Capítulo con spoilers de la serie y de los libros. Disfrutad :-)

Tomaron un desayuno a base de frutas y queso. Sansa preguntó a Mhyraz si podía llamar a alguna de las niñas huérfanas, a Dara por ejemplo, porque tenía que pedirle un favor. El chico asintió y salió.

Sansa lucía con orgullo el broche de copo de nieve que Tyrion le había regalado. Él lo advirtió, complacido. En el viaje lo ocultaba, pero ahora no tenía por qué esconderlo.

"Estás muy hermosa."

"Será porque ayer tuve un buen día." El rubor le teñía las mejillas. ¿Cuántas veces lo habían hecho? ¿Tres, cuatro? Tyrion perdía la cuenta y consideró que el encantaba el hecho de perder la cuenta.

"¿A quién crees que llamará primero la reina?," inquirió ella.

"Seguro que a ti. Las damas primero," dijo él con su tono galante. "Recuerda que no tienes nada que temer. Le gustarás."

"¿Tú crees? No soy tan lista como tú o como ella."

"¿Cuántas veces tengo que pedirte que no te menosprecies?," le rogó él pacientemente. "Verá tus cualidades."

Él le besó las manos.

Mhyraz regresó para recoger los platos del desayuno y con él venía Dara.

"Señora," dijo la niña, inclinándose.

"Hola, Dara," saludó Sansa. "Quisiera proponerte un trato, a ver qué te parece." La niña hizo un gesto afirmativo, nerviosa. "¿Te gustaría peinarme por las mañanas? ¿Sabes peinar?"

"Yo peinaba a mi madre y a mi hermana pequeña," contó la niña. "Sé peinar. Me gusta mucho."

"Entonces, ¿qué me contestas?"

"Sí, señora. Vendré a peinaros todas las mañanas." La niña casi saltaba de alegría.

"Decidido. Puedes irte, pequeña." La niña hizo una reverencia rápida y salió, sonriente.

"Qué fácil es hacer feliz a una criatura," murmuró Sansa, mirando la puerta. Tyrion supo que aquel comentario no estaba dirigido sólo a Dara.

Volvieron a llamar. Era Missandei.

"La reina os reclama en privado. Lady Sansa, vos sois la primera."

Sansa y Tyrion se cogieron de la mano brevemente, él la miró fijamente a los ojos para inyectarle confianza, y Sansa partió con Missandei.


La reina estaba sentada junto a una mesa, en una sala de dimensiones mucho más reducidas que la de audiencias. Nuevamente iba vestida de blanco puro y el peinado trenzado dejaba dos mechones ondulados sueltos desde sus sienes hasta sus hombros. Se levantó para recibirla y le ofreció asiento.

Sansa le dio las gracias.

"Lady Sansa Stark," comenzó Daenerys, solemne. "No os he llamado aquí para contaros lo que ya sabéis. Ambas sabemos lo que nuestros padres hicieron." Hizo una pausa. "Pero hay algo que tal vez ignoréis. Ha llegado a mi conocimiento que vuestro padre, cuando fue Mano del Rey, intentó hacer cambiar de idea a Robert el Usurpador para que dejara de intentar asesinarme."

Sansa la miró con sorpresa. "Lo ignoraba, majestad."

"Claro. Vos sólo erais una niña enamorada del hombre equivocado." Daenerys sonrió, comprensiva. "Tuvisteis suerte. Una familia que os amaba y un padre que os protegía," dijo, con un tono de añoranza por lo que nunca había tenido. "Por supuesto, no estabais al tanto de lo que se cocía en la corte. Pero yo he averiguado que Lord Eddard Stark tuvo un gesto amable conmigo, una chica exiliada que estaba a cientos de leguas y a la que no había visto nunca. E hija del Rey Loco. He averiguado que se peleó con Robert, su mejor amigo, y que le arrojó la insignia de la Mano a la cara, todo por defender mi vida," dijo, como si no fuera capaz de creerlo.

Sansa se aclaró la garganta, tímida. "Mi padre siempre hizo lo que creía que era su deber. Puede que no siempre acertara, pero jamás iba en contra de sus principios," declaró, defendiéndolo. Daenerys quería la verdad, y eso era lo que tendría. Al menos la verdad que Sansa conocía.

"Lo sé. También sé que se confesó traidor en el septo de Baelor para salvaros a vos, antes de que el Rey Bastardo lo ejecutara. Él era partidario de Stannis como sucesor."

"Sí. Él defendió su posición contra viento y marea, incluso estaba dispuesto a morir por ella. Y yo creí que lo convencí cuando fui a hablar con él en las mazmorras." Sansa sonrió tristemente. "Él me dijo que se confesaría traidor y que declararía que apoyaba a Joffrey para que le permitieran vestir el negro. Qué pobre ingenua era yo. Lo hizo para salvarme el cuello." Le tembló la voz. Estaba a punto de llorar.

Daenerys le puso una mano sobre la suya. Sansa la miró entre el velo de lágrimas.

"Eso me dice mucho sobre cómo era vuestro padre. Antes estaba cegada por la rabia, pero ahora me doy cuenta de que me equivocaba. No lloréis, dulce dama. Sentíos orgullosa," la animó la reina.

Sansa sonrió entre las lágrimas. "Lo estoy. Lamento tanto haber estado tan furiosa con él durante aquellos días. Él tuvo que sacrificar a mi loba huargo por culpa de Joffrey y de Cersei, y yo me enfadé tanto con él que apenas le hablé durante semanas. Al llegar a Desembarco del rey me regaló una muñeca para pedirme perdón. Yo le dije que no jugaba con muñecas desde los ocho años," sollozó. "Si hubiera sabido que me quedaba tan poco tiempo a su lado..."

Daenerys le apretó la mano. Tyrion solía hacer el mismo gesto. "Sufristeis mucho. Tuvo que ser horrible vivir en medio de vuestros enemigos. Estar prometida al monstruo."

"Lo fue. Lo peor era fingir delante de todo el mundo y repetir constantemente que toda mi familia era traidora. Más de una vez me sentí tentada a arrojarme desde una torre para evitar mi casamiento con Joffrey."

"Sobrevivisteis. Y después os casaron con Lord Tyrion para que la casa Lannister gobernara el Norte."

"Yo creía que iba a casarme con Ser Loras, ya sabéis, el Caballero de las Flores. Una vez más me hacía tontas ilusiones. Los Tyrell me manipulaban, pero Tywin Lannister lo averiguó y se adelantó a la maniobra. Y Tyrion vino a mi cuarto a comunicarme la noticia antes de que otro lo hiciera. Yo ilusionándome con una linda boda en Altojardín con un apuesto caballero, y de repente me tenía que casar con Tyrion Lannister. Me sentí más estúpida y más desgraciada que nunca." Se calló unos momentos. Bebió un sorbo de la copa de vino que le habían servido. "Llegó el día de la boda y me sentía miserable. Tyrion trató de confortarme antes de la ceremonia y me hizo sonreír," recordó con dulzura. "Pero la ceremonia fue un chiste; Joffrey se llevó el taburete en el que Tyrion se iba a subir para ponerme la capa Lannister, y casi todo el mundo se reía. Yo quería morirme de vergüenza. Él me pidió que me arrodillara y yo pensé que ya todo daba igual, que ya no podía pasar más humillación que aquella." Daenerys escuchaba muy atenta. A fin de cuentas, era pocos años mayor que ella, y... ¿a qué muchacha no le gustaban los chismes? Estuvo a punto de sonreír. "Pero me equivocaba. El convite fue aún peor. Tyrion se emborrachó, Tywin lo reprendió, Joffrey amenazó con violarme y, cuando anunció que era la hora del encamamiento, Tyrion clavó su puñal en la mesa y le espetó que no habría encamamiento y que si me ponía las manos encima le cortaría el miembro." Daenerys casi se rio. Se contuvo, pero Sansa sabía que hacía un esfuerzo para permanecer seria. "Tywin logró apaciguar a Joffrey y Tyrion hizo un gran papel fingiéndose más borracho aún de lo que estaba para hacer creer a todo el mundo que no sabía lo que decía. Me sacó de allí a toda prisa y, una vez en nuestra habitación, me dijo que no se acostaría conmigo hasta que yo quisiera. Y lo cumplió." Bebió otro sorbo del vino. "Me trató con amabilidad. Se preocupaba por mí. Nunca se enfadaba ni perdía la paciencia pese a que yo rechazaba casi todos sus intentos por acercarse. Lo peor fue cuando me enteré del asesinato de mi madre y mi hermano Robb." Sansa bebió otro sorbo para pasar el nudo de su garganta. "No quería ver a nadie, ni hablar con nadie. Poco después llegó el día de la boda de Joffrey, y fue otro día bochornoso y humillante. Joffrey trataba a Tyrion peor que a la basura. Tuvimos que soportar un día horrible. Sentí compasión por mi marido; me di cuenta de que él estaba tan prisionero allí como yo, de una forma distinta a la mía, pero su familia lo despreciaba sin motivos y nadie parecía advertir sus cualidades. Admito que yo tampoco lo hice apenas. Él salvó a la ciudad del ataque de Stannis hasta que llegó Tywin con los ejércitos de los Tyrell." Volvió a beber. "Y al final, cuando Joffrey cayó muerto al suelo tras comer tarta de paloma y beber el vino que obligó a Tyrion a servirle, él me buscó entre la gente y nos fuimos a toda prisa. Y os buscamos a vos."

"¿Fue entonces cuando os enamorasteis de él? ¿Cuando fue a buscaros para salvaros la vida?"

"Sí. Fue en ese momento cuando lo vi como realmente era," asintió Sansa. "Y me reproché no haberlo apreciado antes. Creo que él ya sentía algo por mí desde antes, pero se lo guardaba. No fue hasta que yo le demostré mis sentimientos que él también se abrió y se entregó plenamente. Creo que si yo no hubiera dado ese paso, él habría seguido protegiéndome y cuidándome igualmente, respetando mis distancias con él, hasta llegar a Meereen. Es un hombre que cumple hasta el fin con sus juramentos y sus responsabilidades. Me habría mantenido igual de segura. Pero habríamos sido mucho más desdichados. Una noche me desperté de una pesadilla y él estaba conmigo en la cama, en el camarote del barco que nos transportaba a Myr. Habíamos empezado a dormir juntos porque él no se alejaba nunca de mí para protegerme. Y entonces... sentí que... quería que me tocara. Que me besara."

"¿Y lo hizo?," preguntó Daenerys. En ese momento parecía más una chica curiosa que una reina, y eso divertía a Sansa.

"No. Lo hice yo. Me lancé y lo besé."

"Y ahí empezasteis a ser un matrimonio de verdad."

"Sí. Ahí fue donde empezamos."

"Sois una mujer afortunada. Yo una vez estuve así de enamorada," confesó la reina. "Y mi matrimonio comenzó de forma parecida al vuestro en algunos sentidos. Me casaron por la fuerza, yo estaba aterrada y no quería saber nada de mi marido. Pero las cosas mejoraron entre nosotros. Nos enamoramos y Drogo, el khal más fiero entre los khals, me amaba con ternura, y yo lo amaba. Él cambió y yo también cambié. Creíamos que el mundo sería nuestro. Pero todo se acabó y lo perdí. Perdí a mi hijo. Perdí a todos los hijos que ya no podría tener." Como Sansa unos minutos antes, la reina parecía a punto de llorar. "Luchad por lo que tenéis. No dejéis que se os escape. Los dioses ya son demasiado crueles sin necesidad de nuestra ayuda." Ella también bebió un trago de su copa. "Me alegro de que hayáis acudido a mí. Sé que seremos buenas amigas. Instalaos cómodamente y sobre la marcha iremos solucionando cualquier cuestión. Para cualquier cosa que preciséis, no dudéis en consultarme. Pensad bien en qué podríais serme útil y lo arreglaré."

Sansa lo tenía muy claro, pero dejaría que Tyrion lo expusiera. La modestia de ella le impedía sacar a relucir sus propias cualidades delante de otras personas, especialmente las que acababa de conocer, y a Tyrion le hacía ilusión hablarle de ellas a la reina.

"Hasta pronto entonces, Lady Sansa. Missandei os escoltará y avisará a vuestro marido para que venga."

"Hasta pronto, majestad." Sansa hizo una reverencia y se marchó con Missandei. Se sentía muy satisfecha por cómo había ido la conversación. Y la reina no le había parecido tan intimidante como el primer día. A lo mejor sólo lo era con quienes realmente lo merecían.