Chapter 36:

Harry se sonrojó violentamente por el comentario, desvió la vista y Hermione le animó a volver, sintiendo una corriente de simpatía hacia él. Rápidamente se despidió de Ginny con la mano y comenzó a caminar al lado de Severus, que le miraba con curiosidad. Seguramente querría saber lo que se habían dicho, pero Hermione sólo sonrió y calló, sabiendo que lo mejor era no decir nada.

Al día siguiente, todo el colegio parecía saber que Severus y Hermione tenían una relación más profunda que simples amigos. Y Hermione sabía que Harry y Ginny no habían dicho nada, no después de que se lo comentara superficialmente, sin entrar en razones. Pero no había hablado con Ron. No quería pensar que era él el que lo había dicho, puesto que a pesar de todo lo que había pasado, para Hermione seguía siendo su mejor amigo, junto a Harry y Ginny, pero todo indicaba que era él el que había corrido la voz.

Severus no parecía ni mínimamente afectado por esto, aún cuando los Merodeadores se sorprendieron teatralmente de que Hermione viera algo bonito en él. Aunque no había razón alguna para negarlo: el muchacho estaba enfadado con Ron. Hermione, por el contrario, se exasperó un poco más cuando Sirius, delante de Snape, se puso a coquetearle descaradamente. No lo hechizó, haciendo acopio de todo su autocontrol, pero no por ello las ganas de matarlo descendieron un ápice.

Al final del día, Hermione bajó a las lúgubres mazmorras, buscando el improvisado laboratorio de su amigo. Llevaba la capa de invisibilidad de Harry, porque desde esa tarde, Sirius no había dejado de buscarla, y Harry se la había prestado amablemente para huir de Canuto. En cuanto llegó a territorio conflictivo se la puso, cubriéndose bien. La capa, que en primer curso era suficientemente amplia como para cubrir a Ron, Harry y Hermione, con diecisiete años era de la medida perfecta para una sola persona.

Caminó por los pasillos, esquivando a dos slytherins perdidos de primero, a los que quiso ayudar, y fue hasta el laboratorio. La puerta estaba abierta, y en su interior, Severus se afanaba en realizar la poción, delante de Bellatrix Black. Hermione frunció el ceño, deseando saber qué narices hacía la mortífaga demente allí. No tuvo, sin embargo, que pensar mucho para saberlo: como Severus estaba sentado en la banqueta, parecía más pequeño que ella. Su espalda estaba encorvada mientras respiraba en la nuca de Snape, en un gesto que a Hermione le recordó a las clases de pociones. El profesor Snape solía usarlo para intimidarles, aunque en ese momento, Severus no parecía ni mínimamente nervioso.

- Supongo entonces, que tu relación con la sangresucia no entorpecerá el desarrollo de la poción, ¿verdad, Snape?- preguntó amenazadoramente. Las palabras estaban elegidas cuidadosamente, remarcando aquel grotesco mote que le ponían los sangrepura a la gente como ella, de origen muggle.

- No, Black. Tendrás la poción dentro del plazo establecido, no tienes que preocuparte por ello.- Hermione frunció el ceño, queriendo saber qué era lo que pasaba por la mente de Snape. Aunque fueran pareja porque se querían, Hermione veía en su relación la oportunidad perfecta para desvincularse completamente de sus amigos mortífagos, y acababa de perderla. Quería, de hecho, seguir haciendo la poción.

Hermione esperó un rato más, hasta que Bella, después de mirar la hora dos veces, decidió marcharse, sin despedirse siquiera. Pasó cerca de Hermione, que se apartó y encogió en su sitio, dejando de respirar por un momento. Y entonces, Hermione se quitó la capa de invisibilidad, guardándola en el bolsillo de la túnica. Desinteresadamente saludó a Severus, sentándose a su lado, y preguntó:

- ¿Qué quería Black?- Snape miraba la poción con tanta concentración que, sin mirarla, movió la mano en el aire, en un gesto desinteresado. Pasaron unos minutos, antes de que Severus volviera su atención del caldero a ella:

- Cosas de la poción.- hizo una pausa, y Hermione supo en seguida que quería hablar del rumor.- No hemos tenido tiempo para hablar hoy, con todo lo que ha pasado,- comenzó, cerrando la puerta con magia. Se inclinó sobre su asiento, llamando su atención.- No me ha gustado nada que se supiera lo nuestro. Ahora mis amigos me piden explicaciones cada dos minutos. Ya no confían en mí.- terminó. Hermione se mordió el labio inferior, dejándole continuar.- Y tú y yo sabemos quién ha sido el que lo ha contado, Hermione. Deberíamos hablar con él, dejarle algunas cosas claras, ¿no?

- ¿Qué piensas hacer? ¿Hechizarle? ¿Batirte en duelo con Ron?- Severus la observó con ojo crítico, determinando su actitud ante cualquiera de esas posibilidades, y Hermione pensó que, si no estaba hablando en serio, pensaba al menos amenazarle para que cerrara la boca. Lo cual llevaba directamente a un duelo.

- Sólo hablar.- Hermione asintió, conforme a la elección de Snape.- No me gusta tener que ir dándole explicaciones a mis amigos, ni a nadie.- Hermione volvió a asentir, y tomándole la mano entre las suyas, dejó caer:

- Tú sabes que a mí tampoco me ha gustado que se supiera lo nuestro de esa forma, pero… No me gusta ir escondiéndome de los demás. Ya sabes, me gustaría tener una relación normal, sin tener que fingir y eso.- Severus la miró intensamente e hizo una mueca de disconformidad.- De todas formas, ahora da igual. La verdad ya se sabe, va a ser inútil desmentirlo.

- Ya.- coincidió secamente. No volvieron a hablar en lo que quedaba de tiempo.

Los días se sucedieron con rapidez entre rumores y pociones, y finalmente, llegó el día deseado y anhelado por todos: el día en que daban comienzo las vacaciones de Navidad. El pergamino de la Sala Común de Slytherin estaba lleno de nombres de los alumnos que se iban a sus casas por navidad, y a Hermione le pareció fenomenal. Cuanto menos gente hubiera, más tranquilidad habría en la Sala Común.

Inusitadamente, Severus no había vuelto a hablar de Ron y de su idea de amenazarle o darle un pequeño escarmiento. Y Hermione se temía lo peor: que pensara ir por su cuenta y riesgo. Y entonces, Severus quedaría ante los demás como una especie de psicótico violento. Suspiró, revolviéndose en la cama, de noche. Hacía frío, mucho frío, y no podía dormir. No cuando estaba pensando todo el rato en lo mismo.

Un ruido en la Sala Común la hizo desvelarse por completo. Hermione frunció el ceño, tapándose hasta las orejas con el edredón, y el ruido volvió a escucharse, esta vez acompañado por un juramento de una voz masculina. Fue entonces cuando Hermione decidió bajar a ver quién era el que hacía tanto ruido.

Se quedó parada en mitad de las escaleras, mirando con la boca abierta la espalda larguirucha y huesuda de Severus. 'Así que al final lo había hecho, sin consultar.'- se sintió enfadada, puesto que si Severus había acabado así, Ron también podía estar herido, pero luego todo se convirtió en preocupación, viendo cómo Severus se sentaba en el sillón más cercano, cojeando.

- ¿Severus?- preguntó, bajando los dos últimos escalones. El aludido rápidamente miró por encima del hombro, sorprendido, y Hermione terminó de acercarse, agitando la varita para poner luz en la Sala Común. Encendió también un pequeño fuego, que le recordó a la enorme chimenea de la Torre de Gryffindor.

- Hermione.- la reconoció el muchacho. Hermione se sentó a su lado, con la varita en la mano, preparada para curarlo, pero Severus ya paseaba su propia varita por su hombro. Su labio estaba roto y sangraba profusamente, lo que hacía que Snape se limpiara con el borde de la túnica cada poco tiempo, haciendo una leve mueca de dolor. Hermione le curó con rapidez, frunciendo los labios hasta convertirlos en una pequeña línea.

- ¿Qué ha pasado, Severus?- desvió la mirada, y Hermione se temió lo peor.- No has ido a hablar con Ron, ¿verdad?

- Esa era la idea.- Hermione intentó hablar, indignada, y Severus continuó.- Sólo hablar, Hermione. Le cité en la entrada de la Torre de Gryffindor, pero el muy ruin y rastrero trajo consigo a Black y Potter.

- No debiste haberlo hecho.- le regañó.

- Tú dijiste que sería buena idea simplemente hablar con él.- Severus se reclinó en el sofá.- Y lo intenté, de verdad, pero esos estúpidos energúmenos, y me refiero a los tres, se consideran demasiado superiores como para que me escuchen.

- Exageras. Ron no es así.- protegió a su amigo Hermione. Se negaba a ver que Ron fuera a veces tan idiota como Severus decía que era.

- No contigo, sí con los slytherins.- Snape sonrió torcidamente.- De hecho, fue tu querido Wessel el que me dio un puñetazo en la cara.- el chico se tocó el labio, casi rememorando el dolor. Luego hizo un vago gesto con la mano, mientras terminaba de explicar.- Luego la Dama Gorda se quedó afónica de tanto gritar como una posesa y Filch vino. Un poco más y me castigan en Navidad.

Hermione frunció el ceño y se anotó mentalmente hablar con Ron al día siguiente. No quería desconfiar de Severus, pero su concepción de Ron no era precisamente parecida a la que Hermione tenía en mente. De todas formas, relajó los músculos de la cara y le tomó de la mano, con una sonrisa conciliadora. Severus la miró con gesto curioso, y si descubrió la reciente desconfianza de Hermione, no dijo nada.