Capítulo 31

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Sus pasos crujían a causa de la basurilla y los escombros que cubrían el suelo. La luna se colaba con facilidad entre las copas maltratadas de los árboles y el viento les acariciaba los rostros, aún acalorados, por la carrera que habían llevado los últimos días para llegar al país del fuego.

—Por milésima vez… el que yo mate una abeja, no quiere decir que nos moriremos.

—Es enserio, las reacciones en cadena son peligrosas —insistía Omoi, llevaba a Sai echado sobre el hombro —, una vez Suigetsu provocó un tsunami por patear la arena.

—¿Qué? ¡Eso es imposible! ¿Se te sacudió el cerebro?

—¡Eso me contó Kurotsuchi!

—¿¡Y tú le creíste!?

—¿Sabes qué es una avalancha, Karui?

Le habría golpeado de no llevar consigo a una persona herida en batalla; se contentó con enarcar la ceja unos momentos e ignorarlo… contestar solo le daría más cuerda a su volátil imaginación.

—Aquí es donde nos encontraríamos... —murmuró, interrumpiéndolo en su perorata. —¡Ahí están!

Al igual que ellos, Samui y B llegaban al punto de encuentro; la rubia les saludó con un gesto vago y B con una amistosa seña. El viento sopló con una suavidad que contrastaba demasiado con el panorama y las nubes se deslizaron esponjosas, completamente diferentes al cielo tormentoso que había mantenido alejado a Sai.

Pronto se reunieron y B no tardó en mirar fijamente, con curiosidad, a Sai, que pendía indolente del hombro de Omoi.

—¿Qué le pasó? —preguntó.

—Lo más probable es que haya sido Futakuchi-onna… tiene quemaduras por electricidad y vapor —dijo Omoi, girándose para que pudieran ver los brazos y la espalda del muchacho.

—Va y viene... no ha podido decir nada, solo murmura algo de un sello —dijo Karui. —Estará bien.

Samui asintió, luego de asesorar el estado de Sai en silencio; sus ojos se trasladaron rápidamente, posándose en B, que seguía mirando interesado al herido.

—¿Puedes sentirla? —preguntó.

B negó con vehemencia y contestó con un corto rap.

—Yo tampoco —exhaló. —Genial...

—Le apliqué un sello...

Omoi, que había estado distraído, sonrió incómodo ante las miradas. Sai volvió a la inconsciencia y murmuró cosas ininteligibles en un intento por darles más información.

—Espero que haya sido uno de rastreo, eso nos facilitaría las cosas —dijo Samui, frotándose el cuello y mirando al cielo.

Karui miró a los mayores, notando pronto la ausencia de un compañero. —¿Y Suigetsu?

B y Samui negaron, silenciosos.

~oOo~

El sonido de una palma al impactar contra una mejilla hizo eco en la estancia, llenándola pronto de un silencio demasiado notorio.

Las miradas sorprendidas, de Hinata y Shikamaru, se mantenían clavadas sobre el rostro sorprendido del rubio, que miraba hacia ellos y no se atrevía a llevarse la mano a la mejilla. Mei sonrió con una naturalidad fingida que habría engañado a los muchachos de no ser por un ligero temblor en los labios.

Tsunade disimuló la sonrisa al ver a Naruto negar vehemente, luego de que Mei preguntara algo en voz baja. Volvió la mirada a la rubia que se mantenía de pie frente a ella, pero miraba también en la dirección de la pelirroja. Observó en silencio el pergamino que le había entregado Chouji y recordó las palabras de Yugito al reportar su misión.

No estaba contenta con los resultados.

—¿Sasuke ya se encontraba en ese estado? —preguntó, al volver a ser el centro de atención de la jinchuuriki.

—Le pregunté a los muchachos cuánto tiempo llevaba así, pero solo pudieron darme aproximaciones y mis conocimientos no son tan amplios.

—Descuida, yo tampoco puedo determinar esas cosas con facilidad —aseguró, mirando la hoja en la que había anotado los detalles más importantes.

—¿Cómo se veían Naruto y Gaara? —preguntó, alejando la vista del papel.

—Uzumaki-san aún presentaba los signos de una transformación de segundo nivel, pero su energía se encontraba en los estándares normales, un poco fluctuante debido al sello, al igual que Gaara-san.

Asintió. Naruto cruzaba la estancia, murmuraba algo y era vigilado por Mei, que en esos momentos caminaba hacia Hinata; la muchacha se había encogido en su silla al notar la cercanía. Entrecerró ligeramente los ojos y se recargó en la silla, jugueteando con el lápiz que había estado utilizando.

—Suigetsu…

Yugito asintió, tensando un poco su postura. Vio a Tsunade frotarse el rostro y se permitió el momento para bajar la mirada.

—¿Estás segura que Yuukimaru desapareció? —insistió.

—Completamente —reiteró, luego de una pausa.

Asintió y se levantó de la silla, caminando en un pequeño círculo que la devolvió a la mesa; apoyó las manos en la superficie y observó sus notas. Samui había enviado el pergamino de Suigetsu por delante, para la furia que había demostrado Yuukimaru, le confundía que no se encontrara atacándolos en ese preciso instante. Miró a Yugito, que no relajaba su postura en lo más mínimo y luego miró a Mei, que platicaba en esos momentos con Chouji, mientras Shikamaru estaba a la espera de ser examinado.

—Quizá fuera una distracción —dijo, ganándose apenas un vistazo de Tsunade. —Ese niño no está acostumbrado a involucrarse en combate y controlar a un bijuu significa perder demasiada energía para ellos.

Se frotó el mentón unos momentos y observó a Chouji cruzar la estancia, quizá con demasiada prisa, haciendo una reverencia antes de salir. Suspiró y se recargó en la silla. Volvió la mirada a sus notas y los pergaminos y asintió una sola vez.

—Quizá… pero no podemos confiarnos, podría atacarnos en cualquier momento.

Miró con un poco más de curiosidad a Tsunade, que en esos momentos parecía no poder encontrar las respuestas que necesitaba.

—Muchas gracias, Yugito —se rascó el cuello y desvió la mirada. —¿Estás segura que no necesitas llevar a alguien contigo? —insistió. —El equipo de Samui llegará en cualquier momento.

—Estoy segura.

—Son tiempos desesperados, pero eso no significa que debas tomar riesgos innecesarios —le recordó, sentándose de nuevo.

Asintió.

—Suigetsu se las arregló contra un bijuu, de presentarse el caso, tengo más esperanzas de salir victoriosa.

—Por lo que sabemos, no quedó nada de ese niño.

Bajó la mirada y asintió, avergonzada por el poco tacto que había demostrado. —Lo siento.

—Descuida —sonrió y bajó la mirada de nuevo. —Solo… viaja con cuidado y evita combates innecesarios.

Yugito hizo una última reverencia y de pronto desapareció de la estancia, dejando a Tsunade en su silla, mirando las notas, que ignoró pronto al clavar la mirada en la escena que se llevaba a cabo al otro lado de la estancia. Mei parecía sonreír de nuevo, de la misma manera que había hecho con Naruto, la amenaza y el fastidio se colaban en el pequeño tic que se asomaba por una de sus comisuras; Shikamaru, a pesar del eterno aburrimiento que se enredaba en sus facciones, se notaba intimidado.

—¿Falta mucho Mei?

—No, no —contestó, con una sonrisa ligeramente frustrada. Yoshino había hecho un buen trabajo protegiendo a su hijo.

Cuando Shikamaru notó el brillo en los ojos azules, no pudo evitar encogerse en su sitio.

~oOo~

Hacía poco más de dos horas que habían llegado y Mei había sido muy clara cuando le mandó a dormir, pero no podía pegar los ojos.

Si bien habían puesto un pie en el templo, Yugito dejó a Sasuke, Sakura y Gaara a cargo de Chojuro, que desapareció de sus vistas con los otros tres. La única información que habían recibido había sido sobre la situación de Hanabi, quien había sido liberada de su maldición con éxito y en esos momentos se encontraba en recuperación, demasiado débil. Hinata no había tardado ni la fracción de segundo en pedir indicaciones para llegar a su habitación y desde que la pelirroja le había dejado ir, que no se separaba de la cama de su hermana.

Deambulando por los pasillos, había dado con la habitación de Hanabi por casualidad; más de veinte minutos habían pasado de eso y él se había mantenido en el pasillo, echando vistazos al interior por pequeñas rendijas que formaba al abrir apenas un poco la puerta. No tenía el valor de interrumpir, Hanabi estaba conectada a un sinfín de aparatos y había sido imposible evitar recordar los días de inconsciencia de Hinata.

—¿Por qué no entras?

Dio un salto y se alejó de la puerta, llevándose las manos al pecho; miró a Jiraiya, que batallaba para contener la risa y se cubría los labios con una mano.

—¡Casi me matas de un susto! —susurró.

Jiraiya volvió a sonreír y se agachó, pasándole un brazo a Naruto por el hombro; miró en todas direcciones y se acercó al muchacho.

—¿Por qué susurramos?

Rio en silencio al ver al rubio querer arrancarse los cabellos y le dio una palmada en la espalda, luego un ligero empujón.

—Ve a dormir, mocoso…

—No puedo, ya intenté… —se quejó.

—Pues intenta con más ganas…—agitó las manos, como si ahuyentara una mosca. —Anda, no me obligues.

Se negó durante unos momentos, hasta que se ganó el segundo coscorrón del día.

—¿Quieres que Mei te de otra bofetada?

El gesto que obtuvo fue como el de un niño. Refunfuñando y a regañadientes Naruto se alejó de ahí, echando vistazos hacia atrás y haciéndole gestos infantiles hasta que se perdió de vista. Enarcó las cejas ante la madurez de Naruto, pero no pudo evitar sonreír.

Suspiró pesadamente y observó las puertas que el rubio no se atrevió a abrir más allá de rendijillas.

Hinata acariciaba con suavidad la mano de Hanabi, cuando él abrió la puerta. La observó unos momentos, antes de anunciarse al golpear la madera y entrar por completo a la habitación. Los ojos blancos le dedicaron solo un fugaz vistazo y volvieron a prestarle entera atención a la muchacha que se mantenía en la cama.

—¿Por qué no vas a dormir?

—No tengo sueño —contestó, por primera vez, caprichosa. Ni siquiera se giró, se mantuvo mirando a su hermana.

—Pueden verte las ojeras desde el Monte Myoboku —aseguró. —Es una orden.

Respiró profundo y le dedicó su completa atención a Jiraiya. —Es mi hermana…

Apretó ligeramente los labios y se acercó un poco más, sin parecer invasivo. Miró el techo y se cruzó de brazos, recordando las veces que él y Orochimaru se habían visto obligados a forzar a Tsunade a descansar o alejarse del lecho de su paciente de turno.

—Eres más inteligente que Naruto… sabes que si quieres proteger a tu hermana, debes dormir.

Juntó un poco las cejas, pero no contestó. Escuchó los pasos alejarse lentamente y luego la puerta cerrarse, pero no por completo. Miró hacia atrás, encontrándose con un semblante serio que parecía severo gracias a la manera en que las sombras del interior y la luz del exterior jugaban con sus rasgos.

—La próxima persona no será gentil, ella te obligará a dormir. Que no te pille despierta.

La puerta se cerró entonces, dejándola en completa oscuridad. Sus hombros cayeron y miró a Hanabi de nuevo, esperando una reacción, pero consciente de que no la obtendría. Le acarició el rostro con suavidad y se alejó con dificultades de la cama.

Jiraiya se alejó, murmurando malhumorado, los jóvenes eran cada vez menos subordinados. Agradeció que Sasuke se encontrara inconsciente y caminó por los pasillos, siguiendo la ruta que había caminado el rubio, dispuesto a obligarlo a dormir, puesta estaba seguro de que el muchacho seguía deambulando por los pasillos.

Pasó de largo la puerta que daba acceso a la habitación de Sasuke y no ignoró el hecho de que el muchacho se encontraba en compañía, pero en esos momentos no tenía tiempo de espiar a Orochimaru, ni la energía suficiente… debía confiar en los deseos de inmortalidad de su mejor amigo, por primera vez en la vida.

~oOo~

La apariencia de Sakura no logró atormentar a Mei, no de la manera en que Yuukimaru habría deseado. Apenada por el sufrimiento de la muchacha, miró a Chojuro y asintió una sola vez; una barrera de brillo dorado no tardó en elevarse lentamente, rodeándola y encerrándolas por completo.

Sabía el número de entidades que había dentro y las diferencias en fuerza entre cada una. Se habían concentrado en los hitodama para ahorrarle tiempo y energías, pero la cantidad que aún quedaba seguía siendo alarmante.

Comenzó la purga al morder su pulgar y manchar su palma con la sangre que brotaba de su herida.

Luego de posar su palma sobre el cuerpo de la muchacha, tiró de su mano y una luz mortecina salió del cuerpo. La sensación dentro de la habitación cambió, a pesar de la barrera, y al activar un sello, aquella luz se volvió una pequeña esfera que dejó caer dentro de un frasco que contenía un sello y una sustancia espesa.

—Cuando termine con las primeras tres categorías, necesito que actives la segunda barrera.

Chojuro asintió, a pesar de que Mei no le miraba.

~oOo~

Los ojos dorados no habían seguido la trayectoria de Jiraiya, pero su cuerpo estaba consciente de aquella presencia que se alejaba con pereza; el semblante inconsciente de Sasuke se mantenía tan apacible como al llegar.

Los lectores no detectaban, ni habían detectado en algún momento, actividad cerebral. Abrió con cuidado uno de los ojos y luego de agitar la pequeña lámpara, observó las pupilas… tan vacías e inactivas que daba miedo; alejó las manos del muchacho unos momentos y se cruzó de brazos.

Algo no marchaba bien.

Levantó una mano a la altura del pecho, formando un sello y con la punta de sus dedos tocó la frente de Sasuke; contrario a lo que había esperado, al abrir los ojos no se encontró en la mente del muchacho, pero sí en un sitio desolado, donde el viento soplaba con fuerza y el cielo era casi igual de rojo que la sangre de sus víctimas.

La mirada de Mikoto le envío un escalofrío por todo el cuerpo y su usual sonrisa no llegó jamás a sus labios.

—No esperaba encontrarme contigo —declaró, sorprendido.

Por única respuesta obtuvo un ligero asentimiento y luego la parte de atrás de la cabeza de la mujer.

—¿Dónde estamos?

—Yomi…

—Necesito hablar con Sasuke, ¿por qué interferiste?

Silencio… y el viento arrastrando lamentos lejanos consigo.

—¿Dónde está tu hijo?

Contestó sin despegar la mirada de una enorme piedra. —En el mundo de Futakuchi-onna.

Caminó hasta llegar a ella y guardó las manos dentro de sus mangas; observó la piedra, pero no encontró interés en ella.

—¿Qué hace ahí?

—Le ayuda a la anfitriona a volver… así como le ayudó al chico Shukaku.

Perdió el temple por unos momentos y la sonrisa que había adornado su rostro desapareció, dejando un gesto completamente serio.

—¿Cómo?

Le dedicó apenas un vistazo. —Esa niña es especial.

—No… ¿cómo pudo llegar a la mente de Gaara?

—La niña es especial —insistió.

—¿En qué sentido? —preguntó, interesado.

Se mantuvo en silencio unos momentos, bajo ninguna circunstancia alejó la mirada de la enrome piedra que había frente a ella.

—Puede abandonar su cuerpo y entrar en el de alguien más…

—Eso no explica que tu hijo haya abandonado su cuerpo.

Se sorprendió cuando, al volver a encontrarse con la mirada de Mikoto, los ojos brillaban con un tono carmín que no les pertenecían.

—Es complicado si lo explicas con palabras —dijo Mikoto, con su voz eternamente monótona. —Logré que Sasuke alejara a la mujer de la consciencia y luego utilicé a esa niña para que sacara a Sasuke de aquí y lo llevara con ella.

—Proyectaste a tu propio hijo a la mente de alguien más —concluyó, fascinado.

—¿Logró detener a Shukaku? —preguntó, mirándolo fijamente por primera vez.

Asintió. —¿Dónde obtuviste esos ojos, mujer?

—… hay muchas cosas aquí en Yomi.

La voz había perdido aún más emoción desde la última vez que le había visto, la frialdad y crueldad habían logrado permearse en ella.

—Kuchisake-onna era parte de Hone-onna, así que ya no deben preocuparse por ella — habló, sin dejar de ver la piedra frente a ella —y si quieren detener a Yuukimaru deben utilizar a Kurenai, pero desde que Sasuke la liberó del mundo de Hone-onna no sé dónde pueda encontrarse.

—¿Qué tiene esa mujer que pueda ayudarnos?

—Sabes qué pasa cuando un anfitrión logra escapar —se mantuvo en silencio unos momentos, aferrándose a la cuchilla con más firmeza.

Desvió la mirada de ella y la volvió a la piedra, en un inútil intento por relajarse. Estaba emocionado, pero al mismo tiempo tenía dudas… la seguridad que había sentido antes de que Jiraiya lo visitara se había desvanecido con su estancia en el templo.

—Tenemos algo de información… creemos que quieren liberar al Dios de la destrucción, ¿es correcto?

Asintió, pero en sus ojos se reflejó la duda por unos momentos. —Ese niño tiene mejor control sobre su mundo y el exterior… no lo sé todo. Solo sé que quiere liberar a Hone-onna y conseguir el espejo.

—Hone-onna ha sido sellada en la Benihisago, no podrá salir aunque quiera —aseguró.

—Envíen a alguien a mi casa, la parte que falta del espejo la escondí en el despacho de Fugaku y Shukaku sabe dónde está.

Antes de asentir, una larga sonrisa se formó sobre sus labios y su lengua asomó… ahora no solo quería saber qué pasaría cuando Mikoto volviera a su cuerpo, quería saber cómo se las había arreglado para burlar la vigilia de Yuukimaru.

—Tengan cuidado con Futakuchi-onna, no sé qué planea.

—Entiendo.

—Orochimaru.

La miró fijamente, notando la advertencia en la voz.

—Ese niño engañó a Shukaku y Futakuchi-onna, la información que ellos tienen no les servirá de nada.

—¿Qué hay de Hone-onna?

—Crean solo la mitad.

~oOo~

Los ojos evasivos y aburridos de Shikamaru eran como una fotografía de los de Shikaku y por alguna razón, lejos de desesperarla, el detalle le resultó divertido aquella noche. Vertió té en las tazas que había dispuestas frente a ellos y el corazón se le encogió un poco al moverse y recordar que Shizune ya no estaba con ella.

—¿Aclararon tus dudas? —preguntó, sentándose.

—Chouji me explicó en gran parte —murmuró, mirando el vapor que salía de las tazas.

—¿Sabes qué es una Kage-onna?

—Habla de la leyenda o...

Tsunade sonrió.

—Hm... —se frotó el mentón, comprendiendo el silencio de la mujer. —Mi papá llegó a contarme historias.

Asintió y deslizó por la mesa una carpeta, que había sacado de entre las cosas de Karin en la biblioteca. —Lee eso cuando salgas de aquí.

Shikamaru emitió un sonido arrastrado mientras veía la carpeta y enarcó las cejas, Tsunade casi podía ver todo el esfuerzo requerido para formar ese gesto.

—Que problemático —murmuró. —Mire… yo no vine a leer libros... mi amiga está en peligro-

—Lo sé —interrumpió. —¿Qué piensas hacer? ¿Hablar con ella y recordar su niñez?

—... no.

Tomó la taza y la acercó a ella, pero en ningún momento bebió, tampoco alejó la mirada del muchacho.

—Chouji tiene más conocimiento y mucho más entrenamiento que tú, pero te aseguro que no será suficiente para detener a lo que amenaza la vida de tu amiga.

Se mantuvo en silencio, Chouji también le había explicado eso.

—Yoshino seguramente quiso mantener esto en secreto y por eso tu padre nunca fue directo contigo, así que no estás consciente de lo que puedes hacer-

—Si se refiere a las sombras —interrumpió.

—Me refiero a las sombras que no sabes usar —le interrumpió, levantando el tono. —Toma el té y presta atención, Shikamaru.

Tomó la taza, receloso, y se la llevó a los labios… siempre bajo la atenta mirada de Tsunade, que generaba una pesada presión sobre sus hombros. Estuvo consciente de que aquel efecto no lo generaba la rubia, cuando los ojos café se dirigieron entonces hacia el techo y la pesadez no lo abandonó. Notó la duda que surgió en las pupilas y un grito en el pasillo se robó la atención de ambos.

Tsunade fue la única en levantarse del suelo y caminar hacia la puerta, que abrió sin reparo alguno.

—¿Qué es todo ese escándalo? —preguntó, molesta.

La puerta que había abierto de súbito detuvo los pasos de una muchacha. Un fuerte golpe se escuchó sobre la madera y luego un ligero quejido. Tsunade cerró un poco la puerta y miró el suelo, Kin estaba sentada y se sobaba el rostro, alrededor de ella había un sin fin de hojas, pergaminos y lecturas.

—Lo siento, ¿estás-?

—Estoy bien —le interrumpió, recogiendo las cosas, torpemente. —¡Tiene que ver esto!

Las cosas se esparcieron sobre la mesa en la que Shikamaru y ella habían estado bebiendo té unos momentos antes. La muchacha comenzó a explicar, hablando demasiado rápido y señalando al hacer las comparaciones. Shikamaru se vio relegado a una esquina, desde la cual escuchó todo, absorbiéndolo como una esponja.

El olor de la parafina penetraba las ropas de la muchacha.

Los ojos de Tsunade observaron las comparaciones entre las miles de líneas… cada pico, cada bajada y subida. Hacía momentos que se dio cuenta, pero no podía poner su dedo aún en lo que Kin había encontrado. Reconocía las anotaciones que había hecho Suigetsu los últimos meses y la investigación inconclusa de su hermano menor.

—Nos concentramos en la despolarización de Chibiki no Iwa porque fue la que sucedió de súbito…e ignoramos el hecho de que esas radiaciones se estaban percibiendo en otros lugares.

Movió las hojas sobre la mesa, revolviéndolas y encontrando las que necesitaba mostrar, mientras pensaba lo que no se atrevía a decir.

—Y no es cualquier lugar, son lugares específicos… si se comparan las lecturas de este año, con las de hace más de cien, los cambios son drásticos y si vamos más atrás, son aún peor…

Las palabras de Hanabi y Shizune resonaban en sus oídos, esa muchacha había confirmado en menos de media hora lo que ellos llevaban días investigando.

—Los sellos hacia Ne-no-kuni... —murmuró Tsunade.

Kin asintió. —Están demasiado débiles.

Hubo un pesado silencio que fue interrumpido de nuevo por el susurro de las hojas que eran cambiadas, arrastradas y sacudidas. Kin no terminaba aún y Tsunade sentía que se hundía aún más en un poso del que no sabía si podría salir; la debilidad del exorcismo aún la aquejaba.

—La alineación de los planetas que mencionó Orochimaru-sama, también la analicé, no es mi fuerte… me gustaría que Haku lo revisara, solo para confirmar y quizá deshacernos de las dudas en cuanto a los tiempos. La tormenta será en tres días…

Orochimaru entró silencioso, sin interrumpir a su alumna en su monólogo. La velocidad con la que hablaba la muchacha en esos momentos era impresionante. Al igual que Tsunade, no tardó en comprender que lo que Kin había descubierto, iba de la mano con lo que Mikoto había dicho con vaguedad momentos antes y con lo que Hanabi había escrito en el pergamino al que se aferraba Tsunade.

La velocidad con la que la muchacha hablaba disminuyó y de pronto se encontraron sumidos en silencio.

Tsunade y Orochimaru se miraron.

—… la energía será 9:1.

—¡¿Qué?! —preguntó Tsunade.

—¿Estás segura?

Miró a Orochimaru y se encogió de hombros. —Haku podría…

—Es verdad.

La voz de Mei había resonado con una fuerza que hacía años no tenía, sobresaltándolos a todos ahí dentro. La pelirroja se mantenía de pie, ligeramente pálida y cansada, pero eso no la detuvo.

—Lo escuchó Sakura —declaró.

—Shizune dijo que debíamos detener la tormenta…

—Aún no termino con ella, así que podría obtener información que nos ayude a salir de esta… no he pensado bien cómo manejar la situación.

—¿Cómo lo haremos? —preguntó, ignorando la palabras. —Ese tipo de energía...

Orochimaru mantuvo la mirada en Tsunade, no necesitaba mirar a Mei para saber la respuesta que esperaba la rubia.

—Matará a todo lo que esté cerca…—murmuró Mei.

La mesa de té se rompió en mil pedazos.

—Buen trabajo Kin —dijo Orochimaru, alejando la atención de Tsunade. —Envíe un mensaje al resto, necesito que estés pendiente de las respuestas.

Kin corrió de la habitación, hacia la torre de recepción y el sonido de sus pasos dejó de escucharse pronto.

Shikamaru observó, desde la esquina en la cual se había postrado, a los dos adultos discutir unos momentos lo que acababa de escuchar, dándole una ventana más grande por la cual mirar. Las historias terroríficas que su padre le había contado todos esos años atrás hacían eco con algunos de los nombres y términos que utilizaban esos dos. Bajó la mirada hacia la taza de té que mantenía en sus manos y su gesto se confundió.

~oOo~

Un kunai cortó el viento.

Yugito aterrizó plantando bien los pies en el suelo, pero la velocidad que llevaba la hizo deslizarse un par de metros. Aprovechó el movimiento y se escondió entre el follaje. Observó, en silencio, dudaba que su vigilante fuera a mostrarse, pero no podría utilizar el orbe hasta encontrarse completamente sola. El kunai jamás impactó en algún lugar, así que debió suponer que había sido detenido con las manos.

—No creí que fueras a llevar tan lejos este tira y afloja.

La voz resonó desde varias direcciones, pero la presencia seguía postrada donde mismo.

—Hmm…

El viento se batió y de entre las copas salió la delgada figura femenina de Futakuchi-onna, que aterrizó a unos metros del arbusto en el que se mantenía oculta la jinchuuriki. Inspiró profundo y la sonrisa ladina se ensanchó pronto en una emocionada.

—Vaya, vaya... qué tenemos aquí —murmuró Futakuchi-onna, sonriente.

Yugito la miró en silencio, notando de inmediato el cabello corto; recordó el reporte de Sai y sus manos se dirigieron a su cinturón, de donde tomó sus armas con maestría. Plantó mejor los pies sobre el suelo y se mentalizó para verse envuelta en una batalla.

—Qué casualidad —murmuró, sin dejar de mirar hacia el arbusto. —No creí encontrarme tan rápido con alguien del templo...

—Las cosas no suceden por casualidad —aseguró.

Los ojos claros miraron en silencio a Yugito, que de pronto se abalanzaba hacía ella. Esquivó con facilidad el ataque, pero se sorprendió al notar que las uñas crecían; no pudo evitar que la piel del pecho fuera rasgada y obligó a la rubia a alejarse, por medio de una descarga eléctrica.

Yugito saltó hacia atrás, evitando la descarga eléctrica que hizo volar trozos de tierra del suelo. Una serie de piruetas la alejaron de las estalagmitas que se elevaron del suelo y aterrizó limpiamente sobre una rama. Se aferró a sus kunai y enfrentó la mirada burlona.

Una suave lluvia comenzaba a caer sobre ellas.

—Hace una hora que me sigues, ¿cuál es tu objetivo?

Alejó la mirada hacia el cielo y chasqueó la lengua.

—Desperdicié demasiada energía con el pintor, necesito recuperarme —murmuró, cruzándose de brazos.

La lluvia comenzó a golpearlas con más fuerza y Yugito fue consciente de la espesa neblina que ocultaba el suelo. Sin perder más tiempo, saltó, directo a la mujer que pareció sorprenderse por su determinación; con uno de sus kunai detuvo la estocada y rompió la cuchilla de hielo, y de inmediato lanzó su otra mano hacia el rostro de la mujer, que se alejó a tiempo y le golpeó el antebrazo para evadir sus uñas.

Aterrizó sobre un tronco y vio a la mujer levantarse del suelo, envuelta en neblina… la piel del pecho sangrando ligeramente y la lengua asomándose amenazante desde detrás de la corta cabellera erizada.

Se lanzó de nuevo sobre ella, esquivando con facilidad los ataques y dispuesta a cortarle la lengua, pero la mujer comprendió sus intenciones y la escondió de inmediato, obligándola a enredarse en un momentáneo intercambio de golpes en los que logró rasguñarle un brazo. Observó la tinta de Sai brillar un momento bajo la sangre y difuminarse de inmediato en la herida y dio un salto hacia el aire, transformándose en Matatabi en un parpadeo.

Los ojos de Futakuchi-onna centellearon.

—Eres el gato —dijo, borrando la sonrisa de su rostro. Esa no era energía que pudiera comer. —No tengo tiempo ahora…

Y sin más, desapareció.

Yugito volvió a la normalidad luego de confirmar que la mujer realmente se había ido. Antes de retomar su camino, lanzó un ave al cielo, con una nota en la que avisaba sobre la activación del sello de rastreo.

~oOo~

—Puedes dormir.

Levantó la mirada y observó al muchacho que le observaba desde el otro lado de la barrera. No contestó y desvió la mirada al suelo. La manera en que "los altos mandos" habían desfilado por ahí para asegurarle que estaría bien, y luego hacer enfurecer al demonio, no lo había ayudado a tranquilizarse para nada.

—Orochimaru reforzó el sello —le aseguró. —Shukaku no podrá salir.

—Y si sale yo puedo detenerlo —dijo una voz desconocida.

Levantó la mirada y se encontró con una sonriente muchacha de cabellos verdes que en esos momentos saludaba a Utakata, que no pareció devolver la alegría ni la efusividad demostrada por la recién llegada.

La muchacha se giró, se llevó las manos a la cadera, y le miró sonriente.

—Yo estaré a cargo de ti ahora —le dijo. —Soy Fuu.

Miró el suelo. —Gaara.

—Confía en mí —le dijo, señalándose. —Shukaku no saldrá, pero si lo hace, estoy aquí para ayudarte.

La miró de nuevo y apretó los puños, pero notó que Chojuro y Utakata salían sin demostrar ningún tipo de preocupación por dejarle solo con aquella muchacha. Volvió la mirada al suelo y se concentró en la tranquilidad que había en su cabeza, a pesar de sus tormentosos pensamientos.

Fuu recorrió la habitación, mientras le comentaba sobre lo aburrido que había sido su viaje.

~oOo~

Lo habían visto a lo lejos, una estructura que se extendía, como todo ahí, hacia la eternidad; aquella extraña línea se había convertido pronto en unas vías, establecidas sobre un ancho andén construido con ladrillos. Una solitaria figura se había presentado ante ellos, interrumpiendo la continuidad del muro y lentamente comprendieron que se trataba de la entrada o salida de un túnel.

Se detuvieron a unos metros y observaron la única esperanza que tenían.

—¿Esa es la salida? —preguntó Ino, aprovechando esa pequeña pausa para recargarse en sus rodillas y recuperar el aliento.

La llamita les esperaba a centímetros del túnel y no dejaba de llamar a Sasuke.

—Supongo.

Dio un paso al frente y sintió la mano de Ino apretarse en su antebrazo, se giró para mirarla y se encontró con unos ojos suplicantes y asustados.

—¿Estás seguro que puedo volver y qué todo estará bien?

—No puedo prometerte, ni asegurarte que todo estará bien.

Sonrió y lo soltó, agachando el rostro. —Maldita sea, ¿no sabes mentir?

Sonrió apenas y negó.

—Bien —resopló, sacudiéndose las dudas y sonriéndole de nuevo al muchacho. —¿Quién irá primero?

Sasuke miró el túnel. Al otro lado debería de verse un pastizal como el que pisaban en esos momentos… pero solo había oscuridad. Miró a Ino, que se cubría el rostro con ambas manos, aún respiraba con dificultades.

—Tu.

Exhaló y asintió una sola vez, mirando la extraña luz azulada que golpeaba lo que parecía ser el follaje de un árbol.

Futakuchi-onna se sostuvo de un tronco al sentir un extraño latido. Se llevó una mano al pecho y observó los alrededores, eso solo le sucedía cuando estaba el muchacho Uchiha cerca. Otro débil latido le sacudió el corazón y un mareo la atacó, la sensación desconocida logró descontrolarla y cayó de la rama.

Abrió los ojos al sentir que algo le atravesaba el abdomen y se sorprendió al encontrarse con los ojos fríos de Mikoto.

—¡¿Qué…?!

Mikoto no le permitió seguir hablando, sacó la cuchilla y se la clavó en el pecho; miró a la pelirroja boquear ante la nueva sensación de dolor.

—¡¿Qué carajo?! —se quejó, con un grito ronco.

La navaja salió del cuerpo de la mujer y esta pareció jalar aire con fuerza. Mikoto la observó sin sensaciones aparentes en el rostro o la mirada. Futakuchi-onna recargó la cabeza en la piedra y respiró agitadamente, relajándose un poco; sonrió apenas.

—Sí tienes tu propio espacio en Yomi… —susurró, con esfuerzo. —¿Qué eres ahora? ¿Cuál fue el precio?

Arrojó su brazo al frente, clavándole la navaja en el abdomen de nuevo. —... no sé de qué hablas.

Pujó unos momentos, tensándose a pesar de que aquello solo empeoraba el dolor. La navaja salió de su cuerpo y volvió a tomar aire, a pesar de no necesitar respirar.

—Yo fui un hitodama también, Mikoto, dejar de serlo tiene un precio… ¿qué le debes a Izanami?

No contestó, solo volvió a encajarle la navaja, lentamente en el pecho. El grito de la pelirroja murió luego de unos momentos y los ojos ya no la miraban, se habían desviado hacia el cielo.

—No se le acerquen a mi hijo.

—¿Me estás amenazando?

La navaja se le clavó de nuevo en el estómago.

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Ino despertó, en medio del bosque, tras golpearse el rostro contra el suelo. Se levantó, dolorida, mareada y confundida; no sabía si solo su nariz sangraba, pero su rostro entero palpitaba, al igual que su cabeza. Asustada, observó los alrededores, sin reconocerlos. Tambaleante caminó durante minutos, guiándose en la oscuridad por el sonido de agua corriente.

La luz de la luna se colaba entre las copas de los árboles, blanca.

Al llegar a un claro, cayó al suelo. Se mantuvo recostada en la tierra durante unos momentos, incapaz de comprender lo que estaba sucediendo; su cuerpo se sentía extraño, ¿quizá ajeno? Seguía siendo flexible, pero algo en sus músculos se sentía atrofiado. Cerró los ojos unos momentos, acostumbrándose de nuevo a la realidad, a los olores y las sensaciones que la abrumaban.

Niña…

Abrió los ojos y levantó la mirada, buscando al dueño de la voz, pero se encontraba completamente sola.

—¿Quién está ahí? —susurró.

Se sentó con dificultades y observó los alrededores de nuevo, pero no encontró más alma que la suya. Se llevó una mano a la cabeza y la deslizó por su cabello, notando entonces lo corto que lo llevaba; sus manos jugaron con las puntas unos momentos, en los que la incredulidad le afectó.

¿Qué había pasado?

Levantó la mirada y observó la blanca luna. Parecía sonreír.

—¿Dónde estoy? —murmuró.

Jofuku…

—¿Eh? —miró alrededor de nuevo, pero no encontró a nadie. —¿Hola?

Jofuku.

Sus ojos buscaron con insistencia; tardó unos cuántos segundos en comprender que aquella voz le pertenecía a la luna.

—¿Jofuku? —murmuró, asustada, estaba demasiado lejos de casa.

~oOo~

Abrió los ojos y observó el techo. Lo recordaba. Se sentó con un sobresalto y sintió algo pesado a su costado tirar de las sábanas que le cubrían. Naruto recargaba la cabeza en el colchón y dormía profundamente.

—Naruto...

El rubio gruñó unos momentos, pero no se despertó. Se movió con cuidado y al bajar de la cama le sorprendió lo cansadas que estaban sus piernas. Entre temblores, caminó fuera de la habitación y cruzó el pasillo, sintiendo un sudor pegajoso humedecerle el cuerpo en cuestión de un segundo.

—¿Qué haces fuera de la cama?

Se giró, aterrado, al escuchar el tono de voz y los ojos de Tsunade no le perdonaron, pero al menos lo hizo su puño.

—Futakuchi-onna viene para acá...

Lo tomó entre sus brazos antes de que cayera al suelo y se pasó uno de los brazos sobre los hombros, para ayudarlo a volver a la cama.

—Tranquilo…

La cabeza de Sasuke amenazó con no poder mantenerse firme unos momentos, pero el muchacho pudo caminar luego de unos segundos de confusión y nauseas. Le sonrió cuando se encontró con la mirada negra, llena de vergüenza.

—Volvamos a tu habitación y me cuentas ahí.

Una vez que estuvo en la cama y se hubiera bebido un vaso de agua y unas pastillas, Tsunade le permitió hablar. Le contó lo que había sucedido, desde el momento en que había perdido la consciencia, cómo liberó a Gaara y después lo que sucedió con Ino y lo que ésta le había contado. Tsunade se mantuvo en silencio, asintiendo todo el tiempo. Naruto se había despertado en algún momento y mantenido en silencio gracias a un coscorrón.

—Entonces lo que dijo Orochimaru era cierto —murmuró, recordando su conversación de horas atrás.

—Futakuchi-onna viene hacia acá —insistió.

—Muchas cosas vienen hacia acá, descuida, la tenemos vigilada —aseguró, con una sonrisa comprensiva. —Intenten volver a dormir, aún les queda una hora.

Naruto juntó las cejas, escuchando las palabras de Jiraiya resonar en su cabeza; miró a Sasuke, que no recuperaba aún el poco color que tenía su piel y se cruzó de brazos, casi encogiéndose.

—¿Una hora para qué?

—Para enseñarles a defenderse, aunque sea.

Se levantó con pesadez de la cama, su cuerpo aún estaba adolorido. Miró a los muchachos unos momentos y luego caminó hacia la puerta.

A Sasuke le sorprendió la calma que rodeaba a Naruto, también la manera en que había mirado a Tsunade lo que ella tardó en salir de la habitación. La puerta se había cerrado hacía minutos, pero los ojos azules se mantenían sobre la madera.

—¿Qué crees que pase ahora, teme?

Se encogió de hombros, negando una sola vez. —No lo sé, Naruto…

—Tengo miedo…

Los ojos azules lo miraron entonces, el miedo era lo único que podía verse en ellos. Su rostro no demostró nada diferente al cansancio que sentía, pero apretó los puños sobre las sábanas.

Yo también, dobe.


Jeló.

Antes que nada, feliz 2019. Mis mejores deseos en este nuevo año.

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Itdoesn'tmatter: Intenté contestar, pero escribiste como invitado, si tienes cuenta, avísame y te contestaré a detalle :) Pero no, no uso otros portales, solo redes sociales... he estado pensando en iniciar un blog y compartir ahí escritos que no tienen relación con fanfiction, pero no lo sé. ¿Tienes una cuenta o algún lugar al que pueda contestarte? Tu review me alegró mucho! Dijiste muchas cosas que me alegra haber podido transmitir :)

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¡Que nervios!

Vengo a terminar (jiji). Actualizaré en viernes, dos veces al mes… aún no sé cuántos capítulos vayan a ser, porque aún no termino de vaciar mi lluvia de ideas y de desarrollarlas, pero esta es la última parte. Este año es el año en que "Al otro lado del espejo" se termina, espero, me daría mucha risa IRÓNICA terminar con otros treinta capítulos (en verdad no creo que pase).

Prometo que mantendré la mayoría de los capítulos debajo de 7k palabras.

Viernes, 04 de enero de 2019