Ña, lo prometido es deuda, así que aquí estoy para dejaros el epílogo (el de verdad, no el desvarío anterior LOL) del fic. No sé muy bien qué decir, sonará tonto, pero estoy un poco emocionada. A fin de cuentas, este es el fic del que más orgullosa estoy, el que más trabajo me ha costado escribir, el que más me gusta (preparaos porque os voy a dejar una parrafada peliculera aquí LOL). Y es verdad que pensé en dejarlo en el capítulo tres, porque veía que no iba a ninguna parte, que era una (con perdón) mierdecilla pinchada en un palo. Pero me da mucha rabia dejar las cosas a medias, lo odio, y recordando el coraje que me da leer un fic que dejan colgado a la mitad... FUUUU, me dije que no, no, no, no quedaría elegante hacer eso. Menos teniendo ya un par de lectoras que me pedían que siguiese. Y, ¡tachán!, sin comerlo ni beberlo, hemos pasado de querer dejarlo en el capítulo tres a llegar a los 30 y pico capítulos. Wow.
Como en todo, hay capítulo buenos y malos. Capítulos que al instante de colgarlos me he dicho '¿¡pero qué carajo, Ariana!? ¿Tú quieres que te maten a tomatazos?' y otros en los que (y, por favor, no me lo toméis como algo prepotente) me decía 'ea, eres la puta hostia, podrías vivir de esto'. Pero, jo, que a pesar de todo, de esos buenos y pésimos capítulos, siempre habéis estado ahí, revieweándome, haciéndome saber que seguíais leyendo y que lo ibáis a seguir haciendo. Y, confieso que, por eso, he tenido semanas (y sabed que estoy en el último curso antes de ir a la universidad, que no es moco de pavo ni para tomárselo a broma) en las que tenía tropecientos mil exámenes y mi mayor preocupación era que no iba a poder acabar tal capítulo para subir ese fin de semana. Imaginaos. Lol. Por eso está bien que haya acabado ahora, porque ahora me vienen todos los exámenes finales, y necesito estar al cien por cien concentrada en ellos, pues necesito una nota altísima para entrar en la carrera que quiero. Así que no os extrañéis si no subo nada hasta pasado mediados de junio... La cuestión es que, con cada comentario, con cada 'jo, ¿subes para el próximo finde?' me habéis hecho creer que de verdad puedo cumplir mi sueño de ser escritora. Suena ñoño, pero es la verdad, tener a alguien que te diga que vales, que serás grande (aunque no vaya a ser verdad xDDD ), es muy, muy motivador y chachigenial. ¿Cómo no voy a estar feliz entonces?
Perdón por la cosa esta tan larga. Pero tenía que decirlo (?) El comienzo del epílogo es el mismo que el anterior, advierto. Os lo dedico a todas, todas, tanto si lo venías leyendo desde que comencé a colgarlo como si no, como si comentáis o no. Sois geniales 333


EPÍLOGO: It's such a cold, cold world, and it's got me down, but I'll get right back up as long as it spins around, hello cold world!

Dougie

Bajo las gafas de sol de mi cabeza, encasquetándolas sobre mis ojos, para que el todavía intenso sol de finales de agosto no hiera mis pupilas al salir de la oscuridad de mi portal. A pesar del sol, ya no hace tanto calor como hace un mes, una suave brisa corretea por las calles y hace que el vello de mis brazos se erice. Por ello, decido ponerme la fina chaqueta que he bajado por si acaso sucedía algo así, echándomela sobre mi camiseta azul de cuello estrecho.

Admito que es algo agobiante llevar el borde de la tela tan pegado al cuello; es como llevar un collar que te queda pequeño, pero es lo que hay, pues no quiero que bajo ninguna circunstancia se vea la todavía notoria cicatriz de mi pecho, esa constituida por cinco letras en mayúsculas, en la que se puede leer casi a distancia un enorme y agudo 'zorra'. La razón por la que no he ido, en todo el verano, a la piscina ni a la playa, o, si lo he hecho, no me he despojado ni un solo segundo de la camiseta.

Echo a andar por la calle, las manos en las bermudas beige ligeramente caídas, los ojos fijos en el suelo de delante de mis pies.

Cinco meses. Cinco meses han pasado desde que Ian me marcó a base de navajazos como si no fuera más que ganado. No sé si, además de saciar su sed de venganza y hacerme sufrir, pretendía que no volviera a estar orgulloso de mi cuerpo, que ya no fuera ese arma de doble filo que tan bien había sabido aprovechar desde que Ethan y Jace me demostraron el potencial que podía tener. Pero, desde luego, si no lo planeó, ha matado dos pájaros de un tiro, pues lo ha conseguido igualmente. A fin de cuentas, ¿quién puede estar orgulloso de enseñar algo así?

Ha pasado tiempo desde aquel horrible día, sí. Pero, tal y como las heridas físicas tardan en cicatrizar, las psicológicas lo hacen todavía más.

Precisamente por eso ahora me estoy dirigiendo a casa de Harry.

Sí, habéis leído bien. No solo yo estoy libre, todos lo estamos. No es que la policía nos dejara salir de prisión por la cara bonita, pero… tras lo que pasó, incluyendo la muerte de una menor y de un Sleeping Dog, además de que los Blackstars no ofrecieron resistencia ni trataron de agredir al equipo que hizo acto de aparición en el almacén… Bien, supongo que hasta la inspectora Williams tiene algo de corazón tras esa fachada fría y estricta. Solo puso cargos de tenencia de armas, por lo que pudimos pagarnos una fianza. Esto había dejado las arcas de los Blackstars bastante minadas, pues unos cuantos eran los que habían sido encarcelados, pero, hey, al menos nos liberaron. Con cargos, por supuesto, y con la advertencia de que no volvería a haber piedad la próxima vez que cometiéramos un delito, cualquiera de nosotros y por muy leve que fuera (y cito textualmente ''como os pillen simplemente meando en una esquina, os vais para chirona'').

A los dos Sleeping Dogs sí que les han puesto más cargos, acusándolos de cómplices de secuestro y agresiones en primer grado. Y la muerte de Lilly… bien, es Ian el que tiene que responder ante eso, junto con la tentativa de asesinato a Danny y la agresión con agravantes a mí. Aunque, claro, no puede hacerlo hasta que la policía no dé con él. Sí, se ha escapado. El montacargas bajó hasta un semisótano cuya existencia yo desconocía, y que debía constituir la vía de escape rápida. Claro, que nunca tendría allí escondida su mercancía de contrabando si no tuviera algún plan de escape por si acaso lo pillaba la policía… ¿Qué dónde está ahora? Podría estar en cualquier parte… Incluso vigilándonos… Debo admitir que he pensado mucho en él desde todo lo que pasó. En lo que hizo. En lo que dijo. ¿Qué significado tuvieron esas palabras llenas de sorprendente rabia y casi hasta un poco de dolor? ¿A qué se refería con ese 'no otra vez'? ¿Por qué había empujado a Lilly si yo le iba a dejar escapar igual? ¿Por qué esa ansia de hacerme daño por, por lo visto, traicionarle? ¿Por qué daba la impresión que algo le había hecho dejar de creer en ese amor, qué le había hecho profesar su no existencia? ¿Me lo estaba imaginando todo, era simplemente que había gente mala por naturaleza, diseñada para hacer el mal y punto? ¿O siempre hay razones tras cualquier clase de acto? Todas esas preguntas y más llevan bullendo sin cesar en mi cabeza desde el día que se escapó, pero por desgracia, no hay nadie que me las pueda contestar.

Hoy hace dos semanas que a Danny le han dado el alta del hospital. Al poco de llegar al mismo ese fatídico día, le operaron de la rodilla, por la que poco pudieron hacer más que ponerle cinco decenas de tornillos. Ha estado haciendo rehabilitación mientras estaba ingresado, para que recuperase la movilidad de esa pierna, pero el progreso fue lento, y solo hace diez días y pico los médicos consideraron oportuno dejarle marchar, eso sí, con la promesa de no hacer esfuerzos y de acudir todos los días a seguir con los ejercicios de rehabilitación. Los mismos doctores me confesaron antes de partir y cuando Danny no escuchaba, que era muy probable que su rodilla se recuperase del todo con el paso de algunos meses más. De la recuperación de su alma, de eso, tenían más dudas.

Yo sigo soñando con ese momento de montacargas. Tengo horribles pesadillas teñidas de recuerdos en las que se recrea una y otra vez el preciso instante en el que mis manos dejaron de estar agarrando a Lilly, en las que mis dedos pasaron a cerrarse nada más en torno al vacío, al mismo vacío por el que ella se había precipitado. Mi subconsciente rememora una y otra la imagen de su figura, de su cabeza en ángulo extraño con el resto de su cuerpo, de la sangre en torno a su cabeza, del silencio abrumador que inundó mi cabeza como el peor de los chillidos.

Y también sueño con la reacción de Danny cuando se enteró.

¿Alguna vez habéis visto a una persona romperse? ¿Habéis visto cómo estalla en pedacitos, cómo se desgaja, cómo, en lugar de escuchar el tintineante sonido que deberían producir los trozos al caer, se oye un desgarrador aullido que ni siquiera puede ser humano? No es un espectáculo bonito, os lo aseguro. Menos si esa persona que se rompe es alguien al quien quieres con todo tu ser y por el que harías cualquier locura.

Danny se rompió. En miles de pedazos. Primero no se lo quería creer y, desde donde lo tenían recostado hasta la llegada de una ambulancia, empezó a negar, a balbucear, sin que yo dijera una sola palabra. Tampoco es que pudiera, seguía en estado de shock… Comenzó a preguntar sobre el paradero de su hermana. ¿Por qué no venía conmigo? ¿Por qué los policías no la escoltaban hasta aquí abajo? ¿Qué había sido ese fuerte ruido de antes? ¿Dónde estaba? ¿Por qué no había aparecido tras de nosotros y había ido corriendo a sus brazos para refugiarse? En su propia voz se advertía que conocía la respuesta a todas las preguntas, pero, se negaba, o quizás era incapaz de permitir que su cerebro procesara la información, quizás tenía miedo de lo que le pasaría si dejaba que el hecho de que Lilly había muerto calase en él.

Pero lo hizo. Tuvo que hacerlo, porque a pesar de parecer una pesadilla era la realidad, y lo supo en cuanto sus ojos conectaron con los míos, que había mantenido bajos pues no quería que leyese en ellos mi culpabilidad.

Empezó a gritar. A revolverse. A exigir con voz ahogada por las lágrimas que brotaban de sus ojos que quería verla, que quería ver a su hermana, que querían que lo llevasen con ella. Por supuesto, no le dejaron. ¿Cómo reaccionaría al ver el cuerpo de Lilly, roto por la caída? Ya sin verla, y sin ni siquiera confirmarle nada de palabra, parecía estar teniendo una crisis de nervios. Fue cuando un policía trato de calmarlo cuando le atizó un puñetazo, tratando en vano de ponerse en pie, cosa que, si ya era poco complicado con una sola pierna funcional, se convierte en misión imposible al tener las manos esposadas en su regazo. Y fue entonces, en ese preciso momento, al no poder ponerse en pie, cuando se rompió. Se puso a gritar como un condenado, ni siquiera eran palabras, solo… solo un agónico sonido que parecía provenir de un sitio aún más profundo que su garganta. Comenzó a arañarse la cara, a golpearse la cabeza contra la pared, a tirarse del pelo y a convulsionarse entre sollozos y gritos. Y todo eso, la forma en la que el aire rasgaba sus cuerdas vocales, la forma en la que sus uñas abrían surcos en sus empapadas mejillas… Ni si quiera parecía humano… Parecía que le estuvieran arrancando el alma, que… es que ni siquiera encuentro palabras para describirlo.

Fue realmente horrible presenciar algo así, ver cómo los policías se vieron en la obligación de inmovilizarlo, cómo después al llegar los sanitarios tuvieron que ponerle un tranquilizante porque el ataque de ansiedad era demasiado intenso como para solucionarlo con una simple bolsa que ralentizara su respiración.

El funeral, que se celebró tres días después y al que Danny acudió en silla de ruedas incluso aunque los médicos le recomendaron que no lo hiciera, también fue horrible. Por eso no fui. Por eso me quedé en mi habitación, oculto bajo las mantas, asustado y con el peso de la culpa hundiéndose como afilados colmillos en mi alma.

Rebusco en el bolsillo de mi pantalón, hasta que mis dedos dan con la familiar forma cuadrangular del paquete de tabaco. Extraigo un cilindro de papel con dedos algo temblorosos, y solo dejo de andar para acercar la llama del mechero a la punta del cigarrillo. Doy una profunda calada, la nicotina que entra directa a mis pulmones ayudando a controlar ese repentino temblor traído por los recuerdos.

Sigo andando, y, a pesar de que no quiero seguir pensando, mi cabeza no puede más que rememorar el día en el que fui a verlo a la habitación del hospital, unas horas después de que le hubieran sacado del quirófano. Yo también había estado ingresado, pero mis heridas no eran tan graves, nada que no arreglase una veintena de dolorosos puntos. Habían pasado cinco días del fatal accidente, y solo durante ellos logré reunir el valor suficiente para enfrentarme a él. Estaba aterrorizado. ¿Y si no quería verme? ¿Y si me culpaba de la muerte de Lilly? A fin de cuentas, yo fui el que la dejó caer, el que no la sujetó como había prometido…

Cuando entré vacilante en la habitación, ya tenía una idea de lo que me iba a encontrar. Harry me había dicho que, desde ese momento en el que se hizo pedazos, no había pronunciado una sola palabra. A nadie. Ni en el funeral, ni a los médicos, ni siquiera a los policías que fueron a interrogarle sobre lo que había pasado. Era como si toda su voz se hubiese agotado en ese grito desgarrador… Y tenía una idea, sí, me imaginaba que tampoco hablaría conmigo (aunque tenía la pequeña esperanza), pero… pero al entrar, lo vi, mirando el techo, la mirada completamente vacía. Me acerqué a él titubeante, al borde de las lágrimas y el corazón magullado al verlo en aquel estado catatónico, pero no me miró. Por supuesto, tampoco dijo palabra…

Ese día no me atreví a tocarlo, solo permanecí cuatro horas en aquella posición, mirándole mientras él parecía perdido en cualquier otro universo. Fue igual los siguientes tres días, con la diferencia de que al cuarto reventé, me sentí incapaz de seguir soportando su pesado silencio, que parecía clavarse en mis oídos con un insistente 'culpable, culpable, culpable'. Le solté todo entre lágrimas, le confesé que había sido culpa mía, que yo subí para salvar a Lilly, que se me había escurrido cuando la tenía sujeta, que le prometí sacarla de allí, pero que se me escapó, que había sido un accidente, que yo no quería soltarla, todo ello sin ser capaz de estar a menos de dos pasos de él.

No abrió la boca, ni siquiera parpadeo. Y yo pensé que lo había perdido, que aquello que estaba frente a mí no era más que una cáscara, que lo que estaba dentro se había ido para siempre, volviéndome a dejar solo en la más completa oscuridad. Y todo porque la dejé caer…

Sin embargo, volví al día siguiente. Y al siguiente. Me sentía incapaz de abandonarlo, a pesar de que me matase por dentro comprobar la poca vida que quedaba en su interior. Lo fui a visitar todos los días, a veces le hablaba y otras veces solo le miraba. Pasaron casi tres semanas, y yo ya había perdido casi la esperanza, por eso cuando oí su voz, acurrucado y medio adormilado en una de esas incómodas butacas de los hospitales, creí que estaba alucinando.

-No fue culpa tuya.-susurró, un deje ronco al estar sus cuerdas vocales adormecidas de no usarlas, y me sorprendió con sus hermosos pero atormentados orbes azules enfocándome directamente.-Tú estabas allí, seguro que hiciste todo lo que pudiste. Tú estabas allí… yo no…

Espero junto a media docena de personas más a que el semáforo del paso de cebra donde estamos se ponga en verde, concediéndonos el paso, instantes en los cuales me termino el cigarrillo. Lo tiro al suelo, aplastándolo contra el suelo con la punta del playero, aguantando un poco más el humo en mis pulmones antes de expulsarlo por un lateral de la boca.

Danny volvió a su casa. Cuando le dieron el alta, volvió a su piso. Con su madre. A ella la habían encontrado en la habitación de un hotel, asustada como una niña. No tardó ni dos días, tras enterarse de que su hija había muerto y su marido se había largado, abandonándola de nuevo, en emborracharse. Toda la recuperación que había llevado a cabo, a la mierda, y encima, con el corazón doblemente roto.

El pecoso aguantó bastante en aquellas cuatro paredes, lo confieso. Pero pronto se vio superado por los recuerdos y por la vuelta de los vicios de su madre, así que pidió a Harry si podía mudarse con él.

Por eso ahora me dirijo a su casa, para ver cómo ha ido el traslado, que hoy mismo ha concluido.

Mis cálculos no fallan y en menos de diez minutos estoy subiendo las escaleras que llevan al piso de Judd. Alcanzo el rellano, guardando las gafas de sol y, cogiendo una bocanada de aire, presiono la yema de mi dedo contra el botón del timbre.

La puerta tarda unos segundos en abrirse, momentos en los que yo flexiono y relajo los dedos, nervioso como lleva siendo habitual estos cinco meses. Todo ha cambiado tanto desde entonces…

-Hola, Dougie.-me saluda Harry, serio, secándose las manos al pantalón. Me mantiene la mirada unos instantes antes de hacerse a un lado, concediéndome el paso.

-Hola…-contesto, sin sonreír pero haciendo un gesto con la cabeza. Todavía no me traga, sí. Está en ello, pero se le ve reticente y no acaba de confiar del todo en mí, así que nuestros encuentros resultan un poco incómodos. Me rasco la nariz con la uña del índice.- ¿Danny?

-En la habitación de invitados. Última puerta a la derecha.-duda, y frunce los labios, en una expresión de ligero fastidio mezclado con esfuerzo.- ¿Quieres… algo de beber?

Carraspeo, y luego niego con la cabeza, murmurando por lo bajo un 'gracias de todas formas'. Al menos lo intenta, ¿eh? Algo a tener en cuenta. Aunque me apuesto un brazo que no lo hace por mí. Como todo, seguro que el principal objetivo de hacer el esfuerzo de caerle bien es perjudicar lo menos posible a Danny.

Después de unos segundos más de incomodidad, me dirijo al lugar hacia donde me ha indicado, las manos de vuelta a los bolsillos, el corazón acelerándoseme un poco en el pecho. Siempre es así desde ese día. Cada vez… cada vez que me acerco a Danny tengo miedo de que me rechace, de que vea en mí el culpable de la muerte de su hermana. A pesar de lo que me dijo en el hospital, no es que todo haya vuelto a la normalidad. Le cuesta, a ambos nos cuesta habituarnos a la realidad después de lo que vivimos, y, no sé… parece que esta normalidad solo es un sueño, que con cualquier soplo de aire podría romperse, así que tratamos las situaciones como si tuvieran la mayor fragilidad posible.

Recorro el pasillo y, en esa última habitación, me encuentro al pecoso sentando en la cama, de espaldas a mí, las muletas que tiene que utilizar hasta que su rodilla se recupere del todo junto a él apoyadas.

-Toc, toc.-golpeo la puerta entreabierta tras un par de minutos observándole, aunque no entro del todo.

Se sobresalta, sus hombros se encogen un poco, pero no termina de girarse para mirarme, y yo trago saliva, apoyado aún contra el marco de la puerta. Hace solo un sonido con la boca y yo me aventuro, cerrando la puerta tras de mí, hacia el interior de la habitación, no muy grande y de paredes color azul claro. Hay un armario al lado de la ventana, abierta, y la cama está en medio del cuarto, pegada a la pared. Diviso unas cinco cajas de cartón, algunas cerradas y otras abiertas, en el suelo, al lado a la cama, y tengo que esquivarlas cuando me decido a sentarme al lado de Danny, no muy cerca, a unos tres palmos de él. Le observo, como tanto tiempo he hecho mientras estaba en el hospital, mis ojos recorriendo el perfil de su nariz, las ojeras que crecen bajo sus ojos, su barbilla con vello casi pelirrojo, su fino labio superior, contrastado con el grueso inferior…

Me permito apartar la mirada de su inexpresivo rostro y la bajo hasta su regazo, ahí donde sostiene entre trémulos dedos una foto. Siento un pinchazo en el pecho. En ella sale Lilly, como no, muy pelirroja, sonriendo a la cámara. Sus bracitos están rodeando por detrás el cuello de Danny, que también sale con una sonrisa en la cara. No es reciente, quizás tiene unos diez años.

-¿Qué…qué tal estás?-pregunto con voz débil, así que carraspeo y repito, tratando de sonar amigable, tratando de que aparte los ojos de la foto y deje de martirizarse.

-Bien.-contesta secamente, sin levantar la vista, mi propósito fallando miserablemente.

Diría que estoy acostumbrado, ya que ha sido así desde el día que recobró el habla. Pero estaría mintiendo. Danny se ha vuelto seco. Cortante. Frío. No solo conmigo, por supuesto, pero… no sé… Entiendo que tiene muchos motivos para haber perdido su vitalidad, no me malinterpretéis, pero… Echo de menos a mi Danny, solo es eso. Todavía es temprano, la herida está aún sin cerrar, escuece, pero tengo miedo, mucho miedo de que nunca cicatrice. Tengo miedo de perderle… Le sigo queriendo, como nunca, y me duele ver lo mucho que sufre, cómo se empeña en no hablar de ello conmigo o con Harry o con quien sea… cómo ya no me mira como antes, cómo ya no me acaricia ni me besa… Tengo tanto miedo…

Por ello, hago un esfuerzo y trago el nudo de mi garganta, moviendo con un poco de vacile mi mano sobre la colcha lisa, hasta que mis dedos tocan su muslo y escalan por él. Poso la mano en su rodilla, en la buena claro, la otra todavía está vendada bajo el vaquero. Cuando aprieto un poco es cuando quita sus ojos de la foto y los deja caer sobre mi mano. La mira, como si estuviera intentando averiguar el extraño motivo por el que está ahí. Me muerdo el labio, esperando a que reaccione, mis dedos acariciando por encima de la tela de su pantalón la piel que sé que está debajo. Pasan tres, cuatro minutos, y Danny no hace ningún movimiento, ni siquiera sus ojos, fijos en mi mano sobre su muslo, hacen el amago de cerrarse y abrirse en un parpadeo. A veces es así, se queda como si fuera una estatua de carne y hueso, y en ocasiones tengo la tentación de apoyarme en su pecho para saber si su corazón sigue latiendo, si sigue respirando, porque de verdad parece que solo es una figura sin vida.

Aguanto un par de minutos más con la mano en su rodilla, pero ante su falta de respuesta termino por deslizarla de nuevo hasta mi regazo, entrelazando los dedos con la otra mano, para ver si así logro controlar el más que evidente temblor que los ha colonizado. Cojo aire, intentando que al hacerlo no me duela la herida del pecho, esa que está escondida en un lugar mucho más profundo que mi piel, más allá de mi esternón, de mis costillas.

Danny ha vuelto a fijar los ojos en la instantánea, ninguna emoción en su rostro. Y, de repente, esa quietud se ve rota por un repentino movimiento. Me pilla tan de sorpresa que no tengo tiempo de reaccionar, y cuando me doy cuenta los dedos de Danny ya han rasgado por la mitad la foto, y luego otra vez, y otra, hasta que solo quedan pedazos de papel tintados, repartidos en un montoncito a sus pies.

Abro mucho los ojos, observando cómo el pecho del pecoso se mueve con cada inhalación profunda que hace. Sigue sin cambiar su expresión, pero puedo ver a la perfección cómo se va resquebrajando un poquito.

Niego con la cabeza, y me escurro de la cama hasta quedar de rodillas en el suelo, mi objetivo el de recoger los trozos de la foto.

-Mira lo que has hecho.-susurro, cogiendo los papelitos con cuidado y depositándolos en una de mis manos, esa que tengo ahuecada como si fuera un cuenco.-Con lo bonita que era… Pero bueno, no es nada que no tenga solución. Podemos ponerle un poco de celo y listo…

Una vez que tengo todos los trozos, vuelvo a sentarme en la cama, y entre el hueco formado por mi cuerpo y el de Danny, pongo un pedacito, dispuesto a reconstruir la foto como si de un puzzle se tratase.

-Déjalo.-gruñe Danny, la vista al frente, la cabeza hundida en los hombros.

-No, hombre, que no pasa nada. Mira, no es tan difícil, esta va aquí. Y esta, a ver…

-¡Qué lo dejes, joder!-la exclamación me pilla por sorpresa, igual que lo hace el manotazo que Danny arrea a mi mano, esa donde todavía estaban los cachitos de fotografía, que con el impacto saltan, escapándose, volando y esparciéndose sin orden por encima de mis piernas, por la colcha y por el suelo.

Danny me mira, y esta vez sí hay sentimiento en sus ojos, pero es una rabia tan profunda que me hace encoger. Me cubro el dorso de la mano que me ha golpeado con la otra, acercando ambas a mi pecho, notando un ligero escozo ahí donde la piel se ha visto agredida.

-Va-vale, perdona…-digo, tragándome las lágrimas, luchando por formar una pequeña sonrisa que no es correspondida, fingiendo que no ha pasado nada. Me aclaro un poco la garganta, Danny apartando la mirada de nuevo de mí y clavándola en algún lugar del vacío.- ¿Qué… qué te apetece hacer? Hace un día muy bonito, un poco fresco, pero está guay para ir a dar un paseo. ¿Qué te parece? ¿Vamos a dar un paseo?

-No.-me contesta, apoyando los codos en las rodillas, hundiendo la cara en sus grandes manos.

-Sí, tienes razón, también podemos quedarnos en casa. ¿Vemos una peli? ¿Sabes si Harry tiene alguna buena? Podemos hacer palomitas y…

-No.-vuelve a cortarme, aunque esta vez en su voz hay más fastidio y más dolor que antes. Su pecho sigue moviéndose, pero más rápido cada vez, sus pulmones llenándose y vaciándose a un ritmo mayor.

-¿Qu-qué quieres hacer entonces?-pregunto, sin rendirme, no queriendo dejar que se venga abajo. Quiero ocupar su mente, sé que es difícil, pero si se queda estancado, sino recupera su vida, sino pone algo de esfuerzo, nunca saldrá del agujero negro al que se ha visto arrastrado.

No me contesta inmediatamente, y sé que ha empezado a llorar, sé que de sus ojos apretados contra las palmas de sus manos están brotando amargas gotas que no tardarán mucho en escaparse por sus mejillas.

-Nada.-termina diciendo, con apenas un hilo de voz que suena como un chirrido.-No quiero hacer nada…-su frase se corta por un sollozo, y sus hombros se encogen con el espasmo del mismo.

¿Cómo? ¿Cómo no me va a romper el corazón ver algo así? ¿Cómo voy a darme por vencido? ¿Cómo voy a conseguir arreglarlo?

Apretando los labios para contener el quemazón de detrás de mis globos oculares, elimino la distancia que me separa de él y me pego a su costado, pasando un brazo por sus hombros, una mano hundiéndose en su cabello, las yemas de mis dedos descolocando los ya de por sí desordenados rizos, como tanto sé que le gustaba que hiciera. Apoyo la mejilla en su hombro, respirando su olor, y luego dejo que mis labios se posen en su cuello, donde dejan un delicado beso.

-Vale… Podemos hacer eso. Nada. No haremos nada…-murmuro en su oído, los sollozos que escapan de su boca abriéndose paso como afiladas flechas por mis oídos, el corazón encogiéndoseme, la necesidad de reconfortarle creciendo tanto en mi pecho que temo que explote.

Permanecemos así como cinco minutos, en los cuales Danny no hace más que llorar, mientras que yo trato de reconfortarlo en silencio, sin dejar de acariciarle.

-P-por favor…-dice tras esos minutos, la voz rota. Levanto la cabeza de su hombro, mi pulgar recorriendo la prominencia de la vértebra cervical de su cuello.-Por favor… no me toques…

Me quedo congelado, deseando más que creyendo haber oído mal. Me… ¿me ha suplicado que no le toque?

Trato de tragar saliva, pero fallo ruinmente, atragantándome, una presión tal en las paredes de mi garganta que ni siquiera el aire es capaz de colarse entre ellas.

-¿Q-qué?-no se me ocurre otra cosa que preguntar, un zumbido en mis oídos, mi mano aún sobre el cuello de él.

Coge aire, pero no saca la cara de entre sus manos.

-Por favor, Dougie… No… no me toques… Déjame… déjame solo, ¿vale?-logra articular, controlando los sollozos lo suficiente para que le entienda y no haya cabida para pedir una repetición.

Me aparto de él a cámara lenta, mi piel quejándose al dejar de estar en contacto con la suya. Noto en mis propias mejillas el calor de las lágrimas, aunque intento borrar su rastro con el dorso de mi mano.

-L-lo siento…-digo, la razón por la que no quiere que esté a su lado tan obvia que duele.-Yo… lo siento mucho… No… no te volveré a molestar…-repito un 'lo siento' otra vez y me levanto rápidamente, porque ya no me siento con fuerzas para seguir controlando las lágrimas. Lo he intentado, de verdad que lo he intentado, pero de nada sirve estar dándose de cabezazos una y otra vez contra la misma pared, por mucho que esa pared te separe de tu propia salvación.

Sin embargo, antes de abrir la puerta y desaparecer por ella, con el corazón hecho trizas, me veo en la obligación de volverme, de, por lo menos, hacérselo saber una vez más, para hacer que así, con el tiempo y sabiéndolo, haya unas pocas posibilidades más de que logre perdonarme algún día.

-Te quiero, Danny…

Danny

Escucho la puerta cerrarse con curiosa suavidad, la hoja encajando en el umbral casi hasta con lo que podría denominarse dulzura.

Eso solo me hace llorar más fuerte.

¿Por qué todo me tiene que doler tanto? ¿Por qué me siento tan vacío por dentro? ¿Por qué parece que tengo un hueco en el pecho, que algo ya no está, que falta una parte muy importante?

Las últimas palabras de Dougie reverberan en mi cráneo, y por unos segundos son capaces de acallar a esa otra voz que no deja de repetir una y otra vez 'él la dejó caer, él la dejó caer'.

Lo sé, ¿vale? Sé que no fue culpa suya. Lo dije completamente en serio ese día en el hospital. Pero… ¿pero qué voy a hacer yo si esa puta voz no se calla? ¿Cómo puedo mirarle, cómo puedo besarle, cómo puedo tocarle si en sus ojos veo el reflejo de los de Lilly al caer? ¿Cómo? Lo he intentado, pero es demasiado poderoso, demasiado doloroso.

Perder a Lilly ha sido como un mazazo. Como si un martillo hubiera colisionado contra la figurita de cristal de mi alma. ¿Qué puede quedar después de eso? Nada, solo trozos de cristal afilados.

Creí que perdía la cordura. Creí que, en cuanto lo supe, iba a morirme yo también. Pero por desgracia no sucedió. En contra de mis deseos, permanecí vivo. Aunque sin estarlo. No se sentía como si hubiera perdido a una hermana. Se sentía como si me hubiera perdido a mí mismo. ¿Qué iba a ser ahora de mí sin nuestras discusiones, sin su vitalidad, sin su sonrisa, sin sus pullas? Su habitación sonaba vacía al no estar la música a todo trapo que solía poner, el baño se veía pequeño sin esa cantidad de potingues que se echaba, el salón se notaba oscuro sin su presencia iluminándolo.

No lo pude soportar. Igual que no pude soportar volver a ver a mi madre. Me recordaba tanto a ella… Y saber qué era ella la única familia que me quedaba, y que había vuelto a la bebida y a las drogas… Fue demasiado… fue demasiado…

Pensaba abandonar. Pensaba dejar pasar todo, pensaba, mientras estaba en el hospital, simplemente contener la respiración un tiempo suficientemente largo para acabar con todo. Sin embargo, un sentimiento me lo impidió. Algo comenzó a revolverse en mi pecho, a reptar por el interior de mi abdomen… la venganza… Venganza. Es eso lo que me hace abrir todos los días los ojos. Me he prometido a mí mismo que la saciaré. Como sea. Encontraré a la sabandija de Ian y lo mataré. Lentamente. Cruelmente. Y a mi padre también. Haré que sufran. Que deseen no haber nacido. Que deseen haber muerto… Me lo van a suplicar, oh, sí…

Unos toques en la puerta me sobresaltan. Me doy cuenta de que he dejado de llorar, que en mis mejillas ya no queda más que el rastro reseco y algo pegajoso de las lágrimas.

El colchón se hunde a uno de mis lados, pero decido que todavía no quiero abrir los ojos.

-Dougie se ha ido.-me informa la voz de Harry, suave pero a la vez muy seria.-Llorando.

Siento un pinchazo en el pecho y saco la cara de las manos, secándome los ojos.

-Ya.-digo únicamente, clavando la mirada en cualquier parte menos en los suyos.

Silencio.

-Lo estás perdiendo, lo sabes, ¿no?-no contesto, me limito a recorrer con un dedo el aluminio de la muleta que tengo al lado.-Lo estás perdiendo y, cuando se te escape, ya no habrá vuelta atrás. Eso también lo sabes, ¿verdad?-sigo sin abrir la boca, y noto que Harry aprieta los puños.-No… no puedes hacer esto. No después de todo lo que has pasado. De lo que habéis pasado. Mira, el chico sigue sin caerme bien del todo, pero, joder, no puedes echar por la borda lo vuestro. Sé que duele y sé que es difícil, pero ¿te perdonarás si acabas con todo? Ahora, ahora que por fin podéis estar juntos, ¿de verdad lo vas a apartar? ¿Acaso ya no le quieres? ¿Acaso has hecho todo lo que has hecho por él y ahora ya no le quieres? No me jodas, Danny…-coge aire, pero yo sigo sin mirarle, lo que parece nerviarle.-Lilly luchó porque tuvierais un final feliz. Sonará ruin que utilice esto como argumento, pero sabes que es verdad: ella no te perdonaría que rompieseis lo que tanto trabajo os ha costado construir.

Llegado a ese punto, me veo obligado a intervenir, aunque mi voz suena más dura y borde de lo que pretendo.

-Tú no lo entiendes. Él no lo entiende.

Harry mueve las manos, bufando.

-Ya sé que no lo entiendo, Danny. Yo no he perdido a una hermana. No sé lo que duele. No sé ni siquiera si me lo puedo imaginar. Pero, desde luego, sí que sé lo que es estar perdiendo a un amigo. Y te aseguro que tampoco es algo placentero.

Esa última frase me hace levantar los ojos, que se fijan en los azules de Harry. Veo sinceridad en ellos, así como preocupación y también ese sentimiento del que habla.

Suspiro.

-Yo… es que… no puedo, Harry.-opto por confesar.-Es… es complicado.

Su mano se posa en mi hombro, y cuando habla, lo hace con mucha más dulzura que antes.

-Lo sé, Dan. Pero tienes que espabilar. Tienes que reaccionar. No puedes quedarte de brazos cruzados. El mundo es un hijo de puta, pero sigue girando. Unos se van, otros vienen, y otros pobres diablos como nosotros se quedan para seguir soportándolo. Tener amigos y gente que te quiere lo hace más soportable, desde luego. Así que no podemos permitirnos perderla, no podemos permitirnos alejar a alguien que nos quiere…

Bajo los párpados, apretándolos con fuerza. De nuevo, vuelvo a escuchar ese 'te quiero' que me regaló Dougie antes de irse. Y, de nuevo, esa voz vuelve a intentar acallarlo, señalándole como uno de los culpables directos. ¿Pero, realmente lo es? Por esa regla de tres, ¿no soy yo tan culpable como él por no haber estado con Lilly? ¿Por no haber sabido protegerla? Él estuvo allí. Él estaba aquí. Él vino a por mí aun a riesgo de saber que Ian se cebaría con él. Él subió a por Lilly, a rescatarla. Él la tranquilizó e hizo lo que pudo por subirla. Él vino después al hospital a verme. Todos los días. Y ha intentado con más que ahínco ayudarme, hacerme ver la luz en las tinieblas.

¿Acaso todo lo que le dije es mentira? ¿Acaso todo lo que le escribí en la carta no es más que papel mojado? ¿Acaso estoy dispuesto a perder lo mejor que jamás he tenido? ¿Dejaré que Ian se salga con su propósito? ¿Qué nos termine separando? ¿De verdad voy a dejar que el hueco de mi pecho se abra hasta que me consuma, de verdad voy a dejar que el único que ha logrado cerrar las heridas de mi alma anteriormente no lo intente ahora? ¿De verdad ya no le quiero? Busco una respuesta, y aunque esa maldita voz no se calla, otra empieza a ganar fuerza, una que me recrimina por ser tan idiota, una que guardo en mi memoria y que tantas veces me ha rechistado como buena adolescente.

Cuando abro los ojos me asusto un poco al ver que ya no hay nadie a mi lado. Harry ha debido aprovecha mi trance para dejarme solo. Veo que donde estaba sentado, entre los pedazos de esa foto que rompí porque me sentía demasiado celoso de ese Danny retratado que aún tenía a Lilly consigo, ha dejado el teléfono inalámbrico.

Me paso la lengua por los labios, humedeciéndolos, y tardo un par de minutos todavía en recogerlo. Lo miro, bizqueando un poco, el ceño fruncido.

Cojo aire al marcar los dígitos que tan bien me he aprendido, y no lo suelto ni siquiera cuando me lo llevo a la oreja, empezando a escuchar el 'bip, bip' de la línea.

Me comunica como ocho veces más, y cuando va a sonar la novena se escucha el ruido de que han descolgado.

-¿Sí?-murmura una voz, con ese deje amargo y algo balbuceante de una persona que ha estado llorando.

Me muerdo el labio, concentrándome en escuchar la voz que me grita en la cabeza que no sea una nenaza y me comporte como un hombre, que haga de tripas corazón y hable de una vez, que no me permita perder el tren, que me suba a él, que confíe y que me deje ayudar.

-Doug…-empiezo, y tengo que carraspear un poco, aunque no puedo evitar que la comisura de mi labio se tire un poco hacia arriba, a la vez que mis mejillas se colorean y calientan como tan típico es de ellas.- ¿Sigue en pie la oferta del paseo?

-Fin…

…¿O continuará?-


¿Os dije o no os dije que tenía una sorpresa que os iba a gustar? Por favor, redoble de tambores, en tres...dos... uno... ¡Bam! He dejado muchas cosas abiertas, lo sé (sobre Ian y qué le pasó para ser así, sobre Jimmy, sobre los propios Danny y Doug y cómo se recuperaran, sobre la venganza que tanto ansía el pecas, sobre la universidad del rubio, etc, etc), pero tengo una buena razón: ¡VOY A ESCRIBIR UNA SECUELA! Sep, ¡habéis leído bien! (cómo se me nota que adoro demasiado esta trama como para dejarla, lol). Ya tengo unas cuantas ideas, y creo que será interesante relatar el futuro de los ponesitos estos. Como ya he dicho, no creo que pueda subir hasta pasados los exámenes, pero os aseguro que nos tendréis a mí y a estos dos tortolitos dandóos la tabarra muy pronto :D
Love always :3