera en primer año, y también para que se diera cuenta que aun sin haberse criado con su padre, tenían el mismo estúpido comportamiento que no llevaba a nada bueno. Al menos este Potter no estaba tan mal. No estaba enamorado de Hermione.

Aquel archivo le estuvo dando vueltas en la cabeza durante mucho rato. De vez en cuando observaba a Potter reescribiendo archivos que en su mayoría contenían el nombre de su padre y el de su padrino haciendo y deshaciendo por todo el colegio. Su aspecto era de desconcierto, y Severus no sabía si era por darse cuenta de la clase de familiares que tenía, o porque su castigo era demasiado humillante. Lo segundo resultaba bastante claro, de seguro él nunca querría hacer algo que manchara la inmaculada imagen que tenía de su padre, pero quizás ya no pensaba tan así desde quinto año, cuando lo vio comportarse reprochablemente con Snape. De hecho, esas actitudes que Harry aborrecía de Malfoy, las vio muy claras en los recuerdos que Snape tenía de su padre.

Entre esas divagaciones, volvió a caer en el recuerdo de Lily, quien creía que había acusado a Potter y a Black de lo que le habían hecho después del TIMO de Defensa Contra las Artes Oscuras. Él la había llamado sangre sucia, y desde ese día que no se volvieron a hablar, pero ella igual quiso que se hiciera justicia con el comportamiento de los Merodeadores. Nunca se había enterado de eso, y que no sucediera sino hasta ahora le parecía una ironía inesperada. Dos años atrás habría sido una razón más para no olvidarse de ella, pero ahora todo era distinto, y aún así se sentía confundido. ¿Por qué lo hizo si a partir del momento en que le dijo sangre sucia ella lo aborreció? O al menos eso pareció. Lily era esa clase de persona que no dejaba que se cometieran injusticias contra nadie, y podría decir que incluso con quienes no le caían bien. Dudaba que Lily se hubiera confiado en que él se enterara, y así Severus hubiera insistido más en hablar con ella. Aunque, ¿esperaba que le diera las gracias por acusar a Potter y a Black porque lo humillaron, como si él no pudiera tomar represalias por sí solo?

Al parecer él ya no podía congeniar su orgullo con el sentido de justicia que tenía Lily, porque a fin de cuentas terminó casándose y teniendo un hijo con uno de los acusados. No tenía porqué tomarle demasiada importancia a ese archivo, salvo el hecho de que al menos Potter, Black y Pettigrew se humillaron un poco limpiando mugrientos calderos llenos de pociones mal elaboradas, barriendo colas de rata, y recolectando sobras que podrían ser utilizadas en otra ocasión. El hecho de que Lily los acusó para hacerle saber que ya no estaba demasiado molesta con Severus, ya no le preocupaba demasiado. Ya había sufrido porque se casó con ese imbécil, porque tuvo un hijo con él, porque murió dando la vida por él. Y sufrió lo suficiente durante los años posteriores a su muerte acompañado de remordimiento y rabia. Su verdadera oportunidad era Hermione, y era lo que de verdad apreciaba que hubiera pasado: Que ella haya sido la "culpable" de olvidarla, porque en el fondo de su corazón sentía que ya era suficiente. Para él, Lily era la mujer más perfecta en este mundo, y la amaba como nadie ha amado, pero ya no era sensato seguir sufriendo, viendo que existían posibilidades de ser feliz de una vez por todas.

Poco después de la una de la tarde dejó que Potter se marchara. Ya lo notaba demasiado desganado e inquieto por el famoso partido frente a Ravenclaw, el cual disputaba la Copa anual. Prácticamente desapareció al segundo que lo despidió. Con la varita hizo que las cajas se arrumaran y se guardaran en un estante cerca de su cuarto privado de pociones.

-Winky—Llamó cuando volvió a su lugar. A los pocos segundos después apareció la elfa que trabajaba en las cocinas del colegio.

-Profesor Snape—Dijo lo más suave que le permitía su voz chillona.

-¿Terminó el Partido de Quidditch?

-Oh sí. Ganó Gryffindor, por eso nos han ordenado hacer un almuerzo y una cena especial en honor al triunfo de aquella casa.

-Maravilloso—Dijo con molestia.

-¿Desea que le traiga el almuerzo a su despacho?

-Por favor.

-Un momento, volveré enseguida.

-No quiero nada escarlata ni dorado.

-No se preocupe profesor, lo suponía.

La elfa desapareció en un puf y de pronto Severus volvió a acordarse de Hermione. De ella y su plataforma que lucha a favor de los derechos de los Elfos. Sonrió al recordar que una tarde mientras conversaban sentados en el sofá, ella le preguntó seriamente si trataba bien a los elfos, si creía que debían ser respetados y valorados por su trabajo. Recordó su expresión cuando le contestó y lo emocionada, contenta, satisfecha y también orgullosa que estaba de tener a alguien a su lado que pensara como ella, y tuvo ganas de ir corriendo hasta su Sala Común tomarla del brazo y disculparse por haber sido el mayor idiota del planeta. Almorzó en su despacho, y al acabar, continuó con el trabajo pendiente que tenía desde anoche, tanto para quitarse esa carga de encima, como para despejarse y hacer una hora prudente para ir en busca de Hermione, lo que sucedió después de la merienda, como a las seis. Fue a la biblioteca suponiendo que allí la encontraría, como en varios sábados pasados, pero sintió una enorme desilusión al comprobar que no estaba allí. Decidió darse un recorrido por todos los pisos, y su desconcierto fue en aumento. Como última opción antes de convencerse de que estaría en la Sala Común, fue hacia la Torre de Astronomía. Si quería estar sola, en paz y en un ambiente agradable, de seguro habría ido allí.

-Que generoso de tu parte que no me saques en cara a cada rato que nos ganaste en Quidditch—Dijo alguien con una voz dulce.

-¿Por qué tendría que hacerlo? Contigo no es necesario.

-¿No?

-Claro que no. Tú no andas por todo el castillo diciendo que el equipo de tu casa es el mejor cuando en realidad apestan, y si pierden se esconden debajo de la cama durante una semana. Ravenclaw jugó muy bien toda la temporada. Además que apoyas a Gryffindor cuando toca jugar frente a las otras casas.

-¿Te dijo algo Lavender Brown?

Severus no sabía porqué, pero algo le impedía interrumpir su melosa conversación, así que decidió esperar antes de revelar su presencia.

-Nada, menos mal. Todo el tiempo me decía que yo era el mejor, y me daba a entender que nadie me iba a apoyar como ella y que nadie iba a creer en mí como ella lo hace. Claro, con sus dotes de adivinación seguro estaba confiada en que ganaríamos el partido, que yo podría hacerlo.

-Que mentirosa.

-¿Qué dices?

-Digo que es mentirosa, porque… nadie cree en ti como yo lo hago.

Severus tuvo deseos de escapar de allí, definitivamente no era el momento adecuado para aparecerse, pero sentía que no podía aguantar mucho más tiempo sin Hermione. Escuchó cómo Weasley lanzó una risita de complacencia.

-Ella cree que tú puedes hacer cosas increíbles jugando Quidditch, y cualquiera podría confiarse de eso. Pero yo creo mucho en ti más allá de eso, de lo visible. Aparte de ser buen Guardián, te has convertido en un buen hermano, pero sobre todo en un excelente amigo.

-¿A qué te refieres?

-Con Hermione. A pesar de que te contó todo, tú la apoyaste, la entendiste. Debo decirte que ella tenía mucho miedo de contarte la verdad. Creía que te ibas a molestar, decepcionar, que te pondrías celoso, aprensivo…

-Eso hubiera sido así cuando me gustaba, pero… bueno, ella ya no me gusta, me gustas tú, y en este tiempo he cambiado, es lógico que ya no reaccionaría así, ¿no crees?

-Lo sé, pero tú a veces no resultas ser demasiado lógico, sino más bien impulsivo y emocional.

-Todavíame resulta bastante rara esta situación, nos hemos pasadotodos estos años odiando a ese murciélago, pero si ella confía en él y lo quiere… Debe ser por algo. Respetosu decisión, pero no significa que me haya empezado a simpatizar. Estoy muy lejos de eso.

-¿Te das cuenta? Es imposible que no crea en ti, y que piense que todos los días puedas superarte y puedas hacer cosas increíbles.

¿De verdad era lo que se imaginaba? Solo había una forma de confirmalo: Terminó desubir las escaleras de la Torre y se dirigió a ellos como si no hubiera escuchado nada.

-Profesor Snape—Musitó la señorita Lovegood al verlo entrar. Estaba apoyada en la baranda muy cerca de Weasley, quien estaba de espaldas y se volteó rápidamente.

-Realmente lamento la interrupción pero vengo por algo muy breve que necesito preguntarle—Dijo a la muchacha mientras alternaba las miradas entre ella y Weasley.

-¿Quiere saber dónde está Hermione?—Preguntó Weasley, sorpresivamente. Severus no ocultó su asombro y frunció el ceño—Está en el lago. Dijo que necesitaba estar sola, sin que nadie la molestara, pero supongo que si la busca, debe ser para algo importante—Continuó.

-No creo que Ginny y Harry vayan a darse una vuelta por el lago así que podrán conversar tranquilos—Agregó Luna.

-Muy bien, gracias.

Weasley no se veía interesado en hacerle saber a su profesor que ya tenía conocimiento de lo que pasaba con Hermione. De esta manera, Snape ignoró perfectamente que hubiera sido él quien le dijo dónde estaba la muchacha, pues no quería entablar la misma complicidad sutil que tenía con Lovegood y la Señorita Weasley. Con ellas no le importaba tenerlas, ya que les agradaba, pero con Weasley era una situación muy diferente. No obstante, entendió que si Weasley había abierto la boca, era exclusivamente porque quería ayudar a su amiga. De modo que una vez que obtuvo toda la información posible, se esfumó de la Torre de Astronomía. Ya sabía dónde estaba Hermione y que tendía la ocasión para poder hablar con ella. También tenía la sorpresa de que Weasley sabía toda la verdad. Pensaba que le iba a molestar, pues siempre se opuso a que él y Potter se enteraran, porque de seguro le iban a armar un espectáculo dramático a Hermione, pero aparentemente no ocurrió con Weasley, y eso lo tranquilizó, porque sabía muy bien que Hermione lamentaba esta situación de mentiras mucho más por el pelirrojo, que con Harry porque no soportaba mentirle a él, quien lo había apoyado aún desconociendo de qué se trataba. A los pocos minutos ya se encontraba saliendo del castillo mientras se aseguraba que nadie cercano de Hermione estuviera por allí. Y no había nadie, sólo alumnos de cursos inferiores que andaban en grupitos y se sentían un poco intimidados con su presencia, dejando de correr o hablar sin parar. Habría corrido hasta su destino, pero se moderó por el solo hecho de que se sorprendía lo impaciente que estaba, incluso se sentía un poco nervioso de que ella lo rechazara y le dijera que no quería hablar con él en ese momento. Pudo divisar el lago, oscuro, en algunas partes inquieto, profundo y con muchísimo secretos guardados y por guardar. Caminó hasta entrar en el terreno y miró a ambos lados. A varios metros más allá divisó la inconfundible melena de Hermione que estaba inclinada sobre un libro. Con mucho cuidado comenzó a acercarse sin que ella lo notara, y dio resultado hasta que estuvo a dos o tres metros. La muchacha levantó la cabeza y se dirigió para mirarlo.

-Hermione.

-¿Qué haces aquí?

-Necesitamos hablar.

-¿Necesitas que siga escuchando tus excusas?—Desafió con algo de dolor.

-No, no, claro que no.

-¿Entonces? ¿Quieres hacer como que nada pasó?

-Tampoco, por favor escúchame…—Ella cerró su libro y se acomodó para mirarlo fijamente. Él se ubicó en una roca grande que había frente a Hermione y se sentó para quedar a una distancia más prudente de ella. La miró fijamente a los ojos para poder transmitirle que quería hablar con toda sinceridad—Esto no es fácil para mí, de verdad, pero por ti estoy dispuesta hacerlo las veces que sea necesarias.

-Reconozco que fui un tonto al no decirte la verdad. Sin embargo, no quería que absolutamente nadie supiera que yo soy el Príncipe Mestizo. Ahora, solo tú y yo lo sabemos. Para mí era un simple libro de pociones con anotaciones personales, no quería darle importancia, aunque también me intrigaba saber hasta dónde podía llegar Potter, no como venganza, sino como una forma de descubrir si aun con lo sucedido con el Diario de Riddle, había aprendido algo de precaución a través de los años. En cambio, creyó que era un libro que solo estaba reportándole beneficios y nada de daños, al menos hasta el día en que atacó a Malfoy.

Créeme, esa fue la razón, no fue porque desconfiara de ti. Solo mentí porque no quería reconocer que quería mantener mi secreto frente a todos, incluso frente a ti. Pero ya comprendí que no puedo seguir así contigo. La confianza que tengo contigo, es la confianza que me demoraría años en tener con una persona, pero por el hecho de estar juntos, nunca he tenido miedo de contarte algo. Esta vez, solo fue vanidad"

Pensó en las palabras de Albus, y le resultaron tan ciertas, que necesitaba hacérselo saber. Era la única manera de exponer el grado de confianza que tenía con ella.

-Toda la vida he estado solo, nunca he tenido a nadie en quien confiar, excepto en el profesor Dumbledore, pero desde que estoy contigo, ha sido una necesidad para mí contarte lo que me pasa, decirte la verdad sobre mí, para que sepas quien soy y confíes en mí como ambos queríamos. Incluso hay ocasiones en que quisiera contarte cosas que no debo, y simplemente por protegerte no te las digo, pero no por desconfianza.

Hermione, perdóname. Me he dado cuenta de mi error, no debí mentirte, no debí ocultarte la verdad. No mereces que estés sufriendo de esa forma, cuando tú has sido la única persona que me lo ha dado todo"

Listo, ya estaba hecho, y no había sido tan difícil. Incluso se sentía liberado de haberle expresado todo lo que de verdad sentía. Ahora le resultaba tan estúpido todo. ¿Por qué le mintió? Si le hubiera dicho todo desde un principio, las cosas hubieran sido más simples: se habría evitado esta discusión, Hermione no habría pasado por un mal rato y no habría sentido que él desconfiaba de ella. Pero por algo pasaban las cosas, y creyó muy justo y necesario que haya tenido que disculparse con ella. Hermione no habló. A lo que Severus terminó de hablar, ella no articuló palabra, solo se limitaba a mirarlo, apartar la vista al lago, al cielo, y luego volvía a él para captar su estado a medida que ella formulaba su respuesta o algo que replicar en su cabeza. Severus estaba dispuesto a pasar toda la tarde, toda la noche, todo el mes sentado frente a ella para oír algo de su boca, en lo posible que lo perdonaba.


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