¡Holaaaaa! :3

Bueno, oficialmente mis vacaciones se han terminado u.u Sin embargo, paso a dejarles un capítulo más antes de que vuelva a desaparecer(?). Espero de verdad esto no suceda, estoy a muy pocos capítulo de terminar la historia y trataré de no dejarlos más de un mes x'D.

Seamos positivos.

Ah, me da tanta nostalgia esto, y no solo por lo que se viene en éste capítulo. En el anterior, supongo que fue bastante esperado que eso sucediera, aunque no sé, eso espero me lo digan ustedes xD.

Los dejo, espero disfruten la lectura.


—Qué patéticos. Por esa razón todos ustedes deben morir —dijo Akashi, que había perdido toda la belleza digna de un vampiro y lucía carbonizado, como luce la tierra de un volcán que está por hacer erupción.

Se estaba acercando lentamente, por mera diversión, disfrutando el dolor ajeno.

—Siempre fuiste tan débil, Ryota, y por eso preferiste echarle la culpa a Shogo de tu debilidad y ahora estás solo —continuó con voz pastosa, ya no estaba quedando nada del antiguo Akashi—. No tienes ni a Daiki, ni a Shogo, que lamentable —suspiró, negando.

Las lágrimas de Kise no habían cesado, pero el "vampiro" pelirrojo estaba muy mal si creía se iba a dejar aplastar por esas palabras, porque hasta ahora, solo existían dos personas que podían causarle daño o habían sido dos hasta hace unos momentos. De modo que se incorporó lentamente, dejando a un lado el cuerpo inerte del peligris con cuidado y se limpió las lágrimas sin alzar su mirada todavía.

Su cuerpo estaba manchado de sangre por el impropio y su rostro igualmente pasó a tener ese color carmesí cuando se limpió.

—A mí también me hubiese gustado que las cosas acabaran diferente, Shogo-kun —dijo y alzó finalmente la mirada, enfrentando al pelirrojo.

Sus pupilas miel destellaban con un poder impresionante, al demonio las heridas de su cuerpo y todo, ¡era momento de darle a Akashi Seijuro el verdadero dolor! Así que no se iba a contener, para nada. Ya era momento de vengarse, no se iba a tragar todo este coraje que le hervía en sus venas, no importaba si moría o si no lo mataba como tal, pero por supuesto que le dejaría huella.

El cuerpo de Ryota empezó a rodearse de descargar eléctricas que no lo dañaban a él, como si fueran rayos que adornaban sus extremidades cual aura de luz destructiva, incluso sonaban del mismo modo que los truenos en una tormenta. Su rostro adquirió una faceta furiosa, deseosa de venganza y movido por la destrucción.

Porque él también podía ser un maldito si se lo proponía.

No pudo controlar que su mente se imaginara lo que Haizaki le hubiese dicho al verlo así.

—"Vaya, la rubia sin cerebro puede impresionar, qué miedo."

Puedo hacerlo mucho más que tú, pensó Kise y se lanzó contra la figura deformada y aterradora de Akashi.

El choque de poder retumbó con agresividad, como la segunda llamada en la guerra que se suscitaba y que pasaría a la historia, al menos, para quiénes lo sabían.

—Hay muchas cosas que tengo que cobrarme, Akashicchi —siseó Kise con una entera aura amenazante, pese a que recibió un golpe del ajeno, lo duplicó y se lo regresó junto con sus descargas.

El aludido solo le sonrió con superioridad y lo atacó nuevamente, no con sus extremidades, sino con las puntas de sus deformes alas, hiriendo el otro brazo del vampiro por la velocidad del golpe.

—Es gracioso que pienses puedes ganarme —Akashi volvió a correr una vez logró lanzar al rubio contra una colina rocosa que se destruyó por el impacto—. No me ganarás con ese poder tan débil.

Hizo intento de volver a usar su habilidad mental, pero no surtió efecto. Y de repente, un rayo tan largo y atronador que solo podía provenir del cielo, cayó sobre el vampiro pelirrojo, quemándolo con fuerza e incluso le hizo rugir.

—No estoy luchando solo —Kise se incorporó y sonrió cuando el rayo se esfumó para que esa corriente eléctrica se fuera a su cuerpo. Gracias, Midorimacchi, hoy dejas de ser un amargado para mí, pensó, sintiendo como poco a poco el brazo que tenía quebrado recuperó movilidad al absorber dicha energía.

Si bien aquel rayo lastimó a Akashi, no fue suficiente, solo sirvió para hacerlo enfurecer más y su expresión que lo hacía ver como el vampiro que era se partió. El resto de piel se cayó y la abominable criatura que quedó a raíz de eso, atacó al rubio nuevamente.

Kise no tenía miedo, ya no tenía a qué.

— ¡Te voy a matar! —chilló la criatura que era ahora Akashi, de forma perturbadora y logró sujetar el cuello al rubio, teniéndole embrocado contra el suelo, para jalarle la cabeza.

Ese movimiento era mortal, sin embargo, no era lo suficientemente bueno para detener al vampiro. Mismo que sonrió y destelló sus maravillosos rayos corporales que no solo estaban quemando el cuerpo ajeno, sino cegándolo por esa luminosidad tan propia del rubio.

— ¡Te haré pagar, por todo lo que has hecho; me separaste de que alguien muy importante para mí, por segunda vez y eso no te lo perdonaré! —la potencia de su electricidad aumentó como su voz y mandó a volar al impropio, pero no dejó que se fuera; lo sujetó de eso que tenía por alas y le arrancó una.

Error.

Akashi se contorsionó y sus ojos se desorbitaron al soltar un alarido demandante. Sus colmillos crecieron y se movió todavía más rápido para los ojos del rubio y le mordió el hombro a la vez que atesó un montón de rodillazos contra el estómago contrario usando la misma rapidez, robándole la movilidad por unos segundos.

Ryota sujetó de los hombros a su agresor, no moviéndose tanto, porque estaba seguro que le arrancaría su brazo completo. Estaba cubriéndose por una sustancia viscosa y con olor a azufre que comenzaba a asquearlo al tener cerca al pelirrojo, aun así, inhaló profundamente y cerró los ojos con fuerza para concentrarse pese al dolor que sentía.

Los cielos empezaron a nublarse, solo las Diosas en el cielo quedaron visibles para todos, cuando los truenos comenzaron a sonar. Los relámpagos eran fugaces, pero parecían seguir un camino único.

Y cayeron con potencia y violencia en ambos vampiros.

— ¡…! —la mordida de Akashi se intensificó en el hombro ajeno al sentir la agonía interna de la quemadura, abriendo más sus ojos.

Las células corporales de ambos se estaban quemando con rapidez, como si fueran miles de agujas eléctricas que arrasaban en su cuerpo como bacterias toxicas y venenosas. A Kise también le estaba dañando, no con la misma magnitud que al impropio, pues la electricidad era parte de su poder, sin embargo, no iba a salir bien librado de esto.

Los rayos habían formado un grueso haz de luz mientras desocupaban toda su energía en ambos chicos y el rubio se las ingenió para dejar encima de su cuerpo a Akashi y hacer que recibiera el daño, a pesar de que éste logró arrebatarse un pedazo de su hombro, dejando al descubierto parte del hueso de su clavícula.

— ¡Maldito seas! —Seijuro dio un alarido.

Todo el follaje de árboles se iluminó con la electricidad caída del cielo y que duró unos dos minutos, lleno de gritos por parte del pelirrojo.

Hasta que el ataque cesó.

Ryota se quitó el cuerpo inmóvil y quemado de encima de Akashi y se quedó acostado, con los brazos extendidos y la mirada en las lunas. Su respiración estaba muy baja; no iba a morir por algo como esto, pero necesitaba una buena dosis de sangre para poder moverse. Sabía que el contrario seguía vivo, podía escuchar su respiración, por lo menos iba a dar tiempo a lo que sea que Alex planeaba hacer.

— ¡Algo como eso no me matara, imbécil! —Akashi se elevó débilmente con su única ala, mientras que de su espalda surgía otra de su propia carne, sin piel y escurriendo sangre.

Los ojos miel le miraron y sonrió al percatarse que le hacían falta las extremidades y parte de su cabeza estaba partida, así como parte del torso estaba perforada. Lo había dañado mucho y eso le dio tanto gusto.

—Tu carne será la que ofrecerás por tan atrevida acción, Ryota, ¿o es qué ya olvidaste lo que sucede cuando me retan? —los mortíferos ojos de Akashi ahora deformados por el fondo oscuro y rojo miraron a ambos lados y sonrió— ¡A qué te gustaría saber el modo en que fui devorando la carne de Shogo!

De acuerdo, esas palabras si lograron romper la sonrisa del rubio y de solo imaginarse tal cosa, apretó los labios. Mierda, si tan solo fuera capaz de moverse, volvería a enfrentarlo, pero su baño de adrenalina había desaparecido y, siendo realistas, necesitaba alimentarse.

— ¡Nadie reta a Akashi Seijuro sin salir vivo! ¡Ni siquiera mi padre!

Maldición, esto no está nada bien, pensó Kise. Ya era obvio que tarde o temprano la locura de aspecto que tenía el pelirrojo terminaría absorbiendo su raciocinio. Si tan solo pudiera moverme… ¡Muévete!

Y una nueva figura se estampó contra el cuerpo de ese Akashi, sacando al rubio del peligro.

—Es curioso que lo digas —pronunció esa voz aterciopelad e inesperadamente amable y educada, un tono tan similar al de Akashi, solo que éste producía un sentimiento de respeto en vez de temor—. Yo soy el verdadero heredero, por lo tanto, yo digo que esta lucha nos concierne a ambos, nada más.

Ante los ojos miel del vampiro, la silueta de Kagami apareció y cuando sus ojos se encontraron, se percató que el color de esas pupilas no eran las mismas. Había pasado del rojo oscuro al rojo claro, pegándole casi al fucsia.

Justo como el color de uno de los ojos que Akashi tenía.

—Lamento mucho que hayas tenido que pasar por todo eso, Kise —dijo la misma persona, porque definitivamente ese no era Kagami, incluso la expresión de su rostro lo decía—. Permíteme tomar tu deseo de justicia.

Y atacó.


Cuando Kagami había atravesado el portal y llegado a La Montaña Carmesí todo se volvió un caos ahí, desde Aomine como una fiera que no terminaba de comprender las acciones de Kise ni mucho menos de Haizaki, aunque dejaron de importarle tan pronto el pelirrojo llegó a ser el centro de su atención y lo sostuvo con fuerza.

— ¡¿Qué demonios tiene Kagami, chupasangre?! —exigió, mirando a la rubia.

—No hay momento para darte explicaciones, Daiki, acatémonos al plan —respondió Alex con frialdad. Se estaba conteniendo bastante, porque si dejaba que su preocupación ganara terreno, entonces, no podría llevar a cabo la idea principal. Tal vez muchos la vieran como mujer cruel, sin embargo ya bastante había arriesgado y confiaba en el pelirrojo para esta tarea.

—Maldita… —siseó Aomine.

Taiga se removió un poco, atrayendo la atención de todos ahí y empezó a temblar, sintiendo una pulsación en su cabeza.

—Kise… Kise, ¡él…! —exclamó sujetándose al cuerpo del moreno.

—No tienes que preocuparte por nada, Kagami-kun.

Mientras, Momoi veía de cerca con muchísimo interés al chico de tez bronceada con todos sus dientes puntiagudos y las orejas ligeramente alargadas, así como las tremendas garras que tenía en sus manos —grandes y con uñas filosas— y esos ojos rojos con un centro negro en forma vertical, como los de un gato.

No iba a negar que incluso así era muy atractivo. Y además, la unión entre él y su amigo de cabello azul se sentía como la misma gravedad que los mantenía de pie.

Era algo que impresionaba, porque hasta para este Akashi, que era un simple espíritu, esa energía proveniente de su relación, le llegó y su cuerpo traslucido lo sintió. Era algo muy, muy impresionante. De hecho, ese tipo de atracción solo pudo compararla con la que él sentía por Kuroko.

El vampiro de cabello celeste sintió la mirada ajena y se la devolvió; Akashi le sonrió cariñosamente y la inexpresividad impropia se borró unos segundos cuando sus ojos se iluminaron en el más puro sentimiento, devolviéndole la sonrisa.

—Regresando al plan —interrumpió Alex sin mala intención—, Taiga no parece estar en sus cinco sentidos para saber su voluntad —sonó ligeramente preocupada, se mordió el labio.

Los ojos de Aomine notaron ese gesto y entonces entendió que a la vampira le estaba costando lo mismo o más que a él hacer todo esto. Pero tal parecía no había otra opción.

—Mis intenciones no son malas —intervino Akashi al notar la inseguridad del ambiente y se acercó hasta el cuerpo del otro híbrido, no ignorando que el peliazul abrazó a éste con más fuerza—. Si él, si Kagami no me acepta, no me apoderaré de su cuerpo.

—Sí, sí, eso lo sé —soltó Alex—. No desconfío de ti, Seijuro —le miró a los ojos.

—Déjame intentarlo —pidió Akashi, mirando el cuerpo del otro pelirrojo, que fue soltado poco a poco por el lycan de tez cobriza y sujeto por la rubia. Entonces se acercó y posó sus manos en el cuerpo del híbrido—. Te pido el permiso para usar tu cuerpo en una causa necesaria, porque del mismo modo que tú, también deseo detener a… ese Akashi. Así que por favor, ayúdame a detenerlo permitiéndome entrar en ti.

Las manos de Alex empezaron a soltar una clase de magia, mientras ella pronunciaba algún hechizo, hasta que poco a poco, el espíritu de Akashi se desvaneció y la boca de Kagami empezó a abrirse y respiró profundamente.

Y convulsionó.

Aomine casi enloquece cuando eso sucedió, pero al final de cuentas, lo habían logrado y justo a tiempo.


— ¡Tú…! —el Akashi convertido en aquella endemoniada criatura saltó al mirar a su otro yo y su cuerpo herido tembló de ira y temor al percatarse que esa otra parte de su alma estaba en el cuerpo del otro híbrido— ¡Tú no debes estar aquí! ¡Éste no es tu lugar, yo soy el líder de éste mundo!

Esa era su debilidad, porque por primera vez en su vida, sintió miedo. Por primera vez, Akashi sintió temor de perder el control a tal magnitud, que no supo cómo reaccionar, solo sabía que debía alimentarse para obtener fuerza y la única presa ahí era Kise, de modo que tenía que devorarlo.

Se dirigió a éste con todas las intenciones del mundo para usar su carne y sangre, porque no sabía que le esperaba ahora y no se iba a arriesgar.

Sin embargo, Seijuro fue más rápido estando en el cuerpo de Kagami y le impidió el paso con una seriedad fría y segura.

—Aquella vez te apoderaste de mi cuerpo porque papá influyó en eso —recordó, frunciendo el ceño y sus ojos brillaron—. Pero ambos sabemos que tú debiste desaparecer ese día.

— ¡Cállate! ¡Yo soy el verdadero Akashi! —zanjó la criatura y lo atacó, mientras que su cuerpo escurría en sangre negruzca y volaba.

Era cierto que en el cuerpo de Kagami podía luchar, no obstante, no era su anatomía y no sabía cómo moverse adecuadamente, de modo que sus movimientos no eran tan eficaces. El otro Akashi lo golpeó y le hizo chocar contra el suelo más de una vez. Hasta que le sujetó de las alas y se las torció, cambiando las posiciones y sin importar mancharse de lo que sea que estaba emanando, también lo golpeó.

Debía seguir el plan, una pelea cuerpo a cuerpo no traería la eficiencia de ésta guerra y tampoco deseaba quedar atrapado en la anatomía de Taiga.

Alexandra le había mostrado el olor de otro vampiro con casi las mismas capacidades mágicas de ella, uno que era hermano del híbrido y su sobrino, y que llegaría al lugar con la formulación del hechizo correcto para que su pelea se diera espiritualmente.

Ya tenían todo planeado nuevamente y cuando Seijuro se percató que ese olor al fin llegó, se dejó atrapar por el otro Akashi y rodaron hasta quedar enfrente de La Cascada de La Vida, cuando el reflejo de las lunas…, no, cuando el reflejo de la Diosa Luna y la Diosa Estrella llegó a esa mágica agua y su haz de luz los envolvió.

— ¡No voy a dejar que sigas maltratando el mundo que amo, aunque seas una parte de mí, hoy vas a desaparecer! —exclamó, sujetándolo con más fuerza.

— ¡… porque las únicas que los juzgaran serán Las Diosas en el cielo! —Himuro terminó el hechizo y usando el agua de La Cascada de La Vida, atrapó a ambos y un montón de colores los envolvió.

Y de repente, los dos espíritus abandonaron esos caparazones, alzándose en el firmamento, volando con agresión y chocando entre ellos, como si fueran dos meteoritos, generando un sonido atronador para todos los que miraron hacia el cielo para contemplar la pelea.

Shiro había ido volando con el vampiro rubio al verlo tirado y sin moverse, ella sabía lo que había sucedido con el hombre lobo porque lo olió y además el dolor de Kise era tan notorio… Se le encogió el corazón y la empatía hizo que sus ojos se cristalizaran.

—Su rostro es muy bello para que las lágrimas lo manchen —masculló Ryota, con la mirada fija en la pelea que se suscitaba en el los cielos.

Los dos espíritus se golpeaban y parecían tener extremidades, empujándose y lanzándose contra las montañas y las nubes. A pesar de la "fragilidad" de su aspecto, la violencia de la lucha se sentía por todo el ambiente, era una pelea abismal que siglos atrás debió llevarse y así evitar todo éste desastre.

—Puedo decirte lo mismo, Kise-kun —contestó Shiro y se inclinó para sujetar el cuerpo contrario.

El vampiro la contempló, desviando su atención y le sonrió sin muchas ganas, estaba tan deshecho como para fingir siempre esa sonrisa alegre que lo caracterizaba en su personalidad. Hoy de verdad estaba cansado de dibujar esa máscara en la naturaleza de su rostro.

—Es válido que lo hagas, a todos siempre nos sucederá —Shiro le acarició el cabello de modo maternal, no pudo evitarlo.

Ryota pudo haberse dado la vuelta y cerrado los ojos para negarse a las lágrimas, pero ya no podía, su vaso emocional estaba al límite, sin importar si creía haber llorado mucho en el tiempo encerrado en Eretz. Probablemente ahí lloró solo por una causa, en vez de todas las que venía cargando.

Sus emociones fluyeron, justo como lo hacía antes de conocer la tortura en ese calabozo y empezara a cerrarse a sí mismo, empezó a llorar y se negó a cerrar los ojos, porque necesitaba ver el desenlace de esa pelea entre ambos Akashi.

— ¿Cómo están yendo las cosas? —preguntó Midorima, haciéndose presente.

—Dímelo tú —contestó Himuro, teniendo cargado el cuerpo inconsciente de su hermano pelirrojo.

—Es el híbrido.

—Sí, ¿tienes algún problema con eso?

—A menos que tengas una manera para impedir que toda la muerte que causó no se vuelva a repetir, entonces no tendré objeciones —dijo Midorima con el gesto grave.

Himuro le dedicó una mirada mortalmente sombría y pasó a su lado.

—Te encargo el portal de la cascada —fue lo único que le dijo.

Shintaro no lo demostró, pero la mirada de ese bendito vampiro había hecho que se estremeciera, no era como ver a Akashi, sin embargo, tampoco era agradable. No se opuso a las palabras ajenas, porque estaba ahí para ayudar, importándole poco si el resto de la Unión lo consideraba un traidor ahora.

La imparable fuerza del Akashi maligno lo distinguía como un punto negro, mientras que el verdadero era una luz blanca y transparente, libre. Era fácil distinguirlo, del mismo modo que era fácil darse cuenta para quién era la ventaja de la lucha.

Seijuro había estado mucho tiempo encerrado en La Montaña Carmesí, siempre siendo un espíritu, así que desde mucho atrás no había sentido la realidad y moverse en ese mundo no era tan fácil como en su zona de confort de todos estos siglos. En cambio, Akashi sí y tenía toda una vida y experiencia cultivada como para saber cómo desempeñar una verdadera victoria.

Midorima se preocupó al percatarse de eso. Tienes que ganar, Akashi, el verdadero, no conocía a ese otro lado del susodicho, mas estaba seguro sería la mejor opción —había tenido la historia resumida por parte de Shiro— para todos.

Sintió como la energía empezaba a emanar de La Cascada de La Vida, indicándole que el portal estaba intentando abrirse, de modo que alzó sus manos para ayudar con su propia magia a abrirlo. Y cuando eso pasó, sus ojos se encontraron con los hermoso turquesa de El Hada.

—No eres Tatsuya —dijo estricta, evaluándolo rápidamente—. Pero qué bueno verte por el lado adecuado, Shintaro.

Tras decir eso, ella salió del portal, cargando el cuerpo de… ¡¿Akashi?! ¡¿Ese que llevaba en su espalda era el cuerpo del otro Akashi?! Midorima enmudeció por completo y de su rostro siempre serio salió una expresión de infinito asombro.

Alexandra le sonrió y le tocó la frente al peliverde, ella no estaba ciega y era capaz de sentir que el límite de Shintaro estaba llegando; si bien era poderoso, no tenía la misma amplitud en magia que ella, por eso le estaba dando una pequeña ayuda ahora para mantener el único hechizo que mantenía al mundo de La Noche dormido.

—Has hecho un excelente trabajo, esto te ayudará —expresó Alex— para que no rompas el hechizo.

Midorima solo pudo mirarla, sintiendo como su cuerpo se recargaba y con sus pupilas asintió y agradeció la acción de la vampira rubia; la verdad era que lo necesitaba bastante. Sería un verdadero problema que todos los ciudadanos de La Noche se enteraran de esto y aunque no eran de población tan grande como lo era el mundo humano —podrían considerarse como un estado más bien—, las revoluciones se harían presente. Y ya era bastante con lo que tenían ahora.

Posteriormente, de ahí salieron Momoi, Aomine y Kuroko y el portal pasó a cerrarse, en el mismo momento en que la pelea parecía estar por culminar.

Todos en La Noche estaban escépticos ante la pelea que sabían se suscitaba en los cielos, justo como esas leyendas que venían desde milenios atrás, donde sus antepasados habían luchado de la misma forma para ganarse el derecho de convertirse en dioses de ese mundo.

Aunque si bien los único conscientes eran los pocos miembros de la Unión Milagrosa —Midorima, Aomine, Kuroko y Kise—, porque los soldados ya no existían, así como el grupo de Alex y el resto de la manada de Hyuuga.

El resto de los miembros de la Unión dejaron de luchar cuando los soldados de Akashi cayeron al momento en que el hechizo de Midorima dejó de servir; esas pobres almas no eran más que criminales encerrados en la dimensión a donde eran enviados al no ser desterrados. El mismo Akashi fue a matar a la mayoría para usar los cuerpos como armas vivientes con el poder del peliverde. Sabía que no podía usar a los ciudadanos, sería arriesgar mucho y porque podría tener rebeliones.

Después de eso, ambos grupos —el de Himuro y Shiro— se juntaron y fue el vampiro pelinegro que tomó el liderazgo, usando finalmente su magia para atrapar la mente de los miembros de la Unión Milagrosa; usó un hechizo muy poderoso que gastó casi toda su energía para dejarlos inconscientes hasta que él decidiera cuando despertarlos. Había quedado solo con la energía suficiente para el último hechizo con el que ayudó a Seijuro para pelear espiritualmente con su otro yo.

Un silencio de éxtasis bañó a todos en el momento en que los dos espíritus impactaron contra el Prado del Sacrificio, agrietando la tierra en un diámetro de dos kilómetros. Volvieron a elevarse y la energía espiritual de Akashi golpeó contra una del Las Colinas del Fin a Seijuro. Éste se movía más lentamente a diferencia de su otro yo.

—Esto está mal —Alex frunció el ceño una vez dejó el cuerpo del vampiro pelirrojo (ese que estaba atrapado en la tumba de cristal) en los brazos del vampiro peliceleste. Alzó la mirada y empuñó sus manos, sintiendo todo el caos de su mundo, que si bien no se dio en cada rincón de La Noche, se sentía devastador.

Quizá era por los sentimientos encontrados de muchos, no lo sabía, pero parecía como si la tierra de ese mundo llorara por todo lo que sucedía ahí.

Kuroko abrazó el inmóvil cuerpo de Akashi y cerró los ojos. Estoy seguro de que solamente tú ganarás.

Kise había terminado en un estado de estupor que el llanto le provocó, semi inconsciente, puesto su cuerpo ya no tenía demasiadas energías, aun así se negaba a no ver el final de la pelea. Porque Shogo no había muerto en vano protegiéndolo y ese Akashi debía pagar.

Himuro se negó a darle el cuerpo de su hermano a Aomine cuando llegó a reclamarlo y lo mantuvo abrazado.

—Él no necesita oler lo que más tienta su apetito, a menos que quieras despertar el mismo caos de antes —aclaró.

—Es un asunto completamente diferente —gruñó Aomine—. Así que deja tus idioteces y dame a…

—No —Himuro ni lo miró—. Si esto sale mal, voy a mandarlo lejos de La Noche antes de que desee participar otra vez y si tú lo sostienes retrasarías su vía de salvación.

Solo así logró que Daiki dejara de insistir y no terminaran peleando.

Midorima quería irse de ahí, no porque deseara abandonarlos a su suerte, siendo que era parte de esa lucha, pero deseaba estar al lado de Takao sin importar cual fuera el resultado, ahora que tenía la libertad de hacerlo.

Nebuya, Reo y Hayama estaban inconscientes, no enterados de nada. Parecía ilógico que desde un inicio Himuro no hubiera usado su magia con ellos para ganarles, sin embargo, si lo hacía gastaría muchísima más energía y debía saber administrarla para lo que fuera a suceder, por eso lo hizo hasta el último. Incluso Murasakibara estaba fuera de combate, aunque Tatsuya consideró no hechizarlo a él y hacer que se uniera a ellos; pero era arriesgar más tiempo y eso era lo que menos tenían.

Momoi se acercó al peliazul y se sentó a su lado, sin decir nada más, empezando a pensar algo para ir con su manda, concentrándose en las cosas positivas de todo o se rompería.

Y la manada de Hyuuga estaba reunida, todos en su forma lobuna todavía, sin bajar la guardia, mientras que el olor a muerte les atosigaba la nariz; Izuki estaba herido y se sostenía de Koganei y Mitobe, del mismo modo Kiyoshi estaba lastimado, pero Riko y Hyuuga lo apoyaban.

—Hyuuga, cuando esto termine quiero que seas mi novio —soltó de repente Kiyoshi y con una sonrisa lobuna.

— ¡…! —si el aludido hubiese podido sonrojarse, estaría colorado hasta las orejas con lo que acababa de escuchar— ¡¿Qué estupideces estás diciendo, idiota?! —bramó, sobresaltando a todos los que estaban prestándoles atención— ¡C-cállate, eso no es posible!

— ¿Y por qué no? Tú me gustas —Kiyoshi le miró fijamente, ya dejando a un lado ese lado risueño momentáneamente y estando serio, porque hablaba bastante seguro. Segundos después, sonrió nuevamente—. Así que déjame estar a tu lado, es lo que más quiero.

— ¡C-CÁLLATE! —Hyuuga se quería morir ahí mismo, pero no lo soltó ni se alejó, solo desvió la mirada y sostuvo con más fuerza el cuerpo del castaño.

Riko se rió discretamente, esos dos eran los únicos con la capacidad de hacer olvidar el ambiente tenso de la pelea final, volviéndolo uno romántico.

Sin embargo, eso no evitaba que el desenlace llegara.

— ¡No! —exclamó Alex con los ojos alerta y el vampiro pelinegro empezó a prepararse cuando notó lo mismo— ¡No, no, no, Seijuro!

La luminosidad del punto blanco estaba perdiéndose lentamente en cada choque que daba contra la oscura, mientras volaban en el cielo. Se movía más lento y la otra no, parecía que estaba robándole la energía y eso no era buena señal.

— ¡Akashi-kun! —Kuroko frunció el ceño con preocupación.

Y la luz de ese Akashi empezó a apagarse.

— ¡Este mundo es mío! —la voz de su otro yo resonó tan imponente y maligno— ¡Y nadie me va a quitar mi reinado!

Dicho eso, golpeó con más fuerza el espíritu de Seijuro, aumentando la velocidad y hacerlo chocar en otro lugar de ese mundo, pero que hizo eco pese a la lejanía, retumbando como la tercera llamada del final de la guerra.

— ¡Todos, todos, prepárense para lo que pueda pasar, ya! —declaró Shiro, sosteniendo el cuerpo del vampiro rubio aún, sintiendo como este la sujeto con fuerza. Quería ir con sus hijos en éste momento, sin embargo, si lo hacía, sería como aceptar la derrota.

—"Nunca pierdas la esperanza, así como nunca te rendiste conmigo." —habían sido las palabras de Kai antes de separarse y no pensaba dejar de seguirlas.

La oscura luz se elevó en el cielo y la otra no.

Empezó a adquirir una forma, la que tenía antes de ser sacado de su cuerpo con una sonrisa victoriosa, absoluta, que dejó sin aliento a todos.

—No importa que tan fuerte seas, ¡tú no eres nada cuando las fuerza de las Diosas no te apoyan! —gritó Alex de repente y sus ojos brillaron de un modo diferente.

Shiro se incorporó también, sosteniendo el cuerpo de Kise.

—Y la Luna y la Estrella no están contigo —aseguró, mientras que sus ojos brillaban con la misma intensidad que las de su hermana.

Lo que pasó a continuación dejó en shock a todos, a pesar de ser emociones tan humanas, difícilmente con lo que miraron no era para que reaccionaran calmadamente.

Las lunas empezaron a brillar con un aura azul en todo su alrededor, como un vivo faro, que borró toda las sombras que producía la noche; iluminaron todo ese mundo y esa luz se coló por las casas de los habitantes dormidos que solo suspiraron sin más.

Luna y Estrella brillaron como si ambas fueran el sol tan ausente en La Noche.

Y luz blanca perteneciente al Akashi bueno, volvió a elevarse y se estampó contra la figura del vampiro, que aún seguía siendo un espíritu. Los dos chocaron como las bombas en una guerra, con un atronador sonido que resonó hasta en Las Colinas del Fin, y Seijuro también adquirió parte de su figura vampirezca.

De repente, las lunas empezaron a transformarse delante de todos.

La luna creciente empezó a llenarse poco a poco, hasta convertirse en la luminosa Luna Llena que había sido desde siempre, antes de ser deformada por las acciones de Masaomi, mientras que la luna que parecía llena, fue adecuando su forma hasta transformarse en la hermosa estrella que siempre fue. Ambos astros nunca dejaron solo al verdadero Akashi y por eso le brindaron siempre su energía para que no desapareciera, en espera de que alguien más destapara la verdad y liberara a La Noche de la mentira.

Pero eso no acabó ahí.

Los haces de luz que emitían ambos astros aumentaron su grosor y de estos se formaron dos siluetas; un licántropo y un vampiro, en sus formas naturales, como dos sombras blancas sin género fueron las que adornaron el cielo y seguían manteniendo mudos e impactados a quienes los contemplaban.

Seijuro estampó contra estas el espíritu de su otro de yo, ese que había controlado La Noche todos estos siglos.

Ese Akashi quedó atrapado entre los dos pares de "manos" de ambas siluetas, hasta que lo aplastaron por completo y un fuego azul lo cubrió, destruyéndolo, ante los ojos de todos. Todo sucedió tan rápido que no pudo soltar su grito de derrota o hacer otra señal que indicara estaba muriendo. Es más, fue tan veloz que a pesar de la mente más "activa" de los lycan y vampiros, ese hecho fue difícil de procesar.

Y el alma sin corromper del verdadero Akashi cayó del cielo con precipitación, pues ya no tenía energía, no obstante, el haz de luz proveniente de la Estrella sostuvo su caída hasta que llegó a su cuerpo físico, delante de los ojos del peliceleste, ingresando a éste como el alma moribunda que fue durante todos estos años.

El silencio todavía no podía romperse, todos tenían los ojos abiertos como platos a la vez que esos astros del firmamento regresaban a la normalidad, a lo que eran desde un inicio; Luna y Estrella.

Los ojos de Akashi se abrieron y Kuroko contempló ese par de pupilas rojas, esas que desprendían amabilidad y emociones sinceras. Esas, que tanto amaba, cielos. Y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas.

—La guerra se ha acabado, no hay necesidad de pelear más —susurró Akashi, sonriéndole al peliceleste.

Y Kuroko lo abrazo con tanta energía, mientras que sus ojos no dejaban de cristalizarse, del mismo modo que la euforia llenó a todos, trayendo el día antes de tiempo.

Porque Akashi, el verdadero, el único, el bueno, había regresado.


¡Y así acaba ésto!

Al menos la pelea entre los dos Akashi's :v

Desde un principio siempre tuve planeado la intervención de las "Diosas", por algo el fic se llama "Haunted Moon", "Moon", porque los astros juegan un papel muy grande en ésta historia, por sino lo habían notado xD.

No es lo único que se viene, así que prepárense. (?)

Bueno, como saben, me encantaría saber qué les pareció éste capítulo, ¿qué les causó? Porque no solo fueron las peleas lo que tuvo esto, sino una cómica declaración de amor uwu. Jajajaja, en fin, ustedes me dirán xD.

Recuerden que apreció mucho el que se tomen el tiempo para darme su opinión, eh. ¡Los adoro!