Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Tkegl, yo solo la traduzco.


BEYOND TIME

"El amor es nuestro verdadero destino. No encontramos el significado de nuestra vida nosotros solos. Lo encontramos con otro."

-Thomas Merton

Capitulo treinta y cincoDe Confesiones y Compromisos

-Bella-

No podía creer lo que estaba pasando. Un minuto estaba buscando en mi ordenador... y al siguiente Edward estaba ahí, sosteniendo mi relicario y pidiéndome que me fuera con él.

Mi relicario.

Mi mano se levantó hacia él, mi pulgar rozó el frío metal mientras seguía a Edward hasta la ventana de mi habitación.

Se volvió hacia mí, levantando los brazos en mi dirección antes de dejarlos caer a sus costados. "Necesito..." empezó con duda, pidiendo permiso con la mirada para tocarme.

Yo solo asentí y Edward me levantó en sus brazos, saltando de la ventana y aterrizando en silencio en el húmedo suelo. Me colocó en su espalda.

"¿Dónde está tu coche?"

Edward me miró brevemente. "Tenía prisa."

Asentí de nuevo, apretando mis brazos y piernas a su alrededor mientras él empezaba a correr.

Era extraño que, incluso tras todo ese tiempo, se sentía casi normal estar colgada de Edward mientras él corría por el oscuro bosque. El frío aire me golpeó las mejillas y me apartó el pelo de la cara. La respiración de Edward era regular, una profunda contramelodía rítmica a la silenciosa cadencia de sus pasos.

Parecía tentativo cerca de mí... cauteloso. No habló y, a pesar de la cacofonía de preguntas que daba vueltas por mi mente, yo tampoco lo hice. En su lugar, absorbí lo poco que había aprendido cuando entró por mi ventana y volvió a mi vida.

Realmente había pasado. Por mucho que pareciera una locura, realmente había viajado en el tiempo. Lo que no podía entender era qué había pasado desde entonces... en los más de noventa años desde que me había desvanecido del porche de Carlisle. Mi mente daba vueltas con las posibilidades pero, en el centro de cada una, estaba una certeza: me habían estado mintiendo. Carlisle. Edward. Tal vez todos ellos.

Quiero decir, entendía porqué. Era lo mismo con lo que había lidiado cuando estaba en 1918 -miedo a destruir la línea del tiempo.

Aun así, tenía que admitir que dolía.

Edward fue frenando cuando nos acercamos a su casa en la oscuridad, y yo me deslicé por su espalda, agarrándome a sus hombros hasta que recuperé el equilibrio.

"¿Estás bien?" preguntó en voz baja.

"Sí. Es solo que ha pasado mucho tiempo," expliqué. Él asintió, entendiendo.

Caminamos uno al lado de otro hasta la puerta principal; nuestros brazos se rozaban pero, además de eso, Edward no hizo ningún movimiento para tocarme. Me estaba dando tiempo... espacio.

Lo aprecié, mientras que al mismo tiempo, sentí que me faltaba algo por la distancia entre nosotros.

Abrió la puerta principal y se hizo a un lado para permitirme pasar primero. Respiré profundamente y entré en la brillantemente iluminada casa.

Cuando crucé la puerta a la familiar sala de estar, sentí mariposas en el estómago. Carlisle estaba de pie al otro lado de la habitación y, de repente, me sentí abrumada por todo lo que había pasado en los últimos meses. Le vi ahí, exactamente igual que le recordaba ese día en el hospital -con la compasión brillando en los ojos- y un sollozo ahogado se escapó entre mis labios. Sin pensarlo conscientemente, corrí hasta él y le rodeé el cuello con los brazos mientras estallaba en lágrimas.

"Gracias," conseguí soltar finalmente. No importaba qué más hubiera pasado, él había salvado a Edward... por mí.

"Shhh..." Las frías manos de Carlisle frotaron suavemente mi espalda. "Está bien, Bella. Está bien."

Tras un momento, recuperé el control de mis salvajemente cambiantes emociones y me aparté, mirándole. Él limpió una lágrima de mi mejilla con una suave sonrisa, sus ojos miraron fijamente los míos como si buscaran algo. Aparentemente, lo encontró, porque una suave sonrisa iluminó finalmente su cara.

"Ha pasado mucho tiempo," murmuró.

Sabía que no estaba hablando del tiempo que él y su familia habían estado fuera de Forks. Finalmente había visto, en mis ojos, los recuerdos que habían estado perdidos desde que me conoció. Finalmente era la Bella que él recordaba.

Mis labios se retorcieron en una sonrisa llorosa. "Sí. Así que... ¿cómo has estado?" bromeé.

Carlisle rio y se encogió ligeramente de hombros. "No puedo quejarme. Ya sabes, lo de siempre -guerras mundiales, avances tecnológicos, el nacimiento del rock and roll... siempre lo mismo."

Reí resoplando y, de repente, me di cuenta de que había seis pares de ojos mirándonos.

"¿Qué?" pregunté a la defensiva. "Han pasado más de noventa años. Tenemos que ponernos al día de muchas cosas."

Alice soltó una risita y pronto todos los demás se unieron.

"Venga. Siéntate," dijo Carlisle en voz baja, agarrándome ligeramente del hombro mientras me llevaba hasta el sofá. "Estoy seguro de que tienes muchas preguntas."

Resoplé. "Sí. Unas cuantas." Me senté a su lado y Edward se colocó en el brazo del sofá a mi otro lado. No le miré. No sabía porqué me parecía bien que Carlisle hubiera mentido pero me sentía tan traicionada por Edward. Sabía, lógicamente, que había buenas razones para el engaño... pero que Edward dejara Forks me había destruido. Y saber que había estado escondiéndome todo eso desde que le conocía... iba a llevarme algo de tiempo superarlo. Suponía que Edward y Carlisle lo entendían, y esa era la razón por la que Carlisle iba a ser el que daría las explicaciones.

Así que me senté mirándome las manos mientras jugueteaba con mi cicatriz, preguntándome quién hablaría primero.

"No estoy seguro de por dónde empezar," admitió Carlisle con una mueca. "He imaginado esta conversación muchas veces durante los años, pero nunca he conseguido descifrar eso."

Suspiré, echándome hacia atrás y apartándome el pelo de la cara. "Bueno, empecemos con la pregunta obvia primero," sugerí. "Realmente pasó, ¿verdad? ¿Realmente he viajado en el tiempo?"

Carlisle sonrió. "Evidentemente, sí."

"¿Y nos conocimos en 1918?"

"Sí."

"Y trabajé contigo en el hospital. Y conocí y me casé con Edward," seguí. "¡Oh! ¿Y Alice estuvo allí?" Mis ojos fueron a su sonriente cara. Ella asintió de forma entusiasta mientras Carlisle decía de nuevo, "sí."

"Así que... habéis estado... mintiéndome," dije lentamente, intentando controlar los sentimientos de enfado y traición que se retorcían en mi estómago. Miré de Carlisle a Edward. "Los dos."

Edward abrió los ojos como platos. "¡No!"

"Edward no," explicó Carlisle. "Solo yo."

El nudo de mi estómago se deshizo solo un poco. "No lo entiendo."

"Por lo que he podido determinar, fue la fiebre," me dijo Carlisle. "La fiebre le provocó amnesia. Cuando Edward fue convertido, su cuerpo se curó pero su memoria no lo hizo."

Me volví a Edward, impresionada. "¿Realmente no lo recuerdas?"

Él sacudió la cabeza tristemente y yo sentí mi enfado disiparse.

"Pero... no lo entiendo," dije, volviéndome a Carlisle otra vez. "Edward lee las mentes. ¿Cómo se lo has escondido? ¿Por qué se lo escondiste?"

Carlisle se puso de pie y cruzó la habitación, con las manos en los bolsillos de su pantalón. "Bueno, al principio no supe lo que te había pasado. Después de sacar a Edward de Chicago, volví para buscarte. Sabía que querrías saber que él estaba bien, y además quería asegurarme de que tú también lo estabas. Encontré tu relicario en mi casa y rastreé tu olor hasta el hospital y la casa de huéspedes, pero no había señales tuyas. Simplemente te habías... desvanecido.

"No podía dejar a Edward solo mucho tiempo, pero volví a Chicago varias veces durante los siguientes días. Escuché a hurtadillas conversaciones de la casa de huéspedes, pero nadie parecía saber dónde habías ido. Me llevó un tiempo darme cuenta."

"¿Cómo lo hiciste?" preguntó Alice, tirando de Jasper hasta una silla y sentándose en su regazo. "Tengo curiosidad por saberlo."

"Empecé a pensar en lo que Bella me había dicho sobre Esme," empezó, solo para ser interrumpido por Alice.

"¿Le hablaste de Esme?" me preguntó, con la boca abierta por la impresión. "¿No tenías miedo de destrozarlo todo? Quiero decir, ¿recuerdas a Amy Smart en el Efecto Mariposa? Un mal movimiento por Ashton Kutcher y ¡Bam! ¡Puta y drogadicta!"

"¡Gracias!" exclamé, aliviada porque alguien finalmente entendiera mis preocupaciones.

"Una película increíble," añadió Emmett, "y Amy Smart era sexy, incluso siendo puta y drogadicta." Rose le golpeó en la nuca. "¿Qué?" le preguntó. "Solo lo digo."

Rose se cruzó de brazos y rodó los ojos, murmurando algo sobre que los hombres eran idiotas.

"De todas formas..." siguió Carlisle, compartiendo una mirada de confusión con Edward. "No fue tanto lo que dijiste, Bella, sino cómo lo dijiste. Cuando te pregunté por sus ojos, dijiste, 'Eran igual que los tuyos cuando la conocí'. Me dijiste que 'nunca habías sabido su nombre de soltera' y 'Esme es la persona más amable que conozco'."

"Oh, eso es tan dulce, Bella," dijo Esme con una cálida sonrisa.

Me encogí de hombros, sintiendo como se calentaban mis mejillas. "Es cierto."

Carlisle siguió. "Me di cuenta entonces de que habías hablado en realidad sobre conocer a Esme... sobre haber estado con ella. Me di cuenta de que no eran visiones o premoniciones lo que tenías, sino que en realidad habías estado en el futuro... que, por imposible que pareciera, realmente eras del futuro.

"Tras eso, me costó poco concluir que habías vuelto," dijo. "No había señales de ti. Te habías desvanecido. Era lo único que tenía sentido."

"Y entonces, cuando te diste cuenta de que Edward no me recordaba, ¿decidiste escondérselo?" pregunté.

"Fue una decisión difícil," admitió Carlisle. "No sabía qué te había llevado a 1918 en primer lugar, pero sabía que no podía... no debía compartir lo que sabía con nadie que pudiera potencialmente alterar los eventos que te llevaron a ese momento. Si hacía algo para evitar que viajaras en el tiempo, entonces nunca nos conoceríamos y nunca habría sabido nada de mi familia. Tal vez fue egoísta, pero tú misma me dijiste que nuestra familia estaba destinada a existir. No me parecía que fuera capaz de poner eso en peligro.

"En cuanto a Edward... solo podía imaginar que la verdad le heriría. Sabía que te conocería algún día. Le dijiste eso antes de dejar el hospital," apuntó.

"Te veré en biología. No me mates, ¿vale?" murmuré, recordando. Emmett estalló en risas e incluso Edward sonrió.

"Sí," contestó Carlisle. "No sabía completamente a qué te referías, pero entendía que llegaría un momento en que os encontraríais de nuevo... o por primera vez," aclaró. "Sabía que había una cadena de eventos que tenía que pasar en el futuro para que nuestro pasado sucediera como lo hizo."

Sonreí satisfecha. "Te destroza la cabeza, ¿verdad?"

Carlisle soltó una risita. "Ciertamente lo hace.

"Así que, tomándolo todo en consideración, decidí que lo mejor sería esconderle la verdad a Edward."

"No sabía que eso fuera posible," contesté. "Bueno, excepto por mí, claro."

"Fue difícil," admitió Carlisle, "pero, como neófito, Edward estaba concentrado solamente en su sed. Si pillaba algún pensamiento sobre ti, se le podía distraer fácilmente con la sugerencia de ir de caza. Con el tiempo, aprendí a controlar mis pensamientos mientras estaba cerca de él o, más bien, a concentrar mis pensamientos en otra cosa. No era tanto no pensar en ti, como lo era sobre intentar pensar en otras cosas."

"¿Y tú nunca sospechaste?" le pregunté a Edward.

Él sacudió la cabeza. "En ese momento no. Ahora, por supuesto, recuerdo momentos específicos en que los pensamientos de Carlisle se desviaron hasta ti. Sin embargo, siempre era de forma breve -rápidamente reconducía su concentración a otra parte, bloqueándome efectivamente."

"Y, con el paso de los años, Edward ganó un gran control sobre su habilidad," añadió Carlisle. "Aprendió a excluir nuestros pensamientos para darnos privacidad. Eso facilitó un poco las cosas, especialmente cuando supe que se acercaba el momento en que os conoceríais."

"Alice," dije, mirándola brevemente.

Carlisle sonrió. "Bueno, al final, sí. Alice te vio venir, pero yo lo vi mucho antes que ella."

"¿A qué te refieres?"

Carlisle pareció un poco engreído. "Bueno, no tenía ni idea de cuánto tiempo pasaría hasta que nos viéramos de nuevo. Ni siquiera sabía cuándo habías nacido. Sabía, sin embargo, dónde vivías."

"Ah, cierto," asentí, entendiendo. "Te dije que era de Forks cuando nos conocimos."

"Sí." Carlisle entrecerró los ojos. "Si recuerdo correctamente, y sabes que lo hago, creo que intentabas tomarme el pelo."

Sonreí satisfecha. "Tal vez un poco."

"¿Nadie te ha dicho nunca que es peligroso meterse con un vampiro?" Sonrió ampliamente.

Me encogí de hombros, pero no dije nada. "Así que, empecé a mantener un ojo en el pequeño pueblo de Forks, Washington, en busca de la llegada de una Isabella Swan. Incluso nos mudamos aquí una temporada. Por supuesto, no podíamos quedarnos mucho. Teníamos que seguir moviéndonos, pero me mantuve atento a lo que sucedía en Forks. Entonces, un día, nació la hija del jefe de policía y su joven esposa, y supe que nos estábamos acercando."

"No puedo creer que estuvieras esperando todo ese tiempo," murmuré.

"Te vi una vez, ¿sabes?" contestó Carlisle. "Tenías cuatro años y vivías en Phoenix. Yo estaba en una convención médica y decidí ir a ver cómo estabas. Jugabas en el porche delantero y tu madre había entrado para prepararte la comida. No pude resistirme a mirar más de cerca."

"Que típico," murmuré, pensando en cómo Carlisle había seguido a Esme cuando la encontró. Carlisle me ignoró.

"Salí de la sombra de un gran árbol y, en ese momento, levantaste la mirada con unos enormes ojos marrones," dijo con una sonrisa. "Yo dije 'Hola', y tú solo me miraste con la boca abierta."

Un recuerdo comenzó al fondo de mi mete. "Creí que eras un ángel," dije, medio para mí, recordando a un hombre hermoso que brillaba en el caliente sol de Phoenix.

Carlisle rio. "Sí... bueno... eso es lo que le dijiste a tu madre. Ella lo dejó pasar como algo que habías imaginado, por supuesto, pero decidí que probablemente no fuera buena idea que me vieras de nuevo hasta el momento correcto. Cuando ese momento llegó y supe que te acercabas a la edad correcta, volvimos a Forks."

Me volví a Alice. "Y, ¿tú no viste nada de esto venir?"

Alice se encogió de hombros. "Realmente no puedo explicarlo. Lo único que tiene sentido es que Carlisle fue muy cuidadoso para no tomar ninguna decisión que pudiera afectar tus actos o los de Edward. Dejó que las cosas sucedieran como debían. Te vi venir a nuestras vidas, pero no te vi con Edward hasta que él tomó esa decisión. No nos vi a nosotros dejando Forks hasta que Edward tomó esa decisión. No te vi en 1918 hasta que decidiste pasar por el ritual."

"Sí, el ritual," repitió Carlisle, con un brillo en los ojos que reconocí como uno que me decía dame-más-conocimientos. "Alice me ha hablado de eso, pero me encantaría oír más cuando tengas tiempo."

Sacudí la cabeza ligeramente. "Realmente no creo que fuera el ritual, ¿sabes? Mucha gente lo hace y no sé de nadie más que haya viajado en el tiempo. Cuanto más pienso en ello, más de acuerdo estoy con Alice -fuimos enviadas. Teníamos que estar dispuestas a ir... tener una razón para ir... pero alguien nos envió."

"¿Quién? Y, ¿Por qué?" preguntó Emmett, inclinándose hacia delante con los codos apoyados en las rodillas.

"En cuanto al 'quien', ¿quién sabe?" respondí. "¿Dios? ¿El destino?... ¿Los aliens?" Todos rieron por esa. "Pero, por lo que se refiere al 'porqué', creo que empiezo a entenderlo."

"Porque tenía que pasar," dijo Jasper en voz baja. Había estado escuchando en silencio pero, con su suave declaración, todas las miradas se volvieron hacia él. "Si ella no hubiera viajado en el tiempo, no habría convencido a Carlisle de que convirtiera a Edward. Entonces Edward y Bella nunca se habrían conocido aquí, en esta época."

Mis ojos se entrecerraron mientras intentaba comprender lo que estaba diciendo. "Así que, ¿estás diciendo que siempre ha sucedido así? ¿Que no he cambiado nada?"

"Es un enorme ciclo de eventos," explicó Jasper, dibujando un círculo en el aire con su dedo. "Conoces a Edward, os enamoráis, él te deja para protegerte, tú viajas en el tiempo." Su dedo siguió moviéndose en el aire. "Conoces a Edward en el pasado, os enamoráis... de nuevo," añadió con una sonrisita satisfecha. "Convences a Carlisle para que le convierta para que un día puedas conocer a Edward y toda la cosa empieza de nuevo."

Me volví a Carlisle. "Pero tú me dijiste que la madre de Edward te convenció de convertirle."

Carlisle encogió un hombro. "Mentí. En ese momento no podía decirte que fuiste tú. Sin embargo, dije la verdad sobre lo que dijiste."

Mi cabeza daba vueltas. "Pero... pero, ¿cómo sé que eso es lo que sucedió realmente? Tal vez solo lo recuerdes así porque realmente cambié el pasado."

Todos se quedaron en silencio un largo minuto y, para mi sorpresa, fue Rosalie quien habló.

"No lo hiciste," dijo simplemente.

"¿Perdona?" pregunté.

"No sabes si cambiaste algo o no. No puedes saberlo," explicó. "Pero, ¿qué importa? Ahora estáis juntos. Lo que importa es a dónde vais desde aquí.

"El pasado es el pasado... bueno, normalmente, de todas formas," añadió Rose. "La pregunta es: ahora que todo está desvelado, ¿qué vas a hacer sobre el futuro?"

- . - . - . - . -

"Es mucho que asimilar, ¿verdad?" La voz baja de Alice cortó mis pensamientos. Había necesitado un momento para absorber las revelaciones de la noche y había salido al jardín, mirando en blanco al otro lado del húmedo césped hasta el oscuro bosque más allá y escuchando el río fluir.

Me volví hacia Alice con una sonrisa sarcástica. "Creo que eso es quedarse un poco corto."

"Lo sé." Se puso detrás de mí, respirando profundamente. "También es raro para mí. Pensar que Carlisle sabía que esto iba a suceder. Es extraño estar a este lado de las premoniciones, ¿sabes?"

Reí ligeramente. "Sí. Puedo imaginarlo." Alice era probablemente la única otra persona que podía entender realmente por lo que estaba pasando. Después de todo, ella también había pasado por ello.

"¿Estás enfadada porque él no te lo dijera?" pregunté.

Ella sonrió. "No. Lo entiendo. ¿Y tú?"

Suspiré. "Yo también lo entiendo." Volví a mirar al bosque. Tras un momento, le pregunté en voz baja, "¿Lo echas de menos? ¿Ser humana? Ahora que sabes cómo es, claro."

Escuché a Alice reír ligeramente. "¿Honestamente? Un poco. Me refiero a que había algunas cosas que realmente amaba. Dormir era increíble," dijo con algo de asombro en la voz.

"No te olvides de la comida," bromeé.

"Oh, sí." Suspiró soñadoramente. "Comer era fantástico. Realmente quise intentarlo cuando volví, ¿sabes? Pero no fue lo mismo." La miré y la vi arrugando la nariz. "Galletas con virutas de chocolate," explicó, y yo asentí.

"Pero, en general, soy feliz con vida como es. Tengo a Jasper y a mi familia. Aun así, tengo que decir que estoy increíblemente agradecida por los recuerdos.

"¿Qué hay de ti?" preguntó, inclinándose hacia mí, con la voz casi susurrada. "¿Extrañas algo?"

Sabía lo que estaba preguntando. Había dejado atrás a mi esposo, el hombre al que había amado y con el que había esperado construir un futuro. Había vuelto a un hombre que ni siquiera recordaba esa parte de nuestras vidas. Me sentí de forma muy parecida a cuando conocí a Edward en 1918 -como si estuviera traicionando a un amor por otro, a un Edward por otro- cuando, de hecho, eran el mismo hombre. Era abrumador. Abrí mi relicario, todavía maravillada por la idea de que Carlisle me lo hubiera guardado todos esos años. Pasé un dedo por el mechón de pelo que estaba atado por un descolorido lazo amarillo. Un pequeño recuerdo del hombre que había perdido.

Pestañeé para apartar las lágrimas mientras le respondía a Alice. "Me enamoré de él otra vez, Alice. Y él no lo recuerda. No recuerda cómo discutíamos todo el tiempo cuando nos conocimos. No recuerda reírnos juntos... enamorarnos... cómo me pidió que me casara con él y como yo peleé con él contra ello. No recuerda nuestro baile en nuestra boda... la pequeña cabaña en la que vivíamos. Así que sí, extraño eso. Extraño la parte de él que pasó por todo eso conmigo."

El frío brazo de Alice rodeó mis hombros, apretando suavemente. "Todavía está aquí, Bella. Es diferente, pero todavía está aquí, y te ama... te ama con todo su corazón."

Me incliné contra ella, cerrando los ojos, y nos quedamos en silencio un momento hasta que escuché un ligero movimiento tras nosotras.

"¿Bella?" La voz de Edward sonó en la oscuridad. Alice se apartó, lanzándome una sonrisa de empatía antes de darse la vuelta para entrar en la casa. Edward movió la cabeza en dirección a ella mientras pasaba a su lado y se detuvo a mi lado.

"¿Cómo estás?" preguntó. Su mano se movió como si fuera a extenderse hacia mí pero, en su lugar, puso las dos en los bolsillos de sus pantalones.

"Estoy bien," contesté en voz baja. "¿Qué hay de ti? Estoy segura de que esto te ha impresionado tanto como a mí."

Edward miró al otro lado del jardín. "Estoy bien." Se movió incómodo. "Tengo que admitir que al principio estaba molesto. Me sentía bastante... manipulado."

"Eso es comprensible."

Asintió. "Pero supongo que ahora puedo ver porqué Carlisle me escondió esto... nos lo escondió a todos. Y si el resultado final era unirnos..." Dejó la frase mientras se giraba hacia mí con una suave sonrisa. "Bueno, puedo ver que la intención era buena... como siempre.

"Hablando de Carlisle, me ha pedido que salga a buscarte. Tiene algo que quiere darte."

Asentí pero, cuando me di la vuelta para volver dentro, Edward me agarró del codo para detenerme.

"Estás equivocada, ¿sabes?" dijo con suave intensidad. "Sí que lo recuerdo, al menos en cierto sentido."

Busqué en su cara. "¿Qué quieres decir?"

Estiró la mano, acariciando tentativamente mi mejilla mientras sus ojos seguían el movimiento. "Tal vez no recuerde los detalles... las conversaciones... las cosas que hicimos juntos. Pero parte de mí te recordaba... siempre lo había hecho, aunque no me di cuenta en su momento.

"Creí que era tu sangre lo que me llamaba," explicó. "Y lo hacía, pero había más que eso. No podía entender porqué sentía esa innegable atracción por ti... una intensa necesidad de protegerte, de tenerte cerca de mí. Supongo que ahora tiene un poco más de sentido.

"Siempre he creído que cuando me convertí en lo que soy, perdí lo que me hacía humano... que no tenía alma. Pero esto..." Frotó dulcemente mis brazos y pasó los dedos por el dorso de mis manos. Al sentir la familiar atracción, la reconocible electricidad que me recorría por su toque, volví mis manos y entrelacé mis dedos con los suyos. Sus ojos eran de color ámbar, no verdes, pero aun así contenían una pasión y amor que conocía. Ese era Edward... sin importar nada, era mi Edward.

"Esto me hace dudar de mis creencias," siguió Edward, "porque parte de mí se mantuvo conectada a ti durante todos estos años, incluso si yo no lo sabía. Me hace preguntarme si tal vez tengo un alma, después de todo. Y, si la tengo... sé que es tuya."

La hermosa cara de Edward se emborronó frente a mí y me di cuenta de que mis ojos estaban llenos de lágrimas. Pestañeé, forzándolas a bajar por mis mejillas, y Edward ahuecó las manos en mi cara, limpiando las lágrimas con sus pulgares. "No llores," susurró.

"Te he extrañado tanto," contesté. "Te marchaste... y casi me destrozaste."

"Lo siento," dijo con voz ahogada, su cara estaba llena de emoción. "Lo siento tanto, Bella."

"No lo hagas de nuevo," supliqué. "Por favor... promete que nunca me dejarás."

Edward sonrió suavemente. "Bella, ¿dónde iba a ir?"

Me quedé helada, y busqué en sus ojos un brillo de reconocimiento. ¿Lo recordaba?

¿Importaba?

Rosalie tenía razón. Sin importar lo que hubiera sucedido en el pasado, y lo que Edward recordara o no, estábamos ahí. Estábamos juntos. Había esperanza para nosotros.

Teníamos un futuro.

"Te amo, Edward."

Su sonrisa creció mientras su pulgar acariciaba mis labios. "Yo también te amo. Con todo lo que soy." Se inclinó y me besó, duro a suave... frío a cálido... diferente a lo que me había acostumbrado, pero aun así familiar y completamente devastador.

Levanté la mano, enredando mis dedos en su pelo mientras él profundizaba el beso, protegiéndome de sus dientes afilados como cuchillas pero consiguiendo, igualmente, robarme el aliento. Gemí, presionándome más contra él... mi cuerpo sabía lo que quería... lo que deseaba.

Edward se apartó, sus ojos estaban casi negros. "Así que... nos casamos."

Asentí, todavía sin aliento.

"Y nosotros... uh..." Su mirada cayó a sus pies. "¿Hicimos...? Ya sabes."

Sonreí satisfecha cuando me di cuenta de a dónde quería llegar. "¿Si consumamos?" pregunté sarcásticamente.

Edward asintió, pero no levantó la mirada.

Me incliné para susurrarle al oído, "Repetidamente."

Los ojos de Edward se levantaron y vi un destello de una emoción familiar en ellos.

Lujuria.

Solté una risita. Aparentemente, algunas cosas no habían cambiado tanto.

Edward se aclaró la garganta. "Es... um... bueno saberlo," dijo incómodo. "Bueno, deberíamos volver dentro. Carlisle realmente quería mostrarte algo."

Asentí, pasando un dedo por su pecho mientras pasaba a su lado y deleitándome un poco en su brusca inhalación.

Correcto, Edward. Tal vez haya aprendido una cosa o dos de haber estado casada contigo. Ten cuidado.

Volví a la sala de estar con Edward detrás de mí. Todos estaban todavía ahí, y Carlisle tenía un pequeño montón de libros en su mano.

"¿Va todo bien?" preguntó, pasando los ojos de mí a Edward.

"Bien," le aseguré, volviendo a sentarme en el sofá con Edward a mi lado. Carlisle se acercó y se sentó a mi otro lado, extendiéndome los libros.

"Creí que te gustaría tener estos," dijo.

Bajé la mirada a los dos volúmenes forrados de cuero. Uno era más pequeño, delgado, con una cubierta más oscura. Lo abrí primero y mi boca se abrió por la impresión de lo que decía el título.

Mi Vida en la Casa de Maggie: Chicago en la Gran Guerra

Por Alistair Jenkins

Miré a Carlisle con la boca abierta, pero él solo sonrió. "He marcado un capítulo que creí que encontrarías particularmente interesante," dijo.

Pasé las hojas hasta llegar a un lazo lavanda que había sido usado como marcador y solté un grito ahogado cuando vi la foto.

"Somos nosotros," susurré.

Era el jardín de Maggie, el día anterior a que Edward y yo nos fuéramos a Altoona. Recordé que Alistair había estado en una esquina del jardín sacando fotos, pero creí que se las sacaba a las flores. Sentí las lágrimas picar en mis ojos mientras observaba las familiares caras.

Edward se inclinó y miró la foto. Yo me limpié las lágrimas y luego pasé los dedos por la página.

"Esos son Jared y Liza," le dije. "Eran profesores de escuela y vivían en la casa de huéspedes conmigo." Apunté a las otras figuras que estaban sentadas a la mesa del porche trasero. "Esos son Tom y Samantha. Se iban a casar el verano siguiente. Samantha era una de tus mejores amigas." Miré a Edward, pero él solo miraba a la página concentrado, como si se obligara a recordar. Apunté hacia Maggie, que estaba inclinada sobre un arbusto. "Esa es Maggie. Era la dueña de la casa de huéspedes. Fue una buena amiga para mí. No sé si habría sobrevivido sin ella."

"Adoraba a Maggie," escuché a Alice decir. Asentí como respuesta.

"Hablé con ella después de que te fueras," añadió Carlisle, y le miré sorprendida. "Sabía que estaría preocupada y, cuando descifré lo que te había pasado, quise asegurarle que estabas bien."

"¿Qué le dijiste?" pregunté.

Carlisle se encogió de hombros. "No mucho. Ella ya lo sabía. Me echó una mirada y dijo, 'Oh, Dr. Cullen. ¿Por qué tan apenado? Bella está de vuelta a donde pertenece, ¿sabe?'. Luego me guiñó el ojo."

Reí. "Esa es Maggie. Tenía un poco de visión, ¿sabes?" dije, imitando su acento.

"Me di cuenta," contestó Carlisle.

Edward todavía miraba la foto del libro. Estiró la mano y tocó el lugar en que nosotros estábamos sentados en los escalones, los dedos de Edward estaban enredados en las puntas de mi pelo y sus labios presionados contra mi sien.

"No es que no lo creyera," murmuró. "Pero ver esto..." Dejó la frase en el aire.

"Lo sé," dije, apoyando mi cabeza en su hombro. "Lo hace real."

Me besó suavemente en la cabeza. "Sí."

"¡Quiero ver!" pidió Alice, aligerando el ambiente. Le di el libro de Alistair.

"Es difícil imaginar que el raro Alistair estuviera escribiendo sobre todos nosotros," dijo, pasando las hojas.

Resoplé. "Lo sé. Guardaba su trabajo tan en secreto. Casi creí que estaba escribiendo un manifiesto subversivo."

Con una mirada a Carlisle, volví mi atención al libro más grande, abriendo su cubierta de cuero. Mis ojos fueron de vuelta a Carlisle. "¿Un libro de recortes?"

Carlisle sonrió. "Sabes que me gusta guardarlos. Creí que apreciarías saber qué les pasó a todos tus amigos."

Sentí calidez en mi corazón al pensar que Carlisle había pasado tiempo creando un recordatorio tan precioso. "No puedo creer que hicieras esto," dije, mis palabras salieron un poco temblorosas por la emoción.

Carlisle le quitó importancia, estirando la mano para pasar una hoja.

Bajé la mirada a un recorte de un periódico amarillento. En la parte superior había una fotografía de una mujer mayor a la que reconocí como Maggie, de pie junto a un hombre alto y calvo que llevaba gafas. Los dos sonreían ampliamente y Maggie tenía su brazo entrelazado con el del hombre. Leí el subtitulo.

El Sr. y la Sra. Oleson celebran su 35 aniversario de boda.

"¿Henry?" Me volví a Carlisle sorprendida. "¿Henry volvió?"

Carlisle asintió. "Poco después de que te marcharas, él se puso enfermo de gripe. Cuando Maggie se enteró, fue la primera en acudir a su lado. Le cuidó hasta recuperarse y, cuando lo hizo, él le suplicó perdón y le pidió que le dejara volver. Estuvieron juntos cuarenta y dos años antes de que él muriera."

Pasé la hoja, viendo las esquelas de Henry y luego una de Maggie con fecha de un año después. Me limpié una lágrima.

"Están todos muertos," dije suavemente.

Edward me rodeó los hombros. "Han pasado noventa años, Bella," me recordó.

"No para mí." Sentí a Edward apretar suavemente, y pasé otra hoja.

Sonreí, viendo el anunció del Tribune de la boda de Tom y Samantha. Samantha estaba gloriosa, por supuesto, brillando en encaje blanco. Tom estaba alto y orgulloso en su traje, con una enorme sonrisa en su preciosa cara. Miré el resto de recortes -anuncios de nacimientos, artículos que Tom escribió para el Tribune, una foto de la clase de Samantha graduándose de la escuela de enfermería.

"Tom finalmente se convirtió en editor en el Tribune," me dijo Carlisle. "Samantha trabajó en el Cook County hasta que formaron una familia. Él y Samantha tuvieron cinco hijos, catorce nietos y veintitrés bisnietos. Muchos de ellos trabajaron en medicina o periodismo. De hecho, su bisnieta Abby fue presentadora de la CNN."

Lo pensé un momento. "¿Te refieres a Abby McClayne?"

Carlisle asintió.

Sonreí ampliamente. "Tom habría estado muy orgulloso."

Mi sonrisa cayó cuando vi una esquela para Jared Johannes, con fecha de noviembre de 1918.

"Murió en el brote," dijo Carlisle sombríamente. "Fue muy rápido."

"Pobre Liza," murmuré, sintiendo dolor por su pérdida. Pasé la hoja, deteniéndome en una foto de periódico en la que aparecía Liza junto a un hombre que no reconocí y un niño pequeño.

"Liza dejó Chicago cuando Jared murió," explicó Carlisle. "Se mudó a Tennessee para estar cerca de su familia y empezar de nuevo. Mientras estaba allí, conoció a un viudo y se volvió a casar en 1920."

Leí el subtitulo, luego, impresionada, leí rápidamente el breve anunció de boda antes de mirar en blanco de nuevo al subtitulo

El Sr. y la Sra. McCarty, con Emmett McCarty Junior.

Mis ojos fueron lentamente a Emmett y le vi mirándome con una amplia sonrisa.

"¡No puede ser!" exclamé.

"¡Puede ser!" dijo con una risa.

"Liza fue tu..."

"...madrastra," terminó él. "En realidad, la única madre que recuerdo. Que pequeño es el mundo, ¿verdad?"

Sacudí la cabeza por la coincidencia. En realidad, no estaba segura de seguir creyendo en las coincidencias.

"¡Espera un segundo!" exclamó Alice desde el regazo de Jasper. Parecía genuínamente paralizada y levantó el libro de Alistair, dándole un manotazo a la portada.

"¡Escribe sobre todos los que estaban en la casa de huéspedes excepto de mí!" se quejó. "Sé que no estuve allí mucho tiempo pero, ¿no obtengo ni siquiera una frase? ¿Ni siquiera un 'La adorable prima de la Srta. Swan vino de visita'? ¿Qué pasa con eso?"

Todos nos quedamos con la boca abierta antes de estallar en risas.

"¿Qué?" preguntó con voz herida. "No parece una petición poco razonable." Jasper le dio un abrazo, dejando el libro en una mesita auxiliar.

Pasé otra hoja del libro de recortes y sonreí por la colección de fotos y recortes. Carlisle había guardado minuciosos recordatorios de las mujeres con las que había trabajado en el hospital y de algunas a las que conocí en la Asociación de Mujeres de Chicago. Una gran foto de periódico de la marcha sufragista me llamó la atención. Eleanor y yo estábamos entre la multitud escuchando a la ponente. Incluso pude ver el perfil de Carlisle.

"¿Estuviste en una marcha sufragista?" preguntó Edward admirado. "Impresionante."

Me ahogué ligeramente y Carlisle cubrió una sonrisita satisfecha.

"Sí, bueno, no pensabas eso en ese momento," le dije.

"¿De verdad?" Edward pareció asombrado y luego asintió ligeramente. "Supongo que sería un poco peligroso. No querría que te hirieran."

Carlisle rió y le di un ligero codazo.

"¿Qué es tan divertido?" preguntó Edward.

"Nada," contesté, dándole una palmadita en el brazo antes de volverme a Carlisle. "¿Qué pasó con Eleanor?"

"Nunca volvió a casarse," me dijo Carlisle. "Pero vivió su vida a su manera. Murió a los ochenta y siete años, y su funeral fue un sitio solo de pie."

Sentí una ola de tristeza. Tras un momento, pregunté sarcásticamente, "¿Todo hombres?"

Carlisle soltó una risita. "Bueno, la mayoría... sí."

"¿Estabas tú ahí?"

La sonrisa de Carlisle cayó ligeramente. "Sí. Era una buena amiga... una mujer maravillosa."

Mi mirada fue a Esme mientras recordaba lo que había aprendido sobre la relación de Carlisle con Eleanor. Me incliné más cerca de Carlisle, hablando con los dientes apretados. "¿Sabe Esme sobre... ya sabes?" pregunté, levantando las cejas sugerentemente.

"Esme lo sabe todo," contestó Esme con una sonrisa y un guiño. Todos los demás parecieron confundidos.

"Cuando Edward nos dejó en 1927, tuve algunas dudas sobre las conclusiones a las que había llegado," explicó Carlisle. "Le conté a Esme todo sobre mi vida en Chicago. Todo," enfatizó. "Necesitaba que alguien me tranquilizara sobre estar haciendo lo correcto. Esme lo hizo."

Esme cruzó la habitación y se colocó en el brazo del sofá al lado de su esposo. Él cogió su mano y la presionó contra sus labios.

"Carlisle sabía que Edward volvería finalmente," me dijo ella. "Sabía que era arriesgado decirme lo que estaba pasando, pero me ayudó a aprender a controlar mis pensamientos también para que Edward no leyera la verdad en mí. En realidad, fue un poco más sencillo para mí, ya que nunca te había conocido en persona."

Miré a Carlisle maliciosamente, preguntándole a Esme, "¿Te dijo que te vigiló durante meses?"

Esme rio. "Bueno, él lo puso de otra forma. Dijo que me estaba cuidando pero, sí, me lo dijo."

Sacudí la cabeza. "Estaba segura de que iba a intervenir antes de tiempo y cometer alguna locura."

Ni Carlisle ni Esme hablaron durante un momento y noté que Carlisle se removía incómodo. Esme le miró con una sonrisa cómplice.

"¿Me he perdido algo?" pregunté.

La mirada de Carlisle fue a Esme, quien simplemente asintió ligeramente. "Creo que deberías decírselo."

Con un pesado suspiro, Carlisle finalmente admitió, "Tal vez interviniera... solo un poco."

"¿Qué hiciste?" Le miré con los ojos muy abiertos mientras él miraba a Esme de nuevo.

"Cuando Esme dejó a su esposo, él no se lo tomó bien," empezó lentamente. "Se puso a buscarla. Ya te había dicho que la maltrataba. La habría arrastrado de vuelta a Ohio y supe que la habría hecho daño. No podía dejar que eso pasara."

"¡Oh Dios mío, Carlisle!" Solté un grito ahogado, llevándome la mano a la boca. "¿Le mataste?"

"¿Qué?" exclamó Carlisle. "¡No! ¡Por supuesto que no!"

"Bueno, ¿qué hiciste?" pregunté.

Carlisle se removió. No recordaba haber visto a Carlisle nunca tan nervioso. "Puede que... le asustara un poco."

"Oh Dios," gemí, cubriéndome la cara con las manos.

"En realidad no fue nada," dijo apresuradamente. "Es solo... uh..."

"¿Qué?"

"Díselo, Carlisle," instó Esme, sus labios se retorcieron.

"Uh..."

"¿Carlisle?"

"¡Bien!" gruñó. "Me colé en su casa en medio de la noche, le llevé a la parte superior de los Acantilados Cantwell y le colgué sobre el borde por los pies. Le dije que si no dejaba a Esme tranquila iba a dejarle caer y dejar su cuerpo para que los lobos se alimentaran de él."

Todos los ojos de la sala miraban a Carlisle. Él, sin embargo, se interesó extremadamente por sus zapatos.

"Wow, Carlisle," dijo Emmett finalmente. "No sabía que eras capaz de ello."

Una risita histérica estalló de mi boca y, rápidamente, todos estuvimos riendo.

Incluso Carlisle.

- . - . - . - . -

Eran casi las tres de la mañana cuando Edward me llevó de vuelta por la ventana de mi habitación. Estaba agotada, emocional y físicamente, y colapsé en la cama. Edward se dispuso a marcharse, pero le pedí que se quedara, necesitando sentir sus brazos a mi alrededor. Él aceptó con una sonrisa, envolviéndome en mi colcha y sosteniéndome dulcemente mientras yo me quedaba dormida.

Se había ido cuando Charlie llamó a mi puerta para despertarme la mañana siguiente, pero sabía que no se encontraba lejos. Me duché y vestí rápidamente, y él aparcó en el camino de entrada poco después de que Charlie se fuera a trabajar. Me sostuvo la puerta abierta, como siempre, y fue siniestramente familiar lo fácilmente que volvimos a nuestra vieja rutina.

La escuela fue... bueno... la escuela. En general era como la recordaba. Sentí una ola de emoción cuando vi a mis amigos por primera vez, y tuve que luchar contra la necesidad de darles a todos fuertes abrazos -incluso a Mike Newton, lo que era raro.

Edward y yo pasamos cada minuto juntos. Hablamos mucho sobre el tiempo que había pasado en 1918 mientras rellenaba los huecos que él tenía en blanco. Le hable de nuestra vida juntos, nuestra boda... incluso como no podíamos soportarnos cuando nos conocimos.

"Parece que yo era un imbécil," dijo malhumorado cuando estábamos sentados en la mesa de mi cocina después de clase, fingiendo estudiar.

Le sonreí burlonamente. "Lo eras un poco. Sin embargo, te quería igualmente," dije, dándole un besito en la mejilla.

"Carlisle dijo que él no me soportaba," añadió.

"Oh Dios, os odiabais," contesté riendo. "No sabía cómo aprenderíais a llevaros bien alguna vez."

Los labios de Edward se retorcieron, pero pareció distraído. Apartó la mirada como si estuviera considerando sus siguientes palabras con cautela. "Vosotros erais... cercanos," dijo finalmente.

Busqué su cara, pero él no me miraba a los ojos. "Sí," contesté simplemente.

Tragó, y supe que iba a hacerme una pregunta que le llevaba tiempo carcomiéndole. "¿Cómo de cercanos?"

Sus ojos finalmente volvieron a los míos y vi la inseguridad nadar en sus doradas profundidades. Estiré la mano para tomar la suya. "Edward..." empecé.

"No es que te culpe," interrumpió. "Yo te dejé y, luego, cuando me encontraste de nuevo, fui un completo idiota contigo. Y Carlisle es uno de los mejores hombres que conozco..."

Esa vez fui yo quien interrumpió. "Edward. No. No pienses eso," dije. "Sí, Carlisle y yo éramos amigos. Me ayudó mucho y nos hicimos buenos amigos, pero eso es todo.

"Sabes igual que yo que Carlisle estaba destinado a Esme. Igual que tú estabas destinado a mí," añadí, y su mirada se suavizó.

No mencioné el hecho de que Carlisle había creído una vez que estaba enamorado de mí. No importaba. De todas formas nunca creí que realmente lo estuviera... y estaba segura de que Carlisle sería el primero en estar de acuerdo.

Durante los siguientes días Edward pareció un poco distraído, pero no estaba realmente preocupada. No era la silenciosa y desapegada distracción de los días anteriores a que me dejara. En su lugar, era particularmente atento conmigo, pero parecía que intentaba resolver un problema. Le pillaba mirándome de cerca, con los ojos entrecerrados mientras se concentraba.

No estaba segura de lo que le pasaba por la mente, pero algunas miradas calientes que le pillaba lanzándome me hacían temblar y anhelar algo... algo que siempre había querido con él, pero realmente no sabía que me estaba perdiendo hasta que nos casamos.

Sí. Deseaba a Edward. Mucho.

Él lo sabía. Si lo que pasaba cada noche en mi habitación era una indicación, definitivamente lo sabía. Nos tumbábamos en mi cama, con las extremidades entrelazadas y los labios acariciando mientras nos toqueteábamos desesperadamente. Él acababa apartándose, por supuesto, pero tenía la sensación de que la razón tenía más que ver con el hecho de que Carlisle estaba al otro lado del pasillo que con otra cosa.

Entonces llegó el viernes. Y parecía que Edward había tomado algún tipo de decisión.

Cuando me recogió para ir a clase, tenía una mirada de determinación en la cara que me hizo temblar. Me atrajo a él, presionando mi espalda contra el Volvo mientras me devoraba con un beso; sus manos agarraron primero mi trasero brevemente y luego subieron para acariciar mi pecho a través de mi jersey.

Solté un grito ahogado y Edward se apartó con una sonrisita satisfecha, abriéndome la puerta del coche y ayudándome a subir.

El día siguió así -miradas en los pasillos... caricias eróticas bajo la mesa de la cafetería... calientes besos robados detrás del gimnasio.

Tenía la sospecha de que Edward me estaba seduciendo.

¿No sabía ya que yo era algo seguro?

Aun así, me sentí extrañamente nerviosa cuando me dejó en mi casa, recordándome que Alice me recogería a las siete para pasar la noche en su casa. Charlie todavía era bastante firme con su política anti-Edward. Cuando escuchó que los Cullen habían vuelto al pueblo, empezó a prohibirme verlos, pero eso había durado poco.

Le recordé que tenía dieciocho años, era una adulta, y que podía vivir en cualquier otra parte si él no podía vivir con que Edward estuviera en mi vida. Había cedido a regañadientes, diciéndome que solo quería que fuera feliz antes de besarme en la cabeza.

Me duché y vestí con cuidado, eligiendo un par de vaqueros oscuros y una nueva blusa roja que había comprado con Alice antes de mi cumpleaños. Ella apareció puntual a las siete, saludando a Charlie con una sonrisa antes de meterme prisa para que saliera.

"¿Qué demonios está pasando?" siseé tan pronto como la puerta se cerró.

Alice sonrió de forma cómplice. "Estás a punto de ser una chica muy feliz. Eso es lo que está pasando."

Nos subimos en el coche de Alice y me volví hacia ella. "No te refieres a lo que creo que te refieres, ¿verdad?"

La sonrisa de Alice solo creció. "Oh, creo que me refiero exactamente a lo que crees que me refiero."

"Pero," tartamudeé, "Edward siempre ha dicho que es demasiado peligroso."

Alice me miró mientras salía marcha atrás del camino de entrada. "Ha pasado mucho tiempo hablando con Carlisle. Creo que puede que se hayan aliviado esas preocupaciones."

Dejé caer la cabeza entre las manos. "¿Ha hablado con Carlisle sobre nosotros y el sexo?" murmuré entre los dedos. "Que humillante."

Alice me dio una ligera palmadita en la rodilla. "No te sientas avergonzada, Bella. Creo que Carlisle le ha podido dar a Edward algunos consejos bastante útiles."

"Es posible que nunca vuelva a pensar en sexo," murmuré.

"Mira," dijo, girando hacia su camino de entrada. "Edward y tú os amáis. Queréis estar juntos. Edward fue a Carlisle porque es el único que en realidad sabe algo sobre este tipo de cosa. Esme me ha hablado de Eleanor, por cierto. ¿Quién diría que Carlisle era un chico tan malo?"

Alice soltó una risita antes de continuar. "De todas formas, Carlisle ha sido capaz de ayudar a Edward a sentirse cómodo con la idea y le ha hecho darse cuenta de que puede hacer esto sin matarte."

Me estremecí ligeramente y Alice se encogió de hombros. "¿Qué? Es cierto. Así que, ahora, el camino ha sido abierto. Edward está dispuesto. Estaréis solos en la casa toda la noche. ¿No es esto lo que quieres?"

Nos detuvimos y miré la luz que brillaba en la ventana de la habitación de Edward.

¿Era eso lo que quería?

Antes de que terminara de pensar siquiera la pregunta, sabía la respuesta. Absolutamente.

Le sonreí a Alice, abriendo la puerta. "Entonces, ¿te veré mañana?"

Alice sonrió ampliamente. "No demasiado pronto."

Asentí. "Gracias, Alice. Por todo." Me incliné para darle un fuerte abrazo antes de salir del coche.

Respiré profundamente, caminando hacia la casa mientras oía a Alice marcharse en el coche. Levanté la mano para llamar, pero la puerta se abrió antes de que pudiera hacerlo. Edward estaba ahí, sonriendo, en una camisa blanca de botones y un par de vaqueros oscuros. Era hermoso. Era increíble.

Era mío.

Levantó una mano para pasársela por el pelo nervioso. "Estás preciosa," dijo, dando un paso atrás para que pudiera entrar.

"Gracias," contesté en voz baja, quitándome la chaqueta cuando Edward extendió la mano para cogerla.

"Así que... uh... ¿tienes hambre?" preguntó, moviendo la mano ausentemente hacia la cocina. "¿Sedienta?"

"No," sonreí. "¿Y tú?"

Edward soltó una risita. "No. Estoy bien."

Di un paso hacia él, levantando una mano tentativamente hacia su pecho. "Tal vez tome algo más tarde," dije.

Edward tragó con dificultad. "Vale. Deberíamos... uh... podríamos ir a mi habitación y escuchar música... o leer... o algo..." Sus palabras se quedaron en el aire.

"Vale."

Le seguí al piso de arriba, intentando no mirar fijamente a la enorme cama que ahora dominaba la habitación. La estructura de hierro forjado se retorcía en vides de metal hacia arriba formando cuatro postes, acentuados aquí y allí con rosas de metal. El acero formaba una celosía en el techo, con hojas y rosas creando un efecto casi de bóveda. La ropa de cama era de un tono ligeramente más claro que la alfombra dorada, con montones de mullidas almohadas contra el cabecero.

Era masiva.

Era intimidante.

De repente, sentí unos nervios paralizantes.

"Has... has comprado una cama," chillé.

Edward se aclaró la garganta, mirando algunos Cds y evitando mis ojos. "Sí, bueno. Creí que tal vez querrías... dormir... o algo."

Tan rápido como llegaron, mis nervios desaparecieron. Me di cuenta, escuchando la temblorosa voz de Edward, de que él estaba incluso más asustado que yo. Después de todo, a todos los efectos, Edward era virgen. Eso significaba que, para variar, era yo la encargada de consolarle. Era yo la que debía mostrarle lo increíble que podía ser esto.

Crucé la habitación, apartando su mano de la estantería de Cds. "Ven aquí," le insté.

Él me siguió dudoso y se sentó en la cama, tirando de mí con él. Levanté la mano para tocarle suavemente la cara. "Te amo, Edward."

Sus ojos se cerraron brevemente. "Te amo," contestó.

Me incliné para besarle suavemente, acribillando sus labios... sus mejillas... su frente con suaves roces. Sus manos rodearon mi cintura, acercándome más mientras me devolvía finalmente los besos, sus labios separaron los míos con un suspiro.

Se apartó, mirándome a los ojos. "Creí que podía hacer esto. Dios sabe que quiero, pero no quiero hacerte daño."

"No me harás daño."

"Me lo dirás, ¿verdad?"

Le sonreí, acercando su cara a la mía. "No tengas miedo," murmuré. "Nos pertenecemos el uno al otro."

Con eso, me colocó en su regazo y luego me rodó sobre la cama. Él se cernió sobre mí, apoyándose en los codos.

Lentamente, dolorosamente, empezó a desabrochar mi blusa, presionando un ligero beso en mi piel cada vez que se revelaba un poco más. Me senté y él me la bajó por los hombros, sus ojos recorrieron mi piel desnuda con adoración. Nunca me cansaría de que Edward me mirara así. Era como si sus ojos me acariciaran físicamente, haciendo que todo el cuerpo me cosquilleara.

Sus manos subieron por mis brazos y se engancharon bajo los tirantes de mi sujetador, deslizándolos hacia abajo. Estiré las manos detrás de mí para desabrocharlo y él me lo quitó, tirándolo al suelo. Volvió a presionarme contra la cama, llevando sus manos al botón de mis vaqueros y, en unos minutos, estaba tumbada a través de la cama desnuda, con Edward devorándome con la mirada.

"Edward," gemí. "Por favor..."

Se inclinó, besando suavemente el valle entre mis pechos mientras sus dedos acariciaban mi piel, subiendo por mi cintura y ahuecándose en mi pecho antes de presionar sus fríos labios contra mi pezón. Su aliento helado contrastó con caliente piel y solté un grito ahogado por la sensación, estirando las manos hacia su camisa y peleándome con los botones.

Él se apartó y yo gemí como protesta, pero Edward solo soltó una risita. Antes de que supiera qué estaba pasando, él estaba de pie desnudo entre mis rodillas, mirándome con anhelo posesivo. Pasó la mano debajo de mí para abrir las mantas, y yo me moví al medio de la cama mientras él se deslizaba a mi lado.

Entonces, sus manos estuvieron por todas partes... acariciando... tocando... deslizándose por mi piel. Sus labios en mi cuello... mi pecho... mi estómago. Era un remolino de dolorosa tensión, formándose a mi alrededor, en mi interior. Estiré los brazos hacia Edward, agarrándome a su espalda de mármol; mis manos se deslizaron hacia abajo y se ahuecaron en su perfecto trasero mientras él gemía en mi oído. Cuando metí la mano entre nosotros para agarrar su erección, esperando que todavía le gustara como solía hacerlo, fui agradablemente recompensada.

Edward tembló, mi nombre salió de su boca en un fuerte gemido. Sonreí victoriosa.

Y cuando él deslizó tentativamente sus helados dedos entre mis piernas, le animé con besos y gemidos incontrolables. Finalmente, se apartó y estiró la mano hacia la mesilla, poniéndose un condón. Sonreí ligeramente, dando gracias por no tener que volver a ver otro pesario.

"Para protegerte del veneno," explicó Edward con voz ronca.

Asentí apreciativamente. Dios sabe que no necesitábamos pequeños bebés medio-vampiros corriendo por ahí, si es que algo así era siquiera posible.

Se colocó sobre mí de nuevo. "Recuerda decírmelo si duele. Por favor, Bella."

Estiré la mano para tocarle su hermosa cara, todo firmes ángulos en el calor del amor y la lujuria. Mi ángel conquistador.

"Está bien, Edward," le dije.

Lenta, muy lentamente, entró en mí. Durante un momento me pregunté si mi cuerpo todavía sería virgen pero, gracias a Dios, no sentí el dolor de la ruptura de la virginidad.

Solo el consumidor placer de estar unida a Edward otra vez... finalmente.

Rodeé sus caderas con mis piernas mientras él empezaba a embestir en mí suavemente con los ojos fuertemente cerrados, concentrado por mantenerse controlado. Me arqueé contra él al sentir la delatora tensión de mis músculos que apuntaba a mi cercana liberación.

"Edward," grité, y él se detuvo abruptamente.

"¿Estás bien?" preguntó, con los dientes apretados y preocupación en los ojos.

Me removí contra él. "Oh, Dios sí, estoy bien... no pares," supliqué.

"Gracias a Dios," murmuró mientras se agarraba al cabecero y empezaba a embestir con más fuerza. Sentí la cima en la punta de los dedos... acercándose más con cada movimiento... acumulándose mientras los sonidos de nuestras pesadas respiraciones y susurradas palabras de cariño llenaban la habitación.

Entonces, sin avisar, Edward movió las caderas y mi orgasmo me recorrió en devastadoras olas de placer. Eché la cabeza atrás contra la almohada por las corrientes que retorcieron cada músculo... que encendieron cada terminación nerviosa... con el nombre de Edward en los labios. Vagamente registré el sonido de la madera resquebrajándose y el chirrido del metal antes de que Edward se estremeciera sobre mí, con la cara retorcida en un grito ahogado de placer que tocó mi corazón. Finalmente se relajó, colocándose a mi lado y acurrucándome en sus brazos. Nos quedamos ahí tumbados, entrelazados, mientras nuestra respiración se normalizaba.

"Ahora lo entiendo," dijo Edward en voz baja, acariciando mi brazo mientras dejaba un beso en mi hombro. "Sé porqué nunca pude estar con otra. Porqué solo la idea era horrible para mí.

"Todo este tiempo, he estado esperándote," dijo, tumbándose sobre su espalda y llevándome con él a su lado. "He estado esperando a que volvieras a mí."

Me acarició el pelo y pensé en ello un momento. "¿Puedo preguntarte algo?" murmuré.

"Lo que sea."

"No lo tomes mal," dije, pasando mis dedos por su pecho, "no me estoy quejando. Pero siempre has parecido contrario a estar conmigo así. ¿A qué se debe el cambio?"

Edward soltó una risita. "Bueno, en primer lugar, ya estamos casados. Técnicamente, aunque ha pasado un tiempo, ya hemos hecho esto unas cuantas veces."

Sonreí satisfecha contra su piel. "Más que unas cuantas."

Edward rio de nuevo. "Me gustaría oír más sobre eso," bromeó. "Mi otra preocupación era tu seguridad, por supuesto, pero cuando supe que era físicamente posible y Carlisle me dijo cómo protegerte, bueno, fue suficiente."

Solté un ligero murmullo, besándole el pecho. "Bueno, me alegro de que hayas decidido probar."

Edward me colocó completamente sobre él. "Yo también. De hecho, creo que deberíamos probar de nuevo... muy pronto."

Me apoyé en mis codos, fijándome en el cabecero hundido y la madera rota. "No sé si tu cama podría soportarlo."

Edward miró los daños y luego se volvió a mí con una sonrisa perversa. "Ha merecido completamente la pena."

Me incliné para besarle. "Ya sabes, si yo fuera como tú, no tendrías que preocuparte tanto por romperme."

Edward levantó una mano para tocar mi mejilla, luego pasó los dedos por mi pelo con la mirada fija en la mía. "Lo he considerado."

"Y como ya estamos casados... hasta que la muerte nos separe y todo eso..." insistí.

Tiró de mí hasta que pudo pasar sus labios por mi cuello. "Ahí tienes un punto," murmuró.

"Podríamos estar juntos todo el tiempo," dije sin aliento mientras pasaba su lengua por mi mandíbula. "Tendría mucha más resistencia."

"Mmmm... resistencia," susurró contra mi piel. "La resistencia es buena.

"Quiero estar contigo para siempre, Edward."

Se apartó, ahuecando sus manos en mi cara mientras me miraba de cerca. Finalmente asintió. "Para siempre," estuvo de acuerdo.

"¿De verdad?" Le miré en shock mientras un lado de su boca se levantaba en una sonrisa torcida.

"Quiero estar contigo para siempre también," admitió. "Tal vez sea egoísta de mi parte, pero cincuenta o sesenta años no son suficientes."

En un abrir y cerrar de ojos, nos dio la vuelta. Un segundo estaba sobre él y al siguiente él estaba sobre mí, su expresión era seria.

"No es fácil, Bella," me avisó. "No envejecerás, pero todos a tu alrededor sí. Una a una, perderás a todas las personas que quieres."

"No a todas," corregí, apartándole el pelo de la frente.

Él sonrió suavemente. "No, no a todas. Pero a muchas... Charlie... Renee... tus amigos de la escuela."

Pensé en la gente que ya había perdido... Maggie, Samantha y Tom, Liza y Jared. Mi corazón se rompió un poco, pero sabía que no era suficiente como para renunciar a Edward.

Le miré, esperando que él viera el amor que sentía por él brillando en mis ojos. "Sé que será difícil. Sé que estoy renunciando a algunas cosas -cosas grandes, cosas importantes..." Mis pensamientos fueron brevemente a los hijos que nunca tendríamos y luché contra la tristeza. Les lloraría en privado, cuando Edward no me mirara muy de cerca.

"Pero, Edward, ninguna elección viene sin consecuencias," señalé. "Y tenerte... ¿tener una eternidad contigo? Merece cualquier consecuencia... cualquier sacrificio. Esto -nosotros- es por lo que estoy aquí. Sé eso ahora."

Edward buscó en mis ojos, luego se inclinó para besarme suavemente... con adoración. "Así que supongo que somos tú y yo entonces."

Le sonreí, asintiendo, con el corazón lleno de felicidad y esperanza. De alguna manera, a través de todo, habíamos sobrevivido... nuestro amor había sobrevivido. Un vampiro y una humana de siglos distintos.

Fíjate.

Era una historia de amor extraña, pero lo habíamos conseguido hasta el fin. No, corregí, esto solo era el principio. A pesar de persecuciones mortales, deseos que amenazaban la vida, enfermedades mortales, y habiendo pasado casi un siglo, lo habíamos conseguido.

Más allá de todas las expectativas. Más allá de todos los obstáculos.

Más allá del tiempo.

Mientras Edward me tomaba de nuevo, amándome desesperadamente... completamente, me encontré susurrándole un gracias a quien fuera que me hubiera enviado atrás para encontrarle.

Porque pasado, presente o futuro, Edward era mío ahora.

Para siempre.


Último capítulo oficial! Ya solo quedan los dos epílogos y el capítulo con el final alternativo.

Espero que os haya gustado.

La fecha de actualización está en mi perfil. Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.

-Bells :)